Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Competencia «a lo Marx» y monopolio (II)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del jueves(Continúo aquí la nota anterior).

Tendencia a la concentración y contratendencia

Uno de los errores más difundidos es la idea de que la tendencia a la concentración y centralización del capital debía llevar al sistema capitalista a un punto de cambio cualitativo, a partir del cual el monopolio comenzara a prevalecer por sobre la competencia; ese punto, se dice, habría sido alcanzado a fines del siglo XIX. A partir de entonces la competencia habría pasado a un segundo plano. Sería el desenlace natural del impulso a la concentración y centralización del capital (tendencias analizadas por Marx en el capítulo 23 del tomo 1).

El problema con esta visión es que peca de unilateral y mecánica. Lógicamente, no se puede negar que en algún momento el sistema capitalista desemboque en el dominio de los monopolios, pero lo cierto es que hasta el presente la centralización del capital avanzó desplegando tendencias contradictorias. Es que a la par que avanzan la concentración y centralización, también aumenta el número de capitales que entran en competencia. “El incremento del capital social se lleva a cabo a través del incremento de muchos capitales individuales. Presuponiendo que no varíen todas las demás circunstancias, los capitales individuales -y con ellos la concentración de los medios de producción- crecen en la proporción en que constituyen partes alícuotas del capital global social. Al propio tiempo, de los capitales originarios se desgajan ramificaciones que funcionan como nuevos capitales autónomos. (…) con la acumulación del capital crece en mayor o menor medida el número de capitalistas” (Marx, 1999, t. 1, p. 777).

La realidad es que constantemente surgen nuevas ramas de producción donde se generan nuevos capitales. También se incorporan países en los que se desarrolla el capitalismo, dando lugar a la formación de nuevos capitales que compiten en los mercados mundiales. Pero además, en las ramas ya instaladas, el cambio tecnológico con frecuencia favorece la aparición de capitales que presentan batalla exitosamente a los antiguos, especialmente si éstos deben soportar altos costos para mandar a desguace equipos y máquinas obsoletas. Por eso, se trata de dos tendencias, a la centralización y concentración, por un lado, pero también al surgimiento de nuevas unidades del capital. Como resultado, la ley del valor opera a escala cada vez mayor. En la medida en que los capitales crecen por la concentración y centralización, tienen más poder para incursionar en nuevos mercados. Y constantemente aparecen nuevos competidores, adquiriendo la lucha competitiva dimensiones mundiales.

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Competencia «a lo Marx» y monopolio (I)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn varias ocasiones, en los “Comentarios” del blog, se ha tocado la cuestión de si es correcta la tesis de la preeminencia del monopolio en el capitalismo contemporáneo. La misma fue adelantada por Hilferding, Hobson, Bujarin y Lenin, a principios del siglo XX, y fue adoptada luego por la mayoría de la izquierda. Stalinistas, trotskistas, maoístas, guevaristas, socialdemócratas, nacionalistas de izquierda y radicales izquierdistas de las más diversas tendencias, parecen coincidir en que hacia finales del siglo XIX la concentración del capital habría llegado a un nivel tal que habría producido un cambio cualitativo del modo de producción capitalista: se habría pasado del capitalismo de la libre competencia, al capitalismo monopólico. Desde este enfoque, las explicaciones discurren siempre por los mismos carriles. ¿Por qué suben los precios en Argentina? Respuesta: porque los grupos monopólicos, formadores de precios, suben los precios a voluntad. ¿Por qué suben los precios de los alimentos a nivel mundial? Porque los grupos financieros monopolistas manipulan los mercados de futuros. ¿Por qué sube el petróleo? Porque las grandes empresas petroleras dominan el mercado y establecen los precios. Y así de seguido (aunque algunas preguntas jamás se formulan; por ejemplo, ¿por qué en Japón ha habido fuertes presiones deflacionarias en los últimos 15 años? ¿Acaso porque aquí los monopolios decidieron bajar los precios? Nadie parece preguntarse ni responder. Pero estos son “detalles”). En cualquier caso, el diagnóstico permanece idéntico. El problema es el dominio monopólico.

