Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Discusión en el FIT-U sobre elecciones y toma del poder

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Huellas del sur Boletín informativo 25/04/2026 reproduce la Carta Abierta que lleva por título “La izquierda ante un gran desafío” (22/04/2026), redactada por Aldo Casas, Ariel Petrucelli, Eduardo Lucita y Juan Pablo Casielo, y respaldada por otros intelectuales de renombre (La izquierda ante un gran desafío – Huella del Sur).

Básicamente Carta Abierta (en adelante CA) sostiene que el apoyo al gobierno de Milei “cae significativamente” debido a la crisis económica, la caída de los salarios y las jubilaciones, la inflación, el cierre de fábricas, el desempleo y los casos de corrupción. Esta situación del gobierno, y la debilidad de la oposición que encarna el peronismo, explicarían el aumento la intención de voto para el FIT-U y en especial, el creciente apoyo a Miriam Bregman. Se abre entonces la posibilidad de que el FIT-U gane las elecciones presidenciales del próximo año.

Sin embargo, señala CA, la misma Bregman, y Cristian Castillo pusieron “paños fríos” a esa posibilidad. Es que, argumentan, todavía no están dadas las condiciones para un gobierno de izquierda: “falta desarrollo de organismos de doble poder tipo soviets, una clase obrera organizada y movilizada, etc. (…) …  una cosa es estar en el gobierno y otra es tener el poder” … en las actuales condiciones cualquier gobierno de la izquierda sería bloqueado por los grupos que detentan el poder que no están dispuestos a perder ninguno de sus privilegios”, dicen los dirigentes del PTS.

CA considera que esto es un error porque “existe la posibilidad de que un gobierno de los trabajadores encabezado por una figura comprometida con un proyecto revolucionario sea visto como una opción real”. Complementan el argumento con preguntas sugeridas por el sentido común “de mucha gente”: “¿Para qué se presentan [si no van a asumir] entonces a elecciones?” y “Milei no tenía ninguna estructura ni experiencia de gobierno… ¿la izquierda no puede hacer lo mismo?”

Para fortalecer su argumento, CA recuerda que en 1917 Lenin planteó la toma del poder con casi toda la izquierda en contra (incluida una parte de la dirección bolchevique). Según esa izquierda, no estaban dadas las condiciones para construir el socialismo. Por otra parte, sigue CA, “las condiciones ideales no se darán nunca”, y “toda revolución tiene una cuota fundamental de voluntad y audacia”. Agrega: “tenemos la oportunidad absolutamente excepcional en la historia argentina de que un amplio segmento de la clase trabajadora comience a ver con simpatía una opción política (un gobierno revolucionario de trabajadores) que ha estado desterrada por décadas”. Por eso, los partidos de izquierda deberían dar señales claras de que están dispuestos a tomar el poder del Estado incluso por vía electoral y como paso previo “a una transformación radical del propio Estado y de la estructura social que quite el poder económico a la minoría capitalista y entregue el grueso de los medios de producción socializados a la mayoría trabajadora”. O sea, tienen que mostrar “vocación de poder” para “iniciar una transformación revolucionaria”.

Con este fin, CA propone “la más amplia unidad detrás de un programa mínimo indispensable que siente las bases para sacar a nuestro país de un declive que ya lleva décadas”. El mismo incluiría “medidas elementales de soberanía, como el no pago de la Deuda externa, el control de la banca y del comercio exterior, la derogación de las leyes de Milei sobre inversión extranjera, la de actividades financieras, avanzar en la derogación del conjunto de leyes y decretos anti-obreros y antipopulares del actual gobierno y, por supuesto, desarrollar una oposición férrea a la guerra imperialista”. Otros puntos serían “la abolición del derecho de herencia sobre los medios de producción, la socialización de la tierra o la expropiación de los grandes capitales”. También propone “debatir abiertamente las formas institucionales de una democracia socialista, al igual que las formas específicas de una planificación económica socialista”. Esta sería “la alternativa socialista y revolucionaria de masas”. En lo que sigue presentamos las principales objeciones que nos suscita el planteo de CA.

¿Qué diferencia con el programa del FIT-U?

Es una pregunta que surge casi inmediatamente. ¿Qué diferencia sustancial hay entre este “programa mínimo”, pero “transicional”, de CA, con lo que habitualmente agitan el FIT-U y sus organizaciones? No veo dónde está el punto. CA dice que para llegar al gobierno y levantar a las masas el FIT-U debe presentarse a elecciones… con un programa más o menos igual al que levantó el FIT-U en todas las elecciones en las que se presentó. ¿Dónde está el cambio que permitiría “aprovechar la oportunidad histórica de la toma del poder”?

