Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Los compañeros de ruta de burócratas y milicos

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En una nota anterior (aquí), y en referencia a muchos intelectuales que durante años cerraron los ojos a lo que ocurría en Venezuela, escribí:

“Los capitalismos de Estado y los socialismos burgueses, así como antes los regímenes stalinistas, también han sabido adquirir las voluntades y las conciencias de muchos intelectuales de izquierda, incluso de muchos marxistas, con lisonjas y favores materiales de todo tipo”.

“Estos marxistas saben perfectamente de lo que estoy hablando. Son los que acomodan siempre su discurso a lo que consume el sentido común bienpensante de la izquierda. Son los habitués de Conferencias y Congresos internacionales, a los que concurren para pronunciar sus previsibles discursos contra “el imperio y el capital financiero internacional”, para terminar aplaudiendo la “firmeza antiimperialista” del burócrata de turno que les ha pagado el viaje, el hotel, las recepciones y los viáticos acordes con la “alta función revolucionaria del compañero que nos visita”. Son los que se postulan como consejeros de izquierda del “burócrata socialista” o del “socialista burgués” que les va a subvencionar la próxima edición del libro que acaban de escribir. O los que conceden ideológica y políticamente todo lo que les pide el político o funcionario “progre” de turno, a cambio de que les financie un centro de investigación, o les abra la puerta de los medios de prensa –“nacionales y populares”, faltaba más- disponibles”.

“De esta manera, se ha engendrado toda una ristra de amanuenses intelectuales que danzan al compás de la música que les ponen, y que justifican lo que les dicen que tienen que justificar”.

En la tradición de los “amigos de la URSS”

En la nota recordaba también la continuidad entre el “turismo revolucionario” a Venezuela, y los viajes regulares a la URSS de funcionarios del PC, y aledaños, que jamás “vieron” lo que estaba ante sus ojos. No se trató solo de los intelectuales que “no vieron” lo que ocurría en la URSS en los años de relativa estabilidad y mejora del consumo (los 1960 y 1970), sino en los peores tiempos de los campos de concentración, de las hambrunas y los fusilamientos a opositores.

En este respecto es ilustrativa la actitud de muchos intelectuales británicos en los 1930. Por caso, el economista G. Cole, Aldous Huxley, Virginia y Leonard Wolfe, Bertrand Russell y el economista e historiador marxista M. Dobb apoyaban al stalinismo y silenciaban sus crímenes desde la Sociedad de Relaciones Culturales con la URSS. Lo mismo hacía el grupo conformado por los fabianos Bernard Shaw, y Beatrice y Sidney Webb. Ninguno dio el más mínimo crédito a las denuncias que hacían trotskistas, bujarinistas, anarquistas y otros opositores y represaliados sobre lo que estaba sucediendo en la URSS, y cubrían al stalinismo de elogios.

Por ejemplo, luego de su visita a la URSS en 1931, Shaw llegó a afirmar que el Gulag era un sitio tan placentero que el régimen tenía dificultades porque los prisioneros no querían irse. Y en 1948 todavía declaraba que Stalin era “un fabiano de primera clase”. Los Webb también fueron invitados a la URSS, y recorrieron fábricas, granjas y escuelas, guiados por funcionarios del Partido. Vueltos a Inglaterra, publicaron Soviet Comunism: A New Civilisation?, en el que no mencionaban palabra de las hambrunas y padecimientos que provocaba la colectivización forzosa. Posteriormente, cuando se desarrollaban los grandes procesos de Moscú, reeditaron el libro, ya sin el signo de pregunta en el título. Las denuncias sobre las atrocidades y la represión, a sus ojos, era solo propaganda capitalista. ¿Hay tanta distancia con los que hoy dicen que los testimonios en carne viva del hambre que sufren los venezolanos son armados mediáticos de la propaganda imperialista?

