Respuesta a una crítica a la teoría del valor de Marx
En el blog se ha desarrollado una discusión con partidarios de la teoría austríaca del valor y del capital (por teoría austríaca entiendo aquella que sigue la tradición de Menger, Böhm-Bawerk, von Mises y Hayek). En el curso de los intercambios, Adrián Ravier y Nicolás Cachanosky han remitido varias veces al escrito de Juan C. Cachanosky (1994), que trata sobre la historia de las teorías del valor y precios. Ravier y Nicolás Cachanosky sostienen que en su trabajo Juan Cachanosky refuta la teoría del valor de Marx. Dado que en algunas respuestas dije que no me parecían convincentes esas críticas, me preguntaron si podía especificar mis objeciones. Las presento en esta nota. Empiezo resumiendo los principales puntos de la crítica de Cachanosky a la teoría de Marx.
La crítica de Cachanosky
Antes de resumir la presentación de Cachanosky de la teoría del valor de Marx, es necesario aclarar que en la página 2 explica que “en este trabajo identificaremos valor con valor de uso y precio con valor de cambio”.
Cachanosky aborda la teoría del valor de Marx a partir de la p. 88. Empieza afirmando que esta teoría ha sido mal comprendida, y que la mayoría de los ataques que se le han dirigido son “inexactos”. Sostiene que la teoría de Marx es clásica, pero que se trata de un autor muy inferior a los clásicos, debido a las grandes contradicciones en que incurrió. Afirma que si bien Marx está asociado con la teoría del valor trabajo, “en algún aspecto” fue “más subjetivista que los clásicos”. Pero nunca se supo cómo respondía Marx a la teoría de la utilidad marginal, y afirma: “Algunos especulan que fue la teoría de la utilidad marginal la que forzó a Marx a no publicar o postergar la publicación de los otros dos tomos”. Explica que, según Marx, para que las mercancías tengan valor de cambio, deben tener valor de uso. A partir de aquí comenta que se puede ver “el subjetivismo” de Marx, que “llega incluso a los medios de producción”. Es que Marx estaría diciendo que “lo que le da valor a las cosas son las necesidades humanas, sean físicas o mentales”. Para apoyar esta interpretación, Cachanosky cita a Marx cuando dice que “la utilidad de un objeto lo convierte en un valor de uso”. Luego comenta: “En el párrafo se puede ver muy claramente que Marx tenía, igual que los clásicos, una teoría subjetiva del valor no desarrollada. Para que una cosa tenga valor de cambio, tiene que tener primero valor de uso, y el valor de uso depende de las necesidades humanas. La cita también muestra la influencia escolástica en el sentido de que son las cosas las que tienen la capacidad de satisfacer necesidades y no la mente humana la que percibe la utilidad”. Además de señalar la influencia de Aristóteles, Cachanosky señala que, debido a que Marx afirma que ningún objeto puede tener valor si no tiene valor de uso; y dado que el valor es simplemente el valor de uso, el valor en Marx es subjetivo, esto es, “depende de que se satisfagan necesidades humanas”. Sin embargo, continúa Chachanosky, a partir de aquí Marx parece dar un giro, ya que “siguiendo el camino de los clásicos”, se olvida del valor de uso, y comienza a explicar la determinación del valor de cambio. ¿Por qué dos bienes se intercambian en determinada proporción? Marx responde porque ambos tienen algo en común; luego de descartar la utilidad como lo que tienen en común, Marx llega a la conclusión de que se intercambian según los tiempos de trabajo invertidos en la producción. Dice Cachanosky: “Lo que determina los precios relativos es para Marx… el trabajo ‘socialmente necesario’ para su producción. El trabajo ‘socialmente necesario’ es un promedio de las fuerzas individuales de trabajo; aquí están promediados el trabajo del torpe y el del hábil”.
Militancia exPC, raíces históricas de una posición

Por estos tiempos parecen ahondarse las divisiones dentro de la izquierda, entre los que apoyan al gobierno de Cristina Kirchner, y los que critican esta postura. Dentro del grupo que respalda al gobierno de Kirchner, es importante la militancia del partido Comunista, pero más aún su exmilitancia (una gran parte de ella, pero algunos mantienen una postura crítica). Muchos ocupan puestos relevantes en el Estado, la cultura, o la actividad académica. A pesar de la diversidad de opiniones y matices, la mayoría critica los viejos regímenes stalinistas, incluidas antiguas prácticas del PC. Y casi invariablemente, toman distancia frente a las políticas más “indefendibles” del PC, como su participación en la Unión Democrática; o su apoyo al “ala institucionalista Videla-Viola”, bajo la dictadura. Pareciera entonces que el apoyo al gobierno de Cristina Kirchner se construye desde una renovada elaboración política, con criterios distintos de aquellos con los que se manejaba el PC.
