Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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El debate sobre Kronstadt es actual

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Habitualmente los dirigentes y candidatos de los partidos de izquierda, anticapitalistas, reivindican el programa de la democracia soviética (o de los consejos). Sostienen que “la liberación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”, y que el poder deberá estar en manos de consejos de trabajadores, y otros organismos, en los que reine la más completa democracia. En este marco también defienden la idea de Lenin de la elección y revocabilidad de todos los funcionarios del Estado. Recordemos que en El Estado y la revolución, publicado en vísperas de la toma del poder, el líder bolchevique sostuvo que “la completa elegibilidad y movilidad en cualquier momento de todos los funcionarios, la reducción de su sueldo hasta los límites del ‘salario corriente de un obrero’, estas medidas democráticas, sencillas y comprensibles por sí mismas, al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo” (p. 46).

En vista de lo anterior, la izquierda anticapitalista presenta la experiencia rusa en 1917 como la mejor demostración de aplicación exitosa de la democracia de los consejos, incluida la libre elección y revocatoria de sus direcciones. Es que los bolcheviques ganaron, a partir de septiembre de 1917, la mayoría en el soviet de Petrogrado, y en otros soviets importantes, por medio de elecciones democráticas. Y en aquellos tiempos a nadie se le ocurría que el partido revolucionario pudiera imponer su voluntad contra la mayoría de la clase obrera. A título ilustrativo, citemos el pasaje de la Historia de la revolución rusa, en el que Trotsky transcribe una declaración del partido Bolchevique, de septiembre de 1917, que, entre otras cosas, afirmaba: “Nuestro partido, que lucha por el poder en nombre de la realización de su programa, nunca ha aspirado ni aspira a adueñarse de ese poder contra la voluntad organizada de la mayoría de las masas trabajadoras del país”. Trotsky comenta: “esto significaba: tomaremos el poder como partido de la mayoría soviética. Las palabras relativas a la ‘voluntad organizada de los trabajadores’ se referían al Congreso de los Soviets, que había de realizarse en breve” (p. 374, t. 2; énfasis agregado).

Pero incluso después de la toma del poder Lenin decía: “La naturaleza verdaderamente popular de los soviets es evidente en el hecho de que cada campesino envía sus representantes al soviet y está habilitado para revocarlos. (…) A la gente se le informó que el soviet es un órgano plenipotenciario: creían en ello y actuaron de acuerdo a esa creencia. El proceso de democratización debe ser profundizado, e introducido el derecho a la revocación. El derecho a la revocatoria debería ser dado a los soviets, como la mejor encarnación de la idea del poder estatal, de coerción. La transferencia del poder de un partido a otro puede ser hecha de manera pacífica, por la mera reelección” (“Informe sobre el derecho a la revocación en una reunión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia”, 4 de diciembre de 1917, énfasis agregado). También: “No puede haber restricciones y trabas burocráticas, ya que ellos [los soviets] se han creado por la voluntad del pueblo, y el pueblo es libre de revocar sus representantes en cualquier momento. Los soviets son superiores a cualquier parlamento, superiores a cualquier Asamblea Constituyente. El partido de los bolcheviques siempre ha declarado que el cuerpo supremo son los soviets” (“Discurso ante el Segundo Congreso de los soviets de toda Rusia de diputados campesinos”, 15 de diciembre de 1917; énfasis agregados).

La actualidad de la discusión sobre Kronstadt

Como hemos visto en las notas anteriores, en 1921 los bolcheviques rechazaron el pedido de elecciones libres en los soviets. Y muchos militantes y organizaciones de izquierda, que sostienen el programa de la democracia obrera, apoyan sin embargo lo actuado por los bolcheviques en Kronstadt, y sostienen que en circunstancias parecidas harían lo mismo. Por lo cual están diciendo, en esencia, que la democracia de los consejos es aplicable solo si está garantizado el triunfo de “el” Partido Revolucionario. Pero en ese caso, ¿qué queda del programa de democracia soviética? ¿Qué queda de la “plena elegibilidad y revocabilidad de los funcionarios”? Así, el debate sobre Kronstadt 1921 tiene efectos muy actuales. Un problema que presentan Paul Cockshott y Allin Cottrell, en un escrito relativamente reciente:

“Al igual que veía a la república parlamentaria como la forma ideal del gobierno burgués, Lenin consideraba al Estado de los Consejos, la República soviética, como la forma ideal de dictadura obrera. Sin embargo, lo fundamental de su recuperación de la consigna ‘blanquista’ de dictadura obrera fue el partido revolucionario blanquista-leninista. Así como el dominio de la Comuna de París por los blanquistas e internacionalistas fue la clave para que ganasen el poder, el dominio de los soviets por los bolcheviques fue la condición sine qua non del verdadero poder soviético. En la mayoría de las crisis revolucionarias se producen proto-Estados de los Consejos, siendo el ejemplo europeo más reciente el de Portugal en 1975. (…) Si los consejos están dominados por un partido revolucionario y se producen simultáneamente sublevaciones militares, todo ello puede conducir a una revolución socialista. Sin las sublevaciones o sin el dominio del partido revolucionario, el parlamentarismo acaba ganando”. Más adelante: “Quienes defendían un ideal Estado consejista contra el Estado soviético existente lo que hacían era intentar ocupar un terreno político que no puede existir, pues para que el Estado de los consejos exista, el partido Comunista tendría que ser abolido. Trotsky tuvo el buen sentido de ver las implicaciones de esto en Kronstadt” (p. 109-110).

El problema es que si el partido Comunista impone su dominio por decreto y a la fuerza a la clase obrera, ¿cómo se puede pedir la participación activa de esa misma clase en la construcción socialista? Y sin la actividad de las masas, ¿cómo puede avanzarse al socialismo? A fin de hacer más concreto el planteo, los trabajadores que apuestan, por ejemplo, por vías alternativas de construcción del socialismo, ¿no tendrán derecho a expresar de manera organizada su programa, en caso de que este pueda convencer a la mayoría de los trabajadores? Y si se impide la libre argumentación y decisión democrática, ¿cómo se piensa que se puede involucrar a los silenciados en la administración y gestión? Pero además, ¿cómo se puede instrumentar el programa de la libre elección y revocabilidad de funcionarios sin libertad de elección? Por otra parte, ¿con qué derecho una fracción política impone su orientación al resto? Supongamos, por caso, que un partido quiere avanzar rápidamente a la socialización completa de la economía, y la supresión del mercado, y otro partido propone organizar antes cooperativas, coordinadas a través del mercado. O que un partido sostenga que los sindicatos deben estar subordinados al Estado, y otro defienda la autonomía sindical. ¿Cómo es que una parte impone a la otra su postura, si no es a través de la discusión argumentada (que puede incluir la búsqueda de consensos y vías intermedias) y el voto democrático al interior de los organismos de las masas?

Vinculado a lo anterior, también se impone la pregunta acerca de quién decide qué organización es revolucionaria. Por ejemplo, en Argentina existen muchos partidos y grupos que se reivindican socialistas y revolucionarios. ¿Cómo se resuelve en un escenario semejante la participación, o no, en los consejos? (al pasar: incluso la participación conjunta en una lista de unidad sindical o estudiantil representa hoy problemas formidables para la izquierda. ¿Por qué desaparecerían las diferencias después de la toma del poder?). Además, si se suprime la actividad de los partidos soviéticos, las corrientes sociales y políticas que estos representaban con toda probabilidad tenderán a expresarse al interior del partido Comunista. Por lo cual se abriría el camino para considerar “enemigos de clase” e “infiltrados contrarrevolucionarios” a los militantes opositores a la mayoría.  Es que el argumento “si esta corriente obtiene la mayoría en los soviets, la revolución está perdida”, se transforma fácilmente en “si esta corriente obtiene la mayoría en el partido, la revolución está perdida”. Lo cual evidencia que no puede haber democracia al interior del partido si no existe democracia en todos los organismos de la clase obrera –consejos, comités de control obrero, sindicatos, etcétera.

Estas cuestiones atañen, naturalmente, a la vida misma de un proceso revolucionario. La razón es que sin intercambio libre de opiniones, sin posibilidad de contrastar líneas políticas, una revolución se asfixia, pierde contenido. No hay posibilidad de soñar siquiera con llegar a alguna forma de “democracia directa” sin democracia obrera. Menos todavía de ganar para el socialismo a las masas de pequeños propietarios, cuentapropistas, campesinos pobres y artesanos, etcétera (¿o se quiere insistir con recetas del tipo la colectivización a sangre y fuego soviética de fines de los 1920, principios de los 1930?).

