“Abajo el gobierno” y la toma del poder por la clase obrera

En una nota anterior sostuvimos que el acceso de los socialistas al gobierno (al poder Ejecutivo) no es sinónimo de la toma del poder por la clase obrera (aquí). En esta nota ampliamos el argumento, poniendo la atención en la consigna de “Abajo el Gobierno” (“Fuera Milei”), y la convocatoria a constituir comités de apoyo a Myriam Bregman y al FIT-U.
La consigna “Abajo el Gobierno”
Los partidos que integran el FIT-U están levantando, como consigna central para la movilización y organización de las masas, la consigna de “Fuera Milei”. Parece casi de sentido común, dado el carácter ferozmente anti-obrero del gobierno de LLA, el estancamiento económico, el descontento y el abismo de miseria y degradación al que están sometidas las masas. Pero el asunto no es tan simple, exige cierta reflexión. Es que habitualmente el recambio en la cabeza del Poder Ejecutivo actúa de conveniente fusible para la continuidad del Estado y del modo de producción capitalista. Nuestra historia reciente es ilustrativa: a la caída de Alfonsín le siguió el gobierno de Menem. A la caída de Menem le siguió De la Rúa. A la caída de este le siguieron Duhalde y Kirchner; a CFK le siguió Macri; a Macri el gobierno de Alberto Fernández y de nuevo CFK; a estos, Milei. En todos los casos la izquierda agitó el correspondiente “fuera el gobierno”. Pero no por eso el movimiento obrero avanzó en conciencia de clase u organización. De hecho, los recambios en el Ejecutivo sirvieron para recrear esperanzas que desembocaron en nuevos callejones para las masas.
Dinámicas parecidas han ocurrido a nivel de las provincias. Tal vez el caso más significativo sea lo ocurrido en Jujuy, en los 1990. Las luchas de los empleados municipales y del pueblo jujeño, bajo la dirección del combativo Perro Santillán, provocaron la caída de varios gobiernos provinciales, sin que surgiera por ello alguna alternativa superadora. También lo podemos ver en algunos países de la región: en Ecuador hubo 12 presidentes en los últimos 30 años. Peor en Perú: desde 2000 a junio 2026 fueron 12. De nuevo, los recambios en el Poder Ejecutivo funcionaron como válvulas de seguridad del régimen. También en Bolivia hoy está planteada la posibilidad de que las movilizaciones contra el gobierno de Paz sean canalizadas hacia un recambio en las alturas para que nada cambie sustancialmente.
Las experiencias revolucionarias de Rusia (1917) y Alemania (1918-1919)
Lo anterior explica por qué en pasadas experiencias revolucionarias, el planteo de la toma del poder por parte de los socialistas estuvo asociado a la existencia de organismos de masas, típicamente los consejos de obreros, soldados y campesinos. El ejemplo paradigmático lo tenemos en la estrategia del partido Bolchevique en Rusia 1917 y su consigna “todo el poder a los soviets”. El eje era la lucha por la República de los Soviets; la disolución del ejército regular y de la policía; su sustitución por el armamento general del pueblo, la elegibilidad y movilidad de los funcionarios del Estado; la nacionalización de la tierra y la firma de la paz, entre otras medidas. No era un programa de simple cambio de nombres, o partidos, en la cabeza del Estado. En este punto Lenin fue explícito: la tarea no era “derribar al Gobierno Provisional, que se mantiene por la confianza que le brindan las masas pequeñoburguesas y una parte de las masas obreras, sino explicar minuciosamente las tareas de clase y de organización” (Conferencia de la ciudad de Petrogrado del POSD(b)R, abril 1917; p. 259, t. 31 OC Moscú, Progreso).
Este enfoque lo mantiene y generaliza la Internacional Comunista en 1919 cuando afirma que la tarea del proletariado, en el marco del ascenso revolucionario, era “la conquista del poder del Estado”, esto es, “la destrucción del aparato estatal de la burguesía y la organización de un nuevo poder revolucionario”.
