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Trabajo socialmente necesario y fetichismo de las matemáticas
Algunas discusiones se tornan difíciles porque se desarrollan desde paradigmas metodológicos opuestos. Esto se aplica a las diferencias que tengo con defensores de la “tesis transferencia”, que han criticado mi interpretación del texto de Marx de cómo surge la plusvalía extraordinaria (y ahora también dicen que Marx no presentó una explicación “general” de la plusvalía extraordinaria).
Como expliqué en la anterior entrada, la diferencia de fondo está en el concepto de tiempo de trabajo socialmente necesario (TTSN), y en la relación entre tiempo de trabajo privado y social. Mis críticos sostienen que el tiempo de trabajo privado es directamente social (una hora de trabajo privado siempre genera una hora de valor) y de ahí derivan que el TTSN se determina calculando el promedio aritmético ponderado de los tiempos de trabajo individuales empleados. Así, por ejemplo, si la mercancía A es producida por 10 productores que emplean 10 horas cada uno; un productor que emplea 8 horas y otro que emplea 15 horas, el valor de A sería 10,25 horas. Si aparece otro productor que produce A en 20 horas, A tiene 11 horas de valor, etcétera. Si la hora de trabajo se expresa en $10, en el primer caso A tendrá un precio de $102,5, en el segundo de $110.
Trabajo potenciado y la “tesis transferencia”
Por estos días volví a tener discusiones –esta vez con unos economistas mexicanos, véase aquí– sobre trabajo potenciado y plusvalías extraordinarias (puede verse en Comentarios). Es que en varios escritos, y siguiendo a Marx, he sostenido que la plusvalía extraordinaria es producto de trabajo potenciado. La idea básica es que el trabajo que aplica una tecnología superior a la que es normal en la rama, genera por unidad de tiempo más valor que el que generan las empresas con la tecnología que predomina (para simplificar, dada cierta intensidad del trabajo, y considerando los mismos tipos de trabajos simples). La cuestión, por supuesto, se relaciona con la noción de valor. Valor, según Marx, es tiempo de trabajo socialmente necesario, objetivado. Socialmente necesario es definido por Marx como el tiempo de trabajo “requerido para producir un valor de uso cualquiera, en condiciones normales de producción, vigentes en una sociedad y el grado social medio de destreza e intensidad del trabajo” (p. 48, cap. 1., t. 1, El Capital).
Trabajo potenciado y una crítica desde México (2)
A raíz de la nota anterior, Sebastián Hernández Solorza (en adelante, SHS) envió una respuesta a la sección Comentarios del blog; la reproduzco más abajo (y puede leerse completa en Comentarios). Ahora el eje de SHS pasa por decir que la función de producción que elaboró junto a Alan Deytha Mon, y que demostré que era un sinsentido, no tiene importancia para la crítica que me hacen. Sin embargo, se trata de la función que, según HyD (Hernández y Deytha), representa el trabajo concreto. Un concepto que, siempre según mis críticos, es fundamental -junto al trabajo abstracto- para «demostrar» que mi planteo está equivocado. Pero este es solo un botón de muestra de la “coherencia” entre su respuesta y el texto que publicaron en Revista de Economía Crítica Nº 18. En lo que sigue presento los argumentos de SHS, acompañados de mis comentarios:
Traducción de un pasaje de «El Capital», Siglo XXI
Hace un tiempo, y a raíz de una pregunta sobre las traducciones al castellano de El Capital, señalé que posiblemente la mejor sea la de Siglo XXI, y aproveché para decir que se había deslizado un error importante en el capítulo 9 del tomo I (ver aquí). En esta breve nota comparto otra corrección que sugiero a otro pasaje, esta vez del capítulo 23 del tomo I. El mismo lo he citado en la nota anterior (aquí), y un lector me señaló (en “Comentarios”) que tal como estaba formulada la frase, se prestaba a confusión, o no tenía lógica. Le respondí que tenía razón. La cuestión tiene cierta importancia porque el capítulo 23 -”La ley general de la acumulación capitalista”- es uno de los más estudiados de la obra de Marx.
Pues bien, en la traducción a cargo de Pedro Scaron, de la edición de Siglo XXI (utilizo la decimoquinta, de 1992), en la p. 768, t. 1, leemos: “Prescindiendo por entero del alza de salarios acompañada por una baja en el precio del trabajo, etc., el aumento de los salarios solo denota, en el mejor de los casos, la merma cuantitativa del trabajo impago que debe ejecutar el obrero” (énfasis mío). Para que esto tuviera coherencia con la teoría de Marx, interpreté “acompañada” en el sentido de “provocada” o “causada”, y cité textualmente la traducción de Scaron.
Sin embargo, la interpretación era forzada (“acompañar” indica sincronía en el tiempo, no causalidad) y por lo tanto revisé la edición alemana. En ella la frase anterior es: “Ganz abgesehn vom Steigen des Arbeitslohns mit sinkendem Preis der Arbeit usw., besagt seine Zunahme im besten Fall nur quantitative Abnahme der unbezahlten Arbeit, die der Arbeiter leisten muss.” (p. 647, t. I, Verlag Marxistische Blätter, Frankfurt, 1976; énfasis mío).
