Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Sobreproducción y desproporción en David Ricardo, y la crítica de Marx

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Una pregunta que se plantea con frecuencia en torno a la teoría de las crisis de Marx es si la crisis por sobreproducción no es, en sustancia, una crisis por desproporción. Es que, se razona, si todas las ramas crecen proporcionadamente, y si los productos de una rama se compran con los productos de las otras ramas, ¿cómo puede desatarse una crisis por sobreproducción? Solo podría ocurrir por desequilibrios parciales, debidos a errores de cálculo de los capitalistas de algunas ramas, o algún accidente particular. En cualquier caso, esas dificultades podrían subsanarse fácilmente por el traslado de capitales desde las ramas en que se hubiera producido “demasiado” a las ramas en que se hubiera producido “demasiado poco”. En conclusión, las economías capitalistas podrían crecer con suaves fluctuaciones en torno al equilibrio entre oferta y demanda. Tendríamos así una suerte de ley de Say con imperfecciones, corregibles a bajo costo. Con el plus de que a medida que las empresas –en especial, las grandes compañías- adquiriesen experiencia, ajustarían sus previsiones de demanda y los errores de cálculo se reducirían.

A fin de avanzar en esta cuestión presento la crítica de Marx a la teoría de la acumulación de David Ricardo. Es que también Ricardo sostuvo que las crisis solo podían ocurrir por desproporciones entre las ramas; y negó la posibilidad de la crisis general de sobreproducción.

El planteo de Ricardo

Lo esencial de la teoría de la acumulación de Ricardo está contenido en el capítulo 21 de los Principios. Allí sostiene que Say demostró que “no hay cantidad de capital que no pueda ser empleada en un país porque la demanda está limitada únicamente por la producción. Ningún hombre produce si no es para consumir o vender, y nunca vende si no es con la intención de comprar alguna otra mercancía que le pueda ser de utilidad inmediata, o que pueda contribuir a una producción futura” (pp. 216-7). Más abajo:

Las producciones se compran siempre con producciones o con servicios, el dinero es únicamente un medio por el cual se efectúa el cambio” (pp. 217-8; énfasis agregado). En seguida, la idea de que la sobreproducción solo puede ser parcial, no general: “Puede producirse en exceso una determinada mercancía cuyo mercado esté tan saturado que el capital gastado en ella no produzca la utilidad habitual.; pero este no puede ser el caso con respecto a todas las mercancías” (p. 218). Explica luego que la demanda en alguna rama en particular puede estar limitada si se satisfacen las necesidades del consumo de ese producto; por ejemplo, el deseo de consumir cereales “se halla limitado en todos los seres humanos por la limitada capacidad de su estómago”. Sin embargo, no hay límites cuando se trata del conjunto de los diversos bienes que los seres humanos consumen (véase p. 219). Por lo tanto, se deduce que no hay límite para la demanda ni para el empleo del capital “mientras este rinda algún beneficios” (y la baja de las utilidades solo puede deberse a un alza de salarios; véase p. 221). Dado entonces que la misma producción genera automáticamente su correspondiente demanda, de hecho Ricardo niega la necesidad de ampliación de la demanda (véase al respecto la observación de Marx en  p. 449, t. 2, Teorías). 

La crítica de Marx

Una primera cuestión que destaca Marx es que, contra lo que afirma Ricardo, el objetivo que guía la acumulación no es el consumo sino “el capital mismo, el nivel existente de las condiciones de la producción y el deseo ilimitado de los capitalistas de enriquecerse y ampliar su capital” (p. 422, ibid.). Poco antes, y en el mismo sentido, había señalado que cada capital “actúa en una escala que no se determina por la demanda individual… sino por el esfuerzo de realizar… tanto sobretrabajo como sea posible y de producir la mayor cantidad posible de mercancías con determinado capital; 2) cada capital se esfuerza por captar la mayor parte posible del mercado y por suplantar a sus competidores y excluirlos del mercado” (p. 416; ibid.).