Pero no se trató solo de intelectuales ingleses “progres-izquierdistas”. Por ejemplo, el poeta francés Louis Aragon, publicó un poema que, entre otras cosas decía “viva el GPU, figura dialéctica del heroísmo”. Pablo Neruda, cuando fue embajador de Chile en México, ayudó a Siqueiros a evadir sus responsabilidades en los atentados contra la vida de Trotsky. También apoyó moralmente a Ramón Mercader, el asesino de Trotsky; y todavía a comienzos de los 1950, escribiendo sobre Berlín Oriental, elogiaba al “gran Vishinsky”, el temible fiscal de los Juicios de Moscú. Sin dejar de mencionar su Oda a Stalin, que entre otras cosas decía: “Stalin es el mediodía, la madurez del hombre y de los pueblos. (….) Enseñó a todos a crecer, a crecer, a plantas y metales, a criaturas y ríos, les enseñó a crecer, a dar frutos y fuego”. Otro ejemplo fue André Malraux, quien escribió: “… Stalin ha dado dignidad a la especie humana. De la misma manera que la Inquisición no disminuye en nada la dignidad fundamental del cristianismo, los procesos de Moscú no disminuyen la dignidad del comunismo”.

Naturalmente, también en Argentina tuvimos la larga lista de amigos de la URSS, siempre dispuestos a justificar cualquier atrocidad en nombre de la defensa del campo socialista. Así el uruguayo (pero vivió en Buenos Aires) Elías Castelnuovo viajó a la URSS en 1931, y a su regreso escribió Yo vi en Rusia. Impresiones de un viaje a través de la tierra de los trabajadores, que disimulaba lo que estaba ocurriendo. A su vez, Aníbal Ponce, luego de su viaje a la URSS en 1935, declaraba que Rusia “es una enorme usina en que todos colaboran porque todos se saben propietarios. (…) Rusia es la primera de las patrias proletarias” (citado por Hernán Camarero en “Buenos Aires-Moscú. El Partido Comunista argentino y la Revolución Rusa hasta los años treinta”, Anuario de Historia, 2017). Eran los años en que la burocracia barría cualquier vestigio de poder obrero.

Refiriéndose en general a estos compañeros de ruta, en la Revolución traicionada Trotsky escribió:

“Para muchos pequeño burgueses que no disponen de una pluma ni de un pincel, la “amistad” oficialmente sellada con la URSS es una especie de certificado de intereses espirituales superiores… La adhesión a la francmasonería o a los clubs pacifistas es bastante análoga a la afiliación a las sociedades de “Amigos de la URSS”, pues permite llevar dos existencias a la vez, una trivial, en el círculo de los intereses cotidianos; la otra más elevada. Los “Amigos” visitan de vez en cuando Moscú; toman nota de los tractores, de las guarderías, de los pioneros, de los paracaidistas, de todo, en una palabra, salvo de la existencia de una nueva aristocracia. Los mejores de ellos cierran los ojos por aversión a la sociedad capitalista. André Gide lo confiesa francamente: ‘También influyen, y mucho, la estupidez y la falta de honradez de los ataques contra la URSS para que pongamos alguna obstinación en defenderla’. La estupidez y la falta de honradez de los adversarios no pueden justificar nuestra propia ceguera. Las masas, en todo caso, necesitan amigos que vean claro. (…). La simpatía del mayor número de burgueses radicales y radical “socialistas” hacia los dirigentes de la URSS tiene causas no desprovistas de importancia. (…) Existen muchos más reformistas que revolucionarios en el planeta; muchos más adaptados que irreductibles”.

Precisemos que Gide, habiendo sido invitado a la URSS en 1936, año del primer Proceso de Moscú (a raíz del cual fueron fusilados Zinoviev y Kamenev), denunció con honestidad intelectual los crímenes del stalinismo (y en particular, la represión que sufrían los homosexuales).

En cualquier caso, la situación continuó sin variantes en las décadas posteriores, prácticamente hasta las vísperas mismas del derrumbe de los regímenes stalinistas. Como me decía la esposa de un ex funcionario del PCA, que viajaba con frecuencia a Rusia, “visitábamos y no veíamos lo que sucedía en el pueblo”. Por supuesto, el “ver” les hubiera costado a estos turistas revolucionarios serias limitaciones en términos de agasajos, comilonas, prestigio y demás menudencias altamente apreciadas entre la intelectualidad izquierdista.

