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Marxismo & Economía

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La teoría marxista de la acumulación y crisis (7)

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La parte 6 de la nota, aquí

El profit squeeze a la luz de la evidencia empírica anterior a 1930

 En la entrada anterior planteé que Marx no explicó las crisis del siglo XIX por presión salarial y estrangulamiento de las ganancias. Tengamos presente que, según Aftalion, hubo crisis en 1847, 1857, 1864-66, 1873 y 1881-82. A estas podemos agregarle, siguiendo a Lescure, la de 1825, que habría sido la primera crisis verdaderamente de sobreproducción (las crisis del Antiguo Régimen eran de escasez); y la crisis de 1837, que se habría debido, esencialmente, a problemas en la balanza de pagos de EEUU. Después de la muerte de Marx se registran las crisis de 1890 y 1907.

Para nuestra discusión, lo central es que no hay evidencia empírica del mecanismo postulado por la tesis del profit squeeze. Es que si bien los salarios tendieron a aumentar en las fases de prosperidad, también lo hicieron los precios, de manera que no necesariamente las ganancias fueron estranguladas por la suba salarial. Según Aftalion (1913), en Inglaterra entre 1850 y 1907 el alza media de los salarios durante la prosperidad fue 12%, mientras que el alza media del conjunto de los precios fue 17%. En EEUU, entre 1870 y 1907 el alza media de los salarios durante la prosperidad fue 10% y los precios subieron 13%. Aftalion también señala que en las fases de ascenso el alza de los precios era acompañado por un alza más que proporcional de las ganancias. Por eso durante la prosperidad aumentan todos los ingresos monetarios, liderados por los beneficios del capital. Los ingresos de la clase obrera crecen porque aumenta el empleo (se reduce la desocupación) y porque hay un aumento de la tasa salarial. No parece haber entonces mucho soporte empírico para la tesis del profit squeeze. El hecho de que Marx no haya explicado las crisis que tuvo ocasión de seguir “en vivo y en directo” obedecería entonces a esta causa.

Lo anterior se complementa con Lescure (1932). Si bien este presta menor atención sistemática a la relación salarios / precios / ganancias, señala que en la crisis de 1847, los salarios aumentaron en Francia, en la fase de prosperidad que precedió a la crisis, pero también aumentaron los precios, y hasta las vísperas del estallido los ingresos de las compañías ferroviarias – la inversión ferroviaria había sido un motor del crecimiento- se mantuvieron elevados. Algo similar ocurrió en Inglaterra. De hecho, la crisis estalló más bien producto de la sobreinversión, o sobreacumulación. Un hecho que registró también Marx, tanto en sus escritos tempranos sobre esta crisis, como en sus escritos maduros, de los borradores de los tomos 2 y 3 de El Capital (un dato significativo para la discusión sobre si Marx modificó su explicación de las crisis en las décadas de 1860 y 1870; volveré sobre ello más adelante).

Algo similar explica Lescure sobre la crisis de 1857 (la primera que considera “mundial”, ya que afectó a Inglaterra, Francia, EEUU, Alemania y Holanda). En la fase de prosperidad la acumulación tuvo como ejes ferrocarriles, metalurgia, minería de carbón y hierro, construcción (crecieron vertiginosamente las ciudades, en especial en EEUU) y producción de oro (en California y Australia). Siempre según Lescure, en Francia, Inglaterra y EEUU aumentaron los salarios, pero también los precios, por lo cual, y tal como lo registra Aftalion, no habría habido necesariamente un estrangulamiento de las ganancias por alza de salarios. Más aún, Lescure señala que en Francia los salarios reales disminuyeron durante la prosperidad, debido al aumento de los precios.

En cuanto a la crisis de 1873, en la fase de prosperidad los salarios aumentaron fuertemente en Alemania, Inglaterra y EEUU; aunque también lo hicieron los precios. Lescure señala que en Alemania los obreros trabajaban a bajo ritmo, lo que seguramente afectó la rentabilidad del capital. Pero también se elevaron los precios, como había ocurrido en anteriores expansiones. De hecho, las ganancias –en particular, de las empresas ferroviarias- comenzaron a debilitarse desde fines de 1872, fundamentalmente por bajos rendimientos de las últimas inversiones realizadas. Un fenómeno que suele acompañar a la sobreacumulación de capital. Destaquemos que no encontramos que Marx haya explicado esta crisis –la más profunda del capitalismo de las anteriores a 1930- por presión salarial.

La crisis de 1930

La crisis estadounidense de 1930 tampoco parece encajar en la tesis del profit squeeze. Según Corey (1934), hubo una fuerte recuperación de los salarios entre 1921 y 1923, pero entre 1923 y 1929 el alza de los salarios se estancó (y con ello se retrasó el consumo de masas con respecto a la producción). El estancamiento de los salarios también es registrado por Smiley: El salario semanal promedio de trabajadores masculinos calificados y semi-calificados de 25 industrias manufactureras fue $29,16 en 1920; $26,19 en 1921; $30,93 en 1923; y $32,60 en 1929 (dólares deflacionados por el IPC). Las cifras para los trabajadores masculinos no calificados fueron $22,28 en 1920; $19,41 en 1921; $22,37 en 1923; $24,40 en 1929. De manera que entre 1923 y 1929 el ingreso semanal real de los trabajadores masculinos calificados y semi-calificados aumentó 5,3%, y el de los trabajadores no calificados 8,7%. La mayor alza de los salarios de los trabajadores no calificados puede haberse debido en parte a las restricciones a la inmigración descendió, debido a leyes más estrictas. Por otra parte, el salario semanal de las mujeres en la producción manufacturera (también para 25 industrias) aumentó 1,7%, también entre 1923 y 1929.

