Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (15)
La parte 14 de la nota, aquí
Excedente generado por la clase obrera
Aunque no hubo transferencia de excedente del agro a la ciudad, sí hubo una extraordinaria transferencia de mano de obra, necesaria para la industrialización. Entre 1926 y 1939 el empleo agrícola bajó de 72 a 48 millones de trabajadores; en su inmensa mayoría fueron transferidos a la industria y otras ocupaciones urbanas.
De esta manera hubo una nueva composición de la clase obrera. Los trabajadores que provenían del campo y se incorporaban a la industria carecían de experiencia sindical. Más importante aún, escapaban del hambre y estaban dispuestos a trabajar por salarios muy bajos. “La colectivización funcionó porque permitió al régimen soviético procurarse mucho grano, y por lo tanto, controlar la geografía de la distribución. Convirtió en insoportable la vida en el campo”; y en las ciudades se podía encontrar la comida que no se encontraba en el campo (Duncan, 1986). Además, muchos fueron trasladados compulsivamente a las ciudades. Para eso, las administraciones industriales firmaban acuerdos con las administraciones de las granjas colectivas, según los cuales estas últimas estaban obligadas a suministrar un número especificado de “miembros sobrantes” de mano de obra (Deutscher, 1971). Las transferencias incluían a jóvenes a partir de los 14 años de edad. Esta masa laboral se incorporaba a una fuerza laboral agotada por años de privaciones, las guerras y convulsiones sociales. Lee el resto de esta entrada »
Drogas: el relativismo progre, de la K a la M
En abril de 2012 publiqué una nota (aquí) en el que critiqué un texto, escrito por la licenciada Graciela Touzé, Prevención del consumo problemático de drogas, destinado a docentes y al trabajo en las aulas. El texto estaba prologado por Alberto Sileoni, por entonces ministro de Educación de la Nación y por María Brawer, subsecretaria de Equidad y Calidad, y tenía el respaldo de la presidente de la Nación, Cristina Kirchner. Su mensaje central es que hay que relativizar el peligro que representan sustancias como la cocaína y heroína. Así, sugiere que probar una dosis de cocaína sería tan problemático como probar un vaso de vino, un cigarrillo o un café. Lo “problemático” solo aparecería cuando existen intoxicaciones agudas, usos regulares crónicos y dependencia (p. 34). Por eso, aconseja la licenciada Touzé, hay que hacer uso, sin caer en el abuso o en la dependencia. Su argumento se desarrolla en el marco del relativismo epistemológico, esto es, la idea de que no existen verdades objetivas, que todo es “construcción histórico-social” y que el peligro de la droga es un “pseudo problema” creado por el relato “del imperialismo”. Un enfoque que no dudé de calificar como reaccionario, oscurantista y contrario al progreso científico. Lee el resto de esta entrada »
Rosdolsky, “capital en general” y la competencia
En Génesis y estructura de El Capital de Marx, Roman Rosdolsky realiza la importante distinción entre el análisis del “capital en general”, que se presentan en los dos primeros tomos de El Capital, del tercer tomo, donde se trata la competencia entre los muchos capitales y la distribución de la plusvalía. Esta división ya había sido planteada por Marx en el plan de 1857-1858, donde a la primera sección, dedicada al “capital en general” le seguía la sección de la competencia. Más concretamente, en el tomo I de El Capital Marx analiza cómo el capital produce plusvalía (capítulos dedicados al valor, dinero, capital, plusvalía absoluta, plusvalía relativa) y a su vez la plusvalía produce capital (capítulos dedicados a la reproducción simple, ampliada y la acumulación del capital). Y en el tomo II analiza la circulación del capital (comenzando por las formas de manifestación del capital-valor). Lee el resto de esta entrada »
Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (13)

La parte 12 de la nota, aquí
La industrialización acelerada
Junto a la colectivización forzosa, la industrialización acelerada es el hecho que se invoca más frecuentemente para sostener que el giro de 1928-9 fue positivo, en términos de consolidación de los elementos socialistas por sobre los capitalistas. Si bien las cifras oficiales sobreestimaron el avance, es indudable que entre 1928 y fines de la década siguiente el país experimentó una asombrosa transformación productiva. Desde 1928 a 1937 el ingreso nacional pasó de 24.400 millones de rublos a 96.300 millones. En 1938 la URSS estaba produciendo cuatro veces más acero y tres veces y media más carbón que en 1928. Además, era el primer productor mundial de tractores y locomotoras, y la carga transportada por ferrocarriles era cinco veces superior a la de 1913. La producción de carbón aumentó de 35,4 millones de toneladas a 128 millones, la de acero de 4 a 17,7 millones de toneladas, la producción de electricidad aumentó 700%. Con el Plan Quinquenal se asignó una gran parte del excedente a la inversión, en particular hacia la industria pesada y la de guerra. Se construyeron en tiempo récord enormes fábricas, la represa del Dnieper, el combinado de hierro y carbón de los Urales-Kuznetsk, se perforaron pozos petrolíferos, se abrieron minas y canales, se lograron economías de escala y se difundió la tecnología. Solo durante el Primer Plan Quinquenal la industria soviética dominó la producción de caucho sintético, motocicletas, relojes pulsera, cámaras, excavadoras, cemento de alto grado y una variedad de calidades de acero. En esos años se estableció firmemente la red de investigación y desarrollo (Wheatcroft, Davies y Cooper, 1986).
Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (12)
La parte 11 de la nota, aquí.
Caída de la producción
Todo confluyó en una aguda caída de la producción. De acuerdo a Trotsky (1973), la cosecha global de cereales, que había sido de 850 millones de quintales en 1930, disminuyó a menos de 700 millones en los dos años siguientes, esto sin contar que ya había caído en 1930. El número de caballos bajó 55%; del de vacunos disminuyó 40%, de cerdos 55%, de corderos 66%. Según estadísticas oficiales soviéticas, citadas por Mandel (1969), el número de bovinos en general cayó desde 60,1 millones en 1928 a 33,5 millones en 1933; el de cerdos, en el mismo período, pasó de 22 millones a 9,9 millones. Según Hunter (1988), la producción agrícola en 1932, medida en moneda constante, fue 3739 millones de rublos, contra 4148 en 1928; la de productos animales fue 3.903 millones contra 7136 millones en 1928; el output total bajó, entre esos años, de 19.129 millones a 16.808 millones de rublos. De acuerdo a datos oficiales de 1958, el índice de output agrícola muestra una caída desde 100 en 1928 a 81,5 en 1933; el objetivo del Plan era llegar a 155 para ese último año. La parte del ganado en el índice cayó de 100 a 44. Aunque tomando el período 1928-1932, la producción de grano, si bien tuvo bajones algunos años, en el balance permaneció sin cambios; y aumentó el grano comercializado. Pero la caída de la producción agraria global tendría duras consecuencias para la población y la economía soviética en su totalidad.
Grecia: más elementos para un balance de Syriza
Alexis Tsipras y el partido Syriza ganaron las elecciones griegas, en enero de 2015, en medio de una ola de entusiasmo. Habían prometido acabar con las medidas de austeridad, recuperar la economía y permanecer en el euro. Pero en julio Tsipras aceptó un programa de rescate de la Unión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo, de 86.000 millones de euros, a cambio de aplicar un gigantesco plan de ajuste. La alternativa era abandonar el euro. Entonces, en septiembre, Tsipras volvió a ganar las elecciones, pero ya no hubo entusiasmo. En tiempo récord Syriza había pasado de ser la “fuerza progresista y renovadora enfrentada al neoliberalismo y los banqueros”, a ser la ejecutora del ajuste “del neoliberalismo y los banqueros” (sobre la Syriza y la crisis de deuda de 2015, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí).
Desde entonces la economía griega no da signos de recuperarse. Después de caer más del 20% en los tres años de 2011 a 2013, el PBI subió solo 0,75% en 2014 y bajó 0,2% en 2015; desde 2009 la economía se contrajo un 29%. En 2015 la inversión cayó 13%, y en el último trimestre la economía entró en recesión. La desocupación se mantiene en el 25%, y entre los jóvenes alcanza casi el 50%. El déficit fiscal en 2015 equivalió al 7,2% del PBI. La deuda pública, que representaba el 178% del PBI en 2013, era el 177% el año pasado. Muchas empresas se están mudando a Bulgaria, Albania, Rumania y Chipre. En febrero de este año salieron 500 millones de euros de los depósitos. Los bancos griegos tienen una cartera de préstamos en problemas (non performing) de 100.000 millones de euros, y a comienzos de año sus acciones cayeron más del 50%. La Comisión Europea pronostica una contracción del PBI del 0,7% para este año.
La Argentina “del cambio”: inflación y baja de salarios
Devaluación, aceleración inflacionaria –aumento de tarifas en primer lugar- y salarios que se quedan: es el proceso clásico por la que se está operando una gigantesca transferencia de riqueza desde los trabajadores a la clase dominante. Recuerdo lo que planteé en una nota anterior, apenas subió Macri:
“Ahora el peso de la clase dominante está puesto en las paritarias. Lo dijo Macri en su tan elogiado discurso ante la Unión Industrial Argentina: ‘hay que bajar la conflictividad gremial, que es permanente’. O sea, los sindicatos tienen que ‘tragarse’ la suba de precios. Tengamos presente que este año la inflación estaría entre el 28 o 30%, y todo indica que se aceleraría con la devaluación y la suba de las tarifas. En el mismo sentido, referentes de las cámaras empresarias (por caso, Mendiguren, del partido de Massa) dicen que las paritarias no deben tomar en cuenta la inflación pasada, sino la esperada. El ministro de Trabajo agregó que los aumentos deben otorgarse ‘según productividad’ (otro argumento clásico de los empresarios en tiempos de crisis y ajuste). En consecuencia, por todos lados se presiona para que se imponga, pacto social mediante, un techo a los incrementos salariales. Para esto se recurre a la amenaza de toda la vida: si no aceptan, habrá desocupación. ‘Tienen que cuidar el empleo’, les dijo Macri a los trabajadores. Es el mismo argumento-amenaza que esgrimía, hasta hace poco, Cristina Kirchner. Así, todo discurre según el necesario orden causal del orden capitalista. Por supuesto, nadie habla del trabajo precarizado, ni de los millones de subocupados, o de los que ni siquiera buscan trabajo porque están desanimados. La otra arma con que cuenta la clase dominante es, como siempre, la siempre presente burocracia sindical” (aquí).















