Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Economía argentina, coyuntura y largo plazo (III)

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Esta nota completa las dos anteriores (I y II) sobre economía argentina.

Lógica capitalista, en los 90 y en el 2000 también

La clave del desarrollo capitalista pasa por la decisión de invertir el excedente, y esta decisión se rige por las perspectivas de rentabilidad, y de la confianza en su permanencia en el tiempo. O sea, en lo exitoso que pueda ser el proceso de explotar al trabajo y realizar valor. Argentina de los 2000 no fue una excepción. El crecimiento fue vehiculizado por empresas capitalistas, que decidieron sus inversiones bajo la lógica de la ganancia. Los actores relevantes fueron grandes empresas y grupos, transnacionales y nacionales, que se instalaron, o tomaron fuerza, en los 90. Es el caso de la minería. Entre 1990 y hasta 1998 se hicieron inversiones por 1858 millones de dólares (Kulfas y Hecker), y fueron vehiculizadas por grandes empresas transnacionales. En esa década también se establecieron los marcos regulatorios de la minería a cielo abierto. Algo similar ocurrió con el agro. En los años menemistas entraron grandes capitales extranjeros (como Cresud y Benetton), y se fortalecieron los principales grupos nacionales que operan hoy. Además, en los 90 la producción agrícola aumentó más de un 50% (la de soja en primer lugar), se multiplicó el uso de agroquímicos, se extendió la siembra directa, aumentó el número de tractores, se modernizó la maquinaria, y se fortalecieron empresas como Monsanto, Cargill o Novartis. En cuanto a la rama automotriz, que hoy es clave en la industria, entre 1990 y 1998 hubo inversiones por casi 4000 millones de dólares, también a cargo de las grandes transnacionales. Asimismo, hubo fuertes inversiones (por adquisición o establecimiento de plantas) de Coca Cola, Nestlé, Nabisco-Terrabusi, Phillip Morris-Kraft, Danone-Bagley, Parmalat, Danone, Brahma,en la rama de alimentos y bebidas. En el comercio minorista se expandieron Carrefour, Disco, Norte, Easy, Walmart, Coto y Auchan, entre otros. Entre los bancos, cobraron fuerza HSBC, Citybank, BBV-Banco Francés, Banco Río y Grupo Galicia. La medicina privada también tomó impulso en la década menemista, con intervención de grandes grupos en salud (Swiss Medical Group, AMSA, Qualitas, Doctos). Sumemos la educación privada que, naturalmente, siguió creciendo hasta el día de hoy.

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23/08/2012 at 17:58

Crítica al marxismo subjetivista de Kohan y Holloway

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Por estos días un lector me envió un mail preguntándome por mi posición frente a la crítica del profesor Néstor Kohan al marxismo “objetivista” y “determinista”. El tema está vinculado a la cuestión de si existen leyes objetivas, sociales, en el modo de producción capitalista. Kohan es un exponente de los marxistas que sostienen que no existen tales leyes objetivas. Ha escrito un libro sobre El Capital, de mucha influencia en Argentina y en América Latina, en el que defiende esta postura. John Holloway, a quien Kohan cita extensamente, tiene un enfoque similar. Mi punto de vista es muy distinto. En esta nota reproduzco un artículo que escribí en 2007, de crítica al libro de Kohan. Ahora he modificado el título y varios pasajes. El determinismo en el marxismo lo trataré más específicamente en otra nota, aunque la cuestión ya está contenida en la discusión sobre las leyes objetivas. Aquí va entonces el escrito.

