Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (3)

La primera parte de la nota aquí, la segunda aquí
Nuevo giro y el VI Congreso
Desde 2008, y coincidiendo con la asunción formal de Raúl Castro como presidente, volvió la apertura a los capitales y a la actividad privada. También se aprobó (junio de 2008) una reforma laboral que vinculaba el pago del salario a los resultados del trabajo. Por su parte, en 2009 el presidente Obama levantó restricciones a los viajes de familiares cubanos desde EEUU a Cuba, y a las remesas de divisas. En 2011 Washington volvió a ampliar las sumas permitidas: hasta 500 dólares cada tres meses, destinados a “ciudadanos de Cuba” y “con el fin de respaldar la actividad privada”. Pero más importante, ese año se realizó el VI Congreso del PC de Cuba, donde se admitió que había problemas, y graves.
Efectivamente, en el documento conocido como “Lineamientos”, se planteó que la economía atravesaba por una profunda crisis, que había “baja eficiencia, descapitalización de la base productiva, estancamiento y envejecimiento en el crecimiento poblacional”. Como problema fundamental, se reconoció la poca productividad del trabajo: se mencionaba la “mentalidad de la inercia”, el “exceso de reunionismo improductivo” y la falta de cumplimiento de objetivos. También se planteó que era necesario reestructurar el empleo y los salarios “considerando formas no estatales de gestión donde sea conveniente”; avanzar hacia la supresión de la dualidad monetaria; solucionar los déficits en la balanza de pagos; poner en explotación tierras ociosas y elevar los rendimientos agrícolas.
Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (2)
La primera parte de la nota, aquí.
Crisis, zigzags, avance de fondo hacia el mercado
En la primera parte de la nota hemos apuntado que cuando los países del bloque soviético pasaban, a comienzos de los 1990, rápida y abruptamente al capitalismo, en Cuba se mantuvo la centralización estatal de la economía. Sin embargo, desde mediados de esa década, en la isla hubo una alternancia entre centralización burocrática y medidas pro mercado. En esa alternancia subyace una lógica, determinada por la crisis y su relación con la gestión estatal burocrática, que es necesario explicar.
Antes de entrar en el tema, conviene hacer una precisión: cuando se habla de estancamiento y crisis de la economía de Cuba no se niegan los logros en salud y educación. Cuba cumplió con los objetivos del milenio de la ONU; tiene la tasa de mortalidad infantil más baja de América Latina, su tasa de mortalidad materna es una de las menores a nivel internacional; está ubicada en el puesto 14 a nivel mundial del índice de Educación Para todos; la expectativa de vida al nacer es de 79 años; su sistema de seguridad social es superior al de la mayoría de los países subdesarrollados; y ocupa el puesto 51 entre 187 países en lo que hace a desarrollo humano (Informe 2011, PNUD). Sin embargo, estas cifras no deben ocultar la gravedad de su situación económica y social. Después de todo, hasta las vísperas mismas de la caída de los regímenes stalinistas, muchos exhibían indicadores sociales más que aceptables en varios ítems. Pero sus economías estaban muy debilitadas, y terminaron colapsando.
«La verdad no importa, sólo cuenta la defensa del partido»

La nota crítica sobre la táctica de Trotsky del entrismo (aquí y siguientes) dio lugar a un áspero debate -puede verse en «Comentarios»- con un militante del PTS. Este sostuvo que mis críticas a Trotsky están tomadas de la tradición stalinista, y que son «una canallada», propia de un «charlatán», al que no le preocupa la organización de los trabajadores (esto en el marco de que el PTS me considera un «amigo del imperialismo»). De hecho entonces, nada nuevo en lo que respecta a los métodos de discusión que imperaron tradicionalmente en la izquierda, y que he tratado en otra nota (aquí). Como he argumentado antes, uno de los objetivos fundamentales que se busca con estas cosas es destruir moral y espiritualmente al oponente crítico. En esto rige la idea de que es preferible que un militante «se funda» (en la jerga, que deje de activar políticamente) a que continúe en las filas de un partido rival. O que se llame a silencio si es un crítico independiente. Esto no me lo han contado: lo escuché y vi en el PTS, allá por los fines de los años 1980. Agrego que cuando comencé a criticar estos métodos, me echaron rápidamente.















