Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Persecución política en Filosofía y Letras, UBA

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEl martes 8 de abril el Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires despidió a Octavio Colombo de su cargo de docente investigador. Octavio fue Secretario General y miembro desde 2006 hasta el mes pasado de la Comisión Directiva de la Asociación Gremial Docente de Filosofía y Letras. En lo que sigue reproduzco la declaración de la Comisión Directiva de AGD-FyL, en la que se denuncia el estado de precarización laboral en que se encuentran los docentes interinos, y además se caracteriza el despido de Colombo como un ataque al activismo gremial y un caso de persecución política.

«La gestión consumó el despido de Octavio Colombo como docente investigador»

En su sesión del martes pasado, el Consejo Directivo de nuestra Facultad consumó, con los 9 votos de las mayorías de profesores y graduados, el despido de Colombo de su cargo de Adjunto con dedicación simple en el Instituto de Historia Antigua y Medieval. Como hemos señalado en comunicaciones previas, este hecho pone nuevamente en evidencia la condición de precariedad e inestabilidad laboral que padecemos los docentes y la disposición de la gestión a utilizar esa situación como una herramienta de disciplinamiento político. Por añadidura, en este caso particular, el despido constituye una violación del principio de tutela sindical establecido en el art. 48 de la Ley de Asociaciones Sindicales, por lo que este gremio dará curso a las actuaciones legales correspondientes.

Sería irónico, si no fuera agraviante, que la propia Decana de la Facultad, Dra. Graciela Morgade, sostuviera en su intervención que “los que tienen cargos docentes en los Institutos no pueden concursar y por lo tanto mantienen una condición precaria”, y que esto “efectivamente es una deuda que tiene nuestra Facultad” (lo que en rigor también vale para todos los docentes interinos o con concursos vencidos). Dicho de otro modo, la propia Decana reconoce que la falta de estabilidad laboral de los docentes es responsabilidad exclusiva de la institución que preside y, al mismo tiempo, utiliza esa precariedad para despedir a un compañero cuyo desempeño académico y profesional nunca fue cuestionado, que además fuera miembro de esta Comisión Directiva los últimos 8 años y que actualmente se desempeña como consejero directivo de una lista opositora.» Lee el resto de esta entrada »

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11/04/2014 at 12:13

El paro general del jueves

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesCompañeros de La Orquesta Roja me preguntaron acerca de mi posición ante al paro del jueves próximo, convocado por las CGT Moyano y Barrionuevo, y la CTA Micheli, con el apoyo de los partidos de izquierda.

Mi postura es clara: adhiero al paro porque estoy de acuerdo con el reclamo principal, frenar el ajuste sobre los salarios y las jubilaciones que impulsan el Gobierno K y las cámaras empresarias. El conflicto está bien definido. El Gobierno y los capitalistas, vía devaluación e inflación, intentan realizar una gigantesca transferencia de ingresos desde los salarios a las ganancias. Toda la “ciencia” de la devaluación pasa por retrasar los salarios en relación a la suba de los precios y bajarlos en términos de dólares. Por eso, en estas instancias, se está de un lado o del otro; no hay términos medios.

Frente a esto, los defensores del Gobierno K avanzan tres argumentos con los que llaman a la clase obrera a no parar. Dicen que el paro es político; que hay que ser “responsables”; y que Moyano y Barrionuevo son burocráticos y oportunistas.

La respuesta es sencilla. Primero, todo paro general que cuestiona una política económica y social que apunta a redistribuir el ingreso en perjuicio de los asalariados, es un paro político. No hay por qué negarlo. Aunque distorsionado y semioculto detrás de discursos y propuestas de todo tipo –la lucha de clases nunca es “pura”- lo que emerge hoy es el antagonismo entre explotadores y explotados, la lucha de clases (esa misma que los teóricos de la posmodernidad decían que ya no existía porque había desaparecido la clase obrera).

