Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Inflación y discusiones en teoría monetaria (1)

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En octubre el nivel de precios en EEUU subió 0,9% con respecto al mes anterior; 6,2% en los últimos 12 meses. Cifras que contrastan con el 1,8% promedio de inflación anual posterior a 2010. Si se quitan los volátiles precios de alimentos y energía (lo que se llama el índice de la inflación núcleo), el aumento fue 4,6%. En los años posteriores a 2010 la tasa de inflación anual promedio en EEUU fue 1,8% (1,96% la inflación núcleo). En la zona del euro la inflación anual en octubre llegó al 4,1% (la inflación núcleo 2%); el promedio anual posterior a 2010 fue 2%. Se plantea entonces la pregunta sobre las causas de esta aceleración de la inflación, y las perspectivas. Lo cual también da la oportunidad para pasar revista a algunos debates que se han desarrollado en los últimos años sobre el tema, con particular atención a la teoría cuantitativa del dinero (TCD).  

Dada la extensión de la nota, la he dividido en partes

La tendencia de las últimas décadas

La tendencia en los países capitalistas desde inicios de los 1980 ha sido desinflacionaria. La inflación global cayó fuertemente desde su pico de 16,9% en 1974 al punto más bajo de 1,9% en 2015, para subir a 2,5% en 2020 (Ha, Kose, Ohnsorge, 2011). En las economías atrasadas (mercados emergentes) bajó desde un pico de 17,5% en 1974 al 3% en 2020. En los países adelantados la inflación pasó de un pico de 15% en 1974 a 3% en 1980 (ibid.). En EEUU la inflación promedio entre 1973 y 1981 fue 8,6%. Bajó a menos del 4% anual entre 1983 y 1990; al 2% en los 1990; y menos del 2% luego de la recesión de 2009. La tendencia de la inflación en EEUU puede verse en el siguiente gráfico:

También en la eurozona:

 El marco social y político de la desinflación 1980-2020

El aumento de la inflación en 2021 plantea la pregunta de si estamos ante una reversión de largo plazo de la desinflación. Nuestra respuesta es que por ahora no hay elementos para sostener tal cosa. Para realizar esta afirmación partimos del hecho que la caída de la inflación en las últimas décadas tuvo como telón de fondo una fuerte ofensiva del capital sobre la clase obrera y movimientos populares. Apuntó, entre otros objetivos, a restablecer el poder del dinero –encarnación del valor, según el enfoque marxista. Esto es, incrementar el disciplinamiento del trabajo a la lógica del mercado y el capital, en respuesta a la crisis de sobreproducción y rentabilidad de los 1970. La reacción monetarista fue su expresión. De ahí el programa de abrir los mercados nacionales al mercado mundial y a los flujos de capital; eliminar las unidades del capital menos productivas; y atacar en toda la línea conquistas históricas, salariales, laborales y gremiales de la clase obrera. Para lo cual era necesario estabilizar el valor de la moneda. Es que en escenarios de elevado y continuo deterioro del signo monetario se dificulta la comparación de productividades y tiempos de trabajo, así como el grado de valorización del capital, y se pone en cuestión funciones claves del dinero como la de medio de pago y medio de atesoramiento, además de medida del valor. 

El ascenso del monetarismo fue de la mano, desde fines de los 1970, de una fuerte restricción del crédito internacional. Entre 1976 y 1981, en EEUU, las tasas de interés de corto plazo se multiplicaron casi por cuatro. El argumento esgrimido era “bajar y anclar las expectativas inflacionarias”. El producto se contrajo en 1980 y luego en 1981-82; la tasa de desempleo llegó, en 1982, al 11%. Se infligieron derrotas importantes al movimiento obrero. El hito fue la huelga de controladores aéreos que fue respondida, en agosto de 1981, por el gobierno de Reagan con 10.000 despidos y la intervención militar. La economía de EEUU se recuperó en 1983, pero las tasas de interés, en términos reales (o sea, descontada la inflación) se mantuvieron positivas hasta el final de la década. Se crearon pues las condiciones para el crecimiento de los mercados de capitales y la financiación de los déficits fiscales y de cuenta corriente vía endeudamiento. La deuda federal de EEUU pasó de 800.000 millones de dólares en 1980 a 5 billones en 1995. Los fondos de inversión y de pensión volcaron enormes sumas de dinero a la compra de títulos públicos y privados. Con lo que se reforzó la presión del capital financiero por la valorización incesante del capital.