Es en este marco que la “onda exPC” sostiene algunos argumentos concatenados. El primero dice que el de CK es un gobierno progresista, nacional burgués. El segundo afirma que, dada la correlación de fuerzas existentes, hay que apoyar al Gobierno “frente a la derecha” (encarnada en los diarios Clarín, La Nación, los “grandes grupos”, la SRA y todos los partidos de la oposición burguesa). El tercero afirma que todas las cuestiones del Gobierno que pueden ser criticables -desde un punto de vista de izquierda- son producto de los “elementos reaccionarios y de derecha enquistados”. Este último argumento es esencial para responder a las críticas de la “ultraizquierda”. Si Aníbal Fernández o Moreno envían patotas a moler a palos a activistas en el INDEC, o el Hospital Francés, se trata de “desviaciones”, o “contradicciones”, que deben combatirse redoblando el apoyo a Cristina Kirchner y al ala de izquierda del gobierno. Y ejerciendo en alguna medida, una crítica responsable (algo así como “no estamos de acuerdo con todo, pero no hay que dar pasto a la derecha”). De resultas, y siempre con criterio amplio y fresco, muchos exmilitantes andan con el “progresímetro”, tratando de determinar ubicaciones relativas. Así, por ejemplo, Scioli es más progresista que Alfonsín, pero menos que Nilda Garré. Insfrán (parece que no ve TN ni lee La Nación) es más progresista que Binner (que ve TN y lee La Nación), pero menos que Boudou, que toca la guitarra en estilo nacional y popular. Son matices sutiles, que pueden escapar a los ojos de los no iniciados, pero decisivos a la hora de posicionarse políticamente. Pues bien, el objetivo de esta nota es mostrar que esta manera de pensar la política es producto de una sólida “educación” en el viejo PC, y que, desde el punto de vista de lo sustancial, no hay cambios. Esto se comprende cuando lo vemos en perspectiva histórica.
Macroeconomía del mainstream y crisis

En esta nota vuelvo sobre la situación de la macroeconomía a la luz de la crisis capitalista. Me motiva la publicación de un trabajo de Claudio Borio, en el que repasa críticamente la teoría anterior a la crisis, y propone cambios en algunas de las perspectivas fundamentales que se manejaron hasta ahora. Precisemos que Borio es subdirector del Departamento Monetario y Económico y director de Investigación y Estadística del Banco de Pagos Internacionales (BIS).
Las preguntas de Pablo
Antes de reseñar lo planteado por Borio, examinemos el estado actual del estudio de macroeconomía, a partir de lo que puede experimentar hoy un economista formado en la teoría dominante. Tomamos el caso de Pablo, un flamante egresado de “Economics”, que aprendió macro con el texto canónico de los últimos años, la Macroeconomía de Blanchard y Pérez Enrri. Movilizado por las noticias que llueven a diario, Pablo desea entender por qué se produjo la crisis en 2007 y más en general, por qué ocurren las crisis. Repasa entonces su Macro-Blanchard, (edición 2000) y se sorprende al observar que no existe explicación específica del asunto. Simplemente el Gran Manual le informa que las fluctuaciones, o sea, los ciclos económicos, son variaciones de la producción en torno a su tendencia, provocadas por perturbaciones o shocks (p. 362). ¿Por qué ocurren estos shocks, cuál es su origen y naturaleza? El Manual responde con anécdotas. Las perturbaciones pueden deberse a cambios de la política, el consumo, la inversión, los precios de los productos que se importan… Muchos posibles, pero nada que se explique por la teoría. La historia del capitalismo es la historia del ciclo económico, pero esto sucede en la realidad, porque en la Macro-Blanchard solo se menciona una colección de accidentes, de origen último desconocido.