Conclusión: la revolución socialista no tiene sustitutos

El problema fundamental: no es posible construir el socialismo imponiéndolo a la fuerza a la clase obrera, y a las más amplias masas empobrecidas. Tampoco hay posibilidad de que alguna vanguardia sustituya la acción de las masas. Así como es imposible tomar el poder sin el apoyo de la mayoría de la clase obrera, es imposible avanzar a la socialización sin la actividad consciente de las masas trabajadoras. La construcción del socialismo solo puede aprenderse a partir de la misma práctica, y esta debe ser de masas. Incluso formas de contabilidad basadas en el trabajo insumido en la producción y distribución no pueden ni siquiera esbozarse si no es mediante la participación democrática de las masas trabajadoras. Todo lleva a la misma conclusión: la revolución socialista no tiene sustitutos. En la historia hubo revoluciones burguesas “desde arriba”, pero una revolución socialista “desde arriba” es una contradicción en los términos. La revolución será obra de la clase obrera, o no será.

Textos citados:
Cockshott, P. y A. Cottrell, (2017): “Argumentos para un nuevo socialismo”, en Ciber-comunismo. Planificación económica, computadoras y democracia, P. Cockshott y M. Nieto, Madrid, Trotta.
Lenin, V. I. (1975): El Estado y la revolución, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales.
Lenin, V. I. (1977): Collected Works, Progress Publishers Moscow https://www.marxists.org/archive/lenin/works/cw/index.htm.
Trotsky, L. (1972): Historia de la Revolución Rusa, t. II, Buenos Aires, Galerna.

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El debate sobre Kronstadt es actual

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17/11/2017 at 11:19

Stalinismo y la larga saga de disimular canalladas

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En una nota anterior (aquí), y a propósito de las mentiras con que hoy se pretende encubrir la represión del gobierno de Maduro, afirmé que existe una larga tradición de progresistas y marxistas que justificaron y defendieron, durante décadas, las inmundicias del stalinismo. Lo hicieron, además, sin ahorrar bajezas y mentiras. Entre ellas, llegaron a culpar por las muertes a las propias víctimas. Y en esto participaron muchos “amigos profesionales del Kremlin”. A fin de mostrar la larga permanencia de estos métodos, en lo que sigue transcribo pasajes de una nota, de 1936, de Trotsky. Escribía:

A dieciocho años de la Revolución de Octubre, en una época en que, según la doctrina oficial, el socia­lismo es una realidad “definitiva e irrevocable” en la URSS, aquellos revolucionarios enteramente consagra­dos a la causa del comunismo que no reconocen el dogma de la infalibilidad stalinista sufren años de cárcel, encierro en campos de concentración, trabajos forzados, tortura física cuando resisten, fusilamiento en casos de intentos de evasión reales o ficticios, o bien, son conducidos deliberadamente al suicidio. Cuando cientos de prisioneros, en protesta contra las condi­ciones intolerables, recurren al terrible método de la huelga de hambre, la burocracia los somete a alimenta­ción forzada y luego los coloca en situaciones aún más horribles. Cuando ante la falta de otros medios de pro­testa, algunos revolucionarios se cortan las venas, los agentes de la GPU, es decir los agentes de Stalin, “salvan” sus vidas para demostrarles con renovada brutalidad que en verdad no tienen salvación alguna. Lee el resto de esta entrada »

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28/05/2017 at 17:14

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Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (conclusión)

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La parte anterior, aquí.

La consolidación del dominio burocrático

Desde principios de los treinta el gobierno soviético fue escalando en medidas represivas. En 1930 se creó el GULAG (Administración Principal de Campos de Trabajo del ministerio Soviético del Interior, NKVD). Se trataba de un sistema penitenciario complejo, conformado por campos, colonias, prisiones y asentamientos forzados. En los primeros años los campos se poblaron principalmente de campesinos deportados (unas dos millones de personas), acusados de “robo de la propiedad estatal” o “sabotaje” (especialistas “burgueses”, obreros que díscolos), curas, elementos sospechosos. A partir de 1933 también hubo un creciente flujo de cientos de miles de deportados por razones étnicas. Por otra parte, y marcando el inicio del giro a la derecha, en 1932 Stalin puso un abrupto freno a la Revolución Cultural y a los movimientos de las comunas fabriles. Lee el resto de esta entrada »

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16/07/2016 at 17:23

Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (17)

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La parte 16 de la nota, aquí

¿Revolución “desde arriba”?