Segundo, acerca de la responsabilidad: como siempre, los oportunistas se refugian en abstracciones. Es que en una sociedad dividida en clases sociales la responsabilidad no existe en el aire. El Gobierno y los capitalistas asumen “su” responsabilidad velando por las ganancias. Para la clase trabajadora su “responsabilidad” es velar por los salarios. Los explotados, los asalariados, son los que generan la plusvalía de la que se apropian las clases dirigentes. Pedir “responsabilidad” al explotado por garantizar el fruto de su propia explotación al explotador, sólo es cinismo. Por eso también la clase trabajadora debería rechazar el chantaje de la clase capitalista, que amenaza con despidos “si los salarios superan cierto tope”. Es la amenaza de siempre del capital y de los gobiernos del capital. La respuesta a esta amenaza pasa por abrir una nueva perspectiva, programática y política, de la clase obrera.

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07/04/2014 at 10:10

Chavismo o independencia de clase

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Como lo ponen en evidencia los intercambios que he tenido en “Comentarios” a raíz de la nota sobre control bonapartista, mis diferencias con la izquierda chavista son profundas. Alguna gente se sintió ofendida porque planteé que, de hecho, estamos en “veredas opuestas”, ideológica y políticamente, pero no hay otra manera de decirlo. Es que hay dos visiones contrapuestas: una que hace eje en que el movimiento obrero mantenga una actitud autónoma y hostil hacia el conjunto de la clase dominante y el Estado. Y otra que pone el acento en la colaboración con el proyecto del socialismo siglo XXI, dirigido desde el Estado. En esta entrada amplío sobre qué significa un accionar independiente, autónomo, de clase.

Carácter irreconciliable del antagonismo

El fundamento último de una estrategia política autónoma de las fuerzas del trabajo es la conciencia de clase. En términos leninistas, conciencia de clase es conciencia del carácter irreconciliable del antagonismo entre el capital, de conjunto, y el trabajo. Es también conciencia de la naturaleza burguesa del Estado, de su rol en el sostenimiento de la relación de explotación, y de la imposibilidad de reformarlo “desde adentro”. Este carácter del Estado no se altera en los países dependientes (ver más abajo).

Por eso la independencia de clase exige una actitud hostil de los explotados hacia la clase dominante de conjunto. Es un criterio general que ordena las orientaciones tácticas y los programas de acción. De ahí el rol de la crítica. La critica hacia toda forma de explotación y sujeción de los trabajadores es la condición indispensable para avanzar en la autonomía de la clase trabajadora. La raíz última de esta crítica es la teoría de la plusvalía de Marx (esto es, la teoría de la explotación del trabajo por el capital). Por esta razón no puede haber política socialista y revolucionaria sin teoría, sin crítica, sin debates y elaboración colectiva.

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19/03/2014 at 17:57

Control bonapartista, Trotsky y autonomía de clase

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesUna de las discusiones que se presentan en la izquierda gira en torno a si los regímenes de tipo socialista bonapartista, o burocrático capitalista, representan progresos para la lucha anticapitalista y por el socialismo. En otras entradas he explicado por qué el capitalismo de Estado, o las diversas formas de estatismo burocrático, no necesariamente representan, en sí mismas, un progreso en el desarrollo de las fuerzas productivas de un país. También sostuve que los socialistas no deberían ayudar al fortalecimiento del aparato represivo estatal. En esta nota abordo la cuestión desde otro punto de vista, que posiblemente sea más fundamental, porque atañe a la unidad y a la autonomía política de la clase trabajadora. A fin de introducir el tema, comienzo con una explicación de Trotsky..

Trotsky sobre las estatizaciones en Polonia

Para ubicar el escenario, recordemos que a raíz del acuerdo alcanzado entre la URSS y Alemania en agosto de 1939 (el llamado pacto Ribbentrop Mólotov), las tropas de Hitler invadieron la parte occidental de Polonia, y pocos días después los soviéticos ocuparon la parte oriental polaca. Fue el preámbulo inmediato del inicio de la Segunda Guerra mundial. En esas circunstancias, entre los argumentos con que los stalinistas defendieron la ocupación de Polonia oriental figuraba la incorporación de millones de nuevos ciudadanos al «socialismo».

