Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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La Gran Depresión y la teoría marxista de las crisis (3)

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La segunda parte de esta nota, aquí

En la primera parte de la nota presentamos, entre otros elementos, la sobreproducción en la agricultura, en EEUU y a nivel global, y sostuvimos que fue un factor de peso en la Gran Depresión. En la segunda parte de la nota presentamos evidencia de la sobre-acumulación y sobreproducción en la industria y la construcción, en Estados Unidos. En esta tercera parte complementamos lo referido a la sobreproducción y sobreacumulación con Política fiscal y ciclo económico, de Alvin Hansen; en segundo lugar, presentamos algunas consideraciones sobre la relación entre inversión y consumo; y por último, tratamos la evolución de la masa y la tasa ganancia en los años que preceden a la crisis.

Hansen acerca de la sobreinversión y sobreproducción

Igual que Gordon, y antes Corey, Hansen señala que hacia el final de los 1920, en EEUU, había sobreproducción y sobreinversión en la construcción, pero también en ferrocarriles y energía eléctrica. Con relación a la primera, escribe:

“… es digno de notarse que el auge de las construcciones de los veintes fue el más poderoso que registra la historia norteamericana y que su precipitada caída a partir de 1928 excedió cualquier otra de períodos anteriores…” (p. 30). Dice que la causa más importante de la celeridad de la recuperación de la depresión de 1921 se encuentra “en la fenomenal expansión de las construcciones que se inició ese año para alcanzar un punto máximo sin precedentes en 1925 y permanecer a un nivel extraordinariamente elevado hasta 1928 en que se inició un fuerte descenso” (pp. 31-2). Agrega que “probablemente en ninguna época de la historia norteamericana se ha alcanzado una saturación temporal tan completa en la construcción de edificios, incluyendo casas de departamentos y residenciales, oficinas y otras edificaciones comerciales, como la alcanzada en los finales de la tercera década” (p. 32).

En lo que respecta a las construcciones ferroviarias, destaca que en los veinte se elevaron progresivamente “hasta la cúspide del auge y aún continuaron elevándose (no obstante el creciente empleo de camiones) durante la depresión, para alcanzar su punto culminante en 1930″ (p. 34). Incluso cuando la economía ya se hundía en la recesión, en algunas ramas continuaron las inversiones, agravando la sobreacumulación. También en electricidad. “… las inversiones en plantas de energía eléctrica aumentaron de nuevo en 1929 e inclusive en 1930… y a pesar de un agudo descenso en la producción total de energía eléctrica en 1930, la capacidad de las plantas y equipos ya instalados aumentó grandemente. Durante varios años la capacidad de las plantas y equipos ya instalados permaneció muy por encima de las necesidades de la producción” (ibid.).

Hansen y Sherman sobre la relación inversión – consumo

Vinculado a lo anterior, Hansen destaca que “las inversiones tienden a abrir la marcha y el consumo viene después” (p. 58). Así, no el consumo sino las inversiones para reponer inventarios, tienen el rol crucial en la inflexión hacia la recuperación desde el punto más bajo de una depresión. De la misma manera, en el giro del auge a la depresión el consumo sigue a la inversión: “En la vuelta al descenso que se inició en 1929, las inversiones y el consumo cayeron simultáneamente, debiendo notarse, sin embargo, que las inversiones descendieron con agudeza de 1929 a 1930, mientras que el consumo disminuyó solo en una cantidad muy pequeña. Esto indica que en el período de descenso el consumo también sigue a la inversión” (ibid.). Más adelante precisa que “el factor dinámico y activo dentro del ciclo es la inversión, y… el consumo tiene solo un papel pasivo y secundario” (p. 59).

