Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Discusión sobre TTSN: no “embarren la cancha”

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En esta breve entrada vuelvo con el tiempo de trabajo socialmente necesario (TTSN), su relación con el valor y el trabajo potenciado. El motivo que me lleva a volver sobre el tema es que los defensores de la tesis de la transferencia, ante los argumentos que he presentado (ver aquí, aquí, aquí), están tratando de “embarrar la cancha”, o sea, de confundir a los que siguen esta polémica, para que no se entienda qué se discute. Ahora pretenden que no determinan el TTSN por promedios, por simple suma aritmética de tiempos de trabajo individuales. Para que cualquiera pueda juzgar, cito lo que escribió mi crítico Sebastián H. Solorza, en “Comentarios” de este blog:

Si una empresa requiere 10 horas para producir 6 mercancías, entonces el tiempo de trabajo necesario (TTN) de dicha empresa es de 1.6 horas por unidad. El tiempo de trabajo socialmente necesario (TTSN) es el tiempo que requiere la sociedad para producir una unidad. Si el tiempo total de trabajo social es de 100 horas y con ellas se produjeron 80 mercancías entonces la sociedad en su conjunto requiere 1.25 horas por unidad. ¿Acaso es tan difícil de entender esto? Cuando la empresa mencionada se dirige a vender sus 8 [debe decir 6] mercancías se percata que no puede hacerlo por 1.6 horas cada una (que es su TTN), sino que únicamente puede venderlas por 1.25 horas cada una (que es el TTSN). (Comentario 6/05/15).

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09/06/2015 at 12:06

Acerca de la crítica marxista del capitalismo

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesLa nota anterior, “Capitalismo, manifestaciones, programa”, dio lugar a dos tipos críticas opuestas. Desde la derecha, se sostuvo que Marx y los marxistas estamos equivocados al realizar una crítica al sistema capitalista, ya que éste habría sido el modo de producción más dinámico de la historia. Y desde la izquierda, se planteó que las actuales luchas ocurren porque no hubo desarrollo capitalista, y que mi enfoque no es consistente con una crítica marxista del capitalismo. De manera que ambas parecen coincidir en sostener que la crítica del marxismo al capitalismo se sostiene en la creencia de una suerte de estancamiento, o postración crónica, de este sistema. En lo que sigue argumento que estas objeciones pasan por alto una temática que es constitutiva del enfoque marxista, y de su crítica al capitalismo.

Diversos socialismos

Empecemos aclarando que el socialismo “a lo Marx” es sólo una de las varias especies de socialismo que han existido a lo largo de la historia. Por eso, en El Manifiesto Comunista, Marx y Engels delimitaron su “socialismo científico” del “Socialismo reaccionario” -dentro del cual distinguieron asimismo al “Socialismo feudal”, al “Socialismo pequeño burgués”, y al “Socialismo germano, o verdadero socialismo”-, del “Socialismo conservador o burgués” y del “utópico”. Explicaron entonces que los socialismos feudal y pequeño burgués constituían expresiones de clases sociales afectadas por el avance del sistema capitalista; y que el socialismo burgués reflejaba las aspiraciones de fracciones de la inteligentsia burguesa, y similares, de remediar males propios del sistema capitalista, sin acabar con el capitalismo. En cuanto a los socialistas utópicos, eran la expresión de la lucha entre la burguesía y el proletariado, pero en el período de desarrollo incipiente del capitalismo. En escritos posteriores también se refirieron a los socialistas “estatistas”, quienes pensaban que las nacionalizaciones del ferrocarril en Prusia, o los emprendimientos ferroviarios del Estado belga, eran medidas socialistas.

Pues bien, con las adaptaciones necesarias, se podría decir que buena parte de lo planteado por Marx y Engels se aplica a muchas corrientes que actualmente reivindican alguna forma de socialismo. Por ejemplo, es muy común encontrar variantes del socialismo pequeño burgués, que centran su crítica “en los grupos concentrados”, “en los monopolios” o “en el capital financiero”. Formulaciones similares encontramos en el socialismo burgués (por caso, ministros burgueses que posan de “marxistas” y despotrican contra “los grupos concentrados”). Y también subsisten formas de socialismo precapitalista, como se ha visto en regímenes teocráticos tercermundistas. Además, están los socialismos estatistas, tanto en las variantes del capitalismo de Estado -fuertemente sesgados al nacionalismo-, como en los regímenes de corte stalinista, que hemos tratado en diversas notas de este blog.