Debo decir que durante mucho tiempo compartí esta visión. Sin embargo, desde hace años, he cambiado mi postura, influenciado en buena medida por Anwar Shaikh, y otros autores, que han criticado la tesis del dominio monopólico. Esencialmente, sostengo que actualmente la competencia desempeña un rol por lo menos tan importante como en el siglo XIX, y que esto explica por qué las leyes que gobiernan la formación de los precios, presentadas por Marx en El Capital (y otros escritos), siguen siendo válidas. En particular, sigue vigente la ley del valor trabajo, la tendencia a la formación de una tasa media de ganancia y la tesis de que los precios de producción son “centros” en torno a los cuales oscilan los precios de mercado. Pero cuando afirmo esto, es bastante común que se me acuse de adherir a la tesis neoclásica de la competencia perfecta. A fin de despejar esta objeción, y contribuir al debate, en esta nota presento la noción de competencia en Marx, su diferencia con las llamadas “competencia perfecta” y “competencia imperfecta”, y algunas consecuencias que se desprenden con respecto a la tesis del capitalismo monopólico. He dividido la nota en dos partes.

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12/10/2012 at 11:39

Sindicato de policías, ¿consigna socialista?

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Por estos días, en “Comentarios”, me han preguntado qué opino sobre la demanda de formación de un sindicato de policías (también de gendarmes, prefectos, personal del servicio penitenciario). Dirigentes gremiales de la CTA y la CGT se han manifestado a favor de la idea; incluso ya hay un embrionario sindicato de la policía, que tiene el apoyo de Pablo Micheli. También algunos partidos de izquierda están reclamando, desde hace años, el derecho a la sindicalización de la policía. Naturalmente, el tema se ha puesto en primer plano con el conflicto de los gendarmes y prefectos. En esta nota presento algunas reflexiones sobre el asunto, y explico por qué entiendo que los socialistas no deberían apoyar la demanda.

Compañeros trabajadores que enfrentan el ajuste”

El argumento central de los dirigentes sindicales que abogan por la formación de sindicatos del personal de las fuerzas de seguridad, es que se trata de trabajadores que deben gozar de los mismos derechos que cualquier otro asalariado. En los partidos de inspiración marxista que defienden la idea, el argumento es un poco más sofisticado. Se sostiene que, si bien los policías y gendarmes forman parte de los cuerpos represivos del estado, provienen del pueblo y venden su fuerza de trabajo. Por eso, habría una contradicción entre el rol represivo del aparato del que forman parte, y el hecho de que son asalariados, con intereses y demandas comunes con el resto de los trabajadores. ¿Por qué no aprovechar esta contradicción y ganarlos para la causa de la clase obrera o del socialismo? Después de todo, dice el argumento pro sindicato, los gendarmes y prefectos están enfrentando el plan de ajuste del gobierno K, igual que otros asalariados. El movimiento tiene la misma progresividad de cualquier otra lucha de los trabajadores.

Más en general, y debido a la crisis capitalista, en muchos países los policías han comenzado a rebelarse. Para citar algunos ejemplos: en Portugal, el Sindicato Unido de la Policía planteó que estaría del lado de los manifestantes, porque “somos ciudadanos antes que policías”. En Grecia, a principios de septiembre, se llegó a un enfrentamiento entre policías en huelga y policías anti motines, porque los primeros querían impedir que los anti motines salieran de sus cuarteles para ir a reprimir manifestantes. En Inglaterra, la policía ha participado en manifestaciones y está amenazando con una huelga (que está prohibida) porque el gobierno ha adelantado un programa de recortes de salarios, despidos y aumento de la edad de jubilación de los policías. En Brasil, hubo huelgas en varios estados y en Río de Janeiro, por aumentos de salarios; en Bahía se produjeron choques de la policía con las fuerzas de seguridad enviadas por el gobierno. En Bolivia, hubo acuartelamientos y manifestaciones, por reivindicaciones salariales; en 2003 se produjeron violentos enfrentamientos con la guardia presidencial. En conclusión, sigue el razonamiento, no hay motivo alguno para no estar detrás de estos reclamos: son parte de la lucha general contra las políticas de austeridad y ajuste del capitalismo.