Otro caso ilustrativo, es el de Alemania, en 1918. En diciembre de ese año se reunió en Berlín el Congreso de los Consejos de obreros y soldados. Los Espartaquistas, junto a otros delegados revolucionarios, reclamaban la destitución del gobierno del Partido Socialdemócrata (SPD) y el Partido Socialdemócrata Independiente (USPD); el desarme de los contrarrevolucionarios; la formación de una Guardia Roja; la proclamación de la República Socialista; y que todo el poder estuviera en manos de un Ejecutivo elegido por el Consejo General de los obreros y soldados. El centro y la derecha se opusieron y ordenaron la delegación de todo el poder Ejecutivo en el gobierno de Ebert.
Toda la política revolucionaria giraba en torno al poder de los obreros y soldados, su actividad y auto-organización. Así, Rosa Luxemburgo escribía “… no es cuestión de pensar en reemplazar al gobierno de Ebert por un gobierno de revolucionarios que no descansaría sólidamente en una mayoría de los consejos”. El partido socialista no puede sustituir la movilización de las masas.
La cuestión central
El tema, pues, es con qué reemplazar al gobierno al que se llama a derrocar. En otros términos, no basta con decir que los socialistas están en condiciones de gobernar. En particular, la relación entre un ejecutivo socialista y el aparato del Estado es crucial. Nunca se insistirá lo suficiente en que un gobierno “obrero y socialista” que conviva con el aparato estatal burgués y la economía capitalista no es un gobierno “obrero y socialista”, sino un gobierno “obrero capitalista”. Y en ese caso, continuará imperando la mecánica del recambio del fusible “poder Ejecutivo”. Por eso no basta con poner el término “trabajadores” para definir el carácter de clase de un eventual gobierno de Bregman y asociados. La diferencia ente un gobierno obrero revolucionario y un gobierno obrero-burgués es programática, estratégica. Lo que cuenta es qué medidas se toman contra el Estado burgués (las fuerzas armadas en primer lugar), y cómo se genera y desarrolla el poder obrero, básicamente los consejos, los comités de fábrica, o alguna forma similar de organización.
No engañen a la gente
El desarrollo de la movilización, la clarificación por medio de la propaganda y agitación, exigen de parte de los marxistas decir la verdad, no ocultar las dificultades. Si las masas explotadas no se organizan, si no despliegan su potencial crítico subversivo, no habrá transformación social. Por eso, cuando se le pregunta a los socialistas si serían capaces de gobernar, la primera cuestión a señalar es que esa posibilidad depende, fundamentalmente, del grado de actividad e iniciativa de los explotados y oprimidos. No hay respuestas por fuera de lo que determina la lucha de clases y la relación de fuerzas entre la clase obrera y la clase capitalista. De ahí que el surgimiento de formas de doble poder sea tan importante para caracterizar una situación como revolucionaria o, al menos, como prerrevolucionaria. Sin la actividad y el poder organizado de las masas ser presidente “socialista”, o ministro “socialista”, etcétera, no tiene la menor relevancia. En esos casos esos “socialistas” estarán obligado a convivir con el Estado y régimen burgués.
Subrayamos estas cuestiones porque tienden a ocultarse. Al respecto, es ilustrativa la explicación que da el “Pollo” Sobrero (importante dirigente de los ferroviarios de zona Oeste, dirigente de Izquierda Socialista y el FIT-U) de por qué los socialistas están en condiciones de gobernar y transformar a la Argentina (véase Entrevistas: Fenómeno Bregman, la Izquierda y cómo organizarnos | Izquierda Socialista FIT-U). Dice Sobrero: “La izquierda puede y debe gobernar. Porque para sacar el país adelante, ya gobernaron todos. No podemos gobernar con los mismos que nos llevaron a este desastre”. Sostiene que con lo que se va a pagar en julio por la deuda externa, 4500 millones de dólares, se pueden construir 100.000 viviendas y darle trabajo a medio millón de personas, con lo cual se puede reactivar la economía. “A corto plazo se verían los frutos”. También se podría aumentar los salarios y las jubilaciones, poner plata para la educación, la salud. “Y esto solo lo puede hacer un gobierno de la clase trabajadora”.
