Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Del socialismo científico al socialismo utópico (pero senil)

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En la nota anterior (aquí) hice alusión a la diferencia entre el socialismo utópico y el socialismo científico. Dije que los socialistas utópicos oponían un ideal de sociedad justa y racional a la sociedad capitalista, y que el socialismo científico parte de las relaciones de producción y las condiciones materiales existentes en la sociedad actual. También sugerí que hoy muchos grupos que se reivindican marxistas combinan el socialismo vulgar (la atención está puesta en la distribución del ingreso), con un enfoque propio del socialismo utópico

En esta nota amplío sobre esa situación en la izquierda radical, y la diferencia entre el socialismo utópico y el socialismo de Marx y Engels. Naturalmente, el texto de referencia es el folleto de Engels Del socialismo utópico al socialismo científico (o la sección tercera del Anti-Dühring).

El socialismo utópico

Los socialistas utópicos publicaron sus principales trabajos entre fines del siglo XVIII y principios del XIX. Sus principales referentes fueron  Saint-Simon, Francois Marie Charles Fourier y Robert Owen. Escribieron en una época en que el modo de producción capitalista no estaba muy desarrollado, y por lo tanto tampoco la contraposición entre la burguesía y el proletariado. La gran industria en Inglaterra acababa de nacer, y no existía todavía en Francia; en París, el proletariado se confundía con las masas desposeídas y sumergidas. En ese contexto, los socialistas utópicos no veían ningún elemento en la sociedad capaz de actuar como fuerza transformadora. “La sociedad no ofrecía más que abusos y maldades”, escribe Engels. Por eso, trataban de inventar “un nuevo y mejor sistema del orden social, y de decretarlo y concederlo luego a la sociedad desde fuera, mediante la propaganda y, en caso de ser posible, mediante el ejemplo de experimentos modelos”. En otros términos, apelaban a la razón para construir proyectos de una sociedad superior. Es que, en tanto se piense que el mundo en el que vivimos solo es una suma de males y desgracias, no hay posibilidad de desarrollar algo superior “a partir del material histórico presente y cristalizado, y como resultado necesario del mismo” (Engels). Lee el resto de esta entrada »

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24/07/2017 at 10:16

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Más sobre producción y distribución

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La idea, que he defendido en otras notas (aquí y aquí), de que las relaciones de producción tienen primacía por sobre las relaciones de distribución, ha dado lugar al envío de bastantes críticas a “Comentarios”. Algún lector ha llegado a decir que mi posición es de derecha.

Dada la importancia del tema, en esta nota presento otros dos argumentos a favor de la primacía de la producción sobre la distribución. El primero surge de la lectura del libro de Fred Moseley, Money and Totality (ver aquí para una reseña).

En ese texto Moseley destaca que Marx construye su teoría siguiendo dos niveles de abstracción. El primer nivel es el del “capital en general”, desarrollado en los volúmenes I y II de El Capital. Allí Marx explica cómo se genera la plusvalía total en la economía, y qué factores determinan su monto. En esta instancia, las variables esenciales son las formas en que el capital puede incrementar la plusvalía –plusvalía absoluta o plusvalía relativa-, y la relación entre la masa de plusvalía y el valor de la fuerza de trabajo (o tasa de plusvalía).

Este primer nivel de abstracción define entonces la contradicción fundamental del modo de producción capitalista, la que existe entre el capital (en general) y el trabajo. Por un lado, la hermandad de los capitales en la extracción de la plusvalía. Por otro, la hermandad de clase de los explotados, de los que generan la plusvalía. Lee el resto de esta entrada »

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16/07/2017 at 18:42

Producción, distribución y materialismo

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En una nota anterior (aquí) presenté la crítica de Marx al socialismo vulgar, el cual hace eje en redistribuir la riqueza (o los ingresos). Para eso cité pasajes de Salario, precio y ganancia, y de la Crítica al programa de Gotha, textos en los cuales se demuestra que la distribución de los bienes de consumo es una consecuencia natural de la distribución de los medios de producción.

