Archive for 2017
Francia, las 35 horas y flexibilización laboral
En una nota anterior (aquí) dijimos que la reducción del horario semanal de trabajo a 35 horas en Francia no tuvo un efecto apreciable en la disminución del desempleo; y su contrapartida fue la flexibilización del empleo. Ampliamos en lo que sigue el tema.
La reforma
La reducción de la semana laboral fue introducida a través de dos leyes, conocidas como Aubry I y II (por la ministra de Trabajo, Martine Aubry), entre 1998 y 2000. Se dispuso que las empresas de más de 20 empleados debían llevar las horas de trabajo semanales de 39 a 35 en 2000 (o sea, una reducción del 10%); y las de 20 o menos empleados a partir de 2002. Se dispuso también que la jornada laboral no superara las 10 horas; los trabajadores no debían trabajar más de 4 ½ horas sin un descanso; y se establecieron 1600 horas anuales como norma legal. Aunque las empresas podían pedir a los empleados trabajar menos horas en algunas semanas, y más en otras. Si el total era 1600 horas, no había pago de horas extra. Si se superaba, la prima por horas extras sería del 25%; sin embargo, la ley permitía que las empresas pequeñas pagaran las horas extras con solo un 10% de bonificación. El número máximo de horas extra se estableció en 130. Lee el resto de esta entrada »
Francia, las 35 horas y desocupación
Esta nota complementa la entrada “La lucha por las ocho horas y la tradición socialista” (aquí). En ella sostuve que en el sistema capitalista es imposible eliminar la desocupación disminuyendo las horas de trabajo. Dije también que esta idea se desprende de la teoría marxiana de la plusvalía y de la acumulación, y es confirmada por la experiencia histórica.
A fin de ahondar en el argumento, en este post presento los efectos sobre la desocupación de la reducción de la jornada laboral en Francia. El caso francés es ilustrativo de la política llamada “compartir trabajo” (labor sharing), que también se intentó en Alemania, Suecia y otros países. En Francia se sostuvo, a fines de los 1990, que la reducción de la semana laboral de 39 a 35 horas permitiría bajar sustancialmente el desempleo.
Contextualicemos esta medida (para lo que sigue, Philippe Askenazy, 2013, “Working time regulation in France from 1996 to 2012”, Cambridge Journal of Economics, vol. 37, pp. 323-347).
Después del triunfo de la Unión de Izquierdas en 1981, el gobierno estableció la prioridad de disminuir el desempleo a través de la reducción del tiempo de trabajo. Era un principio heredado del Frente Popular de 1936. En aquellos tiempos la propuesta de socialistas y comunistas había sido llevar la semana laboral a 40 horas e introducir dos semanas de vacaciones pagas para bajar la desocupación. En 1981 el objetivo planteado fue llegar a una semana laboral de 35 horas en 1985 (contra las 40 horas existentes entonces), también para bajar el desempleo. Para eso, el primer paso fue reducir la semana laboral a 39 horas, y agregar una quinta semana de vacaciones pagas. Sin embargo, el deterioro de las condiciones económicas entre 1982 y 1983 pospuso la reforma (con esto, de hecho, se reconocía que la medida no resistía la crisis capitalista). Lee el resto de esta entrada »
¿“El Capital” sólo para los días de fiesta?
En el Programa de Transición Trotsky dijo que la socialdemocracia solo hablaba del socialismo en los días de fiesta. Aunque seguramente se refería al ala derecha de la Segunda Internacional -¿alguien puede decir que Rosa Luxemburgo, Lenin o Liebknecht hablaban de socialismo solo los días de fiesta?-, la frase hoy se aplica a partidos políticos que se llaman a sí mismos socialistas, pero solo hablan de las cuestiones fundamentales del socialismo en los Primero de mayo.
