Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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El apalancamiento y el enfoque marxista del ciclo

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En la entrada anterior (aquí) planteé que la especulación favorece el apalancamiento, y con ello el crecimiento de las deudas en las fases expansivas del ciclo capitalista, así como la sobreacumulación y sobreinversión; y lo inverso ocurre en la fase contractiva. En esta nota amplío el tema con una explicación del apalancamiento, de por qué tiende a ser pro-cíclico, y por qué la dinámica del apalancamiento y desapalancamiento, combinada con el rol del capital ficticio, puede integrarse al enfoque marxista sobre la acumulación y crisis del capitalismo. Comienzo entonces con la explicación de en qué consiste el apalancamiento financiero.

El mecanismo del apalancamiento

El apalancamiento esencialmente, en tomar deuda para realizar inversiones. Por su propia naturaleza, la actividad de los bancos es una actividad altamente apalancada, pero en general el apalancamiento comprende todas las esferas de la actividad capitalista.

El primer y más sencillo ejemplo del mecanismo del apalancamiento es el deudor hipotecario. Por ejemplo, si alguien compra una casa valuada en $200 con un fondo propio de $20 y tomando deuda por $180, está realizando una compra apalancada, ya que adquiere una propiedad valuada en $200 con un fondo propio que equivale al 10% del valor del activo. Véase que el activo = fondo propio + deuda.

En este punto señalemos que existen varios índices para medir el grado de apalancamiento. Se puede tomar el ratio deuda / activo. En nuestro ejemplo es 180/200 = 0,9. Otro índice es deuda/fondo propio; en el ejemplo es 180/20 = 9. Otro índice es el ratio activo/fondo propio. También lo expresamos activo/ [activo – deuda]. En el ejemplo es 200/20 = 10. Tomamos este último como el índice de apalancamiento.

Como se desprende de su definición, el grado de apalancamiento disminuye si aumenta el valor del activo (me baso en Adrian y Shin, 2010). Por ejemplo, si el valor de la casa sube a $204, y suponiendo que la deuda permanece constante, el índice de apalancamiento pasa a ser 204 / [204 – 180] = 8,5 O sea, ha disminuido.

Si se trata de un deudor hipotecario, la cosa puede terminar aquí. Sin embargo, cuando se trata de empresas, y en especial de bancos, fondos de inversión, de cobertura, compañías de seguros, y similares entidades que manejan fondos líquidos, tiende a establecerse una relación positiva entre la suba del precio de los activos y el apalancamiento.

Para ver por qué, supongamos que un banco compró títulos por $200, siendo $20 de fondo propio y $180 con deuda. Supongamos que el precio de los títulos aumenta a $204, y que el valor de la deuda no aumenta. El índice de apalancamiento pasa a 204/24 = 8,5. Si el banco considera que es un bajo nivel de apalancamiento, y está perdiendo por ello la posibilidad de realizar más ganancias, puede desear la vuelta al anterior nivel de apalancamiento. Para eso toma más deuda para comprar más títulos. La nueva deuda debe ser tal que (204 + D)/24 = 10. Despejando, D = 36. De manera que la deuda sube a $216; su activo pasa a $240.

Una operatoria parecida es la de los inversores que compran títulos (acciones, por ejemplo) con fondos prestados, sirviendo los mismos títulos como colaterales de los préstamos. Por ejemplo, un inversor compra acciones por $100, poniendo $50 de fondo propio y $50 tomándolos en préstamo a un corredor de bolsa. Como requisito, el inversor debe mantener un balance mínimo de fondo propio; por ejemplo, si el requisito es 25%, el inversor deberá mantener un fondo propio por un valor de, por lo menos, $25, en tanto el precio de las acciones no supere $100.  En este ejemplo, el apalancamiento es 100/50 = 2. Si el precio de las acciones aumenta a $110, su fondo propio habrá aumentado a $60, de manera que su apalancamiento bajó a 1,83. Si toma deuda por $10 para comprar acciones por ese valor, su apalancamiento vuelve a 2. Por lo que, a medida que aumenta el precio de las acciones, habrá incentivos para tomar más deuda, entregando en garantía acciones. Una espiral de felicidad en la cual el valor parece valorizarse como por arte de magia, a medida que crecen las deudas. Esto es, el aumento del precio del activo empuja a mayor endeudamiento, y a nuevas compras de títulos, que a su vez empujan al alza los precios; lo cual induce a tomar más deuda, y así en espiral.

