Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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La renta diferencial no es renta por monopolio

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En la nota anterior explicamos por qué, según la teoría de Marx, la renta diferencial de la tierra no se debe  a la propiedad privada de la tierra, sino a las diferencias de fertilidad  de los suelos (también puede deberse a las diferencias de ubicación geográfica). Allí también señalé que la renta diferencial es, básicamente, plusvalía generada por el trabajo aplicado a las mejores tierras. En esta entrada enfatizo esta cuestión, dada la creencia, bastante generalizada en alguna izquierda, de que la renta diferencial se origina por precios determinados por poder de monopolio.

Tengamos presente al respecto que cuando hablamos de precio de monopolio nos referimos a un precio que no está regido por la ley del valor trabajo, ni por la mecánica – derivada de la ley del valor trabajo – de los precios de producción, “sino por las necesidades y la solvencia de los compradores” (p. 971, t. 3, El Capital, Siglo XXI). Por eso Marx dirá que se trata de un precio “arbitrario” y “limitado solo por el poder de la demanda” (véase más abajo). En cambio, el precio de producción del producto agrícola, con el cual Marx explica la renta diferencial, no es arbitrario ni está determinado por la demanda, sino por el trabajo aplicado a la peor tierra, y por la tasa media de ganancia imperante en la economía (tasa media de ganancia que también tiene su fundamento en la ley del valor trabajo). Lee el resto de esta entrada »

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13/07/2019 at 15:44

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Lenin y el estancamiento debido al monopolio

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En una nota anterior (aquí) sostuve que en El imperialismo fase superior del capitalismo, Lenin no presenta datos para sustentar su afirmación de que en los países capitalistas adelantados existía una tendencia al estancamiento económico. En su lugar, sostiene  dos argumentos a partir de los cuales deduce que debía imponerse esa tendencia. El primero de ellos se basa en el predominio del precio de monopolio, lo cual anularía el impulso al cambio tecnológico. El segundo sostiene que existía un límite a la acumulación del capital, a causa del bajo poder de consumo de las masas trabajadoras y campesinas. En esta nota examino el primer argumento, y la consecuencia más general del enfoque estancacionista.

Competencia y acumulación del capital en la teoría de Marx

La explicación de la tendencia al estancamiento por el monopolio es presentada por Lenin en el capítulo 8 de su famoso folleto. Recuerda que “la base económica más profunda del imperialismo es el monopolio”, el cual surgió del capitalismo y está “en contradicción” con la producción mercantil y la competencia. Y agrega: “… como todo monopolio, el monopolio capitalista engendra inevitablemente una tendencia al estancamiento y la decadencia. En la medida en que se fijan, aunque sea momentáneamente, precios monopolistas, desaparecen en cierta medida los factores que estimulan el avance técnico y, en consecuencia, cualquier otro avance, surgiendo así, además, la posibilidad económica de retardar deliberadamente el progreso técnico” (p. 61). Lee el resto de esta entrada »

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16/05/2019 at 12:09

¿Precios contrarrevolucionarios?

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“Por primera vez [el precio del barril de petróleo] llega a US$34. Las fuerzas imperialistas mundiales actúan mientras nosotros producimos petróleo. Ellos, con la manipulación de los mercados, ponen el precio” (declaraciones de Maduro, http://caraotadigital.net/precio-del-petroleo-toco-el-piso-de-los-us-34/). La idea es repetida por nacionalistas y progresistas de izquierda, e incluso por marxistas: la caída de los precios del petróleo sería una gigantesca maniobra de EEUU para ahogar a Venezuela y Cuba, y debilitar a otros enemigos, en primer lugar a Rusia.

Se trata de la concepción, arraigada en la izquierda, de que los precios son gobernados, centralmente, por el gobierno de EEUU, tal vez con la colaboración de otras potencias. Desde este enfoque, la ley del valor trabajo  “a lo Marx”, no tendría validez. Es que en la teoría de Marx (también en David Ricardo) la ley del valor es objetiva, y ese carácter objetivo se impone a través de la competencia, entendida esta como guerra entre los capitales. Ello significa que la regulación y distribución de los tiempos de trabajo opera a través de los movimientos anárquicos de los precios en el mercado, y las variaciones más o menos súbitas de cantidades producidas y demandadas. Por eso, hay períodos de sobreacumulación, caída de la demanda, de los precios y de las ganancias; y otros de escasez de oferta, suba de precios y de las ganancias y la producción. Es entonces una dinámica gobernada por una ley que “se impone de modo irresistible… tal como por ejemplo se impone la ley de gravedad cuando a uno se le cae la casa encima” (El Capital, p. 92, t. 1, edición Siglo XXI). El enfoque que dice que “los precios son manipulados”, en cambio, nos ubica en una economía capitalista manejada a discreción por el todopoderoso “Imperio”. Es una variante, exagerada, de la idea de que los precios son manejados por un grupo de “grandes monopolios”.

