Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Inflación y discusiones en teoría monetaria (final)

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La parte 4 de la nota, aquí

Marx sobre inflación por discrepancias entre oferta y demanda, y el ciclo

A manera de introducción al último apartado de esta nota, señalamos que Marx contempló la posibilidad de procesos inflacionarios provocados por desequilibrios en la oferta y demanda.  

Por ejemplo, en El capital menciona el caso de industriales y comerciantes que “vuelcan en especulaciones ferrocarrileras el capital dinerario que se requiere para el funcionamiento de sus negocios y lo reponen mediante préstamos en el mercado de dinero”. Dado que constantemente “se retiran del mercado elementos del capital productivo y por los mismos solo se vuelca en aquel un equivalente dinerario, aumenta la demanda solvente, que no aporta por sí misma ningún elemento de oferta. Por consiguiente, alza de los precios, tanto de los medios de subsistencia como de los materiales de producción” (pp. 385-6, t. 2). Agrega que en esos escenarios “una pandilla de especuladores, contratistas, ingenieros, abogados, etcétera, se enriquece” y provocan “una fuerte demanda de consumo sobre el mercado y, además, los salarios suben” (ibid.). Lo cual estimula la agricultura. Sin embargo, no es posible aumentar súbitamente la producción de los alimentos, por lo que hay que recurrir a la importación –dando pie a más especulación y estafas. Por otra parte, sigue el razonamiento, en los ramos industriales en los que puede aumentar rápidamente la producción, la elevación de los precios provoca una expansión súbita “a la que sigue el colapso”. El mismo efecto “se opera en el mercado de trabajo”. Por ejemplo, cuando se realizan construcciones en gran escala, como ferrocarriles, se absorbe parte del ejército industrial de reserva que mantenía bajos los salarios; estos suben de manera general –o sea, también en ramas distintas a las que están absorbiendo más mano de obra- y “esto dura hasta que la catástrofe (crack) inevitable vuelve a liberar el ejército industrial de reserva y se abaten de nuevo los salarios a su nivel mínimo e incluso por debajo de este” (ibid.).

También en Teoría de la plusvalía se refiere a subas de precios por aumento de la demanda con respecto a la oferta. Señala que entre 1797 y 1813, en Inglaterra, la tasa de ganancia aumentó a pesar del aumento de los precios agrícolas y de los salarios. Señala varios factores que lo posibilitaron –prolongación de la jornada laboral, depreciación de mercancías fabriles y coloniales que integraban el consumo obrero, reducción del salario real-, así como el aumento de los precios nominales de las mercancías “porque los empréstitos y gastos gubernamentales acrecentaron la demanda de capitales, inclusive con mayor rapidez que la oferta, y ello permitió que los fabricantes recobrasen parte del producto pagado a los rentistas propietarios de tierras y a otras personas que tienen ingresos fijos en forma de renta, etcétera” (p. 393, t. 2; énfasis añadidos).

Estos análisis encajan con el movimiento ascendente de los precios en la fase expansiva del ciclo económico. En Teorías de la plusvalía escribe que “… por lo común las crisis van precedidas por una inflación general de precios de todos los artículos de la producción capitalista” (p. 433, t. 2). En El capital también vincula la fase ascendente del ciclo con aumentos de los precios. Explica que en la época de prosperidad, “y en particular durante el período de proliferación de las estafas, cuando ya por otros motivos cae el valor relativo del dinero, expresado en mercancías (sin que se dé, en lo demás, una verdadera revolución del valor), y por tanto aumenta el precio de las mercancías independientemente del valor propio de las mismas” (p. 501, t. 2). Aunque en este pasaje no es claro por qué se desvaloriza el dinero. Una posible explicación es lo que el mismo Marx señala, la proliferación de maniobras especulativas. Por ejemplo, en la fase de auge del ciclo eran comunes los descuentos contra letras libradas sin respaldo de mercancías (fenómeno que destacaba Adam Smith cuando pedía que solo se descontaran “letras reales”). Esas vorágines especulativas podían empujar el aumento de la emisión monetaria y las alzas de precios, seguidas del derrumbe posterior. Marx también observa que en la fase de ascenso el salario “sube de manera general” y la clase obrera obtiene una mayor participación en el producto anual destinado al consumo (ibid., p. 502). El carácter pro-cíclico de los salarios también es señalado en el capítulo 23 del tomo 1, dedicado a las leyes de la acumulación capitalista. Por otra parte, según Marx, en determinadas coyunturas la inflación podía aumentar como resultado de la agudización de la lucha obrera por recuperar los salarios reales cuando estos quedan atrás de los precios (véase la parte anterior de la nota).

Más en general, el carácter pro-cíclico del movimiento de los precios en el siglo XIX –patrón oro en Inglaterra- fue señalado por Juglar (véase Gilles, 2004, pp. 69 y ss.). Según Juglar, la causa del ciclo económico era monetaria: en la fase de ascenso aumentan el crédito y la especulación, baja la tasa de interés, aumentan los precios, la demanda de obreros y los salarios. Así se llega a una fase de euforia con gran crecimiento del crédito, la especulación y el apalancamiento. Pero la demanda artificial, sostenida en el crédito y la especulación, no se sostiene indefinidamente, llega un punto en que la situación se revierte y sobreviene la crisis. Esta dinámica es registrada en la teoría de Marx, aunque sin otorgarle al crédito el rol de motor del ciclo, como hace Juglar. En el enfoque de Marx la expansión y contracción del crédito es un síntoma del ciclo, no su causa; y el ciclo se debe a la tendencia del capital a expandir la producción por encima de lo que puede absorber el mercado. El crédito solo amplía esos movimientos, primero al alza, luego a la baja. Por eso, constituye más un síntoma de los períodos de ascenso y descenso del ciclo, que su causa (Marx, p. 788, t. 1, El capital). Pero lo que nos interesa destacar ahora es el movimiento complejo que ocurre entre demanda y oferta, y el sesgo inflacionario en la fase alcista del ciclo.

