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Segunda respuesta a Andrés Piqueras

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En una nota anterior respondí a una crítica que me hizo Andrés Piqueras acerca del origen de las plusvalías extraordinarias y la noción, de Marx, de trabajo potenciado (véase aquí). Hace poco Piqueras me respondió con una extensa nota que se ha publicado en el sitio de Rebelión: “Sobre el valor, el trabajo potenciado y la caída tendencial de la tasa de ganancia (o el despeñadero capitalista)”, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=248819.

En esta nota respondo a esta intervención de Piqueras, centrando la atención en la noción de trabajo potenciado, tal como lo presenta Marx en el capítulo X del tomo 1 de El Capital. Esto es, no discuto otras cuestiones que introduce mi crítico, como la tendencia de la tasa de ganancia. Lo hago por dos razones. La primera, por una cuestión de espacio: si tuviera que aclarar todas las cuestiones en las que se mete Piqueras, y con las que disiento, debería escribir prácticamente un libro. La segunda, porque si discutimos todo al mismo tiempo, no hay manera de aclarar nada.

El capítulo X tomo 1 de El Capital

En su escrito Piqueras dice que una de sus tesis centrales es que “el trabajo potenciado es a la postre una plasmación técnica del trabajo cualificado, como ‘trabajo complejo’”. Y enseguida cita un pasaje clave, para esta polémica, del capítulo X del tomo 1 de El Capital, que reproduzco de la edición de Siglo XXI: “El trabajo cuya fuerza productiva es excepcional opera como trabajo potenciado, esto es, en lapsos iguales genera valores superiores a los que produce el trabajo social medio del mismo tipo” (pp. 386-7).

A fin de que el lector tenga todos los elementos para sopesar las posiciones, en este apartado presento (una vez más) el razonamiento de Marx, a través del ejemplo contenido en El Capital. El mismo supone que “con la fuerza productiva dada” del trabajo, en una jornada laboral de 12 horas se producen 12 piezas de determinada mercancía. Supone que 1 hora de trabajo (socialmente necesario) genera un valor de 0,5 chelines. De manera que en 12 horas el valor generado es 6 chelines. En la cuenta de Marx, 0,5 chelines entran como capital constante en cada pieza, y 0,5 chelines es valor agregado. Marx no introduce en este ejemplo la amortización de la maquinaria, ni el capital variable, o la cuota de plusvalía. Es una forma de mostrar el problema en su pureza.

Luego supone que un capitalista innovador duplica la productividad: fabrica 24 piezas en 12 horas. Marx supone que el capital constante por pieza sigue siendo 0,5 chelines. Ahora, considerado el valor “individual” de la mercancía, el valor agregado se reparte en el doble de piezas. Esto significa que el valor agregado –siempre desde el punto de vista del “valor individual”- es 0,25 chelines. Pero aquí viene un pasaje crucial. Dice Marx: “El valor individual de esta mercancía se halla ahora por debajo de su valor social, esto es, cuesta menos tiempo de trabajo que la gran masa del mismo artículo producida en las condiciones sociales medias” (p. 385). Subrayo: el valor social es el determinado “por la gran masa” del producto producida “en las condiciones medias”. Por eso Marx dice que 1 chelín representa ese tiempo de trabajo socialmente necesario. Esto significa que no hace ningún promedio con el tiempo de trabajo empleado por la tecnología avanzada.

A continuación Marx dice que ese valor individual de la mercancía ahora es 0,75 chelines (lo presenta en peniques), o sea, el valor individual es un 25% menor al valor social de la mercancía, y agrega: “El valor real de una mercancía, sin embargo, no es su valor individual, sino su valor social, esto es, no se mide por el tiempo de trabajo que insume efectivamente al productor en cada caso individual, sino por el tiempo de trabajo requerido socialmente para su producción” (ibid., énfasis agregado). Entonces se abre la posibilidad de obtener una plusvalía extraordinaria: “si el capitalista que emplea el nuevo método vende su mercancía a su valor social de 1 chelín, la vende 3 peniques [esto es, 0,25 chelines] por encima de su valor individual y realiza así un valor extra de 3 peniques [0,25 chelines]” (p. 385). Así, dado que 0,5 chelines representan 1 hora de trabajo, el trabajador empleado por el capitalista innovador generó un valor extra de 12 horas en 12 horas de trabajo. En total, generó un valor de 24 horas, empleando 12 horas. El trabajo potenciado no disminuyó el precio al que se vende la mercancía, pero generó más valor que el trabajo que aplica la tecnología dominante, debido a que produjo más mercancías.