La contención de los salarios estuvo acompañada de un fuerte incremento de la productividad, y por lo tanto, de los beneficios, que entre 1923 y 1929 aumentaron más que los salarios. De hecho, en 1929 los beneficios eran 41,1%  superiores a los de 1923. Los salarios totales en 1929 eran 12,4% mayores que en 1923. En 1929 los salarios industriales eran prácticamente iguales a los de 1923. Entre 1924 y 1928 el promedio de los salarios industriales fue solo 0,5% superior al de 1923 (Corey, pp. 71-2). En 1929 los beneficios de la industria eran 22,9% más elevados que en 1923; pero los salarios solo 6,1% más elevados. “La creciente productividad del trabajo fue acompañada por mayores beneficios y menores salarios” (p. 67, ibid.). La proporción salarios/valor agregado bajó de 42,7% en 1923 a 36% en 1929. En este último año la tasa de plusvalía calculada por Corey era 27,1% superior a la de 1923 (p. 83, ibid.). En el mismo sentido, Temin sostiene que la distribución del ingreso había empeorado a finales de los 1920. La participación de los beneficios en el ingreso aumentó cinco puntos porcentuales en la década de los 1920. De hecho, la desigualdad alcanzó su pico justo al comienzo de la Gran Depresión (pp. 4 – 5).

Las crisis en EEUU de posguerra y la tesis del profit squeeze

Veamos ahora la validez de la tesis del profit squeeze a la luz de las crisis en Estados Unidos de posguerra. Utilizamos los datos del ciclo de la National Bureau of Economic Research, por un lado. Y el cálculo del Bureau of Labor Statistics de la participación de los salarios en el producto bruto (está calculada desde 1947). La participación de los salarios en el producto puede considerarse un proxy de la tasa de plusvalía. Lo importante es que si la tesis del profit squeeze tiene validez general, deberíamos registrar un fuerte aumento de la participación de los salarios en el producto en el período previo al inicio de las recesiones. He tomado entonces la evolución del ratio salarios / producto en los 12 meses que preceden al inicio de cada recesión.

Según la NBER, las recesiones en EEUU fueron
Julio 1953 – mayo 1954
Agosto 1957 – abril 1958
Abril 1960 – febrero 1961
Diciembre 1969 – noviembre 1970
Noviembre 1973 – marzo 1975
Enero 1980 – julio 1980
Julio 1981 – noviembre 1982
Marzo 2001 – noviembre 2001
Diciembre 2007 – junio 2009

La evolución de la ratio salarios / producto muestra que el aumento más significativo ocurrió en el año que precedió a la recesión iniciada en diciembre de 1969: del último trimestre de 1968 al último de 1969, la participación de los salarios pasó del 62,4% al 65%. Es un aumento de 2,6 puntos porcentuales. Coincide con un período de fuerte conflictividad social y política (por caso, la oposición a la guerra en Vietnam) y organización obrera. Las quejas de las patronales sobre la indisciplina en los lugares de trabajo fueron muy generalizadas en aquellos años. Este es entonces un elemento de verdad contenido en la explicación de la crisis por presión salarial y, más en general, por intensificación de la lucha de clases.

En otros casos, el aumento existe, pero es bastante menor: en los 12 meses que preceden a la recesión iniciada en abril de 1960 se eleva 1,7 puntos; y en el año que precede a la crisis de 1973 sube 1,1 puntos porcentuales. Parece discutible si estos aumentos han sido la causa principal de las recesiones que siguieron; en particular, la de 1973-5. Sin embargo, y tal vez más importante, en las restantes recesiones las variaciones han sido de mucha menor cuantía. Así, en el período que precedió a la recesión de 1953 la ratio aumentó 0,6 puntos porcentuales; previo a la crisis iniciada en enero de 1979 lo hizo 0,2 puntos; previo a la crisis de 1989 aumentó 0,9 puntos; previo a la crisis iniciada en marzo de 2001 aumentó 0,6 puntos. Por otra parte, en el año que precedió a la recesión iniciada en agosto de 1957 la ratio cayó 0,4 puntos. Y, posiblemente más significativo, en el año que precedió al inicio de la recesión de 2007-9, la ratio cayó 0,3 puntos porcentuales.

Tendencia de largo plazo

Agreguemos que la crisis de 2008-9 ocurre en un marco de tendencia descendente de la participación de los salarios en el producto de Estados Unidos, como se puede ver en el siguiente gráfico. El dato es relevante con respecto a los marxistas que sostienen que, en el largo plazo, opera una tendencia a la caída de la tasa de ganancia como resultado de la presión de la lucha de clases. Examinaremos con alguna extensión esta tesis cuando discutamos el enfoque de la crisis de Bell y Cleaver (2002).