Algo similar puede decirse de la actitud de muchos intelectuales que miraron para otro lado, por ejemplo, cuando el desastre del Gran Salto Adelante, a fines de los 1950, en China (se habla de millones de muertos), y hacían apología de la pretendida construcción socialista del maoísmo. Y hay muchos otros casos igualmente llamativos de “ceguera” con respecto a otros regímenes considerados “revolucionarios”.

Sutherland sobre chavismo y prebendas para intelectuales de izquierda

Volviendo ahora a Venezuela, en un reportaje reciente, “Estoy en contra de una invasión militar, pero no puedo aplaudir a este gobierno” (véase https://brecha.com.uy/estoy-en-contra-de-una-invasion-militar-pero-no-puedo-aplaudir-a-este-gobierno/ el economista Manuel Sutherland brinda datos más precisos sobre los beneficios, materiales y simbólicos, que recibieron muchos izquierdistas a partir de su relación con el régimen chavista. Dice:

“Venezuela ha sido extremadamente generosa con la izquierda latinoamericana e internacional, les ha regalado viajes, publicado libros, tours en el país, viáticos, el Premio Libertador al pensamiento crítico, con entre 100 mil y 150 mil dólares a personajes que escribieran libros de izquierda en América Latina. Se desarrollaron otros premios, prebendas, reuniones. Esos privilegios para esa izquierda microscópica –que no hace nada en sus países pero que en Venezuela se reúne con presidentes, ministros y sale en la televisión– le han dado una fama que sus representantes no quieren perder. Tienen estrechos contactos con la embajada venezolana, donde se hacen eventos en los que las embajadas ponen recursos y ellos se sienten importantes.

Tampoco quieren perder credibilidad negando lo que dijeron antes. Esa contradicción les pega y entonces se frenan para decir lo que pasa en Venezuela, algo de lo cual cualquier persona se da cuenta: que el país… está completamente anarquizado y destruido.”

Funcionales al régimen

Como lo fueron con respecto al stalinismo, estos intelectuales han sido extremadamente funcionales al chavismo, fortaleciendo el discurso de “estamos construyendo el socialismo del siglo XXI”, y generando esperanzas de liberación social en millones de personas, dentro y fuera de Venezuela. Y le siguen siendo funcionales en estos momentos de crisis y debilidad del madurismo.

Principalmente con su tarea de ocultar y disimular el hambre (principal argumento: “¿Por qué no hablan del hambre que hay en otros países?”); justificar la represión (“se reprime a golpistas que buscan convertir a Venezuela en una colonia de EEUU”); y negar los hechos (“hay problemas, pero nada grave, son todas exageraciones del imperialismo”). En momentos en que grupos parapoliciales secuestran, torturan y asesinan opositores en los barrios populares, estos intelectuales, pretendidamente revolucionarios y de izquierda, se dedican a justificar lo injustificable.

Pero además, y de paso, eluden las responsabilidades que les cabe en el principal y terrible resultado del chavismo-madurismo: la disgregación social de la clase obrera venezolana; la casi absoluta imposibilidad de que presente una alternativa propia, independiente; y el elevado descrédito en que han sumido, una vez más, los ideales del socialismo. Algún día habrá que meter todo esto en el balance y pedir rendición de cuentas a estos compañeros de ruta de burócratas y milicos.

La camaradería entre intelectuales de izquierda tiene sus límites

Para terminar esta nota, transcribo el texto “Dos veces”, de Alberto Bonnet (compañero en la Universidad de Quilmes y amigo), que va al fondo del asunto. Escribe Alberto: 

“La historia de cierta intelectualidad de izquierda también se repite dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa. Fue tragedia durante aquellos años oscuros de complicidad con la dictadura stalinista porque en la ex URSS habían existido al menos ciertos intentos serios, ambiciosos, acaso desesperados, de construcción de una sociedad socialista. Es farsa en estos años de complicidad con la dictadura chavista porque en Venezuela hubo cualquier cosa, populismo, nacionalismo, estatismo, salvo socialismo. Por supuesto, entre aquella tragedia del socialismo en un solo país y esta farsa del socialismo del siglo XXI, entre la colectivización forzada y el reparto de conejos, hay una enorme distancia. Afortunadamente, en cierto sentido, porque las hambrunas soviéticas fueron muchísimo más dramáticas que los hambres chavistas. Pero hay también ciertas miserias de los intelectuales de izquierda de nuestros días que repiten miserias de los de entonces.

