Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Anarco-capitalismo y privatización de la violencia de clase

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Con frecuencia analistas y militantes de izquierda dicen que las ideas de Javier Milei son las de la tradicional derecha liberal argentina. Se basan en que Milei y sus partidarios coinciden con la derecha liberal en el reclamo de reducir el gasto fiscal y disminuir la interferencia del Estado en la economía.

Siendo ciertas estas coincidencias, existe sin embargo una diferencia entre ambas corrientes que no debería pasarse por alto. Es que Milei adhiere al “anarquismo de la propiedad privada” (o anarco-capitalismo), que puede sintetizarse en la defensa de la propiedad privada del capital, por un lado; y la eliminación del Estado, por el otro. De ahí que los anarco-capitalistas operen una doble diferenciación: con respecto al anarquismo de izquierda tradicional (Proudhon, Bakunin, Kropotkin), porque este luchaba por el comunismo y la abolición de la propiedad privada. Y con respecto al liberalismo tradicional –tipo Berlin o Friedman- porque sostiene que el Estado debe ser “la agencia que tiene el monopolio de la coacción ejercida por las instituciones”, y solo busca limitar su influencia. Los anarco-capitalistas sostienen que este programa del liberalismo es teóricamente imposible porque una vez que se acepta al Estado no se puede limitar su crecimiento (véase Huerta de Soto, 2007).

Propiedad privada y Estado, anarco-capitalistas y anarquismo comunista

Los defensores del anarquismo de la propiedad privada proponen entonces una sociedad en la que haya un orden impulsado por la creatividad y dinamismo de los empresarios. Estos, sigue el argumento, encontrarán las soluciones de cualquier problema mediante innovaciones tecnológicas y jurídicas. La clave, subraya Huerta Soto, es que se permita la apropiación privada de los resultados de sus creaciones.

Naturalmente, en este esquema se asume que la base del poder empresarial es la propiedad privada de los medios de producción y cambio. Pero aquí el anarco-capitalismo introduce una contradicción insalvable. Es que, como sostuvo el anarquismo de izquierda, el Estado es inseparable de la propiedad privada: “a la propiedad como institución básica de la economía le corresponde el gobierno como institución básica de la política. … Lo que explica la naturaleza de una estructura política es una estructura económica. (…) al dualismo propietario proletario le corresponde el dualismo gobernante-gobernado. He aquí la tesis central de ¿Qué es la propiedad?” [de Proudhon]. Admitir la propiedad es admitir el Estado; admitir el derecho absoluto sobre las cosas equivale a admitir el dominio absoluto sobre las personas. El Estado comporta una sociedad dividida, un verdadero dualismo entre el que manda y el que obedece” (Cappelletti, 1992).

El enfoque marxista es coincidente en este respecto: toda forma de producción –y las relaciones de producción en primer lugar – “necesita sus propias instituciones jurídicas, su propia forma de gobierno” (véase Marx, 1989, t. 1, p. 8). Forma de gobierno a la que va asociado determinado poder de coerción, de Estado. De nuevo, es imposible eliminar el Estado sin acabar con las relaciones de producción (y de propiedad) que están en la base de su existencia. Por eso, y en abierta contradicción con lo que dicen los anarquistas de la propiedad privada, nunca se dio una sociedad basada en la propiedad privada en la que no hubiera Estado. Y sí hubo, durante miles de años, sociedades en las que no hubo propiedad privada ni Estado. Datos y hechos que parecen difíciles de digerir por el anarquismo de derecha.

Antagonismos irreconciliables y Estado

Los anarco-capitalistas dicen rechazar el Estado, pero no lo explican ni comprenden las razones de su surgimiento. Esa incomprensión arranca del momento mismo en que abstraen la propiedad privada de la existencia del Estado, del sistema jurídico-militar-ideológico que lo conforma. De ahí que estos curiosos anarquistas reduzcan la cuestión del Estado a problemas “de casta”, o morales (como la corrupción de la burocracia). Todo de una desesperante superficialidad, propia de quien desconoce los procesos históricos y sociales.

 El enfoque del marxismo es, por supuesto, muy distinto. Centralmente porque sostiene que el Estado no es un poder impuesto desde afuera de la sociedad, sino es el producto de ella misma cuando alcanza determinado grado de desarrollo. Es la confesión de que “esa sociedad… está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar” (Engels 2007; énfasis nuestro). Es que con la propiedad privada aparecen clases sociales con intereses económicos en pugna. Para que esas clases no se devoren a sí mismas, para mantener los choques dentro de los límites “del orden”, el Estado, un poder nacido de la sociedad, se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más (véase ibid.). Obedeciendo a esa necesidad social “el Estado presupone un poder público particular, separado del conjunto de los respectivos ciudadanos que lo componen” (ibid.; énfasis nuestro).