Presentado el tronco del argumento, Marx contempla la posibilidad de que, sin embargo, el capitalista innovador, que ha duplicado la producción, se vea obligado a ganar mercado, vendiendo por debajo del valor determinado socialmente. Escribe: “[El capitalista innovador] para vender el producto de una jornada laboral necesitará una demanda duplicada, o sea, un mercado doblemente grande” (ibid.). Supone que las condiciones permanecen sin cambio, y entonces el capitalista innovador vende las piezas de la mercancía “por encima de su valor individual… pero por debajo de su valor social”. Por ejemplo, las vende a 0,83 chelines (10 peniques). Ahora el valor de la mercancía es menor que el valor determinado “por la gran masa” de productores, pero al producir más cantidad, el innovador produjo más cantidad de valor (o sea, de plusvalor, porque no se supone que los salarios aumenten por ello). Y ese plusvalor extraordinario desaparece “no bien se generaliza el nuevo método de producción y se extingue, con ello, la diferencia entre el valor individual de la mercancía producida a más bajo costo y su valor social” (p. 387).

Subrayo dos cuestiones, ad notam de Piqueras: a) en ninguna parte Marx introduce el trabajo complejo. Es que se puede suponer que el trabajador que aplica una tecnología avanzada realiza un trabajo simple, como el que aplica la fuerza productiva media, y sin embargo, su trabajo es potenciado; b) en ninguna parte Marx supone que hay transferencia de valor desde los productores que aplican la fuerza productiva socialmente dominante, al que aplica la tecnología de avanzada.

Los argumentos de Piqueras

Piqueras y una “contradicción lógica” que no existe

En su escrito, Piqueras cita el siguiente pasaje de mi primera respuesta: “Siempre sostuve que si disminuye el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir una mercancía, en la misma unidad de tiempo se produce la misma cantidad de valor, y disminuye el valor individual de la mercancía. Aunque en esto el trabajo potenciado –entendido en el sentido que Marx lo define en el capítulo 10 del tomo 1 de El Capital– solo cuenta en tanto dispara el proceso de generalización de la tecnología superior. Precisamente Marx lo considera “potenciado” porque genera más valor por unidad de tiempo que el trabajo socialmente necesario dominante [Énfasis añadido por mí]”.

A continuación escribe: “Primero [Astarita] dice que en la misma unidad de tiempo se produce la misma cantidad de valor, y cuatro líneas después sostiene que se genera más valor por unidad de tiempo”.

Es claro, por lo explicado en el apartado anterior, que la contradicción lógica que me atribuye Piqueras no existe. Cuando disminuye el tiempo de trabajo socialmente necesario, disminuye el valor de la mercancía. Y cuando el trabajo potenciado disminuye el valor de la mercancía individual, genera más valor porque produce más unidades por unidad de tiempo, que se venden a un precio superior a su valor “individual”.

Las “cancelaciones” de los tiempos de trabajo

Más adelante, Piqueras escribe: “los tiempos individuales de todos los productores de mercancías se cancelan contra un tiempo que podemos entender como promedio de todos ellos”.

La primera pregunta que me suscita esta afirmación es dónde Marx habla de “cancelación” de tiempos de trabajo, en referencia a la plusvalía extraordinaria y el trabajo potenciado. La respuesta es que en ningún lado. Marx explica la génesis de la plusvalía extraordinaria sin mentar siquiera cancelación alguna de trabajos. Piqueras ha dicho que lo suyo es una “interpretación” de la teoría de Marx. ¿Cómo “interpreta” entonces esta ausencia de “cancelaciones de tiempos individuales”?

Pero en segundo término, ¿qué quiere decir  Piqueras con que “se cancelan” los tiempos de trabajo? Supongamos que en una rama 10 productores emplean 10 horas de trabajo (es el socialmente necesario) para producir una mercancía A. Supongamos ahora que un 11º productor emplea 100 horas de trabajo para producir esa misma mercancía. ¿Qué quiere decir que estas 100 horas “se cancelan” contra las 100 horas empleadas por los otros productores? Es claro que la afirmación no tiene sentido, a no ser que Piqueras crea que esas 100 horas se promedian con las otras 100 horas empleadas por los 10 productores restantes. Pero esto equivale al absurdo de pensar que por el hecho de tardar más tiempo que el empleado “por la “gran masa” en condiciones sociales medias. Absurdo que sostiene Piqueras, al decir que los valores se determinan “por promedios” (véase más abajo).