Si un intelectual de izquierda confunde la adopción de una perspectiva crítica, que quizás le permita un mejor acceso a la verdad, con la renuncia sin más a cualquier aspiración a la verdad, se degrada a sí mismo a un mero agente de propaganda. Es difícil saber si fueron los stalinistas o los fascistas los autores de la doctrina que reduce la verdad a una mentira de signo contrario, pero es seguro que muchos de nuestros intelectuales de izquierda la aplican concienzudamente.

Si un intelectual de izquierda decide ignorar uno de los bandos del sufrimiento, un bando de represión, de hambre y enfermedades, de éxodo forzado, pongamos por caso, se convierte sin más trámite en cómplice de ese sufrimiento. La ignorancia de los campos de concentración y las hambrunas soviéticas era complicidad, la ignorancia de las caravanas de venezolanos miserables huyendo por las fronteras también.

Si un intelectual de izquierda gusta demasiado de codearse con los que mandan y aspira a convertirse en asesor de pasillo o en integrante de una  comparsa apologética, sea a cambio de un sueldo, de prebendas, de pasajes y hoteles de lujo o de honores más baratos, de una burocracia corrupta se pone en venta al mejor postor. Y tanto el oro de Moscú como el petróleo del Orinoco alcanzaron y sobraron para comprar intelectuales de izquierda.

No pueden emplearse palabras más conciliatorias para discutir estas cuestiones porque la camaradería entre los intelectuales de izquierda también tiene ciertos límites. Quienes insisten en pervertir la sentencia de Rosa Luxemburgo y ratificar ante la humanidad entera que socialismo es barbarie, quienes contribuyen a tachar la esperanza en una sociedad emancipada del horizonte de vida de los explotados y oprimidos, para íntimo regocijo de sus explotadores y opresores, dejan de ser nuestros camaradas. Así de simple”.

Descargar el documento: varios formatos siguiendo el link, opción Archivo/Descargar Como: Los compañeros de ruta de burócratas y milicos

 

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22/03/2019 at 09:53

¿Táctica transicional en 1917?

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Un lector del blog, llamado Marcelo Bordas, respondiendo a la nota anterior, escribió en Facebook: “¿Astarita quiere un ejemplo de que estas prácticas hayan funcionado? Pues la Revolución Rusa, ni más ni menos. Las consignas no eran “comunismo”, ni nada parecido, sino Paz, Pan y Tierra; todo el poder a los Soviets y Asamblea Constituyente”.

En alguna nota futura voy a explicar con cierta extensión las diferencias entre la táctica transicional de Trotsky y la orientación bolchevique, así como algunos notorios problemas que encuentro en el relato que hace Trotsky de lo que fue la línea bolchevique (para un adelanto, véase, por ejemplo, aquí). Por ahora solo quiero precisar que la misma afirmación de Bordas evidencia que su crítica es equivocada. Es que las consignas paz, pan y tierra (reparto de la tierra), y Asamblea Constituyente, efectivamente no eran “comunismo”, pero tampoco fueron demandas transicionales, sino mínimas. Tengamos presente que el programa mínimo “es un programa que, por sus principios, es compatible con el capitalismo y no rebasa su marco” (Lenin, “Observaciones para el artículo acerca del maximalismo”, diciembre de 1916). Es claro que la paz, la tierra para los campesinos, el pan y la AC, “por sus principios”, eran compatibles con el capitalismo. Lee el resto de esta entrada »

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22/09/2018 at 17:01

Trotsky y un ejemplo de trato con los enemigos del socialismo

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A raíz de la nota anterior (aquí) se ha suscitado la cuestión de qué tan importantes son las formas y el trato, por parte de dirigentes socialistas, hacia los representantes políticos de las clases dominantes. Considero que la cuestión no es menor, ya que a través de esas formas también se transmiten mensajes. Y uno de los mensajes fundamentales de los socialistas es que nada nos une, en lo político e ideológico, con los defensores de la explotación del trabajo.

