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Devaluación: esta vez, tampoco es distinto

Las recientes devaluaciones de las monedas de Venezuela y Argentina han sido presentadas por estos gobiernos, y por la izquierda chavista o kirchnerista, como partes de políticas progresistas e inclusivas, y hasta (en el caso chavista) socialistas. En particular, han enfatizado que no se trata de un “ajuste” sobre los bolsillos de los trabajadores, que esta vez “es distinto”. Aunque, por otro lado, sostienen que la culpa de la depreciación de las monedas la tienen “los especuladores” y “los grandes grupos concentrados”. Es claro que si unimos ambas afirmaciones, habría que llegar a la bonita conclusión de que los capitales y los especuladores sólo apuran medidas beneficiosas para los obreros y el pueblo (y favorables al socialismo, en Venezuela).
Por supuesto, estos dislates discursivos son el resultado de la función que naturalmente cumplen estos personajes: ocultar, manipular y confundir a la opinión pública; aunque lo disimulen con solemne palabrerío “nacional progresista”. Por eso, a algunos de estos sujetos se les podría aplicar aquellas palabras de Marx: “Viejo roué ladino, concibe la vida histórica de los pueblos y los grandes actos de gobierno y de Estado como una comedia, en el sentido más vulgar de la palabra, como una mascarada, en que los grandes disfraces y las frases y gestos no son más que una careta para ocultar lo más mezquino y miserable”. Trasladado a la actualidad argentina, se trata del lumpen burgués, o pequeño burgués, puesto a funcionario “que se la cree”, y juega a la lotería de las finanzas y los tipos de cambio. Después de todo, ¿para qué sirven los bonos de los jubilados, y los dineros del erario público, si no es para “intervenir como revolucionarios” en los mercados que hasta ayer mismo se jactaban de “dominar con la política”?
Lo que enseña la historia
Sin embargo, para el pueblo no hay comedia, sino tragedia. La tragedia del empeoramiento de sus niveles de vida, de la caída de los salarios, de los famosos “ajustes”. Es que el verdadero contenido de la devaluación es provocar una redistribución regresiva del ingreso de los asalariados, y de los sectores populares. Ahí está la historia económica argentina para atestiguarlo; se trata de fenómenos sistemáticos. Pero desde los medios K se intenta instalar la idea de que los ajustes por vía devaluación e inflación solo habrían ocurrido a partir del dominio del neoliberalismo, desde 1976, y estrictamente hasta 2003 (2001-2 está “en discusión”).
Intendencias de izquierda
La obtención por parte de los candidatos del Frente de Izquierda (más precisamente, del Partido Obrero) de la primera minoría en el Concejo Deliberante de la ciudad de Salta ha despertado una lógica alegría en la militancia. Además, está la posibilidad de que en futuras elecciones se obtengan intendencias o mayorías en Concejos Deliberantes en otras localidades, o incluso a nivel de alguna provincia. Algunos abrigan la esperanza de que avances como el de Salta se trasladen progresivamente a los núcleos “duros” del voto popular peronista, Gran Buenos Aires, en primer lugar. Si ocurriera, los partidos de izquierda pasarían a tener ascendencia de masas en la clase trabajadora. Por eso, muchos piensan que la izquierda ahora está obligada a demostrar, en los lugares en los que obtuvo una representación significativa, la efectividad de su política a favor de las masas trabajadoras. En términos del pensamiento “sensatamente progresista”, llegó el momento de poner el acento en realizaciones que signifiquen mejoras concretas, y no tanto en la denuncia. Algunos elementos de la derecha lo plantean de forma desafiante, con un “a ver qué van a hacer los que tanto critican”.
En esta nota presento unas breves reflexiones sobre lo planteado, desde una posición que es independiente del FIT, ya que no me comparto el programa trotskista (aunque, como se verá, coincido con la postura central de Trotsky respecto a gobiernos municipales de la izquierda).