En los últimos años se ha difundido una crítica a lo que se llama la lectura “tradicional” de El Capital. La misma afirma que la lectura tradicional conduce a interpretaciones “funcionalistas”, “objetivistas”, “mecanicistas” e incluso “burguesas” del capitalismo. Esta idea ha sido desarrollada por el profesor Kohan en El Capital, historia y método – una introducción (La Habana, 2004; las citas corresponden a este texto). El libro incluye un trabajo de John Holloway, en el que sostiene que “[l]a lectura tradicional [de El Capital] es una lectura funcionalista” (p. 435), que anula la fuerza crítica de la obra de Marx. Kohan, por su parte, advierte que El Capital no hay que leerlo “sin advertir todo lo que la exposición lógica presupone”. Con esto quiere decir que no hay que empezar por la primera línea del primer capítulo, y seguir por el capítulo dos, por el tres, etcétera, porque si hace esto el lector “se desbarranca inmediatamente y sin remedio” (p. 292; énfasis agregado), y está condenado a no ver las diferencias entre la “mano invisible” de Adam Smith y la posición de Marx. Según Kohan, hay que comenzar a leer el texto de Marx por el capítulo 24, y hay que estar prevenido contra las tentaciones de interpretación “mecanicista” y “objetivista”. En definitiva, Kohan y Holloway abogan por un marxismo “no objetivista”, que subraya lo subjetivo. Holloway resume la tesis de la siguiente forma: de acuerdo a la lectura tradicional, El Capital presenta un análisis de cómo funciona el capitalismo, según ciertas leyes de desarrollo. Pero sólo puede haber leyes, continúa Holloway, “en la medida en que el fetichismo está completo, en la medida en que las relaciones sociales están totalmente reemplazadas por relaciones entre cosas” (p. 435). Pero si es así, “si el fetichismo está completo, entonces no existe ninguna posibilidad de auto-emancipación de los negados, de los oprimidos” (ídem). En cambio, la lectura “no tradicional” de El Capital, que Holloway considera indispensable, muestra que detrás de las máscaras del fetichismo existe la fuerza del trabajo alienado, y el capital depende totalmente de “nuestro hacer” y de “su conversión en trabajo abstracto”. Kohan, de la misma manera, arremete una y otra vez contra los marxistas “objetivistas”. Por ejemplo, refiriéndose a las interpretaciones de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, afirma que “la ortodoxia del marxismo” piensa que el capitalismo iría a un “necesario y fatal… juicio final”, lo que llevaría al paso automático a la sociedad comunista (p. 333).

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03/08/2012 at 14:48

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Crédito, acumulación y crisis

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La undécima Conferencia del BIS (Banco de Pagos Internacionales), realizada en junio, estuvo dedicada a la globalización financiera. La contribución de Stephen Cecchetti (jefe del Departamento de Economía y Dinero del BIS) presenta cuestiones que son de interés para los debates de la izquierda sobre el significado de las finanzas. Es que mucha gente progresista, o crítica del capitalismo, sostiene que la causa principal de la crisis iniciada en 2007 fue la mundialización de las finanzas, producto a su vez de la desregulación de los mercados y del ascenso del neoliberalismo. Según esta perspectiva, los capitales financieros impusieron su dominación sobre el capital productivo a comienzos de los 1980, por lo cual succionaron el excedente y alimentaron la especulación y el parasitismo. En esta lectura, el crecimiento del crédito y de las finanzas es entendido entonces como sinónimo de estancamiento de las fuerzas productivas. La globalización financiera habría sido perjudicial, y la contradicción fundamental pasaría por la oposición entre las finanzas y los pueblos (incluyendo este segundo polo a las fracciones del capitalismo productivo). El objetivo sería, por lo tanto, poner “en caja” a las finanzas.

Como adelantamos, la intervención de Stephen Cecchetti da pie para realizar algunas reflexiones sobre el tema. Lo que sigue se ordena de la siguiente manera. En primer lugar, presento la postura de Cecchetti. En segundo término, explico por qué -desde el enfoque “a lo Marx”-, el crédito es consustancial al desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas y el mercado mundial. Pero también por qué las finanzas y el crédito potencian las contradicciones, la sobreproducción y la crisis. La idea es que esta es la dialéctica que subyace a lo que registra, tal vez de manera confusa, Cecchetti. Una dialéctica que muchas veces pasan por alto los críticos del capitalismo. Preciso también que en esta nota me centro en el rol del crédito y las finanzas. El sentido de la globalización (¿históricamente progresiva? ¿regresiva?), que también es tocado por Cecchetti, lo he discutido en en Valor, mercado mundial y globalización, y en notas anteriores (por ejemplo, aquí y aquí), y no lo trataré ahora.

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21/07/2012 at 09:26

¿Impuesto a los salarios o a las ganancias?