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27/12/2015 at 11:33

Debate sobre la inflación en Argentina (1)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn las ediciones del 10, 17 y 24 de marzo de Página 12 se desarrolló un interesante debate sobre las causas de la inflación en Argentina entre Pablo Manzanelli y Martín Schorr, investigadores de FlACSO, por un lado, y Eduardo Crespo y Alejandro Fiorito, y docentes de la UFRJ y la Universidad de Luján, respectivamente. Los primeros ponen el acento en la estructura oligopólica de la industria argentina, y los segundos en la puja por la distribución del ingreso. Debido a la actualidad del tema, y también respondiendo a algunas consultas que me hicieron amigos y conocidos, en esta nota examino los argumentos presentados. Dada su extensión, he dividido la nota, y la publicaré en secciones. En esta primera parte presento los ejes de la discusión y comienzo el examen de la primera postura, que atribuye un rol preponderante a la formación oligopólica de precios en el proceso inflacionario.

Los ejes de la discusión

La nota de MyS del 10 de marzo (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-6669-2013-03-10.html) comienza señalando que “las subas de precios de los últimos años no son un fenómeno exclusivo de la economía argentina, sino que se enmarcan en un contexto mundial significativo de aumento de los commodities (alimentos, petróleo)”. Luego señalan que la industria estaba más concentrada en 2010 que en 2001 (y en 2001 estaba más concentrada que en 1993), y plantean que los precios mayoristas de las industrias oligopólicas se incrementaron un 8% por encima del promedio industrial, mientras que las ramas fabriles con mayores niveles de competencia aumentaron sus precios el 10% por debajo de la media. “De esta manera se corroboró que el importante proceso de elevación de precios industriales en el período 2001-2010 fue conducido por ramas altamente concentradas”, concluyen. Aunque MyS admiten que “el grado de concentración no induce necesariamente a un ascenso de precios”, y que la “inflación oligopólica no es “el factor causal excluyente de la elevación de los precios fabriles”, consideran sin embargo que la misma “desempeñó un papel de suma relevancia”. Señalemos que la nota de MyS tiene como respaldo el trabajo académico de Schorr, Manzanelli y Basualdo (2012, FLACSO), en el que se relacionan las mayores subas de los precios relativos de la industria con el mayor grado de concentración. MyS afirman también que las grandes empresas obtienen ganancias extraordinarias, gracias a las barreras de entrada que existen en las ramas que dominan, pero han sido reticentes a invertir sus abultadas ganancias, y son las que presionan por una devaluación.

CyF, en su artículo del 17 de marzo, (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-6677-2013-03-22.html) critican a MyS, en primer lugar porque no analizan los costos, y solo teniéndolos en cuenta, se podrían corroborar las prácticas oligopólicas. En segundo término, señalan que el índice industrial elaborado por FLACSO, con oligopolios incluidos, presenta una suba de precios inferior al promedio de la economía. Y un incremento del 8% por encima del promedio de un índice que creció menos que el resto de los índices sectoriales, no puede ser una causa importante de un aumento total de precios de cerca del 300% en el período 2001-2010.

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01/04/2013 at 12:36

Más acerca de la competencia

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn esta entrada vuelvo sobre la competencia y su relación con la economía clásica y la teoría neoclásica. Su disparador es la lectura de McNulty (1968), que me lleva a enfatizar un aspecto que estaba implícito en las notas anteriores (ver aquíaquí y aquí), pero no suficientemente explicitado: que la competencia no depende de la cantidad de empresas que operan en una rama. La clarificación de este punto se vincula con la diferencia entre el concepto de competencia en la economía clásica y los neoclásicos. Naturalmente, también se vincula con debates “prácticos”; por ejemplo, sobre las ideas que sustentaron la redacción de la reciente ley de medios en Argentina. Pero en la nota interesan las consecuencias teóricas del asunto.

