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Marxismo & Economía

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“La acumulación del capital” de R. Luxemburgo. Análisis crítico (2)

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La primera parte de la nota, aquí

La crítica más fundamental de RL

Llegamos así al segundo nivel de la crítica de RL al esquema de reproducción ampliada: sostiene que es imposible realizar, dentro del capitalismo, la plusvalía destinada a la acumulación. No hay manera, sostiene, de explicar de dónde sale la demanda para realizar la plusvalía destinada a la acumulación (o sea, a ampliar el capital constante y variable). RL lo plantea a partir de la respuesta que dio Marx a la pregunta de dónde sale el dinero para realizar la plusvalía. RL sostiene que, en esencia, la pregunta es por el origen de esa demanda. Escribe: “No tiene finalidad alguna preguntar (como hace Marx): ¿de dónde viene el dinero para realizar la plusvalía?, siendo la pregunta que debe formularse: ¿de dónde viene la demanda, dónde está la necesidad con capacidad de pago para la plusvalía?” (p. 120; se refiere a la plusvalía que se acumula).

A fin de comprender esta crítica de RL, es necesario presentar con alguna extensión el planteo de Marx.

Marx, ¿de dónde sale el dinero para realizar la plusvalía?

Marx trata esta cuestión en el capítulo 21 del tomo 2 de El Capital, dedicado a la acumulación y la reproducción ampliada. Empieza con el caso de un capital individual compuesto de 400c + 100v, con un plusvalor anual de 100. El producto mercancía (M’) es 600, que se transforman en dinero mediante la venta. Suponemos entonces que en el siguiente circuito toda la acumulación ocurre en capital constante. De manera que 400 se reconvierten en capital constante (medios de producción); 100 en fuerza de trabajo; y 100 se acumulan en nuevo capital constante. Para que esto último ocurra, debe haberse producido un plus de capital constante por encima del necesario para reponer el consumido en la producción.

Veamos ahora qué ocurre cuando  pasamos a la reproducción global anual. Examinamos cómo ocurre la acumulación al interior del sector I (la acumulación de capital variable seguiría la misma lógica). Supongamos que el capitalista A vende las mercancías producidas y acumula la plusvalía en su forma dineraria, esto es, en forma de capital dinerario en potencia. Este dinero se retira de la circulación; no es un elemento de la reproducción real. Y aquí viene una cuestión clave: dado que este capitalista A vende y no compra, si esta operación se efectuara de manera general se plantearía un problema de realización. Tendríamos una situación en la cual “”cada uno quiere vender para atesorar y ninguno comprar” (Marx, 1999, p. 600, t. 2). Estaríamos ante un problema permanente (ni siquiera cíclico, sino permanente) de falta de demanda.

Sin embargo, el proceso de circulación entre las diversas partes “se compone en conjunto de movimientos recíprocamente refluentes” (ibid.). Esto es, las inversiones de capital siempre se encuentran en diversas fases: una parte de los capitalistas transforma su capital dinerario potencial acrecentado en capital productivo, gracias al dinero que ha atesorado en etapas previas. Mientras que otros capitalistas todavía están dedicados a atesorar su capital dinerario en potencia, hasta que llegue a la cuantía suficiente para transformarse en capital productivo. “Los capitalistas pertenecientes a una y otra de estas dos categorías, pues, se enfrentan unos como compradores, los otros como vendedores, y cada uno representa exclusivamente un papel o el otro” (p. 601). Así, por ejemplo, los capitalistas A, A’, A’’ retiran de circulación dinero para atesorarlo, vendiendo medios de producción (que contienen plusproducto en su forma natural) a los capitalistas B, B’, B’’. De manera que los A vuelcan mercancías a la circulación, en tanto los B vuelcan dinero en ella, a la par que ingresan capital constante. Pero luego los compradores se presentan como vendedores, y viceversa. Y en la medida en que los capitalistas B incorporaron plus capital constante, acumularon. De la misma manera que lo hacen los capitalistas A cuando, luego de cierto lapso, transforman su capital dinero en medios de producción acrecentados. Si se trata de aumentar la compra de fuerza de trabajo, el proceso es similar.

De manera que  “Los A y los B (del sector I) se proporcionan alternativamente el dinero para la transformación de plusproducto en capital dinerario virtual adicional, y alternativamente vuelcan en la circulación, como medio de compra, el capital dinerario recién formado” (p. 610). Lo único que se presupone es que hay una masa de dinero existente que alcanza para la circulación y para la formación de los atesoramientos temporales. A esto se suma el sistema crediticio, que ahorra efectivo necesario para la circulación, y además pone a disposición de los capitalistas los fondos que se atesoran a la espera de poder volcarlos a la acumulación productiva (esto es, a la generación de más plusvalor). Agreguemos que en el sistema moderno esta capacidad del sistema crediticio se ha multiplicado (como lo demuestra la generación de dinero endógeno por parte de los bancos que responden a los pedidos de préstamos, realizados por los capitalistas productivos).

Circulación de plusvalía y capital

Un punto que destacamos de lo explicado en el apartado anterior es que Marx pone el acento en el mecanismo que permite la circulación de la plusvalía; no su acumulación bajo la forma dineraria. Por eso, el atesoramiento es solo temporario. De ahí que el mecanismo a explicar es cómo surge el dinero que permite la circulación de la plusvalía: el dinero incrementado (d = D’ – D), que se obtiene de la venta de la mercancía valorizada (M’ – D’) es parte del dinero que se adelanta (en la medida en que se amplía la acumulación) para reiniciar el circuito de valorización.

