Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Dos conferencias en la UNAM

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesPresento el audio de las dos conferencias que di en la Universidad Nacional Autónoma de México, los días 6 y 7 de noviembre.
La primera fue «La situación económica y política de los trabajadores argentinos y el modelo K», y la segunda «Monopolio, imperialismo e intercambio desigual».

Aclaremos que dada la restricción de tiempo, en la primera conferencia el tema más extensamente desarrollado fue la situación económica.
Al finalizar las charlas, hubo una ronda de preguntas. Lamentablemente éstas no quedaron registradas en la grabación, aunque sí las respuestas.

 

  • La situación económica y política de los trabajadores argentinos y el modelo K
    Podés descargar el audio o escucharlo online:

  • Monopolio, imperialismo e intercambio desigual
    Podés descargar el audio o escucharlo online:

En México, junto a Alejandro Valle Baeza, Gloria González Martínez y alumnos.

En México, junto a Alejandro Valle Baeza, Gloria González Martínez y alumnos.

El monopolio en el marxismo del siglo XX

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesLas notas sobre monopolio y competencia “a lo Marx” (aquí y aquí) polemizan con la idea de que en el siglo XIX, y hasta 1880, aproximadamente, la competencia constituyó el mecanismo regulador de los mercados capitalistas (nacionales y mercado mundial), y que a partir de 1880 ese mecanismo pasó a ser de tipo monopólico (o, más precisamente, oligopólico). Éste es el eje de las diferencias que mantengo con la tesis del monopolio. Por supuesto, los defensores de la tesis del monopolio siempre explicaron que la competencia no había desaparecido en el siglo XX. Sin embargo, enfatizaron que la competencia había pasado a tener un rol subordinado desde fines del siglo XIX, y que esto encerraba un cambio cualitativo en la forma de regulación del capitalismo. Fue la posición de Paul Baran, Paul Sweezy, Maurice Dobb y Ernest Mandel, quienes influyeron decididamente en la formación del pensamiento de la izquierda sobre el monopolio y la competencia. A fin de contribuir al estudio de esta importante cuestión, en esta nota presento lo esencial de sus posiciones sobre el monopolio, una reflexión sobre el contexto que reflejan esos escritos, y su diferencia con el presente.

El monopolio en Baran y Sweezy

La idea que domina en los escritos de Baran y Sweezy es que en el capitalismo maduro la competencia se ha atenuado, y que la regulación monopolista ocupa el primer plano. En El capital monopolista, de amplia difusión en los años 1960 y 1970, Baran y Sweezy escribían: “Debemos reconocer que la competencia, que fue la forma predominante de las relaciones de mercados en el siglo XIX, ha cesado de ocupar tal posición, no solamente en Inglaterra, sino en todas partes del mundo capitalista. Hoy la unidad económica típica en el mundo capitalista no es la pequeña firma que produce una fracción insignificante de una producción homogénea para un mercado anónimo, sino la empresa en gran escala que produce una parte importante del producto de una industria, o de varias industrias, y que es capaz de controlar el precio, el volumen de la producción y los tipos y cantidades de inversiones” (Baran y Sweezy, 1982, p. 10).

La misma idea la encontramos en Baran (1969), una obra que fue clave para la posterior teoría de la dependencia: “La concentración y centralización del capital hizo avances gigantescos, y las grandes empresas se adueñaron de la vida económica… Al destrozar el mecanismo competitivo que regulaba, para bien o para mal, el funcionamiento del sistema económico, las grandes empresas se convirtieron en la base del monopolio y del oligopolio, que son los rasgos característicos del capitalismo moderno” (p. 22). En este contexto, tiende a desaparecer la guerra de precios: “… los gigantes monopolistas … protegidos por sus posiciones de monopolio, no necesitan molestarse por reducir al mínimo sus costos ni aumentar al máximo su eficacia» (p. 55). También escribe: “la competencia de precios en condiciones de oligopolio tiene la tendencia a hacerse cada vez más odiosa para los empresarios involucrados. Cualquier reducción moderada de los precios, por parte de un oligopolista que pretenda aumentar su parte del mercado, será inmediatamente neutralizada mediante reducciones correspondientes de los precios de los otros oligopolistas…. . Por otra parte, una guerra de precios a muerte entre los gigantes oligopolistas requerirá cantidades de capital tan grandes e involucrará riesgos tan enormes, que se prefiere el arreglo a la lucha ruinosa. Se concluyen acuerdos más o menos explícitos o se establece una “colusión de precios”, que tiene como consecuencias la eliminación de la competencia aniquiladora y la aceptación, por las partes contratantes, del principio de vivir y dejar vivir, más que el intentar destruirse una a otra” (pp. 101-2). Obsérvese que no se trata de si existe una tarifa aduanera aquí, o una devaluación competitiva allá, sino de una perspectiva global del mercado y de la forma en que se regula la distribución de los tiempos de trabajo, o avanza el cambio tecnológico. “Vivir y dejar vivir”, en lugar de guerra entre los capitales. Como resultado del freno de la competencia, el dominio del monopolio generaba la tendencia al estancamiento de las fuerzas productivas en los países adelantado, y el bloqueo del desarrollo industrial en los países atrasados.