Por eso la fuerza pública pasa a ser una fuerza aparte de la masa del pueblo. A su vez, para mantener esa fuerza pública se necesitan las contribuciones de los ciudadanos, los impuestos. En consecuencia los funcionarios, dueños de la fuerza pública y del derecho de recaudar impuestos, aparecen ahora por encima de la sociedad. E inevitablemente, se trata de un Estado de clase (nuevamente subrayo, las “castas” en esto tienen poco y nada que ver):

“Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida. Así, el Estado antiguo era, ante todo, el Estado de los esclavistas para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado” (ibid.). En todos los casos el Estado perpetúa la división de la sociedad en clases y el derecho de la clase poseedora de explotar a la no poseedora y el dominio de la primera sobre la segunda (ibid.). Por eso, al desaparecer la propiedad privada el Estado se extingue.  

El programa reaccionario y brutal de los anarco-capitalistas

Dado que el Estado surge como una necesidad anclada en las clases y la propiedad privada, es absurdo –y profundamente reaccionario- pretender eliminar el Estado sin acabar con las clases sociales y la propiedad privada. Peor aún, en tanto exista una clase social propietaria de los medios de producción, y otra clase social que solo posee su fuerza de trabajo, los antagonismos sociales serán inevitables, y con ello la existencia de fuerzas represivas dedicadas a sofocar la protesta y la rebelión de los desposeídos y explotados.

Llegamos así a un punto crucial: la privatización de la represión. ¿Imaginación nuestra? Pues no, los teóricos del anarco-capitalismo lo dicen: “en el lejano oeste norteamericano se planteó el problema de la definición y defensa del derecho de propiedad de, por ejemplo, las reses de ganado en amplísimas extensiones de tierra, introduciéndose paulatinamente diversas innovaciones empresariales”. ¿Qué innovaciones? Pues entre ellas “la vigilancia continua de cowboys a caballo armados” (Huerta de Soto). Fue la forma en que “los empresarios” solucionaron, de manera “creativa” (HdeS) “los problemas conforme se iban planteando”.

En otras palabras, nos hablan de “abolir” el Estado para establecer el orden de los “cowboys armados”. De pasada señalemos que aquí sobrevuela la tonta idea de que “bandas de vaqueros armados al servicio de los hacendados” (que necesariamente implica también ley privatizada) es sinónimo de desaparición del Estado, como si el Estado no estuviera constituido, en su columna vertebral, por una “banda de hombres armados”.

En cualquier caso, en el escenario anarco-capitalista los antagonismos sociales irreconciliables de los que hablaba Engels serían sofocados por la represión y la ley privatizadas y gobernadas por los poderosos (“creativos y dinámicos”, a no olvidar). ¿Se ha dado algo de este tipo? Pues sí. Un ejemplo lo tenemos en la Amazonia brasileña, frontera de la expansión de la minería, la ganadería a gran escala y la soja. Allí grandes hacendados, principales responsables de la destrucción de la selva, imponen su ley mediante las agromilicias. Estos grupos de pistoleros cuentan con el visto bueno de las fuerzas federales, y cometen todo tipo de tropelías. Decenas de activistas defensores del medio ambiente y personas comprometidas en la lucha por la tierra fueron asesinados por esos ejércitos privados. También fueron sus víctimas indígenas, pequeños propietarios y trabajadores sin tierras. Todo esto de la mano de la deforestación y agresión al medio ambiente, con el visto bueno de Bolsonaro. El resultado final, naturalmente, es el fortalecimiento del poder estatal, que restablece “el orden” cuando la balanza está fuertemente inclinada a favor de los hacendados.  

Otro ejemplo lo encontramos en Rusia, luego de la caída del régimen stalinista: bandas armadas privadas, contratadas por los poderosos (muchos ex burócratas soviéticos), puestas al servicio de la apropiación privada de los medios de producción. Se calcula que llegó a haber unos 800.000 individuos integrando estas mafias, las cuales incluso administraban justicia en las zonas en que el aparato estatal había desaparecido. De nuevo, el resultado a mediano plazo fue más concentración económica, desposesión de los trabajadores y fortalecimiento último del Estado.