Este énfasis en la circulación de la plusvalía (no en el atesoramiento) se deriva del concepto de capital. Recordemos que Marx define el capital a partir de la fórmula D – M – D’, esto es, valor que se valoriza por medio de la incesante rotación. En su forma completa, el dinero se adelanta para la compra de medios de producción y fuerza de trabajo; a partir de lo cual se genera el proceso laboral; que da como resultado una mercancía que contiene plustrabajo; mercancía que se realiza como valor al cambiarse por dinero en el mercado. El peso de la explicación está puesto en esta circulación. Escribe Marx:

“El valor adelantado originariamente no solo, pues, se conserva en la circulación, sino que en ella modifica su magnitud de valor, adiciona un plusvalor o se valoriza. Y este movimiento lo transforma en capital” (p. 184, t. énfasis agregado). Las sumas de dinero adelantadas por el capitalista son capital en la medida en que se arrojan nuevamente a la circulación, para generar más capital. “Sustraídas a la circulación, se petrificarían como tesoro y no rendirían ni un solo centavo…” (p. 185, t. 1). También: “Al finalizar el movimiento, el dinero surge como su propio comienzo” (ibid.). Poco después: “La circulación del dinero como capital es… un fin en sí, pues la valorización del valor existe únicamente en el marco de este movimiento renovado sin cesar. El movimiento del capital, por ende, es carente de medida” (p. 186, t. 1; énfasis agregado).

Acumular capital es, por lo tanto, comprar más medios de producción y fuerza de trabajo, con el objetivo de generar más plusvalor, para aumentar el capital. Por eso Marx establece la similitud, y diferencia, con el atesoramiento: “Este afán absoluto de enriquecimiento, esta apasionada cacería en pos del valor de cambio, es común al capitalista y al atesorador, pero mientras el atesorador no es más que el capitalista insensato, el capitalista es el atesorador racional. La incesante ampliación del valor, a la que el atesorador persigue cuando procura salvar de la circulación al dinero, la alcanza al capitalista, más sagaz, lanzándolo a la circulación una y otra vez” (p. 187). La acumulación de riqueza por parte de los capitalistas ocurre bajo la forma de acumulación de capital. La acumulación de dinero está subordinada a este movimiento. En el capítulo 22 del t. 1 de El Capital Marx vuelve sobre el tema:

“Como fanático de la valorización del valor, el capitalista constriñe implacablemente a la humanidad a producir por producir, y por consiguiente a desarrollar las fuerzas productivas sociales… El capitalista solo es respetable en cuanto personificación del capital. En cuanto tal, comparte con el atesorador el afán absoluto de enriquecerse. Pero además, las leyes inmanentes del modo capitalista de producción, que imponen a todo capitalista individual la competencia como ley coercitiva externa, lo obligan a expandir continuamente su capital para conservarlo” (p. 731). Más abajo: “Al expandir la masa de material humano explotado, dilata el dominio directo e indirecto ejercido por el capitalista” (p. 732).También: “Acumulación por la acumulación, producción por la producción misma; la economía clásica expresa bajo esta fórmula la misión histórica del período burgués” (p. 735).

RL sobre la ley de la acumulación

La objeción de RL a la teoría de la acumulación de Marx es que no tiene sentido la “acumulación por la acumulación,  la producción por la producción”. Lo explica en el capítulo 7 de La acumulación… Plantea, en primer lugar, que para que haya acumulación es necesario que se amplíe la demanda con capacidad de pago de mercancías (p. 94). Sostiene entonces que esa demanda no puede provenir del consumo de los capitalistas. “El fundamento de la acumulación es justamente que los capitalistas no consuman la plusvalía” (p. 95).

Pregunta entonces RL: “¿Para quién produce esta otra parte acumulada de la plusvalía?” “¿Quién necesita esos medios de producción aumentados?” (ibid.). Luego: “El esquema (de Marx) responde: los necesita la sección II para poder elaborar más medios de subsistencia. ¿Pero quién necesita los medios de subsistencia aumentados? El esquema responde: justamente la sección I, porque ahora ocupa más obreros. Nos movemos indudablemente en un círculo vicioso. Elaborar más medios de consumo simplemente para dar ocupación a aquel aumento de obreros, es un absurdo desde el punto de vista capitalista” (ibid.). RL  pasa por alto que el objetivo de los capitalistas no es alimentar más obreros, sino contratar más obreros para generar más plusvalía. O sea, según Marx, esos medios de producción aumentados los necesitan los capitalistas, pertenecientes a ambos sectores, que desean ampliar su capital productivo. Pero esto a RL le resulta inadmisible. Por eso también rechaza la explicación de Marx sobre que los capitalistas se adelantan el dinero para realizar la plusvalía que se acumula (además de la que se consume). Escribe: “¿Pero quién le toma (a la clase capitalista) los productos en que está incorporada la otra parte capitalista de la plusvalía? El esquema responde: en parte los capitalistas mismos en cuanto elaboran nuevos medios de producción para ampliar estos; en parte, nuevos obreros que son necesarios para el empleo de aquellos nuevos medios de producción” (ibid.).