Naturalmente, el consumo de bienes durables se contrae más violentamente que el de consumos no durables, pero lo que nos interesa destacar aquí es que la variable clave es la inversión o, en términos marxistas, la acumulación del capital. En particular, porque el consumo de las masas asalariadas depende de la decisión de los capitalistas de invertir, esto es, adquirir medios de producción y fuerza de trabajo. En este respecto, Sherman (1991) escribe: “La inversión, o la acumulación de capital, es el corazón del sistema económico capitalista. Más aún, la inversión es la variable clave en el ciclo económico. … la inversión fluctúa mucho más violentamente que el consumo, de manera que cuenta en mucho del incremento del producto nacional bruto en una expansión, pero también en mucho de su caída en una contracción” (p. 110). Por eso, a pesar de que el gasto en bienes de consumo es mucho mayor que el gasto en inversión, esta última es la clave del ciclo. Sherman presenta datos de Wesley Mitchell, según los cuales la inversión cayó 50% en la contracción promedio de los 1920 y 1930, en tanto el consumo disminuyó solo un 16%. Fue una caída fuerte, pero menos de la tercera parte de lo que cayó la inversión.

Masa de ganancia en los 1920

Muchos marxistas explican las grandes crisis capitalistas por la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, planteada por Marx. En trazos gruesos este abordaje tiene dos expresiones. Por un lado, la que sostiene que la caída de la tasa de ganancia genera la crisis porque en determinado punto de la acumulación se reduce, en términos absolutos, la masa de ganancia (o de plusvalía). De acuerdo a este enfoque, por sí misma la caída de la tasa no explica la depresión, o recesión. Es una teoría de la crisis por “escasez de plusvalía”. La otra explicación dice que la crisis ocurre directamente por caída de la tasa de ganancia. Examinamos entonces estas teorías a la luz de lo ocurrido en los 1920, en EEUU.

Con respecto a la primera hipótesis, los datos dicen que en vísperas de la crisis no hubo escasez de plusvalía. En este punto, sin embargo, alertamos que las cifras de las ganancias de 1929 posiblemente sufran cierta distorsión debido a la existencia de ganancias especulativas, asociadas con compras en el margen de acciones. Recordemos que la compra en el margen consiste en que corredores de bolsa otorgan créditos para que sus clientes compren acciones especulando con futuras alzas de sus precios. Así, por ejemplo, si el margen es 50%, un inversor que adquiere 100 acciones abonará solo el valor de 50. Las otras 50 las compra con un crédito concedido por su agente de bolsa. Este último, por su parte, asegura el crédito con las 50 acciones que el inversor pagó con sus fondos propios. Y se fondea con préstamos tomados de bancos, o de otras fuentes. Naturalmente, en la medida en que los precios de las acciones suban, todo es ganancia. Más aún, en tiempos de euforia – como ocurrió hacia el final del boom de los veinte – los precios suben porque se compran acciones; y se compran acciones porque los precios suben. Esto significa que las acciones se valorizan sin correspondencia con la generación y realización de plusvalía; es lo que Marx llama crecimiento de capital ficticio.

Pues bien, en EEUU, hacia 1928-1929, los bancos habían restringido el crédito a las casas de bolsa, y estas tomaban fondos de fuentes no bancarias en el mercado call (préstamos a 24 horas que se renovaban). En 1929 el 56% de esos fondos no bancarios eran provistos por corporaciones; el 20% por individuos ricos, y el 14% por fondos de inversión. Los fondos de las corporaciones que alimentaban el crédito para las compras en el margen eran ganancias no distribuidas. El negocio era muy conveniente debido a que la tasa call era superior a otros rendimientos. Corey señala: “La sobreabundancia de capital aumentó el exceso de capacidad e infló la especulación. Aunque la tasa de ganancia estaba cayendo, muchas empresas experimentaron una tasa en ascenso… La tasa de ganancia en descenso llevó al capital detrás de los beneficios más elevados de la especulación” (pp. 177-8).