Pero al guiarse la producción por la lógica de la ganancia, y las necesidades que impone la competencia, tiende a autonomizarse con respecto a la demanda. Por eso, sostiene Marx, si bien la producción y la realización, o venta, están conectadas, tienen independencia (véase p. 449, ibid.). En El capital: “Las condiciones de la explotación directa y las de su realización no son idénticas. Divergen no solo en cuanto a tiempo y lugar, sino también conceptualmente” (p. 313, t. 3; énfasis añadido). En consecuencia, el impulso a generar tanto plustrabajo como sea posible no se traduce automáticamente en la ampliación proporcional del mercado. Pero si esto es así, la demanda no se amplía automáticamente con la ampliación de la producción, como sostenía Ricardo.

La teoría del valor de Ricardo y la ley de Say

Llegados a este punto, es conveniente establecer la conexión entre la teoría del valor de Ricardo, su concepción del dinero y su defensa de la ley de Say.

La base para entender esta conexión es que Ricardo, como señala Marx, nunca analizó, ni dio importancia, a la forma del valor. Esto es, nunca se preguntó siquiera por qué los trabajos humanos invertidos en la producción se comparan a través de los precios. Por eso trató a la forma del valor “como cosa completamente indiferente, o incluso exterior a la naturaleza de la mercancía” (p. 98, t. 1, El capital). De ahí también que el dinero, en su enfoque, solo es un facilitador de los intercambios. Las características del equivalente general, el dinero, destacadas por Marx – valor de uso que encarna valor; producto de trabajo concreto que expresa trabajo abstracto; producto de trabajo privado que encarna tiempo de trabajo social- son ajenas a Ricardo.

Por eso, Ricardo tampoco da importancia a la venta, a la realización del valor en el mercado; ni a la separación en tiempo y espacio entre venta y compra que introduce el dinero. Esta es la base teórica para su aceptación de la ley de Say: dado que no tiene en cuenta el rol del dinero como medio de atesoramiento, concluye que la oferta (venta) siempre generará su correspondiente demanda (compra). De ahí que M-D-M, en Ricardo, es casi un circuito de trueque; el dinero, un simple mediador destinado a circular.

En Marx, en cambio, ya en la producción simple de mercancías anida la posibilidad teórica de que a las ventas no le sigan las compras correspondientes. Esto se debe a que el dinero escinde lo que en el trueque es identidad, en dos actos, venta y compra. En palabras de Marx, el dinero, además de ser el medio por el cual se efectúa el intercambio “es al mismo tiempo el medio gracias al cual el intercambio del producto por producto se divide en dos actos independientes entre sí, y separados en el tiempo y el espacio” (p. 432, ibid.).

Pero entonces puede ocurrir que, al menos durante un período de tiempo, el dinero se atesore, y se lo busque para atesorar. En esas coyunturas, todas las mercancías se sobre-ofertan (a pesar de la caída de los precios) porque por todos lados se demanda dinero (hecho característico de la crisis, la búsqueda de liquidez). Una posibilidad que, al menos en abstracto, ya está presente en la producción simple de mercancías. “Nadie puede vender sin que otro compre. Pero nadie necesita comprar inmediatamente por el solo hecho de haber vendido” (Marx, p. 138, t. 1, El capital). Si en muchos puntos se produjeran ventas no seguidas de compras, tenemos el atesoramiento generalizado que acabamos de describir. Además, pueden producirse ventas para pagar deudas (“las ventas forzosas representan un papel de suma importancia en las crisis”, p. 431, t. 2, Teorías.).

Subrayamos que esta concepción de Ricardo conecta orgánicamente con su teoría del valor: “El hecho de que Ricardo considere el dinero nada más que como un medio de circulación es sinónimo de su consideración del valor de cambio como una simple forma transitoria y en general como algo puramente formal en la producción burguesa o capitalista, que, por consiguiente, no es para él un modo definido y específico de producción, sino nada más que el modo de producción” (nota, p. 432, ibid.).  

