Más sobre la reforma laboral

En la nota anterior publicamos la crítica de Luciana Censi -abogada laboralista y asesora gremial- a la reforma laboral impulsada por Milei. La intención es aportar a la militancia obrera y de izquierda contra la ofensiva sobre el trabajo. Con ese mismo objetivo, en esta entrada reproducimos el artículo de Alejandro Belin, La reforma laboral: reforzando la esclavitud asalariada – ANRedLa reforma laboral: reforzando la esclavitud asalariada – ANRed. Belkin es historiador (UBA).
Introducción
El 9 de diciembre de 2025, el Poder Ejecutivo envió al Congreso de la Nación el proyecto de “Ley de Modernización Laboral”. Para la administración de Javier Milei, esta iniciativa representa un hito fundamental en su gestión y, según sus voceros, augura un cambio de paradigma definitivo en las relaciones laborales del país. Sin embargo, este proyecto no es un hecho aislado, sino el tercer eslabón en una estrategia persistente de desregulación del mercado de trabajo constituye la tercera gran ofensiva del Gobierno Nacional para transformar profundamente la legislación laboral argentina. ¿A qué responde esta insistencia? ¿Qué transformaciones estructurales busca consolidar la administración de Milei? ¿Cuál es el objetivo último de este cambio de arquitectura legal? El presente artículo se propone explorar estos interrogantes y aportar claves para un debate urgente.
El primer movimiento ocurrió apenas iniciada la gestión con el DNU 70/2023, presentado en cadena nacional el 20 de diciembre de ese año. Aquel decreto proponía cambios radicales —como la limitación del derecho de huelga (art. 24), la modificación de la ultraactividad sindical (art. 86) y la eliminación de multas por empleo no registrado (art. 53 y ss.)—, pero su capítulo laboral fue suspendido por la Justicia ante las medidas cautelares interpuestas por la CGT y la CTA.
El segundo intento se materializó con la “Ley Bases”, aprobada en junio de 2024 y reglamentada en septiembre del mismo año. Esta norma logró instaurar figuras sustanciales: la condonación de deudas y multas para supuestamente incentivar la regularización (art. 194), la extensión del período de prueba (art. 91), la habilitación del Fondo de Cese laboral en reemplazo de las indemnizaciones tradicionales (art. 96) y ratifica la controvertida figura del “trabajador independiente con colaboradores” (art. 97). Bajo este escenario, el actual proyecto de ley constituye la tercera gran ofensiva del Gobierno Nacional para transformar profundamente la legislación laboral argentina.
Los objetivos de la reforma laboral
El proyecto de «Ley de Modernización Laboral» se compone de 182 artículos que abordan una amplia gama de materias, desde la jornada de trabajo hasta el sistema de indemnizaciones. ¿Cuál es el eje articulador que vincula la totalidad o la mayoría de sus artículos? El objetivo principal consiste en incrementar la subordinación del trabajo al capital, para que las empresas puedan organizar, con la mayor libertad posible, el proceso de trabajo, de acuerdo con sus intereses y las fluctuantes exigencias del mercado. Las patronales aspiran a disponer de la mano de obra a su entera voluntad, pretenden establecer las condiciones de trabajo sin obstáculos de ninguna índole o con mínimas restricciones. Los intereses vitales de la clase trabajadora quedan relegados y supeditados a los caprichos de la patronal, que ordena sus decisiones en base a la maximización de sus beneficios. En definitiva, la ley de reforma laboral no tiene por objetivos eliminar la informalidad laboral ni generar “empleo de calidad”, sino la disponibilidad absoluta de la mano de obra. Lo que el proyecto de “Modernización Laboral” busca es acentuar la soberanía patronal sobre el espacio y el tiempo de la producción.
Se busca equiparar a la fuerza de trabajo con cualquier otra mercancía, como un tornillo o un mueble, que se compra, se consume y se desecha sin “fricciones” legales. La burguesía exige disponer libremente de lo que compró, quiere que la fuerza de trabajo se comporte exactamente como cualquier otra mercancía. Si compras acero, no hay un sindicato del acero que te diga cómo usarlo o cuánto tiempo tenerlo en el depósito. La reforma laboral busca que la fuerza de trabajo pierda esa “excepcionalidad” humana y jurídica que la protegía. Es la mercantilización total. Una relación laboral “limpia” de regulaciones puede ser más productiva y moderna, pero es mucho más despótica. El capitalista puede introducir tecnología y reorganizar el trabajo sin estar obligado a solicitar permiso ni negociar condiciones. Al quitar las mediaciones (sindicatos, leyes, Estado), dejan al trabajador aislado frente a frente con el capital.