Otro caso, los “señores de la guerra” durante el conflicto checheno, con sus zonas de influencia y sus ejércitos privatizados. Otro, los grupos paramilitares en Colombia que fueron armados por terratenientes. Son las “creativas soluciones empresariales” para sustituir al Estado y reemplazarlo por el anarquismo de la propiedad privada. Es la anticipación, en pequeño, del programa social y político de esta corriente de derecha. Es el “derecho del más fuerte”, del que tiene el poder de dar o no dar trabajo, y maneja “su” aparato de represión y “su” ley. Situación que finalmente se perpetuará, bajo otra forma, en el “Estado de derecho” (véase Marx, citado).

Para terminar, alerto contra un posible contra-argumento a lo aquí señalado. Se refiere a la idea de que “el anarquismo a lo Milei es folclórico”; a que “el escenario anarquista está lejos” y semejantes. Pues bien, pienso que los planteos del anarco-capitalismo no son inocentes ni inocuos. Conectan con el aquí y ahora. Es que existe una conexión de fondo entre el “zurdo de mierda te puedo aplastar” (Milei) y el horizonte de la violencia y la ley privatizadas y puestas al servicio incondicional del capital. Este programa “lejano” es parte de lo que esta gente llama “la batalla cultural”. Batalla “cultural” carente de cultura y ciencia, pero que «entra» en la opinión pública y tiene por objetivo quebrar ideológicamente toda forma de resistencia a una forma de civilización que se basa en la explotación del trabajo.  

Textos citados:

Cappelletti, A. J. (1992): La ideología anarquista, Buenos Aires, editorial Reconstruir.

Engels, F. (2017): El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Archivo Marx-Engels de la Sección en Español del Marxists Internet Archive (www.marxists.org).  

Huerta de Soto, J. (2007): “Liberalismo versus Anarcocapitalismo”, Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política, vol. IV, pp. 13-32.

Marx, K. (1989): Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política (Grundrisse) 1857-1858, México, Siglo XXI.

Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1BnxGkPUrBhFs3JJQqI_9OGC4qBohojrfrF9Unb9CvN8/edit?usp=sharing

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19/05/2022 at 17:14

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Capital constante, salarios y Economía vulgar

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El objetivo de esta nota es precisar la diferencia entre el valor de una mercancía y el valor agregado por el trabajo empleado en la producción. Me motiva hacerlo una nota publicada en un periódico de izquierda, en la que se afirma que la empresa Mondelez, de la alimentación, puede pagar los salarios de sus obreros con lo que factura en solo un día. La relación salarios/valor del producto sería entonces un índice del elevado grado de explotación.

La denuncia es impactante, pero lamentablemente, desde el enfoque marxista, el asunto está mal planteado. El problema de fondo: la relación entre salario y valor del producto no indica nada sobre el grado de explotación del trabajo. Para entender por qué, recordemos que el valor de la mercancía está conformado por el valor del capital constante + el valor del capital variable + la plusvalía (el planteo en sustancia no cambia si trabajamos con precios de producción y tasa media de ganancia). El capital constante comprende capital circulante (materias primas, insumos auxiliares como puede ser la energía eléctrica, etcétera) y capital fijo (instalaciones, equipos y maquinarias).

Pues bien, para lo que nos ocupa es crucial el hecho de que los valores de los medios de producción consumidos en el proceso de producción son conservados por el obrero mediante su transferencia al producto final. El obrero no crea este valor, sino lo conserva y transfiere al producto final. El valor nuevo que sí adiciona con su trabajo equivale al capital variable (que se gasta en la fuerza de trabajo) y la plusvalía. Por eso la tasa de explotación está determinada por la relación plusvalía/capital variable, o lo que Marx llama tasa de plusvalía. El valor del capital constante transferido al producto final no juega rol alguno en la determinación de la tasa de plusvalía. Para verlo con un ejemplo, supongamos dos industrias, A y B. En A el valor del producto es 1000c + 50v + 50s = 1100. En B es 100c + 50v + 50s = 200. La tasa de plusvalía es igual en ambos sectores, aunque el valor del capital constante es 10 veces superior en A que en B. Es absurdo deducir de esto que el obrero de A sea más explotado que el de B.   