Competencia en los clásicos y competencia perfecta

McNulty comienza observando que posiblemente no hay concepto en economía más fundamental y extendido que el de competencia, y sin embargo menos satisfactoriamente desarrollado (Marx también observa que los economistas hablan de la competencia pero raras veces profundizan en su contenido y significado).

Por lo general, dice McNulty, se identifica la competencia con una cierta estructura de mercado, concebida en términos de si hay muchos o pocos vendedores. Así, partiendo del monopolio, pasaríamos al duopolio, tripolio, oligopolio, polipolio, hasta llegar a los infinitos vendedores, esto es, la llamada competencia perfecta. Pero si esto es así, tanto en la situación de monopolio como en la competencia perfecta la posibilidad de un comportamiento competitivo está descartado por definición. Lo cual parece claro cuando se habla de monopolio, ya que se identifica a una empresa con la industria. Sin embargo, por lo general se pasa por alto el hecho de que tampoco en la competencia perfecta hay realmente competencia. Es que esta competencia perfecta conformaría una situación en la cual, en palabras de Cournot, el número de empresas ha llegado a ser tan elevado que “los efectos de la competencia han llegado a su límite”. En otros términos, debido al número de empresas, la producción de cada una es despreciable con respecto al producto total de la industria, y puede ser restado sin ninguna variación del precio de la mercancía. Por eso se trata de una situación de equilibrio, en la cual el precio se convierte en un parámetro desde el punto de vista de la empresa individual, y no es posible ninguna actividad de mercado. En consecuencia, no existe competencia. Por eso, para que haya competencia tiene que haber monopolio, al menos temporalmente. Por ejemplo, en una situación “a lo Marx”, cuando una empresa tiene una ventaja competitiva a la que el resto de la rama no puede acceder (al menos no puede hacerlo inmediatamente), y con esa ventaja competitiva influye en los precios. El error de los neoclásicos, observa McNulty, es haber identificado a la competencia con una estructura, que se reduce al número de empresas.

Los autores clásicos, en cambio, no identificaron a la competencia con una estructura de mercado particular, sino con una fuerza, análoga a la fuerza de gravedad en la física. Es que a través de la competencia los recursos gravitan hacia su uso más productivo, y el precio es forzado al nivel más bajo que es sustentable en el largo plazo. Por ejemplo, en Adam Smith la competencia se vinculaba con la fuerza que llevaba al precio del mercado hacia “su nivel natural” y los beneficios hacia un mínimo que permitieran renovar la producción. Por este motivo, Smith no contrastaba la competencia con el monopolio por sí, sino el nivel de precios que resultaba de la presencia o ausencia de la competencia como una fuerza reguladora. El precio de monopolio era el máximo que podía conseguirse, en tanto que el precio natural el menor que podía tomarse. En este enfoque, la competencia no se identifica con el número de empresas (con un estado de mercado, como sucederá en los neoclásicos), sino con la fuerza que empuja al precio natural.

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05/12/2012 at 12:02

Dos conferencias en la UNAM

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesPresento el audio de las dos conferencias que di en la Universidad Nacional Autónoma de México, los días 6 y 7 de noviembre.
La primera fue “La situación económica y política de los trabajadores argentinos y el modelo K”, y la segunda “Monopolio, imperialismo e intercambio desigual”.

Aclaremos que dada la restricción de tiempo, en la primera conferencia el tema más extensamente desarrollado fue la situación económica.
Al finalizar las charlas, hubo una ronda de preguntas. Lamentablemente éstas no quedaron registradas en la grabación, aunque sí las respuestas.

 

En México, junto a Alejandro Valle Baeza, Gloria González Martínez y alumnos.

En México, junto a Alejandro Valle Baeza, Gloria González Martínez y alumnos.

El monopolio en el marxismo del siglo XX

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesLas notas sobre monopolio y competencia “a lo Marx” (aquí y aquí) polemizan con la idea de que en el siglo XIX, y hasta 1880, aproximadamente, la competencia constituyó el mecanismo regulador de los mercados capitalistas (nacionales y mercado mundial), y que a partir de 1880 ese mecanismo pasó a ser de tipo monopólico (o, más precisamente, oligopólico). Éste es el eje de las diferencias que mantengo con la tesis del monopolio. Por supuesto, los defensores de la tesis del monopolio siempre explicaron que la competencia no había desaparecido en el siglo XX. Sin embargo, enfatizaron que la competencia había pasado a tener un rol subordinado desde fines del siglo XIX, y que esto encerraba un cambio cualitativo en la forma de regulación del capitalismo. Fue la posición de Paul Baran, Paul Sweezy, Maurice Dobb y Ernest Mandel, quienes influyeron decididamente en la formación del pensamiento de la izquierda sobre el monopolio y la competencia. A fin de contribuir al estudio de esta importante cuestión, en esta nota presento lo esencial de sus posiciones sobre el monopolio, una reflexión sobre el contexto que reflejan esos escritos, y su diferencia con el presente.