El punto de partida de cualquier consideración táctica es, en mi opinión, tener presente que los representantes de la izquierda que han accedido a órganos de tipo legislativo constituyen una minoría frente al resto de las organizaciones políticas, que son enemigas naturales del socialismo. En términos más generales, el ascenso electoral se produce en un cuadro de dominación más o menos normal del capital y su Estado. Más precisamente, de conjunto las fuerzas burguesas apuestan por un “ajuste” de salarios y beneficios sociales (el argumento es hacer más competitiva la economía y reducir el déficit fiscal). Por eso hay que esperar que intenten, por todos los medios, desacreditar y neutralizar a la izquierda. La manera más directa será, por supuesto, votar sencillamente en contra, bloquear o “cajonear” todas las propuestas que consideren demasiado “radicales”. Por esta vía intentarán “demostrar” que la izquierda es “ineficiente e improductiva”. Otro camino será aceptar “en principio” algún proyecto progresista, paro luego “limarlo” en interminables comisiones, enmiendas, etcétera, de manera de vaciarlo, total o parcialmente, de contenido. También pueden votar leyes, pero desvirtuarlas mediante sus reglamentaciones; o no aplicarlas, lisa y llanamente.
Enseñanza de la Microeconomía y pluralismo
El pasado 7 de noviembre se realizó, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, y en el marco de las XIX Jornadas de Epistemología, una mesa convocada bajo el título “¿Es posible la enseñanza de la microeconomía desde una perspectiva pluralista?”. Dado que estoy dictando “Tópicos de Microeconomía”, el profesor Alberto Muller me invitó a participar de la misma. Presento a continuación el escrito en que basé mi intervención, en la esperanza de que pueda ayudar al debate sobre programas de estudio e investigación.
Cuestionamietos derivados de un curso
Empiezo diciendo que mi respuesta a la pregunta que nos convoca a esta mesa es que no sólo es posible, sino también necesario presentar perspectivas teóricas que alternativas, y críticas, a las cuestiones que hoy conforman la sustancia de los cursos habituales de microeconomía. Aunque posiblemente, y por razones que desarrollo luego, ya no debamos hablar de “microeconomía”.
El argumento lo puedo presentar a partir de la experiencia que estoy haciendo con el dictado de “Tópicos de Microeconomía”, una materia optativa de esta Facultad de Ciencias Económicas. El programa de esta materia se articula en torno a las teorías del valor y la distribución asociadas a las obras de Ricardo, Marx y Sraffa y, algo marginalmente (por falta de tiempo) a los poskeynesianos Kaldor y Kalecki. Debido a este contenido, cuando propuse esta materia, pensé llamarla “Teorías alternativas sobre valor, precio y distribución”. Pero eso no existe en la currícula, y terminó siendo “Tópicos de Microeconomía”. “Tópicos” significa -María Moliner dixit– “temas de conversación en general”, o “lugares comunes”. Lo que da la idea de que la materia es algo así como un complemento de lo que se enseña en las micro habituales. Pues bien, a lo largo del curso, y en base a las lecturas de marxistas, sraffianos y poskeynesianos, se han cuestionado, al menos, las siguientes nociones, categorías o teorías de la micro de la corriente principal:
Precio de la soja y mercados financieros (1)
En julio de 2011 el precio de la soja en Chicago rondaba los 590 dólares por tonelada. En agosto de 2012 estaba en 470 dólares; en agosto pasado, en 527, y a principios de octubre, en 470. Estas oscilaciones nos dan la oportunidad de volver a una cuestión que se debatió en el curso del conflicto entre el Gobierno argentino y los empresarios agrarios en 2008, a saber, el rol de los mercados financieros en los precios de los productos primarios. Recordemos que en aquellos días, muchos estudiosos y políticos del progresismo K y no K, y de la izquierda, sostuvieron que el alza del precio de los alimentos, y de las materias primas en general era provocada por el accionar de los capitales especulativos en los mercados de futuros.
Se trata de una idea muy difundida, ya que encaja en la tesis de la “financiarización”, lugar común de los programas reformistas pequeño burgueses del capital. Es que, según el enfoque de la “financiarización”, los males de la economía no se originan en las relaciones de producción capitalistas, sino en el dominio de las finanzas, que habrían tomado el mando desde los inicios de la década de 1980. En particular, los capitales especulativos determinarían entonces, a través de los mercados de derivados, los precios de los productos primarios. Por eso, el alza de los precios de las materias primas desde inicios de los 2000 a 2008, no tendría por causa el aumento de los costos, o la insuficiencia de la producción para responder al aumento de la demanda china, sino la codicia de los especuladores. Lo cual equivale a decir que no existe determinación objetiva de los precios; la ley del valor trabajo habría dejado de tener vigencia. ¿Por qué subieron vertiginosamente los precios de los productos primarios entre 2001 y 2008? Porque los especuladores en los mercados de futuros ganaban jugando al alza. ¿Por qué bajaron en 2009? Porque desde 2008 especularon a la baja. ¿Por qué se recuperaron los precios entre mediados de 2009 y 2011? Porque desde mediados de 2009 decidieron ganar con el alza. ¿Por qué bajó la soja entre 2011 y 2012? Porque los especuladores ahora se enriquecían con la baja. La explicación “teórica” termina reduciéndose al “así lo quisieron los especuladores”. En esta nota -que se divide en dos partes- examino críticamente esta tesis.