Vilar (1982) también registra ese movimiento en el siglo XIX. Los ciclos comprenden “una fase de subida de los precios y de desarrollo de los negocios que termina en una crisis, con hundimientos bursátiles, quiebras, caída de los precios, depresión y luego recuperación y nueva expansión. Este ciclo “es característico del capitalismo en el siglo XIX” (p. 460). Coincide con lo planteado por Marx, aunque Vilar enmarca estos ciclos en movimientos más largos de los precios: movimiento ascendente hasta 1815-7; movimiento descendente hasta 1842-1850; movimiento ascendente hasta 1873; descendente hasta los mínimos entre 1890 y 1897; y ascendente con máximos alcanzados entre 1913 y 1920.

Inflación 2021 en EEUU

Volviendo ahora al aumento de la inflación en economías desarrolladas pos-pandemia (EEUU en primer lugar), todo indicaría que se debe a una combinación de escasez por el lado de la oferta, y mayor presión de la demanda. En una nota anterior (aquí) nos hemos referido a cuellos de botella relacionados con el transporte, logística, producción de materias primas e insumos esenciales, como los microprocesadores. Estos factores efectivamente estarían empujando al alza los precios, y han sido señalados por muchos economistas.

¿Y los salarios? ¿También empujan al alza de precios? Blanchard (2021) sostiene que es posible un aumento de la inflación por caída del desempleo. En su opinión, el programa ARPA (American Rescue Plan Act), promovido por Biden, y la expansión fiscal de 2020, bajarían el desempleo a un nivel que provocaría aumento de inflación. Sin embargo, nada indica que esté aumentando la presión sindical por caída del desempleo. En 2020 unos 9 millones de obreros perdieron sus empleos, y de ellos 4 millones por más de medio año. Si bien el desempleo se redujo en 2021, todavía está por encima de los niveles previos a la pandemia. En noviembre de 2021 fue 4,2%; son 6,9 millones de desocupados (Bureau of Labor Statistics; también para lo que sigue). Antes de la pandemia la tasa era 3,5%; 5,7 millones de desempleados. Los desocupados de largo plazo (más de 27 meses sin empleo) en noviembre de 2021 eran 2,2 millones; 1,1 millones más que en febrero de 2020. Los part-time, en noviembre de 2021, fueron 4,3 millones, aproximadamente lo mismo que en febrero de 2020. Más importante, el ingreso salarial horario se mantiene por detrás de la inflación: en noviembre de 2021 el promedio de ingreso horario de los empleados en el sector privado no-agrícola fue 4,8% superior al de noviembre de 2020. En cambio, los precios al consumidor subieron, en ese período, 6,8% (por lo que los asalariados deben intentar recuperar lo perdido antes de negociar según la “inflación esperada” de Friedman y Phelps).

En cuanto a la demanda, debido a las cuarentenas hubo consumos postergados (aumentó el ahorro de los hogares) y ahora esos ahorros ponen presión a la demanda. Además, la política QE de la FED estaría alimentando una burbuja de precios inmobiliarios; y podría haber presión por la demanda derivada del aumento del gasto fiscal. Aunque, por otra parte, no parece que haya un cambio en las expectativas de inflación, un factor que puede retroalimentar presiones inflacionarias (un caso extremo de este tipo de procesos es Argentina).

Todo indica entonces que las dos explicaciones tradicionales de la inflación que maneja el mainstream ortodoxo neoclásico, la TCD y la curva Phillips, no dan cuenta del fenómeno.  

Textos citados:

Blanchard, O (2021), “In defense of concerns over the $1.9 trillion relief plan”, Peterson Institute for International Economics Realtime Economic Issues Watch, 18 February.

Gilles, P. (2004): Histoire des crises e des cycles économiques, Paris, Armand Collin.

Marx, K. (1974): Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago.

Marx, K. (1999): El capital, México, Siglo XXI.

Vilar, P. (1982): Oro y moneda en la historia (1450-1920), Barcelona, Ariel.

Para descargar el documento: https://docs.google.com/document/d/1N3tfRVG1LtzyL2TBMTSkGSXK7tGKFRn5AQnYrVfyrT0/edit?usp=sharing

Written by rolandoastarita

16/01/2022 at 14:38

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Vacaciones, datos del blog 2021 y saludos fin de año

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En los próximos días me tomo vacaciones. Esto significa que no colgaré nuevas entradas hasta la última semana de enero (queda pendiente entonces la última parte de la nota sobre inflación y teorías monetarias). También voy a restringir la respuesta a comentarios.

Siendo fin de año, presento algunas estadísticas 2021 del blog.

Las visitas al blog han bajado significativamente: en 2020 hubo (números redondos) 455.000, este año 320.000. El promedio diario pasó de 1250 a 880.

Por países, los 8 primeros: Argentina 52% de las visitas; España 15,7%; México 8%; Colombia 3,8%; Chile 5,5%; Perú 3,2%; EEUU 2,3%; Uruguay 1,3%.

Desde diciembre de 2020 a la fecha publiqué 78 entradas.

A lo largo del año las notas más consultadas fueron: 1) “Trabajo concreto y trabajo abstracto”; 2) “El régimen castro-stalinista y a protesta social”; 3) “Javier Milei, rebuzno de la barbarie”; 4) “Método dialéctico y Hegel”; 5) “Dialéctica de la cantidad y la calidad”; 6) “Distintos enfoques sobre la globalización”; 7) “Marx y la tendencia a las crisis de sobreproducción”; 8) “La caída de la URSS y debate con el trotskismo”; 9) “Engels, sobre control de precios y concepción materialista; 10) “Marx y Engels sobre impuestos y el socialismo burgués”.