Puede verse, además, que es un error decir que con el valor de A el capitalista puede pagar salarios por 1100 (o que el capitalista de B puede pagar salarios por 200). En ambos casos el salario (o sea, el equivalente al capital variable) es pagado con la mitad de la jornada laboral (tasa de plusvalía de 100%). La otra parte del valor agregado constituye la plusvalía. En cuanto al valor de los medios de producción transferido al producto final, debe destinarse a reponer el capital constante consumido. No hay manera de que el capitalista pueda destinarlo a salarios, a menos que reduzca la escala de la producción (pero en ese caso consume su capital constante).

Dualidad del trabajo

A fin de comprender lo anterior es necesario tener presente el doble carácter del trabajo: trabajo concreto, en tanto productor de valores de uso; y trabajo abstracto, en tanto generador de valor. El obrero solo puede agregar valor generando valores de uso, para lo cual aplica una modalidad específica de trabajo, y emplea medios de producción también específicos. En ese respecto, como productores de bienes de uso, los trabajos son concretos. Por eso, los obreros trasladan al producto final diferentes cantidades de valor del capital constante, siempre según las especificidades de sus trabajos concretos. Así, el obrero que talla un diamante traslada más valor al producto final que el obrero que fabrica telas de algodón. Aquí lo que cuenta es el trabajo en tanto concreto. Sin embargo, en cuanto trabajo social general, esto es, como gasto de fuerza de trabajo humana, el obrero agrega nuevo valor a los valores del capital constante, sea el contenido en el diamante en bruto o en el algodón. De ahí la dualidad del resultado: al mismo tiempo que genera nuevo valor el trabajador conserva y transfiere el valor de los medios de producción consumidos al producto final. Pero esto es imposible de entender si se considera que el salario se paga con la parte del valor del producto que repone el capital constante. Esto último es un verdadero disparate (para una discusión sobre la distinción entre trabajo abstracto y concreto, véase aquí y siguientes; también la crítica de Marx a “la última hora de Senior”, en el tomo 1 de El capital).

En lugar de El capital, Economía vulgar

Valor de uso y valor; trabajo abstracto y concreto; capital constante y variable; tasa de plusvalía. Conceptos básicos. ¿Cómo es posible que periódicos que se dicen marxistas no sean capaces de aclarar a los obreros, a la militancia y a los activistas, estas cuestiones básicas?  No solo no las aclaran, sino que afianzan y consagran el error. Y lo que no deja de ser irónico: no pueden distinguir entre capital constante y valor agregado, pero prometen desnudar los males del capitalismo examinando los libros contables de las empresas (aquí). Provoca risa por lo extravagante.

En fin, esta gente recuerda a aquellos socialistas que, al decir de Engels, basaban su socialismo “en las doctrinas de la Economía vulgar de la peor calidad” y en “trivialidades tristemente vulgares”. Vulgaridades que en Argentina se multiplican de la mano del nacionalismo burgués reformista (a lo Máximo Kirchner y Axel Kicillof). En todo caso, ¿a qué le llaman ciencia? ¿Qué entienden por crítica científica? Y si no están de acuerdo con la teoría de Marx, ¿por qué no lo dicen y presentan sus posiciones? Sería intelectualmente honesto, y aclararía las diferencias.

Para bajar el archivo: https://docs.google.com/document/d/1HaS9NhRS1E599yMf8Rb3SjvG-p7mZ-TfRCQukFq_1eA/edit?usp=sharing

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15/05/2022 at 16:31

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El monetarismo y una comparación incomprensible

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En su intervención doctoral en la Universidad Nacional del Chaco Austral, el 6 de mayo pasado, la vicepresidenta Fernández de Kirchner negó que la causa de la inflación sea la emisión monetaria. Para eso, comparó la relación entre la base monetaria (efectivo en manos del público más los encajes bancarios) y el PBI entre 2015 y 2021. Señaló que en 2021 la relación fue 6%, frente al 8,5% en 2015 y 8% en 2017. En el mismo sentido afirmó que el circulante en poder de la gente, en relación al PBI, fue 3,9% en 2021 frente a 5,9% en 2015 y 5,3% en 2017. Dado que la inflación en 2021 fue superior a la que hubo en 2015 y en 2017, la vicepresidenta concluyó que es imposible explicar la suba de precios por el aumento de la base monetaria, o del circulante. Casi inmediatamente Javier Milei criticó a CFK. Su argumento: si el PBI estuvo estancado en los últimos años, el aumento de la base monetaria, o del circulante en manos del público, se tradujo en aumento del PBI en términos nominales, o sea, en inflación. Es, en esencia, lo que dice la teoría cuantitativa del dinero (o teoría monetarista): si la emisión supera al crecimiento del producto en términos reales, la diferencia va a los precios.

