Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Economía K y la “Teoría Monetaria Moderna” (1)

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En diversas ocasiones economistas kirchneristas, con cierta inclinación izquierdista, han sostenido que la monetización del déficit fiscal (o sea, cubrir el déficit con emisión de dinero) no es inflacionaria, y por lo tanto es una forma viable de sostener la demanda y aumentar el empleo. Tal vez la expresión más clara de esta forma de pensar la encontramos en la polémica que tuvo Andrés Asiain con Marcelo Ramal y Pablo Heller, del Partido Obrero.

El cruce se inició con un artículo de Marcelo Ramal en Prensa Obrera (26/06/2014), donde sostuvo que la emisión sin respaldo en el activo del BCRA, genera inflación. En respuesta, Asiain emparentó la posición de Ramal con la del diario La Nación, y sostuvo que, dado que la autoridad monetaria tiene el monopolio de la emisión, no solo no existe el peligro de cesación de pagos del Central, sino tampoco “es necesario el cobro religioso de las amortizaciones e intereses de la deuda que el gobierno nacional mantiene con el Central, ya que la institución monetaria puede refinanciarlos hasta la eternidad, sin que ello ponga en riesgo su estabilidad financiera”. Agregaba que “el dinero en circulación es un pasivo sui generis, ya que no es convertible y no debe tener un respaldo en reservas” (Página 12, 22/02/15). Sostuvo por eso que la postura del Partido Obrero configuraba una suerte de monetarismo de izquierda.

A su vez Heller, en respuesta a Asiain, sostuvo que la idea de que la emisión de dinero sin respaldo genera aumento de los precios no tiene punto que ver con la teoría cuantitativa; y que Asiain, y otros economistas K, transformaban al dinero en un fetiche, con el que se podrían solucionar los problemas del capitalismo. Decía Heller:

“Si el Estado pudiera emitir billetes libremente, sin que éstos perdieran su poder de compra, se habría encontrado una forma fácil de generar riqueza haciendo funcionar ‘la máquina de imprimir’. No hay mucha diferencia con las prácticas primitivas de los brujos o alquimistas, que trataban de encontrar la fórmula para transformar los objetos en oro o metal precioso. La versión antigua y su réplica moderna tienen en común que parten de otorgar al dinero una vida propia y la cualidad intrínseca y milagrosa de crear valor. Los K son tributarios también de esta concepción y sucumben a ella por la sencilla razón de que buscan una vía de crecimiento y distribución del ingreso compatible con el régimen de explotación vigente” (https://www.prensaobrera.com/publicaciones/verNotaRevistaTeorica/45/monetarismo-politica-k-y-teoria-monetaria-de-marx).

Comparto este punto de vista de Heller y Ramal. De hecho, la revista teórica del Partido Obrero, En defensa del marxismo (febrero de 2015) publicó un artículo de mi autoría, “Papel moneda, oro y la teoría monetaria de Marx (puede leerse en el blog, aquí, aquí, aquí, aquí), en el que presenté los mismos argumentos que Heller. Además, en varias notas en este blog sostuve que es imposible mantener la demanda indefinidamente mediante déficits fiscales, ya que estos deben cubrirse con deuda o con emisión monetaria. Si se financian con deuda, llega un punto en que esta es insostenible. Si es con emisión monetaria, habrá crecientes presiones inflacionarias. Lo cual, naturalmente, me valió también el cargo de “monetarista”.

Pues bien, pasados ya tres años de esos cruces, y revisando los argumentos, me doy cuenta de que, además, debería haber criticado la que, presumiblemente, sea la fuente última del argumento de Asiain, y de otros economistas K, a saber, la llamada “Teoría monetaria moderna” (TMM). Escribo “presumiblemente” porque no encontré referencias explícitas a la TMM por parte de Asiain, ni de otros economistas K. Más aún, Axel Kicillof, en su intervención en las Jornadas Monetarias y Bancarias de 2011, organizadas por el BCRA, planteó la necesidad de una renovación, basada en Keynes, de la teoría monetaria, pero no hizo referencia a la MMT (véase http://www.bcra.gov.ar/Pdfs/BCRA/jornadas_2011_Kiciloff2.pdf).