La crítica de la ortodoxia neoliberal
Los que defienden la explicación que hace eje en la especulación financiera, piensan que la misma es progresista porque se opone a la apologética neoclásica del mercado, y en particular, a la hipótesis de los mercados eficientes, que dice que los precios de los activos financieros reflejan siempre, de manera rápida y total, la información existente acerca de los fundamentos, de manera que nunca hay títulos sobre o subvalorados. Por ejemplo, si sube el precio de una acción es porque las ganancias, ventas, etcétera, de la empresa han mejorado, y el alza expresa la cuantía de la mejora. Lo mismo sucedería con los derivados, como los futuros o las opciones (Eugene Fama, profesor de la Universidad de Chicago, acaba de recibir el premio Nobel de Economía por elaborar esta estúpida teoría).
Marx sobre trabajo potenciado
La nota sobre Mandel y la plusvalía extraordinaria ha provocado muchas críticas, en particular a la noción de trabajo potenciado. Algunas ya las he respondido (véase aquí) y otras las iré tratando en los próximos días. En esta nota intento aportar elementos para el estudio del concepto en la obra de Marx. Empiezo recordando la noción tal como se presenta en El Capital, para luego ampliarla con textos que permanecieron en borrador.
Trabajo potenciado en El Capital
El capítulo X del tomo 1 de El Capital constituye el texto clave en que Marx explica cómo se generan las plusvalías extraordinarias, de las que deriva la plusvalía relativa. En el mismo Marx define al trabajo potenciado como aquel trabajo que se aplica con una tecnología superior a la imperante en la rama. Escribe:
“El trabajo cuya fuerza productiva es excepcional opera como trabajo potenciado, esto es, en lapsos iguales genera valores superiores a los que produce el trabajo social medio del mismo tipo” (1999, pp. 386-7). De manera que lo que permite generar más valor por unidad de tiempo es su carácter “excepcional”, la diferencia que media entre la tecnología avanzada y la promedio. Por eso, mientras dura la diferencia, el “valor individual” del producto es menor que el valor social. Pero dado que “el valor real de la mercancía… no es su valor individual, sino su valor social”, el capitalista puede vender por encima de su valor individual, y realiza así una plusvalía extra. Por eso, dice Marx, la expresión dineraria del valor del producto de la jornada laboral en la empresa avanzada tecnológicamente “es más elevada que la del trabajo social medio de la misma índole” (p. 386). Por eso también, más abajo agrega: “… aquel plusvalor extraordinario desaparece no bien se generaliza el nuevo modo de producción y se extingue con ello la diferencia entre el valor individual de la mercancía producida a más bajo costo y su valor social” (p. 387).
Aclaremos que esta plusvalía extraordinaria (y ganancia extraordinaria), derivada del cambio tecnológico, debe distinguirse de la que surge cuando, por coyunturas extraordinarias las mercancías producidas bajo las peores condiciones regulan el mercado en una rama; por ejemplo, cuando la demanda supera a la oferta en esa rama. En esos casos, las empresas con tecnología media obtendrán una tasa de ganancia por encima del promedio (véase el capítulo X t. 3 de El Capital). Pero no es éste el mecanismo contemplado en el análisis del cambio tecnológico y la plusvalía extraordinaria, que están en la base de la plusvalía relativa, discutida por Marx en el capítulo X del tomo 1.