Plan de exterminio de las conquistas obreras
En otras palabras, la ley que se pretende aprobar busca barrer con la mayoría de las conquistas obreras que la clase trabajadora obtuvo a lo largo de su historia. Pero ¿qué son las conquistas obreras? Precisamente, con ese término nos referimos a los límites impuestos por la clase trabajadora a la libre utilización de la mano de obra por parte del capital. Se trata de regulaciones esenciales como la jornada de ocho horas, la prohibición del trabajo infantil, la reducción horaria en tareas insalubres, las indemnizaciones por despido, las vacaciones pagas y las licencias por maternidad. Son, asimismo, restricciones a la facultad patronal de modificar arbitrariamente las condiciones de trabajo. En definitiva, cada uno de estos derechos constituye una barrera legal frente a la discrecionalidad del capital en el uso de la fuerza de trabajo.
La clase trabajadora impuso estos límites al poder despótico del capital para resguardar sus intereses económicos, para proteger su salud física y mental, para resguardarse del desamparo y los vaivenes del mercado y como forma de aspirar a una vida lo más digna posible dentro del capitalismo. De esta manera, la burguesía fue obligada, por la fuerza organizada del proletariado, a tener en cuenta los intereses vitales de la clase trabajadora, restringiendo así sus márgenes de acción.
¿Libertad para quién?
Por lo tanto, la reforma laboral representa un choque directo entre dos formas antagónicas de concebir la libertad. La burguesía, con el aval del gobierno, pretende eliminar todo tipo de restricciones a su libertad en el ámbito del mercado y la producción. El proyecto de ley facilita tanto la contratación como el despido de mano de obra, ampliando el período de prueba y creando el fondo de cese laboral, entre otras tantas disposiciones. Además, a través de diversos artículos, amplía el poder de la patronal para modificar a voluntad las condiciones de trabajo de sus empleados (art. 23). De aprobarse este proyecto, aumentaría de manera significativa el sometimiento de la clase trabajadora a los caprichos de sus empleadores. Es decir, lo que para los patrones es una ampliación de su libertad de acción, para los trabajadores representa una mayor subordinación al capital.
En la sociedad capitalista, la libertad no es un concepto universal, que se aplica de la misma manera los individuos de todas las clases sociales. En el ámbito de la producción, especialmente, revela todo su carácter de clase. Este mayor sometimiento de los empleados a sus patrones, además, genera una gran incertidumbre. Por ej., el sistema de banco de horas (art. 42 y 43) permite extender arbitrariamente la jornada laboral hasta 12 horas, esta medida desestabiliza la vida cotidiana de las familias obreras, imposibilitando todo tipo de planificación semanal. La libertad patronal, de disponer a su antojo de la jornada laboral de sus empleados, destruye la libertad de los obreros a planificar su vida cotidiana. En definitiva, una misma medida amplía la libertad para una clase y la restringe para la otra. Cuando el gobierno habla de libertad se refiere a la libertad de la burguesía, libertad para comerciar y organizar la producción sin restricciones, lo que se traduce en una mayor esclavización de la clase obrera.
El proyecto de reforma laboral no beneficia al conjunto de la sociedad, defiende exclusivamente los intereses de los empresarios. Recordemos que los patrones constituyen una porción muy reducida de la sociedad, son apenas del 3,2% de la población económicamente activa. En un sentido más amplio, lo que el discurso oficial presenta como “modernización” o “seguridad jurídica” no es más que la elevación del interés privado de la burguesía al rango de interés nacional, la identificación total entre el Estado y el Capital. Cuando el interés privado de la burguesía se eleva a “interés nacional”, cualquier resistencia obrera deja de ser vista como un reclamo legítimo y pasa a ser catalogada como un “ataque al progreso”, una “extorsión” o un “atentado contra la libertad”.