Sin embargo, oralmente, economistas K me han manifestado que, en última instancia, su tesis de que la emisión monetaria nunca es inflacionaria se apoya en la TMM. Y la realidad es que el argumento de Asiain y el de la TMM se parecen como dos gotas de agua. Por eso, en lo que sigue, presento una crítica a la TMM, que complementa lo publicado en En defensa del marxismo. Más específicamente, trataré de demostrar que la TMM colapsa a la luz de la experiencia argentina de los años recientes, incluida la economía bajo el gobierno kirchnerista. De todas maneras, a pesar de centrarme en lo ocurrido en Argentina, espero que este escrito pueda ser de utilidad más general. Es que la TMM ha despertado expectativas (¿están las soluciones reformistas al alcance de la mano?) en muchos círculos del progresismo de izquierda, tanto en EEUU como en Europa. Y dado que su enfoque es opuesto a lo que sostenemos los marxistas (a saber, que los males fundamentales del capitalismo no se suprimen con reformas monetarias, o de superficie), se justifica que prestemos atención a los planteos de la TMM. Empiezo reseñando sus principales ideas. Dada la extensión de la nota, la he dividido en partes.

La “Teoría monetaria moderna”

La TMM también es conocida como “neo-cartalismo”; “Dinero como criatura del Estado”; “Tax-Driven Money”. En lo esencial, combina la concepción cartalista de dinero, con el enfoque poskeynesiano. Presento sus ideas más generales, basándome en los artículos de L. Randall Wray, Eric Tymoigne y Pavlina Tcherneva, citados en la bibliografía; también he utilizado el blog de Wray; y los trabajos, más bien críticos hacia la TMM, de Thomas Palley, Marc Lavoie y Louis-Philippe Rochon y Matías Vernengo, también citados.

Empiezo recordando que el cartalismo sostiene que el dinero es una creación del Estado. Keynes fue partidario del enfoque cartalista, que es opuesto al de la ortodoxia mainstream. De acuerdo a esta última, el dinero evolucionó a partir del trueque y de la necesidad de abaratar los costos de transacción; y su principal función es ser medio de cambio. En cambio, según Keynes (1996) y los cartalistas, para que el dinero sea medio de cambio debió ser antes, o al mismo tiempo, unidad de cuenta. Por eso, dice Keynes, “[e]l dinero de cuenta, en especial aquel en el que se expresan las deudas, los precios y el poder general de compra, es el concepto básico de la teoría del dinero” (p. 29). Pero con los contratos se introducen la ley y el Estado que los hace cumplir y establece con qué dinero de cuenta se deben cumplir las obligaciones contraídas. Es por este acto, entonces, que se instituye el dinero. De nuevo, en palabras de Keynes, “la era cartalista, o de dinero estatal se alcanzó cuando el Estado se atribuyó el derecho a declarar cuál es el dinero de cuenta que en un momento determinado debe considerarse como dinero” (p. 30).

Esta idea es retomada por los partidarios de la TMM. En lo esencial, sostienen que el Estado instituye el dinero no tanto porque lo defina como de curso legal, sino porque acepta recibirlo por el pago de impuestos. Esto es, el fiat money, o el dinero de alta potencia emitido por el Estado, que es de curso legal y forzoso, tiene valor, según la TMM, porque sirve para pagar impuestos (o multas, o similares). Por eso el dinero existe en el contexto del poder del Estado de recaudar impuestos y de declarar que acepta el dinero por él emitido para el pago de esos impuestos. En este punto aclaremos que, si bien la TMM recurre a la historia del dinero y la moneda, su argumento principal no es histórico, sino lógico. Afirma que al margen de lo que haya sucedido en remotos tiempos históricos, en los sistemas monetarios modernos los impuestos son suficientes para que se establezca la aceptación y el valor del dinero.

En consecuencia, los neo-cartalistas sostienen que actualmente el Estado puede crear todo el dinero que desee, y comprar todas las cosas que desee comprar. El circuito es: el Estado inyecta dinero a través de gastos y adelantos en el sector privado, y ese dinero luego es reabsorbido con la recaudación de impuestos, o la devolución de los adelantos. Por eso, siempre según la TMM, el emitir dinero y el recaudar impuestos no son alternativos, sino acciones que se producen en diferentes momentos del circuito. En esta lógica, además, un déficit fiscal tiene como contrapartida que el sector privado acumula superávit; en otros términos, la deuda nacional neta suma riqueza financiera neta al sector privado. La “déficit-fobia” no tiene base racional, ya que el gasto siempre puede ser financiado con la creación de moneda. Los impuestos no se necesitan para financiar el gasto estatal (que ya se produjo), sino para generar la demanda de dinero. Y la colocación de bonos de deuda por parte del Estado no tiene como objetivo financiar el gasto, sino drenar las reservas excesivas de los bancos, a fin de lograr los objetivos propuestos de tasas de interés. Por eso tampoco existe una carga para el Estado por las deudas, ya que sus servicios siempre se pueden cumplir acreditando reservas bancarias. Un gobierno que emite su propia moneda nunca puede ser forzado a un default involuntario. Habría problemas si el gobierno se endeuda en moneda extranjera, pero esto casi no se necesita.

