Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Marxismo acomodaticio, o crítico y subversivo

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La crítica al socialismo burgués, o al socialismo “Siglo XXI” (en realidad, capitalismo de Estado burocrático) suscita fuertes reacciones en amplios sectores del socialismo. Es que la idea de que hay que apoyar –“críticamente”- a regímenes burgueses que se proclaman a sí mismos socialistas, o progresistas, está firmemente establecida en la opinión pública de izquierda. El razonamiento más común es que hay que apoyar todo lo que permita mejorar, aunque sea en grado limitado, la situación de los trabajadores, o de las minorías oprimidas.

Pero el argumento no tiene mucho sentido, ya que los marxistas podemos defender medidas progresistas, sin por ello dar apoyo político a los gobiernos que las pusieron en práctica, si esos gobiernos son partícipes del sistema de explotación del trabajo. Por ejemplo, defendemos, si están en peligro, las leyes que establecen la jornada laboral de ocho horas, sin por ello apoyar políticamente a los gobiernos que impulsaron o promulgaron esas leyes. Defendemos el sufragio universal frente a los fascistas y otros reaccionarios, sin por eso solidarizarnos políticamente con los gobiernos burgueses que establecieron el sufragio universal. Contra la Iglesia defendemos el derecho al divorcio, sin que esto implique apoyar políticamente a los gobiernos burgueses que legalizaron el divorcio. Y así podríamos seguir con los ejemplos. Todo esto se encuentra en las mejores tradiciones de la lucha de clases, así como de la independencia política de los trabajadores frente al Estado capitalista y la burguesía. Solo una larga práctica de colaboración con la clase dominante por parte de los PC y PS permitió que se borrara de la memoria histórica del movimiento obrero y socialista esta tradición. Una práctica que, recordémoslo, fue impuesta con métodos burocráticos y con la represión sistemática de las alas críticas y rebeldes de vanguardia revolucionaria.

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30/06/2015 at 15:43

Demanda, fetichismo estatista y la Gran Makro

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En una nota anterior he planteado la importancia de la noción de trabajo productivo de Marx (ver aquí). En esta vamos a aplicar esa noción para desnudar la falacia de una tesis que se ha convertido en moneda corriente entre los integrantes de la Gran Makro (para el lector que no es argentino, se trata de una asociación de economistas kirchneristas). Esa tesis dice que, ante la caída de la inversión, el neto comercial y el consumo, la demanda se sostiene mediante el gasto público. En palabras de uno de sus referentes, Agustín D’Attelis, el gasto permitiría “hacer frente a la caída de todo el resto de los componentes de la demanda agregada” (declaraciones a Los Andes, 24/12/14). La misma idea es repetida, una y otra vez, por los economistas del oficialismo.

Pues bien, desde el punto de vista del marxismo -pero también desde la perspectiva de la Economía Política clásica, con su énfasis en la noción del excedente- el planteo es insostenible. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que deja sin explicar de dónde viene el poder de compra del Estado que hace efectiva la demanda. Lo cual enlaza, en última instancia, con la pregunta sobre la fuente y la naturaleza del valor.

Introducción al problema con Malthus y Marx

Para abordar el problema es conveniente remitirnos por un momento a quien fue uno de los primeros economistas que problematizó la demanda, Malthus (no es casual que Keynes lo haya considerado “el primer economista de Cambridge). Es que Malthus pensaba que en el sistema capitalista había un déficit de la demanda porque los capitalistas eran poco inclinados a consumir bienes de lujo, y para remediarlo recomendaba estimular el gasto de la aristocracia y la alta jerarquía eclesiástica.

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25/06/2015 at 17:08

Polémica en el FIT y un argumento equivocado

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Desde hace varios meses se está desarrollando en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, una fuerte polémica entre el Partido Obrero e Izquierda Socialista, por un lado, y el Partido de los Trabajadores Socialistas, por el otro. Según entiendo, el debate arrancó por diferencias en torno a la conformación de las candidaturas, y derivó en una discusión acerca de la naturaleza y rol del Frente. El PO sostiene que el FIT es un “Frente Único”, y el PTS lo define como un “campo en disputa”, con el argumento de que el “frente único” sólo es válido “para la lucha de clases”. Un argumento que no parece muy sólido. ¿Por qué no considerar que la participación en las elecciones sea una instancia más de la lucha contra el capital, llevada esta vez en el terreno de la propaganda y la agitación?

