Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Marx y el teleologismo histórico

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesHace poco, una ex alumna me consultó debido a que en una maestría en ciencias sociales, un docente sostuvo que Marx, a igual que Hegel, tenía una concepción teleológica de la historia. Esto es, leída en clave marxista, la historia no sería más que la larga marcha de la humanidad hacia un fin preestablecido, la sociedad sin clases y la liberación de la humanidad. Se trataría de su propósito inmanente, del cual los hombres no serían conscientes. Por supuesto, a partir de aquí, el crítico de Marx no tuvo problemas para “triturar” al marxismo delante del curso. En esta nota presento pasajes en los que Marx critica la concepción teleológica de la historia, y hago luego algunas reflexiones.

De la Ideología alemana a la obra madura

Tal vez es en la Ideología alemana donde encontramos el rechazo más explícito de Marx, y Engels, a la idea de que la historia tiene un fin; leemos:

“La historia no es sino la sucesión de las diferentes generaciones, cada una de las cuales explota los materiales, capitales y fuerzas productivas transmitidas por cuantas la han precedido; es decir que, por una parte, prosigue en condiciones completamente distintas la actividad precedente, mientras que por otra parte, modifica las circunstancias anteriores mediante una actividad totalmente diversa, lo que podría tergiversarse especulativamente, diciendo que la historia posterior es la finalidad de la que la precede, como si dijésemos, por ejemplo, que el descubrimiento de América tuvo como finalidad ayudar a que se expandiera la Revolución Francesa, interpretación mediante la cual la historia adquiere sus fines propios e independientes y se convierte en una “persona junto a otras personas” (junto a la “autoconciencia”, la “Crítica”, el “Único”, etc.), mientras que lo que designamos con las palabras “determinación”, “fin”, “germen”, “idea”, de la historia anterior no es otra cosa que una abstracción de la historia posterior, de la influencia activa que la anterior ejerce sobre ésta” (La ideología alemana, pp. 49-50).

Por otra parte, a cada paso, Marx y Engels insisten en que hay que tomar a los seres humanos tal como existen, en lo que hacen; es el punto de partida del estudio. No hay que entender las formaciones sociales, y sus evoluciones, a partir de algún fin oculto de la historia, que debería cumplirse. En la misma idea, en La Sagrada Familia, Marx escribe que «la historia no hace nada, no posee riquezas colosales, “no libra ninguna batalla. Es más bien el hombre -el hombre real, vivo- el que actúa, posee y lucha. No es de ninguna manera la historia la que utiliza al hombre como medio para llevar a cabo sus fines, como si se tratara de otra persona; por el contrario, la historia no es más que la actividad del hombre en persecución de sus propios fines”. Aquí, de nuevo, se está diciendo que la historia no tiene fines. Son los seres humanos los que se proponen fines. Con esto Marx tomaba distancia de Hegel. Es que Hegel trató de explicar lo que ha sucedido en la historia en términos de una necesidad lógica. En su sistema, todo evento histórico entra en alguna totalidad en desarrollo, que mediante ese proceso revela su significado. En este marco, la marcha de la historia tiene como fin que el mundo tome conciencia de sí mismo, como obra del espíritu. La “astucia de la razón” remite a la idea de que la razón utiliza los intereses de los individuos para realizar sus fines; aunque los individuos no formulan de manera consciente estos fines, los realizan de todas maneras de manera no consciente, al perseguir sus fines particulares. Para Marx, no es más que una racionalización del estado actual de cosas.

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14/11/2012 at 12:38

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El monopolio en el marxismo del siglo XX

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesLas notas sobre monopolio y competencia “a lo Marx” (aquí y aquí) polemizan con la idea de que en el siglo XIX, y hasta 1880, aproximadamente, la competencia constituyó el mecanismo regulador de los mercados capitalistas (nacionales y mercado mundial), y que a partir de 1880 ese mecanismo pasó a ser de tipo monopólico (o, más precisamente, oligopólico). Éste es el eje de las diferencias que mantengo con la tesis del monopolio. Por supuesto, los defensores de la tesis del monopolio siempre explicaron que la competencia no había desaparecido en el siglo XX. Sin embargo, enfatizaron que la competencia había pasado a tener un rol subordinado desde fines del siglo XIX, y que esto encerraba un cambio cualitativo en la forma de regulación del capitalismo. Fue la posición de Paul Baran, Paul Sweezy, Maurice Dobb y Ernest Mandel, quienes influyeron decididamente en la formación del pensamiento de la izquierda sobre el monopolio y la competencia. A fin de contribuir al estudio de esta importante cuestión, en esta nota presento lo esencial de sus posiciones sobre el monopolio, una reflexión sobre el contexto que reflejan esos escritos, y su diferencia con el presente.