En Gran Bretaña la ofensiva fue encabezada por el gobierno de Thatcher, vía privatizaciones y políticas monetarias también duras. Y por un ataque en toda la línea a la clase obrera, donde la derrota de la huelga minera marcó un hito. El retroceso del gremialismo fue notable: en los 1970 13 millones de personas (el 25% de la población) estaban afiliadas a sindicatos. En 2008 había 7,4 millones, el 12% de la población. Bajo el gobierno de Thatcher el índice Gini de desigualdad del ingreso aumentó 34%. Y la inflación pasó del 23% anual en 1976 a aproximadamente 2,5% en los 1990. En el resto de Europa se avanzó en la misma dirección. La reducción de la inflación –entre 1973 y 1980 los precios en España e Italia subieron más del 230%, en Francia 125%- fue de la mano de la ofensiva política y social contra el trabajo.

Más en general, en tanto la respuesta keynesiana a la crisis de los 1970 fue del tipo soft money –pérdida del valor de la moneda; baja de salarios reales vía inflación; subsidios y protección a empresas de baja productividad. Sin embargo, en las crisis posteriores los ajustes fueron por medio de moneda dura y políticas no inflacionarias, o incluso con sesgos deflacionarios. Un ejemplo relativamente reciente es la respuesta del capital, del gobierno griego (Syriza incluido), el FMI, la UE y el BCE a la depresión griega iniciada en 2009: presión a la baja de los salarios nominales, ajuste fiscal y permanencia en el euro.   

Las aperturas comerciales y los flujos de capitales se inscribieron en esta tendencia de largo plazo. En los países adelantados aumentó la presión de las importaciones provenientes de países con salarios más bajos. Así como el “chantaje” de la huelga de inversiones. Por ejemplo, en la industria del automóvil, en EEUU, a principios de los 1980, las patronales amenazaron con desplazar más y más producción al exterior, e importar automóviles si los sindicatos no se avenían a sus exigencias, entre ellas la desindexación de los salarios. En este respecto, el capital desplegaba una estrategia internacional frente al trabajo. Pero el trabajo respondía con demandas nacional-reformistas que finalmente no pudieron detener la ofensiva. En los 1990 se combinó el derrumbe de los “socialismos reales”, y la propaganda neoliberal-monetarista de “no hay alternativa al capitalismo”.

 En los países atrasados, pero de desarrollo medio –tipo Argentina, Chile, Brasil, Turquía, Corea- el ajuste deflacionario se impuso vía crisis de deuda (defaults de Polonia, Argentina y México en 1981-82); crisis cambiarias y bancarias; fugas de capitales; y retrocesos económicos de largo plazo –en primer lugar la “década perdida” de América Latina en los 1980. El fracaso de las políticas keynesiano-nacionalistas de los 1970 y 1980, y sus recetas más bien inflacionarias, abrió el camino a los programas neoliberales y monetaristas, apoyados por capitales criollos, e importantes sectores de la población, incluidos muchos patriotas de la “liberación nacional”. Achicamiento de los déficits fiscales; financiamiento vía deuda y freno a la monetización de los déficits; aperturas comerciales y devaluaciones seguidas siempre de “programas de estabilización”. Las privatizaciones de empresas estatales y la introducción de criterios de rentabilidad en las que continuaban en manos del Estado extendieron la subordinación a la ley del valor.

La desinflación, por lo tanto, no fue el resultado de una supuesta habilidad de los monetaristas, sino de medidas tomadas en un contexto de ofensiva capitalista. Su trasfondo fue la pérdida de posiciones del trabajo. A título de ilustración, en una nota del New York Times (reproducida en La Nación, 28/12/2017), titulada “El trabajo alcanza, pero los sueldos no”, Peter Goodman y Jonathan Soble señalaban, en referencia a EEUU, el estancamiento de los salarios, a pesar de la baja del desempleo, y agregaban que “se trata de un nuevo orden económico en el que los trabajadores están a merced de los patrones”. Luego: “Los sindicatos han perdido influencia. Las empresas utilizan empleados temporales y de medio tiempo, además de introducir robots y otros sistemas de automatización que les permiten producir más sin tener que pagar más a los seres humanos. La globalización ha intensificado las presiones competitivas…”. Volveremos más abajo sobre estas cuestiones, cuando discutamos la explicación de la inflación por la curva Phillips. Por ahora, lo importante es que nada indica que estas políticas estén por revertirse. Todo apunta a que la presión anti-inflacionaria seguirá por los mismos carriles. Aunque esta constatación no implica negar la posibilidad de que en un futuro mediato aumente la inflación en EEUU, o en otros países adelantados, impulsada por déficits crecientes e insostenibles, y la consiguiente depreciación del dólar, del euro u otras monedas.   

