Trotskismo y fuerzas productivas, respuesta a Gustavo Burgos

En mi respuesta a Ariel Petruccelli (aquí) sostuve que el trotskismo se ha convertido en una iglesia política. La mejor prueba de ello es el planteo de que el capitalismo está estancado desde hace 50 o más años. Una tesis insostenible desde la evidencia empírica y la teoría marxista de la acumulación y crisis, pero clave para la lógica que recorre el Programa de Transición, fundacional de la Cuarta Internacional.
He criticado en repetidas ocasiones esta tesis. La última vez aquí. En esta nota he presentado datos actualizados sobre el crecimiento, en los últimos 50 años, del producto; de la productividad; de la clase obrera; del mercado mundial; de la esperanza de vida; y de los niveles de escolarización. En dos notas posteriores –aunque ya no referidas a la posición del trotskismo- destaqué que se estamos asistiendo a una extendida revolución tecnológica (entre otros cambios mencionemos la incorporación de la IA y robótica a la producción).
La crítica de Gustavo Burgos
Gustavo Burgos acaba de responder a mi posición sobre las fuerzas productivas en un artículo que publica El Porteño, el 14/05/2026 (Burgos toca otras cuestiones, pero ahora me focalizo en el tema fuerzas productivas). Básicamente me hace el cargo de incurrir “en una constatación empirista del dinamismo capitalista”. Afirma que en Marx “las fuerzas productivas no son una simple suma de máquinas, toneladas producidas, productividad laboral o innovación técnica. Son la capacidad social de producción desarrollada por el trabajo humano, la cooperación, la ciencia, la técnica y la organización social del trabajo, siempre dentro de determinadas relaciones de producción”.
Empiezo señalando que estos argumentos son incomprensibles, incluso considerados desde el punto que Burgos quiere defender, el estancamiento crónico. Es que, si en el último medio siglo aumentaron la productividad, la producción, la innovación tecnológica, la población mundial y la esperanza de vida, necesariamente tuvieron que crecer las fuerzas productivas. Al margen de que lo hicieron bajo la forma social capitalista, la realidad es que crecieron. Si en EEUU, por caso, aumentó, y mucho, la plusvalía relativa (véase aquí), tuvo que haber habido un aumento de la tecnología y de la ciencia aplicadas a la producción. Repetimos, fue un crecimiento bajo las relaciones de producción capitalista, pero fue crecimiento. Que las relaciones sociales sean capitalistas no anulan el hecho de que las fuerzas productivas se desarrollaron.
Por otro lado, ¿qué es eso de negar la evidencia empírica? Si analizamos la dinámica del capitalismo (o de cualquier otro modo de producción) hay que apelar a los datos sobre productividad, producción, innovaciones tecnológicas, fuerza de trabajo. ¿Desde cuándo el marxismo deja de lado esa evidencia empírica? ¿Cómo se puede sostener que no hay que tenerla en cuenta porque lo que importa es que dominan las relaciones de producción capitalistas? Si, por dar otro ejemplo, estudiamos la Revolución Industrial, y registramos el uso de los telares mecánicos, ¿habremos incurrido en el pecado de “constatación empirista del dinamismo capitalista”? ¿Acaso Marx no estudió la especificidad de la relación máquina herramienta – máquina a vapor, sin por ello olvidar que son elementos del capital constante fijo? ¿Cómo se puede decir que esa especificidad técnica y material no importa porque lo que cuenta son las relaciones de producción? ¿Y para colmo citar sin ton ni son el Prólogo de la Contribución…? ¿Qué clase de barbarie teórica es esta?
Trotsky y el desarrollo de las fuerzas productivas en la URSS .
A pesar de la importancia que tiene el tema, Trotsky no escribió mucho acerca de qué entendía por fuerzas productivas y en qué se manifiesta su crecimiento. En el Programa de Transición se limitó a decir que las fuerzas productivas habían dejado de crecer desde 1914, y eso se expresaba en que “Las nuevas invenciones y los progresos técnicos no conducen a un acrecentamiento de la riqueza material”. O sea, la evaluación de si hay desarrollo se mediría por la producción de “riqueza material” (de nuevo contra lo que dice Burgos que debe hacerse). Pero Trotsky no desarrolla la cuestión. Sin embargo, en La revolución traicionada sí se refirió en repetidas oportunidades a las fuerzas productivas en la URSS, y a cómo se medía su crecimiento. Presento algunos de los pasajes que más conectan con el tema (uso la edición Fundación Federico Engels, Madrid, 2001, los subrayados son míos):
“El marxismo considera el desarrollo de la técnica como el resorte principal del progreso, y construye el programa comunista sobre la dinámica de las fuerzas de producción” (p. 47).