Por supuesto, otra cosa es afirmar que establecidas las 10 horas de trabajo socialmente necesario, las mismas existen en tanto promedio: algunas veces, o algunos productores, emplean minutos más o minutos menos, de manera que los más y los menos se cancelan. Pero esto es muy distinto a sostener que cualesquiera sean los tiempos de trabajo, estos entran en la determinación de algún promedio, como sugiere la “cancelación”.

El trabajo cualificado, o complejo

En seguida Piquera dice que puede responder “a la duda antes planteada”, sobre que “el trabajo cualificado se objetiva para mismas unidades de tiempo en valores proporcionalmente mayores”. Sin embargo, el trabajo cualificado no entra en absoluto en la explicación de Marx de la plusvalía extraordinaria. ¿Para qué lo mete Piqueras? Pero además, cabe preguntarse por qué el trabajo que aplica una tecnología superior debería ser más cualificado que el trabajo que aplica la tecnología inferior. No hay razón para suponerlo. Y el trabajo complejo que pudo haberse aplicado en etapas anteriores de la producción de medios de producción, no puede explicar la generación de plusvalías en un estadio inferior de la producción (a no ser que se crea en algo similar a la “productividad del capital”).

El trabajo potenciado y el valor de la mercancía

Escribe Piqueras: “hoy lo más normal es que el trabajo potenciado no otorgue más valor final a la mercancía, sino más mercancías por unidad de tiempo, esto es, aumente la productividad. Si lo que se quiere decir es que en este caso al aumentar la productividad tenemos más producción (más mercancías en la misma unidad de tiempo) y por tanto el valor total aumenta, es falso como tal enunciado, dado que ahora cada mercancía producida en el mismo tiempo sale con menos valor. Sólo es cierto si consideramos que la productividad aumenta la escala o amplitud de la producción total de la economía”.

Ya hemos tratado esta cuestión, al presentar el argumento de Marx del capítulo X: el trabajo potenciado disminuye el valor de la mercancía individual, pero genera más valor porque produce más unidades por unidad de tiempo, que se venden a un precio superior a su valor “individual”. El argumento de Piqueras no se sostiene.

TTSN, “promedios” y “transferencias”

Después de haber tratado extensamente acerca de la incidencia de la máquina en el valor y el plusvalor, Piqueras vuelve al tema de dónde surge la plusvalía extraordinaria. Escribe: “Astarita defiende que para realizar una ganancia extraordinaria no hay que recurrir a la transferencia de valor. (…)`Y yo concuerdo con Astarita casi siempre. Pero ese “casi siempre” quiere decir precisamente que no sé si lo entendemos de la misma manera. Antes de seguir, por eso, es necesario precisar una cuestión importante. Marx no dejó claro si el tiempo socialmente necesario lo determina el desarrollo tecnológico promedio o la tecnología más avanzada…”.

La realidad es que, contra lo que dice Piqueras, cuando explica la plusvalía extraordinaria, Marx sí precisa qué determina el tiempo de trabajo socialmente necesario: “la gran masa del mismo artículo producida en las condiciones sociales medias”. Y si el tiempo de trabajo socialmente necesario lo determinara la tecnología avanzada, el precio del producto sería de 0,5 chelines, de manera que el capitalista adelantado no tendría plusvalía extraordinaria alguna, y el resto de los capitalistas ni siquiera podría cubrir la compra de la fuerza de trabajo. Pero además, la tecnología avanzada no se “promedia” con la tecnología más atrasada. El capitalista innovador aplica la tecnología avanzada de conjunto, para abaratar el producto.

A continuación, Piqueras escribe: “Si hablamos de promedio, la tecnología punta puede estar absorbiendo valor de quienes están en el promedio antes de que la alcancen”.

Pero, ¿qué quiere decir que “la tecnología de punta absorbe valor” de quienes están en el promedio? ¿Cómo es que una “tecnología” absorbe valor? Y en seguida, afirma Piqueras:

“… aquellos productores que están por debajo del tiempo medio socialmente necesario no generan más valor por emplear más tiempo, porque el valor lo determina el promedio. Lo que ellos hacen no es transferir valor, sino tiempo de trabajo (el que esos productores tardan en producir por encima del tiempo medio), que hace que parte de la plusvalía que obtienen de sus trabajadores/as no se traduzca en ganancia, al cancelar en el mercado parte de ese trabajo excedente en favor de los capitales promedio y más avanzados [además, los capitales atrasados tienden así a perder cuota de mercado (se ven obligados a vender mercancías que no incorporan tanta materialización de cualificación punta –lo que podríamos indicar de cara al público como “valor añadido”- frente a las que sí)]”.