Conquistas, leyes y organizaciones obreras
Como hemos señalado más arriba, las conquistas obreras son límites al poder despótico del capital y a la explotación desenfrenada de la clase trabajadora. Pero ¿cómo se expresan? Es decir, en la práctica, ¿cómo se materializan? Las conquistas obreras se expresan en leyes y convenios colectivos de trabajo, esta es la forma jurídica que adoptan. Para que estas normativas se apliquen, en la práctica, requieren de la firme voluntad de las organizaciones obreras, sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados. Por este motivo, la clase obrera ha luchado también por el libre funcionamiento de sus organizaciones, para contar con las herramientas necesarias que le permitan resguardar las conquistas obtenidas. Sin organización no hay conquistas. Conocedora de este vínculo, entre conquistas y organización, la burguesía pretende debilitar el poder de los sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados y, más en general, obstaculizar toda forma de organización obrera. Por diversas vías, la ley de reforma laboral entorpece y/o penaliza la acción sindical (art. 133, 134 y 143). De esta forma, se pretende maniatar a la clase trabajadora, para imponer la reforma laboral, pero más aún, que no se pueda rebelar en el futuro, cristalizando una nueva correlación de fuerzas entre burguesía y proletariado. De aprobarse esta nueva reglamentación, la clase trabajadora perdería todo derecho a organizarse y protestar libremente.
Al atacar la cuota sindical, limitar el derecho a huelga (servicios esenciales) y fomentar la figura del “colaborador” independiente, el proyecto busca que no haya un “nosotros” que pueda decir que no. Si no hay organización colectiva, el abuso individual se vuelve la norma y, con el tiempo, se naturaliza. Esa es la irreversibilidad que persigue la patronal, que el trabajador olvide que alguna vez tuvo poder sobre su propio tiempo (aunque más no sea parcialmente).
¿Por qué la reforma laboral?
Cabe recordar que Argentina atraviesa un estancamiento económico prolongado; desde hace casi quince años el Producto Bruto Interno no crece y el PBI per cápita muestra una tendencia decreciente. El factor determinante es la carencia de inversiones productivas. Partiendo de este diagnóstico, el Gobierno impulsa su reforma laboral bajo el argumento de generar condiciones atractivas para el capital. El objetivo es ofrecer a los inversores, tanto nacionales como extranjeros, una fuerza de trabajo disciplinada y desarticulada para alentar las inversiones y de esa forma reactivar la economía. Existe, por lo tanto, una racionalidad capitalista férrea y deliberada en la insistencia oficial por desregular el mercado laboral y minar el poder sindical.
Cristaliza y agudiza tendencias ya existentes
Más que una ruptura, la reforma laboral institucionaliza y profundiza tendencias preexistentes, dándoles un marco legal definitivo a la inestabilidad del trabajador. En la actualidad, cerca de la mitad de los trabajadores ocupados (47,2%) son asalariados registrados, la otra mitad son cuentapropistas (25,4%) y asalariados no registrados (27,4%). Es decir, desde hace años avanza una reforma laboral de hecho (con la complicidad de los gobiernos de turno y los jerarcas sindicales), la administración de Milei quiere profundizar aún más este proceso. Pretende equiparar, hasta donde sea posible, a los trabajadores registrados con los informales. Es decir, procura atenuar hasta disolver por completo la relación de dependencia, institucionalizando el empleo informal. El objetivo es el mismo, esquivar las leyes laborales (que expresan conquistas sociales) y otorgarles amplia libertad a los empresarios para disponer libremente de la fuerza de trabajo y organizar a su antojo el proceso productivo, sin considerar los intereses obreros.
Eliminando o mutilando las leyes laborales y los convenios colectivos de trabajo, la burguesía pretende reforzar el despotismo patronal (poder absoluto y sin límites sobre sus empleados), recuperando por completo el mando del proceso de trabajo. El capital busca que los trabajadores no tengan ningún asidero legal (fuera de la fábrica) que le permita desobedecer las órdenes del capital (dentro de la fábrica).
En otras palabras, lo que esta reforma busca es restaurar la unidad de mando. Que el patrón sea el único soberano en el lugar de trabajo, eliminando toda “distorsión” generada por los sindicatos y las regulaciones estatales. Esto es “más puramente capitalista” porque devuelve al capital su esencia: la capacidad de dictar la ley privada dentro de su unidad productiva.