¿Qué programa y qué transformación “socialista”?

Vamos ahora al programa que propone CA. Empezamos presentando el problema de fondo bajo la forma de pregunta: ¿qué programa y qué transformación “socialista”? Lo formulamos así porque es necesario que, en la propaganda y la agitación, el socialismo de los marxistas se delimite de los socialismos burocrático-nacionalistas, de los “socialismos reales” (incluidas aberraciones como los khmers rojos de Camboya y los Kim de Corea del Norte). Así como de los “socialismos siglo XXI”. Concretamente, medidas como el no pago de la deuda externa (¿solo la “externa”?) y las estatizaciones de grandes empresas industriales, comerciales, agrícolas, bancos o el Comercio Exterior, tienen un sentido progresivo en tanto sean pasos hacia la socialización, esto es, la administración y control de los medios de producción por los propios trabajadores. Para lo cual se requiere la participación activa de organizaciones obreras y populares.

En otras palabras, se pone en primer plano la posición del eventual “gobierno de los trabajadores” ante la Justicia burguesa, y las fuerzas armadas y represivas. ¿Tribunales populares? ¿O mantenimiento del aparato burgués judicial, pero “democratizado”? ¿Reemplazo de la policía por la milicia obrera? ¿Del Ejército por el pueblo en armas? De la misma manera, y frente a la experiencia de los “socialismos burocráticos”, ¿qué ocurre con las libertades democráticas? Algo similar con respecto a las relaciones exteriores. No basta decir que estamos en contra de las intervenciones imperialistas. Por ejemplo, ¿defendería el “gobierno de trabajadores” el derecho a la autodeterminación de los ucranianos? ¿O es que va a mirar para otro lado en este asunto? Y como este, podemos citar muchos otros casos. ¿Mirará para otro lado cuando se pida por libertades democráticas en regímenes tipo Cuba o Corea del Norte?

Precisemos: son cuestiones importantes no solo para la propaganda y la agitación revolucionaria, sino también para la misma participación de los trabajadores en la conducción del Estado, la economía y la vida social, cultural, etcétera. Es que la administración obrera y popular de los asuntos públicos demanda libertad de pensamiento, publicaciones, libre cruce de posiciones, etcétera. A su vez, estas libertades deberían reforzar la administración obrera y popular.

Nuestro punto: no es posible pasar por alto estos criterios sin deslizarse hacia el campo de los socialismos de burócratas, arribistas, lumpen burguesía e incluso milicos. Por eso el programa socialista debe delimitarse de los estatismos burocráticos. Es necesario encarar este problema si se busca ofrecer a las masas explotadas un programa honesto de emancipación del trabajo. 

El eje de un programa inspirado en el marxismo es que la liberación de los explotados sea obra de los trabajadores mismos. Esto significa que no hay revolución socialista “desde arriba” (impuesta desde los ministerios, desde el Comité Central de “El” partido revolucionario). Lo cual cuenta también para la relación entre un eventual “gobierno de los trabajadores” y las masas explotadas. Si la movilización no ocurre, si prevalece la actitud pasiva, las alternativas son la burocratización del régimen y, eventualmente, la vuelta al capitalismo liso y llano. Por eso, hablar de “revolución socialista desde arriba” es una contradicción en los términos. El socialismo será una obra del mismo movimiento de masas, o no será. “Ni en dioses, reyes ni tribunos está el supremo salvador. Nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor”. Vieja idea socialista que, pienso, tiene más vigencia que nunca antes. Pero no es compartida por la mayoría de la usual izquierda “revolucionaria”. 

Para ilustrar el tema, tomemos la consigna del control obrero de la producción. En primer lugar, no hay posibilidad de control obrero si los trabajadores no intervienen en el asunto. Si se delega el control en dirigentes, técnicos y representantes, tendremos un control burocrático, no obrero. En segundo término, el control demanda libertad de crítica e información, y apertura al debate. Es lo opuesto a la asfixiante represión que acostumbran las burocracias “socialistas”. En tercer lugar, está la capacidad para imponer efectivamente el control; esto es, el poder que deriva del armamento obrero. En cuarto lugar, si el control obrero deriva en control burocrático, tenderá a establecerse la explotación del trabajo asalariado por la burocracia. Es lo opuesto del socialismo.

