Charla sobre crisis en la FCE de la UBA [Podcast]
![Rolando Astarita [Blog] Marxismo & Economía El paro general del jueves](https://rolandoastarita.blog/wp-content/uploads/2014/04/marxista_economista.jpg?w=700)
El 23 de mayo pasado di una charla titulada “Tasa de ganancia, sobreacumulación y crisis. Un enfoque marxista”. La misma se dio en el marco del Ciclo de Seminarios organizado por el Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas, de la UBA. Alguna gente pidió que se filmara, pero no pudo ser. Sin embargo, Adrián, que es lector del blog, tuvo la amabilidad de grabar la charla y entregarme la grabación. Al principio, el audio tiene mucho ruido de fondo, pero luego mejora. Espero que les sea útil.
—
Audio 01:
click derecho, guardar enlace como… Descargar Audio
Audio 02:
click derecho, guardar enlace como… Descargar Audio
Audio 03:
click derecho, guardar enlace como… Descargar Audio
Audio 04:
click derecho, guardar enlace como… Descargar Audio
CK, un discurso reaccionario
En el día de ayer la presidenta Cristina Kirchner atacó duramente el reclamo de eliminar el impuesto a las ganancias a los asalariados. Su argumento central fue que el impuesto a las ganancias afecta a una minoría, el 19% de un total de 9 millones de trabajadores. Agregó que aquellos que reclaman contra este impuesto adoptan posturas egoístas, típicas de los liberales (Abal Medina acotó que pelear contra este impuesto «es oligarquía, no es peronismo»). CK también dijo que el impuesto debía mantenerse para defender las cuentas públicas. No mencionó siquiera las asignaciones familiares, que es otro de los reclamos centrales. En síntesis, la idea central que se transmite es que los trabajadores que más ganan deben ser solidarios con los que menos ganan. CK también sostuvo que en Europa están asombrados porque en Argentina los aumentos salariales son superiores al 20%; y atribuyó la muerte de varios gendarmes en un accidente de tránsito a la lucha de los trabajadores.
Como no podía ser de otra manera, el discurso de CK ya ha sido objeto de varias y fundadas críticas. En primer lugar, porque está reconociendo que el 81% de los asalariados recibe menos de 5500 pesos por mes, que es el mínimo (para solteros) que no es afectado por ganancias. Para aquellos que viven en el exterior, digamos que se trata de poco más de 1220 dólares mensuales (si tomamos en cuenta el tipo de cambio oficial), y el nivel de precios en Argentina es similar al que existe en EEUU. Este salario es considerado entonces «de privilegio» por los K partidarios y el gobierno. En segundo lugar, se ha señalado que CK pasa por alto que se está produciendo un «ajuste» de salarios, por vía de la inflación. Como indica Ismael Bermúdez, en Clarín, desde 2007 la inflación fue del 147% y el gobierno aumentó el mínimo no imponible en apenas el 72%. Así, se rebanó una parte de los aumentos salariales conseguidos (según el cálculo de Bermúdez, el aumento salarial real desde 2007 habría sido de solo el 4,8%). Lo peor es que cada vez son más los trabajadores afectados por esta medida. Hoy, con un ingreso de 10.000 pesos mensuales, «ganancias» se lleva un aguinaldo completo. Pero además, es de mala fe hablar solo del aumento nominal de los salarios, y no mencionar la inflación. Si un gremio cierra un aumento salarial por el 21%, y la inflación es del 25%, habrá experimentado una caída del salario real del 4%. Esto es elemental, y cualquiera lo sabe. En cuanto a vincular las muertes provocadas por un accidente de tránsito con las luchas salariales, es simple incoherencia mental de la presidenta. Pero es funcional a su intento de meter miedo en la gente, para que no vaya a la movilización, y degradar las acciones sindicales.
