Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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«La verdad no importa, sólo cuenta la defensa del partido»

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La nota crítica sobre la táctica de Trotsky del entrismo (aquí y siguientes) dio lugar a un áspero debate -puede verse en «Comentarios»- con un militante del PTS. Este sostuvo que mis críticas a Trotsky están tomadas de la tradición stalinista, y que son «una canallada», propia de un «charlatán», al que no le preocupa la organización de los trabajadores (esto en el marco de que el PTS me considera un «amigo del imperialismo»). De hecho entonces, nada nuevo en lo que respecta a los métodos de discusión que imperaron tradicionalmente en la izquierda, y que he tratado en otra nota (aquí). Como he argumentado antes, uno de los objetivos fundamentales que se busca con estas cosas es destruir moral y espiritualmente al oponente crítico. En esto rige la idea de que es preferible que un militante «se funda» (en la jerga, que deje de activar políticamente) a que continúe en las filas de un partido rival. O que se llame a silencio si es un crítico independiente. Esto no me lo han contado: lo escuché y vi en el PTS, allá por los fines de los años 1980. Agrego que cuando comencé a criticar estos métodos, me echaron rápidamente.

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20/12/2014 at 11:54

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Respuesta a crítica de Democracia Socialista

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Democracia Socialista publicó una crítica a mi crítica del Programa de Transición, un “Prólogo al prólogo”, en referencia a la nota anterior que publiqué en este blog (ver aquí; la crítica de DS en http://www.democraciasocialista.org/?p=3908). El centro de la crítica que me hace DS está contenido en el siguiente pasaje:

“El enfoque transicional, para nosotros es, más sencillamente, un intento de articular las reivindicaciones de masas en una proyección de radicalización progresiva en el terreno de la conciencia y de la práctica de lucha. La cuestión del agua o del gas en Bolivia, por ejemplo, durante los enormes procesos de lucha que atravesaron a ese país a principios de siglo, planteaban todos los problemas de la soberanía nacional, del control y de la gestión popular. Es decir, cumplían como tales el rol de consignas “transitorias”. En los países donde la reforma agraria es una cuestión central, como Brasil, la cuestión de las ocupaciones de tierras tiene también un alcance “transicional”. Las ocupaciones no son, como tales, incompatibles con el sistema, pero, en el marco de la actual economía capitalista globalizada, constituyen puntos de desequilibrio incontestables. “Detrás del sistema de las reivindicaciones transitorias lo que está en juego es lo siguiente: una acumulación de experiencias sociales que desestabilicen el sistema, indiquen otra organización económica y social y demuestren el potencial de los y las asalariadas en esta perspectiva. Gramsci abordaba esta cuestión con su concepto de “hegemonía político- ética”. La clase oprimida debe conquistar posiciones en el seno de la sociedad antes de conquistar el poder político. En una situación normal, desde luego, esto no deja de ser propaganda y experiencias de un alcance limitado. Pero en una situación de aceleración social esto se integra en un periodo preparatorio de la conquista del poder político” (Sabado, 2006)”.

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31/10/2014 at 10:46

No al Copyright de los escritos de Marx y Engels

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A partir de una denuncia que me hizo llegar el compañero Jorge Altamira, reproduzco la petición que está circulando para impedir que se privatice el acceso en línea a las obras de Marx y Engels.

El texto que sigue está tomado de http://www.change.org/petitions/lawrence-wishart-no-copyright-for-marx-engels-collected-works, y la petición ha sido lanzada por Ammar Aziz, de Lahore, Pakistán. Dice:

“Es inmensamente irónico que una empresa editora privada esté reclamando el copyright (esto es, derechos de autor) de las obras reunidas de Karl Marx y Federico Engels, los filósofos que escribieron a lo largo de todas sus vidas contra el monopolio del capitalismo y su origen, la propiedad privada.

Marxists Internet Archieve es un archivo público internacional que permite el libre acceso a un amplio número de escritos históricos y académicos acerca del marxismo, en múltiples lenguages. Lawrence & Wishart es una casa editora privada británica que reclama la tenencia de los derechos de autor de las obras de Marx y Engels. Durante los últimos años en el Marxists Internet Archeive (MIA) millones de personas han leído los Marx Engels Collected Works. A pesar de eso, ahora la empresa editora privada Lawrence & Wishart -que gusta presentarse a sí misma como una “empresa radical”, proclamando vínculos históricos con el Partido Comunista de Gran Bretaña-, ha direccionado el MIA para borrar todos los textos provenientes de los Marx Engels Collected Works (MECW).