Un mensaje que debería ser tanto más claro cuando los políticos burgueses dan palmaditas en la espalda a los socialistas y se presentan casi como “amigos”. Todo socialista – máxime si tiene responsabilidades dirigentes- debería entender que la hipocresía de los representantes de la clase dominante no tiene límites. Recordar siempre que esa gente está acostumbrada a mentir y a disimular, ya que la mentira y el disimulo son inherentes a su oficio, que no es otro que contribuir al dominio del capital. En particular, no hay que dar pie para que los políticos burgueses posen de progresistas revolucionarios, ni dar la idea de que confraternizamos con ellos; o que puedan ser, en ningún grado aceptable, camaradas o compañeros. De ahí la distancia que los dirigentes socialistas, en las viejas tradiciones revolucionarias, marcaban con respecto a esos personajes. Lamentablemente, muchos parecen haber olvidado estas enseñanzas. Lee el resto de esta entrada »

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04/07/2018 at 11:39

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El debate sobre Kronstadt es actual

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Habitualmente los dirigentes y candidatos de los partidos de izquierda, anticapitalistas, reivindican el programa de la democracia soviética (o de los consejos). Sostienen que “la liberación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”, y que el poder deberá estar en manos de consejos de trabajadores, y otros organismos, en los que reine la más completa democracia. En este marco también defienden la idea de Lenin de la elección y revocabilidad de todos los funcionarios del Estado. Recordemos que en El Estado y la revolución, publicado en vísperas de la toma del poder, el líder bolchevique sostuvo que “la completa elegibilidad y movilidad en cualquier momento de todos los funcionarios, la reducción de su sueldo hasta los límites del ‘salario corriente de un obrero’, estas medidas democráticas, sencillas y comprensibles por sí mismas, al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo” (p. 46).

En vista de lo anterior, la izquierda anticapitalista presenta la experiencia rusa en 1917 como la mejor demostración de aplicación exitosa de la democracia de los consejos, incluida la libre elección y revocatoria de sus direcciones. Es que los bolcheviques ganaron, a partir de septiembre de 1917, la mayoría en el soviet de Petrogrado, y en otros soviets importantes, por medio de elecciones democráticas. Y en aquellos tiempos a nadie se le ocurría que el partido revolucionario pudiera imponer su voluntad contra la mayoría de la clase obrera. A título ilustrativo, citemos el pasaje de la Historia de la revolución rusa, en el que Trotsky transcribe una declaración del partido Bolchevique, de septiembre de 1917, que, entre otras cosas, afirmaba: “Nuestro partido, que lucha por el poder en nombre de la realización de su programa, nunca ha aspirado ni aspira a adueñarse de ese poder contra la voluntad organizada de la mayoría de las masas trabajadoras del país”. Trotsky comenta: “esto significaba: tomaremos el poder como partido de la mayoría soviética. Las palabras relativas a la ‘voluntad organizada de los trabajadores’ se referían al Congreso de los Soviets, que había de realizarse en breve” (p. 374, t. 2; énfasis agregado). Lee el resto de esta entrada »

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17/11/2017 at 11:19

Stalinismo y la larga saga de disimular canalladas

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En una nota anterior (aquí), y a propósito de las mentiras con que hoy se pretende encubrir la represión del gobierno de Maduro, afirmé que existe una larga tradición de progresistas y marxistas que justificaron y defendieron, durante décadas, las inmundicias del stalinismo. Lo hicieron, además, sin ahorrar bajezas y mentiras. Entre ellas, llegaron a culpar por las muertes a las propias víctimas. Y en esto participaron muchos “amigos profesionales del Kremlin”. A fin de mostrar la larga permanencia de estos métodos, en lo que sigue transcribo pasajes de una nota, de 1936, de Trotsky. Escribía:

A dieciocho años de la Revolución de Octubre, en una época en que, según la doctrina oficial, el socia­lismo es una realidad “definitiva e irrevocable” en la URSS, aquellos revolucionarios enteramente consagra­dos a la causa del comunismo que no reconocen el dogma de la infalibilidad stalinista sufren años de cárcel, encierro en campos de concentración, trabajos forzados, tortura física cuando resisten, fusilamiento en casos de intentos de evasión reales o ficticios, o bien, son conducidos deliberadamente al suicidio. Cuando cientos de prisioneros, en protesta contra las condi­ciones intolerables, recurren al terrible método de la huelga de hambre, la burocracia los somete a alimenta­ción forzada y luego los coloca en situaciones aún más horribles. Cuando ante la falta de otros medios de pro­testa, algunos revolucionarios se cortan las venas, los agentes de la GPU, es decir los agentes de Stalin, “salvan” sus vidas para demostrarles con renovada brutalidad que en verdad no tienen salvación alguna. Lee el resto de esta entrada »

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28/05/2017 at 17:14

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Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (conclusión)

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La parte anterior, aquí.

La consolidación del dominio burocrático

Desde principios de los treinta el gobierno soviético fue escalando en medidas represivas. En 1930 se creó el GULAG (Administración Principal de Campos de Trabajo del ministerio Soviético del Interior, NKVD). Se trataba de un sistema penitenciario complejo, conformado por campos, colonias, prisiones y asentamientos forzados. En los primeros años los campos se poblaron principalmente de campesinos deportados (unas dos millones de personas), acusados de “robo de la propiedad estatal” o “sabotaje” (especialistas “burgueses”, obreros que díscolos), curas, elementos sospechosos. A partir de 1933 también hubo un creciente flujo de cientos de miles de deportados por razones étnicas. Por otra parte, y marcando el inicio del giro a la derecha, en 1932 Stalin puso un abrupto freno a la Revolución Cultural y a los movimientos de las comunas fabriles. Lee el resto de esta entrada »

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16/07/2016 at 17:23

Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (17)

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La parte 16 de la nota, aquí

¿Revolución “desde arriba”?

Isaac Deutscher caracterizó la colectivización e industrialización acelerada como una revolución “desde arriba”, esto es, realizada desde la cumbre del Estado. La misma idea fue sostenida por la historia oficial soviética. En el Curso breve de la Historia del PCUS, se sostiene que “el carácter distintivo de esta revolución [la colectivización y la industrialización] es que fue cumplida ‘desde arriba’, sobre la iniciativa del Estado, y directamente apoyada ‘desde abajo’ por millones de campesinos, que estaban luchando por sacarse de encima la esclavitud kulak y vivir en libertad en las granjas colectivas”. Lee el resto de esta entrada »

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23/06/2016 at 12:13

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Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (9)

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La parte ocho de la nota, aquí

Colectivización acelerada y por la fuerza 

Si bien Stalin afirmaba que el campesino medio se estaba incorporando voluntariamente a las granjas colectivas, eran principalmente campesinos pobres los que lo estaban haciendo (Viola, 1999). Según Bettelheim (1978), muchos de ellos aceptaron la colectivización por la ayuda que les prestaba el Estado; en vísperas de la siembra, estaban faltos de caballos y otros implementos, y la incorporación al koljós era su mejor alternativa. Sin embargo, la mayoría de los campesinos no estaba impresionada por el desempeño de los koljoses y pensaba que había mejores oportunidades trabajando fuera de la granja y llevando los productos al mercado (Davies y Wheatcroft 2009). Otros consideraban que la incorporación a las granjas colectivas significaba perder los lotes que habían obtenido con la Revolución y se resistían. Por eso, si bien hubo algo de entusiasmo “desde abajo”, las campañas regionales ya habían empezado a recurrir a la coerción para lograr altos porcentajes de colectivización. “Incluso en este [primer] estadio la colectivización fue impuesta en gran medida ‘desde arriba’. Orquestada y dirigida por las organizaciones regionales del Partido, con la sanción implícita o explícita de Moscú, los funcionarios distritales y los comunistas y obreros urbanos llevaron la colectivización al campo. Las brigadas para la requisa del grano, que ya estaban obsesionadas con obtener altos porcentajes, fueron transferidas en masa a la colectivización” (Viola, 1999).