En primer lugar, ¿para qué mete aquí Piqueras a los productores que están por debajo del tiempo de trabajo socialmente necesario? Marx explica la plusvalía extraordinaria sin apelar a estos productores. ¿Por qué Piqueras no le explica al lector por qué Marx no introduce a estos productores? No lo hace porque es consciente de que necesita a esos productores para introducir, por algún lado, la tesis de la “transferencia”.

En segundo lugar, da por hecho que el valor lo determina “el promedio” de tiempo de trabajo. Esto es, la tesis de Hernández Solorza y Alan Deytha. Pero si hay “promedio”, hay “transferencia”. Sin embargo, Piqueras acaba de decir que no hay transferencia. ¿Cómo se entiende este embrollo? Pero además, hemos visto que Marx, cuando explica la plusvalía extraordinaria, no apela a ningún “promedio”: el tiempo de trabajo socialmente necesario no surge por “promedio” entre el trabajo con la tecnología avanzada y la tecnología dominante. Es esta última la que determina el tiempo de trabajo socialmente necesario. Marx es explícito sobre esto, pero Piqueras oculta este dato.

En tercer término, ¿cómo quiere Piqueras que las empresas con tecnología atrasada transfieran tiempos de trabajo? ¿Hacen paquetes de tiempo de trabajo y se los envían? O bien las empresas se traspasan trabajadores (sería una manera de transferir trabajo), o bien transfieren valores. Pero es un absurdo decir que se transfieren “tiempos (nada menos) de trabajo”.

Por lo tanto, tampoco tiene sentido decir que los países atrasados transfieren trabajo a los adelantados, como sostiene Piqueras. Lo que ocurre es que las empresas de los países atrasados emplean más tiempo de trabajo para generar el mismo valor que se genera en una unidad de tiempo de trabajo en las empresas de los países adelantados. Lo cual puede muy bien explicar por qué las diferencias en el desarrollo de las fuerzas productivas pueden estar acentuándose. Pero, repito, esto no tiene nada que ver con imposibles “transferencias” de tiempos de trabajo.

En cuarto lugar, ¿qué quiere decir Piqueras con que los capitales que emplean la tecnología más atrasada “cancelan en el mercado parte de ese trabajo excedente en favor de los capitales promedio y más avanzados” ¿Qué sentido tiene esto? “Cancelar” significa dejar sin efecto. ¿Cómo es que un capital atrasado puede “dejar sin efecto” parte del trabajo, a favor de otros capitales de tecnología superior? Si el capital atrasado empleó 12 horas en producir un bien cuyo valor social es 10 horas de trabajo, simplemente creó 10 horas de valor empleando 12 horas de trabajo. No hay manera de que “cancele” esas 2 horas de trabajo a favor de nadie.

Piqueras “resuelve” el problema que le presenté

En la nota anterior presenté el siguiente problema:

“Supongamos 10 ramas productivas, cada una con 10 productores, que producen los bienes A, B, C… J, en 10 horas de trabajo cada uno. Los bienes se intercambian en relación 1:1 (podemos decir también que su valor se expresa en $100). Supongamos ahora que en la rama A un productor reduce el tiempo de trabajo en 2 horas, o sea, produce el bien A en 8 horas (por ejemplo, porque produce con una tecnología superior). El resto de los productores siguen empleando 10 horas y vendiendo A en $100. El productor adelantado, decide vender A en $100. O sea, trabaja 8 horas y obtiene el equivalente a 10 horas de valor (trabajo socialmente necesario, objetivado). Aquí no hay posibilidad de transferencia de valor de ninguna otra rama. ¿Cómo se explica que 8 horas de trabajo individual equivalgan a 10 horas de valor (de nuevo, trabajo socialmente necesario, objetivado)? La explicación de Marx es clara: cada una de esas 8 horas de trabajo genera más valor que la hora de trabajo que aplica la tecnología imperante”.

Piqueras responde que hay dos formas:

“1) Si se trata de una mercancía que ha sido producida en 2 horas menos, y consideráramos que el valor lo determina el tiempo medio en esa rama, al haber un productor que ahora la fabrica en 8 horas, el tiempo medio ya no serán 10 horas, sino 9,8 (9 productores a 10 horas + 1 productor a 8); luego, podría considerarse que el resto de los productores le han transferido 0,2 unidades de valor al productor potenciado, lo que a la postre se traduce en que éste obtiene no sólo mayor plusvalía propia, sino que puede apropiarse de una parte de la plusvalía de los demás.

