Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Salarios, productividad marginal y la elevada ciencia de Javier Milei (2)

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La primera parte de la nota, aquí 

Salario según productividad y la irrealista solución walrasiana

A fin de profundizar en la crítica de la función de demanda laboral de los neoclásicos, admitamos por un momento que es posible determinar la productividad marginal del trabajo y que esta es decreciente. Aceptando este supuesto, diremos, junto a la teoría mainstream establecida, que los empresarios emplearán trabajo hasta que su rendimiento marginal, en términos reales, se iguale a su precio de mercado, esto es, al salario vigente. Si estas condiciones se cumplen también para los otros “factores productivos”, el precio de los productos se igualará al costo de esos “servicios” (respetamos la terminología neoclásica usual). Es lo que se escribe habitualmente en los manuales. Sin embargo, es más fácil decirlo, o escribirlo, que hacerlo. Veamos por qué.

Empecemos diciendo que el salario se debe fijar antes de comenzar la producción. Y debe establecerse, de acuerdo a la tesis neoclásica, en términos reales. Esto último es clave por dos razones: primero, para que el trabajador pueda decidir a cuánto ocio está dispuesto a renunciar a cambio de la utilidad del salario. En segundo lugar, porque el empresario debe conocer cuánto va a producir para establecer cuánto trabajo va a contratar. Si no sabe cuánto va a producir, no puede saber qué cantidad de trabajo va a contratar, y por lo tanto no puede igualar el salario a la productividad marginal. Asimismo, no podrá establecer cuánto capital (cuya productividad marginal, en equilibrio, es igual a la tasa de interés) va a combinar con el trabajo. Sobre este punto subrayemos que la teoría neoclásica supone la posibilidad de sustitución entre los factores, ya que los salarios y beneficios (y la renta) no se determinan aisladamente, sino a través de la competencia. El empresario combina capital y trabajo (y/o la tierra) de manera que lo que paga a esos factores es menos de lo que pagaría por cualquier otra combinación; si no es el mínimo, dispone otra combinación. Por esta vía se garantiza que cada cual “gana lo que se merece”. Lee el resto de esta entrada »

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24/05/2017 at 09:48

“Somos todos keynesianos”, ¿de nuevo? (3)

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 El giro al neoliberalismo

La caracterización del keynesianismo de posguerra de Bresser Pereira, Kregel, Seccareccia, que hemos presentado en la parte anterior de la nota es muy distinta de la que presenta Davidson. Según este autor, entre 1945 y 1973 los gobiernos capitalistas “fueran liberales o conservadores, aplicaron activamente el tipo de políticas económicas que Keynes había defendido en los 1930 1940” (Davidson, 2007, p. 177). Davidson agrega que esas políticas permitieron aumentar el producto por habitante, la productividad y mantener bajo el desempleo. Pero a partir de mediados de los años 1970 se impuso la reacción neoliberal. Desde este enfoque, el rápido avance de la reacción anti-keynesiana parece no tener base alguna en las relaciones sociales existentes.

Sin embargo, la realidad es que a mediados de la década de 1970 se asistía a una crisis estructural de acumulación del capital -caída de la tasa de rentabilidad y debilidad de la inversión-, largamente estudiada por los marxistas (véase, por ejemplo, Mandel, 1979 y Shaikh. 1991), los regulacionistas (véase, por ejemplo, Aglietta, 1979, y Lipietz, 1979) y otras corrientes. En América Latina esa crisis se manifestó bajo la forma de crisis de la industrialización por sustitución de importaciones. Pero el keynesianismo reformista del IS-LM no tuvo respuesta frente a una crisis global que no podía superarse con dosis de política monetaria o fiscal. Los partidos Comunistas y Socialistas tampoco representaban alternativas superadoras, y las economías “del socialismo real” evidenciaban crecientes problemas. El capital de conjunto exigía una reacción en toda la línea contra el trabajo; y el keynesianismo del mainstream se adaptó a la nueva coyuntura histórica. Lee el resto de esta entrada »

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12/12/2016 at 12:42

“Somos todos keynesianos”, ¿de nuevo? (2)

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La parte (1) de la nota, aquí 

Salvar al capitalismo y socializar la inversión

 Los pasajes que hemos citado en la parte anterior de la nota evidencian la aguda conciencia que tenía Keynes de la necesidad que el Estado garantizara a los empresarios un clima político y social favorable a sus negocios. Una preocupación que es congruente con el objetivo último de la TG: responder a las amenazas que representaron para el dominio del capital la Revolución Rusa y las convulsiones sociales que le siguieron. Keynes estaba profundamente compenetrado de esta cuestión. Su objetivo era reformar al sistema capitalista, para salvarlo, y atenuar los conflictos de clase.