Existe pues una relación “orgánica” entre las demandas a encarar. Planteamos el control obrero y nos vemos inducidos a formular otras exigencias (poder armado, libertad de crítica, fortalecimiento de las organizaciones obreras, etcétera). El poder obrero (el doble poder) y la alianza de clase de los oprimidos surgen de estas ligazones. Esta es la esencia del programa de transición. No es el programa mínimo, que tradicionalmente levantó el socialismo con demandas realizables, al menos teóricamente, dentro del sistema capitalista. El programa de transición solo tiene sentido si es aplicado desde el poder, y apuntando a acabar con el capitalismo. Es además dinámico, ya que una demanda enlaza con otra. Por eso es absurdo aplicar alguna que otra medida de forma aislada. El programa de transición solo puede sostenerse en la movilización de las masas, y el poder revolucionario en el apoyo de la clase obrera a nivel mundial. Por eso no basta con llegar al gobierno por vía electoral para avanzar en dirección socialista. Esto hay que explicarlo sin pelos en la lengua. Aunque se pierdan votos con estas explicaciones, que pueden resultar muy desagradables para una buena parte del electorado. Significa, entre otras cosas, que no se accede al poder con evasivas, disimulos y ocultamientos.

El carácter del “gobierno de los trabajadores”

Contra lo que opinan mucha gente de izquierda, no basta con que un gobierno sea integrado por obreros (o ex obreros) o por dirigentes de partidos que se reclaman de la clase obrera para que el mismo sea “obrero”. En este respecto tenía razón Lenin cuando decía que el partido Laborista era un partido “obrero-burgués”. Era obrero porque lo integraban mayoritariamente obreros, pero burgués por su programa y política. Por eso los gobiernos laboristas no eran simplemente “obreros”, sino gobiernos que aplicaban políticas capitalistas. Los gobiernos laboristas australianos eran caso similar. Otro, mucho más cercano, es el PT de Brasil.

De manera que un eventual gobierno del FIT-U, será “obrero” (o “de los trabajadores”) si impulsa una transformación social revolucionaria. Si, en cambio, derivara en un régimen burocrático estatista –asentado en definitiva en la explotación del trabajo asalariado- no cabría caracterizarlo como “gobierno obrero”. Tampoco si fuera un régimen tipo laborismo inglés o brasileño.

Pregunta del sentido común 1

 CA recurre al sentido común “de mucha gente”: “¿Para qué se presentan [si no van a asumir] entonces a elecciones?”

Respuesta: los marxistas se presentan a elecciones para hacer propaganda y agitación de sus posiciones, y ayudar a la organización de los trabajadores. No asumen la más mínima responsabilidad por la conducción de los asuntos del Estado burgués. Esto hay que decirlo. Agreguemos que la propaganda y la agitación incluyen la crítica del parlamentarismo; de los mecanismos de la democracia burguesa (una dictadura de la clase capitalista); y también denuncia los insalvables límites de la acción parlamentaria. En particular, los revolucionarios explican por qué los parlamentarios socialistas no deben caer en el “cretinismo parlamentario”. Por ejemplo, los marxistas muestran que es absurdo acabar con el desempleo prohibiendo por ley los despidos.

Aprovecho este punto para destacar otra cuestión: los socialistas presentan sus posiciones, programa y estrategia con honestidad. No hay que “vender humo”. Entre otras cuestiones, es necesario explicar que el socialismo en un solo país es una utopía (para colmo reaccionaria) y que el destino último de una revolución que empieza por algún país depende de la suerte de la revolución a nivel internacional.

Pregunta del sentido común 2

CA: “Milei no tenía ninguna estructura ni experiencia de gobierno… ¿la izquierda no puede hacer lo mismo?”

Respuesta: no, la izquierda no puede hacer lo mismo que Milei porque no es cierto que LLA no tuviera “estructura” en la cual apoyarse. Su “estructura” de apoyo es el modo de producción capitalista. Y la “experiencia” de Milei es la misma que tienen todos los que viven de la plusvalía y sirven a la clase dominante. ¿Qué tiene que ver esto con las organizaciones socialistas? Nada que ver. Si la izquierda quisiera hacer lo mismo que Milei, debería abrazar abiertamente la causa del capital.

Lenin en 1917

El argumento de CA sobre Lenin y la Revolución de Octubre también es desafortunado. Presenta el asunto desde un punto de vista “personalista”, como si la audacia de Lenin surgiera de la nada.

Por supuesto, no hubo tal cosa. En Rusia, en 1917, existía una amplia corriente obrera que estaba a la izquierda de la mayoría de los dirigentes socialistas. Lenin dio expresión a esa corriente. Sin por ello olvidar que en determinado momento el partido Bolchevique se puso al frente de las movilizaciones en Petrogrado para impedir que los obreros desataran una insurrección a destiempo. 