Si esto ocurriera, MECW ya no serán accesibles gratuitamente desde Internet, a partir del 30 de abril de 2014, y esto representará una gran pérdida para los estudiosos y activistas políticos que continuamente utilizan esta fuente académica libre.

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28/04/2014 at 14:27

Represión burguesa, Marx y el «Estado libre»

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEl apoyo de amplios sectores de la izquierda latinoamericana a la represión que ha desatado el Gobierno chavista reactualiza el debate acerca de la actitud de los socialistas ante el Estado burgués y el aparato represivo. En la izquierda actualmente está muy establecida la idea de que es beneficioso para la clase trabajadora que exista un Estado “fuerte”, capaz de guiar a la economía hacia alguna forma de “socialismo de Estado bonapartista”, para usar la expresión de Lenin. Se piensa que el capitalismo “popular”, o guiado por el Estado, legitima y demanda un aparato represivo poderoso y consolidado. Por eso, y bajo el argumento de “combatir a la derecha”, se aplauden medidas represivas que van desde la restricción de libertades y derechos elementales, hasta las detenciones masivas, la tortura y el asesinato de manifestantes opositores. De ahí también el rol que tienden a jugar, en este tipo de regímenes, las fuerzas armadas y sus estructuras de mando.

Por supuesto, hay matices. Algunos están más curtidos en estas lides, otros andan «tragando sapos” (en Argentina, ley anti-terrorista, Milani, Proyecto X; en Venezuela, el menú no es para estómagos delicados). Para la militancia PC, por ejemplo, que supo aplaudir inmundicias como los campos stalinistas de exterminio, o los aplastamientos soviéticos sobre Berlín, Hungría o Checoslovaquia, lo que hacen hoy Al Assad en Siria, o Maduro en Venezuela, son apenas “detalles”. Otros, más prudentes, rechazan estos extremos. Pero todos están unidos por la convicción de que para avanzar hacia alguna forma de sociedad más justa, es necesario “poner rudamente en vereda” a los díscolos y rebeldes, así estos se cuenten por millones. Y para eso, nada mejor que un Estado poderoso.

A su vez, en la mayoría de la opinión pública está arraigada la idea de que la orientación estatal-represiva constituye la quintaesencia del “socialismo científico” de Marx y Engels. A ello han contribuido tanto la literatura teórica stalinista (pensemos en los tradicionales manuales que editaba la URSS), como el discurso de la derecha neoliberal, empeñado en atribuir a la obra de Marx y Engels la inspiración última del Muro de Berlín, de los campos de concentración de Corea del Norte o de la represión de cualquier régimen al estilo Al Assad o Chávez.

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Acerca de la crítica marxista del capitalismo

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesLa nota anterior, “Capitalismo, manifestaciones, programa”, dio lugar a dos tipos críticas opuestas. Desde la derecha, se sostuvo que Marx y los marxistas estamos equivocados al realizar una crítica al sistema capitalista, ya que éste habría sido el modo de producción más dinámico de la historia. Y desde la izquierda, se planteó que las actuales luchas ocurren porque no hubo desarrollo capitalista, y que mi enfoque no es consistente con una crítica marxista del capitalismo. De manera que ambas parecen coincidir en sostener que la crítica del marxismo al capitalismo se sostiene en la creencia de una suerte de estancamiento, o postración crónica, de este sistema. En lo que sigue argumento que estas objeciones pasan por alto una temática que es constitutiva del enfoque marxista, y de su crítica al capitalismo.