Subrayamos: si esto es así – es la idea de Marx – no habría problemas “estructurales” o “permanentes” de demanda en el modo de producción capitalista. RL debe entonces rechazar este argumento: “Pero en el sistema capitalista, para hacer que trabajen nuevos obreros con nuevos medios de producción, hay que tener un fin para la ampliación de la producción, una nueva demanda de los productos que se quiere elaborar” (ibid.). Por lo cual nos deslizamos a una problemática keynesiana: no hay inversión porque no se prevé demanda. Sin embargo, en el modo de producción capitalista, la nueva demanda está proporcionada por los capitalistas que acumulan. Y los capitalistas acumulan para aumentar la producción de plusvalía. De ahí el impulso a la sobreproducción, a la sobreacumulación. Pero RL no examina este argumento de Marx.

En el capítulo 25 RL vuelve al problema. Respondiendo a quienes le señalaban que, en la medida en que se amplían el capital constante y el capital variable no existen problemas de demanda, dice que los obreros no pueden realizar la plusvalía destinada a la acumulación y agrega: “¿Quién realiza, pues, la plusvalía que crece constantemente? El esquema responde: los capitalistas mismos y solo ellos. ¿Y qué hacen con su  plusvalía creciente? El esquema responde: la utilizan para ampliar más y más la producción. Hacen construir constantemente nuevas máquinas para construir con ellas, a su vez, nuevas máquinas. Pero lo que de este modo resultará no es una acumulación de capital, sino una producción creciente de medios de producción sin fin alguno…” (p. 255, énfasis nuestro). Equivaldría a suponer “que este carrusel incesante, en el espacio vacío, puede ser un fiel reflejo teórico de la realidad capitalista y una verdadera consecuencia de la doctrina marxista” (p. 256).

Según RL, la acumulación de máquinas y fuerza de trabajo en manos del capital no puede ser acumulación del capital. Con lo que cabe preguntarse qué es acumulación de capital para RL. Su respuesta: es acumulación de capital dinero. Por eso, en p. 121, se pregunta: “¿cómo va a acumular dinero la clase capitalista total?”. Como hemos visto, si el objetivo del capital fuera atesorar dinero – vender y no comprar – existiría, efectivamente, un problema permanente de carencia de demanda. Pero la acumulación capitalista no es sinónimo de acumulación de dinero, sino de capital en proceso, esto es, capital que genera plusvalía. La diferencia de fondo entre el planteo de Marx y el de RL está entonces las respectivas concepciones de qué es la acumulación.

En la “Anticrítica” la identificación de acumulación de capital con acumulación de dinero aparece más clara. Respondiendo a quienes sostenían que la plusvalía se realiza, y circula, a través del intercambio mutuo entre capitalistas para acrecentar la producción año tras año, escribe: “Esto no sería acumulación capitalista, es decir, acumulación de capital dinero, sino todo lo contrario, un producir mercancías simplemente por producirlas, lo que desde el punto de vista capitalista constituye un completo absurdo” (p. 377; énfasis nuestro).

En otro pasaje plantea que la acumulación de ganancias es acumulación en dinero: “… la acumulación de ganancia como capital en dinero constituye una de las características específicas más sustanciales de la producción capitalista…” (p. 389). Cita en su apoyo un pasaje de Marx referido “a la formación de nuevo capital en dinero que acompaña a la verdadera acumulación y la condiciona dentro del régimen capitalista”. Pero Marx aquí dice que la acumulación de capital dinero “acompaña” a la “verdadera” acumulación. No es lo mismo que acumular capital dinero, como fin último de la producción capitalista. RL no repara en ello e insiste con la pregunta: “¿cómo puede darse la acumulación de capital dinero en la clase de los capitalistas?” (ibid.).

Textos citados:

Luxemburgo, R. (1967): La acumulación del capital, México, Grijalbo.

Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.

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18/01/2021 at 07:52

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“La acumulación del capital” de R. Luxemburgo. Análisis crítico (1)

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En La acumulación del capital, Rosa Luxemburgo (en adelante, RL) sostuvo que dentro del sistema capitalista no se puede realizar la plusvalía destinada a la acumulación. Fundamentó su afirmación en una crítica a los esquemas de reproducción, elaborados por Marx. Como trataré de demostrar más abajo, esa crítica, lejos de reducirse a un problema técnico, cuestiona la teoría marxiana de la acumulación.

Una conclusión de la imposibilidad de realizar la plusvalía fue que el capitalismo no podía reproducirse en forma ampliada sin sectores no capitalistas a los que vendiera parte de su producción. En palabras de RL: “El capitalismo necesita, para su existencia y desarrollo, estar rodeado de formas de producción no capitalistas. (…) Necesita como mercados capas sociales no capitalistas para colocar su plusvalía” (p. 383). Lo cual explicaba la necesidad del imperialismo para el funcionamiento del modo de producción capitalista. Además, en la medida en que el sistema capitalista se expandiera, se estrecharían los mercados no capitalistas a los que vender su producto excedente. De ahí la tendencia al colapso del sistema.

En esta entrada analizo la crítica de RL a Marx, y reviso algunas de las principales criticas que se han dirigido a RL. Dada su extensión, he dividido la nota en partes.

Empiezo repasando los esquemas de reproducción de Marx, publicados por Engels como segundo tomo de El Capital.

Los esquemas de reproducción de Marx

En una primera instancia Marx analiza una economía en que los capitalistas consumen toda la plusvalía; o sea, no hay acumulación de capital. Es la reproducción simple. Es un caso teórico –en condiciones normales hay acumulación de capital –que permite entender las relaciones básicas.