El monopolio en Baran y Sweezy

La idea que domina en los escritos de Baran y Sweezy es que en el capitalismo maduro la competencia se ha atenuado, y que la regulación monopolista ocupa el primer plano. En El capital monopolista, de amplia difusión en los años 1960 y 1970, Baran y Sweezy escribían: “Debemos reconocer que la competencia, que fue la forma predominante de las relaciones de mercados en el siglo XIX, ha cesado de ocupar tal posición, no solamente en Inglaterra, sino en todas partes del mundo capitalista. Hoy la unidad económica típica en el mundo capitalista no es la pequeña firma que produce una fracción insignificante de una producción homogénea para un mercado anónimo, sino la empresa en gran escala que produce una parte importante del producto de una industria, o de varias industrias, y que es capaz de controlar el precio, el volumen de la producción y los tipos y cantidades de inversiones” (Baran y Sweezy, 1982, p. 10).

La misma idea la encontramos en Baran (1969), una obra que fue clave para la posterior teoría de la dependencia: “La concentración y centralización del capital hizo avances gigantescos, y las grandes empresas se adueñaron de la vida económica… Al destrozar el mecanismo competitivo que regulaba, para bien o para mal, el funcionamiento del sistema económico, las grandes empresas se convirtieron en la base del monopolio y del oligopolio, que son los rasgos característicos del capitalismo moderno” (p. 22). En este contexto, tiende a desaparecer la guerra de precios: “… los gigantes monopolistas … protegidos por sus posiciones de monopolio, no necesitan molestarse por reducir al mínimo sus costos ni aumentar al máximo su eficacia» (p. 55). También escribe: “la competencia de precios en condiciones de oligopolio tiene la tendencia a hacerse cada vez más odiosa para los empresarios involucrados. Cualquier reducción moderada de los precios, por parte de un oligopolista que pretenda aumentar su parte del mercado, será inmediatamente neutralizada mediante reducciones correspondientes de los precios de los otros oligopolistas…. . Por otra parte, una guerra de precios a muerte entre los gigantes oligopolistas requerirá cantidades de capital tan grandes e involucrará riesgos tan enormes, que se prefiere el arreglo a la lucha ruinosa. Se concluyen acuerdos más o menos explícitos o se establece una “colusión de precios”, que tiene como consecuencias la eliminación de la competencia aniquiladora y la aceptación, por las partes contratantes, del principio de vivir y dejar vivir, más que el intentar destruirse una a otra” (pp. 101-2). Obsérvese que no se trata de si existe una tarifa aduanera aquí, o una devaluación competitiva allá, sino de una perspectiva global del mercado y de la forma en que se regula la distribución de los tiempos de trabajo, o avanza el cambio tecnológico. “Vivir y dejar vivir”, en lugar de guerra entre los capitales. Como resultado del freno de la competencia, el dominio del monopolio generaba la tendencia al estancamiento de las fuerzas productivas en los países adelantado, y el bloqueo del desarrollo industrial en los países atrasados.

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07/11/2012 at 11:04

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De nuevo, inflación, salarios y Kicillof

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En una nota anterior demostré que el doctor Kicillof incurre en un disparate cuando afirma que, según Keynes, la inflación no reduce los salarios de los trabajadores. En la misma también sostuve que el alza de precios significaba, para muchos sectores, una caída de los salarios en términos reales. Pocos días después, un viejo y querido amigo, defensor del kirchnerismo, escribió una breve respuesta a mi nota, diciendo que desde el punto de vista teórico yo estaba en lo correcto, pero que en la práctica no se verificaba que los salarios reales -de los estatales, por ejemplo- estuvieran siendo afectados por la inflación. “Astarita tiene razón en la teoría, pero no en la práctica”, venía a decir mi amigo, y concluía que para comprobar que los salarios no estaban siendo erosionados por la inflación no hacía falta ser doctor en economía.