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Gerald Cohen acerca de los trabajadores “libres”

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Rolando Astarita [Blog] Marxismo & Economía El paro general del juevesEn una nota anterior me referí a lo que Marx consideraba el supuesto histórico del modo de producción capitalista, la existencia de trabajadores “libres” en dos sentidos: en que hubieran sido “liberados” de los medios de producción (en particular, los campesinos de sus lotes de tierra e instrumentos de trabajo), y que fueran libres de concurrir al mercado a vender su fuerza de trabajo. Muchas veces se piensa que la utilización por Marx del término “libre” en el primer sentido tiene una carga irónica. Sin negar que pueda haber algo de esto, lo esencial sin embargo es que el término parece vincularse con la idea de que el modo de producción capitalista cumple un rol progresivo con respecto a las formas de producción anteriores. Hasta donde alcanza mi conocimiento, el autor que mejor ha explicado la cuestión es Gerald Cohen, en “Marx’s Dialectic of Labor, Philosphy and Public Affairs, 1974, vol. 3, pp. 235-261. Dado que este aspecto del pensamiento de Marx es poco conocido, en esta nota resumo las ideas centrales del trabajo de Cohen. En este respecto, lo que sigue se inscribe en el propósito de este blog de promover el conocimiento y el debate de las ideas socialistas. Al finalizar, presento algunas conclusiones acerca del carácter contradictorio del sistema capitalista, y su relación con la crítica marxiana.

Un proceso dialéctico

Cohen comienza su artículo diciendo que en el Manifiesto Comunista Marx satirizó a aquellos que combatían el capitalismo en nombre de los valores tradicionales que estaba erosionando el modo de producción capitalista. Sostuvo que la respuesta de esos críticos era ciega a las posibilidades que crea el capitalismo, y que realiza parcialmente. A diferencia de los críticos románticos del capitalismo, Marx consideraba que entre los males de la sociedad capitalista existían aspectos positivos que deberían ser preservados y desarrollados en un futuro socialista. Para comprender esta cuestión, Cohen introduce la noción de proceso dialéctico.

Partiendo de Hegel, plantea que en algunos desarrollos se da un progreso a través de tres estadios: la unidad sin distinción, la separación y la unidad en la separación; y que esta secuencia es aplicable a muchas relaciones. Así, una persona puede estar relacionada con su esposa, su familia, su país, su trabajo, su rol, su cuerpo, etcétera, atravesando las tres actitudes. Por ejemplo, en el primer estadio (unidad) puede no distinguirse a sí mismo y lo que es para el otro con quien está relacionado. Luego, puede poseer un fuerte sentido de su otredad, de manera que la cosa o persona con la que se sentía fundido, ahora le parezca ajena a él (estadio de opuestos separados). Por último, puede tener ese sentimiento, pero encontrarlo compatible con un estrecho compromiso (estadio de reunión). Lee el resto de esta entrada »

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11/03/2013 at 09:00

El marxismo sin dialéctica

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A partir de las notas recientes sobre dialéctica aparecieron algunos comentarios que cuestionaron la utilización de la dialéctica en los análisis marxistas. El propósito de esta nota es mostrar que las críticas que se enviaron al blog se inscriben en una larga tradición que sostuvo que el marxismo debía ser depurado de la dialéctica. No pretende ser una revisión exhaustiva, sino ayudar a ubicar las características principales de esta tradición, y sus principales planteos, en la esperanza de que anime a los lectores a interesarse en estas cuestiones. Es a ese fin que cito una bibliografía bastante extensa, incluyendo algunos textos que defienden el punto de vista opuesto al de los autores críticos de la dialéctica. En futuras notas trataré en particular algunas de las cuestiones planteadas por el “marxismo sin dialéctica”.