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07/11/2012 at 11:04

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De nuevo, inflación, salarios y Kicillof

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En una nota anterior demostré que el doctor Kicillof incurre en un disparate cuando afirma que, según Keynes, la inflación no reduce los salarios de los trabajadores. En la misma también sostuve que el alza de precios significaba, para muchos sectores, una caída de los salarios en términos reales. Pocos días después, un viejo y querido amigo, defensor del kirchnerismo, escribió una breve respuesta a mi nota, diciendo que desde el punto de vista teórico yo estaba en lo correcto, pero que en la práctica no se verificaba que los salarios reales -de los estatales, por ejemplo- estuvieran siendo afectados por la inflación. “Astarita tiene razón en la teoría, pero no en la práctica”, venía a decir mi amigo, y concluía que para comprobar que los salarios no estaban siendo erosionados por la inflación no hacía falta ser doctor en economía.

Pues bien, un examen incluso superficial de lo que está ocurriendo por estos días parece desmentir a mi amigo. Lo que decía Keynes, que los salarios reales bajan por efectos de la inflación, y que éste es el caso más general, tiene su correspondencia con lo que está ocurriendo “en la práctica”. No es un secreto que por estos días varios sindicatos estatales y docentes están impulsando la apertura de las paritarias. ¿La razón? Sencilla: consideran que el proceso inflacionario está afectando el salario real de todos los sectores que firmaron aumentos por debajo del 24%. Y no necesitan ser doctores en economía para entenderlo. El IPC promedio que miden las provincias indica que la inflación estaría en el 23% anual; según las consultoras privadas, sería del 25%. Por lo tanto, se está produciendo una caída del salario real de los trabajadores cuyos gremios firmaron aumentos por debajo del 23% o 24%. Algunos ejemplos: en la provincia de Buenos Aires el alza promedio de los estatales fue del 19% (con sectores que no alcanzaron el 17%); los docentes universitarios firmaron por el 20,5%; los mecánicos de SMATA por el 18%. Por eso, muchos gremios están pidiendo la reapertura de las negociaciones salariales. No lo harían si los salarios se acomodaran más o menos automáticamente a los aumentos de los precios, como dijo Kicillof que decía Keynes.

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22/10/2012 at 11:35

Competencia «a lo Marx» y monopolio (II)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del jueves(Continúo aquí la nota anterior).

Tendencia a la concentración y contratendencia

Uno de los errores más difundidos es la idea de que la tendencia a la concentración y centralización del capital debía llevar al sistema capitalista a un punto de cambio cualitativo, a partir del cual el monopolio comenzara a prevalecer por sobre la competencia; ese punto, se dice, habría sido alcanzado a fines del siglo XIX. A partir de entonces la competencia habría pasado a un segundo plano. Sería el desenlace natural del impulso a la concentración y centralización del capital (tendencias analizadas por Marx en el capítulo 23 del tomo 1).

El problema con esta visión es que peca de unilateral y mecánica. Lógicamente, no se puede negar que en algún momento el sistema capitalista desemboque en el dominio de los monopolios, pero lo cierto es que hasta el presente la centralización del capital avanzó desplegando tendencias contradictorias. Es que a la par que avanzan la concentración y centralización, también aumenta el número de capitales que entran en competencia. “El incremento del capital social se lleva a cabo a través del incremento de muchos capitales individuales. Presuponiendo que no varíen todas las demás circunstancias, los capitales individuales -y con ellos la concentración de los medios de producción- crecen en la proporción en que constituyen partes alícuotas del capital global social. Al propio tiempo, de los capitales originarios se desgajan ramificaciones que funcionan como nuevos capitales autónomos. (…) con la acumulación del capital crece en mayor o menor medida el número de capitalistas” (Marx, 1999, t. 1, p. 777).