Isaac Deutscher caracterizó la colectivización e industrialización acelerada como una revolución “desde arriba”, esto es, realizada desde la cumbre del Estado. La misma idea fue sostenida por la historia oficial soviética. En el Curso breve de la Historia del PCUS, se sostiene que “el carácter distintivo de esta revolución [la colectivización y la industrialización] es que fue cumplida ‘desde arriba’, sobre la iniciativa del Estado, y directamente apoyada ‘desde abajo’ por millones de campesinos, que estaban luchando por sacarse de encima la esclavitud kulak y vivir en libertad en las granjas colectivas”. Lee el resto de esta entrada »

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23/06/2016 at 12:13

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Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (9)

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La parte ocho de la nota, aquí

Colectivización acelerada y por la fuerza 

Si bien Stalin afirmaba que el campesino medio se estaba incorporando voluntariamente a las granjas colectivas, eran principalmente campesinos pobres los que lo estaban haciendo (Viola, 1999). Según Bettelheim (1978), muchos de ellos aceptaron la colectivización por la ayuda que les prestaba el Estado; en vísperas de la siembra, estaban faltos de caballos y otros implementos, y la incorporación al koljós era su mejor alternativa. Sin embargo, la mayoría de los campesinos no estaba impresionada por el desempeño de los koljoses y pensaba que había mejores oportunidades trabajando fuera de la granja y llevando los productos al mercado (Davies y Wheatcroft 2009). Otros consideraban que la incorporación a las granjas colectivas significaba perder los lotes que habían obtenido con la Revolución y se resistían. Por eso, si bien hubo algo de entusiasmo “desde abajo”, las campañas regionales ya habían empezado a recurrir a la coerción para lograr altos porcentajes de colectivización. “Incluso en este [primer] estadio la colectivización fue impuesta en gran medida ‘desde arriba’. Orquestada y dirigida por las organizaciones regionales del Partido, con la sanción implícita o explícita de Moscú, los funcionarios distritales y los comunistas y obreros urbanos llevaron la colectivización al campo. Las brigadas para la requisa del grano, que ya estaban obsesionadas con obtener altos porcentajes, fueron transferidas en masa a la colectivización” (Viola, 1999).

Se trataba, a todas luces, de una política aventurera. Trotsky (1973) anota: “Los empíricos, trastornados, llegaban a creer que todo les era posible. El oportunismo se había transformado, como sucediera a veces en la historia, en su contrario, el espíritu de aventura”. Ni siquiera se tuvo en cuenta la debilidad del Partido en el agro: había células en 23.458 aldeas sobre un total de 70.849; y en muchos casos la célula partidaria constaba solo de un secretario y una persona dedicada a la propaganda (Liu, 2006).

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20/04/2016 at 18:18

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Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (7)

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La parte 6 de la nota aquí.

Impacto en la Oposición de Izquierda del giro y represión 

Con el giro hacia la industrialización y el ataque a los kulaks, Stalin parecía adoptar el programa de la Oposición. Incluso hizo suya parte de la argumentación de Preobrazhenski, y otros miembros de la izquierda (véase parte anterior de la nota). Esa impresión se consolidó luego de la XVI Conferencia del Partido, realizada en abril de 1929. En ella se resolvió avanzar en la lucha contra el kulak –aunque todavía manteniendo formalmente la NEP- y en la industrialización. También se llamó a combatir el burocratismo en el Partido y el Estado, cuestión que analizaremos más adelante con cierto detalle. La ruptura con el ala bujarinista pareció definitiva.

Ante esta nueva situación, en las colonias de deportados trotskistas hubo dos corrientes principales (véase Deutscher 1979 y 1980; también Broué 1988, con una interpretación algo distinta). Por un lado, estaban los que consideraron que había que apoyar el giro de Stalin, ya que fortalecía al socialismo. Así, Preobrazhenski sostuvo que en las nuevas medidas se expresaba la “fuerza objetiva de la ley” de la economía nacionalizada, ley que se imponía a los dirigentes del Partido. Planteaba que la Oposición había sido la intérprete consciente de una necesidad histórica, de la cual la fracción stalinista era su agente. Por eso, había que negociar las condiciones de vuelta al Partido y participar del movimiento histórico que se iniciaba. Radek, otro destacado dirigente, ya en 1928 se había pronunciado de forma abierta en favor del giro. Consideraba que era importante el llamado de la dirección soviética a enfrentar el peligro kulak, y proponía organizar al proletariado rural, depurar al Partido de los elementos pro-burgueses  y  reintegrar a la Oposición (Broué). Preobrazhenski y Radek pensaban que lo central era corregir la política económica y confiaban en una reforma desde arriba (ídem). Por otro lado estaban los “irreductibles”, muchos de ellos jóvenes, que se negaban a cualquier compromiso con Stalin y ponían el acento en la necesidad de recuperar la democracia al interior del Partido y del Estado.