Pero Marx también trató el tema en la “Introducción a la crítica de la Economía Política”. En ese escrito dice que los economistas consideran que la producción “está determinada por leyes generales de la naturaleza”, en tanto que la distribución “resulta de la contingencia social”. Así, se naturalizan las relaciones de producción, y por otro lado se olvida que: a) antes de distribuir productos hay una distribución de los medios de producción; b) existe una distribución de los miembros de la sociedad entre las diferentes esferas de la producción. Sin embargo, los economistas burgueses dejaban de lado esta vinculación orgánica. Por ejemplo, de acuerdo a J. S Mill, mientras que en la producción regirían “leyes eternas de la naturaleza, independientes de la historia”, en la distribución “los hombres se habrían permitido toda clase de arbitrariedades” (énfasis agregado). Lee el resto de esta entrada »

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14/07/2017 at 10:32

Francia, las 35 horas y flexibilización laboral

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En una nota anterior (aquí) dijimos que la reducción del horario semanal de trabajo a 35 horas en Francia no tuvo un efecto apreciable en la disminución del desempleo; y su contrapartida fue la flexibilización del empleo. Ampliamos en lo que sigue el tema.

La reforma

La reducción de la semana laboral fue introducida a través de dos leyes, conocidas como Aubry I y II (por la ministra de Trabajo, Martine Aubry), entre 1998 y 2000. Se dispuso que las empresas de más de 20 empleados debían llevar las horas de trabajo semanales de 39 a 35 en 2000 (o sea, una reducción del 10%); y las de 20 o menos empleados a partir de 2002. Se dispuso también que la jornada laboral no superara las 10 horas; los trabajadores no debían trabajar más de 4 ½ horas sin un descanso; y se establecieron 1600 horas anuales como norma legal. Aunque las empresas podían pedir a los empleados trabajar menos horas en algunas semanas, y más en otras. Si el total era 1600 horas, no había pago de horas extra. Si se superaba, la prima por horas extras sería del 25%; sin embargo, la ley permitía que las empresas pequeñas pagaran las horas extras con solo un 10% de bonificación. El número máximo de horas extra se estableció en 130. Lee el resto de esta entrada »

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12/07/2017 at 10:41

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Francia, las 35 horas y desocupación

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Esta nota complementa la entrada “La lucha por las ocho horas y la tradición socialista” (aquí). En ella sostuve que en el sistema capitalista es imposible eliminar la desocupación disminuyendo las horas de trabajo. Dije también que esta idea se desprende de la teoría marxiana de la plusvalía y de la acumulación, y es confirmada por la experiencia histórica.

A fin de ahondar en el argumento, en este post presento los efectos sobre la desocupación de la reducción de la jornada laboral en Francia. El caso francés es ilustrativo de la política llamada “compartir trabajo” (labor sharing), que también se intentó en Alemania, Suecia y otros países. En Francia se sostuvo, a fines de los 1990, que la reducción de la semana laboral de 39 a 35 horas permitiría bajar sustancialmente el desempleo.

Contextualicemos esta medida (para lo que sigue, Philippe Askenazy, 2013, “Working time regulation in France from 1996 to 2012”, Cambridge Journal of Economics, vol. 37, pp. 323-347).

Después del triunfo de la Unión de Izquierdas en 1981, el gobierno estableció la prioridad de disminuir el desempleo a través de la reducción del tiempo de trabajo. Era un principio heredado del Frente Popular de 1936. En aquellos tiempos la propuesta de socialistas y comunistas había sido llevar la semana laboral a 40 horas e introducir dos semanas de vacaciones pagas para bajar la desocupación. En 1981 el objetivo planteado fue llegar a una semana laboral de 35 horas en 1985 (contra las 40 horas existentes entonces), también para bajar el desempleo. Para eso, el primer paso fue reducir la semana laboral a 39 horas, y agregar una quinta semana de vacaciones pagas. Sin embargo, el deterioro de las condiciones económicas entre 1982 y 1983 pospuso la reforma (con esto, de hecho, se reconocía que la medida no resistía la crisis capitalista). Lee el resto de esta entrada »

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08/07/2017 at 10:43

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¿“El Capital” sólo para los días de fiesta?

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En el Programa de Transición Trotsky dijo que la socialdemocracia solo hablaba del socialismo en los días de fiesta. Aunque seguramente se refería al ala derecha de la Segunda Internacional -¿alguien puede decir que Rosa Luxemburgo, Lenin o Liebknecht hablaban de socialismo solo los días de fiesta?-, la frase hoy se aplica a partidos políticos que se llaman a sí mismos socialistas, pero solo hablan de las cuestiones fundamentales del socialismo en los Primero de mayo.

