Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Una reflexión sobre el resultado de las PASO

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Cuando se realizaron las elecciones PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) en 2015, escribí en el blog que “para los socialistas el dato más relevante es que el 92,6% de los votos, a nivel de todo el país, fueron para los cuatro primeros partidos burgueses” (aquí). Y agregué que debíamos mirar de frente la dificultad, sin buscar falsos consuelos.

Pues bien, algo similar podría escribir hoy, a la vista de los resultados de las PASO 2017. De conjunto Cambiemos, Kirchnerismo, Partido Justicialista, Frente Renovador y “otros” (diversas formaciones burguesas) obtuvieron el 93% de los votos (sin tener en cuenta los votos en blanco e impugnados). La izquierda, sumando todas sus expresiones políticas, obtuvo el 7%. El problema planteado en 2015 se mantiene, con pocas variantes.

Sin embargo, ahora es preciso incluir el incremento del voto a Cambiemos, que subió su piso electoral en 21 de las 24 provincias más CABA. Obtuvo 1,7 millones de votos más que en las PASO 2015. Además de Ciudad de Buenos Aires, la coalición oficialista se impuso en Córdoba, Mendoza, San Luis, Entre Ríos, Santa Cruz, La Pampa, Corrientes y Jujuy. Y empató en provincia de Buenos Aires. Un resultado que parece difícil de encajar en las caracterizaciones y políticas que desplegó la izquierda ante las elecciones. Veamos por qué.

Recordamos que se caracterizó que en la población existe una bronca inmensa contra el Gobierno y su programa de ajuste y entrega, y una voluntad de movilizarse y luchar que abarca a casi todo el país. También se sostuvo que, en el plano electoral, las masas buscan una alternativa para frenar la caída de salarios, los despidos, la desocupación y los ataques a las libertades democráticas (ahora, en primerísimo lugar, el secuestro y desaparición de Santiago Maldonado). Y que millones de trabajadores posiblemente tengan esperanza en la oposición burguesa (kirchnerismo, Partido Justicialista, Massa y Stolbizer). Pero esta oposición es cómplice de Cambiemos, del ajuste y de los ataques a las masas. Aunque esa complicidad – en especial en el caso del kirchnerismo- no aparece clara a los ojos de la población.

Estas premisas articularon entonces el discurso y la agitación de gran parte de la izquierda en la campaña electoral. Por un lado, porque había que denunciar que el kirchnerismo, el Frente Renovador, y los gobernadores del PJ (más la burocracia sindical) no podían ser los canales a través de los cuales se expresara la bronca popular. Y porque paralelamente había que presentar consignas programáticas que dieran respuesta a los problemas más acuciantes. De ahí el eslogan solución “acabemos la desocupación repartiendo las horas de trabajo, con aumento de salarios para todos”. O la demanda de una ley de prohibición de los despidos. En definitiva, el voto servía para que la izquierda pudiera imponer – junto a la movilización- esas leyes; y ayudar a las luchas obreras y populares contra el ajuste y la represión.

Subrayo: la idea era que las masas quieren luchar contra Cambiemos, pero las direcciones peronistas (kirchnerismo incluido) las traicionan. Por lo tanto, la izquierda debe presentarse como la campeona de la lucha para, eventualmente, ponerse a la cabeza de la bronca popular en ascenso. En este marco, era natural pensar que si sectores de las masas rompían con el kirchnerismo, el PJ o el Frente Renovador, lo harían por izquierda, hastiados de la complicidad con Cambiemos de esos dirigentes traidores.

Bajó el voto a la oposición burguesa, pero creció Cambiemos

El problema es que entre las PASO de 2015 y las de ayer bajó el voto al kirchnerismo y al Frente Renovador, pero ese voto solo fue en escasa cantidad a la izquierda. Y en alguna medida importante alimentó a Cambiemos y otras variantes burguesas. Repasemos los datos.

