Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Debate sobre la inflación en la Argentina (4)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesContinúa la parte (3)

Como puede anticiparse de lo que he venido planteando en lo anterior, sostengo que la actual alta inflación en Argentina tiene su raíz en la salida devaluatoria e inflacionaria de la crisis y depresión de 2001-2. Por supuesto, la mayoría de los economistas tienden a coincidir en que la devaluación de 2001-2 fue la causa principal del alza de precios de 2002. Es que no hay forma de explicar esa tasa de inflación por emisión monetaria, por déficit fiscal, o por puja distributiva, para aludir sólo a las razones más mencionadas. Sin embargo, realizado este reconocimiento, monetaristas y keynesianos rápidamente pasan por alto que aquella fuerte depreciación de la moneda, levantó la restricción monetaria a la que hacía referencia Rowthorn (ver la tercera parte de esta nota) y abrió el cauce para que se instalara una dinámica de ajustes y variaciones en la distribución del ingreso entre el capital y el trabajo, y entre las diferentes fracciones del capital, por vía de las alzas de precios, salarios y nuevas subas del tipo de cambio. Como lo hemos explicado en otras notas y trabajos, la devaluación de 2001-2 significó un profundo ajuste bajista de los salarios, tanto en término de los precios internos, como de la moneda mundial. Pero además, significó una profunda modificación de los precios relativos, y de las tasas de rentabilidad, a favor de los sectores productores de bienes transables, y en detrimento de los precios y rentabilidades de las ramas de no transables (típicamente, salud y educación privadas, transporte, comunicaciones, vivienda, y similares). Esta situación, seguida de la recuperación de la economía en los años posteriores a la devaluación, generó el escenario para que los ingresos del trabajo, y de las fracciones del capital vinculadas a no transables, recuperaran terreno vía ajustes alcistas.

Lo importante de esto es que la actual dinámica inflacionaria no se puede analizar abstrayéndose de este antecedente. Pero esto es lo que hacen monetaristas y “heterodoxos K”. Los primeros sostienen, desde hace años, que la inflación se debe pura y exclusivamente a la emisión monetaria. Los segundos, afirman que las razones son sólo “estructurales”. Así, por ejemplo, el Banco Central, en su informe de la programación monetaria para 2013, atribuye las causas de la inflación a “la presencia de desequilibrios en la estructura productiva, los ‘cuellos de botella’ en determinados sectores, la puja distributiva, la formación oligopólica de precios y los shocks exógenos de precios internacionales”. Aunque también parece otorgar su parte al aumento de la masa monetaria, ya que reivindica las políticas de esterilización.

El problema con estos enfoques es que no resuelven la cuestión planteada. La emisión monetaria “en general” no es impulsora de inflación. Como lo veremos enseguida, la aceleración de la inflación desde el 3,7% en 2003 al 21% o 22% en 2008, no se puede explicar por “emisión monetaria excesiva”, como sostienen los monetaristas. Por otra parte, tampoco las razones “estructurales” que presenta el Banco Central pueden dar cuenta de la especificidad de la inflación argentina. Para avanzar en la comprensión de las cuestiones implicadas, es interesante analizar las posturas en torno a la política monetaria del BCRA, después de la salida de la depresión de 2001-2.

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Economía argentina y los límites del “modelo”

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn repetidas oportunidades, a lo largo de estos últimos años, he insistido en que el alto crecimiento de la economía argentina de los 2000 tenía bases débiles; que no se superaban los rasgos característicos del atraso y la dependencia; y que los factores que impulsaban el crecimiento se erosionaban progresivamente. Desde otros sectores -de derecha o de izquierda- se hicieron diagnósticos similares. Pero los defensores del gobierno desestimaron las críticas. Según ellos, el alto crecimiento se debía exclusivamente a las virtudes del modelo nacional y popular, inaugurado en 2003 (la recuperación económica desde mediados de 2002 a diciembre de 2003 ni siquiera se menciona). Y así sigue la cantinela hasta hoy. Sin embargo, la realidad es que la economía se está desinflando, y a pasos acelerados.