Pues bien, a la vista de las reacciones que ha provocado mi último post –“La lucha por las ocho horas de trabajo y la tradición socialista”, aquí– debería agregar que también existen los defensores de “El Capital para los días de fiesta”. En otros términos, el texto de Marx sería apropiado para los aniversarios (como fue por estos días la conmemoración de los 150 años de su primera edición), pero no para la lucha política e ideológica cotidiana. Lee el resto de esta entrada »

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06/07/2017 at 16:48

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La lucha por las ocho horas de trabajo y la tradición socialista

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En los últimos tiempos algunos partidos de izquierda de Argentina han agitado con insistencia a favor de la reducción de la jornada de trabajo a seis horas por día, durante cinco días a la semana (o sea, 30 horas semanales). La demanda se defiende con dos argumentos centrales: por un lado, reducir la jornada de trabajo para disfrutar de más tiempo libre y reponer energías. En segundo término, para acabar con la desocupación (junto al aumento de salarios). Con la campaña electoral se ha intensificado esta agitación.

Con el fin de aportar elementos para el análisis y la discusión en la izquierda, en esta nota presento algunas ideas sobre el sentido que tuvo para el marxismo la lucha por la reducción de la jornada de trabajo.

Para empezar, debemos decir que históricamente el marxismo apoyó la demanda de reducción de la jornada de trabajo porque es clave para preservar la fuerza de trabajo. Como explica Marx en El Capital (cap. 8, t. 1), una vez adquirida la fuerza de trabajo, el capital busca utilizarla el máximo de tiempo posible, y el obrero intenta que no se agote prematuramente. Son dos derechos en conflicto, y entonces lo que decide hasta dónde se extiende la jornada laboral es la fuerza, la lucha de clases. Así, en sus orígenes el capital presiona por alargar la jornada de trabajo –la plusvalía debe entenderse como una prolongación de la jornada de trabajo más allá del punto en que el obrero repone el valor de su fuerza de trabajo-, y en una segunda etapa el trabajo pone límites y logra reducir los horarios de trabajo. Es una pelea del capital por aumentar la plusvalía absoluta; y de la clase obrera por reducirla. La plusvalía absoluta, recordémoslo, siempre está vinculada al desgaste físico de la fuerza de trabajo. En consecuencia, la reducción de la jornada de trabajo se ubicaba, en la óptica del marxismo, en el terreno de la lucha por la distribución. No cuestionaba el sistema social basado en el trabajo asalariado. Lee el resto de esta entrada »

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04/07/2017 at 17:12

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Portugal ¿respuesta progresista a la crisis?

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En una nota anterior (aquí) presenté los resultados económicos del gobierno de Syriza, y sostuve que su programa  frente a las crisis no fue muy distinto de los programas que proponen los partidos habitualmente considerados neoliberales, o de la derecha ortodoxa. Esta apreciación se inscribe en la idea más general de que no existe salida “progresista” de las crisis capitalistas, en tanto subsistan las relaciones sociales capitalistas. Es que la crisis es el mecanismo mediante el cual no solo se desvalorizan gigantescas sumas de capital –del capital productivo, mercantil y financiero-, sino también se desvaloriza la fuerza de trabajo, se recortan gastos sociales y empeoran las condiciones de vida de la población. Por esta vía se restaura la rentabilidad del capital, y se recuperan la inversión (o la acumulación) y el ingreso. Por eso, es que no hay crisis sin salida para el capitalismo. Y no hay forma de que los socialismos burgueses, o cualquier otra variante del posibilismo burgués, escapen a esta lógica que impone, de hecho, el capital.