Pero no se trata de mera literatura académica, es lo que ocurre en el capitalismo: “El apalancamiento aumentó dramáticamente en Estados Unidos y globalmente desde 1999 a 2006. Un banco que en 2006 quería comprar un título hipotecario calificado AAA podía tomar prestado el 98,4% del precio de compra, utilizando el título de colateral, y pagar solo 1,6% en cash. El apalancamiento entonces era 100 / 1,6 esto es, aproximadamente 60 a 1. El apalancamiento promedio en 2006 de los 2,5 billones de dólares de los llamados títulos hipotecarios tóxicos era 16 a 1. Lo  cual significaba que los compradores pagaban cash solo 150.000 millones de dólares y tomaban prestado los otros 2,35 billones. Compradores de viviendas podían conseguir una hipoteca apalancada 35 a 1, con menos del 3% de pago cash. Los precios de los títulos y las viviendas se dispararon” (Geanakoplos, 2010, p. 2). –

La dinámica de la acumulación, crisis y desvalorización de activos

El mecanismo de apalancamiento puede entonces ser incorporado a las explicaciones, basadas en el enfoque marxista, de la acumulación y crisis capitalista. El punto de partida es que en la sociedad capitalista existe un impulso a acumular, a expandir los mercados por encima de todo límite. Se trata de una tendencia que se impone a cada productor individual “en forma de leyes constrictivas de la competencia” (Engels, 1968, p. 269). “El que pierde es eliminado sin compasión. Es la lucha darwiniana por la existencia individual…” (ibid., p. 270). De ahí el imperativo de acumular y acumular. Está en la naturaleza de la producción capitalista que cada capital “actúa en una escala que no se determina por la demanda individual… sino por el esfuerzo de realizar… tanto sobretrabajo como sea posible y de producir la mayor cantidad posible de mercancías con determinado capital” (Marx, 1974, t. 2, p. 415-6). Cada capital se esfuerza por captar la mayor parte posible del mercado y excluir a sus competidores (véase ibid.).

El “mandato” –un mandato que se le impone al capitalista individual por medio de la competencia- es valorizar el capital adelantado. No se trata de un defecto psicológico de los capitalistas, sino de la misma ley interna de este modo de producción en el que rige el imperativo de valorizar sin cesar el capital adelantado. Y ese “mandato” se impone también a todas las facciones y formas del capital financiero: los fondos de inversión o de cobertura, los bancos o aseguradoras, y similares. Los que no logran valorizar los flujos dinerarios que manejan por lo menos al nivel del promedio de la rama, son barridos por la competencia. De ahí la presión por aumentar el apalancamiento al calor de la fase alcista del ciclo. Por eso Marx destacaba el rol del crédito mercantil, y del crédito por vía del descuento de letras de cambio, en ese impulso a la sobreacumulación (véase sección V del tomo 3 de El Capital). Y todo indicaría que en el capitalismo actual el apalancamiento tiene un rol por lo menos tan importante en la marcha a la sobreproducción como lo tienen el crédito comercial y bancario asociado al capital mercantil. Es que el apalancamiento alimenta la inflación de precios de los activos financieros, así como el endeudamiento y, en numerosos casos, la sobreinversión.

Por otra parte, el apalancamiento impulsa la valorización de títulos que representan capital ficticio (sobre capital ficticio, aquí); así como es impulsado por esa misma valorización. En particular, en períodos de abundancia de liquidez y baja de la tasa de interés, aumentan los precios de títulos públicos, inmobiliarios, bonos de empresas, sin que esos incrementos estén necesariamente validados por la generación y realización de plusvalía. Piénsese, por ejemplo, en el impulso que dio la especulación a la construcción inmobiliaria en EEUU, en los años previos a 2006.

Pero, llega un punto en que el alza no se sostiene. “La expansión de los mercados no puede producirse al ritmo de la expansión de la producción.  La colisión [entre producción y mercado] es inevitable… la colisión se hace periódica…” (Engels, pp. 272-3). En los inicios del giro hacia la recesión o depresión, las ventas comienzan a estancarse en algunos sectores, y las empresas acumulan existencias; la competencia presiona hacia la baja los precios; las ganancias se estancan o descienden. Los títulos inflados artificialmente empiezan a desvalorizarse. La forma (el precio) no está avalado por el contenido, la generación y realización de plusvalía. Se impone la desvalorización de los activos, la desaparición de gigantescas dosis de capital ficticio, pero también la destrucción de capital “real”.