En esta perspectiva, en la TG, en el último capítulo, aboga por la progresiva disminución de las diferencias sociales mediante impuestos a las herencias y la riqueza. También sugiere que el Estado debería ejercer influencia sobre la propensión a consumir a través de los impuestos, fijando la tasa de interés y “quizás por otros medios” (p. 332). Sin embargo, la tasa de interés no sería suficiente para garantizar la inversión óptima, y por eso afirma que “una socialización bastante completa de las inversiones será el único medio de aproximarse a la ocupación plena” (ibid., pp. 332-333). Una propuesta anticipa en el capítulo 12. Esa eventual socialización de la inversión sería congruente, además, con su idea de que se estaba en transición hacia otra forma de sociedad (¿o capitalismo?) en la que desaparecería el rentista. Por rentista entendía al inversor que vive de los beneficios, sin cumplir rol productivo alguno. Keynes pensaba que los capitalistas serían progresivamente reemplazados por administradores de empresas, quienes cobrarían un salario por su función. Lee el resto de esta entrada »

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03/12/2016 at 11:23

Publicado en Economía

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“Somos todos keynesianos”, ¿de nuevo? (1)

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“Somos todos keynesianos”, se lo habría admitido el presidente Richard Nixon, en enero de 1971, a un periodista, en charla informal. Nixon estaba aplicando un programa fiscal expansivo –a pesar del déficit presupuestario- y una política monetaria también expansiva. Dado que su administración era profundamente conservadora, el “somos todos keynesianos” quedó grabado como un símbolo de hasta qué punto por entonces se instrumentaban las políticas “keynesianas”.

Pues bien, el “somos todos keynesianos” está de vuelta desde la crisis de 2008-9, y cobra fuerza por estos días. El programa económico de Trump es representativo: promete estimular la economía a través de rebajas de impuestos y proyectos de infraestructura por un billón de dólares, que se financiarían con deuda pública y participación privada. Pero también Obama buscó reanimar la economía mediante inyecciones fiscales. Y antes lo había intentado Bush, cuando se iniciaba la crisis. En Japón, no solo las políticas del primer ministro Abe encajan en lo que habitualmente se conoce como “keynesianismo”, sino también las de los gobiernos anteriores. Más en general, en el 2008 y 2009 el FMI y el G20 recomendaron a los gobiernos dar estímulos fiscales por un monto equivalente al 2% del PBI; además de aplicar políticas monetarias expansivas. Pero hay más casos: frente a la crisis, China aplicó un gigantesco plan de inyección fiscal. Recientemente, el gobierno británico instrumentó un programa de expansión fiscal para amortiguar los efectos del Brexit. El gobierno de Cambiemos, en Argentina, considerado por muchos “neoliberal”, trata de sostener la demanda en base a gasto y déficit fiscal, que financia con un endeudamiento en rápido ascenso. Y así podríamos seguir mencionando casos. Lee el resto de esta entrada »

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26/11/2016 at 16:19

Keynes sobre inversión y ahorro

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En la nota anterior (aquí) planteé que es un error desconocer el rol que tiene la inversión en el principio keynesiano de la demanda efectiva. Sostuve también que, desde la teoría de Keynes, no basta con que aumenten los ingresos (y los ahorros) de los empresarios para que aumente la inversión. Por eso, en la nota señalé que, según Keynes, el ahorro no siempre va automáticamente a la inversión, en oposición a la ortodoxia defensora de la ley de Say. Dada la importancia de este punto, en esta nota amplío esta última cuestión.

Marshall y Keynes sobre ingreso, ahorro e inversión

La idea de que basta con aumentar los ingresos de los empresarios para que aumente la inversión es criticada por Keynes en el capítulo 2 de la Teoría General. En el apartado VI de ese capítulo observa que “[d]esde los tiempos de Say y Ricardo los economistas clásicos han enseñado que la oferta crea su propia demanda”, queriendo decir con esto que “los costos de producción deben necesariamente gastarse por completo, directa o indirectamente, en comprar los productos” (p. 28). Explica luego que se hace una falsa analogía entre la economía monetaria y de mercado “con alguna de trueque, como la de Robinson Crusoe”. Con esto Keynes se está refiriendo al razonamiento del tipo “el trigo que Robinson no consume, lo ahorra e invierte como semilla de la próxima siembra”, con que todavía se inicia a los alumnos en algunos cursos de macroeconomía.