Mandel sobre la plusvalía extraordinaria

En esta nota discuto la tesis que dice que las plusvalías extraordinarias que obtienen las empresas de mayor productividad relativa se origina en el trabajo realizado en las empresas de menor productividad relativa. Recordemos que la plusvalía extraordinaria se refiere a la plusvalía que obtienen las empresas que tienen una ventaja tecnológica, y disminuyen el tiempo de trabajo invertido en la producción, con respecto al tiempo de trabajo social promedio imperante en la rama. En esas circunstancias, las empresas avanzadas podrán vender sus mercancías al precio promedio (establecido por el tiempo de trabajo promedio en la rama), de manera de embolsar una plusvalía extra. Dado que esas empresas estarían empleando menos trabajo por unidad de producto, se plantea la cuestión de cuál es el origen de la plusvalía extraordinaria que obtienen. La tesis que discuto en esta nota afirma que proviene de las empresas que, debido a su atraso tecnológico, utilizan más mano de obra que el promedio de la industria. Esta explicación fue presentada por Ernest Mandel en El Capitalismo tardío (en francés se ha publicado con el título de Le Troisième Âge du Capitalisme), y ha sido aceptada por muchos marxistas destacados. La tesis tiene consecuencias importantes, ya que la plusvalía extraordinaria sustenta la explicación de Marx de la renta diferencial de la tierra, y también es la base de la explicación de Mandel (asimismo de Shaikh, Carchedi y otros) de las transferencias de plusvalía desde los países atrasados hacia los adelantados.
Naturalmente, la crítica que formulo en esta nota no afecta mi valoración global acerca de la contribución de Mandel en El capitalismo tardío. Entre otras cuestiones, con este libro Mandel lideró el movimiento de los marxistas que volvieron a poner la atención en la ley de la tasa de decreciente de la ganancia y su relación con las grandes crisis del capitalismo. Sin embargo, esto no debería disimular la necesidad de revisar algunas de las formulaciones de Mandel. Su interpretación sobre el origen y naturaleza de la plusvalía extraordinaria es una de ellas. Empiezo presentando el planteo de Mandel.
La tesis de Mandel
Mandel sostiene que la plusvalía extraordinaria proviene de valor generado por las empresas de baja tecnología; esto es, empresas que emplean más trabajo vivo, por unidad de producto, que el promedio de la rama. Escribe:
Dobb y su crítica de la teoría subjetiva

En esta nota quiero llamar la atención sobre la crítica del economista marxista inglés Maurice Dobb a la teoría del valor basado en la utilidad, o teoría subjetiva del valor, contenida en Economía política y capitalismo, (México, FCE, 1973, publicado originalmente en inglés en 1937).
El requisito de una constante independiente
Dobb comienza señalando que para dar fundamento a una ciencia es necesario encontrar un “principio cuantitativo unificador”, que permita ordenar, de manera sistemática, las relaciones entre los elementos del sistema. Por ejemplo, en química ese principio se logró con el concepto de peso atómico; en física, con la ley newtoniana de gravitación. En la economía política, dice Dobb, el principio es una teoría del valor, que aparece en la obra de Adam Smith y se consolida con la sistematización de David Ricardo. Es que, desde el punto de vista formal, las relaciones que gobiernan y conectan las variables de un sistema económico, se establecen con un sistema de ecuaciones, para cuya resolución debe existir una “constante” que pueda ser conocida con independencia de cualquier otra variable del sistema. “Es una cantidad, como si dijéramos, traída desde fuera del sistema de hechos a que se refieren las ecuaciones; y en un sentido importante, de ese factor externo es del que se hace depender toda la situación” (p. 12). Cuando se habla de “constante”, aclara Dobb, no se quiere significar que se trata de una cantidad invariable, sino que es independiente de las otras variables del sistema. Lo cual es necesario a fin de evitar el razonamiento en círculo.
Por ejemplo, si decimos que el valor de la mercancía A está determinado por el salario y el beneficio (el enfoque del “costo de producción”), estamos remitiendo el valor de A al valor del trabajo (salario). Pero entonces hay que preguntarse qué determina el salario. Si respondemos que depende del valor de las mercancías que entran directa o indirectamente en la canasta salarial, seguimos en el mismo problema; y si A integra los bienes básicos, el razonamiento es claramente circular. Algo similar ocurrirá si nos preguntamos por el valor de los medios de producción que intervienen en la generación de A. En cualquier caso, se incurre en la circularidad del razonamiento, ya que los salarios y la ganancia contenidos en el valor de A están influenciados por el valor de A, y el valor de A está determinado por los salarios y la ganancia. Por eso, cuando se trata de la teoría del valor, “las constantes determinantes deben expresar una relación con una cantidad que no sea ella misma valor”. Es lo que hizo Marx, cuando sostuvo que el valor es generado por el trabajo, pero éste no tiene valor. En este respecto, agregamos que la teoría del valor de Marx supera la inconsistencia lógica que persiste en Ricardo, quien procuraba explicar el salario por el “valor del trabajo”. Para terminar este punto, Dobb subraya que tanto la teoría del valor-trabajo y la del valor-utilidad, cumplen, en principio, con el requisito lógico de partir de constantes que son independientes de las variables que se quieren explicar.