Una situación que dispara el desapalancamiento, el cual lleva a ventas masivas de títulos y caídas de precios. Para ver por qué, retomemos el ejemplo del banco que tenía activos por $240, tenía deuda por $216, y un fondo propio (equity) de $24. Supongamos entonces que caen los precios de los títulos de $240 a $236. Siendo la deuda $216, el fondo propio se reduce a $20 y el apalancamiento se eleva a 11,8. Para volver a tener 10 de apalancamiento el banco ahora vende títulos por $36, y con lo obtenido baja la deuda en $36. De manera que pasa a tener un activo de $200, deuda por $180 y fondo propio $20. Su apalancamiento es 200/20 = 10. En este ejemplo, la caída del valor de los títulos dispara una venta de títulos 9 veces mayor. Es claro, además, que si los bancos deben mandar a pérdida préstamos, o reconocer la desvalorización títulos, se verán afectados en su capital propio (véase aquí).

Algo similar ocurre con el caso del inversor que había tomado a préstamos fondos proporcionados por el corredor de bolsa. En nuestro ejemplo, el inversor compró acciones por $100 con $50 de fondos propios y $50 de deuda, siendo el margen mínimo del 25% (o sea, $25). Supongamos que los precios de las acciones caen, y el valor del activo del inversor desciende a $70. Su balance de fondo propio ahora es $20, menor que el mínimo requerido. El inversor recibe una “llamada de margen” (margin call) de parte del corredor: tiene que poner dinero o títulos adicionales para llegar al mínimo requerido. En caso de no poder hacerlo, el corredor le venderá acciones. Las llamadas de margen constituyen otro poderoso acelerador de las devaluaciones masivas de los activos. Lo cual aumenta la incertidumbre general, precipita el giro a la liquidez y se agudiza la crisis y la desvalorización de capitales. El movimiento adquiere la forma de una espiral descendente.

Por último, destaco que el análisis de los mecanismos de apalancamiento y  desapalancamiento, su carácter pro-cíclico y la forma en que potencian las tendencias del capital a la sobreacumulación y crisis, desnuda el carácter fetichista del “capital dinero que da dinero”, o sea, del capital que “aparece como la fuente misteriosa y autogeneradora del interés, de su propia multiplicación” (Marx, 1999, t. 2, p. 500). La realidad es que no hay posibilidades de que los valores se incrementen indefinidamente por el solo hecho de comprar papeles tomando créditos respaldados por esos mismos papeles, para llevar más y más arriba los precios y las ganancias especulativas, con independencia de la generación y realización del valor. Esas “ingenierías financieras”, que tanto impresionan a la opinión pública, terminan inevitablemente en derrumbes de los valores -como decía Marx, después de todo una crisis es una revolución del valor- con una trágica secuela de desocupación, hambre y padecimientos sin fin de las masas trabajadoras.  

Textos citados:
Adrian, T. y H. S. Shin (2010): “Liquidity and Leverage”, Federal Reserve Bank of New York, Staff Report Nº 328.
Engels, F. (1968): Anti – Dühring. La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring, México, Grijalbo.
Geanakoplos, J. (2010): “The Leverage Cycle”, NBER Macroeconomics Annual 2009, vol. 24, pp. 1-65.
Marx, K. (1974): Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.

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12/10/2019 at 18:19

Javier Milei, sobre la libra esterlina y el Brexit

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Javier Milei es un economista que tiene considerable repercusión mediática. Adhiere a la corriente de pensamiento austriaco (corriente que he criticado en numerosas entradas anteriores), y hace todo un punto sobre que en las economías capitalistas no son necesarios los bancos centrales (véase, al respecto, Friedrich Hayek, La desnacionalización del dinero, Barcelona, 1978, Folio). Además de sostener, contra viento y marea, que la inflación tiene por única causa la excesiva emisión monetaria.