2) Si consideramos que el tiempo socialmente necesario lo marca el capital puntero, tendremos que responder que no hay transferencia de valor sino sólo de plustrabajo, que indica que la cantidad de plusvalía que aquél puede transformar en ganancia es mayor (de nuevo, a costa de la menor conversión de plusvalía en ganancia de los demás)”.

Primera cuestión: Piqueras establece solo dos posibilidades, o el valor lo determina el promedio, o el valor lo determina el capital puntero. ¿Y el criterio que aplica Marx en el capítulo X? Pues ni lo menciona.

Segundo: Piqueras había dicho que estaba en contra de la tesis “transferencia de valor”, pero aquí resuelve el problemita con transferencia de valor.

Tercero: Examinemos ahora la solución “matemática” de Piqueras. Hay 9 productores que producen la mercancía en 10 horas, y 1 que la produce en 8 horas. Piqueras saca el valor por promedio, y establece entonces que el valor individual de la mercancía equivale a 9,8 horas. O sea, el precio (expresión del tiempo de trabajo promediado por Piqueras) es $98. De manera que los productores deciden vender todos a $98. ¿Por qué? ¿Quién los obliga a vender a $98, si el 10º productor no inició ninguna guerra de precios? Pues nadie, simplemente están tratando de satisfacer las necesidades “teóricas” de un marxista partidario de las “transferencias de valor”. Pues bien, venden todos a $98. ¿Se ha transferido por ello valor desde los 9 productores al 10º? En absoluto. No hay transferencia alguna. Simplemente todos han realizado menos valor.

Cuarto: subrayamos el método del “promedio”, ya que está en la base de la absurda tesis de que cuanto más tarde alguien en producir una mercancía, más valor puede crear. Así, en el caso anterior Piqueras “promedió” para solucionar el problema que le presenté. Pues bien, si ahora aparece un 12º trabajador, que emplea 100 horas en producir la mercancía, también debería calcular el valor por “promedio”. ¿Cuánto daría? Pues nada menos que 16,5 horas de valor. Esto es, el productor lento dio lugar a la creación de un generoso valor para todos. Pregunto: ¿no se puede parar con estos disparates? Los he señalado una y otra vez (ver aquí), y el asunto no cambia.

Quinto: supongamos, en aras de la argumentación, que, como la posibilidad que sugiere Piqueras, el tiempo de trabajo socialmente necesario pasa a ser el determinado por la tecnología de punta, 8 horas de trabajo en nuestro ejemplo. Todos los productores venden entonces a $80. Los que emplearon 10 horas de trabajo, obtuvieron 8 horas de valor objetivado (por eso a Marx ni se le ocurre explicar las plusvalías extraordinarias diciendo que el tiempo de trabajo socialmente necesario lo determina la industria más avanzada). En cualquier caso, ¿en dónde está la transferencia de “plustrabajo” de la que habla Piqueras? Respuesta: en ningún lado.

Más en general, es imposible que haya transferencias de valor intra-rama. Es que para que exista transferencia de valor (trabajo objetivado) debe existir intercambio de los productos. Si A produjo X en 10 horas, y lo intercambia por Y que produjo B en 9 horas, habrá una transferencia de valor de A hacia B. Pero esto no se puede aplicar a las empresas al interior de una rama.

Por último, queda entonces por resolver el problema planteado: los 10 productores de nuestro ejemplo, sin prestar atención a los Piqueras de turno, venden el producto a $100 (según el supuesto de Marx). De manera que el 10º productor consiguió realizar un valor de 10 horas, en 8 horas de trabajo.

Para concluir

Vuelve a llamarme la atención la resistencia que despierta la noción de Marx de trabajo potenciado. Y desde hace ya un tiempo pienso que en esta resistencia subyacen razones ideológicas y políticas. En una nota anterior (aquí), refiriéndome al hecho de que el enfoque de Marx cuestiona “verdades establecidas” en el nacional-marxismo, escribí:

“Como era de esperar, la sumatoria de “intercambio desigual” y “renta explicada por monopolio” da como resultado un extendido lobby de marxistas que se resisten a aceptar la noción de trabajo potenciado (o despotenciado). Frente a esto, a esta altura estoy convencido de que en este rechazo subyace una razón política e ideológica. Es que los críticos de la idea de trabajo potenciado se dan cuenta de que si aceptan la tesis de Marx estarían obligados a poner en el primer plano la explotación de clase, y no la supuesta explotación de países. Pero de esta manera no habría espacio para coquetear con el nacionalismo progre-izquierdista, con el que tantos se sienten a gusto. De la misma manera, aceptar la tesis de Marx de que la renta surge del precio de producción, los obligaría a separarse de la vulgata populista que dice que “la burguesía industrial es explotada por la oligarquía terrateniente”.