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06/10/2012 at 12:18

Kicillof, inflación y Keynes

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Recientemente, en su presentación ante el Congreso del proyecto de presupuesto 2013, el doctor Kicillof explicó que la emisión monetaria en Argentina no es inflacionaria, y citó el caso de EEUU, donde la fuerte expansión monetaria, con la crisis, no provocó una suba de precios importante (a julio de 2012, la inflación anual es del 1,7%). El argumento de Kicillof fue: “Para los que piensan que la emisión es la causa exclusiva del aumento de precios, les recuerdo que vivimos en un laboratorio de expansión monetaria. EEUU cuadruplicó su base monetaria, la Unión Europea la duplicó, y el Banco de Inglaterra la cuadruplicó. ¿Y en estos países hay riesgo de inflación? No, hay riesgo de deflación”. Por eso, en Argentina habría margen para emitir billetes, sin temer consecuencias inflacionarias. De acuerdo a los datos presentados por el doctor Kicillof, el agregado monetario M2 equivale a solo el 20% del PBI, un porcentaje mucho más bajo que en otros países (Brasil, Chile, EEUU, Francia, Corea del Sur). Según Kicillof, pensar que la emisión monetaria genera inflación, es propia de la ortodoxia neoliberal. También explicó que la inflación solo le preocupa a los financieros, ya que el movimiento obrero está en condiciones de actualizar su salario por encima de la tasa inflacionaria, y citó a Keynes como respaldo de su afirmación.

Errores, uno tras otro

En todo esto hay, por supuesto, muchísimos problemas, que en buena medida he discutido en otras notas, referidas la teoría cuantitativa del dinero (inspiración del monetarismo), y a la crítica de Marx a la misma. En este apartado, resumo los puntos más destacados y remito a las entradas correspondientes, porque en esta nota quiero centrarme en lo que dijo Kicillof sobre Keynes y la inflación (el lector que no desee entrar en las complejidades de la discusión con el monetarismo, puede pasar al siguiente punto).

En primer lugar, es paradójico que pretendiendo ser crítico de la teoría cuantitativa, el doctor Kicillof razone acerca de las presiones (o peligros) inflacionarios en términos de comparación entre el PBI y los agregados monetarios. Se trata de una problemática estrictamente monetarista, que ya hace mucho fue criticada por Marx. Lo central es que no tiene sentido comparar masa monetaria con masa de mercancías, para deducir de aquí que el aumento de precios deriva del aumento de la primera con respecto a la segunda (ver aquí para la crítica de Marx a la teoría cuantitativa).

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03/10/2012 at 15:46

La periodista Ana Guzzetti y Orlando Barone

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Pocas veces he escrito algo “sobre caliente”. Siempre pienso en notas más “de largo plazo”. Hoy hago una excepción. Confieso que escribo con indignación, que no siempre es buena consejera, pero siento el deber de hacerlo. Voy al grano.

Ayer, miércoles 26, puse un rato 6,7,8, el programa oficialista del canal oficialista. El tema que charlaba el panel eran las conferencias de prensa. Todos aportaban argumentos para defender la negativa de la presidenta Kirchner a dar conferencias de prensa. En esas circunstancias, Orlando Barone recordó una conferencia de prensa, de 1974, en la que una periodista del diario El Mundo le hizo una pregunta “inconveniente” a Perón. La periodista se llamaba Ana Guzzetti, y El Mundo estaba vinculado al PRT. Guzzetti le preguntó a Perón qué medidas iba a tomar el gobierno ante la escalada de atentados fascistas, perpetrados por grupos parapoliciales, que estaban sufriendo los militantes populares. Tengamos en cuenta que por ese entonces había habido una ola de bombas contra unidades básicas y locales de partidos de izquierda. Por toda respuesta, Perón le dijo a Guzzetti que debía probar lo de parapoliciales, y llamó a su edecán para que tomara los datos de la periodista, a fin de iniciarle una causa.

Pues bien, Barone reivindicó esa respuesta de Perón, ya que en su opinión lo de la periodista había sido una provocación; había hecho una pregunta “irresponsable” (estoy citando de memoria, pero seguramente podrán ver la grabación del programa). Con esto, Barone quería demostrar lo inconveniente que son las conferencias de prensa, y lo acertado que estuvo Perón en parar una pregunta que podía generar «escándalo». En ese punto, Gabriela Cerruti, que había sido invitada al programa, le recordó que la periodista de El Mundo había terminado secuestrada y desaparecida. Barone se llamó a silencio. “No es un ejemplo feliz”, le observó Cerruti. El resto del panel no dijo palabra y fueron a la tanda.