La realidad es que constantemente surgen nuevas ramas de producción donde se generan nuevos capitales. También se incorporan países en los que se desarrolla el capitalismo, dando lugar a la formación de nuevos capitales que compiten en los mercados mundiales. Pero además, en las ramas ya instaladas, el cambio tecnológico con frecuencia favorece la aparición de capitales que presentan batalla exitosamente a los antiguos, especialmente si éstos deben soportar altos costos para mandar a desguace equipos y máquinas obsoletas. Por eso, se trata de dos tendencias, a la centralización y concentración, por un lado, pero también al surgimiento de nuevas unidades del capital. Como resultado, la ley del valor opera a escala cada vez mayor. En la medida en que los capitales crecen por la concentración y centralización, tienen más poder para incursionar en nuevos mercados. Y constantemente aparecen nuevos competidores, adquiriendo la lucha competitiva dimensiones mundiales.

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Competencia «a lo Marx» y monopolio (I)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn varias ocasiones, en los “Comentarios” del blog, se ha tocado la cuestión de si es correcta la tesis de la preeminencia del monopolio en el capitalismo contemporáneo. La misma fue adelantada por Hilferding, Hobson, Bujarin y Lenin, a principios del siglo XX, y fue adoptada luego por la mayoría de la izquierda. Stalinistas, trotskistas, maoístas, guevaristas, socialdemócratas, nacionalistas de izquierda y radicales izquierdistas de las más diversas tendencias, parecen coincidir en que hacia finales del siglo XIX la concentración del capital habría llegado a un nivel tal que habría producido un cambio cualitativo del modo de producción capitalista: se habría pasado del capitalismo de la libre competencia, al capitalismo monopólico. Desde este enfoque, las explicaciones discurren siempre por los mismos carriles. ¿Por qué suben los precios en Argentina? Respuesta: porque los grupos monopólicos, formadores de precios, suben los precios a voluntad. ¿Por qué suben los precios de los alimentos a nivel mundial? Porque los grupos financieros monopolistas manipulan los mercados de futuros. ¿Por qué sube el petróleo? Porque las grandes empresas petroleras dominan el mercado y establecen los precios. Y así de seguido (aunque algunas preguntas jamás se formulan; por ejemplo, ¿por qué en Japón ha habido fuertes presiones deflacionarias en los últimos 15 años? ¿Acaso porque aquí los monopolios decidieron bajar los precios? Nadie parece preguntarse ni responder. Pero estos son “detalles”). En cualquier caso, el diagnóstico permanece idéntico. El problema es el dominio monopólico.

Debo decir que durante mucho tiempo compartí esta visión. Sin embargo, desde hace años, he cambiado mi postura, influenciado en buena medida por Anwar Shaikh, y otros autores, que han criticado la tesis del dominio monopólico. Esencialmente, sostengo que actualmente la competencia desempeña un rol por lo menos tan importante como en el siglo XIX, y que esto explica por qué las leyes que gobiernan la formación de los precios, presentadas por Marx en El Capital (y otros escritos), siguen siendo válidas. En particular, sigue vigente la ley del valor trabajo, la tendencia a la formación de una tasa media de ganancia y la tesis de que los precios de producción son “centros” en torno a los cuales oscilan los precios de mercado. Pero cuando afirmo esto, es bastante común que se me acuse de adherir a la tesis neoclásica de la competencia perfecta. A fin de despejar esta objeción, y contribuir al debate, en esta nota presento la noción de competencia en Marx, su diferencia con las llamadas “competencia perfecta” y “competencia imperfecta”, y algunas consecuencias que se desprenden con respecto a la tesis del capitalismo monopólico. He dividido la nota en dos partes.

