Posts Tagged ‘Marxismo’
IDH y pobreza, silencio K-progresista

El Informe 2011 sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha sido silenciado por la prensa oficial, y apenas mencionado por los medios opositores. Lo interesante de este informe es que muestra a las claras que, si bien hubo una mejora en los índices argentinos, no existe ningún elemento para afirmar que haya habido algo distintivamente progresivo en el curso económico social del país en los últimos años.
El PNUD elabora desde 1990 el llamado Indice de Desarrollo Humano, que resume los datos sobre esperanza de vida, matriculación escolar e ingreso en un solo indicador compuesto. Se pueden hacer muchas críticas a este índice -que se inspira en la obra de Amartya Sen- pero de todas maneras es preferible a la forma tradicional de medir la pobreza, que solo considera el ingreso. La idea detrás del IDH es tomar en cuenta las condiciones de vida y las capacidades de funcionar (tener educación, salud, etc.) de que disponen las personas con determinado ingreso. El PNUD también corrige este índice según el grado de desigualdad de los países; y elabora un índice de desigualdad de género. Pues bien, en 2010, con un IDH de 0,775 Argentina ocupaba el puesto número 46 a nivel mundial. Pero ajustado por desigualdad, Argentina pierde 11 puestos, y el índice baja un 19,7%, a 0,622. En cuanto a desigualdad de género, Argentina se ubica (dato 2008) en el puesto número 60, con un índice de 0,534.
Distintos enfoques sobre la globalización (2)

En esta nota publico la segunda parte del trabajo sobre enfoques alternativos de la globalización.
La explotación mundializada del trabajo
Si la globalización es la extención mundializada de la relación capital-trabajo, el contenido de la misma es la profundización de la subsunción “real” del trabajo al capital. Por subsunción “real” Marx entendía el proceso mediante el cual el capital cambia y determina las formas del trabajo y sus condiciones reales (ritmos de producción, división del trabajo en el taller, etc.). A nivel mundial este proceso es impulsado por la lucha competitiva entre los capitales, para obtener el máximo de productos por unidad de trabajo. Es la ley de la producción capitalista desplegada, es el hambre incesante por la plusvalía, por aumentar el trabajo excedente. El capital ejerce su presión sobre el trabajo amenazando con no invertir en tal país, o con trasladarse a tal otro sitio, si no las fuerzas del trabajo no se allanan a sus exigencias. Por eso también vuelven a aparecer formas de explotación que nos llevan de vuelta a lo que sucedía en los orígenes del capitalismo industrial. Por ejemplo, en fábricas de China se imponen condiciones que pueden calificarse de sencillamente carcelarias. En muchas empresas los trabajadores no pueden hablar, ni levantarse de sus sitios para tomar agua o ir a los servicios sanitarios; las jornadas de trabajo se prolongan por 14 o más horas, y en muchos casos incluso la gente duerme en las empresas, y en condiciones extremadamente precarias. Leer la nota completa>>
URSS: Respuesta a una crítica trotskista

En la nota “¿Qué fue la URSS? (2)” critiqué la tesis trotskista que sostiene que la URSS fue un Estado obrero. Esteban Mercatante, del Partido de los Trabajadores por el Socialismo, publicó una crítica a mi posición, que lleva por título “Qué fue la URSS. Polémica con Rolando Astarita”. Aquí respondo a su crítica, y aprovecho para profundizar en la caracterización de la URSS.
La médula de la crítica
El punto de partida de mi rechazo de la tesis “la URSS fue un Estado proletario” es que el Estado obrero se caracteriza por la lucha en pos de la abolición de la sociedad de clases, y se identifica con la transición al socialismo (utilizo los términos Estado obrero y dictadura del proletariado como sinónimos). Dado que el Estado soviético, por lo menos a partir de los años 30, se opuso activamente a la transición al socialismo, sostengo que no puede ser considerado un Estado obrero. Esta afirmación se ve reforzada, según mi argumento, por dos circunstancias. En primer lugar, por el hecho de que la burocracia había establecido una relación de explotación sobre la clase obrera; y en segundo término porque la propia clase obrera no se identificaba con ese Estado. La crítica que me realiza Esteban Mercatante (en adelante EM) se sostiene en la idea de que la dictadura del proletariado no se caracteriza por la transición al socialismo, sino por la estatización de los medios de producción. Si los medios de producción están estatizados, afirma EM, estamos en presencia de un Estado obrero, al margen de que esté, o no, en transición al socialismo. EM escribe: “El Estado obrero es una forma transitoria, que expresa el inicio de la superación del capitalismo, sin que se pueda afirmar que se ha llegado al socialismo. Es una supervivencia de la sociedad capitalista; expresa que siguen existiendo clases sociales, y por lo tanto relaciones de opresión. Esta caracterización del Estado como obrero porque se apoya en la propiedad nacionalizada, no dice nada sobre la marcha de la transición” (énfasis mío). La idea es que la dinámica de esta sociedad no tiene importancia a los efectos de definir el carácter de clase del Estado.
Distintos enfoques sobre la globalización (1)