Cambié de canal, asqueado. Hay cosas que tocan recuerdos muy dolorosos. Aquella conferencia de prensa de 1974 tuvo amplia repercusión en ese momento. Por aquellos días todos sentíamos cómo avanzaba a pasos agigantados la represión de los grupos fascistas y parapoliciales, amparados en el aparato del Estado. La joven periodista se había animado a poner el dedo en la llaga del fascismo. Perón respondió con la amenaza (que no era menor en aquel contexto), y poco después Ana Guzzetti fue secuestrada y torturada (aunque creo que no desapareció). El diario El Mundo fue cerrado algunas semanas después de esa conferencia de prensa.

Para concluir, me parece muy significativo que Barone considere que lo de Ana Guzzetti fue una provocación; que haya reivindicado aquella respuesta brutal de Perón; que no haya sentido siquiera la necesidad de rectificarse cuando Cerrutti le recordó cuál había sido la suerte corrida por la periodista; y que el resto del plantel estable del programa oficialista haya callado. A esto le llaman hoy “progresismo de izquierda” y “lucha contra los monopolios mediáticos”. A veces, un acto revela más contenido que 100 discursos.

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27/09/2012 at 09:37

Foxconn y lucha de clases en China

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En su edición de ayer (25/09/12) La Nación informa sobre el estallido de un fuerte conflicto en la planta de 80.000 empleados que Foxconn posee en Taiyuan, China. Ocurrió durante el fin de semana del 22 y 23 de septiembre, y dejó un saldo de 40 trabajadores heridos y varios detenidos. “Detrás del nuevo iPhone5, la furia de los obreros chinos”, titula la periodista, Natalia Tobón, y escribe: “El esperado lanzamiento del iPhone5 fue todo un éxito de ventas, pero un estallido de furia en una fábrica china desnudó el lado más oscuro de los productos Apple”. Según Tobón, varios trabajadores informaron a los medios chinos que un guardia de seguridad estaba golpeando a un trabajador, y más de 200 compañeros salieron a defenderlo. El enfrentamiento con el personal de seguridad habría durado unas cuatro horas. “La firma tiene un negro historial de suicidios, denuncias laborales, pésimas condiciones sanitarias y mal pago que motivan constantes protestas”, agrega. Lo sucedido en Foxconn se inscribe en un contexto de creciente resistencia de la clase trabajadora de China a la explotación. Vale la pena entonces ampliar un poco la información.

Explotación y suicidios

Con 1,2 millones de empleados en todo el mundo, Foxconn es el mayor fabricante de componentes electrónicos. De origen taiwanés, en 1988 abrió su primera planta en China, buscando bajar los costos, salariales en primer lugar. Desde entonces no dejó de expandirse; actualmente es la mayor empleadora privada en China, y también posee fábricas en Eslovaquia, Polonia, República Checa, India, México y Brasil, además de Taiwan. En 2011 la empresa informó que estaba considerando realizar una inversión en Brasil de 12.000 millones de dólares y también ampliar su inversión en México. Solo en su planta china de Shenzhen trabajan unas 270.000 personas; incluye dormitorios, negocios internos, restaurantes, hospital y lugares para hacer deportes.

Las denuncias sobre las condiciones de explotación en Foxconn tuvieron resonancia mundial a partir de la ola de suicidios ocurrida en la planta de Shenzen, en 2010. Ese año, 18 empleados intentaron suicidarse, y 14 lo lograron. Por entonces, los trabajadores recién ingresados recibían el salario mínimo de 130 dólares, más alojamiento y comida. Era más de lo que se pagaba en el resto de China, pero las condiciones de trabajo eran extenuantes y muchos no resistían. Según The Economist del 27/05/10, de manera regular los trabajadores de Foxconn están obligados a superar las 36 horas semanales de horas extras que son permitidas como máximo en China. De acuerdo a una investigación realizada por Apple, un tercio de los trabajadores de la planta de Longhua excedía las 60 horas semanales. Pero las historias individuales de algunos trabajadores son más reveladoras que las cifras globales. Tomemos el caso de Ma Xiangpian. Ma tenía 19 años, provenía de una aldea campesina empobrecida, y fue hallado muerto en frente de su edificio de dormitorios; compartía el dormitorio con otros nueve trabajadores. Su hermana también trabajaba en la empresa, pero renunció luego de la muerte de su hermano. La familia dice que Ma odiaba el trabajo, que había tomado unos pocos meses antes. Se trataba de un turno de noche, de 11 horas, siete noches a la semana, fundiendo plásticos y metal en partes electrónicas, entre humo y polvo. Luego de una discusión con su supervisor, Ma fue puesto a limpiar baños. En el mes anterior a su muerte Ma trabajó 286 horas, incluyendo 112 horas de sobretrabajo. Por todo eso, aún con la paga por trabajo extra, ganó un promedio de un dólar por hora. Ma se suicidó y fue encontrado muerto el 23 de enero. La familia pidió compensación a la empresa, pero ésta se negó (The New York Times, 6/6/2010).