Naturalmente, estos problemas están en el centro de la negación de Ricardo de la crisis por sobreproducción. Es que al pasar por alto la forma del valor, pasa por alto las contradicciones de la mercancía y con ello transforma el intercambio de mercancías en simple intercambio de productos. En palabras de Marx: “… la mercancía, en la cual existe la contradicción entre valor de cambio y valor de uso se convierte [en Ricardo] en un simple producto (valor de uso) y por lo tanto el intercambio de mercancías se transforma en un simple trueque de productos, de simples valores de uso” (p. 430, ibid.). Lo cual representa un regreso no solo a la época de la producción simple de mercancías (anterior al capitalismo), sino incluso a períodos más antiguos. “Al negar la primera condición de la producción capitalista, a saber, que el producto debe ser una mercancía y por lo tanto expresarse como dinero y pasar por el proceso de metamorfosis”, Ricardo negó “el fenómeno mismo de las crisis capitalistas” (ibid.). Por eso tampoco puede explicar por qué, cuando estalla una crisis general de sobreproducción, todas las mercancías son ofrecidas porque todas buscan convertirse en dinero.

De la posibilidad abstracta a la inevitabilidad de la crisis

Sin embargo, en la producción simple de mercancías la posibilidad de la crisis es todavía abstracta. Es cierto que Marx, en el capítulo 3 de El capital, plantea la posibilidad de sobreproducción en una rama (su ejemplo es la producción de tela), en el marco de una producción simple de mercancías. Pero en ese estadio la posibilidad de la crisis es formal. Es que si bien está contenida en la contradicción mercancía-dinero, “los factores que convierten esa posibilidad de la crisis en una crisis real no se encuentran contenidos en la forma misma; esta solo implica que existe el marco para una crisis” (p. 437, ibid.). Bajo esa forma social todavía no hay crisis. “Por lo tanto, estas formas por sí solas no explican por qué… la contradicción potencial contenida en ellas se convierte en contradicción real” (p. 439, ibid.). Si nos quedamos entonces en esas formas, que la sobreproducción y la crisis ocurran o no, es accidental, su aparición es obra del azar (véase ibid.).

Es sobre la base del capital, o sea, de la producción desarrollada de las mercancías y el dinero, que la contradicción potencial contenida en la forma mercancía y la forma dinero “se convierte en una contradicción real” (ibid.). Por eso, el desarrollo de las condiciones de la crisis es obra del capitalismo: “las crisis surgen de los aspectos especiales del capital, peculiares a él como capital, y no solo contenidos en su existencia como mercancía y dinero” (ibid.). Poco más arriba Marx también señala que el desarrollo de esas condiciones para la crisis anida en la “naturaleza general del capital” (véase p. 432, ibid.).  ¿Y cuál es esa “naturaleza general del capital”? Pues el que revela la secuencia D-M-D, la circulación del dinero como capital. Es la causa del impulso a producir por encima de todo límite de la demanda: “la naturaleza de la producción capitalista consiste en producir sin tener en cuenta los límites del mercado” (p. 446, ibid.). Y el capitalista que falla en esto no puede sostener la lucha competitiva. De ahí que a cada cual la ley del mercado se le impone en forma de leyes constrictivas de la competencia. “El producto domina a los productores”, dice Engels en el Anti-Dühring (p. 269). Por eso también la crisis real “solo puede imponerse a partir del movimiento real de la producción capitalista, de la competencia y el crédito” (p. 439, t. 2, Teorías).

Volviendo ahora a la concepción ricardiana, si en cambio se dice que el objetivo de la producción es el consumo, y que el producto se cambia por producto, no hay manera de explicar las crisis de sobreproducción. Por eso, en nota al pie del pasaje de El capital que citamos más arriba, Marx señala que McCulloch comete el error, al examinar las crisis de sobreproducción, de presentar al capitalista solo interesado en el valor de uso. En Teorías también señala el error de James Mill (formuló la ley de los mercados junto a Say) de negar la crisis de sobreproducción al suponer que los productos se intercambian por productos. En ese caso, oferta y demanda siempre coinciden; y ahí la conclusión de Mill y los defensores de la ley de Say de que “la demanda es oferta y la oferta es demanda” (véase p. 423, ibid.). Por lo cual solo habría crisis parciales, causadas por desproporciones transitorias.