Una primera cuestión, que ya discutí en otras notas, es que, desde el punto de vista fáctico, no es cierto que si se deja de pagar la deuda el gobierno argentino tendría a su disposición los miles de millones de dólares de los que habla Sobrero. La razón es que en buena medida la deuda se paga contrayendo más deuda. En especial, con los organismos internacionales se refinancian los principales y se capitaliza buena parte de los intereses. Esto habría entonces que aclararlo. Pero no es el principal problema del discurso de Sobrero.
El principal problema es que Sobrero presenta el asunto como si fuera una cuestión de simple trámite administrativo: dejamos de pagar la deuda, disponemos de miles de millones y “el país sale adelante” (¿y las clases sociales?). Pero el planteo es una abstracción. Si la clase dominante viera peligrar su posición no se quedaría quieta. Habrá fuga de capitales, atesoramiento en dólares, (no solo de la clase capitalista, también de la pequeña burguesía), lock-out patronales, sabotajes. Por lo cual hay que sacarse de la cabeza la idea de que bastará con no pagar la deuda para que las cosas se encarrilen. El programa deberá ser articulado –es la idea del programa transicional a ser aplicado por el gobierno- y apoyado con la movilización y organización de las masas explotadas. La acción del Ejecutivo (dejar de pagar la deuda) solo tendrá sentido progresista en ese marco. E incluso, cabe un agregado: las posibilidades de un gobierno revolucionario de no pagar la deuda externa también dependen del grado en que una revolución socialista en Argentina sea apoyada por la clase obrera de otros países (al respecto es interesante la advertencia de Lenin a los comunistas alemanes que prometían desconocer la deuda si llegaban al poder; véase “El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo”).
Estas cuestiones parecen elementales, pero Sobrero las pasa por alto. El acceso de Myriam Bregman, y en particular el no pago de la deuda, es presentado como una medida tranquila, que no tiene por qué alterar a la opinión pública progresista. ¿Por qué? ¿Acaso Sobrero desconoce que el curso real de un eventual proceso revolucionario estará marcado por la exacerbación de la lucha de clases, por el choque entre la revolución y la contrarrevolución? Y en el medio la posición de las capas medias y de la pequeña burguesía. ¿Por qué Sobrero barre estas cuestiones debajo de la alfombra? Todo parece indicar que en este discurso subyace una preocupación por no salirse del legalismo democrático burgués. Tal vez permita ganar votos, pero no educa en las ideas revolucionarias.
Cuestiones que habría que aclarar
La convocatoria a conformar comités unitarios de apoyo a Bregman y el FIT-U está atravesada por polémicas, prácticas sectarias y algunos importantes malentendidos.
Un primer problema es que no se debe confundir un frente unido por reivindicaciones elementales, de lo que son comités de apoyo a un partido, o a un Frente de partidos, como es el FIT-U (un frente de cuatro organizaciones trotskistas). Para explicar lo que queremos decir, tomamos el caso del activismo y la militancia obrera del Garrahan. Los trabajadores están siendo atacados por el gobierno de Milei. Ante esa situación, lo fundamental es unir fuerzas. O sea, se impone reunir y organizar a los trabajadores que coincidan, al margen de diversas posturas políticas e ideológicas, en el objetivo de frenar la ofensiva reaccionaria y anti-obrera. Todo aquel que esté dispuesto a dar esa pelea debe ser bienvenido a la unidad de acción, al frente obrero. Por eso, es un error sectario llamar, como hacen algunos dirigentes, a formar comités del FIT-U para encarar esa lucha. Un comité del FIT-U agrupa a los que están de acuerdo con el programa trotskista (al menos en sus posiciones fundamentales). El Frente Único obrero, en cambio, reúne a los trotskistas y no trotskistas que estén dispuestos a luchar por las demandas que unifican.