En definitiva, si bien la presión salarial en la fase última de la prosperidad pudo haber tenido alguna influencia en el debilitamiento de la tasa de ganancia, la evidencia no avala una explicación general de las crisis capitalistas del tipo de la profit squeeze. Por otra parte, tampoco se advierte que haya un aumento de la tasa de plusvalía (si consideramos a la participación de los salarios en el producto un proxi de la misma) que pudiera ser un factor contrarrestante de la caída de la tasa de ganancia.

Textos citados:
Aftalion, A. (1913): Les crises périodiques de surproduction, University of Toronto.
Bell, P. y H. Cleaver (2002): “Marx’s Theory of Crisis as a Theory of Class Struggle”, The Commoner, Autumn,  https://www.researchgate.net/publication/246771683_Marx’s_crisis_theory_as_a_theory_of_class_struggle/link/53d1b6dd0cf220632f3c496b/download.
Corey, L. (1934): The Decline of American Capitalism, Nueva York, Covici Friede Publishers.
Lescure, J. (1932): Les crises générales et périodiques de surproduction, Paris, Domat-Montchrestien.
Smiley, G. “The US economy in the 1920s”, https://eh.net/encyclopedia/the-u-s-economy-in-the-1920s/.
Temin, P. (1994): “The Great Depression”, NBER, Historical Paper Nº 62.

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24/01/2020 at 18:52

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La teoría marxista de la acumulación y crisis (6)

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La parte 5 de la nota, aquí.

Las tesis sobre la crisis capitalista de Dobb, Boddy y Crotty, e Itoh, se referencian fuertemente en dos pasajes de El Capital: la primera parte del capítulo 23 del tomo 1; y el capítulo 15 del tomo 3. En esta entrada analizo entonces esos pasajes.

 Acumulación extensiva, manufactura y el capítulo 23

 Como ya hemos citado, en el capítulo 23 del tomo 1, Marx se refirió a la posibilidad de que, a medida que progresa la acumulación, se incrementen los salarios al punto que la ganancia se vea afectada en un grado tal que la acumulación se haga más lenta: “llega al punto en que el plustrabajo… ya no se ofrece en la cantidad normal, tiene lugar una reacción” En ese caso, “la acumulación del capital se enlentece y el movimiento ascensional de los salarios experimenta un contragolpe” (1999, p. 770, t. 1; también p. 769). Este “enlentecimiento” de la acumulación es interpretado entonces por los defensores de la tesis del “estrangulamiento de la ganancia” como una crisis. De ahí concluyen que Marx, en este pasaje, estaría apuntando a una explicación general de la crisis.

En nuestra opinión, se trata de una interpretación demasiado parcial. Es que en el inicio de este capítulo Marx supone –como indica el título de ese primer apartado que contiene el pasaje citado- una situación en la que, a medida que progresa la acumulación, se mantiene igual la composición del capital y crece la demanda de fuerza de trabajo. Sin embargo, inmediatamente después explica que el objetivo del capítulo es investigar la influencia que ejerce el acrecentamiento del capital sobre la suerte de la clase obrera, y que en este respecto el factor más importante son los cambios que experimenta la composición del capital con el proceso de acumulación. Es claro que con esto Marx está afirmando que la acumulación extensiva no es el caso típico, o general, en el modo de producción capitalista.

Esta interpretación se refuerza porque los episodios de acumulación extensiva que cita en ese capítulo 23 son lo ocurrido en Inglaterra durante el siglo XV; y en la primera parte del siglo XVIII, también en Inglaterra. Claramente, se está refiriendo a la manufactura, eso es, al período que, en líneas generales, ubica entre mediados del siglo XVI y el último tercio del XVIII. La característica central de la manufactura es la división del trabajo en el taller; la máquina no se había impuesto. Pero por eso, siempre según Marx, mientras la manufactura fue la forma dominante del modo de producción capitalista “la plena realización de las tendencias de la misma [de la producción capitalista] choca con múltiples obstáculos” (p. 447, t. 1). ¿Y cuáles eran esos obstáculos? Pues el principal eran “los hábitos y la resistencia de los obreros varones” (ibid.). Es que “la destreza artesanal” pone obstáculos al dominio del capital sobre el trabajo. Por eso, la introducción de la máquina derriba las barreras que la manufactura oponía todavía a la dominación del capital (véase p. 449).  Aquí la máquina es presentada como un arma de dominio del trabajo, y como tal, inherente a la subsunción real del trabajo al capital; y por lo tanto a la acumulación.

Lo anterior explica por qué, cuando Marx analiza la acumulación capitalista, el crecimiento extensivo –o sea, sin desplazamiento de la mano de obra por el capital- no puede ser el escenario característico del modo de producción capitalista desarrollado. Al respecto es significativo que en el apartado 2 de este capítulo 23 Marx critica a Adam Smith porque este suponía una acumulación sin disminución relativa del capital variable; o sea, sin desplazamiento de la mano de obra por la máquina. Con esto está diciendo que el supuesto de la acumulación extensiva no se corresponde con el capitalismo industrial, basado en la máquina (o, actualmente, en la automatización). Si Marx está analizando en el capítulo 23 la acumulación del capital, el foco no puede ser la acumulación extensiva. Por eso Weeks (1979) tiene razón cuando dice que los teóricos del profit squeeze “tratan la acumulación en la sociedad capitalista madura como si estuviera ocurriendo en el estadio de la manufactura” (p. 270).