Teoría cuantitativa y evidencias empíricas

A lo largo de todos estos años de desinflación, una y otra vez se proclamó el triunfo definitivo del monetarismo y su TCD. El aumento de la oferta monetaria era la causa, no solo principal, sino única de la alta inflación de los 1960 y 1970. Más precisamente, Friedman y los monetaristas sostuvieron que el aumento de la oferta monetaria provoca, en el corto plazo, un aumento de igual magnitud en el ingreso nominal (aumento en parte del ingreso real y en parte del nivel de precios); y en el largo plazo el aumento del nivel de precios de igual magnitud que el aumento de la oferta monetaria. Otra manera de decir que en el largo plazo el dinero es neutro, no afecta las variables reales como el ingreso, consumo, salarios.

Plantearon también que la TCD habilitaba a realizar predicciones correctas acerca de las consecuencias de los cambios en la cantidad de dinero. Incluso Friedman (1953) sugirió que la TCD debía ser juzgada, por encima de las consideraciones teóricas, “por su poder predictivo para la clase de fenómenos que intenta explicar” (p. 8). Y la evidencia empírica, agregaba, mostraba que la TCD era correcta. Este discurso se vio reforzado con un renombrado trabajo de Lucas (uno de los “padres fundadores” del enfoque de expectativas racionales, y premio Nobel 1995), publicado en 1980. En este demostraba que con los datos de la economía de EEUU entre 1953 y 1977 había co-movimiento uno a uno de los precios al consumidor y la masa monetaria. Anunciando su logro, escribía: “Este paper presenta ilustraciones empíricas de dos implicaciones centrales de la teoría cuantitativa del dinero: que un cambio dado en la tasa de cambio de la cantidad de dinero induce (i) un cambio igual en la tasa de inflación de precios; y (ii) un cambio igual en las tasas nominales de interés” (p. 1005; énfasis nuestro). La implicación (ii) se refiere al efecto Fisher: el aumento de la inflación provoca un aumento igual de la tasa nominal de interés, quedando inalterada la tasa “real” (que expresa las preferencias inter-temporales de consumo; y en equilibrio el rendimiento marginal del capital). Lucas plantea que las proposiciones poseían una “combinación de coherencia teórica y verificación empírica no compartida por ninguna otra proposición en economía monetaria”. Una “coherencia” necesaria para, como dice Lucas, eliminar efectos de cartera tipo Tobin, provocados por la inflación. Recordemos que en el enfoque de Tobin, como observa Lucas, un aumento de la inflación genera una caída de la tasa de interés real (la tasa de interés nominal no aumenta en la misma proporción que aumenta la inflación)). Por lo tanto, aumenta la demanda de bienes de inversión, y parte del ahorro gira hacia la acumulación del capital.

Examinaremos más adelante esta cuestión en relación a la pretendida validez de la TCD, pero ahora enfatizamos que la relación unitaria entre el aumento de la masa de dinero (por encima del crecimiento del producto real) y el aumento de la inflación fue establecida por la ortodoxia monetarista como una de sus proposiciones centrales. Lo cual exigía la estabilidad de la velocidad del dinero (o su inversa, la demanda de dinero). Por lo cual, y con la vista en las defensas-justificaciones que hoy circulan para mantener a toda costa la TCD, subrayamos que esa estabilidad de la demanda del dinero fue parte orgánica del enfoque monetarista. Puntualizamos también que en el trabajo de Lucas dinero quiere decir M1 (circulante en manos del público + depósitos de los bancos en el banco central), pero señala que muy probablemente se obtuvieran resultados similares con otras elecciones.