Pues bien, un examen incluso superficial de lo que está ocurriendo por estos días parece desmentir a mi amigo. Lo que decía Keynes, que los salarios reales bajan por efectos de la inflación, y que éste es el caso más general, tiene su correspondencia con lo que está ocurriendo “en la práctica”. No es un secreto que por estos días varios sindicatos estatales y docentes están impulsando la apertura de las paritarias. ¿La razón? Sencilla: consideran que el proceso inflacionario está afectando el salario real de todos los sectores que firmaron aumentos por debajo del 24%. Y no necesitan ser doctores en economía para entenderlo. El IPC promedio que miden las provincias indica que la inflación estaría en el 23% anual; según las consultoras privadas, sería del 25%. Por lo tanto, se está produciendo una caída del salario real de los trabajadores cuyos gremios firmaron aumentos por debajo del 23% o 24%. Algunos ejemplos: en la provincia de Buenos Aires el alza promedio de los estatales fue del 19% (con sectores que no alcanzaron el 17%); los docentes universitarios firmaron por el 20,5%; los mecánicos de SMATA por el 18%. Por eso, muchos gremios están pidiendo la reapertura de las negociaciones salariales. No lo harían si los salarios se acomodaran más o menos automáticamente a los aumentos de los precios, como dijo Kicillof que decía Keynes.

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22/10/2012 at 11:35

Competencia «a lo Marx» y monopolio (II)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del jueves(Continúo aquí la nota anterior).

Tendencia a la concentración y contratendencia

Uno de los errores más difundidos es la idea de que la tendencia a la concentración y centralización del capital debía llevar al sistema capitalista a un punto de cambio cualitativo, a partir del cual el monopolio comenzara a prevalecer por sobre la competencia; ese punto, se dice, habría sido alcanzado a fines del siglo XIX. A partir de entonces la competencia habría pasado a un segundo plano. Sería el desenlace natural del impulso a la concentración y centralización del capital (tendencias analizadas por Marx en el capítulo 23 del tomo 1).

El problema con esta visión es que peca de unilateral y mecánica. Lógicamente, no se puede negar que en algún momento el sistema capitalista desemboque en el dominio de los monopolios, pero lo cierto es que hasta el presente la centralización del capital avanzó desplegando tendencias contradictorias. Es que a la par que avanzan la concentración y centralización, también aumenta el número de capitales que entran en competencia. “El incremento del capital social se lleva a cabo a través del incremento de muchos capitales individuales. Presuponiendo que no varíen todas las demás circunstancias, los capitales individuales -y con ellos la concentración de los medios de producción- crecen en la proporción en que constituyen partes alícuotas del capital global social. Al propio tiempo, de los capitales originarios se desgajan ramificaciones que funcionan como nuevos capitales autónomos. (…) con la acumulación del capital crece en mayor o menor medida el número de capitalistas” (Marx, 1999, t. 1, p. 777).

La realidad es que constantemente surgen nuevas ramas de producción donde se generan nuevos capitales. También se incorporan países en los que se desarrolla el capitalismo, dando lugar a la formación de nuevos capitales que compiten en los mercados mundiales. Pero además, en las ramas ya instaladas, el cambio tecnológico con frecuencia favorece la aparición de capitales que presentan batalla exitosamente a los antiguos, especialmente si éstos deben soportar altos costos para mandar a desguace equipos y máquinas obsoletas. Por eso, se trata de dos tendencias, a la centralización y concentración, por un lado, pero también al surgimiento de nuevas unidades del capital. Como resultado, la ley del valor opera a escala cada vez mayor. En la medida en que los capitales crecen por la concentración y centralización, tienen más poder para incursionar en nuevos mercados. Y constantemente aparecen nuevos competidores, adquiriendo la lucha competitiva dimensiones mundiales.

