Archive for the ‘Economía’ Category
Petróleo, caída de las bolsas y economía global
Esta nota continúa temas desarrollados aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí.
Los mercados bursátiles del mundo volvieron a caer fuerte ayer, jueves 11 de febrero. El Dow Jones bajó 1,6%; el Stoxx Europe 600 Index (un índice compuesto que representa 600 empresas de capitalización grande, mediana y pequeña de 18 países europeos) perdió el 3,4%; en Hong Kong la caída fue del 3,85% y en Tokio del 2,3%. Los más golpeados fueron los bancos. Las acciones del banco griego Ergasias y el italiano Unione di Banche Italiani cayeron 13%; Societé Generale 12% luego de informar ganancias menores a las esperadas y que hacía aprovisionamiento por potenciales costos legales; Deutsche Bank, Credit Suisse Group y Standard Chartered tuvieron pérdidas del 5%. El West Texas Intermediate cayó 4,9% para terminar en 26,24 dólares, el mínimo valor en 13 años. Como contrapartida, subieron los bonos públicos, y el precio del oro aumentó 4,6%; un signo de que se busca refugio en liquidez o valores seguros. “Los mercados temen un riesgo sistémico inminente como el provocado por la quiebra de Lehman Brothers”, dice Sylvain Loganadin, analista de FXCM, una compañía dedicada a la comercialización de divisas (La Nación, 12/02/15).
De nuevo, sobre petróleo y ley del valor
En una nota anterior (aquí) critiqué la afirmación del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de que el precio del petróleo es determinado a voluntad por EEUU. Sostuve que esta tesis es teóricamente insostenible e incapaz de explicar las evoluciones del precio del petróleo (y otras mercancías). Como era de esperar, la nota provocó críticas de defensores de la tesis “los precios son decididos por los monopolios”. Es que no se trata solo de las concepciones estatistas burguesas del estilo Chávez o Kicillof, sino también de un amplio espectro de economistas de izquierda, que van desde el populismo moderado al trotskismo, pasando por castristas, stalinismos diversos y el tercermundismo. En otras notas del blog, y en mis libros, traté de explicar la importancia que tiene esta cuestión para la comprensión del sistema capitalista y su crítica.
¿Precios contrarrevolucionarios?
“Por primera vez [el precio del barril de petróleo] llega a US$34. Las fuerzas imperialistas mundiales actúan mientras nosotros producimos petróleo. Ellos, con la manipulación de los mercados, ponen el precio” (declaraciones de Maduro, http://caraotadigital.net/precio-del-petroleo-toco-el-piso-de-los-us-34/). La idea es repetida por nacionalistas y progresistas de izquierda, e incluso por marxistas: la caída de los precios del petróleo sería una gigantesca maniobra de EEUU para ahogar a Venezuela y Cuba, y debilitar a otros enemigos, en primer lugar a Rusia.
Se trata de la concepción, arraigada en la izquierda, de que los precios son gobernados, centralmente, por el gobierno de EEUU, tal vez con la colaboración de otras potencias. Desde este enfoque, la ley del valor trabajo “a lo Marx”, no tendría validez. Es que en la teoría de Marx (también en David Ricardo) la ley del valor es objetiva, y ese carácter objetivo se impone a través de la competencia, entendida esta como guerra entre los capitales. Ello significa que la regulación y distribución de los tiempos de trabajo opera a través de los movimientos anárquicos de los precios en el mercado, y las variaciones más o menos súbitas de cantidades producidas y demandadas. Por eso, hay períodos de sobreacumulación, caída de la demanda, de los precios y de las ganancias; y otros de escasez de oferta, suba de precios y de las ganancias y la producción. Es entonces una dinámica gobernada por una ley que “se impone de modo irresistible… tal como por ejemplo se impone la ley de gravedad cuando a uno se le cae la casa encima” (El Capital, p. 92, t. 1, edición Siglo XXI). El enfoque que dice que “los precios son manipulados”, en cambio, nos ubica en una economía capitalista manejada a discreción por el todopoderoso “Imperio”. Es una variante, exagerada, de la idea de que los precios son manejados por un grupo de “grandes monopolios”.
