Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Forma y contenido, y la dialéctica del valor

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La nota sobre generación y realización del valor, (aquí), conecta con la crítica a la idea de que el valor es una propiedad física (aquí, aquí);  y con la que sostiene que es individual (aquí). Cuestiones que remiten a la relación entre el contenido y la forma del valor. Es que lo que subyace a esos enfoques es que el contenido del valor – trabajo social objetivado – existe con independencia de su manifestación, de la forma del valor. De ahí una crítica que se me hace: que confundo la objetividad del valor con su expresión.

Aprovecho entonces la respuesta a esta crítica para profundizar en la dialéctica entre contenido (o esencia) y forma. Ya en entradas anteriores procuré acercar a los lectores a la dialéctica hegeliana y marxiana (aquí, aquí aquí). Aunque estoy lejos de ser un experto en Hegel, y muchos (muchísimos, mejor dicho) pasajes de su obra no los entiendo, considero que, con ayuda de los especialistas y comentaristas, podemos captar algunas figuras del pensamiento dialéctico que son fundamentales para la crítica de la ideología burguesa, y en particular, de la Economía Política. Dedico entonces esta nota a la relación entre contenido y forma, aplicada a la teoría del valor de Marx.

Advertencia: lo que sigue supone un conocimiento básico del primer capítulo de El Capital.

Insistencia en “lo que se revela” y objetividad del valor

En el capítulo 1 de El Capital, encontramos muchas referencias a “lo que se manifiesta”, “sale a la luz” o “se pone de relieve” en la relación entre las mercancías. Por ejemplo, en la relación 20 metros de tela valen una chaqueta “sale a la luz… el propio carácter del lienzo” (p. 61; énfasis añadido). Luego, lo que “pone de relieve su carácter de valor [de la mercancía] es su propia relación con otra mercancía” (p. 62; ibid.; énfasis añadido). Asimismo la expresión de equivalencia de las mercancías “saca a la luz el carácter específico del trabajo en cuanto formador de valor” (ibid.). Poco después, el equivalente es “cosa en la que se manifiesta el valor” (p. 63). En este respecto, los precios son el lenguaje de las mercancías; y la tela “revela sus pensamientos” al entrar en relación con la chaqueta (p. 64). Antes, y en referencia a las variadas proporciones en que una mercancía se intercambia por otras, Marx escribe que debe poseer un contenido diferente de estos diversos modos de expresión” (p. 45; énfasis añadido).

Todo esto con una pregunta que recorre el texto desde el inicio del apartado dedicado a la forma del valor: ¿en qué consiste la objetividad del valor de las mercancías? ¿Qué tipo de propiedad es esa, la de ser valor, que tienen las mercancías (o sea, que  es de ellas)?

Manifestación y existencia

La razón de esa insistencia en lo que se manifiesta es sencilla: el contenido (o esencia, o sustancia), para ser tal, debe manifestarse. Si no se manifiesta, lisa y llanamente, no existe.

Lo explicamos con un ejemplo. Supongamos que Pedro afirma que es un gran escritor,  de la talla de un Borges o un Vargas Llosa. Supongamos que le preguntan qué escribió para afirmar tal cosa, y responde que es un gran escritor “en sí mismo”, o “en contenido”, aunque todavía no lo manifestó – u objetivó, o materializó – en escrito alguno. Esto es, el gran escritor que es Pedro existe, pero sin manifestación.

Pues bien, cualquier persona en su sano juicio dirá que esa no manifestación de la naturaleza de escritor de Pedro se debe, simplemente, a que no es un escritor. Con lo cual esa persona de sano juicio estará coincidiendo con una idea que es muy importante en Hegel  – también en Marx: que la esencia (o el contenido, la sustancia) no existe si no se manifiesta. En otros términos, que la esencia, en sí misma, sin manifestarse, no tiene existencia. Como dice Hegel, la esencia “no existe ni en sí, ni por sí misma; existe por medio de otro…” (p. 340, CL; énfasis agregado). ¿Y qué es ese otro por medio del cual existe? Pues es su manifestación, su aparecer, que siempre es relación “hacia afuera”, con otro.