Moyano versus gobierno y una postura desde el marxismo
El conflicto entre el sindicato de Camioneros y el gobierno divide aguas en la política argentina, y de manera tajante. Es que Moyano ha puesto en primer plano tres reivindicaciones que afectan al conjunto de los trabajadores, que son el impuesto a las ganancias sobre los salarios, las asignaciones familiares para los ingresos mayores a 5200 pesos, y la ruptura del tope que quiere imponer el gobierno a las discusiones salariales. Por supuesto, se puede objetar que Moyano convocó al paro y a la movilización a la plaza de Mayo de forma burocrática, y motivado en buena medida por las diferencias que mantiene con la presidenta. Sin embargo, el hecho clave es que las reivindicaciones mencionadas interesan a los trabajadores de conjunto, y por eso los esfuerzos de los defensores del gobierno para debilitar el reclamo y aislar a los camioneros. Los K-argumentos son variados. Así, se sostiene que es irresponsable poner en jaque servicios básicos por demandas salariales o condiciones de trabajo; que hay que anteponer los intereses nacionales a los sectoriales; que es necesario defender “el modelo productivo y con inclusión social”; que Moyano es funcional a los intereses de Clarín (“llama a un paro nacional desde TN”, se observa); y que ir a la Plaza de Mayo implicaría fortalecer a la burocracia sindical. Pero no son argumentos sólidos.
En primer lugar, hay que decir que la mayoría de las huelgas afectan, de una manera u otra, servicios esenciales, por la simple razón de que el trabajo asalariado es la base sobre la que se levanta la sociedad entera, con sus expresiones políticas, jurídicas, culturales e ideológicas. Pero además, en la sociedad capitalista el trabajo es explotado (un “detalle” que pasan por alto los K-revolucionarios) y en consecuencia, la manera más efectiva que tienen los explotados de defender el salario y condiciones laborales es con la huelga, con la negativa a trabajar. Por eso, incluso sectores de la derecha muy enfrentados al gobierno rechazan y critican a los trabajadores. “Afectan a la población”, “perjudican a otros trabajadores”, “los usuarios son los rehenes”, son las cantinelas que machacan sin descanso los grandes medios, y repiten como loros los funcionarios y los defensores de la presidenta. Lo mismo dicen cuando hay paros de subterráneos, o colectivos, o de cualquier otro servicio. Es la forma más efectiva que tienen siempre los reaccionarios para salir en defensa del capital, y del estado capitalista, cuando hay conflictos gremiales. Es necesario enfrentar ese discurso, ya que apunta a debilitar el derecho de huelga, y prepara el terreno ideológico y político para avanzar con medidas represivas. Entre ellas, la aplicación de la reaccionaria Ley de Abastecimiento, y sacar a la calle a la Prefectura y Gendarmería.
Economía argentina y los límites del “modelo”
En repetidas oportunidades, a lo largo de estos últimos años, he insistido en que el alto crecimiento de la economía argentina de los 2000 tenía bases débiles; que no se superaban los rasgos característicos del atraso y la dependencia; y que los factores que impulsaban el crecimiento se erosionaban progresivamente. Desde otros sectores -de derecha o de izquierda- se hicieron diagnósticos similares. Pero los defensores del gobierno desestimaron las críticas. Según ellos, el alto crecimiento se debía exclusivamente a las virtudes del modelo nacional y popular, inaugurado en 2003 (la recuperación económica desde mediados de 2002 a diciembre de 2003 ni siquiera se menciona). Y así sigue la cantinela hasta hoy. Sin embargo, la realidad es que la economía se está desinflando, y a pasos acelerados.
Síntomas de caída
Según el Estimador Mensual Industrial del INDEC, la actividad industrial del primer cuatrimestre de este año con respecto al primer cuatrimestre de 2011 presentó un incremento de solo 1,6%, con estacionalidad, y 0,6% sin estacionalidad. En abril la situación empeoró, ya que los índices fueron del 0,1% y – 1,4%, respectivamente. La actividad de la construcción, también según el INDEC, cayó 5,9%. El consumo de gasoil, que refleja la vitalidad de la economía, cayó, en términos anualizados, el 4% en el primer trimestre; pero un 9% en abril. CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa), una entidad más bien afín al gobierno, informa que en mayo las ventas minoristas cayeron un 6,6% con respecto a igual mes del año pasado. De los 22 rubros relevados, todos tuvieron caídas; la mayor baja fue en inmobiliaria, con el 21,4%. También hubo fuertes bajas en “bazares y regalos” (-9,3%), “calzados” (-8,9%), “ferreterías” (-8,7%), y “jugueterías” (-8,5%). Es significativo, además, que materiales para la construcción haya bajado 3,1% y materiales eléctricos 2,3%. Eléctricos y electrodomésticos disminuyó 6,2% e indumentaria 7,8%. Si bien mayo de 2011 fue un mes de fuerte actividad, y por eso aumenta la base de comparación, la actual caída se inscribe en el tercer mes consecutivo de disminución de las ventas: marzo cayeron 2% y en abril 3,6%.