En segundo lugar, es preciso aclarar que los comités en apoyo al FIT-U no sustituyen a los consejos (soviets) y demás organismos de doble poder de masas. Estos históricamente han surgido como expresión de la voluntad de la clase obrera. No pueden ser el resultado de una construcción “desde arriba”, y menos cuando se lo intenta hacer desde organizaciones o partidos minúsculos.
En tercer lugar, habría que precisar qué se entiende por comités “unitarios”. En el caso del FIT-U, lo “unitario” para el PTS parecen ser las reuniones y actos de sus militantes y de los simpatizantes de Bregman, conducidos por los dirigentes del PTS. En cambio, lo “unitario” para PO e IS parecen ser los comités integrados por quienes adhieren, o simpatizan, con el programa del FIT-U.
En cuarto término, es necesario clarificar qué rol tiene la consigna “Fuera Milei” en relación a las tácticas y actividades inmediatas. Planteamos el tema a partir de lo ocurrido con la manifestación del 10 de junio contra los cierres de empresas y despidos. Es que, según informó Prensa Obrera (PO) esta movilización fue organizada por un Plenario Obrero convocado a partir de la asamblea general del gremio del Sutna (neumático). O sea, la parte más consciente y avanzada del movimiento obrero. Sin embargo, la demanda “Fuera Milei” –siempre ateniéndonos a lo que informa PO-, no figuró en la convocatoria.
Para terminar, una reflexión sobre simpatías y lucha de clases
La actualidad de las discusiones en torno a los comités de apoyo al FIT-U y la eventualidad de un salto en el plano electoral tienen por sustrato la simpatía que despierta Myriam Bregman en buena parte de la ciudadanía. Las encuestas la ponen entre los dirigentes de mejor imagen positiva. Esta ubicación de Bregman ha llevado a algunos militantes del FIT-U a decir que podría estar produciéndose un giro a la izquierda de las masas que tradicionalmente han votado al peronismo.
Pues bien, lo primero a advertir es que, a la luz de la experiencia histórica, habría que ser prudentes en estas caracterizaciones. Después de todo, ya en 1946 Victorio Codovilla, del PC, hablaba del giro a la izquierda de las masas peronistas, y desde entonces el dictum se repitió en las más variadas circunstancias. Pero por otra parte, y más importante, es necesario reflexionar acerca del contenido político e ideológico de las simpatías no socialistas por una candidata socialista. Lo explicamos con un ejemplo: cuando Bregman y el PTS salieron a defender, con argumentos “antiimperialistas” a CFK (Crisstina no es chorra y corrupta sino una víctima de Trump y Washington), los militantes kirchneristas aumentaron su simpatía por la candidata del FIT-U. La cuestión sin embargo es ¿esos militantes nacionales y populares giraron a la izquierda, o son Bregman y el PTS los que giraron hacia el peronismo izquierdista? ¿Cuál es el contenido de clase de esos “giros”? Preguntas similares pueden suscitarse en torno a otros temas. Por ejemplo, en relación a los sectores del peronismo que se sienten interpretados por el discurso de los trotskistas que llaman a defender la industria nacional; o que se identifican con las “soluciones en píldoras reformistas” del tipo de las propuestas de Sobrero.
Vinculado a esta cuestión está la caracterización de la lucha de clases. Nuestra idea es que, por ahora, estamos lejos de algo que se acerque siquiera a una situación revolucionaria (o prerrevolucionaria). En relación a la profundidad del ataque que se está desarrollando contra la clase obrera y los sectores populares, la respuesta ha sido débil, por no decir extremadamente débil. Las luchas son defensivas, en su mayoría contra los cierres de empresas y los despidos. La baja de salarios y jubilaciones, el aumento de la precariedad e informalidad laboral, el ataque a la salud y la educación públicas, la ofensiva contra el derecho de huelga, para citar solo algunos de los ítems principales, no han encontrado, por ahora, resistencia seria. Se evidencia incluso en el bajo cuestionamiento a las direcciones sindicales burocráticas por parte de las bases. No negamos que esto pueda cambiar en un futuro más o menos cercano, pero el hecho es que, por ahora, no ha ocurrido.