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Competencia «a lo Marx» y monopolio (I)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn varias ocasiones, en los “Comentarios” del blog, se ha tocado la cuestión de si es correcta la tesis de la preeminencia del monopolio en el capitalismo contemporáneo. La misma fue adelantada por Hilferding, Hobson, Bujarin y Lenin, a principios del siglo XX, y fue adoptada luego por la mayoría de la izquierda. Stalinistas, trotskistas, maoístas, guevaristas, socialdemócratas, nacionalistas de izquierda y radicales izquierdistas de las más diversas tendencias, parecen coincidir en que hacia finales del siglo XIX la concentración del capital habría llegado a un nivel tal que habría producido un cambio cualitativo del modo de producción capitalista: se habría pasado del capitalismo de la libre competencia, al capitalismo monopólico. Desde este enfoque, las explicaciones discurren siempre por los mismos carriles. ¿Por qué suben los precios en Argentina? Respuesta: porque los grupos monopólicos, formadores de precios, suben los precios a voluntad. ¿Por qué suben los precios de los alimentos a nivel mundial? Porque los grupos financieros monopolistas manipulan los mercados de futuros. ¿Por qué sube el petróleo? Porque las grandes empresas petroleras dominan el mercado y establecen los precios. Y así de seguido (aunque algunas preguntas jamás se formulan; por ejemplo, ¿por qué en Japón ha habido fuertes presiones deflacionarias en los últimos 15 años? ¿Acaso porque aquí los monopolios decidieron bajar los precios? Nadie parece preguntarse ni responder. Pero estos son “detalles”). En cualquier caso, el diagnóstico permanece idéntico. El problema es el dominio monopólico.

Debo decir que durante mucho tiempo compartí esta visión. Sin embargo, desde hace años, he cambiado mi postura, influenciado en buena medida por Anwar Shaikh, y otros autores, que han criticado la tesis del dominio monopólico. Esencialmente, sostengo que actualmente la competencia desempeña un rol por lo menos tan importante como en el siglo XIX, y que esto explica por qué las leyes que gobiernan la formación de los precios, presentadas por Marx en El Capital (y otros escritos), siguen siendo válidas. En particular, sigue vigente la ley del valor trabajo, la tendencia a la formación de una tasa media de ganancia y la tesis de que los precios de producción son “centros” en torno a los cuales oscilan los precios de mercado. Pero cuando afirmo esto, es bastante común que se me acuse de adherir a la tesis neoclásica de la competencia perfecta. A fin de despejar esta objeción, y contribuir al debate, en esta nota presento la noción de competencia en Marx, su diferencia con las llamadas “competencia perfecta” y “competencia imperfecta”, y algunas consecuencias que se desprenden con respecto a la tesis del capitalismo monopólico. He dividido la nota en dos partes.

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12/10/2012 at 11:39

Kicillof, inflación y Keynes

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Recientemente, en su presentación ante el Congreso del proyecto de presupuesto 2013, el doctor Kicillof explicó que la emisión monetaria en Argentina no es inflacionaria, y citó el caso de EEUU, donde la fuerte expansión monetaria, con la crisis, no provocó una suba de precios importante (a julio de 2012, la inflación anual es del 1,7%). El argumento de Kicillof fue: “Para los que piensan que la emisión es la causa exclusiva del aumento de precios, les recuerdo que vivimos en un laboratorio de expansión monetaria. EEUU cuadruplicó su base monetaria, la Unión Europea la duplicó, y el Banco de Inglaterra la cuadruplicó. ¿Y en estos países hay riesgo de inflación? No, hay riesgo de deflación”. Por eso, en Argentina habría margen para emitir billetes, sin temer consecuencias inflacionarias. De acuerdo a los datos presentados por el doctor Kicillof, el agregado monetario M2 equivale a solo el 20% del PBI, un porcentaje mucho más bajo que en otros países (Brasil, Chile, EEUU, Francia, Corea del Sur). Según Kicillof, pensar que la emisión monetaria genera inflación, es propia de la ortodoxia neoliberal. También explicó que la inflación solo le preocupa a los financieros, ya que el movimiento obrero está en condiciones de actualizar su salario por encima de la tasa inflacionaria, y citó a Keynes como respaldo de su afirmación.

Errores, uno tras otro

En todo esto hay, por supuesto, muchísimos problemas, que en buena medida he discutido en otras notas, referidas la teoría cuantitativa del dinero (inspiración del monetarismo), y a la crítica de Marx a la misma. En este apartado, resumo los puntos más destacados y remito a las entradas correspondientes, porque en esta nota quiero centrarme en lo que dijo Kicillof sobre Keynes y la inflación (el lector que no desee entrar en las complejidades de la discusión con el monetarismo, puede pasar al siguiente punto).