Como he afirmado en otras notas, en el centro de mis diferencias con buena parte de la izquierda se encuentran las diferencias acerca de qué es hoy el imperialismo (ver la nota sobre el análisis crítico de las tesis leninistas) y sobre los desarrollos del capitalismo en las últimas notas. Aquí presento la primera parte de un capítulo sobre globalización que he preparado para un próximo libro en el que intervenimos varios autores.
La globalización está en el centro de los análisis y debates sociales contemporáneos. Entre las cuestiones más debatidas, está el propio significado de la globalización, sus causas -es producto de decisiones políticas, u obedece a alguna lógica económica; también si se trata de algo cualitativamente nuevo, y en qué sentido puede considerarse un fenómeno progresivo, o reaccionario. A fin de desarrollar luego nuestra posición acerca de algunos de estos problemas, comenzamos presentando el enfoque de los defensores y apologistas de la globalización; los datos acerca de la globalización, y las críticas de autores de la izquierda antiglobalización.
Países árabes: Acerca de complots y manipulados

Vuelvo a la rebelión en el mundo árabe. Gente amiga me ha preguntado por qué estoy tan obsesionado con el tema. La respuesta es simple. Porque considero que estamos ante un movimiento de proporciones gigantescas, ante uno de esos pasos que dan los explotados y oprimidos, que marcan época. Millones se han levantado en muchos países, enfrentando a regímenes dictatoriales, brutales. Me dirán que luchan por reivindicaciones burguesas (libertad de opinión, de reunión, elecciones y parlamento, derecho a defensa en juicio, etc.) y que continúa la explotación del capital, y no puedo menos que acordar. Pero también he explicado en otras notas que no es lo mismo una dictadura que una democracia burguesa. Pero por sobre todas las cosas, es inmensamente progresivo lo que se está dando en el mundo árabe desde la perspectiva de la lucha por el socialismo. Es que incluso en Rusia, donde existió la experiencia revolucionaria más profunda y extendida (formación de soviets), hubo que pasar por la democracia (¿qué fue si no el llamado a la Asamblea Constituyente por los soviets?). Esto le parecerá inaceptable al sectario, pero es el camino que siguen las masas cuando quieren tomar sus destinos en sus propias manos.
Los marxistas y la lucha contra dictaduras

La discusión sobre Libia, y más en general sobre el carácter de los movimientos populares contra dictaduras, ha puesto en primer plano la política que deberían adoptar los marxistas. No me refiero a cuestiones tácticas, sino a una postura estratégica general. En este respecto, una posición que cosecha muchas adhesiones es la que sostiene que los marxistas no deben comprometerse en la defensa de las libertades democráticas burguesas, ya que una democracia capitalista no deja de ser una dictadura del capital. Los marxistas, sigue el razonamiento, deben concentrarse en promover la lucha contra el Estado capitalista y la propiedad privada. En el caso de los movimientos de los países árabes, no tiene importancia decidir si uno de los bandos encarna regímenes democráticos, y otro regímenes dictatoriales bonapartistas, porque la clase trabajadora no puede ganar nada con uno u otro. En otras notas he presentado argumentos en contra de esta posición. Pienso que si bien una democracia capitalista sigue siendo una dictadura del capital, genera mejores condiciones para la organización de los trabajadores, para ejercer la crítica y desarrollar actividades de propaganda y denuncias. Además, en la medida en que existen dictaduras, se allana el camino para que se imponga el discurso liberal burgués, que sostiene que la causa de los problemas de los trabajadores no es el sistema capitalista, sino la falta de democracia. Por eso Lenin decía que la democracia burguesa puede dar lugar a una lucha más abierta contra el capital. En apoyo a esta postura cité varias veces los casos en que los marxistas tomaron partido; por ejemplo, en la lucha de la República española contra el golpe de Franco. Además, en la nota sobre Marx y la ética, he presentado argumentos a favor de una política que tome en cuenta las reivindicaciones de libertad y democracia, en los marcos de una crítica a la sociedad capitalista.
La cuestión de la ética en Marx