En cuanto a la venta de automóviles, en los primeros cuatro meses del año crecieron 6,7% frente a igual período del año anterior, pero la producción bajó 5,7%, debido a la caída de las exportaciones a Brasil (dato de Adefa, Asociación de Fábricas de Automotores). En mayo repuntó fuertemente la venta interna (11,5% subió la tasa de patentamientos), ya que para muchos la compra de autos es una opción de ahorro frente a las dificultades para conseguir dólares, y a la caída del mercado inmobiliario. Sin embargo, la producción bajó 24,4% con respecto al mismo mes del año pasado. En los cinco primeros meses del año las exportaciones a Brasil disminuyeron en 52.000 unidades. La producción de autos fue un baluarte del modelo K. La empresa Renault, de Córdoba, anunció suspensión de personal debido a los stocks sin vender.
Sobre los orígenes de la crisis financiera
Una de las explicaciones más extendidas de la crisis que estalló en 2007 dice que se debió a la sobreespeculación en el mercado del crédito inmobiliario. El argumento se basa en un fenómeno real: la crisis estuvo precedida por un boom hipotecario que colapsó y arrastró al resto de la economía a la recesión. Por esto, muchos sostienen que la crisis se debió a la codicia de los banqueros y a la falta de regulaciones estatales. Es la interpretación que encontramos en Krugman, Stiglitz, en el New York Times, y en una gama amplia de autores del progresismo keynesiano, o la izquierda. Pero si bien es indudable que el crédito y la especulación inmobiliaria fueron factores que llevaron a la crisis, es necesario conectarlos con dificultades y contradicciones que anidan en la acumulación capitalista. El objetivo de esta nota, por lo tanto, es pasar revista a las características centrales del boom, precisar las condiciones, arraigadas en la acumulación del capital, que lo posibilitaron, y el significado del crecimiento del capital ficticio vinculado a la especulación inmobiliaria. A los efectos de hacer accesible la lectura a la gente no especializada, a lo largo del texto introduzco breves explicaciones de algunos de los instrumentos financieros más utilizados.
La mecánica del boom crediticio inmobiliario
Para explicar cómo operó el boom crediticio inmobiliario es necesario empezar por lo que significó la llamada titularización. Básicamente, consiste en una innovación financiera que contribuyó a cambiar el rol de intermediarios de los bancos. Tradicionalmente, el banco recibe fondos en forma de depósitos, por los que paga interés; y otorga préstamos, por los que cobra un interés más alto que el pagado por el depósito. Con la titularización, en cambio, el banco se descarga de su cartera de activos, creando una sociedad especial (Special purpose vehicles, SPV son las más comunes). Por ejemplo, un banco origina una cartera de créditos hipotecarios, pero en lugar de quedarse con ella, la vende al SPV. Así, supongamos que el banco arma un pool con 100.000 créditos hipotecarios, que son comprados por el SPV. Este, a su vez, emite títulos para financiar la compra. Tratándose de hipotecas, estos títulos son conocidos como MBS, Mortgage-backed securities; cuando se trata de otro tipo de préstamos (tarjetas de crédito, para la compra de automóviles, etc.) el banco también puede armar paquetes, y el SPV emite títulos que se los conoce como ABS, Asset-backed securities. Tanto los MBS como los ABS rinden mayores intereses que los títulos gubernamentales, o de empresas.
¿Qué es capital ficticio?
En varios escritos que circulan dentro de la izquierda, se define al capital ficticio como todo tipo de acreencia o título financiero; esto es, se lo identifica con los títulos (bonos, acciones) que proporcionan rentabilidad a quienes los poseen. Se sostiene que, a diferencia del capital real, el ficticio no constituye riqueza social, ya que los títulos no poseen valor intrínseco.