En primer lugar, es paradójico que pretendiendo ser crítico de la teoría cuantitativa, el doctor Kicillof razone acerca de las presiones (o peligros) inflacionarios en términos de comparación entre el PBI y los agregados monetarios. Se trata de una problemática estrictamente monetarista, que ya hace mucho fue criticada por Marx. Lo central es que no tiene sentido comparar masa monetaria con masa de mercancías, para deducir de aquí que el aumento de precios deriva del aumento de la primera con respecto a la segunda (ver aquí para la crítica de Marx a la teoría cuantitativa).

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03/10/2012 at 15:46

Foxconn y lucha de clases en China

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En su edición de ayer (25/09/12) La Nación informa sobre el estallido de un fuerte conflicto en la planta de 80.000 empleados que Foxconn posee en Taiyuan, China. Ocurrió durante el fin de semana del 22 y 23 de septiembre, y dejó un saldo de 40 trabajadores heridos y varios detenidos. “Detrás del nuevo iPhone5, la furia de los obreros chinos”, titula la periodista, Natalia Tobón, y escribe: “El esperado lanzamiento del iPhone5 fue todo un éxito de ventas, pero un estallido de furia en una fábrica china desnudó el lado más oscuro de los productos Apple”. Según Tobón, varios trabajadores informaron a los medios chinos que un guardia de seguridad estaba golpeando a un trabajador, y más de 200 compañeros salieron a defenderlo. El enfrentamiento con el personal de seguridad habría durado unas cuatro horas. “La firma tiene un negro historial de suicidios, denuncias laborales, pésimas condiciones sanitarias y mal pago que motivan constantes protestas”, agrega. Lo sucedido en Foxconn se inscribe en un contexto de creciente resistencia de la clase trabajadora de China a la explotación. Vale la pena entonces ampliar un poco la información.

Explotación y suicidios

Con 1,2 millones de empleados en todo el mundo, Foxconn es el mayor fabricante de componentes electrónicos. De origen taiwanés, en 1988 abrió su primera planta en China, buscando bajar los costos, salariales en primer lugar. Desde entonces no dejó de expandirse; actualmente es la mayor empleadora privada en China, y también posee fábricas en Eslovaquia, Polonia, República Checa, India, México y Brasil, además de Taiwan. En 2011 la empresa informó que estaba considerando realizar una inversión en Brasil de 12.000 millones de dólares y también ampliar su inversión en México. Solo en su planta china de Shenzhen trabajan unas 270.000 personas; incluye dormitorios, negocios internos, restaurantes, hospital y lugares para hacer deportes.

Las denuncias sobre las condiciones de explotación en Foxconn tuvieron resonancia mundial a partir de la ola de suicidios ocurrida en la planta de Shenzen, en 2010. Ese año, 18 empleados intentaron suicidarse, y 14 lo lograron. Por entonces, los trabajadores recién ingresados recibían el salario mínimo de 130 dólares, más alojamiento y comida. Era más de lo que se pagaba en el resto de China, pero las condiciones de trabajo eran extenuantes y muchos no resistían. Según The Economist del 27/05/10, de manera regular los trabajadores de Foxconn están obligados a superar las 36 horas semanales de horas extras que son permitidas como máximo en China. De acuerdo a una investigación realizada por Apple, un tercio de los trabajadores de la planta de Longhua excedía las 60 horas semanales. Pero las historias individuales de algunos trabajadores son más reveladoras que las cifras globales. Tomemos el caso de Ma Xiangpian. Ma tenía 19 años, provenía de una aldea campesina empobrecida, y fue hallado muerto en frente de su edificio de dormitorios; compartía el dormitorio con otros nueve trabajadores. Su hermana también trabajaba en la empresa, pero renunció luego de la muerte de su hermano. La familia dice que Ma odiaba el trabajo, que había tomado unos pocos meses antes. Se trataba de un turno de noche, de 11 horas, siete noches a la semana, fundiendo plásticos y metal en partes electrónicas, entre humo y polvo. Luego de una discusión con su supervisor, Ma fue puesto a limpiar baños. En el mes anterior a su muerte Ma trabajó 286 horas, incluyendo 112 horas de sobretrabajo. Por todo eso, aún con la paga por trabajo extra, ganó un promedio de un dólar por hora. Ma se suicidó y fue encontrado muerto el 23 de enero. La familia pidió compensación a la empresa, pero ésta se negó (The New York Times, 6/6/2010).