Sin embargo, no es tanto por estas ideas que Milei es conocido, como por el hecho de que trata de burro e ignorante, y a grito pelado, a toda persona que discrepe con lo que dice. Según Milei, sus argumentos son lógicamente irrebatibles; su teoría económica –la austriaca- goza de incuestionable superioridad sobre cualquier otra teoría económica; y remata asegurando que todo lo que afirma está basado en  datos y hechos imposibles de desmentir. Y aquel que ose cuestionar sus “imbatibles datos”, será pasible de recibir renovadas cataratas de insultos.
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28/09/2019 at 14:11

“El problema son los banqueros ladrones”

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Un discurso habitual del progresismo izquierdista dice que la causa de los padecimientos de la clase trabajadora es una de las formas del capital, el capital dinerario, o financiero, representado por los bancos, y no el modo de producción capitalista. Esto es, la oposición fundamental -o “contradicción principal” en lenguaje de los 1960- sería entre el “capital industrial y productivo” y el “financiero parasitario”. Al primero también se lo asocia con todo lo patriótico; al segundo con lo antinacional y “la dominación imperial”.

Se trata de un enfoque de larga historia en las corrientes del socialismo burgués o pequeñoburgués. Por supuesto, a partir del principio diferenciador hay variantes en la táctica política: algunos se limitarán a considerar más progresista al ala “productiva y nacional” del capital; otros le darán su “apoyo crítico”; y otros muchos, en fin, se incorporarán orgánicamente a las filas del nacionalismo burgués (como ocurre hoy con los marxistas que integran las listas del Frente de Todos). Pero por detrás de estas variaciones permanece el argumento clave: “el socialismo está lejos y hoy y ahora hay que elegir el mal menor”. Y para sostener este discurso no se vacilará en inventar lo que sea necesario. Así, por ejemplo, se calificará de “acción patriótica” el vaciamiento de YPF; que el Estado tome deuda a tasas del 15% en dólares; o que acepte tribunales de Nueva York para emitir deuda externa. Ninguna evidencia empírica torcerá la inmutable decisión de apoyar al ala que se ha establecido como progre-industrial de la burguesía, contra los bancos y financistas. Lee el resto de esta entrada »

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25/09/2019 at 12:51

Capital bancario y tasa media de ganancia

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La explicación de Marx sobre la naturaleza y origen de la ganancia del capital comercial es relevante respecto a la tesis de la financiarización, muy difundida entre progresistas de izquierda e incluso marxistas. Los autores de la financiarización sostienen que las finanzas impusieron su hegemonía sobre el capital productivo a finales de la década de 1970. Y que en consecuencia, el sector financiero, y en particular los bancos, pasaron a obtener una tasa de rentabilidad sistemáticamente más elevada que los capitales productivos o mercantiles.

En una entrada anterior, de agosto de 2010, señalé que, desde el punto de vista teórico, no había razones para sostener que el capital bancario ejerce una suerte de dominio, a lo largo de décadas, sobre las otras formas de capital; y que desde el punto de vista empírico no existen datos sobre que el capital bancario obtenga, sistemáticamente, una tasa de ganancia más elevada que el resto de los capitales (véase aquí). En esta nota vuelvo sobre esta cuestión. Presento, en primer lugar el argumento de Marx y Engels; y en segundo término,  reciente evidencia empírica acerca de la rentabilidad del sector bancario desde la crisis financiera a hoy. Lee el resto de esta entrada »

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23/01/2019 at 15:23

Los trabajadores del sector comercial

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Esta nota, dedicada al análisis de la situación del trabajador comercial, complementa las entradas anteriores dedicadas al capital comercial (aquí, aquí, aquí). El supuesto entonces  es que el trabajador de comercio “realiza valores, pero no los crea” (p. 381, t. 3, El Capital, edición Siglo XXI). Por lo tanto, cabe preguntarse en qué medida, desde el punto de vista de la teoría de Marx, los trabajadores comerciales son explotados, y pertenecen a la clase obrera.