Diversos socialismos

Empecemos aclarando que el socialismo “a lo Marx” es sólo una de las varias especies de socialismo que han existido a lo largo de la historia. Por eso, en El Manifiesto Comunista, Marx y Engels delimitaron su “socialismo científico” del “Socialismo reaccionario” -dentro del cual distinguieron asimismo al “Socialismo feudal”, al “Socialismo pequeño burgués”, y al “Socialismo germano, o verdadero socialismo”-, del “Socialismo conservador o burgués” y del “utópico”. Explicaron entonces que los socialismos feudal y pequeño burgués constituían expresiones de clases sociales afectadas por el avance del sistema capitalista; y que el socialismo burgués reflejaba las aspiraciones de fracciones de la inteligentsia burguesa, y similares, de remediar males propios del sistema capitalista, sin acabar con el capitalismo. En cuanto a los socialistas utópicos, eran la expresión de la lucha entre la burguesía y el proletariado, pero en el período de desarrollo incipiente del capitalismo. En escritos posteriores también se refirieron a los socialistas “estatistas”, quienes pensaban que las nacionalizaciones del ferrocarril en Prusia, o los emprendimientos ferroviarios del Estado belga, eran medidas socialistas.

Pues bien, con las adaptaciones necesarias, se podría decir que buena parte de lo planteado por Marx y Engels se aplica a muchas corrientes que actualmente reivindican alguna forma de socialismo. Por ejemplo, es muy común encontrar variantes del socialismo pequeño burgués, que centran su crítica “en los grupos concentrados”, “en los monopolios” o “en el capital financiero”. Formulaciones similares encontramos en el socialismo burgués (por caso, ministros burgueses que posan de “marxistas” y despotrican contra “los grupos concentrados”). Y también subsisten formas de socialismo precapitalista, como se ha visto en regímenes teocráticos tercermundistas. Además, están los socialismos estatistas, tanto en las variantes del capitalismo de Estado -fuertemente sesgados al nacionalismo-, como en los regímenes de corte stalinista, que hemos tratado en diversas notas de este blog.

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Lucha política y ciencia en Marx

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn los últimos tiempos, entre la intelectualidad progresista y de izquierda, ha cobrado vuelo un viejo criterio de argumentación, del cual deberían diferenciarse los marxistas. El mismo viene a decir que en la lucha política el criterio para aceptar o rechazar determinado dato o argumento es preguntarse si el mismo es funcional, o no, a la defensa de la posición política a la que se adhiere.
O sea, no importa la verdad científica, sino la verdad “de partido”. Hace poco, un intelectual, partidario del gobierno K, me lo explicaba: cuando le presentan un hecho, o un argumento, se pregunta sobre su “sentido o direccionalidad general” en relación al gobierno. Esto es, se interroga sobre si el argumento, o la difusión del dato, perjudica o fortalece al gobierno, y en base a esto, lo acepta, o lo rechaza y hasta combate.

Por supuesto, en esta toma de posición cuenta, y de manera fundamental, quién es interlocutor. De ahí que la respuesta se desliza, rápidamente, al cuestionamiento “ad hominem”; la clave no pasa por examinar el dato, o el argumento, sino a quién lo esgrime. Los hechos del pasado se miden con la misma vara; si un dato histórico debilita “el relato”, se lo pasa por alto, o se busca cualquier excusa (del tipo “los Kirchner apoyaron al menemismo porque desplegaban una táctica de astuta infiltración en el peronismo”; “Gerardo Martínez colaboró con la dictadura militar porque era joven”, etc.). Digamos que los críticos del gobierno proceden, en su mayoría, más o menos de la misma forma. Los datos objetivos son secundarios frente a la necesidad de defender determinada postura política (todo esto se puede conectar con la idea de que “no hay verdades objetivas”, porque toda realidad es “discursiva”).

Debemos admitir, además, que este criterio también está difundido, en algún grado, entre los marxistas. Hace casi 30 años, un dirigente de una organización de izquierda, que no era stalinista, y que escribía en el periódico partidario, me lo explicaba con todas las letras (y un toque de cinismo): “no tengo pruritos en mentir, o en ocultar información, si se trata de defender la línea del partido. Sólo publico los hechos que encajan con el programa y las campañas de agitación votadas por el Comité Central. Más precisamente, soy un escriba del Comité Central, porque la organización está por encima de mis veleidades intelectuales y de los personalismos”. En fin, toda una explicación “bolchevique y proletaria”. Su justificación más “de fondo” (para llamarla de alguna manera) era que en tanto la mentira, o el ocultamiento, sirvieran para hacer progresar la táctica del partido, eran admisibles, y hasta necesarios.