De manera que por esta vía pueden haberse inflado, en alguna proporción, las ganancias corporativas. Esta hinchazón de las ganancias también puede haber disimulado una creciente dificultad de ventas, esto es, de realización de valor y plusvalor, a medida que los mercados se acercaban a un nivel de saturación. Sin embargo, de ahí a sostener que haya habido escasez de plusvalía hay un tramo demasiado largo. De hecho, en vísperas del estallido de la crisis no se advierte que haya existido escasez de ganancias en un grado tal que imposibilitara la continuidad de la acumulación (como pretende el enfoque Grossmann, Mattick, Shaikh, véase aquí, aquí). El siguiente cuadro, elaborado con datos de la NBER, presenta los promedios anuales de ganancias trimestrales de las corporaciones de EEUU entre 1920 y 1932.

Fte: NBER

Más específico, las estadísticas de la NBER no muestran que la masa de ganancia haya disminuido en algún grado significativo entre el segundo y tercer trimestre de 1929. Sí puede verse su derrumbe a partir de 1929. Otro dato: en los 9 primeros meses de 1929 1436 empresas anunciaron aumento de dividendos; en 1928 fueron 955 y 755 en 1926 (Bierman, 2008).

El siguiente cuadro también muestra la evolución de la masa de beneficios, esta vez entre 1923 y 1929; elaborado en base a datos de Corey.

De nuevo, con todas las previsiones del caso sobre la inflación de las ganancias, parece imposible sostener que hubo escasez de masa de ganancia.

Tasa de ganancia

En cuanto a la tasa de beneficio, es difícil establecer los movimientos de largo plazo debido a la escasez de datos anteriores a 1920. Steindl, reconociendo esa limitación, se basó en los dividendos informados por las empresas, y el capital “negociable” (o sea, su valoración bursátil) para aproximarse a la tasa de ganancia. Por esta vía encontró una caída de la ratio dividendos / capìtal bursátil entre los períodos 1899-1908 y 1919-1928, y consideró que la misma expresaba la caída de la tasa de beneficio. “Se deduce que en el decenio de 1919 a 1928 la tasa de beneficio fue sustancialmente más baja que en el de 1909-1913” (p. 234). Aunque advierte que “las pruebas estadísticas de la baja de la tasa de beneficio no son incontrovertibles” (ibid.).

En cualquier caso, si es cierto que en promedio la tasa de beneficio fue más baja en la tercera década del siglo que en la primera y segunda, ello no explicaría por qué la crisis. Como han señalado los partidarios de la explicación de la crisis por escasez de plusvalía, no hay razones para que la acumulación se detenga cuando la tasa de ganancia baja, por ejemplo, del 10% al 8%. ¿Por qué habría de desatarse entonces una crisis?

La pregunta, además, parece imponerse cuando examinamos la evolución de la tasa de ganancia entre 1921 y 1929 que presenta Corey. En uno de sus cálculos Corey consideró los beneficios netos – sin impuestos – sobre capital fijo (inmobiliaria, construcciones y equipo). El siguiente cuadro lo hemos elaborado con sus resultados:

Fte Corey, 1934, p. 123.

No se advierte ninguna tendencia clara a la caída de la tasa de ganancia. Es curioso, de todas formas, que Corey consideró que las cifras que presentaba confirmaban una tendencia bajista de la tasa de ganancia, tal como lo establece la ley formulada por Marx. Lo mismo diría Mattick (1978), muchas décadas después, citando estos datos de Corey.

En el siguiente cuadro, y de nuevo en base a Corey, presentamos la evolución de la tasa de beneficio calculada esta vez tomando en cuenta el capital total.

Fte: Corey, p. 123.