Por ejemplo, en el caso del escritor, la manifestación de su esencia – escritor – es relación con sus escritos; o con el público. Si no existe esa relación – ese hacia afuera – la esencia no tiene existencia. Otro ejemplo: si “en sí” Juan es una buena persona, debe manifestarse en sus acciones. De Boer dice: “Porque el bien mismo es nada aparte de su aparición en hechos efectivos y, considerados desde un punto de vista moral, esos hechos son nada por fuera de su finita reflexión del bien como tal” (p. 353; énfasis agregado).

Algo similar ocurre con el valor. Si el valor es trabajo social objetivado, como sostiene Marx, no puede existir al margen de la relación entre el trabajo privado, empleado en producir la mercancía, y los demás trabajos privados. Y esta relación debe manifestarse (aunque la manifestación oculte el contenido), porque de lo contrario, tampoco podríamos hablar de relación. Por eso también, el valor no puede existir al margen de la objetivación del trabajo en la mercancía; y esa objetivación, al margen de la relación entre las mercancías: “… la objetividad del valor de las mercancías, por ser la mera ‘existencia social’ de tales cosas, únicamente puede quedar expresada por la relación omnilateral de las mismas; la forma de valor de las mercancías, por consiguiente, tiene que ser una forma socialmente vigente” (p. 81, t. 1, El Capital; énfasis añadido).

Por eso el valor de cambio se hace esencial para esa “existencia social” de la mercancía, ser valor. Por caso, si Juan ha producido A en 100 horas de trabajo privado, pero nadie desea adquirir A, decimos que no tiene valor (“no vale nada”). El trabajo privado de Juan no se ha validado como trabajo social. Pero el valor es trabajo social; o sea, no puede ser valor como simple trabajo privado. Pensar que el trabajo privado, abstraído de su relación con el trabajo social, genera de por sí valor, equivale a atribuir al valor una esencia “en-sí-misma”, al margen de su manifestación en el precio. Lo que equivaldría a sostener que el valor es propio de un mundo trascendente. Y desconocer la forma social – productores privados – que obliga a comparar los tiempos de trabajo a través de cosas, en el mercado.

Identidad y diferencia

Lo explicado en el apartado anterior también lo podemos ver en la relación dialéctica entre identidad y diferencia. Es que para que exista el valor en la cosa – el momento de la identidad – tiene que haber expresión en el otro, diferencia. La pura identidad (A vale A) es una igualdad vacía de contenido. Por lo tanto, hablar de la sustancia, o contenido, apelando a esa identidad abstracta, es quedarnos con las manos vacías, ya que la esencia absoluta, en esa simplicidad consigo misma, “no tiene existencia” (p. 340, CL; énfasis agregado). En cambio, cuando decimos A vale B tenemos la salida de la forma relativa (A) hacia la forma equivalente (B). Esto es, hay diferencia, sin que por ello desaparezca la identidad. Por el contrario, es por medio de esa relación con un diferente (en valor de uso) pero un igual (en valor) que A afirma su identidad como valor. Pero ya no es una identidad abstracta, sino concreta, porque contiene en sí la diferencia, la relación con el el otro, y la identidad.

En otros términos, la identidad, separada de la diferencia, no se sostiene; como tampoco la desigualdad separada de la identidad (en este último caso, la identidad del valor desaparecería). Esto significa que la mercancía A se relaciona consigo misma como valor en tanto expresa este último en la mercancía B. Y solo por esa relación el trabajo invertido en A llega a ser “por sí” valor.

En este punto es ilustrativo el paralelismo que hace Marx entre este relacionamiento “con otro” de la mercancía, y el ser humano. En nota en p. 65 escribe: “con el hombre sucede lo mismo que con la mercancía. (…) Tan solo a través de la relación con el hombre Pablo como igual suyo, el hombre Pedro se relaciona consigo mismo como hombre. Pero con ello también el hombre Pablo, de pies a cabeza, en su corporeidad paulina, cuenta para Pedro como la forma en que se manifiesta el género hombre” (énfasis agregado). La identidad de Pedro como humano existe a través de su relación con otros seres humanos; relación que a su vez es forma en que se manifiesta esa identidad esencial. No existe un contenido, género humano, como un “en sí”, al margen o por fuera la relación de los seres humanos entre sí. Obsérvese, además, que no por esto la identidad de Pedro desaparece. Por el contrario, se afirma en y a través de su relación con Pablo.