De todas maneras, el objetivo de esta breve nota no es meterme en una cuestión que, en última instancia, afecta a las organizaciones integrantes del FIT, y a la militancia que adhiere a su programa y política. Pero sí quiero discutir un argumento de Gabriel Solano, en “De nuevo, acerca del fraccionalismo y del Frente Único”, que puede leerse en el sitio web del PO (http://www.po.org.ar/prensaObrera/online/politicas/de-nuevo-acerca-del-faccionalismo-y-del-frente-unico). Lo hago a partir de que he votado al FIT en las últimas elecciones, he llamado a votarlo y voy a votarlo de nuevo este año, a pesar de no estar de acuerdo con su programa. Mi argumento siempre ha sido: a pesar de las diferencias, considero que el FIT representa una alternativa contra los partidos defensores del sistema capitalista. En este punto, una precisión: incluyo entre los partidos “defensores del sistema capitalista” a los partidos Socialista y Comunista de Argentina.

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15/06/2015 at 10:25

Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (Conclusión)

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La parte anterior de la nota aquí Conclusión

A partir de la situación descrita a lo largo de esta nota, no existe ninguna posibilidad de que la apertura económica con EEUU dé como resultado el fortalecimiento de algo que pueda semejarse siquiera a un régimen socialista. Es que el curso hacia el capitalismo es el resultado de la globalización del capital y de la crisis asociada a la estructura  estatista burocrática de Cuba. En última instancia, Cuba confirma, una vez más, que es imposible construir un “socialismo nacional”, y menos todavía con los métodos de la administración burocrática. Incluso para muchos de los que apostaron al proyecto socialista y realizaron por ello enormes sacrificios -participando en la alfabetización masiva, en la campaña por los 10 millones de toneladas de azúcar, en la guerra de Angola y otras misiones-, hoy el Estado se ha transformado en una abstracción, en un ente enajenado. Un régimen que acepta como algo casi “natural” la prostitución o el negociado del burócrata; o que en el plano internacional mantuvo el silencio frente a una dictadura como la de Videla, o apoyó a Mengistu o Idi Amin, está muy lejos del proyecto humanista del comunismo (en palabras de Marx, “el comunismo es el humanismo conciliado consigo mismo”).

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Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (14)

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La parte 13 de esta nota, aquí.

La política en Nicaragua

La política de Cuba en Nicaragua también es reveladora de la orientación de clase del castrismo en el plano internacional. Tengamos presente que hacia los finales de la dictadura de Somoza, Cuba ayudó al Frente Sandinista de Liberación Nacional con equipos militares y asesoramiento. Sin embargo, una vez que el FSLN tomó el poder, ejerció su influencia para impedir que la revolución popular y democrática anti-dictadura evolucionara hacia el anticapitalismo. Con este fin, personal militar y de seguridad cubano, junto a pares de Alemania Oriental y la URSS, colaboró en el armado y fortalecimiento de un aparato estatal que reprimió a elementos “díscolos” –principalmente maoístas y trotskistas- y bloqueó cualquier posibilidad de organización independiente del movimiento sindical. Como aseguró Fidel Castro, Nicaragua no sería una nueva Cuba (Juventud Rebelde, 29/07/79).

Por eso, y al calor del empuje y el entusiasmo provocado por el triunfo de la revolución contra Somoza, el FSLN promovió campañas masivas de alfabetización y cuidado de la salud, y promovió los Comités de Defensa Sandinista y la incorporación al Ejército Popular Revolucionario. Sin embargo, todas estas medidas se mantuvieron en los marcos de un sistema capitalista. De la misma manera, en las empresas estatizadas (mayoritariamente pertenecientes al somocismo y sus colaboradores) hubo alguna participación de los colectivos de trabajadores, pero nada que cuestionara a la burocracia del capitalismo de Estado, y menos aún al capital privado. El objetivo del FSLN era mantener una posición internacional independiente y consolidar una combinación entre el capitalismo de Estado y el privado. En este marco, y con el fin de no cortar relaciones con el capital financiero, el gobierno sandinista reconoció la deuda externa dejada por Somoza, de 1200 millones de dólares. En 1981 Tomás Borge precisaba: “Los propietarios y los empresarios honestos y patriotas tendrán, no solo el derecho a integrarse en las tareas productivas, sino también a recibir el apoyo de la Revolución” (19/07/81). Los dirigentes sandinistas hablaban del socialismo -y todavía hoy dicen que lo están construyendo-, aunque nunca aclaraban qué querían significar con ese término.