La reforma no solo busca bajar costos, su objetivo principal consiste en obtener la disponibilidad absoluta del trabajo. En el lenguaje de Sturzenegger y los ideólogos de Milei, la “flexibilidad” es que el patrón pueda disponer de la fuerza de trabajo según los vaivenes del mercado. Si hay demanda, usará por 12 horas seguidas a su personal. Si no hay trabajo, los despedirá sin costo alguno. Y si algún trabajador pretendiera cuestionar las decisiones de la patronal, será reemplazado por un “colaborador” sin derechos. El patrón pretende usar a sus empleados como si se tratase de muebles. Esto convierte al trabajador en un insumo “just-in-time” -una mercancía que se adquiere y se descarta según las necesidades el mercado-, eliminando cualquier rastro de estabilidad vital para el obrero.
El capital quiere que la vida entera de los trabajadores sea un “recurso en espera”. Si el patrón puede cambiarte el horario o el lugar de trabajo de un día para el otro, el trabajador pierde la capacidad de planificar su propia reproducción (estudiar, descansar, estar con su familia). El trabajador se convierte en un apéndice de la máquina (o de la app, o de la logística de la empresa) las 24 horas del día. Es la soberanía absoluta del capital sobre el tiempo vital del obrero.
Lo que hoy se llama “modernización” es, en realidad, una reacción: el regreso al contrato de locación de servicios del derecho civil, donde el patrón y el trabajador son supuestamente “iguales” ante la ley, ignorando que uno tiene el capital y el otro solo su hambre.
Las conquistas obreras expresan los intereses y las necesidades de la clase trabajadora, intereses y necesidades que la reforma laboral pretende desconocer y ultrajar. Por ese motivo, estamos frente a un choque de intereses irreconciliables. El gobierno y las patronales pretenden arrasar con las conquistas obreras, desconociendo los intereses vitales de la clase trabajadora. La extensión de las libertades patronales, en el ámbito de la producción, implica necesariamente una mayor esclavización de la clase trabajadora».
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1ShgLPPWZXkSUYHUBGMt_y9QXMWSsebg1uoWILzK4iPI/edit?usp=sharing
Sobre la reforma laboral impulsada por Milei

En pocos días se estará discutiendo en el Parlamento la reforma laboral propuesta por el gobierno de Milei y apoyada por prácticamente toda la clase dirigente argentina.
A fin de aportar argumentos a la militancia obrera y de izquierda, en esta nota reproduzco el texto de Luciana Censi, abogada laboralista y asesora gremial ¿Qué busca la reforma laboral de Javier Milei? – Indymedia Argentina Centro de Medios Independientes (( i )). Agrego un breve comentario al final.
“Antecedentes
El proyecto de reforma laboral presentado por el PEN en fecha 9/12/2025 y que se tratará en sesiones extraordinarias del Senado, tiene sus antecedentes normativos en el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/23 del que importa varios de sus artículos, DNU 340/25 y en la “Ley Bases” sobre la que profundiza algunos conceptos desmejorando aún más los derechos de los trabajadores.
Por otro lado, su historial fáctico es la composición del mercado de trabajo donde los asalariados registrados llegan al 47,2%, los asalariados no registrados al 27,4% y los cuentapropistas al 25,4 % de la población económicamente activa (PEA).
Objetivos
Sobre esta base, la reforma laboral tiene los siguientes objetivos:
1. Permitir la libre disponibilidad y el abaratamiento de la fuerza de trabajo en el ingreso (alargamiento de periodos de prueba, interposición de mano de obra mediante empresas contratistas, limitación de la solidaridad en la tercerización), en el egreso (creación del FAL -Fondo de Asistencia Laboral- que permite desviar contribuciones patronales desde el sistema previsional hacia un patrimonio de afectación externo para abonar indemnizaciones futuras, exclusión de conceptos salariales para determinar el monto de las indemnizaciones por despidos, abono de indemnizaciones en cuotas) y en el proceso productivo del trabajador (disponer de elementos esenciales de forma unilateral o contractual, como por ejemplo la jornada, las vacaciones y el salario).
En síntesis, esta libertad de disposición en el proceso de trabajo que consagra el proyecto de ley implica una mayor explotación del trabajador en dos aspectos fundamentales: el tiempo de trabajo y el salario.
En el tiempo de trabajo, por ejemplo, porque autoriza que por acuerdo de partes, el trabajador labore más allá de las 9 horas diarias establecidas legalmente en nuestro país desde los años ‘30, pudiendo compensarlas en algún momento y en los salarios porque permite que el empleador pueda abonarlos de acuerdo al esfuerzo individual del trabajador.