Por otra parte, esta manera de encarar las cosas estuvo, y sigue estando, muy extendida entre los stalinistas. El resultado, invariablemente, fue tapar, disimular o defender cualquier inmundicia, desde “Juicios de Moscú”, campos de concentración y asesinato de trotskistas y anarquistas, hasta personajes lúmpenes y corruptos de gobiernos capitalistas. Todo en aras del “sentido general”, a través del cual se filtran hechos, argumentos, historias y datos. Por supuesto, en este marco, las piruetas políticas están a la orden del día; siempre se pueden explicar por “los avances tácticos alcanzados», encuadrados en la “estrategia general”.

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20/06/2013 at 16:23

Corrupción y capitalismo (2)

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Rolando Astarita [Blog] Marxismo & Economía El paro general del juevesContinuación de la parte (1)

Estado, capital en general y capitalistas

La posibilidad de que la corrupción se transforme en una palanca de acumulación reconoce un anclaje, en última instancia, en la contradicción que existe entre las funciones del Estado, en tanto representante de los intereses del capital “en general”, por un lado, y los intereses de los capitales particulares, por el otro. Es a través de esta articulación específica que se despliegan las tensiones y conflictos en torno a la problemática de la corrupción.

El enfoque teórico más general de lo que sigue es tributario de la “escuela de la derivación”. La idea es que las leyes del movimiento del modo de producción capitalista, que actúan como tendencias, se relacionan siempre con el capital social total; pero éste sólo existe bajo la forma de capitales particulares, los cuales necesitan las condiciones materiales adecuadas para desplegar el proceso de valorización. El problema es que muchas de esas condiciones no pueden ser creadas por los capitales en particular; a veces, porque se trata de actividades que no rinden beneficios, otras veces porque no tienen la envergadura necesaria para encararlas, o por otras razones. “Se requiere entonces una institución especial que no esté sujeta a las limitaciones del propio capital, una institución cuyos actos no estén determinados así por la necesidad de producir plusvalor, una institución que es especial en el sentido de estar ‘junto a la sociedad burguesa y el margen de ella’ (Marx y Engels)” (Altvater, p. 91).

Esta institución es, por supuesto, el Estado; “una forma específica que expresa los intereses generales del capital” (idem, p. 92). Por eso, el Estado, junto a la competencia, “es un momento esencial en el proceso de reproducción social del capital” (idem), que por su naturaleza tenderá a expresar los intereses del capital en general. Pero esto no ocurre libre de contradicciones, ya que “el capital en general” solo existe a través de la guerra competitiva de los capitales singulares. De aquí que haya múltiples fuentes de tensiones. Por caso, el Estado requiere trabajo burocrático (además del ideológico y represivo) que implica gasto improductivo. Ello implica un drenaje de plusvalía (a través de los impuestos), que cada capital en particular intentará reducir al máximo, pero que en interés del capital en general, no pueden bajar de ciertos mínimos. Asimismo, en muchas ocasiones el Estado debe garantizar los intereses generales, por sobre intereses particulares. Por ejemplo, cuando impone reglamentaciones por las “deseconomías externas” que generan determinadas actividades (por caso, contaminación ambiental). Y a veces, debe imponerse sobre el conjunto del capital, para defender el interés de este mismo capital en general. Para dar un ejemplo histórico, en los orígenes del capitalismo industrial el afán desmedido de ganancias y la explotación pusieron en peligro la existencia misma de la clase obrera, por lo cual el Estado británico impuso restricciones (a la jornada laboral, al trabajo infantil, etc.), a fin de preservar a “la gallina de los huevos de oro”.

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08/05/2013 at 13:05

Corrupción y capitalismo (1)