Al de Lucas le siguieron otros estudios que también pretendían demostrar, para otros países, el co-movimiento uno a uno de precios y masa monetaria, utilizando en varios casos otros agregados monetarios, como M2. Por supuesto, se podía objetar que un co-movimiento no informa sobre la relación de causalidad precios – masa monetaria. Una objeción no menor para teóricos que dicen adherir a enfoques de equilibrio general, en los cuales “todo depende de todo”. Pero este pequeño inconveniente fue barrido debajo de la alfombra. El discurso en la ortodoxia era algo así como “se acabaron las abstractas disquisiciones de los críticos, la prueba del budín”, etcétera.

Sin embargo, desde hace tres décadas, por lo menos, la relación uno a uno postulada dejó de verificarse. Véase el siguiente gráfico, referido a EEUU:

Fte https://www.longtermtrends.net/m2-money-supply-vs-inflation/

Aclaración: M2 en EEUU comprende M1 (dinero en manos del público + depósitos a la vista) + depósitos de ahorro, depósitos a plazo por debajo de 100.000 dólares y cuentas de hogares en depósitos de mercado monetario.

Muchos partidarios de la TCD tuvieron por lo tanto que admitir que había problemas en la nave monetarista. Por ejemplo Wang (2016) cita varios papers que documentan la ruptura de la relación masa monetaria – precios postulada por la TCD, y escribe. “Nuestra búsqueda empírica confirma esta ruptura reciente de la TCD en EEUU. Encontramos que el período 1953-1977 que estuvo bajo la investigación de Lucas (1980) es un período especial, más allá del cual la TCM difícilmente es una ley ajustada que gobierne la relación uno a uno entre dinero e inflación. Por ejemplo, en el período 1945-1954 la inflación (de largo plazo) estuvo por fuera del sendero de la tasa de crecimiento (de largo plazo) del stock monetario, no importa que usemos M1 o M2. De todas maneras, EEUU no está solo. Esta fragilidad de la TCM es robusta a través de los países. … encontramos que la TCD no es una ley global (universal)… . Aunque diferentes países tienen diferentes fechas de ruptura y grados, el colapso de la TCD es cualitativamente robusto. Por ejemplo, la TCD nunca rige en Alemania y Francia. La TCD acostumbraba regir en Australia, pero no después de 2000. Regía en Italia, pero no después de 1988. Los países se desvían de la TCD en sus propias formas” (pp. 5-6).

Teles y Uhlig (2013) también exploran la validez empírica de la TCD tomando una muestra de países de la OCDE, durante el período 1970-2005. Encuentran que para países con baja inflación la relación entre la inflación promedio y la tasa de crecimiento del dinero es, en el mejor de los casos, tenue, y muchas veces inexistente. Incluso con las correcciones que introducen al planteo básico de la TCD (estabilidad de la demanda de dinero), encuentran que después de 1990 los países incluidos en la muestra se agrupan en torno a similares tasas de inflación con considerable dispersión de las tasas de crecimiento de la oferta monetaria.

Cline (2015) también señala que en EEUU, entre mediados de los 1960 y comienzos de los 1980 una regresión lineal simple para ese período muestra un coeficiente de 0,54 para la inflación contra el exceso de crecimiento monetario sobre el crecimiento del producto real. Como observa Cline, si bien 0,54 es estadísticamente significativo, es aproximadamente la mitad de la unidad que requiere la TCD. Y entre 1985 y 2013 hubo una relación negativa entre la inflación y el promedio del exceso de crecimiento del dinero. De nuevo Cline explica este resultado por variaciones en la demanda de dinero: menores tasas de inflación se asociarían a mayores aumentos en el stock de dinero. Por otra parte señala que en el período posterior a 1985 el coeficiente que relaciona la inflación con el exceso de crecimiento monetario en Australia, Francia y Japón oscila entre 0,4 y 0,5. Para Gran Bretaña y Canadá los coeficientes son aún más bajos, aproximadamente 0,2. Y en la eurozona después de la crisis financiera de 2008-09 el coeficiente colapsa a cerca de cero.