Desproporciones y crisis general

Si la economía fuera planificada, si las ramas progresaran de forma relativamente proporcional, y atendiendo a la necesidad social, no habría crisis de sobreproducción. Pero en el capitalismo, donde los trabajos son privados, el equilibrio e interdependencia entre las ramas solo se consigue mediante constantes desequilibrios. “[C]omo la producción capitalista solo se da rienda suelta en ciertas esferas, en determinadas condiciones, no habría producción capitalista si tuviese que desarrollarse al mismo tiempo y en forma pareja en todas las esferas” (p. 455, ibid.).

En particular, las fases de ascenso del ciclo económico son arrastradas por las ramas más dinámicas – producen mercancías innovadoras; o aplican procesos productivos innovadores – en las que abundan las oportunidades de beneficios extraordinarios. Y alrededor de estas industrias “de punta” surgen y se desarrollan otras ramas que conectan con ellas. Por eso la distinción – que hace Marx- entre dos formas de sobreproducción: la absoluta, cuando una, o algunas ramas producen por encima de las necesidades del mercado; y la relativa, que ocurre cuando al abarrotamiento en las primeras provoca el abarrotamiento en las segundas, en las que en principio no había sobreproducción. Así, algunas de las ramas más dinámicas durante la fase alcista, impulsadas por los flujos de capitales que llegan en busca de elevadas ganancias, y por el crédito, desembocan en situaciones de sobreproducción y sobreacumulación, y a partir de ello, precipitan la sobreproducción general.

Marx ilustra el proceso: el estancamiento del mercado de telas de algodón afecta a los trabajadores de la rama, que ahora no pueden consumir, pero también a hilanderos, cultivadores de algodón, fabricantes de máquinas para la rama, productores de hierro y carbón. Por lo cual descienden el consumo y la demanda en todas estas ramas, repercutiendo a su vez en el resto de la economía (véase pp. 447-8, ibid.). La sobreproducción, “fenómeno básico de las crisis” (p. 451, ibid.), es entonces general. De ahí la caída de los precios y las ganancias, la desvalorización de los activos financieros, el desapalancamiento, las quiebras de empresas y las masas de trabajadores arrojados al desempleo. 

En esta dinámica es necesario introducir el rol del crédito, que conecta a las ramas y actividades. “En un sistema de producción en el cual toda la conexión del sistema de reproducción se basa en el crédito, si el crédito cesa súbitamente y solo vale el pago en efectivo, debe producirse evidentemente una crisis, una violenta corrida en procura de medios de pago” (p. 630, t. 3, El capital).

Este tipo de dinámica es registrado por Marx y Engels en la crisis de 1847. La sobreproducción, y sobreacumulación “absolutas” ocurrieron en las dos ramas que habían arrastrado al resto de la economía, construcción ferroviaria y textiles, en la fase previa, alcista. Esas ramas fueron a su vez terreno fértil para la especulación (y la realización de todo tipo de fraudes). Y a partir de la sobreproducción y sobreacumulación en textiles y construcciones ferroviarias, se desató la crisis financiera (se encadenan los incumplimientos y las quiebras: todos procuran hacerse de cash), y se generalizó la depresión.