Se publicaron 1354 comentarios.

Número de seguidores: i) WorldPress.com 410; ii) Correo electrónico 1477; iii) Sociales 9280.

Por último, envío un cordial saludo de fin de año a los amigos, compañeros y lectores en general, y aprovecho para agradecer a todos los que me enviaron su solidaridad y apoyo frente a las amenazas e insultos de los llamados “colapsistas”.

Lo mejor para 2022.  

Written by rolandoastarita

23/12/2021 at 15:25

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Inflación y discusiones en teoría monetaria (4)

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La parte 3 de la nota, aquí

Monetización de déficits fiscales para sostener la demanda e inflación

La monetización de déficits fiscales tiende a ser un fenómeno regular, y creciente, cuando se intenta sostener la demanda por esa vía. Típicamente, en esos casos, se emite dinero muy por encima del respaldo en valor (divisas, oro, acreencias) y por ese camino la monetización llega a representar una parte significativa del PBI. Por ejemplo, en Argentina, entre 1971 y 1990, el señoreaje representó, en promedio, el 9,73% del PBI y el 62% del gasto gubernamental (Click, 1998). En 2020 y 2021 habría rondado el 4% del PBI.

En un sentido más general, Cukierman et al. (1992) presentan un estudio de diversos grados de señoreaje (definido como el ratio entre el aumento de la base monetaria y todos los ingresos gubernamentales) e inflación para 79 países entre 1971 y 1982. Algunos casos representativos: Bolivia, inflación anual promedio 30,4%, señoreaje 21,7%; Brasil 47,4% y 17,8%, respectivamente; Chile 146,6% y 17,5%; Ghana 47,9% y 28%. La tesis de los autores es que existe una conexión entre señoreaje e inestabilidad política, ya que el señoreaje es una fuente de ingresos fiscales cuando hay mucha evasión, o los regímenes son políticamente débiles.

Aunque no existe una relación mecánica entre el grado de señoreaje y la suba de precios, parece claro que la monetización de los déficits fiscales ha sido, y sigue siendo, impulsora de la inflación. Por eso el giro hacia las políticas de desinflación de los 1980 y 1990 tuvo como uno de sus componentes esenciales pasar a depender más de la colocación de deuda que del señoreaje para financiar los déficits.

Crisis, deflaciones y emisión monetaria  

Además de la monetización de los déficits estatales, existe la emisión monetaria destinada a contener procesos deflacionarios. Para ver el tema, supongamos que los capitalistas toman deudas –a través de los bancos, o emitiendo títulos- con el fin de desarrollar inversiones que comprometen grandes sumas de dinero. Adquieren tierras, capital constante y fuerza de trabajo para ampliar el ciclo capitalista . Si el proceso es exitoso, venden el producto (viviendas, ferrocarriles, petroquímicos, etcétera), cancelan sus deudas y se cierra el circuito. Pero si la venta no es exitosa –por caso, porque se ha producido más de lo que el mercado puede absorber- habrá caída de precios y de ganancias. Los bancos se ven obligados a enviar a pérdida una parte significativa de los préstamos, y caen los activos financieros. La crisis se extiende a través del sistema de crédito, se multiplican las quiebras y por todos lados se busca liquidez. Si en semejante escenario el banco central endurece su política monetaria, la crisis, con toda probabilidad, se agravará.

Un ejemplo histórico nos lo proporciona el Acta bancaria inglesa de 1844, según la cual el Banco de Inglaterra tenía prohibido emitir libras sin respaldo oro (pero contra letras de cambio) por encima de determinada suma. Así, durante una crisis, se agudizaba la escasez de efectivo y los deudores estaban obligados a liquidar existencias a precios en caída libre. A su vez, con la deflación aumentaba el peso de las deudas en términos reales, y la espiral descendente se retroalimentaba. Por eso Marx decía que si bien las crisis en el capitalismo son inevitables, una legislación absurda las podía agravar. Es lo que ocurrió en 1847, cuando el Banco de Inglaterra aplicó el Acta en medio de una crisis bancaria aguda. La crisis se alivió sustancialmente cuando se suspendió el Acta y se autorizó al Banco a emitir billetes sin respaldo oro (véase aquí). Es una intervención que de alguna manera “socializa las pérdidas privadas” (la expresión es de De Vroey, 1984), y detiene un proceso deflacionario cumulativo.

Otro caso ilustrativo de crisis y depresión deflacionarias ocurrió inmediatamente después de terminada la Primera Guerra. Hubo caídas del producto del 18% en EEUU; 29% en Gran Bretaña; 20% en Alemania; 20% en Canadá (Bordo y Fidalgo, 2005). En todos los casos con fuertes caídas de los precios (16% en EEUU entre 1920 y 1922), y una política monetaria dura.

Posiblemente el ejemplo más significativo de crisis y depresión con deflación lo tenemos en EEUU entre 1929-1933. Entre esos años el índice de precios mayoristas cayó 33%, el minorista 25% y el producto nacional en términos reales 30%. Sin embargo, el gobierno procuró a toda cosa sostener el valor del dólar. Incluso cuando estalló la crisis bancaria y cambiaria europea, en 1931 –que obligó a Gran Bretaña a abandonar la vuelta al patrón oro- la FED defendió el valor del dólar subiendo las tasas de interés. Ese año el precio de la onza de oro bajó a 17 dólares (20,65 dólares en 1930). La destrucción de valores ocurría vía el hundimiento de los precios, con ganancia para los que se mantenían líquidos. Además, dada la menor flexibilidad de los salarios nominales, la caída de precios provocó saltos hacia arriba de los salarios reales en 1931 y 1932 (véase Bernanke y Parkinson, 1989). Aunque hubo una baja de los salarios nominales de un 17%, los ingresos de los trabajadores descendieron principalmente por la caída de las horas trabajadas.