Los pronósticos monetaristas y las inyecciones monetarias en 2008-09 y 2020

El cuestionamiento a la validez de la TCD se agudiza con lo ocurrido a partir de la crisis financiera, cuando los bancos centrales de EEUU, Gran Bretaña, Eurozona y Japón realizaron inyecciones de dinero en una escala no vista durante décadas.  En septiembre de 2008 los activos de la Reserva Federal eran 0,905 billones de dólares. En noviembre de 2021 alcanzan los 8,66 billones, de los cuales 5,57 billones de dólares son títulos del Tesoro y 2,61 billones son títulos respaldados por hipotecas (antes de la crisis 2008-09 la FED tenía títulos por 0,79 billones). En el eurosistema (Banco Central de Europa y bancos centrales nacionales de la zona del euro) el activo era 1,5 billones de euros en diciembre de 2007. En 2020 sumaba 7 billones de euros (2,3 billones más que en 2019). Estos incrementos de la oferta de dinero llevaron a muchos a pronosticar un aumento de la inflación.

Pero no ocurrió. Al contrario, puede observarse, en el gráfico anterior, cómo divergen marcadamente, en 2020, las curvas de inflación y crecimiento de la masa monetaria. Lo cual no impide a buena parte de la ortodoxia sostener que, mediante algunas correcciones, la TCD “todavía está viva”. ¿Qué correcciones? Pues admitir que, una vez introducidos efectos por cambios de carteras, o tasa de interés, o algún otro efecto ad hoc, la velocidad (o demanda del dinero) puede no ser estable. ¿Pero no era lo que Lucas decía que no debía ocurrir para sostener las implicaciones centrales de la TCD? Sí, pero eso era antes, cuando parecía que los números encajaban; ahora hay que disimular el colapso de las “implicaciones centrales”. Aunque esto no salva a la TCD, como veremos en lo que sigue.

Textos citados:

Cline, W. R. (2015): “Quantity Theory of Money Redux? Will Inflation Be the Legacy of Quantitative Easing?” Peterson Institute of International Economics, May.

Ha, J.; M. A. Kose; F. Ohnsorge (2021): “One-Stop Source. A Global Data Base of Inflation”, Policy Research Working Paper 9337, World Bank Group, July.

Friedman, M. (1966): “The Methodology of Positive Economics”, Essays in Positive Economics, University of Chicago Press, pp. 3-43.

Lucas, R. E. (1980): “Two illustrations of the quantity theory of money”, The American Economic Review, vol. 70, pp. 1005-1014.

Teles, P. y H. Uhlig (2013): “Is Quantity Theory Still Alive?”, European Central Bank, Working Paper Series, November.

Wang, X. (2016): “The Quantity Theory of Money: An Empirical and Quantitative Reassessment”, Washington University in St Louis.  

Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1bv9xSBoo0xTLnVpJBydEyoKKZB3l3a-Ja4N-KtQXZeY/edit?usp=sharing.

 

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01/12/2021 at 16:51

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La caída de la URSS y el debate con el trotskismo

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En una nota anterior (aquí), y en oposición al trotskismo, argumenté por qué en los 1930, aproximadamente, la URSS dejó de ser un Estado proletario. También sostuve que a partir de los 1970 el desarrollo económico de la URSS se debilitó en forma creciente. En este respecto, y en polémica con Altamira, sostuve que no existe una planificación socialista-burocrática. Es que anulada la democracia obrera, y suprimidas “desde arriba” las señales del mercado (en la economía soviética los precios, en su mayoría, eran establecidos por los organismos estatales), la planificación en la URSS avanzaba a ciegas. De ahí los desequilibrios, cuellos de botella, sobreutilización de recursos (materiales y humanos), escaseces y despilfarros (véase, Nove, 1986, para una descripción detallada). A lo que se sumaba la baja productividad y la desafección de las masas trabajadoras con respecto a la propiedad estatal. Como resultado de estos factores, a mediados de los1980 era cada vez más claro el estancamiento y el atraso productivo. Así, aumentaba la distancia entre la economía soviética y las economías de los países capitalistas avanzados. Sostuve entonces que la razón de fondo de la caída y disolución de la URSS fue su creciente estancamiento económico, la enajenación de las masas trabajadoras con relación a lo que se suponía era “su” Estado, y la imposibilidad de resistir la presión del mercado mundial y el avance –marcado desde fines de los 1970- de la mundialización del capital.

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19/11/2021 at 17:26

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Consideraciones sobre la “correlación de fuerzas”

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Días atrás Fernando Rosso, del PTS, escribió una nota en Izquierda Diario que lleva por título “No culpes a la correlación de fuerzas” (aquí). Marcelo Ramal, de Política Obrera, criticó la posición de Rosso y el PTS en “El PTS invita al kirchnerismo a modificar ‘la correlación de fuerzas’” (aquí).