Marx divide la economía en dos sectores, que se corresponden con la división del capital en constante y variable. El sector I es productor de medios de producción; y el II es productor de medios de consumo, que adquieren los obreros (por un valor igual al capital variable) y los capitalistas. Marx supone el siguiente ejemplo numérico:

  1. 4000c + 1000v +1000s = 6000
  2. 2000c + 500v + 500s = 3000

Los flujos de compra-venta son como siguen: los capitalistas del sector I renuevan sus medios de producción adquiriéndolos al propio sector I. Los obreros y capitalistas del sector II adquieren los medios de consumo en el mismo sector II. A su vez, los obreros y capitalistas del sector I adquieren los medios de consumo en II; y los capitalistas del sector II renuevan los medios de producción consumidos adquiriéndolos a los capitalistas del sector I. De manera que la condición de equilibrio es Iv + Is = IIc.

Anotamos que RL no ve en este esquema dificultad alguna de realización. “Una parte de la plusvalía la consume la clase capitalista misma en forma de medios de subsistencia y se guarda en el bolsillo el dinero mutuamente cambiado” (p. 95). Los capitalistas se adelantan mutuamente el dinero para realizar la plusvalía y adquirir los medios de consumo; que es la explicación de Marx.

Veamos, pues, la acumulación ampliada. Ahora los capitalistas consumen una parte de la plusvalía, y otra parte la acumulan adquiriendo más medios de producción y fuerza de trabajo. En el tiempo 1 tenemos:

  1. 4000c + 1000v + 1000s = 6000
  2. 1500c + 750v + 750s = 3000

Aquí hay un cambio importante con relación a la reproducción simple: los medios de producción producidos (6000) superan los medios de producción a renovar (5500). Esta diferencia entre medios de producción producidos y medio de producción consumidos en necesaria para que pueda haber acumulación.  En este ejemplo, hay 500 en medios de producción a acumular.

Señalamos también los supuestos del esquema. En primer lugar, la composición del capital es distinta entre los dos sectores. 4:1 en el sector I y 2:1 en II. Más importante, la acumulación del capital mantendrá invariable la composición del capital, o sea, la relación entre capital constante y capital variable. Sin embargo, Marx pensaba que, a medida que progresa la acumulación, la composición orgánica del capital tiende a aumentar; esta circunstancia no es incorporada al esquema.

En segundo lugar, Marx supone que los capitalistas de cada sector invierten solo en su sector. Un supuesto que complica los cálculos, y que luego Bauer levantará.

Veamos cómo procede Marx. Supone que los capitalistas del sector I deciden acumular 500 en el tiempo 2. Dado que la composición del capital se mantiene 4:1, adquieren 400 en medios de producción y 100 en fuerza de trabajo. Así, el capital constante del sector I en el tiempo 2 será 4400; y el capital variable 1100.

Dada entonces esta acumulación en I, a los capitalistas de II solo les quedan 100 de medios de producción para acumular. De manera que adquieren medios de producción en I por 1600 (1500 es renovación del capital constante consumido, 100 es para ampliar el capital constante). Y como se mantiene la composición de capital (2:1), amplían el capital variable en 50. Por lo tanto:

Tiempo 2:

  1. 4400c + 1100v + 1100s = 6600
  2. 1600c + 800v + 800s = 3200

Los obreros de ambos sectores adquieren sus medios de consumo (1900) de la producción del período anterior (3000). A lo que se suma el consumo de los capitalistas (500 del sector I y 600 del sector II), realizando entonces la producción de medios de consumo. A su vez, los capitalistas del sector II reciben 1100 + 500 del sector I, con lo que adquieren medios de producción por 1600 a I.

En el tercer período Marx hace acumular de nuevo a los capitalistas de I el 50% de la plusvalía; y los capitalistas del sector II de nuevo acumulan “por default”.

La corrección de RL y desproporción

El ejemplo numérico de Marx, de la reproducción ampliada, tiene problemas. Por un lado, y como ya señalamos, supone que la composición orgánica se mantiene constante, a medida que avanza la acumulación de capital. Por otra parte, no hay motivo para suponer, como hace Marx, que la composición orgánica del capital deba ser mayor en el sector I que en el II. Y lo que parece todavía más arbitrario es que los capitalistas de I acumulan el 50% de la plusvalía, pero los capitalistas del sector II solo pueden acumular el 20% de la plusvalía (150 de 750). Esto se debe a que la tasa de acumulación en el sector II está determinada por la decisión de acumular de los capitalistas de I.

Por lo tanto, RL corrige el esquema y supone que aumenta la relación c/v; pero no modifica el supuesto de que los capitalistas de cada sector solo invierten en su sector. Con estas condiciones encuentra que rápidamente faltan medios de producción y sobran medios de consumo. Escribe: “Si se completa así el esquema, resultará que… habrá de surgir, cada año, un déficit creciente de medios de producción y un sobrante creciente de medios de consumo” (p. 257). El esquema de Marx, concluye RL, es insostenible. El capitalismo necesita un sector no capitalista, que provea los medios de producción faltantes; y absorba los medios de consumo que no se pueden realizar al interior del capitalismo.

Los ciclos económicos y el largo plazo

Precisemos que la dificultad planteada por RL no tiene que ver con las crisis, o con el ciclo capitalista. En este respecto, RL explica que, a fin de analizar en su pureza las dificultades de realización, es necesario hacer abstracción del movimiento cíclico. Escribe: “Es, sin embargo, muy importante determinar de antemano que si bien la periodicidad de coyunturas de prosperidad y de crisis representa un elemento importante de la reproducción, no constituye el problema de la reproducción capitalista en su esencia. Las alternativas periódicas de coyuntura o de prosperidad, y de crisis, son las formas específicas que adopta el movimiento en el sistema económico capitalista, pero no el movimiento mismo. Para exponer en su verdadero aspecto el problema de la reproducción capitalista tenemos que prescindir, por el contrario, de las alternativas periódicas de prosperidad y crisis” (p. 17).