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1lXTH9FLQbfk_7xJnmApM6sRR7JUp07ANLolF5wRMD9w/edit?usp=sharing
Charla introductoria a «El Capital»

El jueves 28 de mayo pasado di una charla, en la Facultad de Ciencias Económicas, UBA, introductoria al taller de lectura de El Capital, organizado por la UJS (Partido Obrero) de Económicas, mxe. Se encuadra en la Cátedra libre «En defensa del marxismo».
Mi intervención se centró en las dos primeras secciones del capítulo 1 de El Capital. La primera sección es sobre la mercancía y sus dos factores, el valor de uso y el valor (la sustancia del valor). La segunda sección está dedicada al doble carácter del trabajo representado en la mercancía. En este marco, señalé algunas de las principales inconsistencias y problemas que encierra la teoría del valor basada en la utilidad marginal, defendida por los neoclásicos y los «austriacos» (Menger, von Mises, Hayek).
También participó del evento Pablo Heller, dirigente del Partido Obrero. Para los interesados, aquí van dos enlaces. El primero solo contiene mi exposición y posteriores intervenciones en el debate: Charla introductoria al Capital
El segundo enlace presenta el evento entero: 20260528 El Capital – MXE clase 1.mp4 – Google Drive
“Fanáticos de la intervención del Estado”

“El Estado –es lo opuesto de lo que dice Milei- … nosotros somos fanáticos de que el Estado tiene que controlar los resortes fundamentales [de la economía]”. Lo declara Juan Carlos Giordano, dirigente de IS y del FIT-U, reporteado recientemente en el programa “Chiche en vivo”. Puede verse en Millones ven con buenos ojos a Myriam Bregman – Giordano -Chiche en vivo | Izquierda Socialista FITU (a partir del minuto 9). El periodista interrumpe “pará, ustedes van por más Estado, a diferencia de Milei”. Giordano precisa que con el kirchnerismo lo del Estado se desvirtuó porque sirvió para reconocer la deuda que dejó el gobierno de Macri y Caputo con el FMI. “Entonces, nacionalizar el comercio exterior y la banca es clave. Eso es otra chorrera igual que la deuda externa donde se va la fuga de capitales. [El comercio exterior] “lo controlan Cargill, las multinacionales yanquis”.
En oposición a lo que dice Giordano, sostengo que los marxistas no somos “fanáticos de la intervención del Estado”. Es que en tanto la clase obrera no tome el poder, y destruya al Estado, la intervención del Estado en la economía estará al servicio de los intereses del capital. De manera más general, afirmamos que la idea de que la intervención del Estado en la economía nos acerca al socialismo, es equivocada. Esa es la base de la crítica marxista al Estado capitalista. Relacionado a esto, y en oposición a lo que afirma Giordano, es equivocado decir que el Estado burgués “puede controlar los resortes fundamentales” de la economía capitalista. El “resorte fundamental” en la economía capitalista es la explotación de la clase obrera, la generación de plusvalía por el trabajo asalariado y su apropiación por la clase capitalista. Cómo se reparte esta torta al interior de la clase capitalista (los capitales privados, el capitalismo de Estado, la alta burocracia estatal) es una cuestión secundaria. El control del comercio exterior, por caso, puede afectar esa distribución, pero no afecta a la relación esencial.
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El Programa de Transición (en adelante PT) fue aprobado por el Congreso de fundación de la Cuarta Internacional, en 1938. Hasta hoy los trotskistas sostienen que, en lo esencial, es el programa adecuado para la era “de descomposición y agonía del capitalismo”. En notas anteriores hemos criticado la tesis basal del PT, a saber, que las fuerzas productivas, a nivel global, y tendencialmente, han dejado de crecer (los más “ortodoxos” remontan el estancamiento a 1914). En esta entrada mostramos que, si se elimina esta tesis, no se sostiene la lógica que recorre el PT. Comenzamos puntualizando las afirmaciones clave del PT.