En forma resumida: Rosso señala que Leandro Santoro, del Frente de todos, rechaza una ruptura del gobierno con el FMI porque “no da la correlación de fuerzas”. Rosso sostiene que no hay que resignarse ante la correlación de fuerzas, y hay que intentar cambiarla con la lucha. Pero como el Frente de Todos no lo hace, concluye que lo más probable es que ya esté siendo gobernado por el FMI y “los poderes fácticos”. Ramal plantea que lo de Rosso – PTS es una invitación a formar un frente con el kirchnerismo para modificar la correlación de fuerzas. Coincidiendo con este aspecto de la crítica de Ramal, en lo que sigue presento algunas consideraciones críticas de la posición de Rosso y el PTS.

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13/11/2021 at 16:02

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Debate con el trotskismo sobre la URSS

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Con vistas al debate que tuve con Jorge Altamira acerca de la URSS (aquí) preparé un texto, que, por razones de tiempo, expuse parcialmente. En esta nota lo reproduzco completo.  

El análisis y caracterización de la naturaleza de la URSS tiene importancia para el debate sobre la transición al socialismo, esto es, el programa para la emancipación de la clase obrera, así como para la crítica ideológica y política del capitalismo. A grandes rasgos podemos decir que hubo cuatro interpretaciones principales de qué fue la URSS:

1) Socialista desde aproximadamente los años 1930 (con precisiones del tipo “socialismo en lo fundamental”, “socialismo real” y semejantes).

2) Capitalismo de Estado.

3) Estado obrero burocrático.  

4) Estado burocrático, no obrero, no capitalista, desde aproximadamente los 1930.

La idea de que la URSS habría llegado al socialismo –entendido este en el sentido del programa de Marx y Engels- fue rebatida por Trotsky con un argumento central: si el socialismo significa una sociedad en la que desaparecieron las clases, y en la que el Estado también tiende a desaparecer, no hay manera de sostener que en los 1930, en la URSS se había realizado el socialismo. Como señalaba Trotsky en La revolución traicionada, el Estado soviético se hacía cada vez “más despótico”; “los mandatarios de la clase obrera” se burocratizaban; “la burocracia se erige por encima de la sociedad”; y las desigualdades aumentaban. Imposible sostener, como hacía el stalinismo, que en los 1930, en la URSS apenas quedaban “los últimos vestigios del capitalismo”.

En cuanto a la caracterización de capitalismo de Estado, no permite dar cuenta de la especificidad soviética. Planteado en la forma de preguntas: ¿un capitalismo donde no regían las leyes de la acumulación y crisis capitalista, ni actuaba la ley del valor trabajo? ¿En el que la inversión no se decidía según criterios de rentabilidad? ¿En que no existían las crisis de sobreproducción? Parece insostenible. Con el agregado que tampoco permite entender el cambio cualitativo que implicó la caída del régimen stalinista, a principios de los 1990.

Estas discusiones son importantes, pero en esta intervención me voy a concentrar en la caracterización de Trotsky de la URSS como Estado obrero burocrático y la de Estado burocrático, no obrero, no capitalista, que defiendo.

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Written by rolandoastarita

10/11/2021 at 15:59

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Dos chantas sobre Nahuel Moreno

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En el día de hoy, 7 de noviembre, se publica en La Nación “El rebelde que incomoda a la casta intelectual”, de Jorge Fernández Díaz (véase aquí)

En su nota Fernández Díaz comenta y elogia El tiempo de una vida, libro en el cual “el rebelde” Juan José Sebreli repasa su trayectoria política, que incluye un período de acercamiento a Nahuel Moreno. Para quienes no lo conozcan, Moreno fue un líder trotskista, principal dirigente, en los 1970, del Partido Socialista de los Trabajadores, que en los 1980 se transformó en el Movimiento Al Socialismo.