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12/10/2012 at 11:39

Kicillof, inflación y Keynes

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Recientemente, en su presentación ante el Congreso del proyecto de presupuesto 2013, el doctor Kicillof explicó que la emisión monetaria en Argentina no es inflacionaria, y citó el caso de EEUU, donde la fuerte expansión monetaria, con la crisis, no provocó una suba de precios importante (a julio de 2012, la inflación anual es del 1,7%). El argumento de Kicillof fue: “Para los que piensan que la emisión es la causa exclusiva del aumento de precios, les recuerdo que vivimos en un laboratorio de expansión monetaria. EEUU cuadruplicó su base monetaria, la Unión Europea la duplicó, y el Banco de Inglaterra la cuadruplicó. ¿Y en estos países hay riesgo de inflación? No, hay riesgo de deflación”. Por eso, en Argentina habría margen para emitir billetes, sin temer consecuencias inflacionarias. De acuerdo a los datos presentados por el doctor Kicillof, el agregado monetario M2 equivale a solo el 20% del PBI, un porcentaje mucho más bajo que en otros países (Brasil, Chile, EEUU, Francia, Corea del Sur). Según Kicillof, pensar que la emisión monetaria genera inflación, es propia de la ortodoxia neoliberal. También explicó que la inflación solo le preocupa a los financieros, ya que el movimiento obrero está en condiciones de actualizar su salario por encima de la tasa inflacionaria, y citó a Keynes como respaldo de su afirmación.

Errores, uno tras otro

En todo esto hay, por supuesto, muchísimos problemas, que en buena medida he discutido en otras notas, referidas la teoría cuantitativa del dinero (inspiración del monetarismo), y a la crítica de Marx a la misma. En este apartado, resumo los puntos más destacados y remito a las entradas correspondientes, porque en esta nota quiero centrarme en lo que dijo Kicillof sobre Keynes y la inflación (el lector que no desee entrar en las complejidades de la discusión con el monetarismo, puede pasar al siguiente punto).

En primer lugar, es paradójico que pretendiendo ser crítico de la teoría cuantitativa, el doctor Kicillof razone acerca de las presiones (o peligros) inflacionarios en términos de comparación entre el PBI y los agregados monetarios. Se trata de una problemática estrictamente monetarista, que ya hace mucho fue criticada por Marx. Lo central es que no tiene sentido comparar masa monetaria con masa de mercancías, para deducir de aquí que el aumento de precios deriva del aumento de la primera con respecto a la segunda (ver aquí para la crítica de Marx a la teoría cuantitativa).

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03/10/2012 at 15:46

Sobre la traducción «capital mercantil» y «comercial»

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn la nota anterior he utilizado el término «capital mercantil» para referirme al conjunto del «capital comercial» y del capital que opera con dinero. Un amigo me escribió por mail para señalarme que, según la traducción de Siglo XXI, el uso de los términos debería ser inverso. Esto es, Marx en el capítulo 16 dice que el capital comercial (kaufmännische oder Handelskapital) para referirse al que reúne al capital que se dedica al tráfico de mercancías (Warenhandlungkapital), y al dedicado al tráfico del dinero (Geldhandungskapital). Aclaro que utilizo la edición alemana MEGA, volumen 23. La traducción que se hace en la edición de Siglo XXI se discute en la nota 82 de las pp. 1170-1, del tomo 3. El término «Merkantiles Kapital» se traduce como «capital comercial». En la nota yo había traducido «Merkantiles Kapital» como capital mercantil, pensando que este término es más claro que «capital comercial» (dado que este término engloba al capital dedicado al tráfico de dinero, como los bancos). Sin embargo, Siglo XXI traduce Merkantiles Kapital como capital comercial; de manera que el capital comercial (Merkantiles Kapital, o Handelskapital) es el que engloba al capital que opera con las mercancías, esto es, el capital mercantil, más el capital que opera con dinero.

Reflexionando sobre la cuestión, pienso que yo estaba equivocado, y es mejor seguir la traducción de Siglo XXI. De manera que corrijo también en la nota anterior. El concepto básico no varía: el capital dedicado al comercio de las mercancías, y el dedicado al comercio de dinero, es englobado por Marx bajo una misma categoría. Aclaremos también que en muchos pasajes Marx utiliza los términos «capital comercial» y «capital mercantil» como sinónimos (al menos, ésta es mi interpretación de la cita de la página 403, del t. 3, de la edición Siglo XXI). Debemos tener presente siempre que se trata de textos en borrador, y que los términos pueden presentar ciertas ambigüedades.