En el largo plazo, plantea, las coyunturas de prosperidad y crisis se equilibran; y cuando esto ocurre, quedan al descubierto las dificultades, insuperables, de la acumulación capitalista. Es un error pretender que RL presentó en La acumulación del capital una teoría del ciclo.

La recepción de La acumulación del capital, la solución de Bauer y la respuesta de RL

El libro no fue bien recibido por la mayoría de los socialdemócratas. “… las reseñas de La acumulación del capital fueron casi universalmente negativas, con excepción de aquellas escritas por Franz Mehring y Julian Marchwlewski (Karski), dos miembros de la pequeña fracción de la izquierda del SDP agrupados alrededor del periódico Die Internationale…” (p. 281 Quiroga y Gaido, 2020). Sweezy (2002) también dice que no tuvo buena recepción en la socialdemocracia.

Entre las respuestas más extensas y elaboradas figura la del socialdemócrata austriaco Otto Bauer. En su aspecto más general, su tesis es que la acumulación capitalista tiende a ajustarse al crecimiento de la población. Una idea que, como señalan Quiroga y Gaido, se apartaba considerablemente de la tesis de Marx. En Marx, las variaciones del ejército industrial de reserva son gobernadas por el ciclo económico (en oposición a Ricardo, quien pensaba que los aumentos o disminuciones de la población regían el ciclo).

Sin embargo, lo que nos interesa destacar es que Bauer retomó una idea que ya había adelantado Tugán-Baranowski para elaborar un esquema de reproducción que incorporara el aumento de la composición orgánica del capital, además del crecimiento de la población trabajadora. La solución fue sencilla: introdujo el supuesto de que los capitalistas del sector II pueden invertir en I. De esta manera, el crecimiento relativo del capital constante sobre el variable no lleva a escasez de producción en I ni a sobreproducción en II. Hemos presentado el esquema de Bauer en la nota sobre la teoría de la crisis de Grossman, aquí. Recordemos que Grossman, aplicando el esquema de Bauer (y Tugán-Baranowski), y suponiendo un aumento anual del capital constante del 10% y del capital variable del 5%, demostraba que no existía problema de realización para que proceda la acumulación. En su enfoque, el colapso del sistema debía producirse por escasez de plusvalía. De manera que el colapso ocurriría sin necesidad de suponer desajustes entre la oferta y la demanda. En cuanto a Bauer y Tugán-Baranowski, el esquema de reproducción de Marx (corregido en lo que hace a las inversiones inter-sectores) demostraba que, salvo por desproporciones momentáneas entre ramas, no había razón para las crisis.

En lo que atañe a RL, la solución de Bauer y Tugán-Baranowski desbarataba su afirmación de que el aumento de la composición orgánica del capital lleva a la escasez de medios de producción y a la sobreoferta de medios de consumo. Pero RL hizo caso omiso del argumento. En la “Anticrítica” (que apareció como apéndice a la nueva edición de La acumulación del capital) escribió que “… no entraré en los cálculos de Bauer” (p. 404). Una afirmación extraña, ya que había basado su tesis en la crítica al esquema de reproducción de Marx.

Por otra parte, critica la teoría de Bauer de la acumulación. Según Bauer, en la producción capitalista existe la tendencia a acomodar la acumulación al crecimiento de la población. Por ejemplo, si el capital constante crece con doble rapidez que el variable, y si la población crece un 5% anual, el capital variable debe crecer el 5%, y el constante el 10% (véase RL, p. 418). Sin embargo, en el capitalismo, es la acumulación capitalista la que gobierna el aumento o disminución de la población obrera empleada, y no al revés. Es la tesis de Marx, a la que RL adhiere: “es la acumulación del capital la que influye sobre el crecimiento de la población y lo determina, y no a la inversa” (p. 423). Con el agregado de que las variaciones de la población empleada dependen de toda otra serie de factores, como la creación de plusvalía relativa, o las variaciones en la cuota de plusvalía, y no de la variación de la población, como pensaba Bauer (véase 420, ibid.).

Esta crítica de RL a Bauer entonces parece bien fundada. Sin embargo, no queda claro por qué rechazó la solución de permitir que los capitalistas de un sector inviertan en otro sector. RL acusa a Bauer de “manipular” los datos, y de borrar la diferencia, establecida por Marx, entre el sector I y II. No se comprende por qué esto debiera ser así. El hecho de que capitalistas de un sector inviertan en el otro, no borra las diferencias entre sectores. Significativamente, por otra parte, en la “Anticrítica” desaparece el problema de la desproporción entre los sectores, y el peso del argumento de RL está puesto en la imposibilidad de realización de la plusvalía. Este parece ser entonces el centro de su crítica a la teoría de la acumulación de Marx.

Textos citados:

Luxemburgo, R. (1967): La acumulación del capital, México, Grijalbo.

Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.

Quiroga M. y D. Gaido (2013): “La teoría del imperialismo de Rosa Luxemburgo y sus críticos: la era de la Segunda Internacional”, Crítica marxista.

Sweezy, P. (2002): Teoría del desarrollo capitalista, México, FCE.