Observación sobre el método de Marx

Según Marx, el objetivo de la investigación es descubrir “la relación intrínseca que existe entre las categorías económicas, o la oscura estructura del sistema económico burgués” (p. 141, t. 2, Teorías). Esto es, mostrar la conexión interna, necesaria, entre, por caso, la producción basada en la propiedad privada, la mercancía y el valor (el hecho de que los trabajos se comparen a través de “cosas que valen”); entre la teoría del valor y la teoría monetaria; entre la noción de capital y la producción capitalista de mercancías; el impulso a ampliar la producción de valor y los límites para la realización del valor. Este método de Marx se muestra también por la negativa, en su crítica a Ricardo. Es una crítica a su sistema, a las conexiones que establece entre, por caso, teoría del valor, su teoría monetaria y su negación de la posibilidad misma de las crisis de sobreproducción. De esta manera, la crisis es presentada, en Marx, como el producto necesario, e inevitable, de la naturaleza general del capital. La explicación es interna; no se apela a accidentes ni errores subjetivos, o shocks extraños para dar cuenta del fenómeno.

Para concluir, presento la explicación de la crisis por Engels en Del socialismo utópico al socialismo científico. Luego de señalar, (A), la antítesis entre el proletariado y la burguesía, Engels esboza la dinámica de la acumulación y crisis:

“B. Relieve creciente y eficacia acentuada de las leyes que presiden la producción de mercancías. Competencia desenfrenada. Contradicción entre la organización social dentro de cada fábrica y la anarquía social en la producción total.

C. De una parte, perfeccionamiento de la maquinaria, que la competencia convierte en imperativo para cada fabricante y que equivale a un desplazamiento cada vez mayor de obreros: ejército industrial de reserva. De otra parte, extensión ilimitada de la producción, que la competencia impone también como norma coactiva a todos los fabricantes. Por ambos lados, un desarrollo inaudito de las fuerzas productivas, exceso de la oferta sobre la demanda, superproducción, abarrotamiento de los mercados, crisis cada diez años, círculo vicioso: superabundancia, aquí de medios de producción y de productos, y allá de obreros sin trabajo y sin medios de vida. Pero estas dos palancas de la producción y del bienestar social no pueden combinarse porque la forma capitalista de la producción impide a las fuerzas productivas actuar, y a los productos circular, a no ser que se conviertan previamente en capital, que es lo que precisamente les veda su propia superabundancia. La contradicción se exalta hasta convertirse en contrasentido: el modo de producción se rebela contra la forma de cambio. La burguesía se muestra incapaz para seguir rigiendo sus propias fuerzas sociales productivas” (énfasis agregado).

Es una explicación que está en la misma línea conceptual que desarrolla Marx en su crítica a la teoría de la acumulación de Ricardo, y la negación de este de las crisis de sobreproducción.

Textos citados:

Engels, F. (1892): Del socialismo utópico al socialismo científico,  https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/3.htm.

Engels, F. (1968): Anti-Dühring. La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring, México, Grijalbo.

Marx, K. (1975): Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago.

Marx, K. (1999): El capital, México, Siglo XXI.

Ricardo, D. (1985): Principios de economía política y tributación, México, FCE.

Descargar documento: https://docs.google.com/document/d/1T1f8SUA2H0Mhs-Mk7qQle3XH5ROtoK0ysEHeRGaM-Fg/edit?usp=sharing

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07/05/2021 at 16:18

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Subconsumismo en Keynes y Joan Robinson

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Continuando con la temática de las dos últimas notas, digamos que la diferencia entre el enfoque subconsumista y la explicación de las crisis por la sobreproducción puede verse de manera clara cuando comparamos el enfoque de Keynes, o de los referentes keynesianos, con el de Marx.

Por eso también sostiene que toda inversión “está destinada a resolverse, tarde o temprano, en desinversión del capital” (p. 106). Por caso, supongamos que alguien invierte en construir una casa y la alquila una vez terminada (el ejemplo es presentado por Keynes). Supongamos también que durante el tiempo en que la casa se mantiene en pie el propietario no gasta la renta que le reporta con el fin de amortizar su inversión. Esta reserva, pues, no aumenta la demanda (Keynes no parece considerar aquí la canalización de esos fondos al sistema financiero, y el crédito) y constituye una traba para la ocupación. Está operando, dice, un proceso de desinversión, que seguirá hasta que la casa no sea habitable. Keynes pensaba que ese proceso tenía relevancia en una economía no estática, especialmente cuando se producen oleadas de inversiones de capital a largo plazo, ya que los fondos de amortización restarían poder de demanda durante todo el tiempo previo al momento en que es necesaria la reposición de inversiones. En tanto los bienes se siguen utilizando se acumulan reservas financieras por amortización, que reducen la demanda efectiva, hasta el momento en que se hace necesario reponer las inversiones físicas.