Pues bien, a la vista de las reacciones que ha provocado mi último post –“La lucha por las ocho horas de trabajo y la tradición socialista”, aquí– debería agregar que también existen los defensores de “El Capital para los días de fiesta”. En otros términos, el texto de Marx sería apropiado para los aniversarios (como fue por estos días la conmemoración de los 150 años de su primera edición), pero no para la lucha política e ideológica cotidiana. Lee el resto de esta entrada »
La lucha por las ocho horas de trabajo y la tradición socialista
En los últimos tiempos algunos partidos de izquierda de Argentina han agitado con insistencia a favor de la reducción de la jornada de trabajo a seis horas por día, durante cinco días a la semana (o sea, 30 horas semanales). La demanda se defiende con dos argumentos centrales: por un lado, reducir la jornada de trabajo para disfrutar de más tiempo libre y reponer energías. En segundo término, para acabar con la desocupación (junto al aumento de salarios). Con la campaña electoral se ha intensificado esta agitación.
Con el fin de aportar elementos para el análisis y la discusión en la izquierda, en esta nota presento algunas ideas sobre el sentido que tuvo para el marxismo la lucha por la reducción de la jornada de trabajo.
Para empezar, debemos decir que históricamente el marxismo apoyó la demanda de reducción de la jornada de trabajo porque es clave para preservar la fuerza de trabajo. Como explica Marx en El Capital (cap. 8, t. 1), una vez adquirida la fuerza de trabajo, el capital busca utilizarla el máximo de tiempo posible, y el obrero intenta que no se agote prematuramente. Son dos derechos en conflicto, y entonces lo que decide hasta dónde se extiende la jornada laboral es la fuerza, la lucha de clases. Así, en sus orígenes el capital presiona por alargar la jornada de trabajo –la plusvalía debe entenderse como una prolongación de la jornada de trabajo más allá del punto en que el obrero repone el valor de su fuerza de trabajo-, y en una segunda etapa el trabajo pone límites y logra reducir los horarios de trabajo. Es una pelea del capital por aumentar la plusvalía absoluta; y de la clase obrera por reducirla. La plusvalía absoluta, recordémoslo, siempre está vinculada al desgaste físico de la fuerza de trabajo. En consecuencia, la reducción de la jornada de trabajo se ubicaba, en la óptica del marxismo, en el terreno de la lucha por la distribución. No cuestionaba el sistema social basado en el trabajo asalariado. Lee el resto de esta entrada »
La ecuación Black-Scholes y un examen crítico (conclusión)
La parte anterior de la nota, aquí
Presentación de la crítica de Mandelbrot
A pesar de la sofisticación matemática y el amplio uso de los ordenadores, los modelos financieros basados en la ecuación Black-Scholes no previnieron a los inversores de la catástrofe de 2008-2009 (ni antes los previnieron del quiebre de LTCM, ni de la caída de las acciones tecnológicas en 2000-2001, etcétera). El problema de fondo es que los supuestos subyacentes a la ecuación -paseo aleatorio, hipótesis de mercados eficientes, enfoque de carteras, distribución de probabilidades normal- encierran problemas irremontables a la hora de dar cuenta de la realidad de los mercados financieros y, de hecho, la hacen inutilizable frente a variaciones bruscas.
En este respecto, tal vez la crítica más importante es la de Benoit Mandelbrot (1942-2010). Mandelbrot fue un científico que desarrolló, en los 1970, un nuevo tipo de matemática para describir la estructura geométrica de fenómenos irregulares, e inventó un nombre para las figuras involucradas: fractales. Aunque los fractales pueden ser naturales o construidos matemáticamente, se caracterizan por tener la misma estructura a todas las escalas. Por ejemplo, si se hace un mapa de las líneas costeras, dibujadas en diferentes escalas, se evidencia una distribución similar de bahías y promontorios. Pero además, en los 1960, o sea, antes de desarrollar su teoría de los fractales, Mandelbrot hizo un estudio de las series temporales de los precios del algodón en EEUU y encontró que sus distribuciones no eran gaussianas, y que la varianza del logaritmo de los cambios diarios de precios era errática, no convergente. Posteriormente utilizó sus investigaciones sobre los precios y la teoría de los fractales para explicar por qué la probabilidad de que haya variaciones extremas de los precios en los mercados financieros o de mercancías es mucho mayor de lo que admite la teoría ortodoxa. Lee el resto de esta entrada »
El marxismo no tiene soluciones mágicas
A raíz de las notas sobre Venezuela, algún lector ha preguntado, en la sección Comentarios, cuál es la alternativa, “por la positiva”, que propongo, ya que no basta con la crítica, con la negación.