Pensé que la experiencia de Syriza era muy ilustrativa. Sin embargo, algunos lectores del blog señalaron que lo hecho por el actual gobierno socialista de Antonio Costa, en Portugal, demostraría la posibilidad de una salida de la crisis mejorando las condiciones salariales y laborales de las masas trabajadoras. Recordemos que Costa asumió en noviembre de 2015 con la propuesta de “acabar con la austeridad para reactivar la economía”. En consecuencia, el nuevo gobierno restauró la semana laboral de 35 horas para los empleados públicos y les aumentó los salarios; paralizó privatizaciones en el transporte y recuperó el control de la línea aérea estatal;  elevó el salario mínimo y las pensiones; y adelantó incluso pagos al FMI. A su vez, en 2016 la economía de Portugal creció 1,6%; la tasa de desempleo hoy es del 10,3%; y el déficit fiscal se ubica en el 2,1%  del PBI (por debajo del 2,5%  que exigía la Unión Europea). Lee el resto de esta entrada »

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01/07/2017 at 16:43

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La ecuación Black-Scholes y un examen crítico (conclusión)

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La parte anterior de la nota, aquí

Presentación de la crítica de Mandelbrot

 A pesar de la sofisticación matemática y el amplio uso de los ordenadores, los modelos financieros basados en la ecuación Black-Scholes no previnieron a los inversores de la catástrofe de 2008-2009 (ni antes los previnieron del quiebre de LTCM, ni de la caída de las acciones tecnológicas en 2000-2001, etcétera). El problema de fondo es que los supuestos subyacentes a la ecuación -paseo aleatorio, hipótesis de mercados eficientes, enfoque de carteras, distribución de probabilidades normal- encierran problemas irremontables a la hora de dar cuenta de la realidad de los mercados financieros y, de hecho, la hacen inutilizable frente a variaciones bruscas.

En este respecto, tal vez la crítica más importante es la de Benoit Mandelbrot (1942-2010). Mandelbrot fue un científico que desarrolló, en los 1970, un nuevo tipo de matemática para describir la estructura geométrica de fenómenos irregulares, e inventó un nombre para las figuras involucradas: fractales. Aunque los fractales pueden ser naturales o construidos matemáticamente, se caracterizan por tener la misma estructura a todas las escalas. Por ejemplo, si se hace un mapa de las líneas costeras, dibujadas en diferentes escalas, se evidencia una distribución similar de bahías y promontorios. Pero además, en los 1960, o sea, antes de desarrollar su teoría de los fractales, Mandelbrot hizo un estudio de las series temporales de los precios del algodón en EEUU y encontró que sus distribuciones no eran gaussianas, y que la varianza del logaritmo de los cambios diarios de precios era errática, no convergente. Posteriormente utilizó sus investigaciones sobre los precios y la teoría de los fractales para explicar por qué la probabilidad de que haya variaciones extremas de los precios en los mercados financieros o de mercancías es mucho mayor de lo que admite la teoría ortodoxa. Lee el resto de esta entrada »

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27/06/2017 at 11:20

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El marxismo no tiene soluciones mágicas

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A raíz de las notas sobre Venezuela, algún lector ha preguntado, en la sección Comentarios, cuál es la alternativa, “por la positiva”, que propongo, ya que no basta con la crítica, con la negación.

Aclarando que por no vivir en Venezuela me abstengo de entrar en cuestiones de táctica política, mi respuesta es, en primer lugar, que la crítica al chavismo y la MUD contiene una afirmación: es necesaria una postura independiente de la clase trabajadora. Es la única salida progresiva para la izquierda. Sostengo que hay que trabajar en esa dirección, aunque no sea de efectividad inmediata. La clave es romper con la lógica binaria de o bien apoyar a Maduro, o bien apoyar a la MUD. Incluso es posible y necesario luchar por reivindicaciones democráticas –libertades, cese de la represión, elecciones- pero programática y estratégicamente hay que defender una alternativa independiente, socialista. Esto es, que tenga como eje acabar con la explotación capitalista, sea privada o del Estado. El socialismo debe marcar una línea divisoria tajante, tanto con respecto al chavismo como con respecto a la MUD (y al resto de las fuerzas burguesas internacionales, desde Washington al Papa, pasando por la OEA). Es la única forma de que la clase obrera pase a tener protagonismo. Y el protagonismo de la clase obrera, como clase, es la clave de cualquier salida progresista a la tragedia que vive hoy Venezuela.

Naturalmente, se me dirá que esa independencia política no es realizable en lo inmediato. Reparo que invariablemente da pie a la táctica de los oportunistas de todos los tiempos: “Si la independencia de clase no es realizable ahora, hay que apoyar a la variante burguesa ‘menos mala’” (argumento muy conveniente para no luchar nunca por la independencia de clase). Lee el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

24/06/2017 at 17:21

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