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30/04/2021 at 15:44

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Sobreproducción, subconsumo, y la lectura de Marx por Sweezy

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Al finalizar la nota anterior (aquí) dijimos que Sweezy (1973) sostuvo que Marx explicaba las crisis capitalistas por el subconsumo. Sweezy cita, en su apoyo, dos pasajes del tomo 3 de El Capital. Sin embargo, sabemos que Marx fue crítico de la teoría de la crisis por subconsumo, y que en numerosos pasajes de su obra sostuvo que las crisis ocurren por sobreproducción y sobreacumulación. Con lo cual se plantea la pregunta si, de acuerdo al enfoque de Marx, la crisis por sobreproducción es sinónimo de la crisis por subconsumo. Si se responde por la afirmativa, se concluye en que al criticar las tesis subconsumista Marx habría también abandonado, tal vez implícitamente, la explicación de la crisis por sobreproducción, para proponer, o bien la tesis de la crisis por estrangulamiento de las ganancias (por alza de los salarios); o por caída tendencial de la tasa de ganancia. Otra posibilidad es que incurrió en una contradicción lógica al criticar la tesis subconsumista y sostener que la crisis se debe a la sobreproducción.

Frente a estos enfoques, una interpretación alternativa, que defendemos, es que subconsumo y sobreproducción son conceptos distintos en Marx, y que por lo tanto no hay contradicción entre su crítica (y la de Engels) al enfoque del subconsumo, y la explicación de la crisis por sobreproducción.  

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24/04/2021 at 17:30

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Sweezy y la crítica de Marx al enfoque subconsumista

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El enfoque subconsumista tiene una larga tradición en la izquierda. La idea central es que  los bajos salarios, y la creciente desigualdad en los ingresos, generan un déficit estructural (o de largo plazo) de la demanda, que desemboca en las crisis económicas. Recordemos que también hubo un subconsumismo “de derecha”, encarnado en Malthus. Malthus decía que la baja inclinación al consumo de los capitalistas debilitaba la demanda, y que el remedio era el consumo improductivo de la aristocracia. Sin embargo, el subconsumismo que prevaleció es el de izquierda. En el siglo XIX fueron representativos Sismondi, Rodbertus y Hobson (para un panorama del subconsumismo, puede consultarse Bleaney, 1977). En nuestra opinión, también Keynes tiene un enfoque subconsumista, en la medida en que ubica la razón última de la inversión en el consumo (para un enfoque distinto, véase también Bleaney).

Asimismo, importantes marxistas adhirieron a la tesis subconsumista. Entre ellos, Paul Sweezy, en el influyente Teoría del desarrollo capitalista, publicado en 1942. También fueron subconsumistas Paul Baran, que trabajó y publicó con Sweezy; y marxistas de la corriente de la dependencia (el caso de Marini).

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18/04/2021 at 17:23

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Respuesta al profesor Rallo, acerca de Wieser y la imputación

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En junio de 2018, y en el marco de una serie de entradas dedicadas a la teoría económica de los “austriacos” (Menger, Böhn Bawerk, Wieser, Mises, Hayek), sostuve que es imposible resolver la determinación de los precios de los “elementos de la producción” por “imputación” (aquí). Dije que la solución de Wieser – aceptada hoy por los austriacos – no es general, y que el propio Wieser tuvo que admitirlo.