Enfrentado al hecho consumado, Trotsky evaluó sus consecuencias. Dada su caracterización general de la URSS, y su asimilación de economía estatizada con el Estado obrero, consideró que la estatización de la economía polaca constituía un gigantesco cambio social, al que se había obligado la burocracia, a pesar incluso de ella misma. Sin embargo, en su opinión el balance no era positivo para la clase obrera, ni para la lucha por el socialismo. Escribía; “Con la ayuda de la Comintern (la Internacional Comunista) el Kremlin ha desorientado y desmoralizado de tal manera a la clase obrera que no sólo ha facilitado el estallido de una nueva guerra imperialista, sino también ha hecho extremadamente difícil la utilización de esta guerra para la revolución. Comparado con esos crímenes, la transformación social en dos provincias, que para peor fue pagada con la esclavización de Polonia, es por supuesto de secundaria importancia” (In Defence of Marxism, p. 166, New Park Publications, London, 1971).

No hay necesidad de coincidir con la enfoque de Trotsky sobre las estatizaciones y los Estados obreros, o sobre el carácter de la burocracia stalinista, para rescatar el criterio con que mide la progresividad de una acción como la de Stalin: su efecto sobre la conciencia y la capacidad de movilización de la clase obrera. Es el criterio que inspira lo que sigue.

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06/03/2014 at 16:36

Represión burguesa, Marx y el «Estado libre»

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEl apoyo de amplios sectores de la izquierda latinoamericana a la represión que ha desatado el Gobierno chavista reactualiza el debate acerca de la actitud de los socialistas ante el Estado burgués y el aparato represivo. En la izquierda actualmente está muy establecida la idea de que es beneficioso para la clase trabajadora que exista un Estado “fuerte”, capaz de guiar a la economía hacia alguna forma de “socialismo de Estado bonapartista”, para usar la expresión de Lenin. Se piensa que el capitalismo “popular”, o guiado por el Estado, legitima y demanda un aparato represivo poderoso y consolidado. Por eso, y bajo el argumento de “combatir a la derecha”, se aplauden medidas represivas que van desde la restricción de libertades y derechos elementales, hasta las detenciones masivas, la tortura y el asesinato de manifestantes opositores. De ahí también el rol que tienden a jugar, en este tipo de regímenes, las fuerzas armadas y sus estructuras de mando.

Por supuesto, hay matices. Algunos están más curtidos en estas lides, otros andan «tragando sapos” (en Argentina, ley anti-terrorista, Milani, Proyecto X; en Venezuela, el menú no es para estómagos delicados). Para la militancia PC, por ejemplo, que supo aplaudir inmundicias como los campos stalinistas de exterminio, o los aplastamientos soviéticos sobre Berlín, Hungría o Checoslovaquia, lo que hacen hoy Al Assad en Siria, o Maduro en Venezuela, son apenas “detalles”. Otros, más prudentes, rechazan estos extremos. Pero todos están unidos por la convicción de que para avanzar hacia alguna forma de sociedad más justa, es necesario “poner rudamente en vereda” a los díscolos y rebeldes, así estos se cuenten por millones. Y para eso, nada mejor que un Estado poderoso.

A su vez, en la mayoría de la opinión pública está arraigada la idea de que la orientación estatal-represiva constituye la quintaesencia del “socialismo científico” de Marx y Engels. A ello han contribuido tanto la literatura teórica stalinista (pensemos en los tradicionales manuales que editaba la URSS), como el discurso de la derecha neoliberal, empeñado en atribuir a la obra de Marx y Engels la inspiración última del Muro de Berlín, de los campos de concentración de Corea del Norte o de la represión de cualquier régimen al estilo Al Assad o Chávez.

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Lenin, sobre dependencia y liberación nacional (3)

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Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

Esta es la tercera y última entrada de “Lenin, sobre dependencia y liberación nacional” (la primera aquí, la segunda aquí).