Más en general, pensar que la identidad (valor de A) puede mantenerse al margen de la diferencia (A vale B) es caer en un error propio del entendimiento que abstrae y aísla. Esta forma de pensamiento, como dice Hegel, “tiene ante sí siempre la identidad abstracta y fuera y al lado de aquella solo ve la diferencia” (p. 362, CL). Es el pensamiento que mantiene la identidad por fuera de la diferencia, y la diferencia por fuera de la identidad (ibid.). Implica, además, concebir la identidad (la esencia) en “inmóvil simplicidad” (p. 365, CL). Para seguir con el ejemplo de Marx, en el relacionamiento de Pedro con Pablo hay movimiento; como lo hay en la vuelta de Pedro hacia sí. Estamos lejos de lo simple inmóvil y vacío. Por eso, la verdad está en el concreto, “en la relación de lo idéntico simple con un múltiple diferente a él” (p. 362, CL). En el caso del valor, el concreto es la unidad de la sustancia, o contenido, del valor (tiempo de trabajo social) con su forma, su expresión. Es la unidad del “ir hacia afuera”, la relación con el otro, y por eso mismo ser valor. Por eso, es a través de la forma por la cual el valor pasa a ser un existente.

Observemos, por otra parte, que la relación entre lo múltiple (las múltiples expresiones del valor de A, en su relacionamiento con las mercancías B, C…) y lo que permanece como trasfondo (como sustancia, contenido), es señalada por Marx al tratar la forma desplegada del valor: “El valor del lienzo se mantiene invariable [es el momento de la identidad], ya es exprese en chaqueta, o café o hierro, etcétera, en innumerables y distintas [el momento de la diferencia] mercancías…” (p. 78, t. 1, El Capital). Identidad que, por otra parte, nos hace salir de la esfera de lo contingente – la forma simple del valor – para establecer la magnitud del valor – tiempos de trabajo – como la que rige las relaciones de intercambio.

Ampliación de la crítica a la “cosa-en-sí”

Destacamos que la crítica de la “cosa-en-sí” recorre buena parte de la Ciencia de la Lógica y la Lógica de la Enciclopedia  (también de la Fenomenología del espíritu). Transcribo un pasaje de la Doctrina del ser:

“Se dice que las cosas están en-sí en cuanto se abstrae de todo ser-para-otro, lo cual significa en general: en cuanto se las piensa sin ninguna determinación, como nadas. En este sentido no se puede saber qué es la cosa-en-sí. Pues la pregunta: ¿qué? pide que sean enunciadas determinaciones; pero cuando las cosas, de las cuales se desearía que fueran enunciadas, deben  al mismo tiempo ser cosas-en-sí, lo cual significa precisamente sin determinación, se halla instalada en la pregunta, sin que uno se dé cuenta, la imposibilidad de contestación, o bien se puede dar una respuesta sin sentido. La cosa-en-sí es lo mismo que aquel absoluto del cual no se sabe nada” (p. 109 CL).

De nuevo, no existe el “valor-en-sí”, al margen de la relación del trabajo aplicado a la mercancía con el trabajo social general. Por eso, el valor no existe como propiedad objetiva (de la cosa) sin el momento del otro. En todo caso, ese “valor-en-sí” estaría más allá de nuestro conocimiento, ya que el valor de cambio (la forma del valor) no revelaría nada sobre esa indeterminada “cosa-en-sí”.

Este mismo criterio dialéctico se aplica a la propiedad de las cosas. Así, la propiedad social (“sobrenatural”, dice Marx) de la mercancía, su valor, es inseparable de su relación con otras mercancías. Aunque, a la vez, es propia de ella. Lo fundamental es que tal propiedad no se agrega desde fuera a una sustancia llamada valor, que existiría “en sí”.

Hegel escribe: “La cosa en sí…no es… esencialmente solo cosa en sí, de manera que sus propiedades sean el ser puesto propio de la reflexión extrínseca” [o sea, no hay nada forzado, puesto desde afuera] sino que son sus propias determinaciones, por cuyo medio ella se comporta de una determinada manera. No hay una base indeterminada, que se encuentra allende su existencia extrínseca [la existencia extrínseca es el relacionamiento con el otro, con el afuera] sino que está presente como fundamento en sus propiedades, vale decir, es la identidad consigo misma en su ser-puesta [ser puesta porque esa identidad consigo mismo surge de la relación con la forma de manifestarse]. (…) por medio de su existencia la cosa en sí entra en relaciones extrínsecas y la existencia consiste en esta exterioridad… (p. 429, CL).