Una carta de Marx

Es equivocado pensar que los marxistas siempre deben dar pruebas de “audacia y voluntad revolucionaria”. No se pueden pasar por alto las condiciones en que se desarrolla, o puede desarrollarse, una revolución. Marx y Engels, por ejemplo, desaconsejaron el levantamiento de los obreros de París que daría lugar a la Comuna. Años después, en una carta a Domela Nieuwenhuis, del 22 de febrero de 1881, Marx escribía: “un gobierno socialista no llega al poder en un país a menos que las condiciones estén tan desarrolladas que pueda por sobre todo, adoptar las medidas necesarias para intimidar suficientemente a la gran masa de la burguesía a fin de ganar tiempo –el primer desiderátum- para una acción perdurable”.

Sobre la Comuna de París, escribe: aparte de que fue “simplemente el levantamiento de una ciudad en condiciones excepcionales, la mayoría de la Comuna no era ni podía ser socialista en ningún sentido. Pero, con una pequeña dosis de sentido común podrían haber llegado a un compromiso con Versalles útil para el conjunto del pueblo…”. Agrega que cuando estallara “una verdadera revolución proletaria existirán también las condiciones –si bien estas seguramente no serán idílicas- de su inmediato modus operandi”.

Lo central desde el punto de vista del método de análisis es que no hay fórmulas mágicas. En la toma de decisiones cuentan, entre otros factores, el grado de actividad revolucionaria de la clase obrera, la situación de la burguesía, la situación internacional.

La situación actual en Argentina

Según CA se estaría operando un giro a la izquierda de importantes franjas de la sociedad argentina (clase obrera, sectores populares), lo que constituiría la base para un eventual triunfo electoral del FIT-U el año próximo, y de ahí la posibilidad del inicio de una revolución.

Por supuesto, no se puede negar la posibilidad, en principio, de que en algún momento entre ahora y noviembre de 2027 se produzca esa fenomenal radicalización, y con la convocatoria de la presidenta “roja” Bregman y su equipo, las masas explotadas inicien la transformación revolucionaria de la sociedad y la destrucción del Estado burgués. Pero esta posibilidad, por ahora, es solo en principio. En términos dialécticos, es lo que Hegel llamaba una posibilidad abstracta. Abstracta porque hoy no hay elementos que estén anticipando algo por el estilo, salvo las encuestas que dicen que Bregman le cae muy bien a sectores significativos de la población.

En otros planos no se detecta un aumento de las luchas sociales que pueda considerarse significativo. Las movilizaciones piqueteras han disminuido en cuanto masividad.

En lo que respecta a las luchas sindicales, en 2025 hubo una significativa disminución en la conflictividad laboral con un total de 465 conflictos. El número de huelguistas y las jornadas no trabajadas estuvieron en mínimos históricos. Desde el punto más elevado en los últimos años, en 2015, la tendencia ha sido descendente: los conflictos con paro en el sector privado pasaron de 442 en 2015 a 157 en 2025. En el sector público bajaron de 807 en 2015 a 311 en 2025. En 2026 habría un cierto repunte, pero es aventurado decir que hay cambio de tendencia. Además, es de señalar que la mayor parte de los conflictos tienen un carácter defensivo: son respuestas a cierres de empresas, suspensiones y despidos. En lo que va de 2026 la principal causa son los despidos (el 63% de los casos). Le siguen los cierres de empresas (12% de los conflictos); y las suspensiones (10%).

Agregamos los cuatro paros generales convocados por la CGT y las manifestaciones contra la reforma laboral. Así como paros y manifestaciones de docentes y diversos sectores de estatales. Por otra parte, el poder y capacidad de control sobre las bases de las direcciones sindicales no ha sido desafiada por las bases, o por agrupamientos revolucionarios, en prácticamente ningún gremio. Otro indicador es que en las recientes elecciones en la UBA las corrientes más votadas, en especial en las grandes facultades, son claramente defensoras del sistema capitalista.

Con estos datos parece difícil caracterizar esta situación como “revolucionaria” o “prerrevolucionaria”. Las crisis económicas no siempre dan lugar a respuestas de tipo ofensivo de la clase obrera. Una suba en las encuestas sobre imagen o intención de voto, aunque importante, no parece cambiar la situación de conjunto. Por ahora se puede decir que los dirigentes y partidos del FIT-U no son “rebasados” por izquierda por corriente de masas alguna. 

Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1qL2h7joZKHThsE4fAQya_2aNM2XcGZy8SDgqKqUJlT0/edit?usp=sharing

Written by rolandoastarita

27/04/2026 a 17:29

Publicado en General

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