En primer lugar, Marx señala que, en tanto el trabajador de comercio recibe un salario igual al valor de su fuerza de trabajo (en condiciones normales), el ejercicio de esa fuerza de trabajo (tensión, despliegue, desgaste), igual que ocurre con cualquier otro asalariado, no está limitado por el valor de la misma (véase ibid., p. 384). Por lo tanto, “su salario no guarda relación necesaria alguna con la masa de la ganancia que ayuda a realizar al capitalista” (ibid.). Pero, ¿cómo calcular, al menos teóricamente, en qué medida el trabajador del comercio realiza el valor? Sobre este punto, el análisis de Marx no es muy claro. En la p. 384, enseguida después del pasaje que acabamos de citar, apunta que el trabajador de comercio “ayuda [al capitalista] a disminuir los costos de la realización del plusvalor, en la medida en la que efectúa trabajo, en parte impago”. Un argumento que plantea la pregunta: ¿disminuye los costos en relación a qué? Marx sugiere que en relación a los costos que tendría el capital aplicado al comercio (o el capitalista industrial, si se ocupara él mismo de la comercialización de las mercancías), si no empleara trabajadores. Este razonamiento lo encontramos en las pp. 377-8, donde Marx especula qué sucedería si cada comerciante “solo poseyese la cantidad de capital que es capaz de hacer rotar personalmente, en virtud de su propio trabajo”. Dice entonces que los costos de comercialización se ampliarían “infinitamente”, con lo que se perderían las ventajas ligadas a la intervención del capital comercial (en términos actuales, podríamos decir las ventajas asociadas a las economías de escala). Lee el resto de esta entrada »

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17/01/2019 at 10:32

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La crisis argentina, una visión de largo plazo (3)

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La parte 2 de la nota, aquí

Crisis fiscal crónica y deuda pública

 La debilidad de la acumulación capitalista también sería la causa última del creciente endeudamiento del Estado, y de la crisis fiscal crónica. En este respecto, la primera cuestión a subrayar es la imposibilidad de sostener indefinidamente la demanda mediante gasto fiscal, como pretende el llamado keynesianismo bastardo. Por supuesto, en determinadas coyunturas recesivas una inyección de gasto fiscal puede funcionar como un disparador de la recuperación económica. Pero ello está condicionado a que los capitalistas respondan al estímulo de la demanda reinvirtiendo sus ingresos, y ganancias, en el circuito de valorización del capital. Si ello no ocurre, habrá crecido el déficit fiscal y continuado la recesión. Pero a su vez, si el presupuesto es deficitario, hay que cubrirlo, sea tomando deuda, o con emisión monetaria. En el primer caso, aumenta el stock de deuda, lo  cual puede poner presión sobre la tasa de interés. Es lo que ocurrió en Argentina con el intento del gobierno de Macri de sostener la demanda, en 2016 y 2017, mediante gasto estatal, tomando deuda. Con el agregado de que buena parte de esa deuda el Tesoro la tomó en dólares, lo que contribuyó a la apreciación del tipo de cambio, y este al crecimiento del déficit de cuenta corriente. De manera que cuando estalló la crisis cambiaria –fuga de capitales, aumento del precio del dólar- el peso de los servicios de la deuda aumentó considerablemente. Lee el resto de esta entrada »

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17/12/2018 at 15:48

La crisis argentina, una visión de largo plazo (2)

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La primera parte de esta nota, aquí.

La centralidad de la inversión y la estructura social de acumulación

Uno de los mayores logros de la economía política clásica fue haber descubierto que la acumulación, o sea, la inversión productiva del excedente, es la fuerza principal del desarrollo económico. Por eso, para los clásicos, lo importante era ampliar el trabajo productivo, para generar ganancias que se reinvirtieran para generar más ganancias. Se trata de un proceso circular, o en espiral, muy  lejos de la “asignación eficiente de recursos dados”, que caracteriza a la economía neoclásica.

La misma idea que los clásicos encontramos en Marx: para que haya reproducción ampliada del capital, es necesario que el capitalista reinvierta la plusvalía, adquiriendo medios de producción y fuerza de trabajo. “El empleo de plusvalor como capital, o la reconversión de plusvalor en capital, es lo que se denomina acumulación de capital” (Marx, 1999, t. 1, p. 713). Por eso, una vez dada la masa de plusvalor, “la magnitud de la acumulación depende… de cómo se divida el plusvalor entre el fondo de acumulación y el de consumo, entre el capital y el rédito” (ibid, 730). La plusvalía que se gasta como rédito, esto es, para el consumo o diversos gastos del capital, no permite ampliar la capacidad productiva. Lo mismo ocurre con la plusvalía que se emplea en sostener gastos improductivos del Estado. De ahí que la clave del desarrollo de las fuerzas productivas –el desarrollo tecnológico y la ampliación de la producción- pase por qué se hace con la plusvalía, y cuánto de esta se invierte productivamente. Lee el resto de esta entrada »

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13/12/2018 at 09:46

La crisis argentina, una visión de largo plazo (1)

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Esta nota fue escrita a comienzos del mes de noviembre pasado, y fue publicada en francés en el sitio Al l’encontre (véase http://alencontre.org/ameriques/amelat/argentine/la-crise-argentine-mise-en-perspective-a-long-terme.html). La reproduzco ahora para los lectores del blog. Dada su longitud, la publico en tres partes.  