En este respecto, Taylor plantea que las propiedades de la cosa son una expresión de su esencia; ya que está en la naturaleza de la esencia manifestarse en propiedades que le están relacionadas necesariamente (p. 261).

La forma esencial

En línea con lo que hemos explicado hasta aquí, es importante comprender que la forma no se añade a la esencia, como si fuera algo venido del exterior. Es que la esencia está determinada como un contenido específico, y esa determinación es la forma. Como explica Stace, la concepción hegeliana de forma (también de materia) es la concepción de los griegos. Esto significa que la forma no es solo la figura, como se entiende hoy, sino la totalidad de los caracteres, el principio de diferenciación (Stace, p. 197). Moreau, comentando a Aristóteles, explica la forma es “la razón determinante, la determinación esencial, lo que hace que una cosa sea lo que es” (p. 88). Y esta noción se aplica al valor.

Efectivamente, la forma del valor determina, y hace que el valor sea lo que es, tiempo de trabajo social objetivado. Esto es, un tipo especial de trabajo (por ejemplo, no es trabajo privado). Por lo tanto, no puede existir ese contenido al margen de la determinación. En consecuencia, la forma es, en cierta medida, contenido. Dice Hegel “la forma tiene en su propia identidad la esencia, así como la esencia tiene en su naturaleza negativa la forma absoluta. De modo que no puede preguntarse cómo la forma se añade a la esencia pues aquella [la forma] es solo el aparecer de esta [la esencia] en sí misma, la propia reflexión ínsita en ella” (p. 396, CL; reflexión es el relacionar; el relacionar de la esencia con la forma es propia de la esencia, es inherente a ella).

Esto es, la forma no existe al margen, o por fuera, o con anterioridad, al contenido. O, como explica Hegel, si se considera una forma que se agrega desde afuera, a lo que ya existe de por sí, se tratará de una forma inesencial. No afecta al contenido del libro que la tapa sea de tal o cual material; no afecta al valor de A que el mismo se exprese en 120 dólares o en 110 euros; estas son formas inesenciales.

En consecuencia, la forma, cuando es esencial, determina, y por esto mismo establece la identidad. Por ejemplo, tal trabajo es validado en el mercado como trabajo social a través y por medio de la forma en que se manifiesta el valor. Y al hacerlo, el valor se objetiva como propiedad de la mercancía. La forma determinante es, por lo tanto, esencial.

La importancia de la forma en el pensamiento crítico

Como hemos adelantado, del hecho de que el contenido, o la esencia, deba manifestarse para existir, no se desprende que ese contenido, en la sociedad capitalista, se manifieste en su verdadera naturaleza. La explicación de Marx del fetichismo de la mercancía se basa precisamente en que la forma de la mercancía oculta el fundamento que determina las magnitudes del valor, esto es, oculta “el contenido de las determinaciones del valor” (p. 87, t. 1. El Capital). Así, la igualdad entre los trabajos adquiere “la forma material de la igual objetividad de los productos del trabajo” (p. 88).

De la misma manera, el salario (pago del trabajo) es la forma mistificada en que aparece el valor de la fuerza de trabajo; y la ganancia, el interés y la renta son las formas mistificadas en que aparece la plusvalía. Una cuestión imposible de captar si se parte de la idea, típica de Ricardo, de que la forma valor es inesencial.

Textos citados:

De Boer, K. (2010): “Hegel’s Account of Contradiction in the Science of Logic Reconsidered”, Journal of the History of Philosophy, vol. 48, Nº 3, pp. 345-374.

Hegel, G. W. F. (1958): Ciencia de la Lógica, Buenos Aires, Solar / Hachette.

Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.

Moreau, J. (1993): Aristóteles y su escuela, Buenos Aires, Eudeba.

Stace, W. T. (1955): The Philosophy of Hegel, New York.

Taylor, C. (1975): Hegel, Cambridge University Press.

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29/10/2020 at 12:59

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Polémica sobre trabajo, valor y mercado

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En una nota anterior (aquí) me referí a una afirmación del profesor Juan Iñigo Carrera, que me atribuye la estúpida idea de que el trabajo abstracto “es una construcción de la conciencia”. Dije en esa entrada que jamás sostuve tal cosa, y que es un invento del profesor, posiblemente derivado de su incapacidad para responder a mis críticas. Desafié, además, a JIC, o a alguno de sus discípulos, a que mostraran algún pasaje en el que yo hubiera afirmado que el trabajo abstracto es una construcción de la conciencia.