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10/05/2022 at 12:40

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Los libros contables, los precios y la crítica marxista

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Una demanda de los partidos del FIT-U, y en general del trotskismo, es la apertura de los libros contables de las empresas a fin de detectar ganancias “extraordinarias y fraudulentas” y combatir la inflación. En esta entrada examinamos críticamente esa consigna desde la teoría de Marx. Precisemos que si bien nuestra crítica se centra en el programa trotskista, es extensible a la creencia, de “sentido común”, de que la especulación, la avaricia y las estafas de los capitalistas son la causa de la inflación. Comenzamos recordando la forma en que la demanda fue presentada y justificada por Trotsky.   

La abolición del secreto comercial en Trotsky

El punto 3 del Programa para Francia, escrito por Trotsky en 1934, está dedicado a la “abolición del secreto comercial”: “Para encontrar una solución favorable para las masas trabajadoras debemos confeccionar, sin demora, el implacable balance de la bancarrota capitalista y efectuar el inven­tario de las entradas y los gastos de todas las clases, de todos los grupos sociales. (…) … los capitalistas, los grandes explotadores, guardan celosamente sus secretos. Los trusts, los monopolios, las grandes compañías, que dominan la producción total del país mediante la posesión directa de las nueve décimas partes de la misma, jamás dan cuen­ta de sus raterías. Esta mafia explotadora se oculta tras la santidad del ‘secreto comercial’. El secreto comercial no es más que un artificio para controlar la vida de los pobres y encubrir todos los negociados bancarios, industriales y comerciales de los ricos… ¡Abajo el secreto comercial!; quienes piden sacrifi­cios deben comenzar por presentar sus propios libros de contabilidad. ¡Así se revelará su deshonestidad!”

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02/05/2022 at 11:45

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Trotsky, las democracias capitalistas y la autodeterminación nacional

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A partir de los debates sobre la invasión rusa a Ucrania se planteó el tema de la viabilidad del derecho a la autodeterminación nacional. Es que organizaciones de izquierda, en especial muchas trotskistas, sostienen que la demanda de la autonomía nacional es irrealizable, en tanto subsista el capitalismo. Para ello se inspiran en escritos de Trotsky en los que este planteó que las pequeñas naciones, dada la descomposición del capitalismo monopolista, inevitablemente son marionetas de las potencias (véase, por ejemplo, “Balance de los eventos fineses”, de 1940). Esta afirmación se inscribía en su idea más general de que las reivindicaciones democráticas “serias”, en la época del monopolio, solo se pueden efectivizar enlazando con la revolución socialista. En lo que sigue examinamos críticamente esta tesis.  

Trotsky y democracia burguesa

Son varios los escritos de los 1930 en los que Trotsky sostuvo que la democracia burguesa ya no era posible. Por ejemplo en “Lenin y la guerra imperialista” (30/12/1938) explicó que el fascismo era el producto inevitable de la decadencia del capitalismo; afirmó que en los países atrasados y coloniales no había posibilidad de democracia; y pronosticó que las democracias imperialistas evolucionaban “natural y orgánicamente hacia el fascismo”.

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27/04/2022 at 11:57

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Argumentos de una izquierda a las piñas

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En “Comentarios” del blog me preguntaron qué opino sobre la pelea, ocurrida el 12 de abril pasado, entre militantes del Nuevo MAS, el Partido Obrero y el Partido de los Trabajadores Socialista, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Di una respuesta bastante larga, que reproduzco, con leves modificaciones, en esta entrada.  

Empiezo con un recuerdo. A fines de los 1980 yo militaba en el PTS. No puedo precisar la fecha, pero en la Facultad de Filosofía y Letras, que por entonces estaba en la avenida Independencia, hubo un choque entre militantes del PTS y del MAS. A raíz de eso, se preparó otro enfrentamiento, para el cual el PTS movilizó buena parte de su militancia (el discurso era «defender el espacio», «no dejarse prepotear», etc.). Yo me manifesté en contra, dije que no participaría de un enfrentamiento físico con otro partido de la llamada izquierda revolucionaria, y me fui a mi casa. La dirección del PTS me acusó de cobarde. Poco tiempo después, y por mis diferencias, me echaron (patota mediante, faltaba más). Protesté contra esos métodos, pero no hubo caso. El enfrentamiento con el MAS de FyL se siguió reivindicando («nadie nos lleva por delante», «nos hacemos respetar» y semejantes).