La presidenta Cristina K sobre salarios e inversión
Discurso K sobre salarios e inversión
“En la ideología liberal nos dicen que tiene que haber inversión y para ello es necesario que no haya salarios tan altos, porque si los salarios son altos los empresarios no invierten”. La frase fue lanzada por la presidenta Cristina Kirchner en un acto realizado ayer, miércoles 20 de mayo, y fue entusiastamente aplaudida por el ministro de Economía, doctor Kicillof, y seguidores. La afirmación K tiene varias aristas merecedoras de análisis.
La primera cuestión es que no solo la ideología liberal dice que si los salarios suben por encima de cierto umbral la inversión se frena. También lo afirman los keynesianos, incluidos los de izquierda. Como he planteado en anteriores notas, Robinson, Kalecki o Kaldor eran conscientes del asunto; y los poskeynesianos en la actualidad han admitido que, a fin de que el sistema capitalista funcione, es necesaria una dosis de desocupación que mantenga a raya las demandas salariales (ver aquí y aquí).
Pero en segundo lugar, hay que subrayar que es la teoría del valor trabajo y de la plusvalía la que explica la naturaleza del fenómeno. En este punto, remito al capítulo 23 del tomo 1 de El Capital, donde Marx expone el argumento. Partimos de que si se produce un alza de salarios que no sea por el abaratamiento de los medios de consumo de los trabajadores, habrá una “merma cuantitativa del trabajo impago que debe ejecutar el obrero”. Sin embargo, esa merma “nunca puede alcanzar el punto que pondría en peligro seriamente el carácter capitalista del proceso de producción y reproducción de sus propias condiciones…”. Es que si el alza de salarios “embota el aguijón de la ganancia”, decrece la acumulación [o sea, la inversión] y con esto “el precio del trabajo desciende de nuevo a un nivel compatible con las necesidades de valorización del capital”. Por este motivo, “el propio mecanismo del proceso capitalista de producción remueve los obstáculos que genera transitoriamente” (Marx).
YPF, salarios ejecutivos y estatismo burgués
Según informa La Nación (15/05/15), la petrolera estatal YPF aumentó la remuneración de su directorio -27 personas-, un 30% entre 2013 y 2014, de 19,7 millones de dólares a casi 25,9 millones en 2014. Las cifras surgen de los datos que presenta la empresa a los reguladores bursátiles de EEUU y Argentina, y fueron corroborados por la misma. La remuneración ahora estaría “en línea con los parámetros internacionales”. La noticia ofrece la oportunidad de volver a examinar, desde la perspectiva de la teoría de Marx, el carácter social del directivo de empresa en el capitalismo, sea este privado o estatal, y la naturaleza del estatismo en la sociedad actual.
La remuneración de los ejecutivos es plusvalía
Una de las primeras cuestiones que hay que despejar al analizar la naturaleza social de los ejecutivos es que no basta la forma salarial para definir su carácter de clase. Como planteé hace años en una polémica (ver aquí), no se puede identificar automáticamente el salario con la remuneración de la fuerza de trabajo, y por lo tanto con la existencia de la relación de capital –trabajo explotado. Este es el error de los que sostienen que los ejecutivos pertenecen a la clase obrera. Y desde este punto de partida también se suele disimular la naturaleza social del ejecutivo de una empresa estatal, inserta en el modo de producción capitalista (en la idea de que el Estado “es de todos y todas” y el ejecutivo se sacrifica “en beneficio de todos y todas”).
Sobre egoístas, salarios y ganancias
En los días previos al paro nacional que se realizó ayer, 31 de marzo, el Gobierno acusó repetidas veces a los trabajadores de parar en defensa de un interés “egoísta”. La presidenta Cristina Kirchner lo sintetizó cuando se dirigió al país por cadena nacional: “Los que tienen un trabajo bien remunerado tienen que ceder un poco de su sueldo para otros compañeros. Si no lo hacen, razonan como oligarcas”.
Así, con este discurso apunta a dividir a la clase trabajadora entre “egoístas y solidarios” (o entre “privilegiados y trabajadores comunes”) e induce a una forma de conciliacionismo de clase. Según esta óptica, el alto funcionario estatal o directivo de empresa que gana $100.000 por mes, y paga ganancias sin chistar, es “solidario”, mientras que el obrero que gana cinco veces menos y protesta por el impuesto, es “egoísta” y con “mentalidad de oligarca”. Una división que se fomenta con el discurso, pero tiene su correlato en la política diaria: es sabido que el gobierno K buscó siempre dividir a los movimientos sociales, a los sindicatos, los centros de estudiantes, los organismos de defensa de los derechos humanos y otras entidades populares, utilizando el poder del Estado. Por ejemplo, discriminando en el otorgamiento de los planes sociales a las organizaciones sociales que se mantienen críticas del kirchnerismo.
