La TMM subraya entonces que el impedimento para emitir solo existe en regímenes de convertibilidad (por caso, bajo el patrón oro); o cuando el Estado renuncia a su propia moneda. Por eso la TMM es crítica de la Unión Monetaria Europea, o de un sistema de convertibilidad como el que hubo en Argentina en los 1990; y sostiene que debe evitarse la emisión, por parte de los Estados, de deuda nominada en moneda extranjera.

Los partidarios de la TMM critican también la idea de que la emisión para financiar el déficit genera inflación. La inflación no se produce por emisión, sino solo cuando la demanda supera al producto. Por caso, si el déficit fiscal fuera demasiado elevado en relación a los ahorros netos deseados por el sector privado, habría presiones inflacionarias por demanda en el punto cercano al pleno empleo. Pero hasta tanto no se llegue a ese nivel, la emisión no entraña un peligro inflacionario significativo.

Agreguemos todavía que, de acuerdo a la TMM, debido a que el Estado tiene el monopolio sobre su moneda, posee la facultad de establecer la tasa de interés y cómo la moneda se cambia por otros bienes y servicios. O sea, puede determinar el valor del dinero, ya que establece cuánto dinero de alta potencia entrega a cambio de una hora de trabajo, o de algún bien.

Recomendaciones políticas y el “empleador de último recurso”

Como sostienen Tymoigne y Wray (2013), la TMM deriva conclusiones políticas específicas acerca de la política fiscal, monetaria y financiera. Sostienen que el Estado debe involucrarse directamente a lo largo del ciclo económico, estableciendo programas macroeconómicos que manejen la fuerza laboral, los mecanismos de precios, los proyectos de inversión, y que monitoreen los desarrollos financieros. Deben ser programas permanentes y estructurales (o sea, no se limitan a “sintonía fina” más o menos discrecional). Asimismo, proponen el control del crédito, la socialización de la inversión y en las economías abiertas, el control de capitales.

Dentro de este enfoque político general, la TMM ha enfatizado que el Estado tiene el poder (dada su facultad de emisión) de acabar con la desocupación contratando toda la fuerza de trabajo que no haya encontrado empleo por un salario más alto en el sector privado. El Estado se transforma así en el “Empleador de último recurso”. Actuaría como un amortiguador, absorbiendo fuerza laboral proveniente del sector privado en períodos de baja actividad económica, y suministrando fuerza laboral al sector privado durante las fases de reanimación. Se trata de una propuesta diferente de la que tradicionalmente se asocia con el keynesianismo, que es estimular la demanda y por esa vía aumentar el empleo. Por eso también los defensores de la TMM desconectan el pleno empleo del crecimiento económico.

Es ilustrativo que los defensores de la TMM hayan sostenido que el Plan “Jefes y jefas de hogares”, puesto en marcha en Argentina durante la crisis de 2001-2002, fuera un caso ejemplar de creación de trabajo modelado según su propuesta. En palabras de Tcherneva y Wray (2005), el plan “Jefes…” habría demostrado las formas en que el “Empleador de último recurso” puede avanzar un sentido de “deber cívico, ciudadanía, cohesión social, reciprocidad e involucramiento comunitario”. Y “contribuir a redefinir el significado del trabajo al reconocer que determinadas formas de trabajo, tales como el cuidado y el involucramiento comunitario son útiles socialmente”. Según Tcherneva y Wray, el plan argentino había tenido un “impacto transformador sobre la pobreza y la desigualdad de género”.

En conclusión, de estar en lo cierto el enfoque de la TMM se podría solucionar la desocupación en el capitalismo sin alterar de manera significativa las estructuras sociales. Para eso bastaría con superar la “déficit-fobia”, creada artificialmente por el monetarismo y la ortodoxia neoclásica. Además, la experiencia en la Argentina de comienzos de los 2000 habría avalado, al menos parcialmente, el programa de la TMM. Y siendo Argentina un país con “soberanía monetaria” (según Wray y Tcherneva), las condiciones incluso estarían dadas para eliminar la desocupación (y con ella, ¿también la pobreza y la indigencia?) por el simple recurso de emitir dinero. Es la receta que han “comprado” algunos economistas y científicos sociales del subdesarrollo criollo.