Descargar el documento: varios formatos siguiendo el link, opción Archivo/Descargar Como: Segunda respuesta a Andrés Piqueras  

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14/11/2018 at 17:08

¿Por qué “saqueo” y no “explotación”?

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Desde ya hace tiempo algunos partidos de izquierda –el PTS en primer lugar- sostienen que Argentina está sometida a un saqueo por parte del capital financiero, los especuladores, los terratenientes, el FMI, el gobierno de Cambiemos y los gobernadores provinciales. El PTS incluso precisa que desde diciembre de 2015 se está operando el cuarto saqueo histórico. Los tres anteriores habrían ocurrido bajo la dictadura militar, durante la hiperinflación de 1989-1991, con la megadevaluación de 2000-2001.

Tengamos presente que con “saqueo” por lo general se busca significar el robo que se realiza empleando violencia, especialmente en lugares militarmente dominados. Lo cual explica por qué ese término, y otros como “robo”, “pillaje”, “despojo”, los encontramos con frecuencia en los textos de los autores de izquierda que denuncian el colonialismo. Por ejemplo, en El imperialismo, etapa superior del capitalismo, de Lenin, y en  Imperialism, A Study, de Hobson. Pero también Marx, en el capítulo 24 del tomo 1de El Capital, dedicado a la acumulación originaria, se refiere al “robo” de las tierras comunales y  fiscales; al “despojo” de las tierras a los campesinos; a la “esclavización” de la población aborigen en América, durante la conquista; y al “saqueo” de las Indias Orientales por los europeos. En todos estos escenarios la violencia ocupa un rol central con relación a la extracción del excedente, y la ruina de pequeños productores o comunidades no capitalistas. Lee el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

18/10/2018 at 12:34

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Audio de intervención en “Marx nace”

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El 7 de abril pasado participé del evento “Marx nace”, realizado en el teatro Cervantes, con una intervención titulada “Una lectura política de El Capital”.

La misma consistió en la lectura y comentarios de pasajes del capítulo 1 de esta obra.

En particular, procuré mostrar el carácter profundamente subversivo y liberador de la crítica de la mercancía y el valor realizada por Marx.

Aquí va el audio.

https://drive.google.com/file/d/1TYdd2zXbw3ovSLCrX6TVSK8ir_JFI9Z1/view?usp=drivesdk

https://mega.nz/#!vQVwSaga!Cmt1fTzPtyPBpaCwi28DXhpcflYvLuNMrlksGCcNU0c

 

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24/04/2018 at 09:52

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Una lectura política de El Capital

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01/04/2018 at 10:58

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¿“El Capital” sólo para los días de fiesta?

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En el Programa de Transición Trotsky dijo que la socialdemocracia solo hablaba del socialismo en los días de fiesta. Aunque seguramente se refería al ala derecha de la Segunda Internacional -¿alguien puede decir que Rosa Luxemburgo, Lenin o Liebknecht hablaban de socialismo solo los días de fiesta?-, la frase hoy se aplica a partidos políticos que se llaman a sí mismos socialistas, pero solo hablan de las cuestiones fundamentales del socialismo en los Primero de mayo.

Pues bien, a la vista de las reacciones que ha provocado mi último post –“La lucha por las ocho horas de trabajo y la tradición socialista”, aquí– debería agregar que también existen los defensores de “El Capital para los días de fiesta”. En otros términos, el texto de Marx sería apropiado para los aniversarios (como fue por estos días la conmemoración de los 150 años de su primera edición), pero no para la lucha política e ideológica cotidiana. Lee el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

06/07/2017 at 16:48

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Trabajo concreto y trabajo abstracto (1)

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Días atrás un lector del blog escribió –en la sección Comentarios- que el valor no es producto del trabajo abstracto o concreto, sino del trabajo “en acto”, ya que la distinción entre los dos aspectos del trabajo, que realiza Marx, sería solo analítica. Planteó también que no encuentra que en El Capital se afirme que el trabajo abstracto solo exista en el modo de producción capitalista; ni que Marx distinga empíricamente trabajo abstracto de trabajo concreto.