El objetivo de esta nota es precisar, en primer lugar, cual es la noción de capital ficticio en Marx, y en segundo término, presentar algunas conclusiones relacionadas con la idea de que sería posible salir de las crisis capitalistas, o solucionar los problemas fundamentales vinculados a la acumulación del capital, mediante inyecciones de capital ficticio.
La noción en Marx
La expresión capital ficticio fue introducida por Marx para designar aquellos activos financieros cuyo valor no se corresponde con algún capital real; el caso paradigmático son los títulos públicos. Es que cuando un gobierno emite títulos para cubrir sus gastos corrientes, el dinero que recoge no entra en algún circuito de valorización, y por lo tanto no es capital. Por eso Marx destaca que el precio del título no representa capital, o valor en proceso de valorización. Un pagaré o un bono del Estado solo dan a su propietario el derecho a participar de una parte de la plusvalía, bajo la forma de los impuestos que recaude el gobierno. Por otra parte, los valores de los títulos públicos pueden modificarse, según las oscilaciones de la tasa de interés, o según varíe la confianza en que el Estado podrá hacer frente a sus obligaciones. Estos cambios en los valores pueden, por lo tanto, no tener una relación directa con la acumulación del capital. Por ejemplo, la suba de los títulos del Tesoro de EEUU, desde mediados de la década de 1980, estuvo vinculada a la caída progresiva de la tasa de interés, a lo largo de casi tres décadas. La demanda internacional de los títulos -EEUU es considerado un refugio seguro para los capitales líquidos- explica en buena medida la caída de la tasa. Pero ese aumento del stock de títulos no tuvo como contrapartida un incremento del capital real. Incluso en períodos de crisis o incertidumbre, los precios de los bonos del Tesoro de EEUU continuaron en aumento, a contramano de lo que sucedía con muchos otros activos financieros, que caían al compás de la desvalorización del capital real.
Elecciones, crisis del euro, crisis política
Después de las recientes votaciones de Francia y Grecia, el panorama para continuar con el ajuste defendido por Merkel es, por decirlo de forma suave, muy sombrío. En Grecia los partidos más votados no pueden formar gobierno, la economía continúa desplomándose y ya son muchos los que asumen que el país dejará el euro. En Francia, Hollande promete poner un plan de crecimiento y reabrir la discusión acerca del pacto fiscal. Merkel y el establishment alemán se oponen a rediscutirlo y a nuevos programas financiados con deuda. Así, mientras Hollande afirma que va a impulsar menos austeridad y más crecimiento, los alemanes insisten en que deben crearse las condiciones para que las empresas inviertan. En muchos países, además, crecen los partidos más radicalizados a izquierda y derecha, y varios ganan apoyo con la propuesta de volver a las monedas nacionales. Es España, el flamante gobierno de la derecha ya empieza a perder apoyo, y enfrenta protestas y huelgas obreras. Es evidente que la crisis económica y política está agravándose hora a hora. El objetivo de esta nota es presentar algunas reflexiones sobre la crisis del euro, y las diferencias en torno a la política económica, que dividen a buena parte de la clase dominante (ver también aquí y aquí).
Dos respuestas frente a la crisis
La actual crisis política europea está determinada, en lo fundamental, por la división que existe en la propia clase capitalista acerca de las políticas para enfrentar a la crisis. Recordemos que, en esencia, toda crisis es una desvalorización masiva de los capitales; una “revolución de los valores” (para usar la expresión de Marx). Por esta vía, las crisis “limpian” el camino para el restablecimiento de la tasa de rentabilidad de los capitales, y con ella, de la acumulación. Por eso, por lo general, la caída de los valores -de las acreencias financieras, y del capital físico- va acompañada de la caída de los salarios reales; del incremento de los ritmos de producción y el “ajuste” de la disciplina laboral; de la disminución de los beneficios sociales (salud, educación, pensiones); y del aumento de los ejércitos de reserva. Sin embargo, y a pesar de su generalidad, estas “revoluciones del valor” no tienen siempre la misma dinámica ni forma de desarrollarse. En este respecto -siguiendo una idea que subrayaron los regulacionistas- puede decirse que se han producido por dos vías fundamentales, la inflación o la deflación; y cuál de estas vías se tome puede ser motivo de tensiones y enfrentamientos importantes entre las clases o fracciones de clases. A grandes rasgos diremos que en la actual coyuntura, el ala deflacionista es encabezada por Alemania, en tanto sus opositores abarcan un amplio abanico, desde las fracciones que plantean volver a las monedas nacionales, hasta los que ponen en el centro la austeridad, pero admiten la necesidad de una mayor dosis de inflación y un ritmo más pausado en la reducción del gasto público. En el medio, encontramos un sinfín de matices. Esta diversidad es una expresión de la profundidad de las contradicciones que subyacen a la crisis del euro, así como de la desorientación que reina en la clase dominante, y del descontento de las masas trabajadoras y los pueblos frente a un sistema que solo les promete más sacrificios y más sufrimientos.