En primer lugar, en las PASO de 2015, y a nivel nacional, el Frente Para la Victoria obtuvo el 38,7% de los votos; Cambiemos el 30%; Massa y De La Sota 20,6%; Progresistas (Stolbizer) 3,5%.; Compromiso Federal (Rodríguez Saá) 2,1%. El FIT obtuvo 3,3%. Sumando el resto de la izquierda (o sea, Nuevo MAS, MST y Frente Popular) se llegó a aproximadamente el 4,8%. Observemos que el conjunto formado por FPV, Massa-De la Sota, Rodríguez Saá y Stolbizer obtuvo el 65% del total de los votos.

En las PASO de ayer Cambiemos consiguió el 37,5% de los votos. El kirchnerismo (incluye a Rodríguez Saá) 20,5%; el Partido Justicialista 18,5% y el Frente Renovador de Massa-Sotlbizer 7%. “Otros” obtuvieron el 9,5%. El conjunto formado por el kirchnerismo, PJ y Fte Renovador recibió el 46% de los votos. Es una caída de 19 puntos con respecto a 2015. Pero solo en una proporción pequeña esos votos giraron a la izquierda. Esta, de conjunto (esto es, incluyendo al FIT, Izquierda al Frente, Zamora, Creo de Solanas y el Frente Socialista y Popular) llegó al 7%. Una suba de poco más de 2 puntos sobre las PASO de 2015. ¿Dónde fueron entonces los votos que perdió el peronismo de conjunto? Pues una parte a “otros”, como Lousteau en Capital y Fuerza Republicana, de Tucumán. Y otra fue a Cambiemos; es lo que explicaría su aumento en 7 puntos con respecto a 2015.

La cuestión se ve incluso mejor en la provincia de Buenos Aires. En 2015 el FPV obtuvo el 40% de los votos, y Cambiemos 29%; Unidos por una Nueva Alternativa (Massa) 19,7%; Progresistas 4,3%. O sea, la suma de FPV, Massa y Stolbizer representó el 64% de los votos bonaerenses. El FIT obtuvo 3,8%; agregando al MAS y Frente Popular llegamos a 4,8%.

En las recientes elecciones Cambiemos obtuvo el 34,1% de los votos; el kirchnerismo 34,1%; Massa (con Stolbizer) 15,5% y Cumplir de Randazzo 5,9%.  O sea, la oposición burguesa a Cambiemos experimenta, de conjunto, una caída de 8,5 puntos porcentuales con respecto a 2015. Sin embargo, el FIT obtuvo solo 3,6%. Y considerando los votos de la izquierda de conjunto (FIT más Izquierda al Frente, Frente Socialista y Popular, Patria Grande, Creo) llegamos al 5,8%. No hay gran diferencia con 2015. Es claro entonces que la mayor parte de la caída del voto a la oposición burguesa tuvo como contrapartida el aumento en 5 puntos de la votación de Cambiemos, del 29% al 34%.

Tengamos presente que se suponía que las masas anhelaban expresar su bronca y movilizarse contra el ajuste, y que por eso romperían con la oposición burguesa. Sin embargo, la mayor parte que no repitió el voto a la oposición burguesa, votó a Cambiemos. Y Cambiemos es la encarnación misma del ajuste. ¿Cómo se explica este embrollo?

Dos respuestas provisorias que he leído por estas horas en algunos medios de izquierda merecen algún comentario. Una remite todo el asunto a la “polarización”. Lo cual equivale a explicar el voto a Cambiemos y el kirchnerismo porque las masas votaron masivamente a Cambiemos y el kirchnerismo. Es lo que se llama una tautología. La segunda explicación dice que las masas castigaron a la oposición PJ, massista y kirchnerista porque ha sido cómplice del ajuste de Macri. Pero ¿cómo es que las masas castigan a la oposición burguesa por ser cómplice del ajuste, votando a Macri que es la principal cabeza del ajuste? Este argumento no tiene lógica.