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Programas de izquierda, socialismos “reales” e ideario socialista

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Posiblemente uno de los principales obstáculos que enfrenta hoy cualquier alternativa anticapitalista está asociado al efecto, en el ideario socialista, del colapso de los “socialismos reales”.

Para explicar el punto, partamos de la situación que enfrentan, por ejemplo, las masas populares en Argentina: un nivel de pobreza superior al 25% de la población; varios millones de personas en la indigencia; más de un tercio de los asalariados en empleos precarizados; servicios de salud y educación pública desastrosos, y otras calamidades semejantes.

Frente a este panorama, los partidos de izquierda proponen, naturalmente, programas radicales. Por caso, el Frente de Izquierda (según el sitio web del PTS) propone salario mínimo igual a la canasta familiar; 82% móvil para los jubilados; reparto de las horas de trabajo hasta acabar con la desocupación; prohibición de despidos y suspensiones; terminar con el trabajo precarizado; no pagar la deuda externa; la reestatización bajo control obrero de las empresas privatizadas; un plan económico debatido y controlado por los trabajadores; la nacionalización de la tierra, pero respetando la propiedad que no explote mano de obra; impuestos progresivos; funcionarios que ganen igual que un obrero y revocabilidad de sus mandatos por los electores; jueces elegidos por voto popular; y disolución de los cuerpos de inteligencia del Estado, entre las medidas principales.

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26/04/2015 at 18:59

Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (13)

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La parte anterior de esta nota, aquí

Angola y la intervención cubana

La intervención de Cuba en Angola constituye el argumento privilegiado de los que hablan de la “epopeya internacionalista y revolucionaria” del castrismo. Recordemos que en 1975 Cuba respondió positivamente al pedido de ayuda lanzado por Agostinho Neto, líder del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) para hacer frente al ataque del Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA), de la Unidad Nacional por la Independencia Total de Angola (UNITA) y de las tropas de Sudáfrica y Zaire, respaldadas por Washington y la CIA. Neto  acababa de proclamarse presidente, luego de la salida de Portugal, y las tropas cubanas jugaron un rol clave para frenar la ofensiva de UNITA y los sudafricanos. Todo indicaría, además, que Castro tomó la decisión de ayudar al MPLA con independencia de Moscú (Piero Gleijeses, “Sobre ‘Back channel to Cuba”, http://www.lahaine.org/mundo.php/sobre-lback-channel-to-cuba, basado en las memorias de Henry Kissinger). En la década de 1970 la URSS apoyaba a Angola, pero no quería verse involucrada en un conflicto de proporciones en África. De todas formas, el apoyo soviético fue decisivo, una vez que la invasión fue frenada, para sostener la presencia cubana en Angola, como lo admite el mismo Fidel Castro: “No hubiera habido perspectiva posible para Angola sin el apoyo político y logístico de la URSS, después de aquel triunfo (de 1975)” (Reportaje de Ignacio Ramonet, p. 334).

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Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (12)

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La parte 11 de la nota, aquí.

“Razones de Estado”

De acuerdo a lo explicado en las partes anteriores de esta nota, desde hace décadas las “razones de Estado” se impusieron en las decisiones de la política exterior cubana. El ahogo de cualquier pensamiento político que cuestionara la dirección burocrática (donde gobierno y PC conforman en la práctica una unidad indiferenciada), tuvo su correlato en una política exterior que llegó a extremos que pueden calificarse de aberrantes. En este respecto, una de las páginas más negras fue el silencio frente a los crímenes de la dictadura argentina instalada a partir de 1976. Sistemáticamente, Fidel Castro omitía denunciar al gobierno argentino de Videla cuando hablaba, entre 1976 y 1980, de las dictaduras latinoamericanas.