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn la discusión que se está desarrollando en torno al impuesto a la cuarta categoría -al “trabajo personal”- es necesario clarificar hasta qué punto esos ingresos constituyen, o no, “ganancias”. Es que algunos sostienen que siempre, y en toda circunstancia, el salario no es ganancia. En el otro extremo, están los que afirman que el impuesto es en sí progresivo, porque los que reciben $6000 o más son “privilegiados”, esto es, disfrutarían de algún tipo de ingreso cualitativamente distinto del que recibe el resto de los trabajadores. El problema con estos planteos es que no parten de distinguir entre la forma salarial y los diversos contenidos que encierra. La clarificación de este aspecto permite precisar algunas cuestiones referidas a las demandas planteadas por los sindicatos y la izquierda.

Salario y diferentes contenidos 

Si bien bajo el sistema capitalista el valor de la fuerza de trabajo explotada por el capital aparece bajo la forma de salario, la inversa no se aplica, ya que no todo asalariado es explotado por el capital. En particular, los ejecutivos de empresas que reciben ingresos bajo la forma de salario, participan de la plusvalía, y no son explotados. Es que, como explica Marx, esta gente encarna al capital en funciones, a la función de extraer plusvalía de los trabajadores (y el accionista a la propiedad privada de los medios de producción). En consecuencia, su función no es técnica -al menos, no lo es en lo fundamental-, sino social, ya que deriva de una relación social de explotación. “Frente al capitalista financiero, el capitalista industrial es un trabajador, pero trabajador como capitalista, es decir, como explotador del trabajo ajeno. El salario que reclama y obtiene por ese trabajo es exactamente igual a la cantidad de trabajo ajeno apropiado, y depende directamente -en la medida en que se somete al esfuerzo necesario de la explotación- del grado de explotación de dicho trabajo, pero no del grado del esfuerzo que le cuesta esa explotación, y que puede derivar, a cambio de un módico pago, hacia un director” (Marx, El Capital, p. 495, t. 3).

Para explicarlo con un ejemplo sencillo, supongamos un economista que es nombrado por el gobierno para integrar el directorio de una gran empresa, en la que el Estado tiene participación accionaria. Supongamos también que este economista recibe un salario de $500.000 anuales por participar en el directorio de esta empresa. ¿Remunera este ingreso el esfuerzo que le cuesta mantener la explotación de los trabajadores? La respuesta es que en absoluto. Esa remuneración no tiene nada que ver con alguna canasta de bienes necesaria para conservar fuerza de trabajo, más o menos calificada. Además, es un esfuerzo que puede ser delegado en los capataces y demás personal intermedio de planta. El ingreso de este economista entonces está conformado por plusvalía.

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04/07/2012 at 13:31

Charla sobre crisis en la FCE de la UBA [Podcast]

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del jueves

El 23 de mayo pasado di una charla titulada “Tasa de ganancia, sobreacumulación y crisis. Un enfoque marxista”. La misma se dio en el marco del Ciclo de Seminarios organizado por el Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas, de la UBA. Alguna gente pidió que se filmara, pero no pudo ser. Sin embargo, Adrián, que es lector del blog, tuvo la amabilidad de grabar la charla y entregarme la grabación. Al principio, el audio tiene mucho ruido de fondo, pero luego mejora. Espero que les sea útil.

 

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01/07/2012 at 15:18

Inversión y la «estructura social de acumulación»

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn notas anteriores (ver 1 y 2) he polemizado con la idea, defendida por economistas defensores del gobierno, de que basta con estimular la demanda de consumo para que haya desarrollo de las fuerzas productivas, y la economía argentina deje atrás su carácter dependiente y atrasado. En ellas he reivindicado la tesis fundamental de los fisiócratas, Ricardo, Marx y diversos enfoques heterodoxos, como los neoschumpeterianos o incluso de keynesianos, de que la tasa de crecimiento depende de la propensión a ahorrar e invertir productivamente, de los capitalistas. Es la tasa de acumulación del capital la que determina el ritmo del cambio tecnológico, permite el aumento de la capacidad productiva, y determina, en consecuencia, la forma en que evoluciona el consumo. Keynes y los keynesianos de Cambridge, como Kaldor, apuntan también que es la decisión de inversión la que determina la tasa de ahorro, y no al revés, como piensan los neoclásicos (la problemática de la separación ahorro-inversión estaba ausente en los clásicos). En cualquier caso, en todos estos enfoques el centro de la atención está puesto en cuáles son los motivos y alicientes para la inversión capitalista. Subrayemos que en Ricardo y Marx, tal vez la variable fundamental es la rentabilidad realizada, y esperada, de la inversión. En Marx, por otra parte, la rentabilidad esperada, a su vez, puede estar influenciada por la evolución esperada de la demanda (el llamado principio del acelerador), pero ésta no es la variable única, ni determinante.