Estos cambios presuponen que quienes contratan una relación de trabajo son personas que se encuentran en “igualdad de poder y decisión” para imponer sus deseos y necesidades: el empleador con su dinero, sus maquinarias y sus instalaciones y el trabajador con su cuerpo y su inteligencia; “libertad de contratación” a su vez enmarcada sobre un ejército de trabajadores desocupados o inmersos en el mercado informal esperando siempre encontrar un puesto de trabajo mejor.
El objetivo económico se ve claramente: aumentar la intensidad del trabajo bajando los salarios e incrementando la jornada y el objetivo político lo constituye el sometimiento de los trabajadores y trabajadoras para poder llevarlo a cabo.
2. No obstante, para cumplir con el objetivo político, se recurre a dos aspectos sustanciales, uno es el propio mercado de trabajo que de por sí disciplina a los trabajadores que se hallan en la formalidad temiendo ser desplazados hacia el mercado informal o hacia la desocupación y el otro la segunda parte de la reforma laboral que pretenden implementar: el derecho colectivo.
Para lograr la libre disponibilidad de la fuerza de trabajo no alcanza con una reforma del derecho individual, pues nuestro país cuenta con organizaciones sindicales fuertes y derechos colectivos que constituyen barreras para las fantasías patronales. Por eso también, la reforma prevé: desfinanciar a los sindicatos, fomentar la negociación colectiva por empresa vaciando a la negociación colectiva por rama de actividad (para que cada empresa pueda tener un CCT negociado con su sindicato de acuerdo a sus parámetros productivos o discrecionales, independientemente de lo que consigan los trabajadores de igual actividad que laboran, al lado, en el mismo parque industrial pero para otra empresa), sancionar y prohibir parte de la actividad sindical (a través de multas, denuncias penales y daños perjuicios contra los sindicatos y sus representantes), limitar la tutela sindical y restringir el derecho de huelga declarando a casi toda la actividad económica como servicio esencial o de importancia trascendental de manera de obstaculizar su ejercicio.
Las dos caras de una misma moneda: libertad empresaria para someter a los trabajadores por un lado y por el otro terminar con el sindicalismo (y su praxis) como único sujeto capaz de poner límite a la voracidad de los empresarios (o sea, a “su libertad”).
3. Sin embargo, como dije más arriba, la fragmentación del mercado de trabajo (trabajadores en relación de dependencia pero que se encuentran contratados de forma clandestina o en fraude a le ley laboral) es un antecedente y entonces mediante la reforma se institucionaliza, por fuera de la Ley de Contrato de Trabajo, a verdaderas relaciones laborales y se las enmarca en los contratos del Código Civil y Comercial de la Nación: es decir, legalizan lo que ya existe y le comunican a los cuentapropistas que no son trabajadores sino “autónomos” y a los trabajadores informales les anuncian que se paguen un monotributo y un seguro. Es decir: petrifican por ley su precarización.
4. Es así que los planteos de alguna parte de la oposición o del sindicalismo acerca de la “necesidad” de una reforma laboral en este contexto estructural resultan intencionalmente cómplices y si no lo son, desconocen cómo funciona el Derecho en la sociedad capitalista. En uno u otro caso, nos llevarán al fracaso y obstaculizarán el camino para una resistencia viable o al menos consistente”.
Agregado: complementando lo que señala Censi, destaco que el capital presiona vía el chantaje de la huelga de inversiones. Consiste, básicamente, en la amenaza de no invertir, o trasladar las inversiones a otro país, si no se acepta la reforma laboral. Al respecto es ilustrativa la nota que lleva por título “Un regreso, a medias, a los años 90” (La Nación, 6/02/2026): pone el caso de la empresa Peabody, fabricante de electrodomésticos, que trasladó sus operaciones de Argentina a Paraguay. Paga menos impuestos, los salarios son más bajos que en Argentina y exporta al Mercosur.
Otros ejemplos son las amenazas de muchas empresas de dejar de producir en Argentina para transformarse en importadoras. La apertura comercial tiene ese mismo objetivo: imponer la fuerza “disciplinadora” del capital, cada vez más internacionalizado, sobre el trabajo. Pero por eso, la resistencia a la reforma debería articularse con un programa y estrategia anticapitalista e internacionalista. Es la vieja idea de la Asociación Internacional de los Trabajadores, sobre que “la emancipación del trabajo no es un problema nacional o local, sino un problema social que comprende a todos los países en los que existe la sociedad moderna…”. Una idea sencilla, que hoy tiene mayor validez, si se quiere, que en el siglo XIX. Una perspectiva que debería acompañar a la lucha inmediata por frenar la ofensiva sobre los explotados.