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12/09/2012 at 15:16

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Capital financiero, capital dinerario y capital comercial

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEl término “capital financiero” es de uso común en la izquierda, incluido el marxismo. A grandes rasgos podemos decir que con este término se denota a una totalidad compuesta por los bancos, los fondos de inversión y similares, las compañías de seguro, los prestamistas de dinero, y los accionistas. Pero la noción también hace referencia a una relación de dominio de estos capitales sobre el capital productivo (y, eventualmente, el mercantil). Esta idea nace con los “clásicos” sobre el imperialismo (Hilferding, Hobson, Lenin) y es mantenida en la actualidad en la tesis de la financiarización (Chesnais, Samir Amin, Reinaldo Carcanholo), y otras corrientes izquierdistas. En esta nota examino la cuestión a la luz de las nociones de capital dinerario y capital comercial, de Marx, y planteo mis principales críticas a la noción usual de capital financiero.

En Marx

Tal vez una de las cuestiones más importantes es precisar la distinción, de Marx, entre capital comercial y capital dinerario. Por capital comercial el autor de El Capital entendía el capital mercantil (esto es, el que se especializa en el comercio de mercancías) y el que se especializa en el manejo del dinero. Este último engloba a los bancos, y en general a las instituciones que realizan operaciones monetarias “para toda la clase de los capitalistas industriales y comerciales” (Marx, 1999, t. 3, p. 403). Son las operaciones de pago y cobro de dinero, conservación de tesoros monetarios, saldo de balances, manejo de cuentas corrientes, movimientos internacionales de dinero, operaciones cambiarias, y similares. A ello se agrega el recibir y conceder créditos, organizar la colocación de acciones y bonos, preparar fideicomisos, actuar como fideicomisarios, etc. El capital dinerario, en cambio, comprende -siempre según Marx- el dinero que se presta, a cambio de un interés. Es en este sentido que el capital comercial se diferencia del capital dinerario: los capitales comerciales (sean mercantiles o bancarios) reciben la parte de la plusvalía que corresponde a la ganancia. Es conveniente recordar que el beneficio de un banco no proviene del interés, como muchas veces se piensa, sino de la diferencia entre las tasas activas y pasivas (esto es, las tasas a las que presta y las tasas a las que toma depósitos); más las comisiones que cobra por realizar operaciones monetarias. Su tasa de ganancia, por lo tanto, está determinada por la razón entre los beneficios y el capital propio invertido. Lo mismo sucede con un corredor de bolsa; su ganancia principal proviene de las comisiones que cobra por operar en la bolsa, y su tasa de ganancia es la razón entre el beneficio y el capital invertido. No hay, en este sentido, una diferencia sustancial con la tasa de ganancia de los capitales invertidos en cualquier otra actividad. El capital del banco participa de la igualación de la tasa de ganancia, junto al resto de los capitales. Esa igualación se produce por la competencia, que ocurre con los movimientos de los capitales entre las ramas. Si la tasa de beneficio en una rama es mayor que en el promedio de la economía, los capitales tenderán hacia ella, hasta que se iguala con el promedio. A la inversa, los capitales salen de las ramas en que la tasa de ganancia es menor al promedio. Por esta razón, Marx jamás consideró que las instituciones que operan con dinero pudieran gozar de una tasa de ganancia sistemáticamente superior a la que reciben los capitales invertidos en las ramas productivas, o comerciales.

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Economía argentina, coyuntura y largo plazo (III)

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Esta nota completa las dos anteriores (I y II) sobre economía argentina.