Mi conclusión es que los resultados electorales obligan a reflexionar sobre caracterizaciones y formas de hacer política que están muy arraigadas. Y también sobre qué alternativa global puede presentar la izquierda (por ejemplo, ¿cómo enfrentar el mensaje de “no hay alternativa al capitalismo”, con que los políticos burgueses atacan a la izquierda? ¿O todo se arregla diciendo que somos buenos luchadores sindicales?). Varias de estas cuestiones las he planteado en notas del blog, y en otros escritos. Aunque la única respuesta que recibí fue el rechazo, directo y llano, a cualquier intento de problematización de estos temas (más los habituales insultos).

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Una reflexión sobre el resultado de las PASO

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14/08/2017 at 17:19

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Agitación trotskista contra la desocupación y Rosa Luxemburgo

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En varias entradas he planteado que es imposible eliminar la desocupación en tanto se mantenga la propiedad privada del capital (véase aquí y siguientes). He dicho que esto se desprende de la teoría de la explotación de Marx y de la experiencia histórica. Y agregué que los marxistas deben explicarlo a las masas. Claramente, lo escribí en crítica a lo que están haciendo en esta campaña electoral los candidatos del FIT y de Izquierda al Frente (al menos, la mayoría de ellos). Es que cuando hablan en la TV, o en los medios masivos, no dicen que en el marco de las relaciones capitalistas el ejército de desocupados siempre tiende a recrearse. Sí lo admiten en sus periódicos, pero no cuando se dirigen a la opinión pública en el sentido más amplio. Y no lo dicen porque si lo hicieran su discurso terminaría en la incoherencia. ¿Por qué? Pues porque es absurdo pedir el voto para que en el Parlamento se apruebe una ley para acabar con la desocupación, diciendo al mismo tiempo que es imposible acabar la desocupación con esa ley.

En otros términos, para responder a las críticas (y conservar el espíritu “rojo”) las organizaciones trotskistas admiten que la desocupación es inherente al capitalismo (véase http://www.laizquierdadiario.com/La-jornada-laboral-el-reparto-de-las-horas-y-la-relacion-de-fuerzas). Pero cuando sus candidatos van a los medios, disimulan la imposibilidad de acabar la desocupación en tanto subsista el capitalismo. Por eso el mensaje habitual en la TV y otros medios masivos es “en el Congreso vamos a proponer la ley del reparto de las horas de trabajo” y “la ley de prohibición de despidos”, para lo cual “te pedimos el voto”. El discurso de Del Caño es muy ilustrativo al respecto. Repito: lo que estoy planteando es que digan, pública y abiertamente, que la desocupación, en el sistema capitalista no se suprime votando candidatos de izquierda al Parlamento. Los diputados de izquierda ayudan a las luchas obreras y por las libertades, pero su acción parlamentaria siempre será impotente para torcer, en algún sentido fundamental, las leyes económicas del capitalismo.

Esta última idea está en la tradición del socialismo revolucionario. Por ejemplo, en Reforma o revolución, de Rosa Luxemburgo. En este libro explica, de forma sencilla y accesible para cualquier trabajador, por qué los sindicatos no pueden gobernar las leyes del capitalismo. Dice que no pueden controlar:

  • la demanda de trabajo (que depende del nivel de producción);
  • la oferta de trabajo, creada por la proletarización de las capas medias de la sociedad y la reproducción de la clase obrera;
  • el nivel de productividad.

Esto significa que el valor de la fuerza de trabajo y el nivel de empleo dependen del sistema económico, no del sistema legislativo. O sea, la explotación, dentro del sistema de trabajo asalariado, no se basa en leyes parlamentarias. Por eso Rosa Luxemburgo dice que  “…las relaciones fundamentales de la dominación de la clase capitalista no pueden transformarse mediante la reforma legislativa, sobre la base de la sociedad capitalista, porque estas relaciones no han sido introducidas por las leyes burguesas, ni han recibido forma legal” (énfasis agregado).

Este sencillo mensaje es vital en la lucha por la independencia de clase y contra las ilusiones en la democracia burguesa. Subrayo la idea: las relaciones fundamentales de dominación de clase no pueden transformarse mediante reformas legislativas. Debería llegar a la opinión pública, sin vueltas.