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/12V7LwdGmoSnS2OqC7E80eru3R53yB6fN6oXkm-2VftU/edit?usp=sharing
Curso de formación socialista
A pedido de los compañeros de Vida y Socialismo, publico la invitación al curso de formación socialista que realizarán en los próximos días.
«Para militantes pretéritos, presentes y por venir»
Durante enero ofreceremos un curso de tres encuentros semanales, de dos horas de duración cada uno, sobre conceptos básicos de la perspectiva socialista. Cada encuentro trabajará un problema:
Martes 13/01, 19 hs.: LA SOCIEDAD.
Martes 20/01, 19 hs.: LA ECONOMÍA.
Martes 27/01, 19 hs.: LA POLÍTICA.
No se requieren conocimientos especializados para participar. Basta con la voluntad, el compromiso y la permanencia.
Quienes quieran participar no tienen más que escribir a vidaysocialismo@gmail.com, o bien enviar un mensaje de Whatsapp al (+54) 11 5757 6601.
Vida y Socialismo
«Lecciones incómodas de la intervención norteamericana en Venezuela»

Por lo general no publico notas en el blog que no sean de mi autoría. En este caso hago una excepción. En lo que sigue reproduzco el escrito de la intelectual y activista cubana Alina Bárbara López Hernández, dedicado a Venezuela, la intervención de EEUU, e implicancias para Cuba. El texto me lo envió un compañero y puede levantarse en https://www.cubaxcuba.com/
La intervención relámpago del gobierno de los Estados Unidos en Venezuela, ocurrida en la madrugada del 3 de enero de 2026, permite extraer varias lecciones significativas. La primera de ellas es que ningún gobierno que arruine a su país, empobrezca a su pueblo, reprima a sus ciudadanos, genere un éxodo masivo, se erija en élite corrupta, desconozca la voluntad popular y se mantenga por la fuerza, podrá disponer de base de apoyo social, por mucho que presuma de ella. Llegado el momento, el pueblo no va a defenderlo. Y eso permite entender la alegría de muchísimos venezolanos al salir de su dictador; si bien no de su dictadura.
Lee el resto de esta entrada »Venezuela, agresión imperial colonialista

En el último post de diciembre 2025 anuncié que tomaba vacaciones y no publicaría en enero. Pero ocurrió lo de Venezuela y aquí estamos, publicando esta nota.
El ataque militar de EEUU a Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa, Cilia Flores, constituyen una brutal violación de los principios del derecho internacional, que atribuye a los Estados derechos y obligaciones que configuran su soberanía. El principio de no injerencia en las políticas internas de los países, el derecho a la integridad territorial y a la autodeterminación constituyen los pilares de la democracia burguesa en el plano internacional. Se trata de una igualdad burguesa, formal, como lo son todos los derechos democráticos burgueses. Pero no por ello carecen de importancia.
Lee el resto de esta entrada »Estadísticas 2025 del blog y vacaciones
En los próximos días me tomo vacaciones. No colgaré nuevas entradas hasta febrero. También voy a restringir las respuestas a “Comentarios”. Siendo fin de año, presento algunas estadísticas 2025 del blog.
A lo largo del año subí 48 entradas (excluyendo la presente), con un total de 85,7 mil palabras. Hubo 563 comentarios.
Con respecto al número de visitas, se registraron 628.906, lo que da una media diaria de 1721 visitas. Esta cifra triplica la media de 2024, que fue 628. No encuentro explicación para un salto de ese tipo. Debe de existir alguna razón técnica que se me escapa. Preciso, además, que el problema parece residir en el conteo de visitas realizadas desde EEUU: a lo largo de 2025 habría habido 428.735 visitas, cuatro veces más que las realizadas en Argentina y 16 veces las realizadas desde España (el tercer país). No tiene sentido. Las posiciones que defiendo desde este blog son marginales en la izquierda y nada indica que esa situación haya variado en 2025, y menos aún, en EEUU.