El Papa, el «centro» y el marxismo
“La fe realiza en nuestras vidas una revolución que podríamos llamar copernicana, porque nos quita del centro y se lo devuelve a Dios”, dijo el Papa a los jóvenes en Río de Janeiro.
Poner el centro en Dios, no en el ser humano, es la clave del mensaje. Es la idea central de la humildad cristiana, considerada virtud; es el mensaje de que el ser humano es pequeño, incluso insignificante, frente a la inmensidad de Dios. “El que se humilla será ensalzado, el que se ensalza será abatido”, dice la Iglesia. El ser humano debe reconocer su pequeñez frente a Dios, ya que la gloria de todo lo bueno que tiene pertenece El; el mensaje es de sumisión de la voluntad humana frente al poder superior (“cualquiera que se humille… ése es el mayor en el reino de los cielos”). Por eso, la sumisión está asociada a la mansedumbre, exaltada también como virtud: “los mansos heredarán la tierra y se recrearán con abundancia de paz”. En consecuencia, no se deben desafiar los límites del conocimiento establecido, de las verdades “impenetrables” para las personas de carne y hueso. Es abogar por la modestia, que significa ocupar un puesto irrelevante. Es rechazar la soberbia, que lleva a los seres humanos a rebelarse contra la autoridad. Es reprimir al que se atreve a pensar por sí mismo, porque el que piensa por sí mismo quebranta. “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída es la altivez de los espíritus”. También: “los que como Cristo, manifiestan un espíritu manso, sumiso y humilde, pertenecen a Dios y serán exaltados a su debido tiempo”. “Los que se exaltan a sí mismos caen y sufren”. Los mansos, cuando son perseguidos, lo sufren con mansedumbre, y oran por sus enemigos. En cambio, la senda del orgullo lleva al desastre. La soberbia es el peor de los pecados, es el principio de todos los restantes, porque el soberbio cree tener más poder que Dios. Los ángeles rebeldes, o Adán, fueron soberbios porque osaron desafiar la autoridad de Dios. Santo Tomás dice que la soberbia es “amor desordenado de sí mismo”. La soberbia es “perfecta” cuando se rehúsa obedecer a Dios, a los superiores y a las leyes. Hay que seguir en la humildad, confiar en Dios, obedecer su palabra (condensada en las palabras del Papa) y recordar que las promesas de Dios serán seguras.
Alguna gente piensa que lo anterior es progresista, incluso “revolucionario”. Mi idea es que se trata de un mensaje profundamente conservador, que lleva a aceptar el orden establecido en sus aspectos profundos y esenciales. En cualquier caso, es interesante destacar el abismo que existe entre este mensaje papal, y el enfoque crítico, subversivo, del marxismo. Marx llama a los seres humanos a rebelarse contra la docilidad sumisa que la Iglesia inculca como virtud, para colocar al ser humano, a su capacidad transformadora, en el centro. En la “Crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, escribe: “La crítica de la religión desengaña al hombre para moverlo a pensar, a obrar y a organizar su sociedad como hombre desengañado que ha entrado en razón, para que sepa girar en torno a sí mismo y a su yo real”. Aquí se busca que el hombre decida “girar en torno a si mismo”. Por eso hay que descubrir la verdad “más acá, una vez que se ha hecho desaparecer al más allá de la verdad”. Un poco más adelante: “Ser radical es atacar el problema de raíz. Y la raíz para el hombre es el hombre mismo. (…) La crítica de la religión desemboca en el postulado de que el hombre es la suprema esencia para el hombre, y por consiguiente, en el imperativo categórico de echar por tierra todas aquellas relaciones en que el hombre es un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable…”.
