Lógica capitalista, en los 90 y en el 2000 también

La clave del desarrollo capitalista pasa por la decisión de invertir el excedente, y esta decisión se rige por las perspectivas de rentabilidad, y de la confianza en su permanencia en el tiempo. O sea, en lo exitoso que pueda ser el proceso de explotar al trabajo y realizar valor. Argentina de los 2000 no fue una excepción. El crecimiento fue vehiculizado por empresas capitalistas, que decidieron sus inversiones bajo la lógica de la ganancia. Los actores relevantes fueron grandes empresas y grupos, transnacionales y nacionales, que se instalaron, o tomaron fuerza, en los 90. Es el caso de la minería. Entre 1990 y hasta 1998 se hicieron inversiones por 1858 millones de dólares (Kulfas y Hecker), y fueron vehiculizadas por grandes empresas transnacionales. En esa década también se establecieron los marcos regulatorios de la minería a cielo abierto. Algo similar ocurrió con el agro. En los años menemistas entraron grandes capitales extranjeros (como Cresud y Benetton), y se fortalecieron los principales grupos nacionales que operan hoy. Además, en los 90 la producción agrícola aumentó más de un 50% (la de soja en primer lugar), se multiplicó el uso de agroquímicos, se extendió la siembra directa, aumentó el número de tractores, se modernizó la maquinaria, y se fortalecieron empresas como Monsanto, Cargill o Novartis. En cuanto a la rama automotriz, que hoy es clave en la industria, entre 1990 y 1998 hubo inversiones por casi 4000 millones de dólares, también a cargo de las grandes transnacionales. Asimismo, hubo fuertes inversiones (por adquisición o establecimiento de plantas) de Coca Cola, Nestlé, Nabisco-Terrabusi, Phillip Morris-Kraft, Danone-Bagley, Parmalat, Danone, Brahma,en la rama de alimentos y bebidas. En el comercio minorista se expandieron Carrefour, Disco, Norte, Easy, Walmart, Coto y Auchan, entre otros. Entre los bancos, cobraron fuerza HSBC, Citybank, BBV-Banco Francés, Banco Río y Grupo Galicia. La medicina privada también tomó impulso en la década menemista, con intervención de grandes grupos en salud (Swiss Medical Group, AMSA, Qualitas, Doctos). Sumemos la educación privada que, naturalmente, siguió creciendo hasta el día de hoy.

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23/08/2012 at 17:58

Economía argentina, coyuntura y largo plazo (II)

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[Continúa la anterior nota (aquí), y terminará en una próxima nota]

La acumulación del capital en la tradición clásica

En la nota anterior hemos planteado que la clave del desarrollo capitalista pasa por la reinversión del excedente. Esta importante idea fue formulada por primera vez por los fisiócratas. Quesnay definía el excedente como la diferencia entre la producción y lo necesario para mantener la capacidad productiva (incluyendo en ésta el consumo del trabajador). Se equivocaba al sostener que solo la actividad agrícola generaba ese excedente, pero lo destacable es que concibió un proceso dinámico, cuyo eje es la reinversión, decidida por la clase social que se apropia del excedente. Luego, en Smith y Ricardo, serán los trabajadores contratados por el capital los que producen el valor, y por lo tanto, las ganancias y las rentas. Se trata de un enfoque opuesto al neoclásico, con su énfasis en la asignación eficiente de recursos “dados”. En el sistema clásico, lo importante es ampliar el trabajo productivo, para generar ganancia que se invierte para generar más ganancia. Se trata de un proceso circular, o en espiral, que rige el desarrollo de las fuerzas productivas.

También en Marx se mantiene esta idea. Sintéticamente, en Marx, para que haya reproducción ampliada del capital, es necesario que el capitalista decida acumular, reinvertir la plusvalía, no sólo para acrecentar el capital variable (como sucede en Ricardo), sino también el capital constante, esto es, los medios de producción. “El empleo de plusvalor como capital, o la reconversión de plusvalor en capital, es lo que se denomina acumulación de capital” (Marx, 1999, t. 1, p. 713). Por eso, una vez dada la masa de plusvalor, “la magnitud de la acumulación depende… de cómo se divida el plusvalor entre el fondo de acumulación y el de consumo, entre el capital y el rédito” (idem, 730). La plusvalía que se gasta como rédito, esto es, para el consumo o diversos gastos del capital, no permite ampliar la capacidad productiva. De aquí la importancia de distinguir entre trabajadores productivos e improductivos. Los trabajadores improductivos son pagados con plusvalía, y no generan plusvalía. En El Capital Marx apuntaba que el gasto en empleados domésticos, en Inglaterra, era gasto improductivo. Lo mismo se aplica al trabajo estatal. Si el Estado contrata trabajadores para enterrar y desenterrar botellas, esto puede estimular el consumo, y por esa vía contribuir a sostener la demanda. Sin embargo, esos trabajadores son pagados con plusvalía que no se reinvierte productivamente (para una discusión, ver aquí). Por lo tanto, en la medida en que el nivel de empleo se sostenga por esta vía, el crecimiento encontrará dificultades crecientes. Podemos decir que en un país atrasado, esto es doblemente válido. Y esto ocurrirá aun en el caso de empresas estatales. Por ejemplo, si una empresa estatal contrata personal para que trabaje como puntero político, ese gasto es improductivo; aunque el gasto de ese puntero contribuya a mantener la demanda. Y en el mediano o largo plazo, ese tipo de gasto solo se sostiene si crece el trabajo productivo.

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