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Rolando Astarita [Blog] Marxismo & Economía El paro general del juevesEn las últimas semanas la corrupción ha vuelto al primer plano de la atención pública, a partir de las denuncias realizadas por Jorge Lanata y su equipo de “Periodismo para todos”. Como no podía ser de otra manera, las opiniones están muy polarizadas. La oposición burguesa y los críticos del gobierno sostienen que la corrupción existe y está muy extendida, y es la causa última de los altos niveles de pobreza, la falta de obras de infraestructura y otros problemas. Los K-defensores y el gobierno, por el otro lado, minimizan el problema, o desvían la discusión. Algunos afirman que la corrupción no existe, o es despreciable (“están buscando el pelo en el huevo”); otros recurren al cómodo argumento de “no hay que hacerle el juego a la derecha” o “los que denuncian son desestabilizadores golpistas”. Y están los que, más o menos en privado, justifican el robo diciendo que es necesario hacerse de fondos para “enfrentar a los grupos concentrados” (también a la oligarquía, a los golpistas, etc.); o para generar una burguesía “antiimperialista”. Así, la corrupción podría llegar a ser una palanca del desarrollo nacional. Es un abordaje opuesto al que dice que la corrupción es la principal traba al crecimiento económico. En esta nota presento algunos elementos para ayudar al análisis y la reflexión. La he dividido en dos partes.

Relación histórica entre corrupción y desarrollo económico

La primera cuestión a señalar es que, contra lo que sostienen muchos, no existe una relación clara entre corrupción y desarrollo económico. Éste es un punto que establece con meridiana claridad Ha-Joon Chang (2009). Sostiene que países considerados muy corruptos, han tenido un desarrollo económico más elevado que otros con menos corrupción, y viceversa. También recuerda que hubo países que se industrializaron, a la par que “su vida pública fue espectacularmente corrupta”. Por ejemplo, en Gran Bretaña y Francia la venta de cargos públicos fue una práctica corriente hasta el siglo XVIII. En Gran Bretaña los ministros normalmente tomaban fondos públicos para su beneficio personal. En Estados Unidos el nepotismo dominaba la asignación de cargos públicos. También en Gran Bretaña y EEUU las elecciones eran claramente fraudulentas.

Desde el punto de vista teórico, el argumento central de Chang es que la corrupción genera transferencias de riqueza, pero esto no implica necesariamente estancamiento, ya que el desarrollo depende de si esas ganancias “sucias” se invierten, o no, en el país. Podemos decir que si bien el planteo debería matizarse -pueden existir efectos negativos que Chang no considera-, socava la idea simplista, de Lanata, Carrió y tantos otros, de que basta con eliminar la corrupción para que haya desarrollo. En Argentina, en la época del tan elogiado (por los neoliberales) “modelo agroexportador”, la corrupción y el fraude en las elecciones eran la norma. Los negociados que se hacían con la obra pública, o la apropiación de tierras por parte de la elite gobernante, no tienen nada que envidiarle a lo que hizo el menemismo, o a lo que hacen los funcionarios K. Sin embargo, Argentina creció a altas tasas, hasta 1929. Es cierto que la economía argentina estaba atrasada con respecto a los países industrializados, pero esto no se debió a la corrupción.

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02/05/2013 at 12:15

Gerald Cohen acerca de los trabajadores «libres»

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Rolando Astarita [Blog] Marxismo & Economía El paro general del juevesEn una nota anterior me referí a lo que Marx consideraba el supuesto histórico del modo de producción capitalista, la existencia de trabajadores “libres” en dos sentidos: en que hubieran sido “liberados” de los medios de producción (en particular, los campesinos de sus lotes de tierra e instrumentos de trabajo), y que fueran libres de concurrir al mercado a vender su fuerza de trabajo. Muchas veces se piensa que la utilización por Marx del término “libre” en el primer sentido tiene una carga irónica. Sin negar que pueda haber algo de esto, lo esencial sin embargo es que el término parece vincularse con la idea de que el modo de producción capitalista cumple un rol progresivo con respecto a las formas de producción anteriores. Hasta donde alcanza mi conocimiento, el autor que mejor ha explicado la cuestión es Gerald Cohen, en “Marx’s Dialectic of Labor, Philosphy and Public Affairs, 1974, vol. 3, pp. 235-261. Dado que este aspecto del pensamiento de Marx es poco conocido, en esta nota resumo las ideas centrales del trabajo de Cohen. En este respecto, lo que sigue se inscribe en el propósito de este blog de promover el conocimiento y el debate de las ideas socialistas. Al finalizar, presento algunas conclusiones acerca del carácter contradictorio del sistema capitalista, y su relación con la crítica marxiana.