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14/01/2021 at 08:18

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Rosa Luxemburgo sobre salario y plusvalía relativa

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En una nota anterior (aquí) dije que la teoría de la plusvalía relativa muestra que la explotación puede estar aumentando, a pesar de que se mantenga la canasta salarial; o incluso aunque esta aumente. Recordé también que esto había sido destacado por Rosa Luxemburgo y Roman Rosdolsky. En esta entrada reproduzco algunos pasajes de Rosa Luxemburgo referidos a la cuestión. Los tomo de su Introducción a la Economía Política, edición Germinal (aquí); y agrego algunas conclusiones.

El componente histórico y social del salario, y el rol de los sindicatos

En su trabajo Rosa Luxemburgo explica que el salario, en Marx, tiene un componente histórico y social. Sostiene que el mismo debe cubrir los costos socialmente necesarios para el mantenimiento de la fuerza de trabajo. Por eso el argumento del obrero frente al capitalista es: “… en la compra de mi mercancía fuerza de trabajo tienes que pagarme también los costos socialmente necesarios de su mantenimiento. Ahora bien, para mi vida es socialmente necesario todo aquello que, en nuestro país y en nuestros días, constituye la manutención habitual de un hombre de mi clase. En una palabra, tienes que darme no el mínimo fisiológicamente necesario, que me mantiene apenas en vida como a un animal, sino el mínimo socialmente normal que me asegure un nivel de vida habitual. Sólo así habrás pagado el valor de la mercancía como comprador decente; de lo contrario la compras por menos que su valor” (p. 140; énfasis añadido). Lee el resto de esta entrada »

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25/06/2020 at 16:57

Lenin y el estancamiento debido al monopolio

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En una nota anterior (aquí) sostuve que en El imperialismo fase superior del capitalismo, Lenin no presenta datos para sustentar su afirmación de que en los países capitalistas adelantados existía una tendencia al estancamiento económico. En su lugar, sostiene  dos argumentos a partir de los cuales deduce que debía imponerse esa tendencia. El primero de ellos se basa en el predominio del precio de monopolio, lo cual anularía el impulso al cambio tecnológico. El segundo sostiene que existía un límite a la acumulación del capital, a causa del bajo poder de consumo de las masas trabajadoras y campesinas. En esta nota examino el primer argumento, y la consecuencia más general del enfoque estancacionista.

Competencia y acumulación del capital en la teoría de Marx

La explicación de la tendencia al estancamiento por el monopolio es presentada por Lenin en el capítulo 8 de su famoso folleto. Recuerda que “la base económica más profunda del imperialismo es el monopolio”, el cual surgió del capitalismo y está “en contradicción” con la producción mercantil y la competencia. Y agrega: “… como todo monopolio, el monopolio capitalista engendra inevitablemente una tendencia al estancamiento y la decadencia. En la medida en que se fijan, aunque sea momentáneamente, precios monopolistas, desaparecen en cierta medida los factores que estimulan el avance técnico y, en consecuencia, cualquier otro avance, surgiendo así, además, la posibilidad económica de retardar deliberadamente el progreso técnico” (p. 61). Lee el resto de esta entrada »

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16/05/2019 at 12:09

Marxismo y reformismo frente al cambio tecnológico

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El cambio tecnológico es una constante en el modo de producción capitalista, y en la mayor parte de los casos sus consecuencias son pérdida de puestos de trabajo y las llamadas “racionalizaciones laborales”. Frente a esto, es frecuente que los reformistas convoquen a frenar el cambio tecnológico. En otros casos, activistas sindicales y organizaciones de izquierda demandan alguna forma de control obrero de la producción con el fin de impedir los despidos.

A los efectos de aportar elementos para el análisis, en esta nota presento textos de Rosa Luxemburgo y de Marx que sintetizan la posición clásica del marxismo frente a la introducción de la máquina, o la automatización.

Se trata de una cuestión de primer orden, ya que los capitalistas tratan de ganar mercado abaratando costos, y para ello introducen tecnología que ahorra mano de obra. Si la operación es exitosa, el capitalista innovador obtendrá una plusvalía extraordinaria, debida a la diferencia entre el precio prevaleciente en la rama –determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir- y el “valor individual” de su producto. Lo cual empujará al resto de los capitalistas de la rama a introducir la nueva tecnología. A su vez, cuando la nueva tecnología se generalice, desaparecerán las plusvalías extraordinarias… hasta que algún capitalista vuelva a introducir el cambio tecnológico (véase El Capital, cap. 10, t. 1, Siglo XXI). Así, bajo el látigo de la competencia, avanza el cambio tecnológico, y su contrapartida: el desplazamiento de los obreros por la máquina, esto es, la recreación permanente del ejército de desocupados. Lee el resto de esta entrada »

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28/01/2018 at 11:57

El debate sobre Kronstadt es actual

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Habitualmente los dirigentes y candidatos de los partidos de izquierda, anticapitalistas, reivindican el programa de la democracia soviética (o de los consejos). Sostienen que “la liberación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”, y que el poder deberá estar en manos de consejos de trabajadores, y otros organismos, en los que reine la más completa democracia. En este marco también defienden la idea de Lenin de la elección y revocabilidad de todos los funcionarios del Estado. Recordemos que en El Estado y la revolución, publicado en vísperas de la toma del poder, el líder bolchevique sostuvo que “la completa elegibilidad y movilidad en cualquier momento de todos los funcionarios, la reducción de su sueldo hasta los límites del ‘salario corriente de un obrero’, estas medidas democráticas, sencillas y comprensibles por sí mismas, al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo” (p. 46).