Pues bien, por estos días un lector del blog me envió un texto de alguien que se reclama discípulo del profesor Iñigo Carrera. Entre otras cosas, escribe: “Astarita, como vimos, dice primero: “para que exista valor, el valor tiene que tomar una forma objetiva en la mercancía”. Esto es correcto, así lo plantea y desarrolla Marx. Pero, paso seguido, sostiene: “el trabajo se objetiva como valor cuando la mercancía, el polo relativo, encuentra su equivalente”. Dónde dice Marx esto??? Hace falta ser muy inteligente para darse cuenta que si diría eso se estaría contradiciendo (y acá no hay dialéctica que lo salve)??? (…)  Astarita confunde objetividad del valor (la mercancía) con expresión del valor (en el intercambio). Si la objetividad del valor existe cuando la mercancía “encuentra su equivalente”, estamos diciendo exactamente lo mismo que los neoclásicos: el valor brota de la circulación. Y por tanto: de la conciencia de la valoración subjetiva!” (en la sección Comentarios del blog puede leerse completa).
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16/10/2020 at 16:00

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La vicejefa de Gabinete sobre consumo y ciclo económico

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En el día de ayer, 17/09, la vicejefa de Gabinete de Ministros, Todesca Bocco, en una entrevista televisiva con el periodista Antonio Laje, afirmó: “Vemos una economía con una inflación en torno al 30% y una recuperación del salario real porque lo que explica el crecimiento es el consumo privado, es decir, que se recupera la masa salarial por recuperación del salario”. Todesca Bocco es graduada en Economía en la UBA y Magíster en Administración Pública de la Universidad de Columbia, Nueva York.

Su planteo entonces es que los salarios se están recuperando; dado que está aumentando la masa salarial, se recuperará el consumo; y con este, la demanda agregada y la producción. De ahí su afirmación de que “lo que explica el crecimiento es el consumo privado”. Una idea que ha calado hondo en la izquierda  y el nacionalismo más o menos “radical”. Incluso hay personas que consideran que esta idea es distintiva de la “Economía heterodoxa”, en oposición a “la derecha neoliberal” y su obsesión con la inversión. Lee el resto de esta entrada »

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18/09/2020 at 16:54

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Anwar Shaikh y la tesis del intercambio desigual

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En la nota anterior (aquí) me referí a la tesis del intercambio desigual de Mandel – Shaikh y Carchedi. Un lector me criticó – en “Comentarios”-  diciendo que Shaikh había rechazado explícitamente esa tesis. Ya en otras ocasiones me hicieron esta objeción. Dedico esta nota a responderla; y agrego algunas consideraciones sobre el carácter político de este debate.

Shaikh y las transferencias de valor

La realidad es que Shaikh critica (en Valor, acumulación y crisis) la tesis del  intercambio desigual de Emmanuel, pero comparte la idea del intercambio desigual que planteó originariamente Mandel (por lo menos, hasta lo que conozco), y que he criticado en varias notas y en mis libros. Ello se puede ver en el capítulo dedicado a comercio internacional, de Valor…. Allí sostiene que  las empresas que emplean tecnología más atrasada generan más valor que las que usan tecnología adelantada, y que ese plus se transfiere de las primeras a las segundas. Escribe: Lee el resto de esta entrada »

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04/08/2020 at 12:53

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Respuesta a críticas de Claudio Katz

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Un amigo y lector del blog me envió un artículo del profesor Claudio Katz, que lleva por título “Dependencia y teoría del valor”, publicado en Aporrea (aquí). En el mismo Katz critica mi posición sobre intercambio desigual y trabajo potenciado. Dedico esta entrada a responderle.