Sin embargo, no fue solo silencio, ya que Cuba (junto a la URSS) se opuso una y otra vez a las propuestas de condena a la dictadura de Videla por violaciones de los derechos humanos en el Comité de Derechos Humanos de la ONU, y utilizó su influencia en el Movimiento de No Alineados para que no prosperaran. Es ilustrativo que en nota de la Cancillería argentina, de 1982, se reconociera que “la República pudo lograr los apoyos necesarios para un tratamiento decoroso del caso argentino en la Comisión de Derechos Humanos (ONU), como consecuencia de la decidida actuación en su favor de los miembros no alineados de la Comisión”.

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08/04/2015 at 13:17

Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (11)

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La parte 10 de esta nota, aquí 

Los efectos del régimen burocrático

En la crítica a Claudio Katz, que he citado en la parte anterior de la nota, Guillermo Almeyra se pregunta “sobre los efectos políticos y morales”, en escala internacional y en la misma Cuba, de la línea política seguida por el castrismo. La pregunta de Almeyra nos parece central, ya que el éxito de la transición al socialismo depende de que sea apoyado por otros procesos revolucionarios a escala internacional. Por eso, la manera en que son asimiladas, por parte de los trabajadores que viven bajo el capitalismo, las orientaciones de los Estados “socialistas”, tiene una importancia difícil de exagerar: el futuro de un proyecto anticapitalista y emancipador solo se sostiene si los pueblos consideran viable la construcción de una sociedad sin explotadores ni opresores. Una cuestión que atañe a los que viven bajo el dominio del modo de producción capitalista, como a los que lo hacen en los “socialismos reales”.

Naturalmente, esa comprensión está mediada por la propaganda capitalista (o imperialista); pero también por los testimonios de gente común que viaja hacia o desde los países “socialistas”, así como por múltiples canales de información, que se han ido extendiendo y profundizando con la globalización de las comunicaciones y la intensificación de los viajes.

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Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (10)

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  La parte 9 de la nota, aquí

La política exterior, expresión del régimen burocrático

En las partes anteriores de la nota hemos puesto el foco en la política interior de la dirección cubana. Ahora el análisis se centra en la política exterior, que está orgánicamente vinculada con la naturaleza del régimen burocrático que rige en la isla: la política exterior de la dirección cubana es la continuación de su política interior, pero a su vez refuerza el régimen burocrático. Por eso también esta vinculación constituye el elemento de unidad que subyace en posiciones de política exterior que, a primera vista, aparecen como opuestas, y hasta contradictorias. Para ejemplificar lo que queremos significar, veamos el siguiente pasaje en el que Guillermo Almeyra describe, críticamente, la política exterior de Cuba. Dice:

“¿Quién puede negar la necesidad de apoyarse en la entonces Unión Soviética para reducir el costo del bloqueo estadounidense? ¿Pero era necesario decir que Brezhnev era un gran marxista, apoyar la invasión a Checoeslovaquia en 1968 o considerar que los consejos obreros húngaros o la movilización de la clase obrera polaca en 1980 estaban instigados por la CIA? ¿Quién podría oponerse a la intervención revolucionaria en África? ¿Pero era necesario apoyar al sangriento dictador Teodoro Obiang, de Guinea Ecuatorial, declarar gran marxista al somalí Siad Barre, agente de Estados Unidos, sostener la dictadura etíope de Haile Mariam, que oprimía a los eritreos? ¿La necesidad de romper el aislamiento en el campo diplomático latinoamericano imponía necesariamente reconocer el fraude en México y reconocer antes que nadie a Salinas de Gortari en medio de la movilización popular que lo resistía o apoyar como “antiimperialista “al dictador argentino Videla? ¿La necesidad de recurrir al turismo debe por fuerza llevar a construir lujosos campos de golf o marinas exclusivas? ¿No habría que preguntarse sobre los efectos políticos y morales de esa línea en escala internacional y en la misma Cuba? (“Notas a la “Epopeya Cubana” de Claudio Katz” (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193372).

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Written by rolandoastarita

15/03/2015 at 18:34