Planteos conectados

El tema tratado en esta nota enlaza con otros planteos que he presentado en este blog. Una primera cuestión es que no tiene sentido decir que actualmente el país dependiente típico es explotado (seguramente en este punto tengo una diferencia con el planteo de Lenin). Es que en la actualidad la relación económica predominante, en los países dependientes, es capitalista, y por lo tanto la extracción del excedente opera a través de la generación y apropiación de plusvalía, de la queparticipan los capitales según su fuerza relativa, sean nacionales o extranjeros; la cuestión del colonialismo en esto no interviene. Pero si los capitales nativos de los países dependientes participan de la explotación según su fuerza relativa, no tiene sentido decir que son explotados, u oprimidos, por los capitales extranjeros; más bien son socios en la explotación del trabajo. Éste es un punto en el que mantengo una fuerte diferencia con buena parte de la izquierda «nacional», que piensa que la burguesía criolla es «semi-oprimida» por el imperialismo (según Trotsky, 1937, la burguesía de los países semicoloniales sería una clase «semi-gobernante, semi-oprimida»). Los países dependientes y atrasados hoy no están sometidos al saqueo y pillaje por vía de la dominación colonial, y por lo tanto no tiene sentido afirmar que «la nación» (esto es, comprendiendo a su clase dominante) está oprimida, o explotada en alguna forma.

Para expresarlo con nombres, en Argentina los grupos Socma, Techint, Lázaro Báez, Bulgheroni, Clarín, Macro, Arcor, Pescarmona, Grobo y similares, no son explotados, sino explotadores. Algo similar ocurre con los grandes grupos económicos mexicanos, chilenos, malayos o indios. Pueden estar asociados con capitales extranjeros, sean financieros, comerciales o productivos, pero no por ello están colonizados. Lo mismo se puede decir de los inversores argentinos (o de cualquier otro país atrasado) que realizan inversiones directas en otros países, o colocan fondos en los grandes centros financieros internacionales. Sus intereses están entrelazados con los del gran capital. Un funcionario argentino que invierte sus dinerillos en un paraíso fiscal, no es un explotado por el capital financiero internacional; es alguien que ha participado, y se ha beneficiado, de la explotación de la clase obrera de “su” país, y se sigue beneficiando de la explotación del trabajo a nivel global. En definitiva, la clase dominante argentina, como la de cualquier otro país dependiente, no es “semi-oprimida” ni “semi-explotada”, como aparecía en la visión tradicional basada en la caracterización “Argentina semicolonia”. Por esta razón, tampoco tiene sentido sostener que la clase obrera europea o estadounidense participa de la explotación de la clase obrera del llamado tercer mundo, como sostienen algunos marxistas «nacionales” (hace algunos años, escuché por televisión a la por entonces diputada Ripoll decir que los trabajadores españoles gozaban de “altos salarios” porque las empresas españolas sobre-explotaban a los trabajadores argentinos).

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05/02/2014 at 12:24

Lenin, sobre dependencia y liberación nacional (2)

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Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

Esta es la segunda parte de la nota «Lenin, sobre dependencia y liberación nacional».

La noción de semicolonia en Milcíades Peña

A pesar de su importancia, desde fines de los años 1920 la distinción entre países dependientes y coloniales y semicoloniales, tendió a perderse en la izquierda; y con ella, las consecuencias que derivaba Lenin con respecto a la liberación nacional. Ya en las décadas de los 60 y 70, se consideraba natural caracterizar a países como Argentina, México o India de “semicolonias”, y la cuestión se mantiene así hasta el presente. Milcíades Peña fue representativo de esta postura. Aunque fue crítico de Abelardo Ramos y de la “izquierda nacional”, acordaba sin embargo en que para Argentina, y el resto de América Latina (a excepción de Cuba), estaba planteada la tarea histórica de la liberación nacional. Criticó a Ramos porque éste sostenía que la clase obrera debía renunciar a mantener una posición independiente frente al nacionalismo burgués; pero no por plantear la liberación nacional como tarea central de la revolución latinoamericana.