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01/12/2015 at 17:49

Economistas K y el principio de demanda efectiva

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En otras notas he polemizado con la idea, muy difundida entre los economistas keynesiano-progresistas, de que es posible sostener la demanda en base al gasto público (aquí, aquí). En esta amplío el argumento a partir de la interpretación de Keynes que hacen destacados economistas, identificados con la gestión kirchnerista. Sostienen que, según Keynes, los factores determinantes del ingreso y la producción son el consumo popular y el gasto público. Por ejemplo, el profesor Andrés Asiain, en “Mitos económicos. La ortodoxia contra la demanda interna” (Página 12, 25/10/15) escribe:

“… desde que en los años treinta Kalecki y Keynes desarrollaran el concepto de demanda efectiva, se sabe que los ingresos son un resultado del volumen de gastos. Así, la ampliación de la demanda interna no debe financiarse a costa de un ingreso previo, sino que es la generadora de ingresos vinculados con el mercado interno. Es decir, el mayor gasto público y consumo popular, estimulan las ventas, la producción y el empleo, engordando la recaudación impositiva, los aportes patronales y de los trabajadores a la seguridad social, así como los ingresos empresariales y de otros sectores que conforman el ahorro interno. La idea de agotamiento de esos recursos “manoteados por el Estado”, es una ilusión ortodoxa que no comprende que los mismas se nutren del gasto estatal y su efecto estimulante sobre la producción y el empleo”.

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27/11/2015 at 12:22

“Plan B de Varoufakis” y contradicciones del dinero (2)

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La primera parte de esta nota, aquí

El equivalente en las economías atrasadas

Las limitaciones que tiene un sistema monetario autonomizado como simple promesa de pago se intensifican al tratarse de un país atrasado y dependiente. Al respecto, en Valor, mercado mundial y globalización, y después de señalar que la moneda nacional tiene un rol de equivalente parcial, planteaba que “la legitimidad como equivalentes de las monedas nacionales es puesta periódicamente entre signos de interrogación, en especial cuando se trata de equivalentes vinculados a ámbitos de valor sustentados en un bajo desarrollo de las fuerzas productivas. Esto explica que las monedas nacionales actúen como encarnación de valor en la medida en que están respaldadas por monedas ‘fuertes’, y en particular por la moneda que actúa como moneda internacional. Por eso, si bien la validación de los trabajos privados se realiza reduciendo las mercancías al equivalente nacional, este a su vez tiene que estar respaldado por la moneda mundial. (…) Las reservas internacionales constituyen el activo financiero de respaldo último de la base monetaria nacional; una moneda nacional respaldada exclusivamente en el crédito interno (títulos públicos) estaría sujeta al cuestionamiento y a crisis de confianza que harían imposible la acción de la ley del valor. En última instancia, cuando sucede esto, la moneda nacional es reemplazada por la moneda mundial, primero en sus funciones de reserva de valor y atesoramiento, luego como medio de pago y finalmente como medio de cambio”.

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02/11/2015 at 08:51

Sobre salario, desempleo e inflación (3)

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Las partes anteriores de esta nota aquí y aquí

Salarios, desempleo e inflación en los poskeynesianos

 Si bien existen puntos de contacto entre el planteo de los nuevos keynesianos y el de los poskeynesianos, en particular en lo que respecta a la importancia del conflicto distributivo en las causas de la inflación, sus enfoques difieren en aspectos sustanciales. Es que a  diferencia de los nuevos keynesianos, los poskeynesianos ponen el énfasis en la demanda como determinante del empleo, y en una distribución del ingreso más igualitaria para impulsar la demanda. Por eso, el enfoque poskeynesiano tiene puntos de contacto con el subconsumismo tradicional (véase Bleaney 1977, para una descripción). Recordemos que el subconsumismo plantea que es posible un desarrollo armónico del capitalismo, en el que los salarios elevados dan lugar a una demanda elevada, y esta facilita la rentabilidad del capital, que garantiza la continuidad de la inversión. Con matices, los keynesianos de izquierda sostienen, en sustancia, el mismo enfoque. Por eso sus tesis encajan en el reformismo burgués y otras variantes reformistas (socialdemócratas, sindicalistas burgueses, nacionalistas de izquierda, y similares). El ideal, como lo explicitaba Keynes, es reformar al modo de producción capitalista sin afectar sus raíces, la propiedad del capital.