¿Una teoría de la crisis?

Por otra parte, en ningún pasaje de esa primera parte del capítulo 23 Marx apunta a que la secuencia acumulación extensiva / aumento del salario / caída de la ganancia sea la causa de las crisis. Es que si las crisis tienen su causa última en las tendencias de la acumulación –entre ellas, en primer lugar, la tendencia a la sustitución de la mano de obra por la máquina- no es posible sostener que Marx explicó las crisis suponiendo una acumulación extensiva, a la cual no consideraba característica de la dinámica capitalista.

De hecho, además, en ese primer apartado del capítulo el acento está puesto, en primer lugar, en demostrar que, incluso en las condiciones más favorables para la clase obrera –salarios en alza, mejora de las condiciones de vida- esta sigue siendo explotada. Y que se incrementa el radio de esa explotación (pp. 765-6). Por otra parte, y en segundo término, intenta mostrar que son los movimientos en la acumulación del capital los que se reflejan en los movimientos relativos de la fuerza de trabajo explotable, y no a la inversa (véase p. 769). Esto es, la dinámica de la acumulación está dominada por el capital, no por la clase obrera, considerada como un factor autónomo. Y en tercer lugar, Marx trata de demostrar que la ley de la acumulación capitalista excluye toda disminución del grado de explotación (o alza de los salarios) “que pueda amenazar seriamente la reproducción constante de la relación capitalista” (p. 770; véase también p. 768). Es en este contexto que  plantea que si el alza de salarios llegara a afectar en algún grado importante la ganancia, la acumulación se haría más lenta; estamos más bien ante la posibilidad de una fluctuación; no parece apuntar a una crisis, que Marx concebía como el estallido violento de las contradicciones del capital.

Nuestra interpretación se refuerza con el segundo apartado del capítulo, que analiza la acumulación que progresa con desplazamiento de la mano de obra por la máquina. Además de la crítica a Smith, ya citada, Marx afirma que el crecimiento continuo de la acumulación, sin variación de la relación medios de producción / fuerza de trabajo es solo “una fase particular de este proceso [de acumulación]”, Y agrega que “el proceso, en su avance, deja atrás esta fase” (p. 772). De nuevo, en el capitalismo desarrollado, o sea, desde que triunfó la Revolución Industrial, la acumulación característica es de tipo intensivo: hay un volumen creciente de medios de producción comparada con la fuerza de trabajo que los pone en movimiento; lo cual se expresa en la productividad creciente del trabajo (pp. 772-3). Pero si esto es así, el desplazamiento de la mano de obra por la máquina mantendrá a raya los salarios.

Marx no explicó las crisis del siglo XIX por alza de salarios

Una cuestión central, es que cuando analizó en concreto las crisis económicas que vivió (1847, 1857, 1866, 1873) no intentó explicarlas por “estrangulamiento de las ganancias, provocado por alza de salarios”. Esto a pesar de que era consciente de que las crisis son precedidas por un período en el que el salario aumenta y la clase obrera obtiene realmente una porción mayor de la parte del producto destinada al consumo” (ibid. p. 502, t. 2).

Pero además, en el pasaje del capítulo 23, tan citado por los teóricos de la crisis por aumento de salarios, Marx dice que la acumulación se hace más lenta cuando se comprime la ganancia. Un enlentecimiento de la acumulación no parece dar cuenta del carácter explosivo –quiebras súbitas de empresas industriales y bancos, desvalorización violenta de los capitales- de las crisis. Piénsese, por ejemplo, en la caída de Lehmans Brothers y otros grandes bancos estadounidenses en 2008. Fue mucho más grave que un “enlentecimiento” de la acumulación del capital. Esto dejando de lado que tampoco hay evidencia empírica de que la crisis financiera de 2008-9 se haya debido a la presión alcista de los salarios (volvemos sobre esto más adelante).

El contenido de verdad en la tesis del estrangulamiento de las ganancias

Habiendo planteado los problemas teóricos que encierra la explicación de las crisis por suba de salarios (y estrangulamiento de las ganancias), parece necesario, sin embargo, señalar el elemento de verdad que contiene, a saber, que durante las fases de expansión de las economías capitalistas tiende a reducirse el ejército de desocupados, de lo que deriva una presión alcista de los salarios (más precisamente, de los salarios nominales; en términos reales esa suba puede estar compensada por el aumento de los precios; véase más adelante). Marx señala esta circunstancia: “En tiempos de prosperidad, de gran expansión, de aceleración y vigorización del proceso de reproducción, los obreros se hallan plenamente ocupados. Mayormente se produce asimismo un aumento del salario, equilibrando hasta cierto punto el descenso del mismo por debajo del nivel medio en los restantes períodos del ciclo comercial. (…) Los precios de las mercancías también aumentan regularmente…” (ibid., pp. 576-7, t. 3).