La política de “moneda dura” recién se modificó en 1933, bajo la presidencia de Roosevelt. Partidario de la reflación, no solo aumentó la oferta monetaria, sino también, y más importante, devaluó el dólar (la onza de oro pasó a 35 dólares). Con esta medida el gobierno puso fin a las presiones deflacionarias, y la economía creció, en términos reales, un 43% entre 1933 y 1937. Entre esas fechas el desempleo bajó del 25,2% al 14,3% y el índice de precios al consumidor aumentó 11%. Señalemos todavía que luego hubo otro episodio de crisis deflacionaria aguda. Ocurrió en 1937-1938, cuando el producto cayó 18% y los precios retrocedieron 5%. El marco fue, de nuevo, una política monetaria y fiscal dura (Bordo y Filardo, 2005). Pero a partir de esa fecha en EEUU hubo solo dos recesiones con sesgo deflacionario, la de 1948 y 2008-09, y en ambos casos la caída de precios fue suave. Las inyecciones monetarias (medida más fuerte que la baja de la tasa de interés) con el objetivo de contener procesos deflacionarios agudos han pasado a ser una receta usualmente aceptada por los bancos centrales. Lo cual no evita las crisis, pero sí afecta a su forma y dinámica.

La intervención de la FED en 2008 para evitar una deflación

Es lo que hizo la FED en 2008: ante el agravamiento de la crisis compró ingentes cantidades de títulos hipotecarios (MBS, Mortgage Backed Securities) de las agencias federales Fannie Mae y Freddie Mac. Usualmente estas adquieren hipotecas a instituciones financieras, y las mantienen en sus carteras o bien las empaquetan en MBS que venden a inversores en el mercado secundario. La política de la FED, conocida como Quantitative Easing, contribuyó a sostener el valor de los títulos y a bajar las tasas de interés de los créditos hipotecarios.

Subrayamos que esta intervención no elimina la deuda: los propietarios que tomaron los créditos deben realizar los pagos mensuales por principal e intereses, basados en un programa predeterminado de amortización. Aunque tienen la opción de pagar principal adicional en cualquier momento. Esto ocurre usualmente cuando el propietario refinancia el préstamo o vende la vivienda. La FED entonces utilizó los ingresos por los títulos que llegaban a vencimiento, o por las refinanciaciones, para renovar su tenencia de MBS incluso luego de superado lo peor de la crisis financiera (véase Gumbinger, 2021; Frame, et al., 2021). Esta política impidió que se desatara una deflación de proporciones: en 2009 hubo una deflación moderada del 0,4%. Así, la inyección monetaria no provocó salto alguno en la tasa de inflación, hecho que sorprendió a muchos monetaristas que habían pronosticado una fuerte suba de los precios. En un escenario al borde del abismo deflacionario, no había manera de que se acelerara la inflación. En el otro polo, economistas “heterodoxos” se apoyaron en lo ocurrido en 2008-09 para dar por probado que la emisión monetaria en ningún caso provoca inflación. Es el error simétrico al anterior.

Por otra parte, la política de sostener los valores continuó en los 2010, sin que tampoco se registrara algún aumento significativo de la inflación. En junio de 2017 la FED anunció que reduciría su balance (la tenencia de bonos del Tesoro y MBS), pero en agosto de 2019 comenzó de nuevo a utilizar los ingresos provenientes del vencimiento de los títulos en comprar títulos del Tesoro. Luego, con la crisis por la pandemia, recomenzó la compra de MBS. Su tenencia de MBS de agencias llegó a 2,528 billones en noviembre de 2021 (véase Gumbinger, 2021; Frame, et al., 2021). Dado que se superaron las presiones deflacionarias, las compras ahora estarían alimentando un boom (¿o nueva burbuja?) en el sector hipotecario. Los precios de las viviendas en EEUU están en un nivel históricamente alto. A este boom también estaría contribuyendo el crédito bancario. Los bancos comerciales fueron el único inversor, por fuera de la FED, que aumentó sus tenencias de MBS de las agencias, durante 2020 y la primera parte de 2021, llegando a 580.000 millones de dólares (véase ibid.). A mediados de diciembre 2021 la FED anunció que a partir de enero comenzará a disminuir la compra de títulos del Tesoro y MBS.

En resumen, la compra de activos financieros a lo largo de los 2010 no ha provocado un aumento significativo de la inflación. Economistas del establishment lo admiten. Por ejemplo Agur et al. (2021) señalan que no es probable que la compra de activos financiados con un aumento de la base monetaria desate una fuerte inflación si es realizada por bancos centrales con credibilidad, cuando la inflación está por debajo del objetivo y la posición fiscal es sustentable. Se aplica a lo ocurrido en EEUU en estos años, aunque queda planteada la discusión (véase la parte 3 de la nota) de hasta cuándo será sustentable un déficit financiado con gigantescas cantidades de deuda, en un país que ya es el principal deudor del mundo.

Plusvalía relativa e inflación

El objetivo declarado de la teoría y la política económica burguesa es que la inflación sea baja, pero no cero (y menos negativa). La meta se sintetiza en la regla Taylor, según la cual es deseable una tasa anual de suba de precios de aproximadamente 2%. Se plantea la pregunta de por qué no un objetivo de inflación cero, en el largo plazo. La respuesta: porque una cierta cuota de inflación permite “ajustar” salarios a la baja sin modificar los salarios nominales -fundamental en períodos de crisis- y, en un sentido más estructural y de largo plazo, impedir que las ganancias de productividad caigan enteramente en manos de los obreros. Es que si el valor del dinero se mantiene estable, y la productividad aumenta, supongamos, un 3% en el año –en promedio los precios bajan un 3%- con salarios nominales constantes el salario real habrá aumentado 3%. La ganancia de productividad habrá ido enteramente al trabajo. Por supuesto, el capital puede intentar bajar los salarios nominales –y así ocurría en la época del patrón oro. Pero esa política agudiza el conflicto entre el capital y el trabajo. En cambio, una dosis de pérdida del valor del dinero –y de inflación- es funcional a “reacomodar” los salarios reales, de manera de que la ganancia de productividad (o al menos una parte significativa de la misma) no caiga en manos de los trabajadores (presentamos el argumento completo aquí).