Un proceso dialéctico

Cohen comienza su artículo diciendo que en el Manifiesto Comunista Marx satirizó a aquellos que combatían el capitalismo en nombre de los valores tradicionales que estaba erosionando el modo de producción capitalista. Sostuvo que la respuesta de esos críticos era ciega a las posibilidades que crea el capitalismo, y que realiza parcialmente. A diferencia de los críticos románticos del capitalismo, Marx consideraba que entre los males de la sociedad capitalista existían aspectos positivos que deberían ser preservados y desarrollados en un futuro socialista. Para comprender esta cuestión, Cohen introduce la noción de proceso dialéctico.

Partiendo de Hegel, plantea que en algunos desarrollos se da un progreso a través de tres estadios: la unidad sin distinción, la separación y la unidad en la separación; y que esta secuencia es aplicable a muchas relaciones. Así, una persona puede estar relacionada con su esposa, su familia, su país, su trabajo, su rol, su cuerpo, etcétera, atravesando las tres actitudes. Por ejemplo, en el primer estadio (unidad) puede no distinguirse a sí mismo y lo que es para el otro con quien está relacionado. Luego, puede poseer un fuerte sentido de su otredad, de manera que la cosa o persona con la que se sentía fundido, ahora le parezca ajena a él (estadio de opuestos separados). Por último, puede tener ese sentimiento, pero encontrarlo compatible con un estrecho compromiso (estadio de reunión). Lee el resto de esta entrada »

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11/03/2013 at 09:00

Unidad de acción, diferenciación política y marxismo

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn esta nota amplío algunas cuestiones referidas a la táctica de unidad de acción, tratadas en otra nota (ver aquí). El disparador es una cuestión planteada por un compañero en “Comentarios” de este blog. El tema es si conviene que los marxistas participen en acciones unitarias con otras organizaciones políticas y sindicales, sin identificarse como marxistas. Pienso que la cuestión trasciende el cómo participar tácticamente en alguna marcha. Es que el problema de cómo intervenir en el movimiento de masas es uno de los más discutidos y difíciles que enfrentan las organizaciones revolucionarias. En ello están involucradas tanto cuestiones teóricas -análisis de coyuntura, objetivos programáticos, etc,- y tácticas, como las que atañen a las consignas de movilización y organización. Las formas de intervención de los socialistas se ubican en el plano de lo táctico, aunque se fundamentan en caracterizaciones más generales sobre las relaciones entre ideología, política y acciones de clase.

La intervención en un movimiento “ingenuo”

A grandes rasgos podemos decir que hubo, en el movimiento socialista, dos formas principales de intervención, que partieron de caracterizaciones muy distintas acerca de la situación del movimiento de masas. Una de ellas viene a decir que las masas trabajadoras son hasta cierto punto “ingenuas”; y que si bien pueden tener “ilusiones” en líderes burgueses, esas ilusiones serán superadas con la misma experiencia de lucha. Por lo tanto, los marxistas deberían acompañar la experiencia, pasando a un segundo plano críticas y planteos teóricos, o políticos, más generales. A lo sumo, se trataría de proponer alguna consigna un poco más radical, pero nada que apunte mucho más allá de lo que propone el movimiento, al que se concibe, en principio, como espontáneo.

Como lo demuestra la historia del movimiento socialista, esta tipo intervenciones tuvo, y tiene, muchas variantes. En el extremo, están aquellos militantes que se integran en organizaciones o partidos de masas para desarrollar “desde adentro” las experiencias y las luchas. Muchas organizaciones adoptaron esta política, a nivel mundial o en Argentina. Por ejemplo, los grupos que se disolvieron en los partidos Comunistas de masas, en los años 1950 y 1960, en la esperanza de radicalizarlos. O antes en los partidos socialdemócratas. También están los que entraron al partido Laborista inglés; o al Partido de los Trabajadores de Brasil, en los 1970 y 1980. En Argentina, el lugar preferido fue el peronismo; varios grupos hicieron entrismo en este movimiento, y también hubo muchos militantes independientes que trataron de llevar a cabo esta experiencia (ver aquí). Otra variante fue la apuesta a formar un partido “de los trabajadores”, con un programa más o menos indefinido, en la esperanza de que pudiera evolucionar hacia el marxismo, a partir de una experiencia en común con los socialistas revolucionarios. Los entrismos en el laborismo inglés, o en el PT de Brasil, tenían esta perspectiva.

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Written by rolandoastarita

24/12/2012 at 14:08