Intelectuales y académicos por Scioli, contra el voto en blanco
Por estos días recibí un mail enviado por la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, con la resolución de su Consejo Directivo llamando a apoyar a Scioli en el balotaje. En ella se alerta sobre el riesgo “del retorno a políticas neoliberales, privatistas y excluyentes de las mayorías populares”. Por eso decide convocar “a la comunidad educativa a defender las conquistas” y “alertar sobre probables políticas de ajuste y mercantilización, inspiradas por el explícito neoliberalismo de uno de los proyectos en pugna en el balotaje electoral”. Se trata, sigue el texto, del mismo neoliberalismo “que sumió en la pobreza material y cultural a millones de argentinos hasta llegar a la crisis sin precedentes de 2001”. Se informa también que la resolución tuvo el apoyo “de todas las expresiones políticas representadas, a excepción de los consejeros del Partido Obrero”.
También en la Universidad de Quilmes se hizo circular entre los alumnos y docentes un mail en el cual el Departamento de Economía y Administración convoca a apoyar al candidato oficialista. “[C]omo integrantes de la comunidad de profesores, investigadores, estudiantes, graduados, becarios y personal administrativo y de servicios de la Universidad Nacional de Quilmes, consideramos necesario manifestar públicamente nuestra posición sobre las perspectivas de país que se abren para los próximos cuatro años”, afirma. El eje del argumento es la mejora del presupuesto para las universidades, y la UNQUI en particular.
Relaciones sociales y el “giro a la derecha”
A partir del resultado de la elección del 25 de octubre, la caracterización, dominante en la izquierda es que el país ha virado a la derecha (aquí). La idea se presenta bajo diversas formulaciones. Una que goza de mucha aceptación, sostiene que el kirchnerismo perdió terreno porque derechizó su discurso y presentó un candidato “demasiado conservador e hijo del menemismo”. A su vez Macri habría tenido la habilidad de camuflar sus inclinaciones neoliberales, presentándose con rasgos continuistas y adoptando un discurso más estatista (por ejemplo, prometiendo que no reprivatizaría YPF).
Este análisis es común en la izquierda K. Allí se sostiene que Cristina Kirchner cometió un error táctico al elegir como candidato a Scioli; y que la manera de derrotar a Macri pasa por radicalizar el discurso pro-Estado, frente a la orientación pro-mercado de Cambiemos. Pero también sectores de la izquierda que llaman a votar en blanco comparten la matriz de ese análisis. Sostienen que las políticas estatistas –“precios cuidados”, subsidios, tarifas de servicios públicos controladas, cepo cambiario, retraso del tipo de cambio frente a la inflación, además de algunas estatizaciones- habrían sintetizado la fase “a la izquierda” del gobierno K, que ahora habría girado “a la derecha”, proponiendo a Scioli. Y este viraje habría servido en bandeja el triunfo a Cambiemos.
“Plan B de Varoufakis” y contradicciones del dinero (2)
La primera parte de esta nota, aquí
El equivalente en las economías atrasadas
Las limitaciones que tiene un sistema monetario autonomizado como simple promesa de pago se intensifican al tratarse de un país atrasado y dependiente. Al respecto, en Valor, mercado mundial y globalización, y después de señalar que la moneda nacional tiene un rol de equivalente parcial, planteaba que “la legitimidad como equivalentes de las monedas nacionales es puesta periódicamente entre signos de interrogación, en especial cuando se trata de equivalentes vinculados a ámbitos de valor sustentados en un bajo desarrollo de las fuerzas productivas. Esto explica que las monedas nacionales actúen como encarnación de valor en la medida en que están respaldadas por monedas ‘fuertes’, y en particular por la moneda que actúa como moneda internacional. Por eso, si bien la validación de los trabajos privados se realiza reduciendo las mercancías al equivalente nacional, este a su vez tiene que estar respaldado por la moneda mundial. (…) Las reservas internacionales constituyen el activo financiero de respaldo último de la base monetaria nacional; una moneda nacional respaldada exclusivamente en el crédito interno (títulos públicos) estaría sujeta al cuestionamiento y a crisis de confianza que harían imposible la acción de la ley del valor. En última instancia, cuando sucede esto, la moneda nacional es reemplazada por la moneda mundial, primero en sus funciones de reserva de valor y atesoramiento, luego como medio de pago y finalmente como medio de cambio”.
Coyuntura: ¿por qué “giro a la derecha”?
“El país gira electoralmente a la derecha”. Esta caracterización, que tomo del sitio web del Movimiento Al Socialismo, a la vista de los resultados electorales, está muy extendida en la izquierda. Pero… ¿por qué se caracteriza a Macri como la derecha de Scioli? ¿Qué hay distintivamente “de izquierda” en el kirchnerismo y Scioli con respecto a Cambiemos, cuando se considera el programa político global?