“Cómo funciona la economía capitalista” de Nieto Ferrández
En algunas oportunidades lectores del blog me preguntaron cuáles son los economistas marxistas de habla castellana con los cuales tengo mayores coincidencias. Respondo que, sin dudas, el economista de lengua castellana que más influyó en mi enfoque en economía es Diego Guerrero, que es profesor de la Universidad Complutense de Madrid. La lectura de su obra contribuyó de manera decisiva a muchas de mis elaboraciones, pero también, y más importante, es que Diego ha alentado la conformación de toda una corriente de marxistas, muchos de ellos también de la UCM, lo cual abre una perspectiva renovadora. De forma característica, esta corriente subraya la centralidad de la teoría del valor trabajo de Marx para el análisis del capitalismo, en la tradición de Isaac Rubin, Henry Grossman y Roman Rosdolsky, entre otros. Una visión general de esta corriente la encontramos en Otra teoría económica es posible. Ensayos críticos de economía política, coordinada por Juan Pablo Mateo y Ricardo Molero (edición Popular, Madrid, 2010), en la cual tuve el gusto de participar con una contribución. En el prólogo de esa obra Diego Guerrero se refería a “una nueva generación de economistas marxistas en español”. Naturalmente, no puedo dejar de mencionar al economista marxista José Tapia, con quien he publicado e intercambiamos permanentemente. En lo personal, además, confieso que encuentro en esta corriente el mayor aliento para mantener una línea independiente y crítica frente al “marxismo nacional populista”, tan extendido en Latinoamérica (que no casualmente, ha reemplazado la teoría del valor trabajo por una teoría de “precios de monopolio”).
Keynes sobre inversión y ahorro
En la nota anterior (aquí) planteé que es un error desconocer el rol que tiene la inversión en el principio keynesiano de la demanda efectiva. Sostuve también que, desde la teoría de Keynes, no basta con que aumenten los ingresos (y los ahorros) de los empresarios para que aumente la inversión. Por eso, en la nota señalé que, según Keynes, el ahorro no siempre va automáticamente a la inversión, en oposición a la ortodoxia defensora de la ley de Say. Dada la importancia de este punto, en esta nota amplío esta última cuestión.
Marshall y Keynes sobre ingreso, ahorro e inversión
La idea de que basta con aumentar los ingresos de los empresarios para que aumente la inversión es criticada por Keynes en el capítulo 2 de la Teoría General. En el apartado VI de ese capítulo observa que “[d]esde los tiempos de Say y Ricardo los economistas clásicos han enseñado que la oferta crea su propia demanda”, queriendo decir con esto que “los costos de producción deben necesariamente gastarse por completo, directa o indirectamente, en comprar los productos” (p. 28). Explica luego que se hace una falsa analogía entre la economía monetaria y de mercado “con alguna de trueque, como la de Robinson Crusoe”. Con esto Keynes se está refiriendo al razonamiento del tipo “el trigo que Robinson no consume, lo ahorra e invierte como semilla de la próxima siembra”, con que todavía se inicia a los alumnos en algunos cursos de macroeconomía.
Economistas K y el principio de demanda efectiva
En otras notas he polemizado con la idea, muy difundida entre los economistas keynesiano-progresistas, de que es posible sostener la demanda en base al gasto público (aquí, aquí). En esta amplío el argumento a partir de la interpretación de Keynes que hacen destacados economistas, identificados con la gestión kirchnerista. Sostienen que, según Keynes, los factores determinantes del ingreso y la producción son el consumo popular y el gasto público. Por ejemplo, el profesor Andrés Asiain, en “Mitos económicos. La ortodoxia contra la demanda interna” (Página 12, 25/10/15) escribe:
“… desde que en los años treinta Kalecki y Keynes desarrollaran el concepto de demanda efectiva, se sabe que los ingresos son un resultado del volumen de gastos. Así, la ampliación de la demanda interna no debe financiarse a costa de un ingreso previo, sino que es la generadora de ingresos vinculados con el mercado interno. Es decir, el mayor gasto público y consumo popular, estimulan las ventas, la producción y el empleo, engordando la recaudación impositiva, los aportes patronales y de los trabajadores a la seguridad social, así como los ingresos empresariales y de otros sectores que conforman el ahorro interno. La idea de agotamiento de esos recursos “manoteados por el Estado”, es una ilusión ortodoxa que no comprende que los mismas se nutren del gasto estatal y su efecto estimulante sobre la producción y el empleo”.