Aclarando que por no vivir en Venezuela me abstengo de entrar en cuestiones de táctica política, mi respuesta es, en primer lugar, que la crítica al chavismo y la MUD contiene una afirmación: es necesaria una postura independiente de la clase trabajadora. Es la única salida progresiva para la izquierda. Sostengo que hay que trabajar en esa dirección, aunque no sea de efectividad inmediata. La clave es romper con la lógica binaria de o bien apoyar a Maduro, o bien apoyar a la MUD. Incluso es posible y necesario luchar por reivindicaciones democráticas –libertades, cese de la represión, elecciones- pero programática y estratégicamente hay que defender una alternativa independiente, socialista. Esto es, que tenga como eje acabar con la explotación capitalista, sea privada o del Estado. El socialismo debe marcar una línea divisoria tajante, tanto con respecto al chavismo como con respecto a la MUD (y al resto de las fuerzas burguesas internacionales, desde Washington al Papa, pasando por la OEA). Es la única forma de que la clase obrera pase a tener protagonismo. Y el protagonismo de la clase obrera, como clase, es la clave de cualquier salida progresista a la tragedia que vive hoy Venezuela.
Naturalmente, se me dirá que esa independencia política no es realizable en lo inmediato. Reparo que invariablemente da pie a la táctica de los oportunistas de todos los tiempos: “Si la independencia de clase no es realizable ahora, hay que apoyar a la variante burguesa ‘menos mala’” (argumento muy conveniente para no luchar nunca por la independencia de clase). Lee el resto de esta entrada »
Socialismo sobre montañas de cadáveres

Venezuela, 22 de junio, la Guardia Nacional dispara con una escopeta a David Valenillas, desde la base militar de La Carlota, Caracas. Valenillas, de 22 años y estudiante de Enfermería, murió a causa de los tres impactos que recibió en el pecho. Con este, son 76 los muertos desde que comenzaron las protestas hace 83 días.
La foto es la expresión concreta de lo que están pidiendo, o alentando, destacados intelectuales de izquierda: que el gobierno de Maduro amplíe y profundice la represión. En palabras de Atilio Borón: “la única actitud sensata y racional que le resta al gobierno del presidente Nicolás Maduro es proceder a la enérgica defensa del orden institucional vigente y movilizar sin dilaciones al conjunto de sus fuerzas armadas para aplastar la contrarrevolución y restaurar la normalidad de la vida social”. Es lo que defienden también, de hecho, los intelectuales que dijeron, y siguen diciendo, que la mayoría de las víctimas pertenece a las filas del chavismo. Lee el resto de esta entrada »
Complemento a nota sobre la ecuación Black-Scholes
A raíz de la segunda parte de la nota sobre la ecuación Black-Scholes (aquí), un lector del blog me escribió diciendo que no quedaba claro cómo se puede derivar el precio de una opción a partir de la formación de una cartera sin riesgo. Amplío entonces la explicación, presentando el llamado método binomial de determinación del precio de las opciones. Es la forma en que habitualmente se introduce la ecuación Black-Scholes (véase, por ejemplo, J. C. Hull, Options, Futures, and other Derivatives, Prentice Hall, 2012, cap. 12).
El método binomial
Se considera que es posible formar una cartera libre de riesgo consistente en tomar una posición en una acción y una posición contraria en la opción asociada a esa acción. Por ejemplo, comprar la acción y al mismo tiempo lanzar (vender) una opción de compra, o sea, un call, sobre esa acción. Se busca entonces conformar una cartera con un rendimiento igual a la tasa de interés libre de riesgo. Lee el resto de esta entrada »
