Fuga de capitales, dólar y modelo K

Esta nota es continuación y actualización de la que escribí hace un año, en la que discutía cuestiones vinculadas al crecimiento basado en el tipo de cambio alto («Profundizar…» ). Decía entonces que el tipo de cambio alto había sido clave para la estrategia de desarrollo “industrialista”, desde mediados de 2002. Básicamente porque la devaluación posterior a la ruptura de la Convertibilidad había significado una fuerte caída de los salarios -en términos de dólar y poder adquisitivo-, con la consiguiente mejora de las condiciones competitivas del capitalismo argentino. Sostenía también que a la redistribución regresiva del ingreso se habían sumado equipos industriales renovados durante los 90; una elevada capacidad ociosa; y el congelamiento de tarifas de servicios. Todo esto se conjugó para elevar la tasa de rentabilidad, en particular de las empresas productoras de bienes transables. Además, el ciclo alcista de los precios de los alimentos, y en particular la soja, dieron un poderoso oxígeno extra al crecimiento, habilitaron ganancias extraordinarias al agro (suba de la renta de la tierra), y una constante inyección de recursos al Estado. Sin embargo, señalaba en aquella nota, no había habido un desarrollo sustentado en la inversión de equipos y la tecnología. Esto es, no estábamos ante un aumento de la competitividad con bases sólidas. Por eso, en 2010 ya se evidenciaba el desgaste del “modelo”: el superávit comercial se achicaba; la inflación erosionaba la competitividad del tipo de cambio; y el gobierno se enfrentaba a la disyuntiva de devaluar, o de retrasar el tipo de cambio a fin de frenar la inflación. Pero en este último caso, caería aún más la competitividad. Escribíamos: “Si el gobierno promueve una depreciación de la moneda, acelera la inflación, con poca ganancia en competitividad. Si por el contrario, retrasa el tipo de cambio, agrava los problemas de competitividad, acercándose a un escenario parecido al de los noventa. De hecho, hoy algunos sectores industriales empiezan a quejarse de que con este tipo de cambio no pueden competir. Es posible que de prolongarse esta situación, hacia fin de 2011 el tipo de cambio real vuelva a estar al nivel de la Convertibilidad. Aunque la situación internacional es distinta de la existente en los noventa, principalmente por la suba de la demanda mundial de materias primas”.
Video charla en UNQui sobre la URSS
El miércoles 28 de septiembre, en el marco de la Semana de la Carrera de Comercio Internacional – Tópico Rusia, organizado en la Universidad Nacional de Quilmes, di una charla: “La experiencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas: ¿capitalismo de Estado o socialismo realmente existente?”.
A continuación cuelgo dos vídeos con la intervención. Para ver el resto de las intervenciones, acá. Para acceder a más material sobre URSS desarrollado en este blog, acá.
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Gracias Miguel Giudicatti por el aporte.
Video charla en Rosario, SURPLUS-GEI
El martes 6 de septiembre participé de una charla en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario, organizada por el taller SURPLUS-GEI.
A continuación cuelgo dos vídeos donde toqué el tema “Enseñanza de macroeconomía y crisis capitalista”. El primero comprende las dificultades neoclásicas para explicar las crisis en general. Y el segundo la teoría de los ciclos en Marx.
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Registro y Edición: Virginia Ghioldi Molina
Gracias Gustavo por el aporte.
El diario «La Nación» y la enseñanza de Economía

Con el título de “El oscurantismo K”, La Nación acaba de publicar un editorial dedicado a criticar la propuesta -del ministro de Economía, Amado Boudou; del viceministro Robert Feletti y de agrupaciones estudiantiles kirchneristas- de incorporar la enseñanza de Keynes y Marx en los planes de estudio en las facultades de Ciencias Económicas (La Nación, 21/10/11). En esta nota analizo los argumentos presentados por el diario, para luego sacar algunas conclusiones.
Los argumentos
La editorial comienza planteando que las propuestas de Boudou, Feletti y las agrupaciones estudiantiles K “nos retrotraen a viejas épocas que creíamos superadas”, en las cuales “determinados libros y autores estaban lisa y llanamente prohibidos en los distintos niveles educativos”; señala por eso que están destinadas a “la utopía de generar un mensaje único”. Apunta que lo que propone Boudou va en contra de lo que él mismo gozó en la institución en la que estudió, CEMA, donde “no cabe dudas de que tuvo la oportunidad de estudiar un amplio arco de pensadores económicos”. También señala que en las agrupaciones estudiantiles K “se ha dejado trascender el deseo de que el estudio de las teorías clásicas se limite a Karl Marx y a John Keynes”, para dejar de lado a los exponentes de las corrientes liberales (von Mieses, Hayek o Friedman). Lo cual, añade, es un indudable “resabio de autoritarismo”, “propio de prácticas fascistas”, que sólo generará “pauperización intelectual”. En definitiva, todo esto obedecería al interés de convertir a las universidades argentinas en “agentes propagandísticos”; de imponerse este proyecto de reforma, añade, sólo es de esperar “tiempos de oscurantismo y proyectos hegemónicos”.