Un ejemplo del conflicto entre aumento de productividad y un valor del dinero constante es lo ocurrido en EEUU hacia fines del siglo XIX. Entre 1872 y 1896 el índice de precios mayoristas de EEUU cayó 50%. Bordo y Filardo (2005) califican al período 1873-1896 de «buena deflación», con los precios cayendo en muchos países alrededor del 2% anual, acompañado de un crecimiento de aproximadamente 2% o 3% anual. Dada la constancia del valor del dólar, la deflación fue generada por un boom de productividad (segunda revolución industrial, mejoras en el transporte). Debido a la caída de los precios, los salarios reales tendían a aumentar. Las patronales, en respuesta, intentaban bajar los salarios nominales, en particular cuando las crisis y recesiones -en 1873-75, 1884-85, 1890-96. Lo cual generaba una fuerte resistencia en las filas obreras. La presión bajista de precios terminó con el descubrimiento y explotación de las minas de oro de Sudáfrica y Alaska.

Gráficos patrón oro y crisis deflacionarias

El precio del oro en dólares se mantuvo llamativamente estable -poco menos de 19 dólares la onza- durante el siglo XIX; en la primera década del siglo XX aumentó aproximadamente un 10%, manteniéndose estable en los 1920 (20,7 dólares la onza en 1920 y en 1930). La restricción monetaria -sosteniendo el valor del dólar- es fuerte. En este régimen monetario, el nivel de precios en 1915 fue similar al de1880 (inicio del patrón oro en EEUU). Sin embargo, se distinguen dos movimientos de largo plazo: descendente hasta mediados de la década de 1890, y ascendente después.

Fte NBER, 1860 = 100

En el siguiente cuadro, la deflación durante la Gran Depresión

Fte Federal Reserve Bank of Minneapolis (1967 = 100)

El valor del dólar

En apartados anteriores ya hicimos referencia a que, en la medida en que aumenta la masa de dinero fiduciario en relación a los activos constituidos por divisas y oro, tenderá a depreciarse el signo de valor. Se plantea entonces el problema de cómo establecer las variaciones del valor del dinero fiduciario, en particular el dólar. Una forma es con los tipos de cambio reales, ponderados por el comercio. Otra manera es con el US Dollar Index, que está compuesto por una canasta de seis monedas. En estas mediciones, de todas maneras, inciden los cambios que experimentan también las monedas utilizadas para determinar el índice. Otra forma de registrar en el largo plazo el valor del dólar, y de otras divisas que cumplen funciones de moneda mundial, es con el precio del oro. Es que si bien el oro no circula como dinero, es utilizado como reserva de valor: se lo compra porque su valor no puede ser diluido, como ocurre con el billete. En este respecto, continúa siendo un activo de los bancos centrales. Por lo tanto, su precio también se ve alterado por las oscilaciones de la oferta y demanda, relacionadas con los ciclos económicos y las condiciones macroeconómicas. Por ejemplo, las decisiones de un banco central de adquirir o desprenderse de oro, pueden alterar significativamente s precio. De igual manera, en coyunturas de incertidumbre, como puede ser durante una crisis; o cuando aumentan las presiones inflacionarias, aumenta la demanda de oro, y por lo tanto su precio. Otro ejemplo: durante la posguerra y hasta comienzos de los 1970 el precio del oro fue mantenido artificialmente bajo (o sea, el dólar alto) por EEUU. Pero aun con estos problemas, el movimiento de largo plazo del precio del oro puede utilizarse de indicador del valor del dinero fiduciario. Y desde la crisis del sistema de BW, la tendencia del precio del oro ha sido claramente al alza.

Como señalamos más arriba, y salvo el corto episodio de 1948, en EEUU no volvió a registrarse una crisis y depresión deflacionaria. La inflación fue elevada en la década de los 1940; disminuyó significativamente en las dos décadas siguientes (inflación rampante); se aceleró en los 1970 y hasta inicios de los 1980, para descender luego.

Inflación y curva Phillips

Junto al cuestionamiento de la TCD, en los últimos años también se puso en discusión la explicación de la inflación por presión de los salarios, o caída del desempleo, según indicaba la curva Phillips. En su versión más simple, la curva Phillips dice que hay una relación inversa entre el nivel de desempleo y la variación de los salarios (y de los precios). En una versión un poco más sofisticada, dice que la tasa de inflación depende de la desviación del desempleo con relación a su nivel “normal” (tasa “natural” en Friedman; tasa “que no acelera la inflación” en los keynesianos).  

Sin embargo, y como señala Ocampo, la curva se ha estado aplanando en las últimas décadas y, más importante, en algunos casos ha invertido su signo: entre 2009 y 2019, en EEUU, la tasa de desempleo cayó del 10% al 3,5% mientras que la tasa de inflación bajó del 2,8% al 1,5% (p. 2). En otras economías avanzadas, si bien existe un intercambio entre desempleo e inflación, la relación es mucho más débil que en décadas anteriores. En el mismo sentido, Miles et al. (2017) plantean que en 2009-2010 la tasa de desempleo tocó un máximo, y sin embargo no hubo una caída significativa de la inflación. Luego, cuando la recuperación ya estaba muy avanzada, en 2015-2016, y había caído el desempleo, no hubo aumentos importantes de la inflación. Hemos analizado las explicaciones de inflación basadas en la curva Phillips –o más en general, en el conflicto distributivo- en notas anteriores (véase aquí, aquí, aquí), y aquí recordamos algunas de las principales críticas.