Estamos aquí entonces en presencia de una fluctuación procíclica de los salarios y los precios. Es claro que Marx con esto no está presentando teoría alguna, y menos general, de las crisis capitalistas. Pero sí queda planteada la cuestión de hasta qué punto un aumento de salarios (aunque hay que estudiar que ocurre con los precios) puede bloquear, al menos durante un tiempo, el factor contrarrestante de la caída de la tasa de ganancia, vinculado a los aumentos de productividad, y por lo tanto, de la plusvalía relativa. Pero, repetimos, no hay razones para sostener que Marx consideraba el alza de salarios como la causa principal, y sistemática, de la caída cíclica de la tasa de ganancia, o de la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. En este respecto, al tratar la LTDTG, escribe: “La baja tendencial de la tasa de ganancia se halla ligada a un aumento tendencial del plusvalor… Por ello, nada más absurdo que explicar la baja de la tasa de ganancia a partir de un aumento de la tasa del salario, aunque también este caso pueda darse excepcionalmente” (ibid., pp. 306-7). Subrayo, se trata de un caso más bien excepcional.

 Sobreacumulación absoluta del capital

 Recordemos que, según Itoh, la “sobreproducción absoluta de capital” sería la clave para la segunda explicación de Marx de las crisis cíclicas del capitalismo. Se trataría de una situación en la que la acumulación del capital hubiera superado el crecimiento de la población obrera, de manera que ya no pudiese ampliarse “ni el tiempo absoluto del trabajo que proporciona esa  población, ni el tiempo relativo de plustrabajo…”.  Marx precisa que el aumento de la plusvalía relativa sería imposible “en el caso de que la demanda de trabajo fuera tan intensa, es decir, con una tendencia al aumento de los salarios” (ibid., p. 323, t. 3). O sea, el capital aumentado produciría la misma masa, o incluso una masa menor de plusvalía que antes de su crecimiento. En ambos casos “se verificaría una intensa y repentina baja de la tasa general de ganancia”  (ibid.), pero ya no a causa del aumento de la composición orgánica del capital, sino “a un aumento en el valor dinerario del capital variable (a causa del aumento salarial) y a la correspondiente merma de la proporción entre el plustrabajo y el trabajo necesario” (ibid.). Por eso la caída de la tasa de ganancia “estaría acompañada en este caso por una disminución absoluta de la masa de ganancia”, ya que no habría posibilidad de acrecentar la plusvalía aumentando la masa de fuerza de trabajo empleada (pp. 323-4).

Claramente, estamos ante la conjetura de una posibilidad teórica (de ahí el uso del potencial) que podría llegar a darse en el largo plazo. En ningún punto se advierte que Marx apunte a explicar las crisis cíclicas del capitalismo; al menos, no las que tuvo oportunidad de estudiar. Por otra parte, no hay indicios de que en las vísperas de las crisis de 1847, 1857, 1873 se haya suscitado un escenario de “sobreacumulación absoluta del capital” (ampliamos esta cuestión cuando presentemos datos empíricos sobre salarios y ganancias en vísperas de las crisis cíclicas).

Itoh y la acumulación extensiva / intensiva

 Como hemos visto en la entrada anterior, Itoh sostiene que la existencia de capital fijo desalienta la introducción de nuevas plantas y máquinas durante la fase de expansión del ciclo. Según Itoh, los capitalistas se resisten a reemplazar capital fijo hasta que no se haya agotado su valor. Este agotamiento del valor puede producirse por depreciación, o por caída de su valor de cambio debido a las condiciones del mercado. De aquí se deduce que la nueva maquinaria se introducirá durante las crisis. Con las crisis caen los valores del capital ficticio, y se abarata el capital fijo. Lo cual impulsa la eliminación del viejo capital fijo. En cambio, durante las expansiones, los reemplazos de maquinaria serán excepcionales. Una explicación que parece acercarse a la visión de Schumpeter, para quien el cambio tecnológico tendía a ocurrir en las fases de depresión de las economías capitalistas.

Como bien observa Weeks (1979), en crítica a Itoh, este restringe, arbitrariamente, el impulso, derivado de la competencia, del capital a revolucionar las fuerzas productivas, a los períodos de crisis; durante las expansiones la acumulación sería solo en términos cuantitativos, y terminaría cuando se agota el ejército industrial de reserva. Acertadamente Weeks señala que el análisis del proceso de acumulación debe incorporar la lucha competitiva: en el proceso real de acumulación cada capital crece (concentración de la producción, según Marx), entra en conflicto con otros capitales y la batalla se libra a través del abaratamiento de las mercancías (véase Weeks, p. 268). De esta manera los capitales se ven obligados a aumentar la productividad; y la productividad aumenta desplazando mano de obra por maquinarias. Este aumento de la productividad se logra mediante la concentración y centralización (fusiones) del capital; ambas son inherentes al proceso de acumulación.

Pero por otra parte, no hay evidencia empírica de lo que sostiene Itoh. Es una realidad del sistema capitalista que el reemplazo de la máquina por otras más productivas está en la base de la búsqueda de plusvalías extraordinarias, y esa búsqueda no se interrumpe durante las fases alcistas. Además, muchas veces los capitalistas se ven obligados a reemplazar máquinas antes de que estas se hayan amortizado. Es lo que ocurre con los capitalistas que deben hacer frente al competidor que logró abaratar los costos, obtiene plusvalías extraordinarias y gana mercado mediante guerra de precios. Subrayamos, es un fenómeno que ocurre una y otra vez, según las ramas.