Escribe Fernández Díaz: “Su relación [de Sebreli] con un dirigente mítico y enigmático -Nahuel Moreno- contiene momentos hilarantes. Aquellos jóvenes trotskistas habían decidido captar a los obreros del Sindicato de la Carne. “Y todos los militantes vivían, por supuesto, en el Centro y jamás habían pisado el Dock Sud -narra-. Nahuel se fue entonces a la Biblioteca Nacional para consultar los mapas y sobre esa base se repartieron el trabajo, pero cuando llegaron comprobaron que se trataba de una zona de baldíos”. Luego ante la inminencia de una asamblea que ese mismo sindicato iba a celebrar en el cine Edén, se vieron obligados a pensar pensar “como mimetizarse con la clase obrera” y se pusieron “a estudiar la manera de vestir de los proletarios. No encontrando otra documentación a mano que las películas, decidieron ir todos ellos con pañuelos blancos al cuello, tal como imaginaban a los proletarios los vestuaristas de Argentina Sono Film. Lograron, como es de suponer, el efecto contrario, llamando la atención del resto de los concurrentes; los obreros del frigorífico ya no usaban lengue”.

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Written by rolandoastarita

07/11/2021 at 16:02

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Coronavirus y crisis capitalista

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El jueves 26 de octubre di una charla-debate organizada por el Programa La Argentina Reciente – IESAC, Universidad Nacional de Quilmes, y convocada bajo el título “Coronavirus y crisis capitalista”. Con ese fin, redacté un texto para la intervención inicial. En esta nota lo reproduzco, con algunas correcciones y cambios. La intervención oral puede escucharse (aquí). Empezamos señalando la magnitud de la crisis y caída de la economía capitalista en 2020.

Hasta el estallido de la pandemia la crisis de 2008-09. había sido la más profunda y geográficamente extendida desde el fin de la Segunda Guerra. En 2009 el producto global cayó 0,5% y el de los países adelantados 3,4%.

La crisis de 2020 fue, sin embargo, más profunda: el producto global cayó 3,1% y el de los países adelantados 4,5%.

Las

Las causas de las crisis también fueron distintas. La de 2008-09 fue de sobreproducción y sobreacumulación, y tuvo como principal disparador a EEUU. La sobreproducción se centró en la construcción residencial y el sector inmobiliario, y fue alimentada por masas dinero que no se volcaron a la inversión productiva luego de la recesión de 2001. El crédito, sobre-extendido, fue crucial para que la crisis se difundiera al resto de la economía, primero en EEUU y luego a nivel mundial. Las crisis de realización, como fue la de 2008-09, remiten a la contradicción entre una producción que tiende a desarrollarse por encima de todo límite; y un mercado que no puede absorber ese producto. Cuando la sobreproducción y sobreacumulación ocurren en las ramas que han sido las más dinámicas durante la fase de ascenso del ciclo económico, en su caída arrastran, inevitablemente, al resto de la economía. Analizada desde el punto de vista del circuito del capital, las crisis de sobreproducción tienen su raíz en la contradicción entre el proceso productivo y la realización del valor. Siendo, en el circuito capitalista, D: dinero; M: mercancía; MP: medios de producción; FT: fuerza de trabajo, y …P… el proceso productivo, la contradicción se establece entre este último y M’ – D’ (mercancía valorizada y dinero acrecentado por la plusvalía).

Circuito capitalista

                 MP

D – M               … P…  M’ – D’ 

                  FT

También fueron crisis de sobreproducción, entre otras, las de 1847-8;1873; 1930; y 1974-5. Son las más frecuentes en el capitalismo. Por eso Marx les prestó mucha atención (por ejemplo, a la crisis de 1847; véase aquí).

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05/11/2021 at 16:09

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Argumentos, maniobras discursivas y debates

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Varias personas que siguieron el debate que tuve con Jorge Altamira acerca de la naturaleza de la URSS lo reivindicaron. Incluso un oyente lo calificó de “excelente” y agregó que fue “apasionado, militante y desde el respeto mutuo de los interlocutores. Lejos de la chicana imbécil de los reality shows de la política del espectáculo”.

Coincido en lo fundamental, y abogo por la realización de nuevos debates. Sin embargo, tengo que reconocer que hubo un punto oscuro. Fue cuando hice alusión al pronóstico de Política Obrera, en los 1980, de que la reunificación capitalista de Alemania solo ocurriría por medio de una guerra de los países imperialistas contra “los Estados obreros”. Altamira me interrumpió para objetar que él nunca había sostenido semejante cosa, y me desafió a presentar pruebas de mi afirmación. Intenté explicarle que si bien no las tenía a mano, las mismas existían. No hubo caso, Jorge insistió en que lo mío carecía de fundamento, y que eran sus adversarios (el partido francés OCI) los que habían afirmado lo que yo le atribuía.