Por empezar, y a la luz de las experiencias pasadas, ¿no es necesario tener algo más de prudencia a la hora de caracterizar como “de izquierda” o “derecha” a candidatos, gestiones y programas? Por caso, en 1983 muchos de los que hoy argumentan acaloradamente que votar en blanco es “facilitar el camino de la derecha”, sostenían, con la misma vehemencia, que Luder (sí, el que pedía amnistía para los milicos del Proceso) y Herminio Iglesias encarnaban la “liberación nacional”, contra el candidato Alfonsín. Y en 1989 decían que el voto “contra la derecha” era Menem. Aunque en 1999 era a la Alianza (¿recuerdan las bondades que le atribuían a la “tercera vía”?) contra Menem. Y en 2003 lo “progresista” era Kirchner, que subía apoyado por Duhalde. Aunque en 2011 la derecha era Duhalde, frente a Cristina Kirchner. Con un agregado “de yapa”: el mismo “analista social” que recorrió todo este espinel de caracterizaciones, en 1973 me trataba de convencer de que el voto a Perón era de izquierda (después de que Lastiri y López Rega hubieran desplazado a Cámpora); y que en 1976 había un ala militar “progresista” frente al ala “ultra y fascista” de la dictadura. Pero sin llegar a los extremos de las piruetas mentales de la militancia, o ex militancia, PC, el enfoque está instalado: en cada coyuntura aparecen los más que sutiles análisis de las sutiles diferencias para establecer las improbables “líneas divisorias” entre las también sutiles “izquierda y derecha”. Y para abrir la puerta a los oportunismos de ocasión.
Del Caño y un análisis equivocado
“El kirchnerismo, con un candidato derechista, le abrió el camino a Macri”. “El kirchnerismo eligió a un candidato derechista, hijo político del menemismo que hace pocos días anunció un gabinete (con Sergio Berni o Alejandro Granados, entre otros) que tranquilamente podría ser nombrado por Mauricio Macri. Frente a esto no sabemos por qué muchos kirchneristas se sorprenden de los resultados que está logrando el PRO”. Son declaraciones de Del Caño -en Izquierda Diario http://www.laizquierdadiario.com/– adelantando un primer análisis de los resultados de la elección de ayer.
La declaración es significativa porque atañe a la caracterización de las tendencias de clase que están detrás de los dos candidatos que se enfrentarán en el ballotage. El diagnóstico de Del Caño está en consonancia con la caracterización más general que hace el PTS –pero también otras fuerzas de la izquierda- del kirchnerismo. La idea básica es que este sería un movimiento reformista burgués, inconsecuente y timorato para enfrentar “a la derecha, los grupos económicos y el imperialismo”, y que por lo tanto habría “claudicado” frente a estos enemigos. En el mismo sentido, se sostiene que el kirchnerismo reflejó “el ascenso de las luchas populares contra el neoliberalismo y la ruptura del 2001” (declaraciones de Bregman en la TV). Por eso, llegados al poder, los gobiernos kirchneristas aprovecharon los mayores márgenes de maniobra frente al imperialismo –posibilitados, en primer lugar, por la suba del precio de la soja- para conceder algunas mejoras a una clase obrera combativa y a los sectores más empobrecidos. Sin embargo, no rompieron con la dominación imperialista, y mantuvieron los numerosos compromisos contraídos por los gobiernos anteriores con el gran capital. De ahí el techo para la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera y los sectores populares, y la acumulación de desequilibrios que se hacen insostenibles.
Plan B Varoufakis y contradicciones del dinero (1)
Una de las creencias más difundidas en la izquierda de corte socialdemócrata o stalinista es que las reformas monetarias pueden brindar soluciones a los problemas de la economía capitalista y evitar los padecimientos que generan a las masas populares. La idea, por ejemplo, de que Grecia pueda salir de la crisis abandonando el euro y volviendo a su moneda, es representativa de esa tesis. En otras notas hemos explicado que esa medida no evitaría la devaluación de la eventual nueva dracma, esto es, la caída de salarios y condiciones de vida de las masas populares.
Sin embargo, existen versiones más sofisticadas de soluciones monetarias reformistas. Un ejemplo es el “plan B” para Grecia, que en su momento elaboró el ex ministro Yanis Varoufakis como alternativa al acuerdo que impuso la Comunidad Europea. Según lo revelado por la prensa, Varoufakis propuso que si el Banco Central Europeo cerraba el suministro de euros a los bancos griegos, el Banco de Grecia debería imprimir pagarés, que se hubieran asignado a los ciudadanos y empresas, de manera que el Estado pudiera utilizarlos para transferencias digitales. El primer ministro Tsipras admitió enseguida que el plan existió, pero aclaró que el mismo no implicaba abandonar el euro y que solo fue concebido para el caso en que se agravaran los problemas de liquidez. Se plantea entonces la cuestión (sugerida en “Comentarios” de este blog) de si puede haber una moneda puramente virtual; y si su creación puede ser una salida a las dificultades griegas.