El rechazo de la dialéctica en la Segunda Internacional

A pesar de que Marx planteó que la dialéctica hegeliana, despojada de su forma mistificada, había jugado un rol importante en su crítica de la sociedad capitalista (véase el Prólogo a la segunda edición alemana de El Capital), existe una larga tradición, dentro del marxismo, de rechazo de la dialéctica. Ya en la Segunda Internacional (fundada en 1889) se tendía a aceptar la dialéctica de palabra, pero se le veía poco significado. Es que, como observaba Korsch, los marxistas de principios de siglo pensaban que la discusión sobre las bases generales “metodológicas y gnoseológicas de la teoría marxista” era “totalmente irrelevante para la práctica de la lucha de clases del proletariado” (Korsch, 1971, p. 21). Luporini ha avanzado la hipótesis de que en esto puede haber incidido Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana de Engels, en el que a propósito del distanciamiento de Marx con respecto a la filosofía hegeliana se sostiene que el materialismo consiste en concebir al mundo “tal como se le presenta a cualquiera que lo contempla si quimeras preconcebidas”. Como señalaba Luporini, se trataba “en apariencia del retorno a la concepción del sentido común, teñida de alguna manera, de positivismo, de viejo positivismo” (Luporini, 1969, p. 11).  Y efectivamente, este sesgo lo podemos advertir en, por ejemplo, las polémicas de Lenin con los populistas. En respuesta al populista Mijailovsky, que había planteado que el marxismo basaba su argumento a favor en la tríada hegeliana de afirmación, negación y negación de la negación, Lenin escribe que “estamos ante la vulgar acusación de que el marxismo acepta la dialéctica hegeliana”. Agrega que se ataca a Marx “por la manera de expresarse” y “por la procedencia de su teoría”, y que, como lo había planteado Engels, el verdadero camino científico es “considerar la evolución social como un proceso histórico natural del desarrollo de las formaciones económico-sociales” (véase Lenin, 1969, pp. 174-176).

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10/02/2012 at 19:28

Dialéctica y dinero en Marx (2)

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El dinero en sus funciones

I Medida de valor, momento de la identidad

Tenemos entonces el primer escalón en el concepto del dinero: es el valor que ha alcanzado una existencia autónoma, es encarnación del valor. Es un resultado, o sea, tiene la mediación en su pasado, pero en este punto se convierte en un nuevo inmediato. Y este inmediato volverá a desplegarse a partir de este punto alcanzado, que es el primer momento, la primera función del dinero, medida de valores. Es una función que enlaza directamente con su concepto, que se explica por él, y debe estar en primer lugar porque es la condición sine qua non para la existencia de la mercancía. Por este motivo esta función ya está presentada en la explicación de la forma del valor. La explicación del capítulo 3 de El Capital de la función del dinero como medida de valor es una profundización de ésta: “La primera función del oro consiste en proporcionar al mundo de las mercancías el material para la expresión de su valor, o bien en representar los valores mercantiles como magnitudes de igual denominación, cualitativamente iguales y cuantitativamente comparables. (…) En cuanto medida de valor, el dinero es la forma de manifestación necesaria de la medida del valor inmanente de las mercancías: el tiempo de trabajo” (Marx, 1999, p. 115).

No se trata de un simple numerario, sino de una mercancía particular que se ha constituido en la expresión general del valor, y lo ha fijado, cristalizado. Ha pasado a encarnar valor, y las mercancías “…sin que intervengan en el proceso, encuentran ya pronta su propia figura de valor como cuerpo de una mercancía existente al margen de ellas y al lado de ellas” (Marx, 1999, p. 113).

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Dialéctica y dinero en Marx (1)

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En esta nota presento un texto que escribí hace ya algunos años, aunque con varias modificaciones. En alguna medida complementa las notas sobre dialéctica (1 y 2), ya que trata de mostrar cómo funcionan algunas figuras de la dialéctica en el debate sobre qué es el dinero. También aquí, dada la extensión, he dividido la nota en dos partes. La bibliografía citada va al final de la segunda parte.

Planteamiento del problema

Una de las mayores dificultades que enfrenta la economía neoclásica o keynesiana radica en la teoría del dinero. Una y otra vez los autores deben admitir esta situación. Por ejemplo, en el inicio de su libro El dinero, John Galbraith, economista keynesiano de renombre, constataba que las respuestas a la pregunta sobre “qué es exactamente el dinero… son invariablemente incoherentes” (p. 13). Decía también que los profesores de economía o materias que tienen que ver con el dinero empiezan sus explicaciones “con definiciones auténticamente sutiles… que se copian cuidadosamente, se aprenden fatigosamente de memoria y se olvidan con una sensación de alivio” (ídem). De todas maneras tranquilizaba al lector informándole que, después de todo, el dinero es lo que el lector siempre se había imaginado que era, a saber, “lo que se da o se recibe generalmente por la compra o la venta de artículos, servicios u otras cosas” (ídem). Pero reconocía a continuación que “las diferentes formas de dinero y lo que determina qué se puede comprar con él, es harina de otro costal”. Por su parte Arrow y Hahn, pilares del modelo neoclásico más elaborado sobre valor y precios, aceptan que el mismo “no puede producir una descripción formal satisfactoria del papel del dinero” y que las razones por las cuales la gente pueda querer tener dinero, o el dinero medie los intercambios, representan “problemas colosales” (Arrow y Hahn, 1977, p. 395).