Maraña de categorías 

 En las polémicas que tuve sobre intercambio desigual con los defensores de la tesis Mandel – Shaikh – Carchedi (en adelante, MSC) no hubo dificultades para focalizar el tema en disputa: si en las empresas que aplican tecnologías superiores se genera más valor por unidad de tiempo de trabajo que en las empresas con tecnologías modales, o atrasadas. La misma cuestión, en esencia, se planteó en torno a la renta diferencial. Quienes intervenimos en el debate con posiciones definidas sabíamos de qué estábamos hablando. Lee el resto de esta entrada »

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31/07/2020 at 15:46

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Prohibición de despidos y concepción materialista

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El 31 de marzo el gobierno nacional emitió un decreto de necesidad y urgencia por el cual por 60 días se prohibieron los despidos “sin causa justa” o que tuvieran por causales la falta o disminución de trabajo. También prohibieron las suspensiones por los mismos motivos. Aunque con la salvedad de estar exceptuadas las pactadas entre el sindicato y los trabajadores “y se basen en fuerza mayor”. El 8 de junio el gobierno prorrogó la prohibición por 60 días. La medida fue saludada por la CGT y la CTA y por buena parte de la izquierda nacional. Por supuesto, se señalaron insuficiencias – por caso, los trabajadores informales, más del 35% de la fuerza laboral, quedó fuera del decreto; además de las suspensiones “pactadas” – pero se lo consideró un paso en el sentido de que “la política le marque el paso a los grandes grupos concentrados”. Alguno incluso sugirió que, a fin de dar más fuerza a la medida, se debería establecer por ley que “preservar las fuentes de trabajo es prioridad absoluta [absoluta, faltaba más] del Estado”.

Pues bien, según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) 185.000 trabajadores registrados perdieron sus empleos en abril. La caída de empleos de los trabajadores informales seguramente también fue muy elevada. A lo que se suman las innumerables suspensiones, acompañadas de rebajas salariales. Pero… ¿no era que la política domina a la economía? ¿Y que un gobierno “con sensibilidad popular” protegería el empleo? ¿Qué ocurrió? ¿Nos falló la “sensibilidad” de AF? ¿O le está faltando coraje, como se cuestiona un seguidor de Francisco? Son las preguntas habituales de los “amigos del pueblo”, que analizan los fenómenos sociales con los lentes del subjetivismo. De ahí también la historia de cambiar fusibles en las “altas esferas de la política” para que todo siga más o menos igual para la gente común. Lee el resto de esta entrada »

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04/07/2020 at 17:21

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La crisis de 1847 y el análisis de Marx

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Como parte de las notas dedicadas a la teoría de la acumulación y crisis de Marx, en esta entrada nos centramos en la crisis de 1847 y en el análisis que hicieron de la misma Marx y Engels en la Review de mayo a octubre de 1850, y Marx en El Capital. Complemento con investigaciones históricas que confirman y amplían hechos y circunstancias descritas por Marx y Engels. Pienso que este estudio nos acerca a la articulación entre la explicación más general de las crisis – el impulso a la sobreproducción y sobreacumulación, véase aquí – y los múltiples factores que intervienen en la compleja dinámica del crack y la desvalorización de capitales de una crisis concreta, como fue la de 1847.

La recuperación de 1843 – 1845

Marx y Engels comienzan el texto de la Review diciendo que los años 1843-1845 fueron de prosperidad comercial e industrial, “consecuencias necesarias” de la depresión del período 1837-1842. Tengamos presente que en 1841-42 la economía británica había tocado el fondo de la depresión (Ward-Perkins, 2018). Ayudaron a la recuperación las buenas cosechas de 1841 y 1842, que incrementaron la riqueza, el excedente comercial y el dinero disponible para invertir; a su vez, el aumento del neto comercial habría tenido apreciables efectos multiplicadores (Matthews, 1954). También en El Capital Marx señala que en 1842 mejoró la situación de la industria inglesa. En particular, entre 1842 y 1844 aumentó la demanda de productos ingleses por parte del extranjero; en 1843 la Guerra del Opio abrió China al comercio inglés. “Este nuevo mercado ofrecía un nuevo pretexto a la expansión que ya se hallaba en pleno auge, en especial en la industria algodonera (p. 522, t. 3). En 1845-46 “se produjo el período de máxima prosperidad” (ibid.). Además, en 1846, cuando se levantaron los derechos sobre la importación del trigo, se abarató este componente fundamental de la canasta salarial, lo que también alimentó el auge (Hyndman). Agreguemos que en 1844 se aprobó la legislación bancaria (inspirada en la currency school) que limitaba el descuento de letras por parte del Banco de Inglaterra: la emisión fiduciaria de billetes no podía superar los 14 millones de libras, y toda emisión suplementaria requería una reserva de oro del 100%. Esta ley bancaria, criticada por Marx, incidiría en la crisis monetaria y financiera de 1847. Lee el resto de esta entrada »

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20/06/2020 at 16:21

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Plusvalía relativa en EEUU

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Una consecuencia de la tesis del estancamiento crónico es la tendencia a minusvalorar, o desconocer, el rol de la plusvalía relativa en el sostenimiento, o aumento, de la explotación del trabajo (y por lo tanto, en la rentabilidad del capital). En esta entrada repaso brevemente la teoría de Marx de la plusvalía relativa; presento luego las evoluciones de la productividad y el salario en EEUU en las últimas siete décadas; y finalizo con algunas conclusiones.