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09/08/2017 at 12:33

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Regímenes stalinistas y política stalinista en América Latina

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Algunos lectores del blog han planteado que es un error de mi parte calificar al chavismo de régimen stalinista, o de movimiento stalinista. A fin de evitar discusiones falsas, en esta breve nota respondo la cuestión.

Empiezo diciendo que nunca dije que el de Venezuela fuera un régimen stalinista, al estilo, por caso, de lo que fue la URSS. En todas las notas lo he descrito como un capitalismo de Estado, de tipo burocrático y reaccionario. A la URSS, en cambio, la he caracterizado como un régimen estatista burocrático. Más aún, he polemizado con la idea de que se trató de alguna forma de capitalismo de Estado. La dinámica, forma de funcionamiento, tipo de crisis económica de la URSS (y de otros regímenes del Este de Europa) no fueron los propios del capitalismo. Tampoco caractericé al grupo burocrático gobernante soviético como una clase social. En la URSS –al menos hasta sus últimos tiempos- no existió una burguesía que hubiera crecido al calor de un capitalismo de Estado (para una caracterización de la URSS, ver aquí y aquí).

Venezuela entonces no es un régimen de tipo soviético-stalinista, sino un capitalismo de Estado que sí tiene el apoyo del stalinismo. Lo cual empalma con una larga tradición de los PC de América Latina. Recordemos que ya desde los años 1930 los partidos Comunistas latinoamericanos adoptaron el programa y la estrategia de la revolución “democrática-antiimperialista-antioligárquica”. Sería una revolución que alentaría el capitalismo “nacional”, preparatorio de la “segunda revolución, ahora socialista”. Por eso no preveía la colectivización de la tierra ni la estatización general de los medios de producción (como ocurrió en la URSS, y luego en otros países, incluida Cuba).

Las formas concretas que adoptó esa política fueron varias. Una de ellas fue la participación directa en gobiernos de coalición, como ocurrió cuando la presidencia de Allende, en Chile. Pero también apoyaron a gobiernos militares “nacionalistas revolucionarios”, y a gobiernos “populares y nacionales” de diversos tipos. Por ejemplo, al gobierno militar de Velasco Alvarado, de Perú, a fines de los 1960 y principios de los 1970. O al gobierno de Perón-Isabel Perón, entre 1973-1976. En la nota anterior he citado este último caso ya que es altamente ilustrativo: en 1973 Perón asumió el gobierno del brazo de los elementos más nefastos de la ultra-derecha, y amparando a sus bandas asesinas. Pero el PC argentino (con el acuerdo de Cuba), lo apoyó y colaboró incluso en el ministerio de Economía. Todavía en 1975, cuando los asesinatos de la Triple A eran cotidianos, la Conferencia de PC latinoamericanos, reunida en La Habana, se negó a condenar al gobierno de Isabel Perón (la posterior defensa de Videla tuvo este antecedente).

Puede verse que en todos los casos no se trata del apoyo a regímenes stalinistas como fue la URSS, sino del apoyo stalinista a gobiernos capitalistas, o de capitalismo de Estado, “populares”. Es significativo que cuando triunfó la revolución contra Somoza en Nicaragua, Castro aconsejó a la dirección sandinista no seguir los pasos de Cuba, y mantener un régimen de economía “mixta”.

El apoyo al régimen de Chávez y Maduro es entonces una nueva expresión, aunque adaptada “al siglo XXI”, de esta vieja política de los PC. Y no se trata solo de los PC y los castristas, sino de una ideología y política que han impregnado fuertemente a la izquierda más amplia. En Argentina, por ejemplo, miles de ex PC mantienen lo básico de lo que mamaron durante décadas, y hoy son parte de la base militante del kirchnerismo (ver aquí). A su vez, está la influencia stalinista, más difusa y amplia, que encaja en el nacionalismo y el estatismo burgués que inspiran al progresismo habitual.