Dada la incómoda posición en que había quedado en el debate, a la mañana siguiente, y luego de revolver durante casi una hora en mis archivos, encontré el documento al que había aludido en mi intervención. Lo publiqué (aquí), y con esto podría cerrar el desagradable episodio. Sin embargo, deseo agregar algunas reflexiones.

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02/11/2021 at 15:41

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Refrescando la memoria de Jorge Altamira

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En el curso del debate de ayer con Jorge Altamira hice referencia a que todavía en 1988 Política Obrera sostenía que la reunificación capitalista de Alemania solo era posible mediante una guerra mundial del imperialismo contra los “Estados obreros”. Altamira me interrumpió diciendo que eso no era cierto, y me pidió las pruebas.

Respondí que en ese momento no las tenía a mano, pero reafirmé lo dicho. Jorge insistió en que yo estaba inventando. Agregó que su corriente había previsto adecuadamente el curso que tomarían los acontecimientos; y que lo que yo decía era en realidad la posición de sus adversarios.  

Pues bien, aquí cito el documento que sustenta mi afirmación. Se trata de “Las ‘tesis’ del Comité Internacional”, por Jorge Altamira y Julio N. Magri (del CC de Política Obrera), septiembre 1988, ediciones Política Obrera. En la tapa reza: Jornadas de Estudio sobre la IV Internacional, III, Fracaso de una tentativa centrista de ‘internacionalismo’, el Comité Internacional de N. Moreno y P. Lambert, de 1981.

En la página 14 dice: “La OCI [partido trotskista francés] se ha negado siempre a plantear la unidad socialista, porque sería condicionar ‘la unidad’. Pero este condicionamiento lo establece la realidad: solo el proletariado en el poder (expulsión de la burocracia en el Este, y de la burguesía en el Oeste) realizará la unidad de la nación y del proletariado alemán. La burguesía mantendrá la división o la resolverá mediante una guerra mundial contra los Estados Obreros (esto demuestra que la consigna de unidad puede llegar a llenarse de un contenido contrarrevolucionario”) (énfasis agregado).

Esto lo afirmó entonces Jorge Altamira un año antes de que se produjera la reunificación de Alemania, sin que el proletariado tomara el poder, y sin que se produjera la pronosticada “guerra mundial contra los Estados Obreros”.

Written by rolandoastarita

31/10/2021 at 09:55

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Debate sobre la URSS

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Written by rolandoastarita

26/10/2021 at 10:02

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Burocracia, “control obrero” y reformismo

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Durante el debate televisado, realizado el miércoles 20 de octubre, el candidato a diputado nacional por el FIT-Unidad, y militante del PTS, Nicolás Del Caño, propuso: “Es hora que los sindicatos en vez de hacer marchas para hacerle campaña al gobierno se movilicen junto con toda la población para pararle la mano a estos empresarios e imponer como medidas de emergencia el control efectivo de los precios, con control de la producción y sus costos por parte de los trabajadores de esas empresas. Y las empresas que desabastecen o maniobran para no cumplir el control de precios deben ser declaradas de utilidad pública y nacionalizadas bajo gestión de sus trabajadores» (aquí)

¿Los sindicatos en Argentina estableciendo el control obrero de la producción y los precios? ¿Esto se propone como medida revolucionaria? ¿Y las direcciones de esos sindicatos? ¿Y los programas y orientaciones políticas que defienden esas direcciones? ¿Y los intereses económicos de esas direcciones? Para ir a casos particulares e ilustrativos: ¿Se imaginan a los Moyano controlando los precios del servicio de recolección de basura? ¿A Lingeri a cargo del precio del cloro? ¿A Zanola metido con los costos de producción de los medicamentos contra el cáncer? ¿Y qué decir de las repetidas alianzas de intereses, bajo todo tipo de formas, entre esa burocracia sindical y la “burguesía nacional”? ¿Controlando producción y precios “nacionales y populares”? Las preguntas, claro está, son retóricas, pero van a una cuestión clave de la política socialista: no mentir a las masas; no vender humo (y algunos venden humo de la peor especie, reformismo-burocrático). Hay que decirlo con todas las letras: el control obrero real no puede establecerse si no se acaba con la burocracia sindical y si las masas obreras no se insurreccionan.

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Written by rolandoastarita

22/10/2021 at 16:18

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