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22/04/2022 at 11:17

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Colonias, semicolonias, países dependientes

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A raíz de las notas sobre la guerra en Ucrania me han preguntado por la diferencia, establecida por Lenin, entre colonia, semicolonia y país dependiente. Dedico esta entrada a esta cuestión, que está vinculada a la problemática de la llamada liberación nacional (lo he tratado también en Economía Política de la dependencia y el subdesarrollo, del que reproduzco algunos pasajes).

La colonia

Empezamos señalando que el rasgo distintivo de las colonias es la imposición de una minoría extranjera sobre una población nativa, a partir de una relación de fuerza y violencia directa. Como destacó Hobson (1902), históricamente la ocupación colonial la realizaba una minoría de funcionarios, comerciantes y organizadores industriales, asentada en el poder militar. Esa minoría ejercía un poder económico y político sobre grandes masas de población, a las que se consideraba inferiores e incapaces de autogobernarse política o económicamente.

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19/04/2022 at 10:10

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¿Transformar al capitalismo?

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En los últimos días, en programas de TV, dirigentes de la izquierda han planteado que es necesario “transformar al capitalismo de raíz” para solucionar los padecimientos de las masas trabajadoras y sectores populares. Recordemos que entre los significados de “transformar” está que algo cambie de forma o aspecto; o que cambie pero sin que desaparezcan muchas de sus características esenciales.

Pues bien, en este punto se debería ser preciso: los socialistas estamos por acabar –no transformar, sino acabar, eliminar, suprimir- el sistema capitalista. La razón es que la explotación del trabajo es inherente al presente modo de producción, basado en la propiedad privada de los medios de producción. Por eso nuestro objetivo es la abolición de la propiedad privada del capital. Y la construcción de una sociedad basada en la propiedad común de los medios de producción.

Subrayamos: suprimir o eliminar el capitalismo es bastante distinto a “transformarlo”, por más que se agregue que la transformación deba ser “de raíz”. Esta segunda formulación no solo es confusa sino que, en ausencia de otras definiciones (respecto al Estado y a los gobiernos obrero-capitalistas; respecto a la necesidad de la acción revolucionaria) se coloca en el terreno del oportunismo electoralista.

Naturalmente, lo argumentado no niega que los marxistas luchamos por arrancar mejoras económicas, políticas y sociales dentro del actual sistema. Pero las mismas no eliminarán la explotación del trabajo, en tanto continúe la propiedad del capital. Esto hay que decirlo ante la opinión pública. Aunque disguste a la militancia del campo nacional y popular.

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15/04/2022 at 11:47

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El trotskismo y la autodeterminación nacional

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En notas anteriores (aquí, aquí) critiqué argumentos de la izquierda para negar el apoyo a la resistencia ucraniana contra la invasión rusa. En esta entrada examino otro argumento, que esta vez encuentro en publicaciones trotskistas. En esencia, dice que la autodeterminación nacional es imposible en la era del imperialismo, y que, en consecuencia, da lo mismo que Ucrania esté ocupada por Rusia, o no lo esté, ya que en cualquiera de esas alternativas sería una colonia, de Rusia o del FMI y Washington. En otros términos, la lucha sería “al divino botón”, ya que Ucrania no dejaría de ser una marioneta de las potencias y del capital financiero. Una concepción que se particulariza en la consigna “guerra a la guerra” (un llamado a que los ucranianos dejen de luchar); o en la crítica a los ucranianos por aceptar y pedir armamento a Occidente.

Origen en Trotsky

Como nos lo recuerdan por estos días algunos trotskistas, ese enfoque fue adelantado por Trotsky a causa de la guerra, de 1939-1940, entre Finlandia y la URSS. En “Balance de los eventos fineses”, de 1940, escribió:

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10/04/2022 at 17:14

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Entrevista sobre inflación

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En el día de hoy tuve una entrevista, en el canal El Fundido, dedicada al tema inflación, tanto en su aspecto más general -desde el punto de vista histórico y teórico- como en lo referido a la experiencia argentina.

La charla giró también en torno a la crítica del marxismo a los monetaristas, la crítica a las explicaciones de tipo subjetivo (la inflación es culpa de los empresarios ambiciosos, y similares argumentos), a las soluciones voluntaristas (se arregla con controles) y a la llamada teoría monetaria moderna.

Dejo el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=64jwiVTaES8

Written by rolandoastarita

07/04/2022 at 22:35

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