En vista de lo anterior, la izquierda anticapitalista presenta la experiencia rusa en 1917 como la mejor demostración de aplicación exitosa de la democracia de los consejos, incluida la libre elección y revocatoria de sus direcciones. Es que los bolcheviques ganaron, a partir de septiembre de 1917, la mayoría en el soviet de Petrogrado, y en otros soviets importantes, por medio de elecciones democráticas. Y en aquellos tiempos a nadie se le ocurría que el partido revolucionario pudiera imponer su voluntad contra la mayoría de la clase obrera. A título ilustrativo, citemos el pasaje de la Historia de la revolución rusa, en el que Trotsky transcribe una declaración del partido Bolchevique, de septiembre de 1917, que, entre otras cosas, afirmaba: “Nuestro partido, que lucha por el poder en nombre de la realización de su programa, nunca ha aspirado ni aspira a adueñarse de ese poder contra la voluntad organizada de la mayoría de las masas trabajadoras del país”. Trotsky comenta: “esto significaba: tomaremos el poder como partido de la mayoría soviética. Las palabras relativas a la ‘voluntad organizada de los trabajadores’ se referían al Congreso de los Soviets, que había de realizarse en breve” (p. 374, t. 2; énfasis agregado). Lee el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

17/11/2017 at 11:19

Agitación trotskista contra la desocupación y Rosa Luxemburgo

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En varias entradas he planteado que es imposible eliminar la desocupación en tanto se mantenga la propiedad privada del capital (véase aquí y siguientes). He dicho que esto se desprende de la teoría de la explotación de Marx y de la experiencia histórica. Y agregué que los marxistas deben explicarlo a las masas. Claramente, lo escribí en crítica a lo que están haciendo en esta campaña electoral los candidatos del FIT y de Izquierda al Frente (al menos, la mayoría de ellos). Es que cuando hablan en la TV, o en los medios masivos, no dicen que en el marco de las relaciones capitalistas el ejército de desocupados siempre tiende a recrearse. Sí lo admiten en sus periódicos, pero no cuando se dirigen a la opinión pública en el sentido más amplio. Y no lo dicen porque si lo hicieran su discurso terminaría en la incoherencia. ¿Por qué? Pues porque es absurdo pedir el voto para que en el Parlamento se apruebe una ley para acabar con la desocupación, diciendo al mismo tiempo que es imposible acabar la desocupación con esa ley.

En otros términos, para responder a las críticas (y conservar el espíritu “rojo”) las organizaciones trotskistas admiten que la desocupación es inherente al capitalismo (véase http://www.laizquierdadiario.com/La-jornada-laboral-el-reparto-de-las-horas-y-la-relacion-de-fuerzas). Pero cuando sus candidatos van a los medios, disimulan la imposibilidad de acabar la desocupación en tanto subsista el capitalismo. Por eso el mensaje habitual en la TV y otros medios masivos es “en el Congreso vamos a proponer la ley del reparto de las horas de trabajo” y “la ley de prohibición de despidos”, para lo cual “te pedimos el voto”. El discurso de Del Caño es muy ilustrativo al respecto. Repito: lo que estoy planteando es que digan, pública y abiertamente, que la desocupación, en el sistema capitalista no se suprime votando candidatos de izquierda al Parlamento. Los diputados de izquierda ayudan a las luchas obreras y por las libertades, pero su acción parlamentaria siempre será impotente para torcer, en algún sentido fundamental, las leyes económicas del capitalismo. Lee el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

09/08/2017 at 12:33

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Socialismo sobre montañas de cadáveres

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Venezuela, 22 de junio, la Guardia Nacional dispara con una escopeta a David Valenillas, desde la base militar de La Carlota, Caracas. Valenillas, de 22 años y estudiante de Enfermería, murió a causa de los tres impactos que recibió en el pecho. Con este, son 76 los muertos desde que comenzaron las protestas hace 83 días.

La foto es la expresión concreta de lo que están pidiendo, o alentando, destacados intelectuales de izquierda: que el gobierno de Maduro amplíe y profundice la represión. En palabras de Atilio Borón: “la única actitud sensata y racional que le resta al gobierno del presidente Nicolás Maduro es proceder a la enérgica defensa del orden institucional vigente y movilizar sin dilaciones al conjunto de sus fuerzas armadas para aplastar la contrarrevolución y restaurar la normalidad de la vida social”. Es lo que defienden también, de hecho, los intelectuales que dijeron, y siguen diciendo, que la mayoría de las víctimas pertenece a las filas del chavismo. Lee el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

23/06/2017 at 10:59

Aclaración sobre pasaje de Rosa Luxemburgo

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Aclaración sobre pasaje de Rosa LuxemburgoEn la nota anterior, dedicada a la entrada de un ministro “marxista” en el gobierno K, cité un pasaje de Rosa Luxemburgo que me había enviado un lector (a propósito de la participación de los socialistas en los municipios, aquí). Allí Rosa Luxemburgo sostiene que la entrada de un socialista a un gobierno burgués no transforma al gobierno en socialista, sino al socialista en ministro burgués. El mismo pasaje es citado hoy por Diego Rojas en una nota titulada “Kicillof, el marxista impostor”, aparecida en Infobae, y cuya referencia también se me envió a “Comentarios” (http://opinion.infobae.com/diego-rojas/2013/11/21/kicillof-el-marxista-impostor/).