Todo esto explica la facilidad con que hoy gran parte de la izquierda defiende al régimen de Maduro, a pesar del desastre humanitario que arrasa a Venezuela. Son dirigentes y militantes que adoptan con total naturalidad la política stalinista que ha sido tradición en América Latina; aunque formalmente no lo reconozcan. En particular, son característicos el desplazamiento a un segundo plano de la contradicción capital-trabajo; el ahogo burocrático de la organización independiente de la clase obrera; el apoyo al capitalismo de Estado y a las “fuerzas armadas patrióticas” asociadas; y la exaltación nacionalista sin límites. Además, los métodos están acordes con ese programa: la mentira y la manipulación; la calumnia para quebrar y silenciar a los críticos; y en la medida en que se los permite la correlación de fuerzas, la represión abierta de los disidentes. En definitiva, el stalinismo, en tanto política y práctica, estuvo lejos de desaparecer con la caída de la URSS; al menos, en América Latina.

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07/08/2017 at 12:40

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Venezuela: respuesta a stalinistas-nacionalistas

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Como era de esperar, la nota “Socialismo de burócratas o conciencia de clase” (aquí) ha suscitado fuertes reacciones por parte de los defensores del régimen de Maduro.

Pues bien, dejando de lado los insultos a mi persona, una de las críticas que me hicieron dice que los hechos descritos en la nota – amenazas a los trabajadores, fraude electoral, miseria y hambre generalizada- no son ciertos porque los informan “los medios comunicacionales hegemónicos” y la derecha. Alternativamente, también dicen que esos hechos no pueden ser ciertos porque la derecha los utiliza para atacar al socialismo. Por último, y es lo más usual, se dice que soy funcional a la derecha. En esta nota respondo estas críticas.

“X no es cierto porque X lo dicen los medios hegemónicos y la derecha”

Este argumento es la negación de cualquier análisis crítico y de la misma ciencia. Así, según este criterio, si en los 1930 The New York Times y The Economist informaban sobre los campos de concentración en Rusia, la izquierda debía afirmar que esos campos no existían, por la simple razón de que The New York Times y The Economist decían que existían. De la misma forma, si hoy medios occidentales informan que en Corea del Norte existen campos de concentración donde se castiga a miles de disidentes, la izquierda debería decir que esto no es así porque quienes informan sobre el asunto son de derecha. Y por esta vía podríamos seguir con cualquier otra cosa. Por caso, si el Washington Post dice que la luna es redonda, algún “revolucionario” dirá que debe de ser cuadrada. Lee el resto de esta entrada »

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05/08/2017 at 19:10

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Socialismo de burócratas o conciencia de clase

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Todo indica que el gobierno de Maduro realizó un gigantesco fraude en las elecciones a la Asamblea Constituyente. El anuncio de que votaron más de 8,1 millones de personas (41% del censo) es muy poco creíble. Basta recordar que en las elecciones de 2013, justo después de la muerte de Chávez, Maduro recogió 7,5 millones de votos; y en las legislativas de 2015 unos 5,6 millones. Y hoy las encuestas muestran una fuerte baja de la adhesión al gobierno con respecto a 2013 o incluso a 2015. La misma empresa Smartmatic, encargada del voto electrónico desde hace años, dijo que el resultado fue “manipulado”, y que la diferencia entre la participación real y el resultado oficialmente anunciado es de al menos un millón de votos. Aunque no puede garantizar que sea solo de un millón. Es un hecho que no hubo controles para impedir el voto múltiple; ni tinta indeleble para marcar el dedo de los votantes.

Pero además del fraude, el régimen ejerció una fuerte coerción sobre amplios sectores de la población para obligarlos a ir a votar. Por caso, el vicepresidente de PDVSA, Nelson Ferrer, dijo en una reunión de trabajadores que aquel que no fuera a votar debía dejar su puesto de trabajo (el video circuló en las redes). También hubo presiones en el metro de Caracas, y en las empresas básicas de Guayana, Pequiven y Banco Bicentenario, donde a los trabajadores se les exigió no solo ir a votar, sino también llevar a familiares y amigos. La ONG Provea (Programa Venezolano de Educación-Acción Derechos Humanos), de la que tomo estos datos, informa que recibió denuncias de empleados de por lo menos 21 organismos públicos. Lee el resto de esta entrada »