Hace unos días, por gentileza de un lector del blog, tuve conocimiento de tweets del economista y profesor español Juan Ramón Rallo, partidario de la escuela austriaca, en los que me critica. Según Rallo, he afirmado que “supuestamente [Wieser] habría reconocido que su solución no es aplicable a una economía con muchos factores productivos. Toda la restante crítica de Astarita se basa en que Wieser reconoce no poder resolver el problema en una economía grande. Sucede que Wieser jamás reconoció eso. Astarita traduce y cita mal a Wieser…”. El pasaje que yo habría traducido mal (aunque en realidad no escribí la cita textual) se encuentra en la página 93 de Natural value, y dice: “When too large a number of production goods are grouped together as one unit—as when theorists talk of all kinds of labour as “labour,” all kinds of capital as “capital,” and all varieties of ground as “land”—there is no longer the number of equations necessary for any solution”.

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07/04/2021 at 15:14

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Precios y ley económica en “Salario, precio y ganancia” (final)

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La tercera parte de la nota, aquí

Ciclo económico y movimientos de precios

El análisis en Salario, precio y ganancia de la relación entre movimientos de salarios y precios es complejo. Más importante, no existe la relación lineal “suba (baja) de salarios, suba (baja) de precios” que acostumbra postular la Economía vulgar. Ya hemos mencionado, entre otros elementos que afectan esa relación, los cambios de la productividad y de la tasa de plusvalía; la lucha de la clase obrera; y los cambios del valor del dinero. En este marco, en el capítulo 13 de Salario… Marx agrega los movimientos de precios, ganancias y salarios vinculados a los ciclos económicos.

Sostiene que el ciclo pasa “por fases de calma, de animación creciente, de prosperidad, de superproducción, de crisis y de estancamiento” (p. 38); y que los precios y la cuota de ganancia siguen estas fases. Lo cual determina otro de “los casos principales de lucha por la suba de los salarios, o contra su reducción” (título del capítulo). Esto se debe a que la relación entre los precios de mercado y los valores es afectada por el ciclo: en la fase de ascenso los precios de mercado tienden a estar por encima de sus valores, y por debajo durante la crisis y depresión. Por eso, sostiene que si bien los precios de mercado se regulan por sus valores (o sus precios de producción), esto se verifica “sacando la media del ciclo” (p. 37). Plantea que “durante las fases de baja de los precios de mercado, y durante las fases de crisis y estancamiento, el obrero, si es que no se ve arrojado a la calle, puede estar seguro de ver rebajado su salario” (p. 37). Notemos que en este pasaje da a entender que puede haber períodos de baja de precios por fuera de las crisis y depresiones (véase más abajo). En cualquier caso, durante las crisis y depresiones las luchas son más bien defensivas. Por eso, cuando bajan los precios los obreros deben “forcejear” con los capitalistas “para establecer en qué medida se hace necesario rebajar los jornales” (ibid.). Aquí parece descontar que los salarios monetarios bajan, inevitablemente, y el objetivo de los obreros es limitar esa baja. A su vez, en las fases de prosperidad, cuando el capitalista “obtiene ganancias extraordinarias”, el obrero debe batallar para conseguir una suba del salario. De manera que el valor de la fuerza de trabajo, o el salario medio, se establece a través de este movimiento fluctuante: “… si, durante la fase de prosperidad… el obrero no batallase por conseguir que se le suba el salario, no percibiría siquiera, sacando la media de todo el ciclo industrial, su salario medio, o sea, el valor de su trabajo” (ibid.; énfasis agregado).