Lamentablemente, Diego Rojas contextualiza el texto de Rosa Luxemburgo de manera que parece contemporáneo de las discusiones de los revolucionarios rusos acerca de la participación en el Gobierno surgido de la revolución de Febrero de 1917. La realidad es que Rosa Luxemburgo escribió el pasaje en cuestión casi dos décadas antes. Dado el interés que ha despertado, en esta breve entrada lo ubico en el contexto de ideas en que es presentado. La traducción es mía, la realicé del inglés, corrigiéndola parcialmente con la alemana (que también me acercó amablemente otro lector).

Como único comentario introductorio, subrayo la perspectiva crítica y radical de Rosa Luxemburgo contenida en el texto. Es que la gran revolucionaria no cuestiona la participación de los socialistas en un gobierno burgués a partir de si deberán tomar tal o cual medida puntualmente regresiva, o represiva. Por el contrario, incluso admitiendo que el ministro “socialista” logre algunas reformas sociales, Rosa Luxemburgo considera que las mismas necesariamente tendrán un carácter burgués, en la medida en que no han sido obtenidas por la lucha de clases. Esto se debe a que la naturaleza de la participación “socialista” en el gobierno burgués está definida por la función y el rol de conjunto del Estado, y su relación con la lucha de clases. Para “bajarlo” a tierra, el carácter de la participación no está determinado por si el ministro “socialista” devalúa o aprecia la moneda; por si concede un punto más o menos de aumento salarial; o por si adecua a la inflación una asignación social. Los reformistas “ad usum” son muy afectos a este tipo de cálculos, de manera que la política para ellos se resuelve en una aritmética de más y de menos. Desde el enfoque defendido por Rosa Luxemburgo, en cambio, la participación socialista en los gobiernos burgueses se rechaza debido al carácter de clase del gobierno y del Estado en la sociedad capitalista. En mi opinión, esta posición se relaciona con lo que era el eje de la izquierda socialista de la Segunda Internacional, la independencia de clase. La clase obrera debía ser independiente no sólo de los partidos burgueses, o pequeño burgueses, sino también del Estado, y en todas las formas. Esto sin importar si tal o cual ministro, o tal o cual gobierno, concedía alguna mejora mayor o menor (como decía Marx, después de todo no criticamos al régimen esclavista porque no alimenta bien a sus esclavos, sino porque es esclavista).

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21/11/2013 at 12:12

Luchar sin ilusiones

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn esta nota quiero destacar un aspecto del discurso marxista que muchas veces se pasa por alto, o se desconoce. Se trata de la lucha por acabar con las ilusiones de las masas oprimidas, sea acerca de su situación, o de las soluciones a sus males padecimientos. Marx habla del asunto en sus obras juveniles, en relación a la religión. En el escrito “En torno a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, de inicios de 1844, planteaba: “Sobreponerse a la religión como la dicha ilusoria del pueblo es exigir para éste una dicha real. El pugnar por acabar con las ilusiones acerca de una situación, significa pedir que se acabe con la situación que necesita de ilusiones” (1987, p. 491, énfasis añadido). Y un poco más abajo: “Se trata de no dejar a los alemanes ni un instante de tregua para la ilusión y la resignación. Hay que hacer la opresión real aún más opresiva, añadiendo a ella la conciencia de la opresión, haciendo que la infamia se vuelve todavía más infamante, al pregonarla” (p. 494; énfasis añadido). Precisemos que una ilusión consiste en una imagen formada en la mente de una cosa inexistente, que es tomada como real; también se la define como la esperanza o creencia vana con que alguien se siente contento (diccionario María Moliner). Por eso, la idea conecta con la noción de ideología, con el “hacerse ilusiones”, en el sentido del autoengaño, en el que muchas veces incurrimos, en nuestra vida cotidiana, de manera no consciente (o no del todo consciente; Silva, 1992, hace esta discusión).

Pues bien, sostengo que esta crítica de las ilusiones subyace en el corazón de la obra del Marx maduro. Es que la crítica marxiana busca poner de manifiesto las conexiones reales, internas, del modo de producción y de la sociedad capitalista, y por este mismo hecho, no deja espacio para las ilusiones. De aquí resulta también un mensaje que puede considerarse “pesimista”, ya que viene a decir que en tanto subsistan las relaciones de propiedad capitalistas, los problemas de fondo de las masas trabajadoras van a persistir. Esto porque las conquistas de las luchas sindicales y reivindicativas encuentran un techo en las leyes de la acumulación capitalista -cuando crece la combatividad, los capitalistas reemplazan mano de obra por maquinaria, se niegan a invertir, etcétera- y en las estructuras del Estado, que defienden la propiedad privada del capital. Por eso, el mensaje de Marx a los trabajadores es que hay que luchar por mejoras, pero sin albergar ilusiones: en tanto subsistan la propiedad privada del capital, y el Estado capitalista, estarán condenados a reiniciar la pelea, una y otra vez. En el mismo sentido, Rosa Luxemburgo comparaba la lucha sindical con el trabajo de Sísifo, con un “tejer y destejer” permanente (1974, p. 72). Comentando este enfoque, Tony Smith explica que una política revolucionaria contra el capitalismo implica afirmar que las estructuras fundamentales a ser cambiadas son explotadoras y no pueden convertirse en no explotadoras con manejos de ningún tipo (1990, p. 38). Son relaciones sociales objetivas -subrayo, relaciones de explotación- que solo se pueden modificar por acción radicalmente revolucionaria.

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Written by rolandoastarita

10/06/2013 at 11:07

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