Bibliografía:
Keynes, J. M. (1996): Tratado del dinero, Madrid, Aosta.
Lavoie, M. (2013): “The Monetary and Fiscal Nexus of Neo-Chartalism: A Friendly Critique”, Journal of Economic Issues, vol. 47, Nº 1.
Palley, T. I. (2001): “Government as employer of last resort: Can it work?, Industrial Relations Research Association, 53 Annual Proceedings, pp. 269-274.
Palley, T. I. (2013): “Money, fiscal policy, and interest rates: A critique of Modern Monetary Theory”, mimeografiado.
Rochon, L-F y M. Vernengo (2003) : “La monnaie d’Etat et le monde réel: la malaise du chartalisme”, P. Piégay y L-P. Rochon (eds), Théories Monétaires Post Keynésiennes, Paris, Economica.
Tcherneva, P. (2005): “The Nature, Origins, and Role of Money: Broad and Specific Propositions and Their Implications for Policy”, Working Paper 46, Center for Full Employment and Price Stability, Kansas City.
Tcherneva, P. (2012): “Beyond Full Employment: The Employer of Last Resort as an Institution for Change”, Working Paper 732, Levy Economics Institute of Bard College.
Tcherneva, P. y L. R. Wray, (2005): “Is Jefes de Hogar an Employer of Last Resort program? An assessment of Argentina’s ability to deliver the promise of full employment and price stability”, Asociación Argentina de Especialistas en Estudios del Trabajo, 7º Congreso Nacional de Estudios de Trabajo.
Tymoigne, E. y L. R. Wray (2013): “Modern Monetary Theory 101: A Reply to Critics”, Working Paper 778, Levy Economics Institute of Bard College.
Wray, L. R. (2001): “Money and Inflation”, R. Holt – S. Pressman (eds.), A new guide to post Keynesian economics, London: Routledge.
Wray, L. R. (2003): “L’approche post-keynésienne de la monnaie”, Théories Monétaires Post Keynésiennes, Economica, Paris.

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Economía K y la “Teoría Monetaria Moderna” (1)

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19/07/2018 at 17:45

El MAS de los 1980 y la tradición nacionalista

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A raíz de los comentarios enviados al blog por la nota “Bregman y el compañero Axel” (aquí) se suscitó el debate sobre si el “viejo” Movimiento al Socialismo, orientado por Nahuel Moreno (1924-1987), tenía posturas nacionalistas. Así, un lector recordó que “en los ochenta y noventa, el MAS decía: ‘Las banderas caídas del peronismo, la soberanía política, la independencia económica y la justicia social, hoy las levanta el MAS’…. [el discurso de Bregman] no es más que una continuidad”. Otro lector, sin embargo, negó que el MAS de los 1980 tuviera posturas nacionalistas.

En esta nota mostraremos que el MAS, bajo dirección de Nahuel Moreno, efectivamente desplegó una orientación nacionalista y estatista que lo acercó al peronismo que se reclama de izquierda (y al Partido Comunista). Y que, por lo tanto, la actual postura del PTS con respecto al kirchnerismo tiene raíces de larga data. Pero lo mismo se aplica a las organizaciones y corrientes en que se dividió, en Argentina, el viejo tronco morenista: el Movimiento Socialista de los Trabajadores, Izquierda Socialista, el nuevo MAS, Partido Socialista de los Trabajadores (U), y Autodeterminación y Libertad (Luis Zamora); además de algunos grupos menores, incluido alguno que es chavista. Por eso, cualquiera podrá comprobar –comparando consignas y caracterizaciones del pasado y actuales- que el discurso modelo 2018 sobre la deuda y el FMI de estos grupos es una réplica casi exacta de lo que fue el discurso del MAS de los 1980 sobre esos mismos problemas. Lee el resto de esta entrada »

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12/07/2018 at 18:01

Trotsky y un ejemplo de trato con los enemigos del socialismo

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A raíz de la nota anterior (aquí) se ha suscitado la cuestión de qué tan importantes son las formas y el trato, por parte de dirigentes socialistas, hacia los representantes políticos de las clases dominantes. Considero que la cuestión no es menor, ya que a través de esas formas también se transmiten mensajes. Y uno de los mensajes fundamentales de los socialistas es que nada nos une, en lo político e ideológico, con los defensores de la explotación del trabajo.