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03/08/2017 at 17:11

La defensa “por izquierda” de De Vido y un texto de Víctor Serge

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En los últimos días, y a raíz del debate sobre el desafuero de De Vido, diputados del FIT dijeron que votaban en contra de la expulsión porque la misma era contraria al orden constitucional, y porque creaba un precedente para que en el futuro se expulsara a representantes de la izquierda de la Cámara. Se sostuvo también que al no mediar condena de la Justicia, el desafuero era una especie de “golpe parlamentario”, anti-constitucional; que la izquierda estaba defendiendo los derechos políticos de De Vido; y que esa defensa formaba parte de la pelea contra los golpes parlamentarios al estilo Temer-Brasil. También se dijo que la discusión sobre corrupción y el caso De Vido era una maniobra distraccionista de Cambiemos, para no debatir las políticas de ajuste en curso. Todos argumentos que encajaron muy bien en el discurso que desplegó el kirchnerismo en defensa del corrupto ex ministro.

Indudablemente, esta posición de la izquierda hay que enmarcarla en la idea de que, de alguna manera, el kirchnerismo (o el PT y Lula), sería progresivo en relación a Cambiemos (o Temer y el PMBD). El razonamiento es que todos son “enemigos de los trabajadores”, pero unos son peores que otros. Para bajarlo a tierra, algo así como que lo que hizo el kirchnerismo en Santa Cruz es mejor que lo que hizo el macrismo en la ciudad de Buenos Aires (o que el ajuste de Dilma era más progresivo que el ajuste de Temer). En cualquier caso, este enfoque explica el temor de buena parte de la izquierda de ser acusada por la militancia K “de ser funcional a la derecha”. Lee el resto de esta entrada »

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29/07/2017 at 10:49

Del socialismo científico al socialismo utópico (pero senil)

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En la nota anterior (aquí) hice alusión a la diferencia entre el socialismo utópico y el socialismo científico. Dije que los socialistas utópicos oponían un ideal de sociedad justa y racional a la sociedad capitalista, y que el socialismo científico parte de las relaciones de producción y las condiciones materiales existentes en la sociedad actual. También sugerí que hoy muchos grupos que se reivindican marxistas combinan el socialismo vulgar (la atención está puesta en la distribución del ingreso), con un enfoque propio del socialismo utópico

En esta nota amplío sobre esa situación en la izquierda radical, y la diferencia entre el socialismo utópico y el socialismo de Marx y Engels. Naturalmente, el texto de referencia es el folleto de Engels Del socialismo utópico al socialismo científico (o la sección tercera del Anti-Dühring).

El socialismo utópico

Los socialistas utópicos publicaron sus principales trabajos entre fines del siglo XVIII y principios del XIX. Sus principales referentes fueron  Saint-Simon, Francois Marie Charles Fourier y Robert Owen. Escribieron en una época en que el modo de producción capitalista no estaba muy desarrollado, y por lo tanto tampoco la contraposición entre la burguesía y el proletariado. La gran industria en Inglaterra acababa de nacer, y no existía todavía en Francia; en París, el proletariado se confundía con las masas desposeídas y sumergidas. En ese contexto, los socialistas utópicos no veían ningún elemento en la sociedad capaz de actuar como fuerza transformadora. “La sociedad no ofrecía más que abusos y maldades”, escribe Engels. Por eso, trataban de inventar “un nuevo y mejor sistema del orden social, y de decretarlo y concederlo luego a la sociedad desde fuera, mediante la propaganda y, en caso de ser posible, mediante el ejemplo de experimentos modelos”. En otros términos, apelaban a la razón para construir proyectos de una sociedad superior. Es que, en tanto se piense que el mundo en el que vivimos solo es una suma de males y desgracias, no hay posibilidad de desarrollar algo superior “a partir del material histórico presente y cristalizado, y como resultado necesario del mismo” (Engels). Lee el resto de esta entrada »

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24/07/2017 at 10:16

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Más sobre producción y distribución

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La idea, que he defendido en otras notas (aquí y aquí), de que las relaciones de producción tienen primacía por sobre las relaciones de distribución, ha dado lugar al envío de bastantes críticas a “Comentarios”. Algún lector ha llegado a decir que mi posición es de derecha.