Síntomas de caída

Según el Estimador Mensual Industrial del INDEC, la actividad industrial del primer cuatrimestre de este año con respecto al primer cuatrimestre de 2011 presentó un incremento de solo 1,6%, con estacionalidad, y 0,6% sin estacionalidad. En abril la situación empeoró, ya que los índices fueron del 0,1% y – 1,4%, respectivamente. La actividad de la construcción, también según el INDEC, cayó 5,9%. El consumo de gasoil, que refleja la vitalidad de la economía, cayó, en términos anualizados, el 4% en el primer trimestre; pero un 9% en abril. CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa), una entidad más bien afín al gobierno, informa que en mayo las ventas minoristas cayeron un 6,6% con respecto a igual mes del año pasado. De los 22 rubros relevados, todos tuvieron caídas; la mayor baja fue en inmobiliaria, con el 21,4%. También hubo fuertes bajas en “bazares y regalos” (-9,3%), “calzados” (-8,9%), “ferreterías” (-8,7%), y “jugueterías” (-8,5%). Es significativo, además, que materiales para la construcción haya bajado 3,1% y materiales eléctricos 2,3%. Eléctricos y electrodomésticos disminuyó 6,2% e indumentaria 7,8%. Si bien mayo de 2011 fue un mes de fuerte actividad, y por eso aumenta la base de comparación, la actual caída se inscribe en el tercer mes consecutivo de disminución de las ventas: marzo cayeron 2% y en abril 3,6%.

En cuanto a la venta de automóviles, en los primeros cuatro meses del año crecieron 6,7% frente a igual período del año anterior, pero la producción bajó 5,7%, debido a la caída de las exportaciones a Brasil (dato de Adefa, Asociación de Fábricas de Automotores). En mayo repuntó fuertemente la venta interna (11,5% subió la tasa de patentamientos), ya que para muchos la compra de autos es una opción de ahorro frente a las dificultades para conseguir dólares, y a la caída del mercado inmobiliario. Sin embargo, la producción bajó 24,4% con respecto al mismo mes del año pasado. En los cinco primeros meses del año las exportaciones a Brasil disminuyeron en 52.000 unidades. La producción de autos fue un baluarte del modelo K. La empresa Renault, de Córdoba, anunció suspensión de personal debido a los stocks sin vender.

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Written by rolandoastarita

06/06/2012 at 17:56

Fuga de capitales, dólar y modelo K

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Esta nota es continuación y actualización de la que escribí hace un año, en la que discutía cuestiones vinculadas al crecimiento basado en el tipo de cambio alto («Profundizar…» ). Decía entonces que el tipo de cambio alto había sido clave para la estrategia de desarrollo “industrialista”, desde mediados de 2002. Básicamente porque la devaluación posterior a la ruptura de la Convertibilidad había significado una fuerte caída de los salarios -en términos de dólar y poder adquisitivo-, con la consiguiente mejora de las condiciones competitivas del capitalismo argentino. Sostenía también que a la redistribución regresiva del ingreso se habían sumado equipos industriales renovados durante los 90; una elevada capacidad ociosa; y el congelamiento de tarifas de servicios. Todo esto se conjugó para elevar la tasa de rentabilidad, en particular de las empresas productoras de bienes transables. Además, el ciclo alcista de los precios de los alimentos, y en particular la soja, dieron un poderoso oxígeno extra al crecimiento, habilitaron ganancias extraordinarias al agro (suba de la renta de la tierra), y una constante inyección de recursos al Estado. Sin embargo, señalaba en aquella nota, no había habido un desarrollo sustentado en la inversión de equipos y la tecnología. Esto es, no estábamos ante un aumento de la competitividad con bases sólidas. Por eso, en 2010 ya se evidenciaba el desgaste del “modelo”: el superávit comercial se achicaba; la inflación erosionaba la competitividad del tipo de cambio; y el gobierno se enfrentaba a la disyuntiva de devaluar, o de retrasar el tipo de cambio a fin de frenar la inflación. Pero en este último caso, caería aún más la competitividad. Escribíamos: “Si el gobierno promueve una depreciación de la moneda, acelera la inflación, con poca ganancia en competitividad. Si por el contrario, retrasa el tipo de cambio, agrava los problemas de competitividad, acercándose a un escenario parecido al de los noventa. De hecho, hoy algunos sectores industriales empiezan a quejarse de que con este tipo de cambio no pueden competir. Es posible que de prolongarse esta situación, hacia fin de 2011 el tipo de cambio real vuelva a estar al nivel de la Convertibilidad. Aunque la situación internacional es distinta de la existente en los noventa, principalmente por la suba de la demanda mundial de materias primas”.

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Written by rolandoastarita

31/10/2011 at 10:47

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