“La base material del comunismo deberá consistir en un desarrollo tan alto del poder económico del hombre que el trabajo productivo, al dejar de ser una carga y un castigo, no necesite de ningún aguijón, y que el reparto de los bienes, en constante abundancia, no exija —como actualmente en una familia acomodada o en una pensión “conveniente”— más control que el de la educación, el hábito, la opinión pública” (p. 47).
“El capitalismo ha preparado las condiciones y las fuerzas de la revolución social: la técnica, la ciencia, el proletariado” (p. 48).
Cita a Marx: “El desarrollo de las fuerzas productivas es prácticamente la primera condición absolutamente necesaria (del comunismo) por esta razón: que sin él sí se socializaría la indigencia y ésta haría resurgir la lucha por lo necesario, rebrotando, consecuentemente, todo el viejo caos” (p. 54).
Sigue Trotsky: “… la amplitud misma de las necesidades del hombre se modifica radicalmente con el crecimiento de la técnica mundial: los contemporáneos de Marx no conocían el automóvil ni la radio, ni el avión. Una sociedad socialista sería inconcebible en nuestro tiempo sin el libre uso de todos esos bienes” (p. 55).
“A la economía del tiempo —dice Marx— se reduce, en definitiva, toda la economía”; es decir, la lucha del hombre contra la naturaleza en todos los grados de la civilización. Reducida a su base primordial, la historia no es más que la prosecución de la economía del tiempo de trabajo. El socialismo no podría justificarse por la simple supresión de la explotación; es necesario que asegure a la sociedad mayor economía del tiempo que el capitalismo” (p. 70).
“Ya no hay necesidad de discutir con los señores economistas burgueses: el socialismo ha de mostrado su derecho a la victoria, no en las páginas de El Capital, sino en una arena económica que constituye la sexta parte de la superficie del globo; no en el lenguaje de la dialéctica, sino en el del hierro, el cemento y la electricidad.” (p. 18).
Dos criterios lógicamente contradictorios
Citamos esos pasajes de La revolución traicionada para destacar el doble criterio con que los defensores de la tesis del estancamiento crónico evalúan el desarrollo de las fuerzas productivas: Si se trata del capitalismo, el argumento es “no sirve contar la producción” y acusan a los que la registran de caer en “la constatación empirista del dinamismo capitalista”. Sin embargo, si se trata de la URSS de los 1930s parece valer “la constatación empirista del dinamismo capitalista” (hasta donde alcanza mi conocimiento, los teóricos trotskistas del estancamiento secular nunca cuestionaron el criterio que Trotsky aplicó a las fuerzas productivas en la URSS).
Obsérvese por otra parte que en esa evaluación de Trotsky no pesó la tragedia de la colectivización forzosa (cobró millones de muertos); ni la industrialización acelerada que tenía como contrapartida el agotamiento de las fuerzas de la clase obrera. Trotsky critica esas políticas de la burocracia, pero en su balance lo que parece contar es la producción, la tecnología y la productividad. Por eso hablaba de “suma de máquinas, de toneladas producidas, de productividad laboral e innovación técnica”. ¿Se trató de “una evaluación meramente empirista”? ¿Rompió con el enfoque materialista de Marx o Engels? ¿O es que no conocía el Prólogo de la Contribución de la Crítica de la economía política, que Burgos cita como si eso probara el estancamiento crónico del capitalismo?
Por otra parte, si se acepta el criterio con el que Trotsky evaluó el desarrollo de las fuerzas productivas en la URSS ¿por qué no serviría cuando se lo aplica al desarrollo del capitalismo? Alguien puede contestar “porque son dos modos de producción distintos”. Pero precisamente por eso la posición relativa de ambas formaciones económico-sociales se debe establecer en términos de producción y productividades relativas. Es lo que hace Trotsky al comparar las producciones, las productividades y las tecnologías respectivas.