El monopolio en Baran y Sweezy

La idea que domina en los escritos de Baran y Sweezy es que en el capitalismo maduro la competencia se ha atenuado, y que la regulación monopolista ocupa el primer plano. En El capital monopolista, de amplia difusión en los años 1960 y 1970, Baran y Sweezy escribían: “Debemos reconocer que la competencia, que fue la forma predominante de las relaciones de mercados en el siglo XIX, ha cesado de ocupar tal posición, no solamente en Inglaterra, sino en todas partes del mundo capitalista. Hoy la unidad económica típica en el mundo capitalista no es la pequeña firma que produce una fracción insignificante de una producción homogénea para un mercado anónimo, sino la empresa en gran escala que produce una parte importante del producto de una industria, o de varias industrias, y que es capaz de controlar el precio, el volumen de la producción y los tipos y cantidades de inversiones” (Baran y Sweezy, 1982, p. 10).

La misma idea la encontramos en Baran (1969), una obra que fue clave para la posterior teoría de la dependencia: “La concentración y centralización del capital hizo avances gigantescos, y las grandes empresas se adueñaron de la vida económica… Al destrozar el mecanismo competitivo que regulaba, para bien o para mal, el funcionamiento del sistema económico, las grandes empresas se convirtieron en la base del monopolio y del oligopolio, que son los rasgos característicos del capitalismo moderno” (p. 22). En este contexto, tiende a desaparecer la guerra de precios: “… los gigantes monopolistas … protegidos por sus posiciones de monopolio, no necesitan molestarse por reducir al mínimo sus costos ni aumentar al máximo su eficacia” (p. 55). También escribe: “la competencia de precios en condiciones de oligopolio tiene la tendencia a hacerse cada vez más odiosa para los empresarios involucrados. Cualquier reducción moderada de los precios, por parte de un oligopolista que pretenda aumentar su parte del mercado, será inmediatamente neutralizada mediante reducciones correspondientes de los precios de los otros oligopolistas…. . Por otra parte, una guerra de precios a muerte entre los gigantes oligopolistas requerirá cantidades de capital tan grandes e involucrará riesgos tan enormes, que se prefiere el arreglo a la lucha ruinosa. Se concluyen acuerdos más o menos explícitos o se establece una “colusión de precios”, que tiene como consecuencias la eliminación de la competencia aniquiladora y la aceptación, por las partes contratantes, del principio de vivir y dejar vivir, más que el intentar destruirse una a otra” (pp. 101-2). Obsérvese que no se trata de si existe una tarifa aduanera aquí, o una devaluación competitiva allá, sino de una perspectiva global del mercado y de la forma en que se regula la distribución de los tiempos de trabajo, o avanza el cambio tecnológico. “Vivir y dejar vivir”, en lugar de guerra entre los capitales. Como resultado del freno de la competencia, el dominio del monopolio generaba la tendencia al estancamiento de las fuerzas productivas en los países adelantado, y el bloqueo del desarrollo industrial en los países atrasados.

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07/11/2012 at 11:04

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Competencia “a lo Marx” y monopolio (II)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del jueves(Continúo aquí la nota anterior).

Tendencia a la concentración y contratendencia

Uno de los errores más difundidos es la idea de que la tendencia a la concentración y centralización del capital debía llevar al sistema capitalista a un punto de cambio cualitativo, a partir del cual el monopolio comenzara a prevalecer por sobre la competencia; ese punto, se dice, habría sido alcanzado a fines del siglo XIX. A partir de entonces la competencia habría pasado a un segundo plano. Sería el desenlace natural del impulso a la concentración y centralización del capital (tendencias analizadas por Marx en el capítulo 23 del tomo 1).