Un mensaje que debería ser tanto más claro cuando los políticos burgueses dan palmaditas en la espalda a los socialistas y se presentan casi como “amigos”. Todo socialista – máxime si tiene responsabilidades dirigentes- debería entender que la hipocresía de los representantes de la clase dominante no tiene límites. Recordar siempre que esa gente está acostumbrada a mentir y a disimular, ya que la mentira y el disimulo son inherentes a su oficio, que no es otro que contribuir al dominio del capital. En particular, no hay que dar pie para que los políticos burgueses posen de progresistas revolucionarios, ni dar la idea de que confraternizamos con ellos; o que puedan ser, en ningún grado aceptable, camaradas o compañeros. De ahí la distancia que los dirigentes socialistas, en las viejas tradiciones revolucionarias, marcaban con respecto a esos personajes. Lamentablemente, muchos parecen haber olvidado estas enseñanzas. Lee el resto de esta entrada »

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04/07/2018 at 11:39

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Bregman y el compañero Axel

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Un lector del blog me envió un enlace que registra el evento realizado el martes 19 de junio pasado, en el Centro Cultural Torcuato Tasso (véase http://www.revistacrisis.com.ar/notas/adios-al-gradualismo-y-ahora-que-0). En el mismo participaron Myriam Bregman, Axel Kiciloff, Juan Grabois y Agustín D´Atellis. Como es conocido, Bregman es dirigenta del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y Kiciloff fue ministro de Economía en el gobierno de Cristina Kirchner.

Antes de entrar de lleno en el tema de esta nota, recuerdo que en varias notas del blog he planteado que buena parte de la izquierda, incluso de la que se presenta como más radical, tiene una postura conciliadora frente al nacionalismo burgués tipo K, y variantes (partido Comunista, ex comunistas pasados al campo “nacional y popular”, chavistas, defensores del papa, maoístas y similares). La idea rectora en esa izquierda es que, de alguna manera, el abanico “nac & pop” es progresista frente a la derecha, encarnada en Macri y el gobierno de Cambiemos.

Frente a esto, sostengo que los marxistas debemos explicar que la alternativa burguesa o pequeño burguesa nacionalista no tiene nada de progresivo para los trabajadores. En particular, que el recambio de figuras al frente del Estado solo ayuda a mantener la sujeción de las masas populares al carro de la clase dominante. Por eso, la bandera fundamental del marxismo es la ruptura con toda forma de conciliacionismo burgués, pequeño burgués o burocrático. En consecuencia, la crítica marxista no es un mero “intercambio de ideas” entre compañeros con algunos objetivos comunes más o menos relevantes. Por el contrario, y parafraseando a Marx, la crítica es un arma de lucha, un medio para el fin revolucionario, llevar a los seres humanos a pensar, obrar y organizar una sociedad sin explotados ni explotadores. Lee el resto de esta entrada »

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03/07/2018 at 12:02

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Austriacos, sobre dinero y valor subjetivo

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Al finalizar la nota anterior de crítica a la teoría austriaca (aquí) adelantamos que el mayor y más evidente fracaso de la teoría subjetiva del valor reside en su incapacidad de fundamentar el valor del dinero.  Dedicamos esta entrada a este tema. A fin de que se tenga una idea de conjunto, no he dividido la nota en partes, a pesar de su extensión.

El valor de cambio del dinero, según Mises

Hasta el día de hoy Theory of Money and Credit, de von Mises, publicado por primera vez en 1912, es la referencia obligada de la teoría monetaria austriaca.

En este libro Mises plantea que “el elemento central en el problema económico del dinero es el valor de cambio objetivo del dinero, popularmente llamado su poder de compra” (p. 97). Tengamos presente que, según la teoría subjetiva, la base de la evaluación económica del dinero, igual que otros bienes”, son las estimaciones subjetivas de los individuos” (ibid.). Sin embargo, “mientras la utilidad de otros bienes depende de ciertos hechos externos (el valor de uso objetivo de la mercancía) y de ciertos hechos internos (la jerarquía de las necesidades humanas)… el poder subjetivo del dinero está condicionado por su valor de cambio objetivo, esto es, por una característica que cae dentro del ámbito de la economía” (ibid.).  Es que en el caso del dinero, su valor de uso subjetivo deriva del valor de cambio objetivo, “dado que no tiene otra utilidad que la que surge de la posibilidad de obtener otros bienes económicos a cambio de él” (ibid.). Más adelante precisa: “para que el dinero tenga valor de uso es esencial la existencia del valor de cambio” (p. 98). Lee el resto de esta entrada »