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Written by rolandoastarita

26/09/2012 at 10:53

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«Aquí está Rodas, salta aquí»

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A raíz de algún comentario que recibí, quiero precisar el objetivo y el problema que planteé en la nota anterior, a fin de que no nos vayamos por las ramas. Básicamente, en la nota intento reivindicar el método materialista, aplicado a dilucidar un problema referido al pasado reciente de Argentina. Pongo las cosas de la forma más clara y precisa posible, para que no se responda con evasivas:

Primera cuestión, es necesario comprender y explicar la historia para comprender y explicar el presente. Por eso, no es un asunto menor que entre la intelectualidad K no se ponga a debate cómo y por qué el “movimiento nacional y popular” hizo lo que hizo en los 90.

Segunda cuestión, debemos tener en cuenta los hechos y datos (no es posible construir realidades en base a “relatos” u ocultamientos). Es una realidad lo que hicieron los K, ex montos, ex militantes de la JP, etc.

Tercero, aparece entonces el problema de caracterizar qué representaron las políticas de los 90, y por qué fueron aplicadas por el “movimiento nacional y popular”. Si se afirma que esas políticas solo beneficiaban a “los grupos concentrados”, y si se afirma que el “movimiento nacional y popular” no es la expresión política de los “grupos concentrados”, hay que explicar por qué “el movimiento nacional y popular” aplicó esas políticas. Este es el problema con que se enfrenta Basualdo.

Una respuesta posible hubiera sido “no sabían lo que hacían”. Parece imposible, pero podría haber sido una respuesta. Otra es la que da Basualdo: lo hicieron porque los grupos compraron a los líderes populares y nacionales con coimas y altos salarios. Aquí es donde un enfoque materialista enciende una luz de alerta: por los motivos que explico en la nota, la explicación “fueron las coimas” se cae a pedazos. Entre otras razones, porque si sirve para explicar políticas sistemáticas a lo largo de 30 años, sirve para toda experiencia histórica. Pero en ese caso la historia se convierte en una saga de chismes y anécdotas. Mi explicación entonces es: el neoliberalismo expresó necesidades del conjunto del capital (que se particularizaban en cada país); el PJ (con los K, ex montos, etc,) instrumentó esas políticas porque se trata de una de las expresiones políticas del capital.

Ahora bien, supongamos que mi respuesta es rechazada. ¿Cuál es la alternativa? ¿Acaso la explicación “fueron las coimas y retornos”? ¿Defiende la intelectualidad kirchnerista esta explicación? ¿Sí o no? Si no la defiende, ¿por qué no critican abiertamente la explicación de Basualdo? Después de todo circula desde hace años, ha sido reeditada en 2011, por una editorial en cuyo consejo están Enrique Arceo y Axel Kicillof, entre otros. Mucha gente lee la explicación de Basualdo, puesta en un texto que goza de la más alta estima en las ciencias sociales argentinas. Más aún, esa explicación está diciendo que muchos de los más altos funcionarios del gobierno actual, incluyendo la presidenta, fueron unos coimeros en los 90. ¿No tienen nada que decir sobre semejante afirmación? Por otra parte, no es menor el hecho de que guarden silencio sobre este asunto personajes que, además de ser destacados intelectuales, son hoy altos funcionarios.

Por último, pregunto, si la explicación “de clase” no sirve; si la explicación “fueron las coimas” no sirve; y si tampoco sirve la explicación “no sabían lo que hacían”, ¿cuál es la respuesta al interrogante planteado por Basualdo? Si se precian de ser rigurosos científicos sociales, y si consideran que el método del materialismo no sirve, ¿qué alternativa ofrecen? ¿Cómo explican lo que hicieron los K, los ex montos, los ex militantes de la «gloriosa JP de los 70», bajo el menemismo y el gobierno de la Alianza? “Aquí está Rodas, salta aquí”.