En este respecto, el punto de partida de Peña fue su caracterización de Argentina, y naciones semejantes del Tercer Mundo, como países semicoloniales. El carácter semicolonial de Argentina se debía, en su visión, a que el país estaba subordinado al capital financiero internacional y a organismos políticos y militares a través de los cuales se ejercía la dominación de EEUU: “… por el Tratado de Río de Janeiro, la Carta de la Organización de Estados Americanos y otros compromisos semejantes, (Argentina) ha delegado atributos esenciales de la soberanía, en particular el declarar la guerra, en un superestado continental, controlado por Estados Unidos” (p. 14). En consecuencia, la autodeterminación nacional pasaba por “eliminar la subordinación al capital financiero internacional” y a los organismos internacionales (p. 169). De manera que Peña planteaba la liberación económica entre los objetivos a conquistar con la liberación nacional. En ningún momento discute qué relación guarda esta tarea con la estructura capitalista de Argentina, y su inserción en el mercado mundial.

Sin embargo, Peña era consciente de que el desarrollo de la burguesía argentina tendía a vincularla inevitablemente al capitalismo mundial. Por ejemplo: “… para la industria argentina sólo es cuestión de vida o muerte oponerse a la importación de algunas mercancías metropolitanas, lo cual es muy distinto que oponerse al imperialismo. Y cuanto más se enriquece la burguesía, más se vincula al capital internacional y mayor es su necesidad de contar con el apoyo financiero y técnico de las metrópolis, si es que sus negocios han de prosperar” (p. 99). Pero ésta es precisamente la razón por la que Lenin sostenía que la eliminación de la dependencia (podemos precisar: dependencia tecnológica, científica, financiera) no podía inscribirse entre las tareas democráticas y nacionales de la burguesía. Para ilustrarlo con un caso actual, hoy puede verse que Italia, España y Grecia, a los cuales nadie califica de “semicolonias”, están “subordinados” a los dictados de los mercados financieros. Algo similar puede decirse de la relación que mantenían Argentina o Rusia con el capital financiero internacional, en los años en que Lenin los consideraba “dependientes”. Peña pasa por alto estas cuestiones. De igual modo, es llamativa la forma en que eleva al grado de dominación semicolonial la participación de Argentina en la OEA; recordemos que, después de todo, en 1982 Argentina entró en guerra con Gran Bretaña sin solicitar la venia de la institución.

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23/01/2014 at 11:56

Lenin, sobre dependencia y liberación nacional (1)

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Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

En la izquierda está muy generalizada la idea de que la mayoría de los países de América Latina, a excepción de Cuba, y tal vez Venezuela, mantiene una relación de tipo semicolonial, o neocolonial, con las grandes potencias, EEUU en primer lugar. Y que por este motivo, es necesario luchar por realizar la tarea histórica de la liberación nacional, o “la segunda independencia”. En contraposición a esta postura, desde hace años sostengo que países como Argentina, México o Chile, no son semicolonias, y que no está planteada, como demanda pendiente, la liberación nacional. Esta postura conecta con la distinción de Lenin entre países dependientes, por un lado, y países coloniales y semicoloniales; y su noción del contenido de la liberación nacional. En términos generales, podemos decir que se trata de un enfoque muy minoritario en la izquierda, aunque ya ha sido avanzado por diferentes marxistas. Entre ellos, por Dabat y Lorenzano (1984); por mi parte, he desarrollado estas ideas en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo (UNQ, 2010), y en los años 1990, en la revista Debate Marxista.

En lo que sigue presento primero la postura de Lenin; la comparo luego con la interpretación instalada en la izquierda, según fue presentada por Milcíades Peña; en tercer lugar, argumento por qué es superior el enfoque leninista, y las consecuencias que se derivan para un programa socialista en los países dependientes. La nota se divide en tres partes.

Países dependientes y coloniales

Lenin consideraba -comienzos del siglo XX- que había tres tipos fundamentales de países atrasados: los dependientes, las colonias y las semicolonias. Los primeros, según Lenin, eran políticamente independientes, pero dependientes económicamente de los países más ricos, y del capital financiero. Entraban en esta categoría naciones como Argentina, Serbia, Bulgaria, Rumania, Grecia, Portugal y hasta Rusia. “No sólo los pequeños Estados, sino aun Rusia, por ejemplo, es enteramente dependiente, económicamente, del poder del capital financiero de los países burgueses ricos” (Lenin, 1914). También consideraba que EEUU había sido una “colonia económica” de Europa en el siglo XIX. A pesar de lo escueto de las referencias, pareciera que consideraba que los países dependientes eran explotados por los países ricos, aunque no especificaba el mecanismo. En algunos pasajes los caracterizaba como “colonias económicas” de los países imperialistas. Argentina, por ejemplo, era una “colonia comercial” de Inglaterra, y Portugal un “vasallo”, aunque ambos conservaran su independencia (Lenin, 1916).