Preguntas para el K-progresismo
Durante años el progresismo nac & pop, en prácticamente todas sus variantes, insistió en que uno de los rasgos distintivos del kirchnerismo era que había suplantado un modelo que beneficiaba la acumulación financiera, por otro que se centraba en la producción. En los primeros años la idea iba acompañada del elogio de los superávits gemelos, esto es, fiscal y de cuenta corriente.
Pues bien, ¿en qué se diferencia lo que está haciendo hoy el Ministerio de Economía con las clásicas políticas de la “derecha funcional a los negocios del capital financiero»? Más precisamente, ¿en qué se diferencia una política de atraso cambiario para frenar la inflación, alto déficit fiscal, déficit en cuenta corriente, altas tasas de interés y masivo endeudamiento del Banco Central (Lebac, ventas de futuros a bajo precio) para gran negocio de los bancos, fondos de inversión y grandes empresas, de las políticas acostumbradas de cualquier gobierno asociado a la «patria financiera»?
“Plan B de Varoufakis” y contradicciones del dinero (2)
La primera parte de esta nota, aquí
El equivalente en las economías atrasadas
Las limitaciones que tiene un sistema monetario autonomizado como simple promesa de pago se intensifican al tratarse de un país atrasado y dependiente. Al respecto, en Valor, mercado mundial y globalización, y después de señalar que la moneda nacional tiene un rol de equivalente parcial, planteaba que “la legitimidad como equivalentes de las monedas nacionales es puesta periódicamente entre signos de interrogación, en especial cuando se trata de equivalentes vinculados a ámbitos de valor sustentados en un bajo desarrollo de las fuerzas productivas. Esto explica que las monedas nacionales actúen como encarnación de valor en la medida en que están respaldadas por monedas ‘fuertes’, y en particular por la moneda que actúa como moneda internacional. Por eso, si bien la validación de los trabajos privados se realiza reduciendo las mercancías al equivalente nacional, este a su vez tiene que estar respaldado por la moneda mundial. (…) Las reservas internacionales constituyen el activo financiero de respaldo último de la base monetaria nacional; una moneda nacional respaldada exclusivamente en el crédito interno (títulos públicos) estaría sujeta al cuestionamiento y a crisis de confianza que harían imposible la acción de la ley del valor. En última instancia, cuando sucede esto, la moneda nacional es reemplazada por la moneda mundial, primero en sus funciones de reserva de valor y atesoramiento, luego como medio de pago y finalmente como medio de cambio”.
Plan B Varoufakis y contradicciones del dinero (1)
Una de las creencias más difundidas en la izquierda de corte socialdemócrata o stalinista es que las reformas monetarias pueden brindar soluciones a los problemas de la economía capitalista y evitar los padecimientos que generan a las masas populares. La idea, por ejemplo, de que Grecia pueda salir de la crisis abandonando el euro y volviendo a su moneda, es representativa de esa tesis. En otras notas hemos explicado que esa medida no evitaría la devaluación de la eventual nueva dracma, esto es, la caída de salarios y condiciones de vida de las masas populares.
Sin embargo, existen versiones más sofisticadas de soluciones monetarias reformistas. Un ejemplo es el “plan B” para Grecia, que en su momento elaboró el ex ministro Yanis Varoufakis como alternativa al acuerdo que impuso la Comunidad Europea. Según lo revelado por la prensa, Varoufakis propuso que si el Banco Central Europeo cerraba el suministro de euros a los bancos griegos, el Banco de Grecia debería imprimir pagarés, que se hubieran asignado a los ciudadanos y empresas, de manera que el Estado pudiera utilizarlos para transferencias digitales. El primer ministro Tsipras admitió enseguida que el plan existió, pero aclaró que el mismo no implicaba abandonar el euro y que solo fue concebido para el caso en que se agravaran los problemas de liquidez. Se plantea entonces la cuestión (sugerida en “Comentarios” de este blog) de si puede haber una moneda puramente virtual; y si su creación puede ser una salida a las dificultades griegas.
