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01/07/2018 at 18:07

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La demanda de indexar los salarios

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Empujada por la devaluación del peso y los tarifazos, la inflación en 2018 rondaría el 30%. Pero el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y las patronales procuran que los salarios no superen el 25%; e intentarán que la suba de los salarios estatales sea todavía menor. Los trabajadores que están en negro también tendrán aumentos menores al 25%. Es claro que la clase dominante intenta “anclar” los salarios muy por debajo de la inflación, a fin de recuperar competitividad y rentabilidad para el capital, y disminuir el gasto estatal.

En este cuadro, los dirigentes sindicales que presumen de “combativos” exigen la introducción de “cláusulas gatillo” en los convenios. Esto significa, en principio, indexar los salarios de acuerdo al aumento de los precios. Algunos grupos de izquierda también hacen eje en esta exigencia.

Se plantea entonces la cuestión de si la indexación salarial es la respuesta adecuada frente a la caída del salario que se está operando vía devaluaciones e inflación. Nuestra respuesta es que no existen experiencias, ni en Argentina, ni en otros lugares, en las cuales los salarios reales no hayan quedado atrás frente a una alta inflación, a pesar de las tan invocadas indexaciones. La razón es que en períodos de alta inflación –o sea, de desvalorización continua de la moneda- los capitalistas tienden a trasladar a precios los aumentos salariales, impulsando así renovadas depreciaciones de la moneda, y más aumentos de precios. Lee el resto de esta entrada »

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27/06/2018 at 21:29

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Austriacos y el irresoluble problema de la imputación

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En la nota anterior mostramos que los economistas austriacos no pueden derivar los precios de las ordenaciones de las utilidades marginales por parte de los individuos (véase aquí). Pero esos rankings,u ordenaciones, de las utilidades marginales, se refieren exclusivamente a los bienes de consumo, o bienes “de orden inferior”. ¿Cómo se determinan entonces los precios de los medios de producción, (o “bienes de orden superior”), y de los llamados servicios productivos, tales como la renta de la tierra y el salario? La respuesta de los economistas austriacos no deja lugar a dudas: derivan del valor de los bienes de consumo, o inferiores.

En este punto, tengamos presente que los austriacos se oponen al enfoque marshalliano (que es con el que se inician, por lo general, los cursos de Microeconomía). En Marshall, la curva de oferta, en el largo plazo, es horizontal, de manera que, también en el largo plazo, el costo de producción determina los precios. La curva de oferta de Marshall está concebida en términos subjetivos –la ganancia remunera la espera del capitalista, el salario la desutilidad del trabajo-, pero la determinación va, insistimos, en el largo plazo, del costo de producción al precio del producto final.

Por el contrario, según el enfoque austriaco, la relación causal es inversa, ya que son los precios de los bienes de consumo los que determinan los precios de los medios de producción, o bienes de orden superior. Escribe Menger: “El valor que tienen para nosotros los bienes de orden inferior no puede estar condicionado por el valor de los bienes de órdenes superiores utilizados para la producción de los primeros. Es claro, al contrario, que el valor de los bienes de órdenes superiores está condicionado siempre y sin excepciones por el valor previo de aquellos bienes de órdenes  inferiores a cuya producción sirven (pp. 134-135)”. En el mismo sentido, dice Mises: “El acto valorativo original y fundamental atañe exclusivamente a los bienes de consumo; todas las demás cosas son valoradas según contribuyan a la producción de estos” (1986, p. 156). Así, si un trabajador recibe $20 por hora de trabajo, ello no se debería a que ese es el valor de la canasta de bienes necesaria para mantenerlo, sino a que es el valor que se ha imputado al trabajo del obrero como parte del valor del producto final. Lee el resto de esta entrada »

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23/06/2018 at 16:36

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Austriacos: imposibilidad de derivar precios de utilidades

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Esta nota es una continuación de las entradas anteriores referidas a la escuela de Economía austriaca (véase aquí, aquí, aquí, aquí). Analizamos ahora cómo los economistas austriacos “derivan” los precios de las imaginadas ordenaciones individuales.