Aquí sí se advierte una tendencia a la baja desde 1923 a 1929, pero nada demasiado dramático; más aún teniendo en cuenta que la tasa de ganancia habría sido menor en 1928 que a mediados de 1929. Por otra parte, puede existir cierta distorsión dado que Corey determina el capital total según el valor de los paquetes accionarios. Tengamos presente que entre 1925 y el tercer trimestre de 1929 los precios de las acciones subieron 120%. Por lo cual el valor bursátil de las empresas no parece ser un buen proxy para establecer el valor del capital real invertido. De hecho, la tasa de ganancia calculada de esa manera es la inversa del ratio precio bursátil / ganancia (price/earning, según la denominación común). En vísperas del crack bursátil el p/e de las acciones de la industria era algo superior a 15, contra 12 en 1928 (véase Bierman, 2008, quien señala también que un p/e de 15, si bien no era bajo, tampoco estaba fuera de los promedios históricos). En cualquier caso, Corey (y Mattick) consideraron que estas cifras constituían suficiente prueba de la ley tendencial formulada por Marx.

LTDTG y crisis

En base a lo discutido, parece cuestionable asignar, de manera directa y simple, la causa de la crisis, y posterior depresión, a una caída tendencial de la tasa de ganancia. Si es correcto el cálculo de Steindl (pero… ¿son los dividendos un buen indicador de las ganancias?), la caída de largo plazo de la rentabilidad del capital podría haber actuado en una manera sugerida por Marx en algunos de sus escritos: agudizó las presiones competitivas y por eso mismo pudo haber contribuido a la sobreacumulación (véase aquí). Sobre esta cuestión precisemos que Steindl no pretendió explicar el ciclo por la caída de largo plazo de la tasa de ganancia, sino la tendencia del sistema capitalista a experimentar menor crecimiento y, eventualmente, al estancamiento. Por otra parte, y como hemos mostrado más arriba, parece imposible sostener que la crisis de 1929 se produjo por escasez de plusvalía.

Todo indicaría que en cierta fase del ciclo las presiones bajistas de precios, y acumulación de stocks, son respondidas con una aceleración de la acumulación. Es lo que habría ocurrido entre finales de 1927 y los primeros meses de 1929 (incluso a pesar del aumento de la tasa de interés, ad notam de los partidarios de la explicación de Hayek de las crisis). Más aún, en algunas ramas, como señala Hansen, la inversión continuó cuando la economía ya se precipitaba en la recesión. Pero la sobreinversión y la sobreacumulación no pueden prolongarse indefinidamente. En algún punto se detienen la inversión y el consumo; estalla la caída bursátil, seguida de más caída de la demanda, y luego la crisis bancaria, que potencian la preferencia por la liquidez, y hunden más y más la demanda. En el marco del patrón oro, se exacerban las presiones deflacionarias, las tensiones competitivas entre las naciones capitalistas, la mayor caída  de los precios – commodities en primer lugar -, del comercio mundial y del mismo sistema monetario internacional (con la crisis de 1931). Factores que se potencian hasta provocar una depresión de proporciones gigantescas.

Textos citados: 

Bierman, H. (2008): “The 1929 Stock Market Crash”. EH.Net Encyclopedia, edited by Robert Whaples. March 26. URL http://eh.net/encyclopedia/the-1929-stock-market-crash/

Corey, L. (1934): The Decline of American Capitalism, Nueva York.

Hansen, A. (1945): Política fiscal y ciclo económico, México, FCE.

Mattick, P. (1978): “Sobre la teoría marxiana de la acumulación y del derrumbe”, en K. Korsch, P. Mattick, A. Pannekoek ¿Derrumbe del capitalismo o sujeto revolucionario?, México, Pasado y Presente, pp. 86-106.

Sherman, H. J. (1991): The business cycle: growth and crisis under capitalism, Princeton University Press.

Steindl, J. (1979): Madurez y estancamiento en el capitalismo norteamericano, México, Siglo XXI.

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12/09/2020 at 14:02

Renta diferencial II y una corrección a “Economía política…”

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En notas anteriores presenté la teoría de Marx sobre la renta diferencial de la tierra, y critiqué algunas interpretaciones de la misma que circulan en la izquierda. En esas entradas me referí principalmente a la renta diferencial I. No traté – o apenas lo hice – la renta diferencial II. Lo hago en esta nota. Me motiva, en primer lugar, la importancia creciente de esta forma de renta. En segundo término, responder a la creencia, bastante extendida, de que la renta diferencial II se originaría, según Marx, en los rendimientos decrecientes de sucesivas inversiones de capital. Y en tercer lugar, corregir un error que se deslizó en mi libro Economía política de la dependencia y el subdesarrollo. El mismo me fue señalado hace unos días por un amigo y marxista, profesor especializado en temas agrarios. Comienzo recordando la teoría de la renta diferencial I.