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26/09/2012 at 10:53

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Traducciones de «El Capital» y un error en Siglo XXI

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A raíz de la nota anterior se me consultó acerca de qué traducción de El Capital era preferible, la de FCE, realizada por Roces, o la de Siglo XXI. Respondí que sin dudar, prefiero Siglo XXI. Con la traducción de Siglo XXI se pueden tener discrepancias de matices, pero solo eso. Por ejemplo, traduce Warenkapital como “capital mercantil”, y yo diría “capital mercancía”. Pero se entiende que es un matiz.

Con la traducción de Roces, de FCE, la cuestión es muy diferente. Hay errores gruesos, diría que inadmisibles. No soy un experto en el tema, pero son tan gruesos, que saltan a la vista. Por ejemplo, y solo tomando “al vuelo” el capítulo 1, Marx escribe “Die allgemaine Äquivalentform ist die Form des Werts überhaupt” (Mega 23, p. 83). Roces traduce: “La forma del equivalente general es una forma de valor en abstracto” (FCE, p. 23). Esto es, ha traducido überhaupt como “abstracto”, cuando la traducción, sin dudas, debe ser “en general”. Siglo XXI lo traduce correctamente. Ahora bien, no es una cuestión menor, teniendo en cuenta el peso que tiene la noción “abstracto” en el razonamiento de Marx.

Doy otro ejemplo, de nuevo grosero, y en el capítulo I. Luego de haber explicado la forma desarrollada del valor, Marx escribe, en el punto “Relación de desarrollo entre la forma relativa de valor y la forma equivalente”, lo siguiente: “Para expresar el valor relativo del equivalente general, antes bien, hemos de invertir la forma III” (Siglo XXI, p. 84, énfasis mío). La traducción está perfecta, porque en alemán es: “Um den relativen Wert des allgemeinen Äquivalent auszudrücken, müssen wir vielmehr die Form III umkehren”. Umkehren quiere decir tanto dar vuelta como volver. Es claro por el contexto que no tiene sentido que Marx diga que para expresar el valor relativo del equivalente general haya que volver a la fórmula III, ya que ésta es la expresión del valor general de las mercancías. Por lo tanto, la traducción correcta de umkehren es “invertir”, o “dar vuelta”. Pero en la edición de FCE leemos: “Para expresar el valor relativo del equivalente general, no tenemos más remedio que volver los ojos a la forma III”. Además de haber metido en el medio “remedios” y “ojos que vuelven»,  traduce umkehren como “volver a”, con lo cual la afirmación de Marx no tiene sentido, es ilógica. En definitiva, creo que no debería haber lugar a dudas de que es mejor la traducción de Siglo XXI, edición a cargo de Pedro Scaron, y traducción de León Manes. Tal vez lo que molesta un poco de la edición de Siglo XXI es que los agregados que Marx hizo en las siguientes ediciones (hizo 4 bajo su supervisión) estén como notas al pie de página. La edición MEGA alemana tomó directamente la cuarta edición, revisada por Marx. Aunque reconozco que la opción de Siglo XXI permite seguir la forma en que Marx fue corrigiendo y aclarando. Son, de todas formas, matices.

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13/09/2012 at 10:19

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Capital financiero, capital dinerario y capital comercial

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEl término “capital financiero” es de uso común en la izquierda, incluido el marxismo. A grandes rasgos podemos decir que con este término se denota a una totalidad compuesta por los bancos, los fondos de inversión y similares, las compañías de seguro, los prestamistas de dinero, y los accionistas. Pero la noción también hace referencia a una relación de dominio de estos capitales sobre el capital productivo (y, eventualmente, el mercantil). Esta idea nace con los “clásicos” sobre el imperialismo (Hilferding, Hobson, Lenin) y es mantenida en la actualidad en la tesis de la financiarización (Chesnais, Samir Amin, Reinaldo Carcanholo), y otras corrientes izquierdistas. En esta nota examino la cuestión a la luz de las nociones de capital dinerario y capital comercial, de Marx, y planteo mis principales críticas a la noción usual de capital financiero.