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29/03/2021 at 12:09

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Precios y ley económica en “Salario, precio y ganancia” (3)

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La segunda parte de la nota, aquí

Mark-up y arbitrariedad

De la tesis que afirma que el precio surge por la suma de partes, y que el precio del trabajo (el salario) regula el precio de las mercancías, se pasa, naturalmente, a la idea de que la ganancia y la renta de la tierra surgen por recargo sobre el costo salarial. Así, la renta queda establecida por el “poder de monopolio” (tesis favorita del populismo de izquierda) y la ganancia por la costumbre, la voluntad del capitalista, y similares. Pero la voluntad o la costumbre no explican nada; los precios, en promedio, no son arbitrarios. Por eso, Marx plantea que para contestar la pregunta de qué es lo que determina la ganancia o la renta no hay más remedio que “traspasar los límites de la voluntad” (véase Salario…, p. 5). Y aunque la voluntad del capitalista sea embolsar lo más que pueda, lo que cuenta son los límites de lo que puede. Así, ya cuando analizamos el salario nos damos cuenta de que no puede ser fijado a voluntad por el capitalista. Es posible que este desee llevarlo al mínimo fisiológico, pero entre ese mínimo y los salarios tal como pueden establecerse, dada una cierta relación de fuerzas entre las clases sociales, existe toda una escala, en la cual la voluntad del capitalista juega un rol muy menor. Lee el resto de esta entrada »

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22/03/2021 at 16:33

Precios y ley económica en “Salario, precio y ganancia” (2)

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La parte (1) de la nota, aquí.

La tesis de que los precios se determinan por los salarios

La explicación del precio como suma de partes desemboca en “el dogma” (Marx) de que los precios de las mercancías se determinan, en forma lineal y directa, por los salarios. Es que se postula la existencia de un costo salarial (salario = al valor del trabajo) y que sobre este se establecen los recargos (mark-up) correspondientes a la ganancia y la renta. Marx caracteriza esta explicación como “anticuado y desacreditado error” (Salario… p. 16), seguramente porque consideraba que había sido superada por Ricardo. Sin embargo, es la teoría de la inflación que predomina en la Economía burguesa no monetarista.

En oposición a la idea de que los precios dependen linealmente de los salarios, Marx presenta el hecho, muy simple, de que en la práctica no existía alguna relación directa entre el nivel salarial de los trabajadores y las mercancías que producían. Para verlo con un ejemplo sencillo. Si en una jornada de trabajo de 10 horas un obrero genera $1000 de valor, y produce 2 bienes X, el valor de cada X será, lógicamente, $500, aunque el salario obrero sea, en relación al valor agregado, bajo; por ejemplo, $100 por jornada. Si luego, merced a un avance de la productividad, el obrero pasa a producir 10 X en la jornada (en la que continúa agregando un valor de $1000), el valor de cada X se habrá reducido a $100, con independencia de que los salarios, por caso, puedan haber aumentado a $500 por jornada. Este simple ejemplo bastaría para demostrar que los precios de las mercancías no se determinan, de manera simple y unívoca, por el precio de la fuerza de trabajo, o sea, por los salarios. Lee el resto de esta entrada »

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17/03/2021 at 12:54

El PC ante Insfran: consecuente con su historia

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Por estos días Soledad Yorg, responsable política del Partido Comunista Formosa, salió a respaldar públicamente al gobernador Gildo Insfran y su régimen (véase aquí).

En esencia, Yorg dice que denunciar los ataques a las libertades democráticas en Formosa es hacerle el juego a la derecha. Y que gracias al régimen de Insfran la salud de la población, en estos tiempos de pandemia, está en mejores condiciones que en el resto del país. De manera que el que critica a Insfran favorece a la derecha y perjudica al pueblo. Lee el resto de esta entrada »

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13/03/2021 at 16:39

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Página falsa de Facebook y un texto de Juan Iñigo Carrera

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En una nota anterior (aquí) denuncié que alguien creó una página falsa en Facebook utilizando mi nombre. Al momento de escribir publicar esta entrada, esa página sigue en pie, a pesar de las denuncias.

El sujeto que hizo esto también creó una página falsa utilizando el nombre de Juan Iñigo Carrera. Además, realizó posteos atribuyéndolos a JIC o a mi persona.

En lo que sigue, reproduzco un texto de JIC, que amplía la denuncia anterior. Lee el resto de esta entrada »

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10/03/2021 at 11:44

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