Partimos de que, efectivamente, existe la posibilidad de que una lucha entre el capital y el trabajo por la distribución – o redistribución- del valor agregado derive en un espiral de aumentos de precios y salarios, que conduzcan a alta inflación y, en casos extremos –aunque deben intervenir otras variables, como fuertes devaluaciones de la moneda y crisis financiera- a la híper inflación. Un ejemplo de esa dinámica lo encontramos en Argentina, en la década de los 1980: aumentos de precios y del tipo de cambio, fuertes luchas sindicales por recuperar el terreno perdido (13 paros generales durante los seis años del gobierno de Alfonsín), que desembocaron en la hiperinflación. La alta inflación fue el reflejo monetario de la agudización de la lucha por la distribución. La idea de que la inflación es la expresión del conflicto entre ganancias y salarios es compartida por los keynesianos (con matices, por sus principales corrientes, los poskeynesianos y los nuevos keynesianos).

Siendo esto así, es necesario, sin embargo, hacer varias precisiones. La primera es que por lo general –y fue el caso en Argentina- no son los salarios los que comienzan el movimiento alcista. Por el contrario, en la inmensa mayoría de los casos las reivindicaciones salariales se centran en recuperar el terreno perdido durante una crisis o depresión económica; o a causa de una devaluación de la moneda nacional; o recuperar parte de la erosión en ganancias de productividad derivadas de la depreciación de la moneda. Por este motivo, tampoco es cierto lo que dice la curva Phillips “mejorada” por Friedman y Phelps, de que los trabajadores hacen sus reclamos salariales tomando en cuenta la inflación esperada.

La segunda aclaración es con respecto a las ganancias. Es que cuando se habla de la inflación por presión de los salarios, se toma como dato inamovible el “mark-up” o recargo que el capitalista establece sobre los costos salariales (más la materia prima). Según este enfoque, cualquier variación de los costos salariales (suponiendo constante la productividad) “debe” traducirse en aumento de precios. Pero esto supone pensar que la tasa de ganancia sobre ventas es inamovible. Y no hay razón para que eso sea así. Dentro de ciertos márgenes, la tasa de ganancia varía, y la lucha sindical puede imponer al capital una distribución del valor agregado más favorable para el trabajo.

En tercer lugar, no existe relación mecánica entre nivel de desocupación e intensidad del conflicto redistributivo. Este último depende de factores tales como la organización de los obreros, el régimen político, las experiencias recientes de los conflictos, y similares. Nada avala la idea de que existe una relación más o menos lineal entre desocupación / salarios / precios. Y estas relaciones se atenúan aún más cuando se tiene en cuenta el mercado mundial. Por ejemplo, en muchos países la apertura a la competencia del exterior ha sido importante para contener presiones salariales.

En cuarto término, es necesario tener en cuenta el régimen monetario. Por ejemplo Marx, cuando analizó la relación entre salarios y ganancias, tuvo en mente un valor del dinero constante. Lo señala Rowthorn: “Los capitalistas” (en la teoría de Marx) “están sujetos a una disciplina monetaria que les impide elevar arbitrariamente el nivel general de precios. … La moneda nacional está ligada al oro de acuerdo con una paridad fija, de tal forma que su capacidad de compra aumenta o cae de acuerdo con la del oro. (…) Marx argumentó que esto impondría una disciplina sobre los precios porque el oro tiene un valor intrínseco propio, regulador de su propio poder de compra y por lo tanto regula el poder de compra de la moneda nacional” (1984, pp. 128-9). Aunque esta situación hoy no existe, un régimen monetario impone una constricción más fuerte que un régimen de “facilidad monetaria”.  

Textos citados:

Agur, I.; D. Capelle y D. Sandri, 2021, “Monetary Expansions and Monetary Risks” box pp. 29-30, IMF, World Economic Outlook, October.

Bernanke, B. y M. Parkinson (1989): “Unemployment, inflation and wages in the American Depression: Are there lessons for Europe?” NBER, Working Paper 2862, February.

Bordo, M. y A. Filardo (2005): “Deflation in a historical perspective”, BIS Working Paper N° 186, Monetary and Economic Department, February.

Click, R. W. (1998): “Seignorage in a Cross-Section of Countries”, Journal of Money, Credit and Banking, vol. 30, pp. 154-71.

Cukierman, A.; S. Edwards y G. Tabellini (1992): “Seignorage and Political Instability”, American Economic Review, vol. 82, pp. 537.55.

De Vroey, M. (1984): “Inflation: a non-monetarist monetary interpretation”, Cambridge Journal of Economics, vol. 8, pp, 381-399.

Gumbinger, K. 2021, “HSH.com on the latest move by the Federal Reserve”, https://www.hsh.com/finance/mortgage/latest-move-by-the-federal-reserve.html

 Frame, W. S.; B. Greene; C. Hull; y J. Zorsky (2021): “FED’s Mortgage-Backed Securities Purchases Sought Calm, Accommodation during Pandemic”, Federal Reserve Bank of Dallas, https://www.dallasfed.org/research/economics/2021/0826

Miles, D.; U. Panizza; R. Reis; A. Ubide (2017): And Yet It Moves. Inflation and the Great Recession, Geneva Reports on the World Economy 19, International Center for Monetary and Banking Studies.  

Ocampo, E. (2020): “The Global Disinflation Puzzle. A Selective Review of the Theory and Evidence in an Historical Context”, Documentos de Trabajo, Economía, N° 726, UCEMA.   

Rowthorn, B. (1984): Capitalismo, inflación y conflicto, México, Nuestro Tiempo.