Presento aquí una versión algo resumida de un texto que escribí en febrero de 2009, acerca de la ética en Marx. El mismo tiene relación con debates acerca del rol que juegan demandas democrático-burguesas en un programa socialista.
Este escrito se inspira en el artículo de Stefano Petrucciani “Marx and Morality. El debate anglosajón sobre Marx, la ética y la justicia”, publicado en Doxa Nº 15, en 1996. Allí Petrucciani pasa revista a las respuestas que se han dado a la cuestión de si existe una ética en Marx y cuáles serían los presupuestos normativos que guían la crítica marxiana del capitalismo. Presenta las dos interpretaciones más importantes, la de quienes niegan que en Marx haya una perspectiva ética y la de quienes afirman, incluido el propio Petrucciani, que sí es posible encontrar, aunque con matices, un contenido ético en la crítica de Marx al capitalismo. Compartiendo en lo esencial esta última idea, nuestro propósito aquí es proponer una respuesta que difiere en algunos matices de la dada por Petrucciani a la pregunta de si existe un contenido moral en la crítica marxiana del capitalismo. Comenzamos sintetizando las posturas sobre la ética en Marx, tal como las presenta Petrucciani.
Imperialismo en Lenin, análisis crítico

En muchas discusiones acerca de la relación entre los países capitalistas más poderosos y los países atrasados, subyace el tema del imperialismo. Buena parte de la izquierda radical continúa basando sus análisis en las tesis leninistas del imperialismo. Desde hace años sostengo que estas tesis no permiten entender el modo de producción capitalista de hoy, y que la perspectiva de El Capital (esto es, asentada en la teoría del valor trabajo y la plusvalía) permite una aproximación más justa. Tres cuestiones, por lo menos, me impulsaron a realizar esta revisión crítica. En primer lugar, el comprobar que la tesis del monopolio (los monopolios manejan más o menos a voluntad los precios) no tiene validez empírica en el capitalismo contemporáneo (lo cual implica que rige la ley del valor “a lo Marx”). En segundo término, comprobar que no se verificaba la tesis del estancamiento permanente del Tercer Mundo, una idea que dominaba en prácticamente todos los escritos sobre imperialismo y dependencia desde los años 50. En tercer término, el hecho de que desde hace más de siete décadas no han vuelto a producirse guerras interimperialistas. En este último respecto recuerdo que en una mesa redonda, convocada a raíz de la agresión a Irak (segunda invasión), uno de los panelistas, dirigente de un partido de izquierda, sostenía que la intervención era el primer paso de un conflicto armado a gran escala de EEUU y Gran Bretaña contra Alemania, Francia y Japón. Cuando le manifesté que no veía nada de eso en el horizonte, me respondió con el “está en la naturaleza del imperialismo, como Lenin dijo” y pronosticó la ruptura de la OTAN y la ONU. Algunos años antes, también en una mesa redonda, un militante de otro partido me acusó de “embellecer al capitalismo” porque se me ocurrió afirmar que no había en puertas una nueva guerra entre las potencias. Como siempre, el argumento principal de mi crítico era “Lenin dijo…”. En esta nota presento las dificultades que, a mi entender, encierran las tesis sobre el imperialismo. Para esto, reproduzco una parte del capítulo 1 de mi libro Monopolio, imperialismo e intercambio desigual (Madrid, Maia, 2009).
Imperialismo, petróleo y revolución en Libia

La intervención militar de EEUU, Gran Bretaña, Francia y otros países contra Khadafy, ha merecido dos explicaciones principales desde la izquierda. En esta breve nota explico por qué las encuentro insatisfactorias. Empiezo con la primera, que se ubica en la interpretación “conflicto por apoderarse del petróleo libio”.
¿El objetivo es apoderarse del petróleo de Libia?
La primera de estas explicaciones, y la más extendida, dice que el objetivo de la intervención es apoderarse del petróleo libio; esto es, se trataría de una típica intervención colonialista. La tesis está en línea con la idea de que los rebeldes son dirigidos, o manipulados, por el imperialismo; que como tales constituyen la punta de lanza de una ofensiva neocolonial, y que Khadafy encarna la lucha por la soberanía y la independencia nacional de Libia. Desde este punto de vista, lo que está en juego es si el petróleo seguirá estando en manos de los libios, o pasará a ser propiedad de los nuevos colonialistas.
