Premio Nobel para una economía sin historia
El economista estadounidense Thomas Sargent fue uno de los galardonados con el Premio Nobel de Economía 2011. Como sucede siempre que se entregan estos premios, se publicaron notas en las que se resumió para el gran público en qué consistió el aporte de Sargent a la economía. La explicación más común fue que Sargent, junto a Robert Lucas (y antes John Muth), ayudó a operar una importante revolución en la ciencia económica. Es que antes de la obra de Lucas y Sargent los modelos macroeconómicos no incluían de manera explícita la forma en que los agentes toman sus decisiones y por lo tanto, no estudiaban cómo forman sus expectativas acerca del futuro. Sargent, junto a Lucas, continúa la explicación, elaboró la llamada hipótesis de las expectativas racionales. De acuerdo a este enfoque, los agentes económicos utilizan toda la información disponible; la “procesan” según los modelos económicos existentes; y no cometen errores sistemáticos.
Pues bien, esta idea, que se explicó por estos días, está incorporada en los manuales y cursos usuales de macroeconomía. Y en principio parece, a los ojos del no especialista, “natural” y hasta “inocente”. Sin embargo, no lo es. Es que la hipótesis de las expectativas racionales abona la idea de que los mercados siempre se equilibran en el largo plazo; que el desempleo tenderá hacia su tasa “natural”; que las políticas estatales (monetarias o de gasto fiscal) son inútiles, incluso en el corto plazo, porque los mercados deben actuar de la forma más libre posible; y que la economía está regida por leyes naturales, que los seres humanos deben aceptar. Por lo tanto, discutir el contenido y el significado del enfoque de las expectativas racionales es importante para la crítica de la teoría económica contemporánea. En la primera parte de lo que sigue presento el enfoque de las expectativas racionales; luego, sintetizo la crítica de Paul Davidson a las expectativas racionales; y por último, algunas reflexiones desde el marxismo. El texto no tiene ninguna pretensión de originalidad; simplemente hacer accesible a estudiantes y lectores interesados, un abordaje crítico de la cuestión.
China capitalista
En algunos comentarios al blog se ha suscitado la pregunta de si podemos considerar a China un país capitalista en la actualidad. Mi respuesta es que sí, que estamos frente a un sistema capitalista. Si bien se trata de una economía en transición, y existen muchas formas intermedias, la clave es que de conjunto la economía está sometida a la ley del valor, y que la propiedad capitalista se desarrolla cada vez más libremente. Empiezo repasando brevemente el recorrido de las reformas implementadas desde fines de la década de 1970, para presentar luego algunos datos que apuntalan la idea de que la sociedad china hoy es capitalista.
Un inicio “bujarinista”
Las reformas económicas implementadas por el Partido Comunista empezaron en diciembre de 1978 (Mao había muerto en 1976), y se fueron extendiendo y prolongando, siempre en dirección al capitalismo. Al comienzo solo afectaron al campo, y consistieron en permitir a los campesinos vender la producción de sus lotes privados en los mercados. Luego se pasó al llamado “sistema de responsabilidad”, por el cual se entregaba a cada unidad familiar una cierta porción de la tierra colectiva destinada al cultivo de trigo, arroz y productos similares. Los campesinos podían vender, al Estado o en el mercado libre, todo lo que produjeran por encima de ciertos mínimos. De manera que el proceso chino de reforma comenzó como una reedición de la política que se había aplicado en la Rusia soviética a mediados de la década del 20, bajo inspiración de Nicolás Bujarin (cuya obra fue traducida y estudiada en China en los 80). La meta de Bujarin no era volver al capitalismo, sino dar lugar a estímulos de mercado, a fin de aumentar el interés de los campesinos y elevar la productividad. Es que la Revolución de 1917 había entregado la tierra a los campesinos (aunque la propiedad formalmente era del Estado), Rusia se había convertido en un país incluso más “pequeño burgués” que antes de la subida al poder de los bolcheviques, y los campesinos se resistían a avanzar hacia formas colectivas de producción. Por eso Bujarin pensaba que la única forma de aumentar la productividad agrícola -indispensable para abaratar los costos de los insumos para la débil industria soviética- era permitiendo que los campesinos obtuvieran beneficios de sus explotaciones (véase por ejemplo Cohen, 1973). En algún punto, incluso, se atribuyó a Bujarin el haber lanzado el slogan “campesinos enriqueceos”. Por esta vía se estaba dando lugar a las condiciones para una acumulación capitalista. De hecho, en vísperas de la colectivización (realizada a fines de la década), había comenzado a aparecer el trabajo asalariado y una creciente diferenciación social en el agro ruso.
