Renta diferencial I

La renta diferencial I tiene su causa en la diferente productividad del trabajo que se aplica a tierras de diferente fertilidad natural (o diferente ubicación geográfica). Partiendo de que el precio de producción a que se vende el producto agrario está determinado por la peor tierra, la renta diferencial es una forma de plusvalía extraordinaria permanente – en tanto se mantengan los diferenciales de fertilidad o ubicación – de la que se apropia el propietario de la tierra. Lo explicamos con un ejemplo sencillo, tomado de El Capital. Lee el resto de esta entrada »

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20/08/2020 at 13:28

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Testigo en el juicio a Coordinación… y militancia

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El 20 de mayo pasado el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 6 dictó sentencia y condenó a seis ex miembros del Centro Clandestino de Detención y Tortura “Superintendencia de Seguridad Federal” (CCDT – SSF; también conocido como Coordinación Federal) por delitos consistentes en privación ilegal de la libertad, tormentos y amenazas, y homicidios agravados por alevosía.

Dado que entre el 3 y el 27 de agosto de 1976 estuve secuestrado, junto a Eddie Barrionuevo, en ese centro, ambos fuimos testigos del juicio. Años antes había prestado testimonio en la causa por la llamada masacre de Fátima. La misma se refiere a que en la noche del 19 al 20 de agosto de 1976 10 compañeras y 20 compañeros que estaban con nosotros fueron asesinados y sus cuerpos dinamitados en la localidad de Fátima, provincia de Buenos Aires. El 18 de julio de 2008 el Tribunal Oral Nº 5 condenó a los policías retirados Juan Carlos Lapuyole y Carlos Gallone por privación ilegítima de libertad y homicidio calificado por alevosía contra los 30 compañeros. Lee el resto de esta entrada »

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17/08/2020 at 14:02

Discusiones salariales y un K- argumento divisionista

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Por estos días un delegado sindical de ATE me consultó con motivo de las negociaciones salariales, y en particular por un argumento kirchnerista que sugiere que los estatales deberían aceptar la caída salarial que se ha producido en el último año, y se agrava mes a mes.

Concretamente, delegados y dirigentes gremiales, defensores o simpatizantes del gobierno nacional, dicen que, debido a que la situación es extraordinaria, hay que pedir una recomposición salarial solo para los escalafones más bajos (por ejemplo, niveles iniciales de los administrativos). Su argumento clave es “tenemos que ser solidarios con los más empobrecidos y los más perjudicados”. Un discurso que “pega” en muchos trabajadores, en el marco de esta situación tan difícil.

Pues bien, es cierto que la posición de los trabajadores hoy está debilitada – crecimiento exponencial del desempleo, miedo e incertidumbre, control de la burocracia – y esto no se puede revertir con voluntarismo, ni alguna táctica sindical particular. No vendemos humo, y no tenemos por qué ocultar la realidad. Sin embargo, no por ello hay que resignarse. Es necesario arrancar todo lo que se pueda. Y para esto, hay que rechazar el “sean solidarios y acepten bajar los salarios”. Este es un discurso reaccionario y divisionista. Con eso, lo que están pidiendo no es una redistribución del ingreso desde la clase capitalista (incluida la burguesía estatal) a la clase obrera, sino al interior de la clase obrera. Llevado a su conclusión lógica, equivale a que los obreros peor pagados, o desocupados, exijan un aumento de sus ingresos a costa de los “privilegiados estatales”. No se puede concebir algo más divisionista. Nuestra demanda, en cambio, es por reducir la relación global plusvalía / valor de la fuerza de trabajo, y no por redistribuir la masa salarial entre los explotados, dejando intacta la distribución entre beneficios y salarios.