Aprovecho entonces ese comentario para analizar, en lo que sigue, algunas cuestiones referidas a la distinción trabajo abstracto / trabajo concreto. El tema tiene indudable importancia para la comprensión de la crítica a la economía burguesa. El propio Marx decía que uno de los dos “mejores puntos” de El Capital era haber puesto de relieve el doble carácter del trabajo, y que “toda la comprensión de los hechos depende de esto” (carta a Engels, 24 de agosto de 1867, énfasis agregado; el otro “mejor punto” era el tratamiento de la plusvalía independientemente de sus formas particulares, ganancia, interés, renta). Aunque no siempre queda claro, para quienes hacen una primera lectura de El Capital, el porqué de la importancia de distinguir entre trabajo abstracto y concreto. A fin de analizar la cuestión, comenzamos con las nociones básicas de trabajo concreto y abstracto. Dada la extensión de la nota, la he dividido en partes. Lee el resto de esta entrada »

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11/09/2016 at 17:33

Marxismo básico: distinguir entre valor y riqueza

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En más de una oportunidad, dando clase en la UBA, me encontré con alumnos que están convencidos de que, de acuerdo a la teoría de Marx, la riqueza depende del valor producido. También muchos marxistas parecen participar de esta idea. Sin embargo, Marx (también Ricardo) es muy claro al distinguir entre valor y riqueza. De hecho, no encuentro que ninguna de las personas que confunden valor y riqueza, pueda citar algún pasaje de El Capital (o de los Principios de Economía Política y tributación) que diga que la riqueza depende del valor. ¿En dónde se origina entonces esta tesis, que se ha expandido en Argentina? Hasta donde alcanza mi conocimiento, el lío lo ha metido el profesor Juan Iñigo Carrera. Por ejemplo, escribe:

“.… el PBI a precios constantes se limita a reflejar de manera gruesa la evolución seguida por la producción material realizada en el país. Es, en el mejor de los casos, un indicador de la escala que tiene la producción de valores de uso en una economía. Pero, como sabemos, en las sociedades donde impera el modo de producción capitalista, la riqueza presenta una forma social general muy distinta a la de ser un mero cúmulo de valores de uso. Aquí, la riqueza tiene la forma social general de ser una masa de valor. O dicho más groseramente, nadie es más rico simplemente porque produzca más; su riqueza depende también del valor unitario relativo de lo que produzca.” (“¿Qué crisis?”, Razón y Revolución, Nº 9, 2002, pp. 3 y 4, énfasis añadido)”. Lee el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

26/07/2016 at 10:13

La esencia de mis diferencias con Iñigo Carrera sobre renta

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En notas anteriores (aquí, aquí y aquí) expliqué mis diferencias con la teoría de renta de la tierra que ha propuesto el profesor Juan Iñigo Carrera (quien a su vez dice inspirarse en Marx). La posición del profesor Iñigo Carrera goza de amplio respaldo por parte de los marxistas en Argentina y a nivel internacional.

El motivo de esta entrada es que en el número 2 de la revista Propuesta Marxista Ezequiel Hernández publica una nota, “Renta, discusión y sustancia”, en la que analiza el debate y cita un pasaje que es clave para comprender el fundamento último de mis diferencias con la interpretación imperante entre los marxistas. Dice el profesor Iñigo Carrera:

“El valor de una mercancía es la cantidad de trabajo abstracto socialmente necesario que se gastó de manera privada e independiente para producirla” (“Renta agraria, ganancia del capital y tipo de cambio: respuesta a Rolando Astarita”, http://www.ips.org.ar/wpContent/uploads/2011/04/Juan_Inigo_ Carrera_Respuesta_a_Astarita_sobre_renta.pdf; citado por Ezequiel Hernández en https://revistapropuestamarxista.wordpress.com/; énfasis agregados).

Pero si el valor es trabajo socialmente necesario, no puede ser simple gasto de trabajo privado e independiente. Si alguien emplea de forma privada más tiempo que el trabajo socialmente necesario, y si valor es trabajo socialmente necesario, esa persona no puede haber creado más valor que el determinado por el trabajo socialmente necesario. Para explicarlo con un ejemplo sencillo: si 100 productores emplean 10 horas en producir el bien A, el tiempo de trabajo socialmente necesario empleado en producir A es, naturalmente, 10 horas. Si ahora aparece un trabajador número 101 que emplea 80 horas en producir A, no por ello alterará el valor de A. El productor 101 venderá A en el equivalente de 10 horas (trabajo socialmente necesario). Por lo cual 70 horas de su trabajo privado no contarán como creadoras de valor.