Charla sobre crisis en la FCE de la UBA
Aprovecho este medio para anunciar que el miércoles 23 de mayo próximo daré una charla que lleva por título «Tasa de ganancia, sobreacumulación y crisis. Un enfoque marxista». La misma se da en el marco del Ciclo de Seminarios organizado por el Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas, de la UBA, y se llevará a cabo en el aula 212 (segundo piso), a las 19 horas, en la sede de la avenida Córdoba.
Mi intención es examinar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia a la luz de la discusión teórica, pero también de la crisis capitalista reciente, y de la crisis del 30. Pienso que puede ser de interés para lectores del blog. Quedan invitados entonces.
Capitalismo globalizado, imperialismo y militarismo
A raíz de la nota sobre Corea del Norte, defensores de los regímenes stalinistas enviaron varias críticas a mis posturas en “Comentarios”. Entre ellas, hubo una que se repitió con cierta insistencia, que sostiene: a) usted plantea que la dominación colonial (también semicolonial o neocolonial) ha dejado de ser el método privilegiado de apropiarse del excedente; b) además, usted agrega que la explotación no ocurre entre países, sino entre clases, específicamente, entre el capital y el trabajo; c) por lo tanto usted no puede explicar por qué EEUU (y otras potencias) mantienen tantas bases militares desplegadas alrededor del mundo, o por qué sigue habiendo intervenciones armadas contra países. De manera que, según esta crítica, si la contradicción hoy se da entre el capital globalizado y el trabajo, el mundo es algo así como un paraíso del pacifismo burgués.
El problema aquí es que se piensa que, en última instancia, la explotación del trabajo no encierra violencia. Por supuesto, Marx explicó que la explotación capitalista ocurre por medios económicos. Esto es, dado que los trabajadores no poseen los medios de producción, están obligados a intentar vender su fuerza de trabajo en el mercado. Es desde este punto de vista que la extracción del excedente, bajo el capitalismo, no opera con medios político-militares, como ocurre en otros modos de producción, donde el trabajador es obligado, por medio de la coerción extra económica, a entregar el excedente (sea bajo la forma de trabajo forzado, de tributos, etc.). En el capitalismo los trabajadores son “libres” de ser explotados por el capital o… morirse de hambre. La coacción está dada aquí por las relaciones sociales de producción, asentadas en la propiedad privada del capital. ¿Significa esto que la violencia ha desaparecido? En absoluto. El Estado es la institución que, respaldada en armas y aparatos represivos (aunque no solo en ellos), se constituye en el garante último de la propiedad de la clase capitalista.
Es con este marco teórico que en “Valor, mercado mundial y globalización” defendí la vigencia de la noción de imperialismo. Transcribo entonces lo central sobre el tema:
“A lo largo de este libro hemos intentado mostrar cómo la extracción de excedente se da hoy, en lo esencial, no por coerción extraeconómica, sino a través del mercado y por la generación de plusvalía. Por lo tanto, hemos planteado que el antagonismo fundamental que anida en la economía mundial es entre el capital y el trabajo. De aquí se desprende que, si con el término “imperialismo” se entiende una forma internacional de extracción del excedente basada en la coerción extraeconómica, colonial o semicolonial; o la explotación de unos países por otros, el mismo no sería aplicable a la realidad actual. De la misma manera, el término tampoco sería adecuado si se busca denotar un sistema mundial en el que fuesen inevitables las guerras entre las potencias por nuevos repartos colonialistas del mundo. ¿Significa esto que la noción de imperialismo ha perdido sentido, como afirman muchos “globalistas”?