Para bajar la entrada: https://docs.google.com/document/d/1df3GbpYwLJnSwLOxU-6Lh-u1KrvqUJ40byhVy6P23RY/edit?usp=sharing

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23/12/2021 at 12:08

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Sobre la naturaleza no capitalista de la URSS

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Desde hace tiempo un lector del blog envía comentarios planteando que la URSS fue una forma de capitalismo, capitalismo de Estado. Argumenté mis posiciones en contrario, pero cuando vi que el debate no avanzaba un milímetro, lo dejé. Ahora, y a raíz de una respuesta que di a una lectora, envió un texto (puede verse en la sección Cometarios) con una serie de preguntas que buscan poner en evidencia –las preguntas tienen mucho de retórico- la naturaleza capitalista de la economía soviética. A fin de dar elementos para el análisis, presento preguntas con sus respuestas. Estas últimas son sintéticas. A quienes estén interesados en el debate científico los invito a profundizar en la teoría marxista del valor y del capital, junto al estudio de cómo funcionaba la sociedad soviética.   

1. ¿En la URSS prevalecía la producción mercantil o no?»

Respuesta: No prevalecía la producción mercantil. En primer lugar porque gran parte de la producción era por encargo (medios de producción). Pero en segundo lugar, y más fundamental, no existía lo que Marx llamó «el salto mortal de la mercancía», esto es, el mercado en tanto instancia de validación de los tiempos de trabajo privados como trabajos socialmente necesarios.

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18/12/2021 at 20:24

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Inflación y discusiones en teoría monetaria (3)

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La parte 2 de la nota, aquí

Más sobre la compleja relación dinero, precios, producto

En la segunda parte de la nota hemos planteado que las relaciones lineales y simplistas que postula el monetarismo entre producto y tasa “natural” de desempleo, y entre demanda de dinero e ingreso permanente, no permiten captar la complejidad de las interacciones entre las variables que conforman la ecuación MV = PT. Lo vemos a través de algunos ejemplos teóricos.

Por ejemplo, admitamos provisoriamente la historia monetarista de que una inyección de dinero por parte del banco central lleva al aumento de la demanda de bienes y servicios.
Aumenta pues YR. Según el monetarismo, ese aumento genera inflación. Pero no hay razón para que ello ocurra. Por un lado, si el aumento de la demanda es circunstancial, las empresas responden utilizando su capacidad ociosa (normalmente no trabajan al 100% de capacidad). En ese caso, los rendimientos bien pueden ser constantes (incluso crecientes, por economías de escala) y los precios no tienen por qué aumentar. Alternativamente, supongamos que el aumento de la demanda se prolonga en el tiempo. En ese caso, los capitalistas invierten y amplían la capacidad instalada. Por supuesto, puede existir mayor presión de la demanda en tanto las nuevas inversiones no generan el nuevo output. Pero una vez que se utiliza la nueva capacidad productiva, la demanda se satisface y la inflación se contiene. En todo esto no hay nada que diga que la capacidad productiva está rígida y linealmente limitada por el “ingreso a tasa natural”, como sostienen los monetaristas.

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13/12/2021 at 17:27

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Amenazas a este blog y mi persona, ¿son chiflados o fascistas?

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Tiempo atrás recibí amenazas, vía mail, de unos sujetos que se presentan como «colapsistas». El cargo era que en mi blog y publicaciones no trataba las cosas que ellos piensan que tengo que tratar; y que no discuto las cosas que ellos piensan que tengo que discutir.

Pensé que eran unos chiflados, los marqué como spam, mandé a papelera los mensajes que olieran a ese «colapsismo» y pasé a otra cosa. Pero ahora volvieron las amenazas. y renovadas. Un tal «Control popular de Fronteras» me acaba de enviar varios mails con el siguiente mensaje, que reproduzco en su integridad:

Astarita. 
Has censurado en tu Foro de «Coronavirus y Crisis Capitalista» todos los mensajes de Ruben Tala y el resto de los colapsistas que comenzaron a opinar en aquel. Y has censurado incluso las opiniones de personas simpatizantes del Colapsismo.
Nosotros defendemos a Rubén Tala!Lo defendemos hasta la muerte!
En algunos casos, has dejado en tu foro mensajes de una facción colapsista perjudicando a la otra, lo cual es injusto para las tendencias colapsistas que se han quedado sin capacidad de respuesta.
Nosotros defedemos a todas las corrientes colapsistas!Las defendemos hasta el enfrentamiento total!
Tu falta de discusión democrática es inaceptable. Te pagan los empresarios para censurar el debate sobre colapso? Te vendiste a las petroleras? Quién financia tu blog? Estás empeñado en censurar los discursos anti-modernos?

Advertencia: Tienes 24 horas para publicar TODOS los mensajes referidos al colapsista. O bien, ya que respetamos el poder de decisión que tienes sobre tu blog, debes borrar TODOS los mensajes referidos a colapsismo, esto ya que no estás permitiendo que aquellos sean discutidos, rebatidos o potenciados en una discusión libre y abierta. Es tu decisión, abuelo!
De lo contrario, si decides NO permitir una total libertad de discusión en torno al colapsismo, o si decides NO borrar los demás mensajes sobre colapsismo, entonces se acudirá a la Federación Digital Colapsista y solicitaremos que seas integrado en la lista de Intelectuales Enemigos del Colapsismo Internacional. 
En este caso: te esperarán 12 meses de constantes, permanentes y viciosas campañas de denuncias a nivel global para exponerte. Si crees que el Trotskismo u otras corrientes te han «perseguido» o «tratado mal» en el pasado, aquello no es nada comparado a lo que te espera si te pones en contra a las tribus de centenares de trolls digitales colapsistas en diversos países listos para encontrar un objetivo al cual descargar su odio. 
Astarita, con el Colapsismo NO se juega!
Ten cuidado, porque también somos concientes de las denuncias de algunas de tus estudiantes del pasado: te acuerdas?
Estás advertido. Es tu decisión!