Disparada por la crisis cambiaria, la economía argentina se ha precipitado en la recesión. En septiembre, la actividad industrial se desplomó un 11.5% interanual; la construcción cayó 4,2%, también en términos anuales. El uso de capacidad industrial instalada, en septiembre, fue 61,1% (INDEC,  Instituto Nacional de Estadísticas y Censos). La evolución de la actividad económica en 2018, medida por el Estimador mensual (INDEC), se puede observar en el siguiente gráfico:

La previsión es que el PBI caiga 2,5% en 2018, y que se mantenga negativo por lo menos hasta mediados de 2019.

De octubre de 2017 a octubre de 2018 el dólar aumentó un 100%, y solo se ha estabilizado con el Banco Central pagando tasas del 70% (que dan lugar a grandes ganancias vía “carry trade”). Los bancos cobran (principios de noviembre) tasas del 75% para operaciones de cortísimo plazo, como adelantos de cuenta corriente, con la consecuencia de que el crédito se derrumbó. Lee el resto de esta entrada »

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07/12/2018 at 23:35

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Marx y la ganancia del capital comercial, revisado

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Casi inmediatamente después de publicada la nota sobre la explicación de Marx de la naturaleza y origen de la ganancia del capital comercial (aquí), me di cuenta de que el razonamiento presentado no es correcto. Y que el problema central está en la forma en que traté los costos en que incurre el capital comercial, su relación con el precio, y por ende, con la plusvalía.

En esta entrada entonces vuelvo a la cuestión de la ganancia del capital comercial. La nota se estructura de la siguiente manera: empiezo con el caso que analiza Marx (primera parte del cap. 17, t. 3, El Capital), de determinación de la ganancia comercial sin incluir los costos asociados al pago de trabajadores comerciales (o capital variable comercial), ni al capital constante dedicado al comercio. En segundo término, repaso el caso que analicé en la nota anterior, y muestro por qué no es sostenible. En tercer término, presento la solución que da Marx a la inclusión del capital variable y constante comercial (segunda parte de ese cap. 17) y señalo los problemas que presenta. En cuarto lugar, presento una solución alternativa. En todo este desarrollo, doy por supuesta la idea clave de la teoría del valor trabajo, a saber, que el trabajo aplicado a esa metamorfosis mercancía – dinero no genera valor. Lee el resto de esta entrada »

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30/11/2018 at 11:49

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Marx, sobre la ganancia del capital comercial

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A raíz de la nota sobre el carácter trabajo aplicado al transporte (aquí), algunos lectores del blog preguntaron de dónde surge, según la teoría de Marx, la ganancia (o plusvalía) del capital comercial, y si los trabajadores empleados por el capital comercial (o sea, que se dedican a la compra y venta, y actividades conexas), son explotados por el capital. En esta nota voy a referirme a la primera cuestión; en una próxima nota, trataré el tema de los trabajadores del sector comercial, asalariados del capital. Comenzamos con algunas nociones básicas.

Capital comercial y capital mercantil

Una primera cuestión a precisar es que dentro de la categoría capital comercial Marx incluye dos formas, o subespecies, el capital dedicado al tráfico de mercancías, y el dedicado al tráfico del dinero (véase El Capital, p. 343, t. 3; edición Siglo XXI). En algunos pasajes también denomina a la primera subespecie “capital mercantil”. Ambas formas se deben a que, cuando consideramos el capital global de la sociedad, una parte del mismo siempre se halla como mercancía, en espera a transformarse en dinero; y otra parte del capital siempre se encuentra bajo  la forma dinero, a la espera de transformarse en mercancía, como lo muestra la secuencia de la rotación del capital: Lee el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

29/11/2018 at 12:47

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