Por eso los socialistas no alentamos la cizaña y la competencia entre trabajadores, e intentamos desarrollar la solidaridad a partir de la oposición, como clase, a la clase capitalista. Presentar la solidaridad en términos de “trabajadores sumergidos” versus “trabajadores privilegiados” solo lleva agua al molino de la colaboración de clases con el Estado y la clase dominante. A su vez, no tenemos por qué meternos a dictaminar por qué vía la clase capitalista satisface la reivindicación (si es con tal o cual impuesto; con la reducción de tal o cual gasto de plusvalía; si sube o baja la tasa de interés, etcétera). No razonamos “como estadistas” dentro del sistema burgués. Tenemos en claro cuál es el carácter de clase del Estado y del gobierno que lo encabeza.

En definitiva, planteamos las reivindicaciones obreras desde la perspectiva de la unidad de clase. La mejora de un sector de la clase obrera no debe hacerse empeorando la de otro sector de los explotados.

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05/08/2020 at 15:36

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Respuesta a críticas de Claudio Katz

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Un amigo y lector del blog me envió un artículo del profesor Claudio Katz, que lleva por título “Dependencia y teoría del valor”, publicado en Aporrea (aquí). En el mismo Katz critica mi posición sobre intercambio desigual y trabajo potenciado. Dedico esta entrada a responderle.

Maraña de categorías 

 En las polémicas que tuve sobre intercambio desigual con los defensores de la tesis Mandel – Shaikh – Carchedi (en adelante, MSC) no hubo dificultades para focalizar el tema en disputa: si en las empresas que aplican tecnologías superiores se genera más valor por unidad de tiempo de trabajo que en las empresas con tecnologías modales, o atrasadas. La misma cuestión, en esencia, se planteó en torno a la renta diferencial. Quienes intervenimos en el debate con posiciones definidas sabíamos de qué estábamos hablando. Lee el resto de esta entrada »

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31/07/2020 at 15:46

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Discusiones sobre teorías de la crisis y evidencia empírica

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En la nota anterior (aquí), y en crítica a la teoría de las crisis “por escasez de plusvalía”, sostuve que no existe evidencia empírica de que la tasa de variación de la tasa de rentabilidad sea negativa a lo largo de toda, o la mayor parte, de la fase alcista del ciclo económico, como sostuvo Anwar Shaikh. En esta nota presento dos gráficos referidos al tema.

En el primero presento la evolución de la tasa de ganancia de las corporaciones no financieras de EEUU entre 1983 y 2007. Debido a que no disponemos de datos del capital constante circulante, utilizo un proxy de la tasa de ganancia “a lo Marx”: beneficio / stock de capital fijo (edificios, maquinaria y equipo). Otra aproximación posible son los márgenes operativos netos, esto es el beneficio que realizan las empresas por dólar de venta, después del pago de salarios y materias primas, y antes del pago de intereses. Su evolución (por ejemplo, para las 500 empresas del S&P) da un resultado similar al que presentamos aquí. 

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es 20-tasa-ganancia-83-07.png

Tasa de ganancia corporaciones no financieras (beneficios pre impuestos / stock de capital fijo, a precios corrientes). Elaboración propia en base a datos US Bureau of Economic Analysis. 

En las dos décadas y media que preceden a la crisis la tasa de ganancia no estuvo en declive, sino subió. Informes de publicaciones especializadas en negocios y consultoras confirman lo que dicen las estadísticas: las ganancias y la rentabilidad aumentaron desde la recuperación de 1983. Aunque la tasa de ganancia sí se debilitó a partir de 1997. También se constata (aunque no está en el cuadro) que la masa de ganancia se estancó y se debilitó entre 1998 y 2000. Luego, con la recuperación de 2002, tanto la tasa como la masa de ganancia, subieron. La tasa de ganancia alcanzó un pico entre 2005 y 2006, para luego debilitarse, previo al estallido de la crisis. No hubo entonces una caída tendencial de la tasa de ganancia, aunque sí se ve que se estanca o decae poco tiempo antes del estallido de las crisis. Dado que adhería a la tesis de Shaikh, me vi obligado a replantear las cosas.