Para terminar, sobre verdades de partido
En definitiva, no se puede decir que si me conviene mido el desarrollo de las fuerzas productivas por las estadísticas de la producción, o la productividad; pero si no me conviene ese criterio lo cambio con cualquier justificación traída de los pelos (del tipo “citar estadísticas es empirismo” y tonterías similares). Los que proceden así en realidad solo buscan defender las “verdades de partido” a cualquier costo. La verdad científica les importa un rábano. Solo les importa defender el dogma. Como si con eso avanzáramos algo.
Pues bien, frente a este criterio, en otras notas he recordado que Marx y Engels proponían uno opuesto. En una carta a Lafargue, del 11 de agosto de 1884, Engels escribía: “Marx protestaría contra ‘el ideal político, social y económico’ que usted le atribuye. Cuando se es ‘un hombre de ciencia’, no se tiene un ideal, se elaboran los resultados científicos y cuando además se es hombre de partido, se combate por ponerlos en práctica. Pero cuando se tiene un ideal, no se puede ser hombre de ciencia, pues se ha tomado partido de antemano”. ¿No pueden aceptar siquiera una dosis de este criterio?
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1DA_QNiPgnf-Mdjd2KxjlXJxu8gebU8fjMP5vESX2qho/edit?usp=sharing
















Estimado Rolando,
creo que no vale mucho discutir sobre este asunto. Cuando Marx y Engels se refieren al desarrollo de las fuerzas productivas sociales se refieren no a la cantidad del producto social, sino a la capacidad que tiene una formación economico-social de producción., a la potencialidad de producir, mas allá de que la sociedad logre o no ese objetivo. En algunas etapas de desarrollo del modo de producción lo logrado puede estar por arriba o por debajo de esa potencialidad, pero eso no es de importancia para el análisis marxista de la sociedad. lo que si es importante es el momento, la situación, en que la superestructura social traba el desarrollo de las fuerzas productivas sociales, cuando la superestructura limita ese desarrollo de las fuerzas productivas, traba ese desarrollo que siempre es creciente, acumulativo, lo obstaculiza. Es importante ese momento porque al decir de Marx y Engels es allí donde se inaugura un momento de revolución social, es cuando es necesario cambiar la superestructura y de esa forma el proceso revolucionario consiste en adecuar una nueva superestructura social que libera el desarrollo de las fuerzas productivas. Lo demás es uneta discusión que no aporta mucho al proceso revolucionario.
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Julio Cazot
16/05/2026 at 21:57
magnífico argumentario para liquidar de una vez el tema del estancamiento crónico.
Puede que Trotsky tuviera algo de razón cuando se refería al periodo 1918-1938 (habría que ver en detalle los datos de ese periodo) pero tras 1950, el crecimiento de las fuerzas productivas es incontrovertible.
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Ramon Molina
17/05/2026 at 05:22
Rolando, me parece muy sólido tu señalamiento respecto de que no puede sostenerse seriamente la tesis de que las fuerzas productivas hayan dejado de desarrollarse desde hace décadas; en ese punto, los datos empíricos son contundentes y la predicción de Trotsky de que “las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer” fue claramente falsa.
Sin embargo, me surge una duda conceptual: quizá aquí convendría distinguir entre dos afirmaciones que no necesariamente son equivalentes. Una cosa sería sostener que las fuerzas productivas no crecen (tesis fuerte y demostrada como falsa), y otra distinta afirmar que el imperialismo expresa una decadencia histórica del capitalismo aunque ese crecimiento continúe existiendo. Es decir, podría haber desarrollo técnico y productivo junto con una agudización de contradicciones estructurales (guerras, financiarización, destrucción social, etc.), sin que ambas cosas se excluyan lógicamente.
Me parece que Burgos no sostiene la primera tesis —el cese del desarrollo— sino la segunda —la decadencia histórica en otro sentido.
Me parece que ahí podría estar uno de los puntos centrales de la polémica.
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Edu Villamil
17/05/2026 at 15:20
Hay una gran resistencia a aceptar que hubo desarrollo de las fuerzas productivas. En este sentido siento que «corren el arco» a cada paso. Hace años, cuando demostrábamos que desde 1914 a 1970 había aumentado la producción y la productividad, el argumento fue «pero la clase obrera se reduce y crece el hambre». Cuando demostramos con datos que aumentaron la clase obrera, la esperanza de vida y la escolarización, se afirma que, después de todo el capitalismo está «en su etapa senil» (significando la etapa de la vida en que la persona ya declina, está absolutamente imposibilitada de desarrollo) o «en descomposición» (¿?).