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Método dialéctico y Hegel (2)

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Aquí va la segunda parte de la nota sobre dialéctica.

Contradicción

Como hemos visto en la primera parte de la nota, el momento de la delimitación y la fijeza es necesario en la marcha del conocimiento, pero no es toda la verdad. Por eso los problemas surgen cuando no se tiene conciencia del carácter limitado del entendimiento, y se lo intenta aplicar a la realidad, que es esencialmente proceso y cambio. Cuando se hace esto, dice Hegel, surgen las antinomias kantianas, esto es, contradicciones que, según Kant, la razón no podía resolver. Por ejemplo, resolver la pregunta de si el mundo es limitado en el tiempo y el espacio, o no lo es; si la materia es continua o discontinua; si existe la libertad moral o el determinismo físico, etc. Es lo que sucede cuando nos encontramos ante la necesidad de decidir “o es A, o es no-A”, y parece no haber medio de resolver el problema. Kant había llegado a la conclusión de que estas antinomias no son “artificios sofísticos”, sino “contradicciones en las que la razón debe necesariamente chocar” (en palabras de Hegel). Sin embargo, Hegel afirma que las antinomias se encuentran en todo, y que por eso la solución al problema planteado por Kant pasa por entender que todo contiene determinaciones opuestas, y cada una de ellas no vale por sí misma, en su unilateralidad. Esto significa reconocer que las dos determinaciones opuestas son necesarias para un único concepto, y que cada una de ellas no puede valer en su unilateralidad, sino que “tienen su verdad sólo en su ser eliminadas, esto es, en la unidad del concepto” (CL, p. 169). Lo hemos visto en el caso de la categoría “ser”. Hegel demuestra que esta categoría contiene, y más precisamente “es” su opuesta, la nada. La categoría “ser” tiene su verdad en ser eliminada, en pasar a la “nada”, y en la unidad con la “nada” en el “devenir”. Pero esto parece infringir la ley de la contradicción, porque está diciendo que ser y nada, que son opuestas, son sin embargo idénticas (ser es nada, y la nada es). Es lo que se llama el principio de la identidad de los opuestos, “una de las piezas más chocantes de audacia especulativa en la historia del pensamiento”, en palabras de Stace. “La audacia y originalidad de Hegel consiste simplemente en esto, en que explicó y demostró en detalle cómo es lógicamente posible que dos opuestos sean idénticos, al mismo tiempo que retienen su oposición” (Stace, pp. 95-6). Hasta ese momento se había supuesto que, lógicamente, un positivo y su negativo simplemente se excluían uno al otro. Si decíamos que A es A, no podíamos decir al mismo tiempo que A es no-A. Lo que demuestra Hegel es que A y no A pueden ser contenidos en una unidad superior. Para explicarlo con un ejemplo, la plusvalía y el valor de la fuerza de trabajo son opuestos (si uno aumenta el otro disminuye; una remunera al explotador, el otro al explotado), pero sin embargo son idénticos, en la medida en que ambos son el resultado del trabajo humano. Y es precisamente esta identidad (la misma fuente de valor en el trabajo) la que hace a la oposición más aguda. Pero esto es contradictorio, porque estamos diciendo que plusvalía y valor de la fuerza de trabajo son distintos, y luego afirmamos que son idénticos. Y ambos, unidad y diferencia, están contenidos en el valor.

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06/01/2012 at 00:01

Método dialéctico y Hegel (1)

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Varias de las cuestiones que he planteado en notas de este blog, o en libros, se relacionan con el método dialéctico. Este método se caracteriza por su punto de vista sistémico, y a la vez histórico. Su premisa es, en palabras de Marx, que “todo lo que existe, todo lo que vive sobre la tierra y bajo el agua, no existe y no vive sino en virtud de un movimiento cualquiera” (Miseria de la filosofía). En otras palabras, la dialéctica busca captar una totalidad moviente, donde cada parte está en relación interna con el todo, es mediada por éste, y a su vez media al todo. El objetivo de esta nota es alentar a la gente, en especial a los estudiantes de economía y ciencias sociales, a estudiar la dialéctica. Debido a su extensión, he dividido la nota en dos partes. Aquí va la primera.

¿Cómo iniciarse en la dialéctica?