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24/05/2016 at 16:08

¿Precios contrarrevolucionarios?

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“Por primera vez [el precio del barril de petróleo] llega a US$34. Las fuerzas imperialistas mundiales actúan mientras nosotros producimos petróleo. Ellos, con la manipulación de los mercados, ponen el precio” (declaraciones de Maduro, http://caraotadigital.net/precio-del-petroleo-toco-el-piso-de-los-us-34/). La idea es repetida por nacionalistas y progresistas de izquierda, e incluso por marxistas: la caída de los precios del petróleo sería una gigantesca maniobra de EEUU para ahogar a Venezuela y Cuba, y debilitar a otros enemigos, en primer lugar a Rusia.

Se trata de la concepción, arraigada en la izquierda, de que los precios son gobernados, centralmente, por el gobierno de EEUU, tal vez con la colaboración de otras potencias. Desde este enfoque, la ley del valor trabajo  “a lo Marx”, no tendría validez. Es que en la teoría de Marx (también en David Ricardo) la ley del valor es objetiva, y ese carácter objetivo se impone a través de la competencia, entendida esta como guerra entre los capitales. Ello significa que la regulación y distribución de los tiempos de trabajo opera a través de los movimientos anárquicos de los precios en el mercado, y las variaciones más o menos súbitas de cantidades producidas y demandadas. Por eso, hay períodos de sobreacumulación, caída de la demanda, de los precios y de las ganancias; y otros de escasez de oferta, suba de precios y de las ganancias y la producción. Es entonces una dinámica gobernada por una ley que “se impone de modo irresistible… tal como por ejemplo se impone la ley de gravedad cuando a uno se le cae la casa encima” (El Capital, p. 92, t. 1, edición Siglo XXI). El enfoque que dice que “los precios son manipulados”, en cambio, nos ubica en una economía capitalista manejada a discreción por el todopoderoso “Imperio”. Es una variante, exagerada, de la idea de que los precios son manejados por un grupo de “grandes monopolios”.

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27/12/2015 at 11:33

Economía mundial: se profundizan los problemas

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A pesar de la recuperación de finales de mes, agosto terminó con fuertes caídas de las principales bolsas del mundo. Los principales rojos: Wall Street (Dow)  6,57%; Londres 6,7; Frankfurt 9,3%; Tokio 8,23%; París 8,45%; Brasil 8,33%; Hong Kong 12%; y Shanghai 13%. Ayer, 1º de septiembre, las bolsas volvieron a experimentar bajas generalizadas. El detonante esta vez fueron nuevos informes sobre la industria en China; el índice de Gerentes de Compra oficial cerró agosto en 49,7, por debajo del nivel del mes anterior de 50, que marca la divisoria entre expansión y contracción. Es el segundo mes consecutivo de baja, e indicativo de que los problemas de China son más graves que un mero ajuste pasajero. En respuesta, Wall Street cayó 2,84%; Londres un 3%; Frankfurt el 2,38%; Tokio 3,84%; Shanghai 1,23%. Los futuros de petróleo en Nueva York cayeron 7,7%. Los tres días previos el precio del petróleo había subido 27%, en la creencia de que la OPEP estaría dispuesta a “conversar precios justos”. Pero las noticias de China y la admisión de que hay altos stocks, volvieron los precios a la realidad. Las presiones bajistas en los mercados de materias primas continúan (Aclaración: subo una nota más larga de lo habitual para presentar el panorama de conjunto).

La situación en China

China hoy está sumida en una crisis de sobreinversión, y esto tiene repercusiones globales (aquí y notas anteriores). Tengamos presente que el gigante asiático fue clave para que la caída de la economía mundial de 2008-2009 no se agravara; su economía, medida con tipo de cambio a paridad de poder de compra, representa el 15% del producto mundial. Y en 2009 China creció el 9,2%, en 2010 el 10,3% y en 2011 el 7,8%. Aunque posiblemente el crecimiento real haya sido menor, en cualquier caso fue notable, y contribuyó a atenuar los efectos de la crisis. En 2013 China consumía aproximadamente la mitad de la producción mundial de mineral de hierro, aluminio, níquel, cobre y zinc. Por eso fue decisiva para sostener la demanda y los precios de las materias primas, y con ello las economías de países productores.

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Written by rolandoastarita

02/09/2015 at 11:30

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