Corrijo un error
En alguna entrada anterior cité el siguiente pasaje de la nota “Entre el ajuste unidimensional y su negación, se refuerza la grieta”, del profesor Andrés Ferrari Haines UFRGS, Brasil, publicada en El Cronista: “Entre 2005-2015 el saldo comercial externo fue negativo en casi 9000 millones de dólares…” (https://www.cronista.com/columnistas/Entre-el-ajuste-unidimensional-y-su-negacion-se-refuerza-la-grieta-20180704-0102.html)).
Pues bien, en esta breve entrada explico que cometí el error –el grave error- de dar por buena esa información, a pesar de que contradecía los datos que manejaba hasta ese momento. De hecho, pensé que el dato sobre el saldo comercial externo que presentaba el profesor Ferrari Haines era producto de las revisiones que tuvo que hacer el INDEC, ante la manipulación de datos de la administración K. Sin embargo, y debido a algunas observaciones de lectores del blog, volví a mirar los datos del INDEC y no encuentro la forma en que Ferrari Haines llega a esa cifra de 9.000 millones de dólares en negativo. La realidad es que, incluso con los datos revisados, el saldo de bienes y servicios fue positivo, si bien de manera decreciente, entre 2006 y 2014. Solo en 2015 pasó a ser negativo por 4312,2 millones de dólares (este negativo surge a partir de las correcciones del INDEC, veáse más abajo).
Sí fue negativa –y crecientemente negativa- la balanza de servicios. En 2006 fue negativa por 763 millones de dólares, y en 2015 por 5815 millones (y se agravó en los dos años siguientes, llegando en 2017 a 9778 millones de dólares). En los 10 años entre 2006-2015 el déficit acumulado fue de 26.620 millones de dólares. Lo cual explica, en buena parte, el deterioro de la balanza de cuenta corriente, que pasó a ser negativa desde 2010.
Corrijo entonces el error que cometí al citar acríticamente la nota publicada en El Cronista. Termino con dos palabras sobre los datos del comercio exterior del INDEC. El problema estuvo en la diferencia entre los que se conoce como Intercambio Comercial Argentino (ICA) y la Base Usuaria (BU). Por lo general, hay pequeñas diferencias entre estas dos estadísticas, aunque la BU es más exacta que el ICA. Sin embargo, a partir de 2013 comenzó a haber más y más discrepancias. El ICA daba resultados mucho mejores de la balanza comercial que la BU. Así, según ICA, en 2013 la balanza comercial tenía superávit por 8000 millones de dólares y la BU por 3000 millones. En 2014 las cifras respectivas fueron 6654 millones y 2100 millones. Y en 2015 ICA daba + 1800 millones y BU – 1700 millones de dólares. En 2016 el INDEC revisó hacia la baja las cifras del comercio exterior entre 2010 y 2015. Son los datos que figuran actualmente, y que debería haber chequeado antes de citar la nota de Ferrari Haines.
Inversión, gasto público y keynesianismo izquierdista
Días atrás un lector del blog me pidió opinión acerca de “La falacia de la escasez”, una nota de Claudio Scaletta publicada en Página 12 el19/08/18 (véase https://www.pagina12.com.ar/136169-la-falacia-de-la-escasez). La idea central del artículo es que se puede sostener la demanda mediante el crédito bancario y el gasto estatal financiado con emisión monetaria.
Si bien en otras entradas ya critiqué estas ideas, vale la pena ampliar los argumentos y refrescar algunos conceptos. Pero con el objetivo de hacer una crítica “interna” al planteo de Scaletta, en lo que sigue intentaré demostrar que lo suyo es insostenible incluso desde el punto de vista de la teoría de Keynes. Empiezo presentando su argumento.
Inversión, ahorro y gasto público, según Scaletta
Según Scaletta, el keynesianismo no solo afirma que el gasto público puede complementar la demanda, sino también sostiene que no hace falta ahorrar antes de invertir, ya que la inversión es la que determina el ahorro. Para explicar cómo es esto, hace la analogía con el crédito bancario. Escribe: “Cuando un banco acredita un préstamo a un cliente, no se fija si horas antes por ventanilla entraron depósitos por un valor similar. En el momento de la acreditación del préstamo el banco “crea dinero” del que sólo debe tener, por regulación, el porcentaje del encaje que le exige el Banco Central. Esa creación de dinero crea demanda en el mercado, demanda que impulsa la actividad económica”. Lee el resto de esta entrada »
Argentina: tipo de cambio y desarrollo deformado
En la nota anterior (aquí) planteé que en las últimas décadas, en Argentina, asistimos a una alternancia de períodos de tipo de cambio real alto y bajo, que fueron mediados por profundas crisis cambiarias y financieras. En esta nota se relacionan estas alternancias con un desarrollo económico profundamente deformado (la presentación completa se puede encontrar en los capítulos 10 y 11 de Economía política de la dependencia y el subdesarrollo, Universidad Nacional de Quilmes, 2013).