En cuanto a las visitas por país, excluyendo a EEUU, la lista de los 10 primeros es:
Argentina: 108.465. España: 26.995; México: 12.549; Chile: 9620; Colombia: 7153; Perú: 6208; Brasil: 4477; Uruguay: 3665; Venezuela: 2362; Guatemala: 2198.
Las notas más leídas en 2025:
Método dialéctico y Hegel (2)
Respuesta a una crítica a la teoría del valor de Marx
Trotsky y el estancamiento de las fuerzas productivas
Argumentos de la izquierda en defensa de CFK
Métodos de discusión en ámbitos de izquierda
¿Qué fue la URSS? (2)
«Son opio para el pueblo»
Teorías del valor: austriacos vs marxistas (4)
Marx y el teleologismo histórico
En cuanto a las estadísticas desde la iniciación del blog:
Visitas: 5.634.379 Visitantes: 1.807.848
Entradas: 1161 Comentarios: 28.015 Suscriptores 2100
Un cordial saludo de fin de año a los amigos, compañeros y lectores en general. Los mejores deseos para 2026.
Discusión complementaria sobre la ley de Say

En la entrada anterior (aquí) hemos tratado la crítica marxista a la afirmación de Say, y Mill, de que en el modo de producción capitalista, si hay libertad de mercado y competencia, no puede haber sobreproducción generalizada, o sea, abarrotamiento general de los mercados. Este es el aspecto de la ley de los mercados más analizado y discutido. Sin embargo, existen otras afirmaciones asociadas a la ley. Entre ellas, Baumol (1977) ha destacado las siguientes:
a) El poder de compra se genera en la producción.
b) El gasto aumenta cuando aumenta la producción.
c) Si la nación de conjunto consume más de lo que produce, se reducirá su capital, lo que a su vez reducirá los beneficios y el ingreso (y ocurrirá lo inverso si la nación consume menos de lo que produce).
d) En el largo plazo siempre habrá demanda para los outputs incrementados, de forma que no es posible el estancamiento secular.
e) Por (c), es conveniente para el crecimiento de la riqueza de un país el gasto en trabajo productivo, que repone el valor consumido y genera una ganancia; y no en trabajo improductivo, que consume renta sin generar nuevo valor.
f) Dado que el dinero es solo un lubricante del proceso de intercambio (o sea, es neutro y está destinado a circular), el mismo no determina los montos de bienes demandados.
¿Qué decir desde un enfoque marxista?
A partir de lo que hemos planteado en la nota anterior, podemos esbozar una posición, sustentada en la teoría marxista, de las consideraciones complementarias adelantadas por Baumol. En lo que sigue reproduzco pasajes de mi libro Keynes, poskeynesianos y keyesianos neoclásicos (UNQ, 2018).
En primer lugar, Marx acuerda con que el poder de compra se genera en la producción; y en que, tendencialmente, el gasto aumenta cuando aumenta la producción.
En segundo término, Marx considera evidente que, si la nación consume más de lo que produce, se reducirá el capital. En este punto, la ley de Say no sería incorrecta, sino trivial. Aunque hoy esta cuestión parece tener más relevancia frente a la inclinación de muchos keynesianos a postular una “ley de Say al revés” (para usar una formulación de Bresser Pereira y Dall’Acqua, 1991), según la cual “la demanda es todo y la oferta es nada”. Este es un problema crucial del “keynesianismo bastardo”.
En tercer lugar, y en lo que atañe al rol del dinero, el punto de vista de Marx se aleja apreciablemente de Say. Lo hemos desarrollado parcialmente en la entrada anterior dedicada a la ley de Say. El dinero no es un simple numerario, ni está destinado a circular siempre. El dinero es encarnación de valor, y entre sus funciones está la de ser medio de atesoramiento. En todas estas cuestiones, la teoría de Marx es muy distinta de la de Say. Sin embargo, el enfoque de Marx también se diferencia del planteo keynesiano, ya que subraya el rol subordinado del dinero y el crédito en el desarrollo económico. En este respecto, Marx no explica la ausencia de producción para el mercado por la falta de dinero o de crédito (es la posición de Keynes), sino al revés, la falta del dinero o del crédito por la ausencia de producción para el mercado.