- Las fuerzas productivas dejaron de crecer
Afirma el PT: “La premisa económica de la revolución proletaria ha llegado hace mucho tiempo al punto más alto que le sea dado alcanzar bajo el capitalismo. Las fuerzas productivas han dejado de crecer. Las nuevas innovaciones y los nuevos progresos técnicos no conducen al acrecentamiento de la riqueza material”. (…)
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En mi respuesta a Ariel Petruccelli (aquí) sostuve que el trotskismo se ha convertido en una iglesia política. La mejor prueba de ello es el planteo de que el capitalismo está estancado desde hace 50 o más años. Una tesis insostenible desde la evidencia empírica y la teoría marxista de la acumulación y crisis, pero clave para la lógica que recorre el Programa de Transición, fundacional de la Cuarta Internacional.
He criticado en repetidas ocasiones esta tesis. La última vez aquí. En esta nota he presentado datos actualizados sobre el crecimiento, en los últimos 50 años, del producto; de la productividad; de la clase obrera; del mercado mundial; de la esperanza de vida; y de los niveles de escolarización. En dos notas posteriores –aunque ya no referidas a la posición del trotskismo- destaqué que se estamos asistiendo a una extendida revolución tecnológica (entre otros cambios mencionemos la incorporación de la IA y robótica a la producción).
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El 27 de abril pasado subí la nota “Discusiones en el FIT-U sobre elecciones y toma del poder”. Es una crítica de la Carta Abierta (en adelante CA) “La izquierda ante un gran desafío”. Mi nota fue respondida por Ariel Petruccelli, uno de los autores de CA, Sobre algunas repercusiones de la carta abierta “La izquierda ante un gran desafío”. En esta entrada respondo a sus críticas.
Mi posición, según Petruccelli
Petruccelli escribe: “Astarita… parece asumir una dicotomía entre acceso al gobierno por medios electorales y cambios revolucionarios genuinos”.
Es una formulación confusa de lo que sostengo. Preciso entonces: sostengo que los revolucionarios no deben asumir ninguna responsabilidad por la conducción del Estado burgués. Lo cual conecta con el hecho de que el acceso a la presidencia por vía electoral no es sinónimo de la toma del poder por la clase obrera. Este es el punto central. Si un partido obrero y socialista triunfara en una elección presidencial debería, inevitablemente, poner en cuestión su relación con el aparato estatal. Una transformación revolucionaria no puede hacer abstracción de esto. Las preguntas que adelanté en mi nota, acerca de la relación entre un eventual gobierno socialista y las fuerzas armadas, la Justicia, y el poder del Estado en general, tienen que ver con esto. Por eso, no estamos ante una simple “dicotomía” (una división entre acceso a la presidencia por vía electoral y el aparato estatal), como sugiere Petruccelli, sino ante el choque de una posición “socialista” dentro del Estado y la necesidad de terminar con el aparato de Estado burgués.
Lee el resto de esta entrada »Revolución tecnológica según McKinsey

En una entrada anterior, “Una nueva revolución tecnológica en desarrollo” (aquí), sugerimos que podíamos estar asistiendo a un cambio tecnológico global de proporciones. En las conclusiones de la nota escribimos:
“Todo indica que estamos asistiendo a un nuevo salto en el cambio tecnológico, de alto impacto en muchas ramas y actividades. Lo cual plantea nuevos interrogantes y cuestiones. Entre ellos, la perspectiva de largo plazo del empleo – desempleo, en especial por la introducción de la IA en las empresas. También sobre las nuevas formas de trabajo precarizado y sobreexplotado, como ocurre con los trabajadores de las plataformas digitales (posibilitadas por la internet). Y la creciente concentración de los capitales (de EEUU y China principalmente) que están a la cabeza de estas transformaciones”.
Publicada la nota, Robert Mckee me llamó la atención sobre los informes de la consultora McKinsey sobre el actual cambio tecnológico, y en especial el enlace a la última actualización. Las industrias de alto crecimiento que están transformando la economía global | McKinsey. En lo que sigue reproduzco sus partes salientes.