Condiciones de partida
Para empezar, digamos que la acumulación de capital –o, para simplificar, la inversión- está determinada, en lo esencial, por las perspectivas de ganancia de los capitalistas. A lo que se suma el “clima de negocios” (para usar una expresión keynesiana), que en términos marxistas podemos resumir en las condiciones generales –sociales y políticas- que garanticen la explotación de la fuerza de trabajo. Lee el resto de esta entrada »
La crisis y el tipo de cambio en perspectiva
En esta nota quiero presentar la actual suba del tipo de cambio (desde fines de agosto de 2017 al día de hoy el dólar pasó de costar $17,6 a $38) en perspectiva, y destacar algunas de las consecuencias de la crisis en curso.
Alternancia de tipos de cambio real altos y bajos
En las últimas cuatro décadas, por lo menos, en Argentina se ha asistido a una marcada alternancia de períodos de tipo de cambio real alto y tipo de cambio real bajo (sobre tipo de cambio real, aquí). A grandes trazos, podemos decir que bajo el ministerio de Martínez de Hoz (1976-1981) se asistió a un período de tipo de cambio bajo. Pero entre 1980 y 1981 el déficit de cuenta corriente, en términos de PBI, llegó casi al 6%. Esta situación llevó a una fuerte crisis cambiaria a comienzos de 1981 (entre enero de ese 1981 y enero de 1982 el dólar pasó de de $2038 a $10.300). Se pasó entonces a un período de tipo de cambio alto, que permitió mejorar la situación externa. Sin embargo, la espiral de devaluaciones y subas de precios y salarios desembocó en la hiperinflación. Y la hiperinflación legitimó, ante la opinión pública, la Convertibilidad. Básicamente consistía en utilizar el tipo de cambio fijo como ancla para frenar la inflación. El peso entonces se apreció, afectando negativamente al sector externo. Así, en 1994 y luego en 1998 la balanza de cuenta corriente tuvo déficits superiores al 4% del PBI; y entre 1998 y 2001 el déficit anual promedio fue del 3%. De conjunto, entre 1991 y 2000 el déficit promedio de la cuenta corriente fue de 8470 millones de dólares anuales. Lee el resto de esta entrada »
Ante la crisis, ¿Asamblea Constituyente?
Ante la crisis económica y las investigaciones de corrupción, algunos partidos de izquierda piden la salida del gobierno de Cambiemos, de los gobiernos provinciales, y la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Según este planteo, una AC debería, entre otras medidas, dejar de pagar la deuda; estatizar la banca, el transporte, las empresas energéticas; e imponer el control obrero. O sea, aplicar un programa de transición al socialismo.
Históricamente, la demanda de convocar a una AC ha sido una consigna que los socialistas levantaron frente a regímenes dictatoriales. Pero, ¿cuál es el sentido de convocar a una AC cuando existe un régimen democrático-burgués y regularmente se realizan elecciones? Además, en Argentina más del 90% de los votos van a partidos enemigos del socialismo, y de cualquier transformación social profunda. Más aún, en las elecciones sindicales los trabajadores votan, regularmente, a dirigentes que defienden al sistema capitalista (el apoyo a la izquierda marxista es minoritario). ¿Por qué cambiaría esta situación con una AC?
Para hacer más concreto el tema, veamos la cuestión del control obrero. Como he mencionado, se sostiene que una AC debería implantar el control obrero sobre la banca, el comercio exterior y otros resortes fundamentales de la economía. Sin embargo, la mayor parte de los sindicatos están dominados por burócratas, vinculados por innumerables lazos con la clase capitalista y el Estado. ¿Cómo se puede implantar el control obrero en estas condiciones? Si no existe movilización revolucionaria, una estatización “con control obrero” no será otra cosa que una estatización con colaboración de la burocracia sindical con la clase dominante. Todo lleva a la misma conclusión: es imposible aplicar un programa de transición al socialismo “desde arriba”, desde una institución de la democracia burguesa.