El tema fundamental: el desarrollo de las fuerzas productivas se manifiesta en la producción de la riqueza. En este respecto tiene razón Trotsky, aunque no profundiza ni brinda datos que avalen su afirmación del estancamiento desde 1914. La producción de riqueza es producción de bienes de uso (remito a El capital, cap. 1 t. 1). Es importante esta cuestión porque ese crecimiento de la riqueza es la base material de la posibilidad de una transformación socialista (si se socializa la miseria se termina en regímenes burocráticos y regresivos, etc.). Las condiciones para esa transformación socialista hoy están más desarrolladas que hace 50 o 100 años. Si el capitalismo está en su etapa senil desde hace 50 o 100 años, eso sería inexplicable.
Por otro lado, el crecimiento de las actividades financieras no impidió el desarrollo de las fuerzas productivas en los últimos 30 años (suponiendo que sea cierta la tesis «de la financiarización»). Chesnais se pasó años anunciando una gran depresión de largo plazo, tipo depresión de los 1930s provocada por el dominio de las finanzas sobre «el capital productivo». Al margen que ese «dominio» es un invento (¿Toyota, Google, Exxon, dominadas por Bank of America o el City?) lo real es que en los mismos momentos en que los partidarios de esa tesis anunciaban que el estancamiento era una realidad, la producción manufacturera en EEUU crecía, en los 1990, un 50%, y la de China se multiplicaba.
Por otro lado, sobre la «desestructuración social», la realidad es que la clase obrera (la clase que vende su fuerza de trabajo y es empleada por el capital) ha crecido. Otra razón para sostener que la fuerza social para generar una transformación socialista ha crecido. De nuevo, esto no encaja con la idea de estancamiento senil y cosas por el estilo.
En cuanto a las devastaciones provocadas por los imperialismos (las más recientes, Gaza – Palestina; Ucrania; Irán) son, por supuesto, una manifestación del carácter brutal de la dominación del capital. Pero no es cualitativamente mayor a lo que ha sido la ha sido el colonialismo y la explotación del «tercer mundo» vía la violencia directa (Inglaterra en India, la Guerra del opio, lo que hicieron Francia, Bélgica, Italia, los boers, en África; lo que hizo el capitalismo con las poblaciones originarias de América, etcétera).
Más importante, el carácter de las contradicciones: si se sostiene que el capitalismo ya no se desarrolla (senilidad, etc.) las contradicciones propias del mismo (valor de uso / valor; trabajo concreto / trabajo abstracto; producción social / apropiación privada) pierden fuerza.
Señalo, estas son las contradicciones «estructurales», esto es, inherentes al capitalismo. Si se deja de lado esto (desplazamiento de la contradicción capital / trabajo por «capital financiero / producción»; «monopolios / pueblo»; «nación opresora / colonia o semicolonia», etc., el eje de la crítica ya no es al trabajo abstracto, a la explotación del trabajo, etc., sino a la decadencia.
Para terminar, enfatizo en la necesidad de discutir cuestiones de método. No puede ser que en aras de defender un dogma insostenible se llegue a sostener que la evidencia y los datos no tienen importancia (o quien los usa es «empirista»). Son afirmaciones bárbaras. No entiendo cómo no se reacciona ante semejantes cosas.
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rolandoastarita
17/05/2026 at 16:18
Los dogmáticos han llevado al marxismo a la ruina. Están para recluirlos en un monasterio.
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Ventolinmx
18/05/2026 at 11:36
hola Rolando, ¿desde de un punto de vista del trabajador, del trabajo entonces es deseable que crezca, que haya más oferta de capital, para obtener más trabajo? ¿no habría que cuestionar otras cosas del capitalismo más que si crece o no crece? hay una mirada mesiánica del trotskismo , cierto marxismo, debía decrecer para demostrar que el socialismo era mejor, más eficiente y productivo, el capitalismo debe necesariamente caer, esa sería el alba del socialismo soñado, no, creo que aún duelamos la caída de la urss y no encontramos mucho anclaje para mirar al futuro.
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Leandro Fojo
20/05/2026 at 18:37
La crítica central del marxismo es a la explotación del trabajo por parte del capital. La derecha (entre otros Milei) inventó eso de que la crítica de Marx al capitalismo es que no desarrolla las fuerzas productivas.
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rolandoastarita
22/05/2026 at 14:41