Tomamos el ejemplo con el que Rothbard (2009) lo explica: Johnson tiene caballos y Smith cestas de pescado. Según su escala de valoración, Johnson no está dispuesto a cambiar un caballo por menos de 81 cestas de pescado; y Smith no está dispuesto a entregar más de 100 cestas de pescado por un caballo. De manera que el precio del caballo, expresado en cestas de pescado, se ubicará en algún punto entre 81 y 100 cestas. Puede verse entonces que el precio está indeterminado. ¿Cómo resuelve el asunto Rothbard? Pues recurriendo a “las habilidades de regateo” de los participantes, a partir de las cuales se establecerá el precio final (véase p. 109). También Menger, luego de presentar un ejemplo numérico similar al de Rothbard, escribe: “Surge así el fenómeno de la vida cotidiana que llamamos regateo de precio. Cada uno de los contratantes se esfuerza por obtener la mayor porción posible [en el intercambio]… y por conceder al otro la menor parte posible de las ganancias” (1985, p. 173). Por eso el precio depende “de la personalidad” de cada uno de los intervinientes (ibid., p. 174). Pero en esto ha desaparecido cualquier teoría de los precios (y por lo tanto, del valor). El propio Rothbard admite que “no hay teoría del regateo” (ibid., p. 363; énfasis agregado), ya que lo que cuenta en este escenario es el “poder de negociación” (p. 364); o, como dice Menger, “la personalidad”. Lee el resto de esta entrada »

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19/06/2018 at 13:24

Argentina, una crisis estructural

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Todo indica que, disparada por la corrida cambiaria, la economía argentina va rápidamente hacia una nueva recesión. En esta nota presento una serie de gráficos para ponerla en perspectiva. Esta entrada complementa lo planteado aquí, pero en un sentido más general, los análisis contenidos en  Economía política de la dependencia y el subdesarrollo.

En el primer gráfico se puede observar que luego de la caída del PBI de 2009 –en correspondencia con la crisis en los países adelantados- y de la recuperación de 2010, la economía se mantuvo estancada.

                                                                                                                             Fte: Indec

De hecho, en los seis años que van de 2011 a 2017 el producto creció apenas el 2,5%. Dado que el crecimiento poblacional de Argentina es del 1% anual, el producto por habitante disminuyó un 3,5%. Lee el resto de esta entrada »

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14/06/2018 at 10:08

Austriacos: sobre ordenaciones y construcciones imaginarias

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En notas anteriores hemos visto que los economistas austriacos niegan que en el intercambio se produzca reducción alguna a una sustancia común (véase aquí). Como hemos visto también, en Marx la necesidad de encontrar una sustancia común conecta con la determinación cuantitativa del valor. Es que si no existe reducción a una sustancia común, es imposible establecer alguna ley económica que rija las proporciones cuantitativas en que se intercambian las mercancías. Más aún, ni siquiera es posible establecer medida.

Pues bien, la ausencia de medida (tener presente que la medida implica no solo cualidad común, sino también determinación cuantitativa) es admitida, de hecho, por los austriacos. Por ejemplo, Rothbard reconoce que las utilidades marginales “no son comparables, dado que no pueden ser medidas”, y por lo tanto, las escalas de valor de los diferentes participantes “no pueden ser reducidas a una medida o escala” (Rothbard, 2009, p. 87). Pero entonces no se pueden calcular los valores. En este respecto, Mises afirma: “Vano es pretender calcular tratándose de valores. El cálculo solo es posible mediante el manejo de números cardinales. La diferencia entre dos situaciones determinadas es puramente psíquica y personal” (1986, p. 161). En un libro anterior, también afirmaba que “el valor de uso subjetivo no es susceptible de ningún tipo de medida” (1953, p. 42). Y si es imposible medir el valor de uso subjetivo, “se sigue directamente que es impracticable adscribirle una cantidad” (ibid., p. 45). Solo cuentan las ordenaciones que hacen los individuos, y estas no se pueden traducir en términos numéricos; no se puede medir, por ejemplo, en términos numéricos cuánto mayor es mi amistad con A que mi amistad con B (véase ibid.). Por eso también, “si se acepta la teoría subjetiva del valor, el dinero no puede ser medida de valor” (ibid., p. 38; idea que afecta, de raíz, la noción misma de dinero). Lee el resto de esta entrada »

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07/06/2018 at 12:08

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