En Marx

Tal vez una de las cuestiones más importantes es precisar la distinción, de Marx, entre capital comercial y capital dinerario. Por capital comercial el autor de El Capital entendía el capital mercantil (esto es, el que se especializa en el comercio de mercancías) y el que se especializa en el manejo del dinero. Este último engloba a los bancos, y en general a las instituciones que realizan operaciones monetarias “para toda la clase de los capitalistas industriales y comerciales” (Marx, 1999, t. 3, p. 403). Son las operaciones de pago y cobro de dinero, conservación de tesoros monetarios, saldo de balances, manejo de cuentas corrientes, movimientos internacionales de dinero, operaciones cambiarias, y similares. A ello se agrega el recibir y conceder créditos, organizar la colocación de acciones y bonos, preparar fideicomisos, actuar como fideicomisarios, etc. El capital dinerario, en cambio, comprende -siempre según Marx- el dinero que se presta, a cambio de un interés. Es en este sentido que el capital comercial se diferencia del capital dinerario: los capitales comerciales (sean mercantiles o bancarios) reciben la parte de la plusvalía que corresponde a la ganancia. Es conveniente recordar que el beneficio de un banco no proviene del interés, como muchas veces se piensa, sino de la diferencia entre las tasas activas y pasivas (esto es, las tasas a las que presta y las tasas a las que toma depósitos); más las comisiones que cobra por realizar operaciones monetarias. Su tasa de ganancia, por lo tanto, está determinada por la razón entre los beneficios y el capital propio invertido. Lo mismo sucede con un corredor de bolsa; su ganancia principal proviene de las comisiones que cobra por operar en la bolsa, y su tasa de ganancia es la razón entre el beneficio y el capital invertido. No hay, en este sentido, una diferencia sustancial con la tasa de ganancia de los capitales invertidos en cualquier otra actividad. El capital del banco participa de la igualación de la tasa de ganancia, junto al resto de los capitales. Esa igualación se produce por la competencia, que ocurre con los movimientos de los capitales entre las ramas. Si la tasa de beneficio en una rama es mayor que en el promedio de la economía, los capitales tenderán hacia ella, hasta que se iguala con el promedio. A la inversa, los capitales salen de las ramas en que la tasa de ganancia es menor al promedio. Por esta razón, Marx jamás consideró que las instituciones que operan con dinero pudieran gozar de una tasa de ganancia sistemáticamente superior a la que reciben los capitales invertidos en las ramas productivas, o comerciales.

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El «atrévete a pensar» de Marx y el socialismo

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Hacia el final del Prólogo de la Contribución de la crítica de la economía política, de 1859, Marx se refiere a la actitud a adoptar en la investigación científica. Luego de explicar que sus puntos de vista son el resultado de años de “investigación escrupulosa”, sostiene que “al entrar en la ciencia, así como en la entrada al Infierno, debe formularse esta exigencia: ‘Abandónese aquí todo recelo/Mátese aquí cualquier vileza’ (Dante)”. En esta breve nota presento algunas reflexiones sobre el contenido e implicancias políticas de este imperativo ético que, hasta donde alcanza mi conocimiento, es uno de los pocos que encontramos en la obra de Marx.

Atenerse a la ciencia

Es importante aclarar que cuando Marx se refiere a la necesidad de matar todo recelo, no está diciendo que la investigación deba abordarse con la mente en “tabula rasa”, o desde un enfoque que haga abstracción de valores, o posiciones de clase. Marx está muy lejos del positivismo comtiano, y similares. Así, en varios pasajes se refirió a las limitaciones del pensamiento burgués para indagar la naturaleza de la plusvalía, o los orígenes históricos de la sociedad de clases y del mercado. Además, era consciente de que la indagación científica se hace siempre a partir de categorías y teorías, que delinean las problemáticas a responder y hacen visibles (o no) los objetos de estudio. Por eso, lo que está afirmando Marx en el pasaje del Prólogo de 1859, es que en el trabajo científico hay que dejar de lado intereses subalternos, y seguir lo que nos dicta el estudio de los datos, y el razonamiento. Esto significa no anteponer a la verdad científica la defensa de “verdades de partido”, de dogmas y tradiciones intelectuales, y no subordinarse a los poderes establecidos. Si llegamos a una conclusión, hay que atenerse a ella, y solo modificarla cuando confrontemos otros argumentos lógicos, y consistentes con datos, que sean convincentes. El escritor, o el científico, no debe ocultar sus convicciones porque éstas no agraden a los “jefes”, a las instituciones, o a la opinión pública.

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Written by rolandoastarita

03/09/2012 at 18:26