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16/01/2014 at 09:19

30 años de democracia, intervención en el Instituto Gino Germani

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25/12/2013 at 21:56

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Bonafini-Milani y una polémica de 2001

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BonafiniMilaniEn su edición de diciembre la publicación de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Ni un paso atrás, trae una entrevista de Hebe Bonafini con el general César Milani. La nota está titulada “La madre y el general”, y ha sido presentada como un “encuentro histórico”.

Para los lectores del blog que no viven en Argentina, informo que el gobierno de Cristina Kirchner ha promovido recientemente a Milani al cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército, y ahora busca su nombramiento como general en Jefe. Pero encuentra obstáculos, ya que Milani está involucrado en causas judiciales por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Entre ellas, por la desaparición del Alberto Agapito Ledo, soldado conscripto oriundo de La Rioja. Al momento de su desaparición, en 1976, Ledo era asistente de Milani, y se lo hizo figurar como desertor, a igual que ocurrió con otros soldados desaparecidos. Milani también está acusado por los hermanos Ramón y Alfredo Olivera de haber participado en el traslado de su padre y de otros detenidos a sede judicial y de haberles realizado apremios ilegales. Estas acusaciones están avaladas por el Centro de Estudios Legales y Sociales (cercano al gobierno). El CELS asimismo informa que Milani sería uno de los responsables de la privación ilegítima de la libertad de Oscar Plutarco Shaller, un periodista de La Rioja, que ahora vive en Cuba. El premio Nobel Pérez Esquivel también ha pedido que no se ascienda a Milani en tanto continúe involucrado en estas causas.

En la entrevista Milani se defiende de esas acusaciones, diciendo que nunca torturó ni secuestró, y que todo se trata de una operación de los “multimedios monopólicos” y de la oposición, que busca perjudicar a la Presidenta. Bonafini consiente. En ningún momento insinúa siquiera que las acusaciones a Milani están sostenidas por la Asociación Madres de Plaza de Mayo de La Rioja, por ex detenidos, el CELS y Pérez Esquivel. Bonafini y Milani también acuerdan en que el Ejército “participe activamente de un proyecto nacional” y trabaje en barrios y villas. “Hebe, con ayuda de ustedes, el Ejército está dispuesto a ir por todos los cambios”, dice Milani. Y considera la posibilidad de hacer “algo con la Universidad de las Madres. Algún seminario o algún curso”.

Es importante ubicar estas declaraciones en la senda del discurso de Milani cuando juró como Jefe del Estado Mayor, el pasado 3 de julio, y anunció su intención de poner al Ejército al servicio “de la defensa y el desarrollo nacional”. Proyecto con el que Bonafini acuerda, y es avalado por casi la totalidad de la izquierda kirchnerista. Para estos sectores, la aceptación de Milani es un “costo” que hay que digerir, en aras de avanzar en la “unidad pueblo – Ejército”. Esto es, una forma de colaboración de clases entre los explotados y una de las principales instituciones del Estado capitalista, a fin de incrementar el poder de esta última. Lo que se juega aquí es un programa burgués que pasa no sólo por la legitimación de las fuerzas armadas ante la población, sino también por colocarlas en un rol político más relevante. En este respecto, se diferencia del proyecto liberal con relación a las fuerzas armadas que expresa, por ejemplo, La Nación. Este último pide terminar con todo tipo de cuestionamiento a lo actuado por los militares en los 1970, y visualiza para el Ejército un rol menos comprometido con la política cotidiana. Lo cual no impide que históricamente el sector liberal haya sido columna vertebral de sangrientas dictaduras militares en Argentina. Por eso, podemos decir que se trata de dos proyectos igualmente reaccionarios.

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Written by rolandoastarita

17/12/2013 at 16:36