Incluso en la literatura neoschumpeteriana, en la que se podría encontrar un énfasis en el cambio tecnológico durante las depresiones, se constata que el mismo también ocurre en las expansiones. cto. Por ejemplo, Freeman et al. (1985): “En los primeros momentos de un nuevo período de expansión se pone el énfasis en una rápida expansión de la nueva capacidad para obtener una buena cuota del mercado, y esta inversión produce un fuerte efecto positivo en la generación de nuevo empleo. Al ir madurando las nuevas industrias y tecnologías, se explotan las economías de escala, y la presión se dirige ahora hacia las innovaciones ahorradoras de costes en la tecnología de los procesos productivos. La intensidad del capital se incrementa y se frena el crecimiento del empleo, o incluso se detiene del todo. … esta hipótesis parece explicar bastante bien los patrones de la posguerra” (p. 71). No se advierte entonces razón alguna para sostener que el crecimiento de la relación medios de producción / trabajo ocurre solo en las fases depresivas.

Textos citados:
Itoh, M. (1987): La crise mondiale. Théorie et pratique, Paris, Etudes et Documentation Internationales.
Freeman, C.; J. Clark y L. Soete (1985): Desempleo e innovación tecnológica, Madrid, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.
Weeks, (1979): “The Process of Accumulation and the ‘Profit-Squeeze’ Hypothesis”, Science & Society, vol. 43, Nº 3, pp. 259-280.

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14/01/2020 at 19:07

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La teoría marxista de la acumulación y crisis (4)

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La parte (3) de la nota, aquí.

En la entrada anterior de esta nota (aquí) discutimos la idea de Sweezy, de que el aumento de la plusvalía relativa –a consecuencia del aumento de la productividad- deja indefinida la dirección en que se mueve la tasa de ganancia. Sin embargo, Sweezy no niega que exista una tendencia de la tasa de ganancia a descender, pero plantea otra causa: la presión de los salarios sobre las ganancias a medida que avanza la acumulación.

La explicación de la caída de la tasa de ganancia a consecuencia de la suba de los salarios reconoce dos versiones principales: por un lado, la que dice que la presión salarial induce a la suba de la composición orgánica del capital, lo que provoca la caída de la tasa de ganancia. Maurice Dobb adelantó esta explicación en los años 1930, y luego fue adoptada y profundizada por otros marxistas, o corrientes cercanas (por ejemplo, Lipietz, de la escuela regulacionista), que trataremos más adelante. La otra versión sostiene que la suba de los salarios, a la que puede agregarse el conflicto en los lugares de trabajo, afecta directamente a las ganancias, provocando la recesión; es lo que sostuvieron los teóricos del profit squeeze en los 1970. Lee el resto de esta entrada »

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07/12/2019 at 12:30

Economía global 2019; actualización (1)

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Esta entrada se divide en dos partes

En esta nota actualizamos análisis que hemos presentado en notas anteriores sobre la economía global. La idea central es que se ha mantenido el crecimiento débil, al que hacíamos referencia años atrás. En este respecto recuerdo que en una nota de julio de 2014 (aquí, y siguientes; también aquí) decíamos que desde el final de la crisis de 2007-9 la coyuntura no era de depresión, o recesión, pero tampoco de fuerte crecimiento. Las economías de la zona del euro y Japón continuaban estancadas; el crecimiento era débil en Estados Unidos y Canadá; y relativamente importante en los países atrasados.

Agregábamos que todo indicaba que la economía mundial se encaminaba hacia un largo período de crecimiento débil, o semi-estancamiento. En paralelo, había mucha liquidez que alimentaba el crédito y la especulación. Una situación que Marx llamó “plétora del capital”, y que la literatura económica mainstream registró como “exceso mundial de ahorro”. Con bajas tasas de interés y mucho cash, y a pesar de mejoras en la rentabilidad –entre otras razones por aumento de la plusvalía relativa, véase más abajo- la inversión permanecía débil. Así, en lugar de ampliar su capacidad productiva, las empresas preferían recomprar sus acciones o involucrarse en fusiones y adquisiciones, en un contexto de crecimiento del crédito y las deudas, y falta de dinamismo de la producción. Lee el resto de esta entrada »

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02/09/2019 at 12:14

La demanda de indexar los salarios

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Empujada por la devaluación del peso y los tarifazos, la inflación en 2018 rondaría el 30%. Pero el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y las patronales procuran que los salarios no superen el 25%; e intentarán que la suba de los salarios estatales sea todavía menor. Los trabajadores que están en negro también tendrán aumentos menores al 25%. Es claro que la clase dominante intenta “anclar” los salarios muy por debajo de la inflación, a fin de recuperar competitividad y rentabilidad para el capital, y disminuir el gasto estatal.

En este cuadro, los dirigentes sindicales que presumen de “combativos” exigen la introducción de “cláusulas gatillo” en los convenios. Esto significa, en principio, indexar los salarios de acuerdo al aumento de los precios. Algunos grupos de izquierda también hacen eje en esta exigencia.