Más de una vez me hicieron esta pregunta, ¿cómo empezar a estudiar dialéctica? Lamentablemente, la respuesta no es sencilla. Alguna vez Marx dijo que deseaba explicar para el gran público, en pocas páginas, en qué consiste la dialéctica hegeliana. Aunque no concretó su propósito, esto demuestra que, de alguna manera, era consciente de la oscuridad con que está expuesto el tema en Hegel. Y es que, efectivamente, los textos como la Fenomenología y la Ciencia de la Lógica, son muy difíciles. Incluso hoy, después de casi dos siglos de estudios, los filósofos especializados no se ponen de acuerdo en qué quieren decir exactamente muchos pasajes. En palabras de uno de sus comentarista, ¨Hegel no tiene cortesías para el que se lanza a la tarea de transitarlo. Dice lo que piensa y lo piensa todo desde una perspectiva inédita. Hace gala de una sintaxis embrollada y de un vocabulario insólito” (Llanos, 1975). Se han adelantado algunas razones por las cuales escribió de manera tan complicada. Una dice que Hegel estaba tratando de romper con las formas fijas del pensamiento, y esto le obligó a deformar y tensar al máximo el lenguaje, explotando las posibilidades de expresión; lo cual habría oscurecido la exposición. Otra explicación sostiene que Hegel presentó el movimiento de una manera abstracta, reduciéndolo, según Marx, a una “fórmula puramente lógica”; y trató de generar todo su sistema a partir del movimiento de las categorías. Pero para esto forzó muchas transiciones entre las categorías, y de ahí las dificultades para seguirlo. Como decía Engels, Hegel “en una u otra parte” desliza “falsas conexiones… como cualquier otro sistemático, para lograr construir netamente su sistema” (carta del 1/07/1891).

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02/01/2012 at 15:03

La cuestión de la ética en Marx

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Presento aquí una versión algo resumida de un texto que escribí en febrero de 2009, acerca de la ética en Marx. El mismo tiene relación con debates acerca del rol que juegan demandas democrático-burguesas en un programa socialista.

Este escrito se inspira en el artículo de Stefano Petrucciani “Marx and Morality. El debate anglosajón sobre Marx, la ética y la justicia”, publicado en Doxa Nº 15, en 1996. Allí Petrucciani pasa revista a las respuestas que se han dado a la cuestión de si existe una ética en Marx y cuáles serían los presupuestos normativos que guían la crítica marxiana del capitalismo. Presenta las dos interpretaciones más importantes, la de quienes niegan que en Marx haya una perspectiva ética y la de quienes afirman, incluido el propio Petrucciani, que sí es posible encontrar, aunque con matices, un contenido ético en la crítica de Marx al capitalismo. Compartiendo en lo esencial esta última idea, nuestro propósito aquí es proponer una respuesta que difiere en algunos matices de la dada por Petrucciani a la pregunta de si existe un contenido moral en la crítica marxiana del capitalismo. Comenzamos sintetizando las posturas sobre la ética en Marx, tal como las presenta Petrucciani.

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29/03/2011 at 12:03

Biología 2.0, materialismo y dialéctica

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En su edición del 19/06/10 el semanario británico The Economist incluye un extenso informe sobre la situación en que se encuentra la biología luego de haberse realizado la secuencia del genoma humano. En el mismo se sostiene que la biología post-genoma –o Biología 2.0– “ha finalmente matado la idea del vitalismo, la persistente creencia de que para explicar cómo trabajan las cosas vivientes, se necesita algo más que sólo la comprensión de su física y química. (…) la promesa de que la biología del genoma, de que la lista de las partes de la célula, y por extensión del organismo vivo, es finito y catalogable, no deja lugar para fantasmas en la máquina”.

Esto es, no queda lugar para el alma, para el “elan vital”, o para cualquier otra fuerza distinta de la energía que estudia la física y las ciencias naturales.

Parece indudable que cada avance de la ciencia arrincona más y más a las religiones; y a toda forma de creencia en lo sobrenatural. Se trata del argumento decisivo del materialismo frente a las concepciones idealistas y religiosas.

Pero por otra parte el informe señala que, en cierto sentido, la biología 2.0 es “neo-vitalista”. Es que en oposición a las visiones estrechamente mecanicistas –del tipo de que el todo se puede explicar a partir de la agregación de sus partes constitutivas– la nueva biología comprende que “el todo es más que la suma de las partes”. Desde el punto de vista de la dialéctica, es lo que se conoce como la totalidad concreta, que implica una concepción afín con un “holismo moderado”.

Para los que mantenemos una posición crítica frente a la economía neoclásica –que parte de la premisa de que la economía de la sociedad se explica simplemente por la agregación de los comportamientos individuales– lo que afirma la biología moderna constituye otra demostración de la necesidad de superar el individualismo metodológico que, casi invariablemente, lleva a callejones sin salida.


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Biología y materialismo

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11/07/2010 at 15:08

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