¿Preeminencia de la política, o mandato de los inversores?
Una de las ideas más repetidas por funcionarios y defensores de los gobiernos kirchneristas fue que, a partir de 2003, “la política” (así, a secas) había pasado a dominar a la “economía” (también a secas). Una idea que pareció ser cierta durante la fase de ascenso del ciclo económico, y la mejora de los términos de intercambio, ocurrida en la primera década de los 2000. Aunque la “preeminencia de la política” mostró sus lagunas-por caso, la inflación no pudo ser manejada a voluntad por la política gubernamental- los años de crecimiento alimentaron la ilusión de que la política de Estado podía superar la restricción de lo económico. Sin embargo, el estancamiento que sufre la economía desde hace cuatro años, combinado con problemas crecientes –caída de las reservas internacionales y endeudamiento a tasas insostenibles, entre otros-, y la propuesta económica del mismo candidato del oficialismo, desnudan la vaciedad del discurso que anunciaba que, gracias al gobierno Kirchner, la política domina a la economía.
El programa del oficialismo
Efectivamente, lo que adelanta Daniel Scioli en reuniones con empresarios e inversores tiene el sello del peso determinante de lo económico: “Vamos a generar un clima inmejorable de negocios”, prometió en el coloquio de IDEA. Luego, en un encuentro con el fondo Greenmantle, dijo que iba a negociar con los fondos buitres, “pero no voy a pagar de más”. Declaraciones que están en línea con lo que habían manifestado algunos de sus colaboradores, el gobernador Juan Manuel Urtubey y los economistas Miguel Beim y Mario Blejer. En EEUU Urtubey afirmó que hay que arreglar con los holdouts, que es necesario normalizarse el INDEC, y que Argentina tiene que volver al mercado de capitales. De regreso en el país, ratificó sus declaraciones, y fue amparado por Scioli.
Pobreza K y el yelmo de niebla
La cuestión de cuánta pobreza hay en Argentina sigue metiéndose en los debates de campaña electoral. Es que todo indicaría que el índice de pobreza, medido según los criterios del viejo INDEC, estaría cercano al nivel de los finales del gobierno de Menem (que era del 27%). De ahí el empeño kirchnerista de tapar el asunto. Así, el 26 de marzo pasado el ministro Kicillof declaró que “no tengo el número de pobres, pero me parece una medida bastante estigmatizante”. Luego, a mediados de septiembre, y en respuesta al amparo que presentó la diputada Victoria Donda para que la Justicia ordenara al Gobierno difundir los datos de pobreza, el ministro dijo: “Si quiere [Donda] salir en los diarios, que se ponga plumas, se vista de algo, grite”. Y cuando la jueza María José Sarmiento dio lugar al pedido de Donda, la Dirección de Legales del Ministerio de Economía respondió que no podía entregar los datos porque no se mide la pobreza desde finales de 2013.
Pues bien, dado que en muchos círculos se asocia a Kicillof con las ideas de Marx, es conveniente refrescar la importancia que este último daba a las estadísticas sociales, y a la honestidad intelectual y valentía moral con que se elaboren. En el Prólogo de la primera edición de El Capital, escribía:
La internacionalización de la economía en perspectiva
En los últimos años se ha señalado, repetidas veces, que la economía argentina se ha extranjerizado. Por ejemplo, hace algunos años Pablo Manzanelli y Martín Schorr escribían en Página 12: “En cuanto al nivel de extranjerización, en 1993 un cuarto de las 200 empresas más grandes del país eran controladas por el capital extranjero y explicaban el 23 por ciento de las ventas totales. Tras el intenso proceso de desnacionalización del entramado empresario en la década de 1990 y su consolidación en la posconvertibilidad, en 2009, 117 compañías transnacionales pasaron a ocupar el ranking de las 200 líderes, alcanzando a representar más de la mitad de la facturación.
Si bien las inversiones foráneas se expanden a lo largo del tejido económico, es muy acentuada en los mercados con ventajas comparativas y/o institucionales de privilegio, que son los más beneficiados durante la posconvertibilidad. Tales son los casos de las ramas asentadas en el procesamiento de recursos básicos con escaso grado de transformación local como minería, hidrocarburos, agroindustria, commodities industriales y la armaduría automotriz” (“Dolores de la posconvertibilidad”, 30/01/12). Schorr enfatizó el punto en el debate que tuvimos sobre los legados del gobierno K (aquí).