Se plantea entonces la cuestión de si la indexación salarial es la respuesta adecuada frente a la caída del salario que se está operando vía devaluaciones e inflación. Nuestra respuesta es que no existen experiencias, ni en Argentina, ni en otros lugares, en las cuales los salarios reales no hayan quedado atrás frente a una alta inflación, a pesar de las tan invocadas indexaciones. La razón es que en períodos de alta inflación –o sea, de desvalorización continua de la moneda- los capitalistas tienden a trasladar a precios los aumentos salariales, impulsando así renovadas depreciaciones de la moneda, y más aumentos de precios. Lee el resto de esta entrada »

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27/06/2018 at 21:29

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Es más grave que una corrida cambiaria

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En una nota anterior, publicada a fines de marzo, decíamos que el sostenimiento de la demanda basada en alto déficit fiscal y de cuenta corriente, financiados con entrada de capitales especulativos y deuda creciente, era insostenible en el mediano plazo, y agregábamos: “se sabe cómo suele terminar esta historia: llega un punto en que comienza la salida precipitada de los fondos especulativos (en una situación de fragilidad económica el disparador puede ser cualquier elemento que los inversores consideren negativo), con las consecuencias de violentas devaluaciones cambiarias y profundas crisis financieras” (aquí).

Pues bien, la salida de capitales se desató mucho antes de lo que preveíamos en esa nota, a partir de la suba de la tasa de interés en EEUU y la agudización de diferencias y tensiones, no solo entre la oposición y el Gobierno, sino al interior de la misma coalición de Cambiemos. Desde que se inició la corrida, el Banco Central perdió el 8% de sus reservas, el peso se devaluó en un solo día (el 3/05) un 8%, y la sangría solo fue frenada, parcialmente, con una suba de la tasa de interés de referencia de 1250 puntos básicos, desde el 27,5% al 40%. Sin embargo, no se trata solo de la corrida cambiaria: también cayeron los bonos de la deuda (el riesgo país aumentó desde 397 a 471 puntos básicos en menos de un mes) y las acciones se derrumbaron. Al momento de escribir esta nota el dólar sube a $23,5 y el Merval se hunde más del 4%. Hasta el presente, más que “volatilidad” hubo caída libre. Y está abierto el escenario para una crisis financiera. Lee el resto de esta entrada »

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08/05/2018 at 13:02

Raspando a los “amigos del pueblo”

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A raíz del debate sobre las tarifas del agua, electricidad y gas, por estos días han dicho:

Myriam Bregman: “Que el agua, el gas y la luz no sean medios de lucro para los capitalistas” http://www.laizquierdadiario.com/Myriam-Bregman-Que-el-agua-el-gas-y-la-luz-no-sean-medios-de-lucro-para-los-capitalistas). Bregman es dirigente y figura pública del PTS.

Cristina Kirchner: “no se puede aplicar la lógica del mercado a los servicios públicos, son un derecho humano, no un lujo” (http://www.agenciapacourondo.com.ar/politica/cristina-contra-el-tarifazo-no-se-pueden-aplicar-logicas-de-mercado-los-servicios-publicos). Cristina Kirchner es la principal dirigente de Unidad Ciudadana.

Chipi Castillo: “Nosotros no queremos… la ecuación rentabilidad–capitalista en un servicio público esencial” (http://www.laizquierdadiario.com/Hay-que-estatizar-los-servicios-con-gestion-de-los-trabajadores-y-control-de-los-usuarios). Castillo es dirigente y figura pública del PTS.

Manuela Castañeira: “Los servicios públicos son un derecho y por eso su precio debe ser accesible para toda la población. No debería existir el lucro privado con los servicios para obtener ganancia…” (https://www.mas.org.ar/?p=9666). Castañeira es figura pública del Nuevo MAS.

Podría seguir con los ejemplos, pero con esto es suficiente. Lo importante es que pocas veces tenemos la oportunidad de ver de manera tan clara la diferencia entre la concepción crítica del marxismo, y el enfoque subjetivista del socialismo vulgar (o socialismo burgués). Para ponerlo en palabras de Lenin, mientras los “amigos del pueblo” se preocupan por “lo que debe ser”, el marxista lo considera “cosa superflua, que solo puede interesar a los subjetivistas”, para centrar su atención en “las verdaderas relaciones económico-sociales, en su verdadera evolución” (véase “¿Quiénes son los amigos del pueblo?, Obras Completas, Cartago, t. 1, p. 205). ¿Y cuál “la verdadera relación económico social” existente? Pues la producción para el mercado con vistas a acrecentar el valor del capital adelantado. Pero por eso mismo, no hay manera de que el agua potable, el gas, la electricidad, y similares, no sean “medios de lucro” en la sociedad capitalista si no se acaba con la forma social de la mercancía capitalista. Lee el resto de esta entrada »

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26/04/2018 at 12:58

Publicado en Economía

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Salarios, productividad marginal y la elevada ciencia de Javier Milei (2)

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La primera parte de la nota, aquí 

Salario según productividad y la irrealista solución walrasiana

A fin de profundizar en la crítica de la función de demanda laboral de los neoclásicos, admitamos por un momento que es posible determinar la productividad marginal del trabajo y que esta es decreciente. Aceptando este supuesto, diremos, junto a la teoría mainstream establecida, que los empresarios emplearán trabajo hasta que su rendimiento marginal, en términos reales, se iguale a su precio de mercado, esto es, al salario vigente. Si estas condiciones se cumplen también para los otros “factores productivos”, el precio de los productos se igualará al costo de esos “servicios” (respetamos la terminología neoclásica usual). Es lo que se escribe habitualmente en los manuales. Sin embargo, es más fácil decirlo, o escribirlo, que hacerlo. Veamos por qué.