En cuarto lugar, Marx considera que la producción tiene primacía sobre el consumo, ya que no solo proporciona al segundo su material, su objeto, sino también crea al consumidor y sus necesidades. En “Introducción a la crítica de la Economía Política” escribe: “La producción produce, pues, el consumo, 1) creando el material de este; 2) determinando el modo de consumo; 3) provocando en el consumidor la necesidad de productos que ella ha creado originariamente como objetos; en consecuencia, el objeto de consumo, el modo de consumo y el impulso de consumo” (Marx, 1981, p. 292). Por ejemplo, la producción de teléfonos móviles y computadoras generó la necesidad de consumir teléfonos móviles y computadoras, y no al revés. Lo cual cuestiona la idea, cara a la economía neoclásica, de la soberanía del consumidor. Este aspecto está ausente en los abordajes usuales de los keynesianos críticos de la ley de los mercados.
Por último, vale enfatizar que la teoría del valor de Marx es opuesta a la teoría de Say. Say, junto a Condillac, fue uno de los primeros economistas en sostener que el origen del valor es la utilidad de la mercancía. Nada más alejado de la teoría del valor y de la plusvalía de Marx.
Textos citados
Baumol, W. J. (1977), “Say’s (at Least) Eight Laws, or What Say and James Mill May Really Have Meant”, Economica, vol. 44, N° 174, pp. 146-161.
Bresser Pereira, L. y F. Dall’Acqua (1991), “Economic populism versus Keynes: Reinterpreting budget deficit in Latin America”, Journal of Post Keynesian Economics, vol. 14, pp. 29-38.
Marx, K. (1981): “Introducción a la crítica de la Economía Política”, en Contribución a la crítica de la Economía Política, México, Siglo XXI.
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/10a2Hzvlo_JmcYWHAPdE5rHlUL4JKP96I2APsQ7FZw6s/edit?usp=sharing
Anuncio de conferencia virtual, Introducción a «El capital»

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La ley de Say, las crisis capitalistas y la crítica marxista

En notas anteriores hemos defendido la explicación, de Marx y Engels, de las crisis de sobreproducción. En esta entrada ampliamos el tema con la crítica de Marx a la ley de Say y su vínculo con las leyes de la acumulación y crisis.
La ley de Say
La ley de Say –también conocida como ley de los mercados- sostiene, básicamente, que toda oferta crea su correspondiente demanda. Significa que, en tanto haya producción (oferta) habrá una demanda acorde de esos productos.
Ahondando ahora en lo que escribió Say, se distinguen dos formulaciones de su ley. La primera dice que los productos se adquieren ofreciendo otros productos. En palabras de Say, “los que compran, no compran en realidad sino con productos” (p. 111, cap. 15, libro 1). Estrictamente, esta sería una economía en la que ha desaparecido la diferencia entre venta y compra. Se trata de una hipotética economía de trueque, en la que venta y compra son idénticas. Subrayamos lo de hipotética porque, en realidad, una economía descentralizada, de trueque generalizado solo existe en la imaginación (o en la Microeconomía del mundo académico). Say, de todas formas, tampoco problematizó esta cuestión y declaró simplemente que los productos se intercambian por productos.
Lee el resto de esta entrada »EEUU y su récord de agresiones militar-imperialistas

En una entrada anterior, y a propósito del principio de entendimiento Trump – Putin sobre Ucrania, escribimos: «El rechazo de Trump de la autodeterminación nacional de Ucrania encaja con las amenazas que ha lanzado de apoderarse del Canal de Panamá (“mi gobierno recuperará el Canal y ya hemos empezado a hacerlo”); de Groenlandia (“de una manera u otra nos la vamos a quedar”); incluso de Canadá. A lo que hay que sumar la propuesta de desplazar a toda la población de Gaza. Estamos entonces ante un programa neocolonialista» (aquí).
Ahora agregamos que este curso se ha intensificado en las últimas semanas con el despliegue militar de EEUU en el Caribe; la exclusión del espacio aéreo venezolano; las amenazas de intervenciones -de la CIA, el Pentágono- para echar a Maduro; los ataques a lanchas que navegaban en aguas internacionales y el asesinato de sus tripulantes; y las amenazas de ataques a «narcos» que operarían en Colombia. A lo que sumamos la injerencia -al mejor estilo de matón fascista- en cuestiones internas de los países cuando sus gobiernos desarrollan políticas que no son del agrado de Trump y su banda (como botón de muestra, la exigencia de que la Justicia de Brasil libere al golpista Bolsonaro).
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