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28/09/2014 at 16:47

Costo de producción, teorías subjetiva y objetiva del valor

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Al terminar la nota anterior (aquí) señalé que es un error sostener que existió una única teoría clásica del valor, que habría comprendido a Smith, Ricardo y Mill (y Marx), y se habría prolongado en la obra de Marshall, para llegar a Keynes. El hecho de que todos estos autores hayan sostenido que en el largo plazo el precio normal es igual al costo de producción, no debería llevar a engaño. Si el precio de equilibrio está determinado por el costo de producción, lo que desaparece es el rol preponderante de la demanda en la determinación de ese precio de equilibrio. Pero esto no significa que haya coincidencia en la teoría del valor que sustenta el costo de producción. La realidad es que las teorías del valor de Mill y Marshall, y la de Ricardo y Marx, en base a las cuales se explican los costos de producción, son muy distintas. Marshall y Mill tienen una teoría del costo de producción basada en una perspectiva subjetivista, y Ricardo y Marx en una teoría del valor objetiva, basada en los tiempos de trabajo. De hecho, solo Ricardo se mantuvo, en el pensamiento clásico, dentro de la teoría del valor trabajo. Precisemos: la teoría del valor trabajo sostiene que el valor agregado solo proviene del trabajo humano empeñado en la producción. Esto es, no proviene de la tierra (o de factores naturales) ni de la máquina, u otros “bienes de capital”; y tampoco de algo así como la abstinencia, la espera o el riesgo. Éste es el punto de coincidencia central entre Ricardo y Marx (aunque tienen versiones muy distintas de la teoría del valor trabajo) y de diferencia con Mill, Marshall o Keynes. Para explicar la cuestión, en esta nota reseño las explicaciones de Smith, Mill y Marshall sobre el costo de producción, a fin de que se pueda apreciar la diferencia que media entre estas posturas, y las de Ricardo o Marx.

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04/02/2013 at 10:41

De nuevo, inflación, salarios y Kicillof

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En una nota anterior demostré que el doctor Kicillof incurre en un disparate cuando afirma que, según Keynes, la inflación no reduce los salarios de los trabajadores. En la misma también sostuve que el alza de precios significaba, para muchos sectores, una caída de los salarios en términos reales. Pocos días después, un viejo y querido amigo, defensor del kirchnerismo, escribió una breve respuesta a mi nota, diciendo que desde el punto de vista teórico yo estaba en lo correcto, pero que en la práctica no se verificaba que los salarios reales -de los estatales, por ejemplo- estuvieran siendo afectados por la inflación. “Astarita tiene razón en la teoría, pero no en la práctica”, venía a decir mi amigo, y concluía que para comprobar que los salarios no estaban siendo erosionados por la inflación no hacía falta ser doctor en economía.

Pues bien, un examen incluso superficial de lo que está ocurriendo por estos días parece desmentir a mi amigo. Lo que decía Keynes, que los salarios reales bajan por efectos de la inflación, y que éste es el caso más general, tiene su correspondencia con lo que está ocurriendo “en la práctica”. No es un secreto que por estos días varios sindicatos estatales y docentes están impulsando la apertura de las paritarias. ¿La razón? Sencilla: consideran que el proceso inflacionario está afectando el salario real de todos los sectores que firmaron aumentos por debajo del 24%. Y no necesitan ser doctores en economía para entenderlo. El IPC promedio que miden las provincias indica que la inflación estaría en el 23% anual; según las consultoras privadas, sería del 25%. Por lo tanto, se está produciendo una caída del salario real de los trabajadores cuyos gremios firmaron aumentos por debajo del 23% o 24%. Algunos ejemplos: en la provincia de Buenos Aires el alza promedio de los estatales fue del 19% (con sectores que no alcanzaron el 17%); los docentes universitarios firmaron por el 20,5%; los mecánicos de SMATA por el 18%. Por eso, muchos gremios están pidiendo la reapertura de las negociaciones salariales. No lo harían si los salarios se acomodaran más o menos automáticamente a los aumentos de los precios, como dijo Kicillof que decía Keynes.

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Written by rolandoastarita

22/10/2012 at 11:35

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