Dada la importancia del tema, en esta nota presento otros dos argumentos a favor de la primacía de la producción sobre la distribución. El primero surge de la lectura del libro de Fred Moseley, Money and Totality (ver aquí para una reseña).

En ese texto Moseley destaca que Marx construye su teoría siguiendo dos niveles de abstracción. El primer nivel es el del “capital en general”, desarrollado en los volúmenes I y II de El Capital. Allí Marx explica cómo se genera la plusvalía total en la economía, y qué factores determinan su monto. En esta instancia, las variables esenciales son las formas en que el capital puede incrementar la plusvalía –plusvalía absoluta o plusvalía relativa-, y la relación entre la masa de plusvalía y el valor de la fuerza de trabajo (o tasa de plusvalía).

Este primer nivel de abstracción define entonces la contradicción fundamental del modo de producción capitalista, la que existe entre el capital (en general) y el trabajo. Por un lado, la hermandad de los capitales en la extracción de la plusvalía. Por otro, la hermandad de clase de los explotados, de los que generan la plusvalía. Lee el resto de esta entrada »

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16/07/2017 at 18:42

Producción, distribución y materialismo

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En una nota anterior (aquí) presenté la crítica de Marx al socialismo vulgar, el cual hace eje en redistribuir la riqueza (o los ingresos). Para eso cité pasajes de Salario, precio y ganancia, y de la Crítica al programa de Gotha, textos en los cuales se demuestra que la distribución de los bienes de consumo es una consecuencia natural de la distribución de los medios de producción.

Pero Marx también trató el tema en la “Introducción a la crítica de la Economía Política”. En ese escrito dice que los economistas consideran que la producción “está determinada por leyes generales de la naturaleza”, en tanto que la distribución “resulta de la contingencia social”. Así, se naturalizan las relaciones de producción, y por otro lado se olvida que: a) antes de distribuir productos hay una distribución de los medios de producción; b) existe una distribución de los miembros de la sociedad entre las diferentes esferas de la producción. Sin embargo, los economistas burgueses dejaban de lado esta vinculación orgánica. Por ejemplo, de acuerdo a J. S Mill, mientras que en la producción regirían “leyes eternas de la naturaleza, independientes de la historia”, en la distribución “los hombres se habrían permitido toda clase de arbitrariedades” (énfasis agregado). Lee el resto de esta entrada »

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14/07/2017 at 10:32

Francia, las 35 horas y flexibilización laboral

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En una nota anterior (aquí) dijimos que la reducción del horario semanal de trabajo a 35 horas en Francia no tuvo un efecto apreciable en la disminución del desempleo; y su contrapartida fue la flexibilización del empleo. Ampliamos en lo que sigue el tema.

La reforma

La reducción de la semana laboral fue introducida a través de dos leyes, conocidas como Aubry I y II (por la ministra de Trabajo, Martine Aubry), entre 1998 y 2000. Se dispuso que las empresas de más de 20 empleados debían llevar las horas de trabajo semanales de 39 a 35 en 2000 (o sea, una reducción del 10%); y las de 20 o menos empleados a partir de 2002. Se dispuso también que la jornada laboral no superara las 10 horas; los trabajadores no debían trabajar más de 4 ½ horas sin un descanso; y se establecieron 1600 horas anuales como norma legal. Aunque las empresas podían pedir a los empleados trabajar menos horas en algunas semanas, y más en otras. Si el total era 1600 horas, no había pago de horas extra. Si se superaba, la prima por horas extras sería del 25%; sin embargo, la ley permitía que las empresas pequeñas pagaran las horas extras con solo un 10% de bonificación. El número máximo de horas extra se estableció en 130. Lee el resto de esta entrada »

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12/07/2017 at 10:41

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