Written by rolandoastarita

20/09/2012 at 09:35

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Menemismo, los K y la tesis del “transformismo”

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Una constante del discurso kirchnerista es separar absolutamente el modelo neoliberal, impuesto por la dictadura en 1976, del “productivo con inclusión social”, establecido en 2003, y vigente hasta el presente. Según este relato, entre 1976 y 2003 las políticas de los gobiernos fueron anti-nacionales y anti-pueblo, y favorables a los grupos económicos que se rigen por una lógica especulativa y financiera. Pero todo habría cambiado con la llegada de los Kirchner a la presidencia de la nación.

Claro que de ser esto así, se plantea el problema de explicar el apoyo del matrimonio “nacional y popular”, y también de montoneros y militantes de la “gloriosa JP” de los 70, al menemismo; así como la participación de relevantes kirchneristas (Nilda Garré, Abal Medina) en el gobierno de la Alianza. Recordemos que en los 90 se despidieron decenas de miles de trabajadores estatales; se privatizaron las empresas de correos, agua, teléfonos, gas, petróleo, ferrocarriles y las cajas de jubilaciones; se impusieron topes a los aumentos salariales; se ataron los aumentos en el sector privado a los incrementos de productividad; se habilitaron los contratos temporarios y se los promovió: se inició la discusión sobre la ley de flexibilización laboral (que se votaría con el gobierno de la Alianza); se redujeron las indemnizaciones por accidentes laborales; se estableció que la vigencia de los convenios colectivos podía suspenderse por tres años en casos de concursos y quiebras; y se incluyeron cláusulas que implicaban precarización laboral en numerosos convenios laborales (automotriz, siderurgia, alimentación). También en los 90 se extendió la sojización, y se iniciaron los grandes emprendimientos mineros a manos de empresas transnacionales. Y funcionarios, empresarios y burócratas sindicales se enriquecieron vertiginosamente con los negociados que posibilitaron las privatizaciones. Los Kirchner, además de enriquecerse, participaron de la privatización de YPF, de las cajas de jubilaciones y del bancos de Santa Cruz; fueron constituyentes en 1994 y proclamaron a Menem el mejor presidente argentino, después de Perón. Otros altos funcionarios kirchneristas tuvieron actuaciones parecidas.

Se plantea entonces la “pregunta imposible”: ¿cómo pudo suceder esto, estando el “movimiento nacional” en el gobierno? Aunque habitualmente los militantes K eluden la cuestión, disponemos sin embargo de una elaborada respuesta, producto del investigador en ciencias sociales Eduardo Basualdo. Para quienes no lo conocen, digamos que Basualdo es doctor en Historia, investigador del Conicet, coordinador de varias áreas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, participa de la CTA oficialista e integra desde hace poco el directorio de YPF. Sus trabajos son altamente valorados en los medios académicos y en el progresismo izquierdista. En 2011 publicó Sistema político y modelo de acumulación, que reúne tres largos ensayos de su autoría. En el segundo de esos ensayos, originariamente publicado en 2001, presenta una explicacón de cómo fue posible que el movimiento nacional y popular abrazara la causa del neoliberalismo en los 90. En esta nota resumo su respuesta y la analizo críticamente.

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Traducciones de «El Capital» y un error en Siglo XXI

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A raíz de la nota anterior se me consultó acerca de qué traducción de El Capital era preferible, la de FCE, realizada por Roces, o la de Siglo XXI. Respondí que sin dudar, prefiero Siglo XXI. Con la traducción de Siglo XXI se pueden tener discrepancias de matices, pero solo eso. Por ejemplo, traduce Warenkapital como “capital mercantil”, y yo diría “capital mercancía”. Pero se entiende que es un matiz.