Empecemos diciendo que el salario se debe fijar antes de comenzar la producción. Y debe establecerse, de acuerdo a la tesis neoclásica, en términos reales. Esto último es clave por dos razones: primero, para que el trabajador pueda decidir a cuánto ocio está dispuesto a renunciar a cambio de la utilidad del salario. En segundo lugar, porque el empresario debe conocer cuánto va a producir para establecer cuánto trabajo va a contratar. Si no sabe cuánto va a producir, no puede saber qué cantidad de trabajo va a contratar, y por lo tanto no puede igualar el salario a la productividad marginal. Asimismo, no podrá establecer cuánto capital (cuya productividad marginal, en equilibrio, es igual a la tasa de interés) va a combinar con el trabajo. Sobre este punto subrayemos que la teoría neoclásica supone la posibilidad de sustitución entre los factores, ya que los salarios y beneficios (y la renta) no se determinan aisladamente, sino a través de la competencia. El empresario combina capital y trabajo (y/o la tierra) de manera que lo que paga a esos factores es menos de lo que pagaría por cualquier otra combinación; si no es el mínimo, dispone otra combinación. Por esta vía se garantiza que cada cual “gana lo que se merece”. Lee el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

24/05/2017 at 09:48

Salarios, productividad marginal y la elevada ciencia de Javier Milei (1)

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En una nota que lleva por título “Las brillantes ideas de Nicolás nos mandarán al caño”, publicada en El Cronista el 17/05, el economista Javier Milei critica la propuesta de Del Caño, candidato a presidente por el PTS, de reducir la jornada de trabajo para acabar con la desocupación. Entre otros argumentos, Milei acusa a Del Caño de tener “un desconocimiento total y absoluto de la forma en que se determina la remuneración de un factor (en este caso el trabajo)”. Y agrega: “Si uno revisa un libro básico de teoría de los precios (Microeconomía), al momento de analizar la demanda de factores de producción, encuentra que la misma está determinada por aquel punto donde el valor del producto marginal (el cual surge de multiplicar el precio del bien que ofrece la firma en el mercado por el producto marginal del factor) se iguala al costo del factor, en este caso sería el trabajo”. Según Milei, Del Caño es un ignorante porque no dice lo que dicen los manuales, y los cursos habituales de Economics. Para información de los lectores del exterior, Javier Milei es un economista que ha ganado cierta notoriedad en los últimos tiempos, despotricando a los gritos en los medios contra todo lo que huela a izquierda, o incluso a keynesianismo.

Pues bien, el problema con el argumento de Milei es que desde hace ya muchos años la tesis que afirma que el salario se iguala, en equilibrio, a la productividad marginal del trabajo, ha sido objeto de críticas que ni los manuales, ni los cursos académicos, han podido responder. Más aún, ni siquiera las mencionan, con el resultado de que mucha gente que cursa las carreras de Economía termina convencida de que, “naturalmente”, los salarios se igualan a la productividad marginal del trabajo. Se trata de una teoría apologética del sistema existente (los trabajadores “reciben lo que merecen”), y autista con respecto a lo que cotidianamente viven –o padecen- los millones de hombres y mujeres que trabajan bajo las órdenes del capital, o buscan trabajo. Decimos autista porque, como veremos en seguida, no tiene el menor contacto con lo que ocurre en la realidad del mundo capitalista. Lee el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

20/05/2017 at 15:42

La Argentina “del cambio”: inflación y baja de salarios

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Devaluación, aceleración inflacionaria –aumento de tarifas en primer lugar- y salarios que se quedan: es el proceso clásico por la que se está operando una gigantesca transferencia de riqueza desde los trabajadores a la clase dominante. Recuerdo lo que planteé en una nota anterior, apenas subió Macri:

“Ahora el peso de la clase dominante está puesto en las paritarias. Lo dijo Macri en su tan elogiado discurso ante la Unión Industrial Argentina: ‘hay que bajar la conflictividad gremial, que es permanente’. O sea, los sindicatos tienen que ‘tragarse’ la suba de precios. Tengamos presente que este año la inflación estaría entre el 28 o 30%, y todo indica que se aceleraría con la devaluación y la suba de las tarifas. En el mismo sentido, referentes de las cámaras empresarias (por caso, Mendiguren, del partido de Massa) dicen que las paritarias no deben tomar en cuenta la inflación  pasada, sino la esperada. El ministro de Trabajo agregó que los aumentos deben otorgarse ‘según productividad’ (otro argumento clásico de los empresarios en tiempos de crisis y ajuste). En consecuencia, por todos lados se presiona para que se imponga, pacto social mediante, un techo a los incrementos salariales. Para esto se recurre a la amenaza de toda la vida: si no aceptan, habrá desocupación. ‘Tienen que cuidar el empleo’, les dijo Macri a los trabajadores. Es el mismo argumento-amenaza que esgrimía, hasta hace poco, Cristina Kirchner. Así, todo discurre según el necesario orden causal del orden capitalista. Por supuesto, nadie habla del trabajo precarizado, ni de los millones de subocupados, o de los que ni siquiera buscan trabajo porque están desanimados. La otra arma con que cuenta la clase dominante es, como siempre, la siempre presente burocracia sindical” (aquí).

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Written by rolandoastarita

07/05/2016 at 17:21

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