Sin embargo, frente a estas objeciones, algunos argumentan que la AC debería ser impuesta “mediante la lucha”. Pero el carácter de clase de las instituciones del Estado no depende de la correlación de fuerzas “en lucha”. Más de una vez las masas, con sus movilizaciones, obligaron a renunciar a gobiernos, nacionales o provinciales, pero en la medida en que no quebraron el poder de la burguesía, se quedaron con las manos vacías. De ser necesario, la clase dominante cambia figuritas en las cumbres para que todo siga igual en las profundidades de las relaciones sociales. El llamado a una AC no puede modificar esto.
Solo si las masas trabajadoras quiebran el monopolio del poder estatal, que está en manos de la burguesía, podrán abrir el camino a transformaciones revolucionarias.
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TMM y curanderismo social
En el escrito “La izquierda necesita aprender de la Teoría Monetaria Moderna”, http://eduardogarzon.net/la-izquierda-necesita-aprender-de-la-teoria-monetaria-moderna/, Eduardo Garzón escribe:
“Desgraciadamente la inmensa mayoría de los pensadores progresistas –incluyendo especialmente a los economistas– han absorbido hasta la médula las falsas creencias liberales en relación a la naturaleza y funcionamiento del dinero, y esto hoy supone un enorme lastre a la hora de vislumbrar un modelo económico alternativo al actual. (…) La Teoría Monetaria Moderna es la cura que necesitamos para romper los esquemas que nos han impuesto y poder idear y desarrollar un proyecto económico más justo. ¿A qué se debe que la izquierda ande tan perdida en este tema? A que no es verdaderamente consciente del radical cambio que el sistema monetario mundial experimentó en 1971”. Lee el resto de esta entrada »
Debate sobre la TMM: respuesta a Eduardo Garzón
La nota que publiqué de crítica a la Teoría Monetaria Moderna (aquí, aquí, aquí, aquí) fue respondida por Eduardo Garzón, “Réplica a la crítica de Astarita a la Teoría Monetaria Moderna” , http://eduardogarzon.net/replica-a-la-critica-de-astarita-a-la-teoria-monetaria-moderna/. En esta nota respondo a Eduardo Garzón.
Dinero, una relación social
EG comienza su crítica diciendo que, contra mi énfasis en que el dinero es una relación social, la TMM también sostiene que el dinero es una relación social, ya que expresa una interrelación entre personas al interior de la sociedad. O sea, mi crítica no tendría sentido.
Pues bien, tiene razón EG al decir que la TMM considera que el dinero expresa relaciones entre personas. Y de hecho, es lo que dije cuando me referí al bono de una cooperativa, al ticket de teatro, o cuando mencioné dones, regalos o dotes en sociedades primitivas. En todos estos casos están involucradas relaciones entre personas y, desde ese punto de vista, bien se puede afirmar que todas son relaciones sociales. En definitiva, si le doy un regalo a mi hijo, ese regalo también expresa una relación entre las personas de mi familia, y por lo tanto “es una relación social”. Lee el resto de esta entrada »
Un lector del blog, llamado Marcelo Bordas, respondiendo a la
En notas anteriores critiqué la táctica de grupos y dirigentes de izquierda, consistente en proponer “medidas solución”, aparentemente sencillas, a los padecimientos que provoca la crisis capitalista (desocupación, caída de los salarios, empobrecimiento de amplias capas), sin especificar las condiciones sociales y políticas para que puedan convertirse efectivamente en soluciones. Así, por ejemplo, frente a la crisis se propone que se prohíba por ley el aumento de la desocupación; que se repartan las horas de trabajo hasta acabar con el desempleo; que se establezcan por decreto los precios de los bienes salariales; o que se convoque a una Asamblea Constituyente (“con poder”, cómo no).
La inflación en el mes de agosto fue del 3.9%; el acumulado del año es 24,3%, y de agosto de 2017 a agosto de 2018 la inflación fue 34,4% (Indec). Las subas salariales en 2018, y hasta agosto, habrían rondado el 20% (los datos del Indec sobre salario son hasta junio). La inflación pronosticada para septiembre estaría entre el 5 y 6%. Para el año, la inflación estaría por encima del 42%. Todo indica que los salarios, en el curso de 2018, crecerán muy por debajo de esa cifra. Y en todo caso, si la lucha de clases arranca aumentos salariales, lo más probable es que sigan subiendo los precios y el dólar. O sea, la respuesta del capital y el Gobierno apunta a derrotar a la clase obrera amenazando –además del desempleo- con una espiral de subas de precios y del tipo de cambio.