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Huellas del sur Boletín informativo 25/04/2026 reproduce la Carta Abierta que lleva por título “La izquierda ante un gran desafío” (22/04/2026), redactada por Aldo Casas, Ariel Petrucelli, Eduardo Lucita y Juan Pablo Casielo, y respaldada por otros intelectuales de renombre (La izquierda ante un gran desafío – Huella del Sur).
Básicamente Carta Abierta (en adelante CA) sostiene que el apoyo al gobierno de Milei “cae significativamente” debido a la crisis económica, la caída de los salarios y las jubilaciones, la inflación, el cierre de fábricas, el desempleo y los casos de corrupción. Esta situación del gobierno, y la debilidad de la oposición que encarna el peronismo, explicarían el aumento la intención de voto para el FIT-U y en especial, el creciente apoyo a Miriam Bregman. Se abre entonces la posibilidad de que el FIT-U gane las elecciones presidenciales del próximo año.
Sin embargo, señala CA, la misma Bregman, y Cristian Castillo pusieron “paños fríos” a esa posibilidad. Es que, argumentan, todavía no están dadas las condiciones para un gobierno de izquierda: “falta desarrollo de organismos de doble poder tipo soviets, una clase obrera organizada y movilizada, etc. (…) … una cosa es estar en el gobierno y otra es tener el poder” … en las actuales condiciones cualquier gobierno de la izquierda sería bloqueado por los grupos que detentan el poder que no están dispuestos a perder ninguno de sus privilegios”, dicen los dirigentes del PTS.
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Días pasados, en una visita a Tucumán, invitado por la Fundación Federalismo y Libertad, Javier Milei hizo una fuerte reivindicación de la Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (en adelante RN), de Adam Smith: «Tengo intención en el día de hoy de describir las contribuciones esenciales de Adam Smith que tienen consecuencia directa en la forma en la cual nosotros diseñamos nuestras políticas públicas», declaró. “En mi perspectiva las riquezas de las naciones, lo que plantea es el crecimiento económico”. [Smith] “cuenta de la fábrica de alfileres, una persona se dedicara a hacer todo, no va a poder pero si es experto, y pudiera, no podría hacer más de 20 por día. Ahí separa en actividades la fábrica entre 10 personas, crecía la productividad del hombre. Se incrementa el trabajo y el producto. La división del trabajo incrementa la productividad y esto es interesante sobre todas las estupideces que se dicen hoy”.
También: “Cuando aparece alguien y genera una invención y se crea un producto destruye otras cosas, pero compras algo de mejor calidad y a mejor precio. Reasignas el empleo a otra persona y sos más productivo. Ese proceso no es instantáneo pero no es cierto que se rompe una empresa instantáneamente, se necesita una modernización y flexibilización laboral, como hicimos. Se necesitaba una modernización para que no haya sufrimiento en este proceso”.
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El cambio tecnológico, y el desarrollo de la tecnología fueron objetos centrales de la investigación de Marx. En ese terreno destacan los capítulos de El capital dedicados a la cooperación; a la división del trabajo (manufactura); y las máquinas herramientas y la máquina de vapor, que determinaron la Revolución Industrial.
Sin embargo, y a pesar de su importancia, el interés de los marxistas por estas cuestiones disminuyó después de la muerte de Marx. Los autores más influyentes se centraron en cuestiones como los monopolios, el capital financiero y el imperialismo; las crisis económicas; el desarrollo (o imposibilidad de desarrollo) del capitalismo en las periferias; y, aunque más parcialmente, en las economías planificadas de tipo soviético. En sentido parecido, los neoschumpeterianos también señalaron el “relativo olvido” por parte de la teoría económica en general del cambio tecnológico, a pesar del consenso en que es una fuente principal de dinamismo de las economías capitalistas (véase, por ejemplo, “La economía del cambio tecnológico”, Cristopher Freeman, 1998, Aportaciones de Freeman a la neoschumpeteriana | PDF | Innovación | Conocimiento).
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