El problema con esta visión es que peca de unilateral y mecánica. Lógicamente, no se puede negar que en algún momento el sistema capitalista desemboque en el dominio de los monopolios, pero lo cierto es que hasta el presente la centralización del capital avanzó desplegando tendencias contradictorias. Es que a la par que avanzan la concentración y centralización, también aumenta el número de capitales que entran en competencia. “El incremento del capital social se lleva a cabo a través del incremento de muchos capitales individuales. Presuponiendo que no varíen todas las demás circunstancias, los capitales individuales -y con ellos la concentración de los medios de producción- crecen en la proporción en que constituyen partes alícuotas del capital global social. Al propio tiempo, de los capitales originarios se desgajan ramificaciones que funcionan como nuevos capitales autónomos. (…) con la acumulación del capital crece en mayor o menor medida el número de capitalistas” (Marx, 1999, t. 1, p. 777).

La realidad es que constantemente surgen nuevas ramas de producción donde se generan nuevos capitales. También se incorporan países en los que se desarrolla el capitalismo, dando lugar a la formación de nuevos capitales que compiten en los mercados mundiales. Pero además, en las ramas ya instaladas, el cambio tecnológico con frecuencia favorece la aparición de capitales que presentan batalla exitosamente a los antiguos, especialmente si éstos deben soportar altos costos para mandar a desguace equipos y máquinas obsoletas. Por eso, se trata de dos tendencias, a la centralización y concentración, por un lado, pero también al surgimiento de nuevas unidades del capital. Como resultado, la ley del valor opera a escala cada vez mayor. En la medida en que los capitales crecen por la concentración y centralización, tienen más poder para incursionar en nuevos mercados. Y constantemente aparecen nuevos competidores, adquiriendo la lucha competitiva dimensiones mundiales.

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Competencia “a lo Marx” y monopolio (I)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn varias ocasiones, en los “Comentarios” del blog, se ha tocado la cuestión de si es correcta la tesis de la preeminencia del monopolio en el capitalismo contemporáneo. La misma fue adelantada por Hilferding, Hobson, Bujarin y Lenin, a principios del siglo XX, y fue adoptada luego por la mayoría de la izquierda. Stalinistas, trotskistas, maoístas, guevaristas, socialdemócratas, nacionalistas de izquierda y radicales izquierdistas de las más diversas tendencias, parecen coincidir en que hacia finales del siglo XIX la concentración del capital habría llegado a un nivel tal que habría producido un cambio cualitativo del modo de producción capitalista: se habría pasado del capitalismo de la libre competencia, al capitalismo monopólico. Desde este enfoque, las explicaciones discurren siempre por los mismos carriles. ¿Por qué suben los precios en Argentina? Respuesta: porque los grupos monopólicos, formadores de precios, suben los precios a voluntad. ¿Por qué suben los precios de los alimentos a nivel mundial? Porque los grupos financieros monopolistas manipulan los mercados de futuros. ¿Por qué sube el petróleo? Porque las grandes empresas petroleras dominan el mercado y establecen los precios. Y así de seguido (aunque algunas preguntas jamás se formulan; por ejemplo, ¿por qué en Japón ha habido fuertes presiones deflacionarias en los últimos 15 años? ¿Acaso porque aquí los monopolios decidieron bajar los precios? Nadie parece preguntarse ni responder. Pero estos son “detalles”). En cualquier caso, el diagnóstico permanece idéntico. El problema es el dominio monopólico.

Debo decir que durante mucho tiempo compartí esta visión. Sin embargo, desde hace años, he cambiado mi postura, influenciado en buena medida por Anwar Shaikh, y otros autores, que han criticado la tesis del dominio monopólico. Esencialmente, sostengo que actualmente la competencia desempeña un rol por lo menos tan importante como en el siglo XIX, y que esto explica por qué las leyes que gobiernan la formación de los precios, presentadas por Marx en El Capital (y otros escritos), siguen siendo válidas. En particular, sigue vigente la ley del valor trabajo, la tendencia a la formación de una tasa media de ganancia y la tesis de que los precios de producción son “centros” en torno a los cuales oscilan los precios de mercado. Pero cuando afirmo esto, es bastante común que se me acuse de adherir a la tesis neoclásica de la competencia perfecta. A fin de despejar esta objeción, y contribuir al debate, en esta nota presento la noción de competencia en Marx, su diferencia con las llamadas “competencia perfecta” y “competencia imperfecta”, y algunas consecuencias que se desprenden con respecto a la tesis del capitalismo monopólico. He dividido la nota en dos partes.

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Written by rolandoastarita

12/10/2012 at 11:39

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