En consecuencia, revisé los datos sobre la evolución de la tasa de ganancia previa a la crisis de 1930. Con respecto a este período, reproduzco un cuadro tomado de  O. Blanchard, C. Rhee y L. Summers, “The Stock Market, Profit and Investment”, NBER Working Paper Nº 3370, 1990 mayo. La línea punteada es tasa de rentabilidad, y la llena representa la tasa de inversión (inversión / capital), entre 1916 y 1988.

Puede verse que la tasa de ganancia no cayó de manera más o menos constante en la década que precede a la crisis de 1929. Después de la corta depresión de 1920-1921, se recuperó fuertemente. Y se debilitó poco antes del comienzo de la crisis, mediados del 29. Luego se recupera fuertemente desde el piso en 1933 hasta 1937; cae con la depresión de ese año, y vuelve a subir a partir de 1940, llegando a un pico a finales de la década. A partir de ese punto, se registra la caída tendencial. Lo cual encaja en la tesis de Shaikh, con el matiz, sin embargo, que ni siquiera en este caso se puede decir que la tasa de ganancia estuvo disminuyendo desde el inicio de la fase alcista, esto es, desde 1940.

Por otro lado, la caída de tendencial de la tasa de ganancia a partir de fines de los 1940 fue de la mano del aumento de la inversión, la cual alcanzó un pico a mediados de los 1960. Un hecho que cuadra en la tesis de Marx de que la caída de la tasa de ganancia va acompañada, al menos con frecuencia, del aumento de la acumulación. No encaja en la idea de Shaikh de hacer depender de manera directa (diría que mecánica) la inversión (crecimiento del stock de capital) de la tasa de ganancia.

En definitiva, la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia no se manifiesta en una caída mecánica y lineal como pretenden las explicaciones de la crisis “por escasez de plusvalía”. Tal vez esto también explique por qué Marx no intentó derivar mecánicamente, o de forma directa, una explicación de las crisis periódicas del siglo XIX, de las que fue testigo.

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29/07/2020 at 22:53

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Audio de charla – entrevista El Porteño, de Chile

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El martes 14 de julio tuve una charla y luego entrevista con Pedro Guzmán, del equipo editorial El Porteño, de Chile.

La misma forma parte del ciclo “Capital contra el trabajo en la crisis capitalista”, organizada por El Porteño.

El enlace es: https://www.youtube.com/watch?v=-Rcw_u2-oAg&list=PLiR8RDIp6qp9WLhsSjK1aEXMV25HTgGhK&index=16&t=0s

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19/07/2020 at 12:59

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Marx sobre acumulación y tasa de ganancia

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En una nota anterior (aquí) me referí al pasaje en el que Marx cita, en el capítulo 15 del tomo 3 de El Capital, a Richard Jones cuando este afirmaba que  “Una baja tasa de ganancia se halla comúnmente acompañada por una rápida tasa de acumulación…”. A continuación observa: “Jones destaca, con razón, que a pesar de la baja en la tasa de ganancia, aumentan los alicientes y posibilidades de acumular”. Explica que esto se debe a que 1) crece la sobrepoblación relativa; 2) aumenta la masa de los elementos materiales del capital representados por el mismo valor de cambio; 3) se multiplican los ramos de producción; 4) se desarrolla el sistema de crédito y las sociedades anónimas, lo que facilita la transformación del dinero en capital; 5) crecen las necesidades y el afán de enriquecerse; 6) hay una creciente inversión de capital fijo.