Se trataba, a todas luces, de una política aventurera. Trotsky (1973) anota: “Los empíricos, trastornados, llegaban a creer que todo les era posible. El oportunismo se había transformado, como sucediera a veces en la historia, en su contrario, el espíritu de aventura”. Ni siquiera se tuvo en cuenta la debilidad del Partido en el agro: había células en 23.458 aldeas sobre un total de 70.849; y en muchos casos la célula partidaria constaba solo de un secretario y una persona dedicada a la propaganda (Liu, 2006).

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20/04/2016 at 18:18

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Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (7)

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La parte 6 de la nota aquí.

Impacto en la Oposición de Izquierda del giro y represión 

Con el giro hacia la industrialización y el ataque a los kulaks, Stalin parecía adoptar el programa de la Oposición. Incluso hizo suya parte de la argumentación de Preobrazhenski, y otros miembros de la izquierda (véase parte anterior de la nota). Esa impresión se consolidó luego de la XVI Conferencia del Partido, realizada en abril de 1929. En ella se resolvió avanzar en la lucha contra el kulak –aunque todavía manteniendo formalmente la NEP- y en la industrialización. También se llamó a combatir el burocratismo en el Partido y el Estado, cuestión que analizaremos más adelante con cierto detalle. La ruptura con el ala bujarinista pareció definitiva.

Ante esta nueva situación, en las colonias de deportados trotskistas hubo dos corrientes principales (véase Deutscher 1979 y 1980; también Broué 1988, con una interpretación algo distinta). Por un lado, estaban los que consideraron que había que apoyar el giro de Stalin, ya que fortalecía al socialismo. Así, Preobrazhenski sostuvo que en las nuevas medidas se expresaba la “fuerza objetiva de la ley” de la economía nacionalizada, ley que se imponía a los dirigentes del Partido. Planteaba que la Oposición había sido la intérprete consciente de una necesidad histórica, de la cual la fracción stalinista era su agente. Por eso, había que negociar las condiciones de vuelta al Partido y participar del movimiento histórico que se iniciaba. Radek, otro destacado dirigente, ya en 1928 se había pronunciado de forma abierta en favor del giro. Consideraba que era importante el llamado de la dirección soviética a enfrentar el peligro kulak, y proponía organizar al proletariado rural, depurar al Partido de los elementos pro-burgueses  y  reintegrar a la Oposición (Broué). Preobrazhenski y Radek pensaban que lo central era corregir la política económica y confiaban en una reforma desde arriba (ídem). Por otro lado estaban los “irreductibles”, muchos de ellos jóvenes, que se negaban a cualquier compromiso con Stalin y ponían el acento en la necesidad de recuperar la democracia al interior del Partido y del Estado.

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26/03/2016 at 18:10

Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (6)

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La parte cinco de la nota, aquí

Comienza el giro

La crisis del grano tomó al Partido desprevenido. Todavía en el XV Congreso, realizado a fines de 1927, Stalin se enfocó en atacar a la izquierda. Con el acuerdo de los bujarinistas, se expulsó a la Oposición (Trotsky y Zinoviev habían sido expulsados del Partido poco antes). Sin embargo, ya había conciencia de los problemas con la provisión de grano, y se aceptaba que la política bujarinista exigía rectificaciones. Rykov y Bujarin propusieron limitar las actividades de los kulaks, favorecer a las cooperativas y acelerar la industrialización; Rykov también contempló desviar recursos desde el agro a la industria (Lewin, 1965). Stalin insinuó que había que “liquidar” al kulak como estrato social. Finalmente se decidió dar más importancia a la industria y al rol del Estado, se elevaron los precios de los productos industriales, disminuyeron los suministros al agro y se dispuso lanzar un plan quinquenal.

Sin embargo, en 1928 la crisis de aprovisionamiento se agravó. La cosecha en Ucrania y el Cáucaso Norte no fue buena. Los métodos de requisa compulsiva, empleados el año anterior habían provocado gran descontento. Los campesinos volvieron a retener el grano y  en las ciudades hubo hambre. “En enero de 1928 la clase obrera se encontró abocada a una hambruna inminente” (Trotsky, 1973). Hubo necesidad de frenar todas las exportaciones de cereales.

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Written by rolandoastarita

18/03/2016 at 09:31

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