Con la traducción de Roces, de FCE, la cuestión es muy diferente. Hay errores gruesos, diría que inadmisibles. No soy un experto en el tema, pero son tan gruesos, que saltan a la vista. Por ejemplo, y solo tomando “al vuelo” el capítulo 1, Marx escribe “Die allgemaine Äquivalentform ist die Form des Werts überhaupt” (Mega 23, p. 83). Roces traduce: “La forma del equivalente general es una forma de valor en abstracto” (FCE, p. 23). Esto es, ha traducido überhaupt como “abstracto”, cuando la traducción, sin dudas, debe ser “en general”. Siglo XXI lo traduce correctamente. Ahora bien, no es una cuestión menor, teniendo en cuenta el peso que tiene la noción “abstracto” en el razonamiento de Marx.

Doy otro ejemplo, de nuevo grosero, y en el capítulo I. Luego de haber explicado la forma desarrollada del valor, Marx escribe, en el punto “Relación de desarrollo entre la forma relativa de valor y la forma equivalente”, lo siguiente: “Para expresar el valor relativo del equivalente general, antes bien, hemos de invertir la forma III” (Siglo XXI, p. 84, énfasis mío). La traducción está perfecta, porque en alemán es: “Um den relativen Wert des allgemeinen Äquivalent auszudrücken, müssen wir vielmehr die Form III umkehren”. Umkehren quiere decir tanto dar vuelta como volver. Es claro por el contexto que no tiene sentido que Marx diga que para expresar el valor relativo del equivalente general haya que volver a la fórmula III, ya que ésta es la expresión del valor general de las mercancías. Por lo tanto, la traducción correcta de umkehren es “invertir”, o “dar vuelta”. Pero en la edición de FCE leemos: “Para expresar el valor relativo del equivalente general, no tenemos más remedio que volver los ojos a la forma III”. Además de haber metido en el medio “remedios” y “ojos que vuelven»,  traduce umkehren como “volver a”, con lo cual la afirmación de Marx no tiene sentido, es ilógica. En definitiva, creo que no debería haber lugar a dudas de que es mejor la traducción de Siglo XXI, edición a cargo de Pedro Scaron, y traducción de León Manes. Tal vez lo que molesta un poco de la edición de Siglo XXI es que los agregados que Marx hizo en las siguientes ediciones (hizo 4 bajo su supervisión) estén como notas al pie de página. La edición MEGA alemana tomó directamente la cuarta edición, revisada por Marx. Aunque reconozco que la opción de Siglo XXI permite seguir la forma en que Marx fue corrigiendo y aclarando. Son, de todas formas, matices.

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Written by rolandoastarita

13/09/2012 at 10:19

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Sobre la traducción «capital mercantil» y «comercial»

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn la nota anterior he utilizado el término «capital mercantil» para referirme al conjunto del «capital comercial» y del capital que opera con dinero. Un amigo me escribió por mail para señalarme que, según la traducción de Siglo XXI, el uso de los términos debería ser inverso. Esto es, Marx en el capítulo 16 dice que el capital comercial (kaufmännische oder Handelskapital) para referirse al que reúne al capital que se dedica al tráfico de mercancías (Warenhandlungkapital), y al dedicado al tráfico del dinero (Geldhandungskapital). Aclaro que utilizo la edición alemana MEGA, volumen 23. La traducción que se hace en la edición de Siglo XXI se discute en la nota 82 de las pp. 1170-1, del tomo 3. El término «Merkantiles Kapital» se traduce como «capital comercial». En la nota yo había traducido «Merkantiles Kapital» como capital mercantil, pensando que este término es más claro que «capital comercial» (dado que este término engloba al capital dedicado al tráfico de dinero, como los bancos). Sin embargo, Siglo XXI traduce Merkantiles Kapital como capital comercial; de manera que el capital comercial (Merkantiles Kapital, o Handelskapital) es el que engloba al capital que opera con las mercancías, esto es, el capital mercantil, más el capital que opera con dinero.

Reflexionando sobre la cuestión, pienso que yo estaba equivocado, y es mejor seguir la traducción de Siglo XXI. De manera que corrijo también en la nota anterior. El concepto básico no varía: el capital dedicado al comercio de las mercancías, y el dedicado al comercio de dinero, es englobado por Marx bajo una misma categoría. Aclaremos también que en muchos pasajes Marx utiliza los términos «capital comercial» y «capital mercantil» como sinónimos (al menos, ésta es mi interpretación de la cita de la página 403, del t. 3, de la edición Siglo XXI). Debemos tener presente siempre que se trata de textos en borrador, y que los términos pueden presentar ciertas ambigüedades.

Written by rolandoastarita

12/09/2012 at 15:16

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