La plusvalía relativa

La plusvalía relativa es explicada por Marx en el capítulo X del tomo 1 de El Capital. La misma es el resultado de la innovación tecnológica en busca de plusvalías extraordinarias. La secuencia es: a) un capitalista innovador obtiene una plusvalía extraordinaria mediante el aumento de la productividad, esto es, el abaratamiento del costo de producción; b) presionadas por la competencia, las otras empresas adoptan la nueva tecnología (o desaparecen); c) al generalizarse la nueva tecnología, disminuye el valor de la mercancía; si esta última entra, directa o indirectamente, en la canasta salarial, la plusvalía (y la cuota de plusvalía) se elevará, en tanto el obrero continúe recibiendo la misma canasta de bienes. Lee el resto de esta entrada »

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16/06/2020 at 12:46

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Marx y Engels sobre impuestos y el socialismo burgués

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En notas anteriores critiqué la idea de partidos de izquierda de que se pueden solucionar los problemas más graves de las masas trabajadoras durante la pandemia poniendo un impuesto a las grandes fortunas (aquí, aquí). A fin de brindar elementos para la discusión, en esta entrada presento la crítica de Marx y Engels al programa de reforma tributaria de Emile Girardin, un periodista y político francés, exponente del socialismo burgués. La misma fue publicada en abril de 1850 en “Reviews from the Neue Rheinische Zeitung”, y lleva por título “Le socialisme et le impôt par Émile de Girardin” (Marx y Engels, Collected Works, t. 10, pp. 326-337). Esta nota entonces se inscribe en el propósito de rescatar tradiciones del socialismo revolucionario que muchos parecen haber olvidado.

El caballo de batalla de todo burgués radical

Según Marx y Engels, Girardin buscaba la armonía entre el capital y el trabajo mediante la eliminación de la ignorancia y las causas de pauperismo, el establecimiento del crédito, la multiplicación de la propiedad, y la reforma de los impuestos. Sostenía que la clave pasaba por la influencia del voto en el presupuesto y la tributación. Para eso proponía reformas impositivas, y una suerte de seguro: el impuesto sería una prima que pagaría el ciudadano por el cual tendría acceso a servicios del Estado. Lee el resto de esta entrada »

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13/06/2020 at 16:59

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Marx y la tendencia a las crisis de sobreproducción

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En una entrada anterior (aquí) presenté la teoría de la crisis de Engels. La causa principal de la crisis, según Engels, es el impulso del capital a la sobreproducción y a la sobreacumulación. En esta nota muestro que Marx sostuvo la misma teoría.

 Para eso tomaré como referencia principal los borradores publicados como tomo II de Teorías de la plusvalía. En el capítulo 17 del mismo, que lleva por título “Teoría de la acumulación de Ricardo y crítica de ella (La naturaleza misma del capital conduce a las crisis)” encontramos los escritos más extensos de Marx sobre las crisis capitalistas. Ampliaré con referencias principalmente a El Capital.

El punto de partida, la naturaleza del capital

El punto de partida de la explicación de las crisis es el impulso del capital a aumentar la producción, el hecho de que a medida que se desarrolla modo de producción capitalista la escala de la producción se determina cada vez menos por la demanda directa. Marx escribe: “1) Cada uno de los capitales actúa en una escala que no se determina por la demanda individual (encargos, necesidades privadas), sino por el esfuerzo de realizar tanto trabajo, y en consecuencia tanto sobretrabajo como sea posible, y de producir la mayor cantidad posible de mercancías con determinado capital. 2) Cada capital se esfuerza por captar la mayor parte posible del mercado y por suplantar a sus competidores y excluirlos del mercado; competencia de capitales” (pp. 415-6, t. 2; Teorías…, énfasis añadido). Lee el resto de esta entrada »

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01/06/2020 at 11:35

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