Otros mails vienen firmados por «Iglesia Colapsista» y «Ejercito Insturgencia [sic] Colapsista«. Tengo la duda de si se trata de meros chiflados, o son algo peor: gente que utiliza métodos bestiales, diría que de corte fascista, para imponer a otros qué tienen que investigar, estudiar o discutir.

En cualquier caso, no voy a ceder. Sobre qué temas estudio, investigo, discuto o escribo en el blog lo decido yo. Reafirmo: no voy a publicar comentario alguno en este blog de gente que esté asociada en cualquier forma a esta suerte de bestias. Luché durante toda mi vida consciente contra dictaduras, burócratas que se sienten con derecho a imponernos qué y cómo pensar, y también contra fachos de cualquier especie. No hay «ejércitos de trolls» ni campañas difamatorias que me puedan quebrar en esta determinación.

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12/12/2021 at 11:55

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10 años de economía argentina en algunos gráficos

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En el marco de los festejos del movimiento nacional por los dos años de la asunción del gobierno FyF, presento una serie de gráficos para poner en perspectiva decenal la situación actual de la economía argentina.

PBI 2011-2021 En 2021 el PBI está por debajo del promedio 2011-2019

Fte: INDEC

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10/12/2021 at 13:27

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Inflación y discusiones en teoría monetaria (2)

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La primera parte de la nota, aquí.

Cuestiones teóricas

En esta nota procuramos mostrar que los fallos en los pronósticos de la TCD (véase la primera parte) se deben a la imposibilidad de encajar las complejidades de la economía monetaria capitalista en las relaciones linealmente reductivas y simplistas, y de origen puramente especulativo, que establecen los monetaristas. Para ver por qué, pasamos revista a sus principales afirmaciones.  

  1. La teoría monetaria de Friedman

Recordamos que la afirmación clave de Friedman es que el aumento de la oferta monetaria por encima del aumento del producto real es la causa de la inflación en las economías capitalistas. Para ello sostiene que: a) la oferta monetaria es exógena (la maneja el Banco Central); b) el producto real tiende a estar al nivel del empleo “natural”; c) la velocidad del dinero (o su inversa, la demanda de dinero) es estable.  

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07/12/2021 at 15:43

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Inflación y discusiones en teoría monetaria (1)

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En octubre el nivel de precios en EEUU subió 0,9% con respecto al mes anterior; 6,2% en los últimos 12 meses. Cifras que contrastan con el 1,8% promedio de inflación anual posterior a 2010. Si se quitan los volátiles precios de alimentos y energía (lo que se llama el índice de la inflación núcleo), el aumento fue 4,6%. En los años posteriores a 2010 la tasa de inflación anual promedio en EEUU fue 1,8% (1,96% la inflación núcleo). En la zona del euro la inflación anual en octubre llegó al 4,1% (la inflación núcleo 2%); el promedio anual posterior a 2010 fue 2%. Se plantea entonces la pregunta sobre las causas de esta aceleración de la inflación, y las perspectivas. Lo cual también da la oportunidad para pasar revista a algunos debates que se han desarrollado en los últimos años sobre el tema, con particular atención a la teoría cuantitativa del dinero (TCD).  

Dada la extensión de la nota, la he dividido en partes

La tendencia de las últimas décadas

La tendencia en los países capitalistas desde inicios de los 1980 ha sido desinflacionaria. La inflación global cayó fuertemente desde su pico de 16,9% en 1974 al punto más bajo de 1,9% en 2015, para subir a 2,5% en 2020 (Ha, Kose, Ohnsorge, 2011). En las economías atrasadas (mercados emergentes) bajó desde un pico de 17,5% en 1974 al 3% en 2020. En los países adelantados la inflación pasó de un pico de 15% en 1974 a 3% en 1980 (ibid.). En EEUU la inflación promedio entre 1973 y 1981 fue 8,6%. Bajó a menos del 4% anual entre 1983 y 1990; al 2% en los 1990; y menos del 2% luego de la recesión de 2009. La tendencia de la inflación en EEUU puede verse en el siguiente gráfico:

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01/12/2021 at 16:51

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La caída de la URSS y el debate con el trotskismo

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En una nota anterior (aquí), y en oposición al trotskismo, argumenté por qué en los 1930, aproximadamente, la URSS dejó de ser un Estado proletario. También sostuve que a partir de los 1970 el desarrollo económico de la URSS se debilitó en forma creciente. En este respecto, y en polémica con Altamira, sostuve que no existe una planificación socialista-burocrática. Es que anulada la democracia obrera, y suprimidas “desde arriba” las señales del mercado (en la economía soviética los precios, en su mayoría, eran establecidos por los organismos estatales), la planificación en la URSS avanzaba a ciegas. De ahí los desequilibrios, cuellos de botella, sobreutilización de recursos (materiales y humanos), escaseces y despilfarros (véase, Nove, 1986, para una descripción detallada). A lo que se sumaba la baja productividad y la desafección de las masas trabajadoras con respecto a la propiedad estatal. Como resultado de estos factores, a mediados de los1980 era cada vez más claro el estancamiento y el atraso productivo. Así, aumentaba la distancia entre la economía soviética y las economías de los países capitalistas avanzados. Sostuve entonces que la razón de fondo de la caída y disolución de la URSS fue su creciente estancamiento económico, la enajenación de las masas trabajadoras con relación a lo que se suponía era “su” Estado, y la imposibilidad de resistir la presión del mercado mundial y el avance –marcado desde fines de los 1970- de la mundialización del capital.

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19/11/2021 at 17:26

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