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26/03/2016 at 18:10

Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (6)

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La parte cinco de la nota, aquí

Comienza el giro

La crisis del grano tomó al Partido desprevenido. Todavía en el XV Congreso, realizado a fines de 1927, Stalin se enfocó en atacar a la izquierda. Con el acuerdo de los bujarinistas, se expulsó a la Oposición (Trotsky y Zinoviev habían sido expulsados del Partido poco antes). Sin embargo, ya había conciencia de los problemas con la provisión de grano, y se aceptaba que la política bujarinista exigía rectificaciones. Rykov y Bujarin propusieron limitar las actividades de los kulaks, favorecer a las cooperativas y acelerar la industrialización; Rykov también contempló desviar recursos desde el agro a la industria (Lewin, 1965). Stalin insinuó que había que “liquidar” al kulak como estrato social. Finalmente se decidió dar más importancia a la industria y al rol del Estado, se elevaron los precios de los productos industriales, disminuyeron los suministros al agro y se dispuso lanzar un plan quinquenal.

Sin embargo, en 1928 la crisis de aprovisionamiento se agravó. La cosecha en Ucrania y el Cáucaso Norte no fue buena. Los métodos de requisa compulsiva, empleados el año anterior habían provocado gran descontento. Los campesinos volvieron a retener el grano y  en las ciudades hubo hambre. “En enero de 1928 la clase obrera se encontró abocada a una hambruna inminente” (Trotsky, 1973). Hubo necesidad de frenar todas las exportaciones de cereales.

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18/03/2016 at 09:31

Contra la censura “socialista” en el arte

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Por estos días tuve oportunidad de leer la crítica de Eduardo Sartelli, del grupo Razón y Revolución, a la posición defendida por los partidos trotskistas sobre que debe existir la más plena libertad de creación artística. En un reportaje concedido a la Agencia Paco Urondo, Sartelli califica la posición de Trotsky y el trotskismo en el arte de “liberal”, y precisa: “Esa idea de otorgar ‘toda libertad al arte’ presupone la existencia de un campo abstraído de las relaciones sociales, sin conflictividad, donde el artista es una especie de privilegiado, el único ser en el universo que no está determinado por ninguna relación social” (http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/18727-queremos-combatir-una-lectura-religiosa-de-trotsky).

Por otra parte, en el Prólogo que escriben Sartelli y Rosana López Rodríguez a la reciente edición de Literatura y revolución, critican la “caricatura trotskista” de la posición de Trotsky en el arte, diciendo que la misma “pretende que Trotsky encuentra repulsiva la idea misma de censura, defiende la libertad sin límite alguno del artista…”. Afirman que Trotsky “negaba libertad a todos aquellos que estuvieran a la derecha de los compañeros de ruta, es decir, de todos los que no apoyaban a la revolución. (…) Cuando Trotsky habla de ‘libertad’ al arte se refiere pura y exclusivamente a la cuestión formal… La cuestión temática es más compleja: si se escribe desde un punto de vista reaccionario, se hace acreedor a la censura; si se actúa lo que se escribe, se expone a cosas peores” (http://razonyrevolucion.org/trotsky-literatura-y-revolucion-por-rosana-lopez-rodriguez-y-eduardo-sartelli/).