Presenté este pasaje para mostrar que Marx no asoció la caída de largo plazo de la tasa de ganancia con un debilitamiento tendencial de la acumulación y el crecimiento. Que es la idea de muchos marxistas. Así, según este enfoque, dado que la tasa de ganancia en los últimos 100 años fue, en promedio, menor que la del siglo XIX, el crecimiento de las economías capitalistas debió ser menor. Por eso muchos sostienen que, pasado el boom económico de posguerra (período de tasa de ganancia excepcionalmente alto), las economías capitalistas habrían entrado – a mediados de los 1970 – en una suerte de estancamiento secular, o crisis crónica (sobre la falta de evidencia empírica de esta tesis, aquí). Lee el resto de esta entrada »

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10/07/2020 at 11:07

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Prohibición de despidos y concepción materialista

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El 31 de marzo el gobierno nacional emitió un decreto de necesidad y urgencia por el cual por 60 días se prohibieron los despidos “sin causa justa” o que tuvieran por causales la falta o disminución de trabajo. También prohibieron las suspensiones por los mismos motivos. Aunque con la salvedad de estar exceptuadas las pactadas entre el sindicato y los trabajadores “y se basen en fuerza mayor”. El 8 de junio el gobierno prorrogó la prohibición por 60 días. La medida fue saludada por la CGT y la CTA y por buena parte de la izquierda nacional. Por supuesto, se señalaron insuficiencias – por caso, los trabajadores informales, más del 35% de la fuerza laboral, quedó fuera del decreto; además de las suspensiones “pactadas” – pero se lo consideró un paso en el sentido de que “la política le marque el paso a los grandes grupos concentrados”. Alguno incluso sugirió que, a fin de dar más fuerza a la medida, se debería establecer por ley que “preservar las fuentes de trabajo es prioridad absoluta [absoluta, faltaba más] del Estado”.

Pues bien, según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) 185.000 trabajadores registrados perdieron sus empleos en abril. La caída de empleos de los trabajadores informales seguramente también fue muy elevada. A lo que se suman las innumerables suspensiones, acompañadas de rebajas salariales. Pero… ¿no era que la política domina a la economía? ¿Y que un gobierno “con sensibilidad popular” protegería el empleo? ¿Qué ocurrió? ¿Nos falló la “sensibilidad” de AF? ¿O le está faltando coraje, como se cuestiona un seguidor de Francisco? Son las preguntas habituales de los “amigos del pueblo”, que analizan los fenómenos sociales con los lentes del subjetivismo. De ahí también la historia de cambiar fusibles en las “altas esferas de la política” para que todo siga más o menos igual para la gente común. Lee el resto de esta entrada »

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04/07/2020 at 17:21

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Plusvalía relativa en EEUU

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Una consecuencia de la tesis del estancamiento crónico es la tendencia a minusvalorar, o desconocer, el rol de la plusvalía relativa en el sostenimiento, o aumento, de la explotación del trabajo (y por lo tanto, en la rentabilidad del capital). En esta entrada repaso brevemente la teoría de Marx de la plusvalía relativa; presento luego las evoluciones de la productividad y el salario en EEUU en las últimas siete décadas; y finalizo con algunas conclusiones.

La plusvalía relativa

La plusvalía relativa es explicada por Marx en el capítulo X del tomo 1 de El Capital. La misma es el resultado de la innovación tecnológica en busca de plusvalías extraordinarias. La secuencia es: a) un capitalista innovador obtiene una plusvalía extraordinaria mediante el aumento de la productividad, esto es, el abaratamiento del costo de producción; b) presionadas por la competencia, las otras empresas adoptan la nueva tecnología (o desaparecen); c) al generalizarse la nueva tecnología, disminuye el valor de la mercancía; si esta última entra, directa o indirectamente, en la canasta salarial, la plusvalía (y la cuota de plusvalía) se elevará, en tanto el obrero continúe recibiendo la misma canasta de bienes. Lee el resto de esta entrada »

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16/06/2020 at 12:46

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