Pues bien, considerándome un marxista que encuentra revulsiva a la censura y defiende la libertad sin límite alguno del artista, afirmo que la posición de Sartelli y López Rodríguez es nefasta. Y si Trotsky era partidario de la censura en el arte, pues también estoy en contra de la posición de Trotsky en este asunto. Sostengo que defender la censura porque el contenido de tal o cual producto artístico es reaccionario, es puro oscurantismo reaccionario. Más en general, se trata de un criterio anti-científico por excelencia, sea cual sea el campo del pensamiento al que se lo aplique. Por caso, ¿hay que censurar la obra de Say, Keynes o Friedman porque en Economía Política estos autores “están a la derecha de los compañeros de ruta”? ¿O censurar a los que siguen sus doctrinas? Además, ¿qué se gana con eso? Respuesta: nada, absolutamente nada. Solo los que piensan que las ideas se modifican con censuras y represalias, pueden creer que con estos métodos se defiende al socialismo. Pero si esto es cierto para la ciencia, con tanta o más razón lo es en el campo del arte. No hay ninguna razón “revolucionaria” para defender la censura en el terreno de la creación o el consumo artístico. Con estas prácticas lo único que se logra es anular la posibilidad de argumentos razonados. ¿No hay suficientes pruebas históricas de a dónde condujeron estas aberraciones? Además, ¿quién decide qué “contenido temático” se permite publicar, y cuál no? ¿Quién decide dónde “la forma” empieza a afectar “al contenido”? ¿Con qué derecho el censor ve y lee todo lo que se le ocurre, y prohíbe que vea y lea todo lo que se le pueda ocurrir a la gente común?

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06/03/2016 at 20:46

Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (5)

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La parte cuarta, aquí

La orientación pro-campesina 1924-8

Según Johnson y Temin (1993), a partir de la crisis de las tijeras de 1923 los bolcheviques sacaron dos conclusiones fundamentales: las fuerzas libres del mercado amenazaban con reducir la provisión de grano a las ciudades, y la hiperinflación reducía el control del Estado en la economía. En consecuencia se impusieron controles a los precios industriales con el fin de mejorar los términos de intercambio para los campesinos; también se redujo la emisión monetaria, de manera que en la primavera de 1924 se estabilizó la moneda. Si bien la inflación en los años siguientes continuó siendo alta (20% anual, aproximadamente) se evitó la hiperinflación. En 1924 hubo inyección créditos, muchos destinados a empresas estatales, y mejoró la producción industrial. También se alentaron las exportaciones de granos y se incrementó la importación de bienes industriales, lo cual contribuyó a que mejoraran los términos de intercambio para los campesinos (Johnson y Temin).

Estos resultados reforzaron la posición de Bujarin. Tengamos presente que los programas de Trotsky y Preobrazhenski no habían despertado adhesión en el Partido. Muchos militantes habían interpretado que sus propuestas implicaban volver al Comunismo de Guerra. Si bien la NEP había sido entendida por muchos bolcheviques como un retroceso y una concesión a las fuerzas capitalistas, el país estaba agotado y en el Partido existía el temor de volver a los enfrentamientos con los pequeños productores. Estos conformaban aproximadamente el 80% de la población.

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05/03/2016 at 13:18

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Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (4)

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La parte 3, aquí.

El significado de la polémica Preobrazhenski -Bujarin

La crisis de las tijeras desató una intensa polémica en el partido Comunista. “A partir del año crucial 1923, las divergencias de apreciación sobre las relaciones entre la industria y la agricultura… se agravan en el partido dirigente”, señala Trotsky en La revolución traicionada. Hubo dos posiciones polares enfrentadas, las de Preobrazhenski y Bujarin.

La polémica echa luz sobre las dificultades que enfrentaba la economía soviética en los años veinte, pero también ilumina acerca de los problemas más generales de economías atrasadas y estructura dual, esto es, industria estatizada en un mar de producción campesina y artesanal pequeño burguesa. El debate soviético de los veinte incluso tuvo eco en las teorías burguesas de crecimiento. Por caso, el modelo de Arthur Lewis, que supone que hay exceso de mano de obra que se transfiere del agro a la industria, desarrollándose esta a partir de la reinversión de los beneficios, con salarios a nivel de subsistencia, está inspirado en el modelo soviético (Lewis, 1959). De la misma manera, la relación capital/producto (la inversión en equipos y máquinas requerida para obtener un crecimiento deseado), que está en el centro del modelo de crecimiento de Harrod-Domar, había sido planteada en los años veinte en la URSS. Asimismo, el problema de cómo financiar, en un país atrasado, esa inversión requerida para obtener el crecimiento deseado que absorba la mano de obra no ocupada, o la desocupación disfrazada, estuvo en el corazón de los debates soviéticos de los años veinte y en los inicios de la industrialización. Por eso Domar afirma, en el capítulo IX de Ensayos en teoría del crecimiento económico, que para un estudioso del crecimiento y el desarrollo, la literatura económica soviética de los 1920 es de gran interés.

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Written by rolandoastarita

23/02/2016 at 10:53

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