Como he explicado en la nota precedente, la tesis de que basta con que haya demanda de consumo para que la inversión se mantenga firme, está haciendo agua. Sin embargo, frente a la desaceleración de la economía, el gobierno insiste con la receta equivocada. Es que el plan de créditos para la construcción de viviendas apunta a estimular consumo, y no apunta al eje del problema, que es la debilidad de la inversión productiva (dejemos de lado ahora la discusión sobre lo apropiado de utilizar los fondos de la Anses para esto). El problema central del crecimiento capitalista sigue pasando por qué porción de la plusvalía se destina a la inversión productiva. Y en Argentina, una parte importante del excedente no se reinvierte en ampliar la matriz productiva, y se coloca en activos financieros en el exterior; o se destina al consumo suntuario, o a la construcción inmobiliaria de lujo.

El enfoque del marco social de la acumulación

A partir de lo anterior, se plantea la pregunta de por qué en Argentina la inversión se ha mantenido relativamente débil, si la rentabilidad del capital, a lo largo de estos años, ha sido elevada. Una primera respuesta a esta importante cuestión podría señalar que, si bien la ganancia promedio fue muy alta, fue sin embargo muy desigual entre sectores. Por ejemplo, y a juzgar por los balances que presentan en Bolsa, las empresas eléctricas han tenido un desempeño en términos de rentabilidad muy inferior al promedio. Como hemos argumentado en otras notas, o en Economía política del subdesarrollo y la dependencia, los cambios bruscos en el tipo de cambio, afectan de manera muy desigual la rentabilidad entre sectores transables y no transables, y por esta vía a las tasas de crecimiento de las ramas.

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15/06/2012 at 12:32

Sobre los orígenes de la crisis financiera

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesUna de las explicaciones más extendidas de la crisis que estalló en 2007 dice que se debió a la sobreespeculación en el mercado del crédito inmobiliario. El argumento se basa en un fenómeno real: la crisis estuvo precedida por un boom hipotecario que colapsó y arrastró al resto de la economía a la recesión. Por esto, muchos sostienen que la crisis se debió a la codicia de los banqueros y a la falta de regulaciones estatales. Es la interpretación que encontramos en Krugman, Stiglitz, en el New York Times, y en una gama amplia de autores del progresismo keynesiano, o la izquierda. Pero si bien es indudable que el crédito y la especulación inmobiliaria fueron factores que llevaron a la crisis, es necesario conectarlos con dificultades y contradicciones que anidan en la acumulación capitalista. El objetivo de esta nota, por lo tanto, es pasar revista a las características centrales del boom, precisar las condiciones, arraigadas en la acumulación del capital, que lo posibilitaron, y el significado del crecimiento del capital ficticio vinculado a la especulación inmobiliaria. A los efectos de hacer accesible la lectura a la gente no especializada, a lo largo del texto introduzco breves explicaciones de algunos de los instrumentos financieros más utilizados.

La mecánica del boom crediticio inmobiliario

Para explicar cómo operó el boom crediticio inmobiliario es necesario empezar por lo que significó la llamada titularización. Básicamente, consiste en una innovación financiera que contribuyó a cambiar el rol de intermediarios de los bancos. Tradicionalmente, el banco recibe fondos en forma de depósitos, por los que paga interés; y otorga préstamos, por los que cobra un interés más alto que el pagado por el depósito. Con la titularización, en cambio, el banco se descarga de su cartera de activos, creando una sociedad especial (Special purpose vehicles, SPV son las más comunes). Por ejemplo, un banco origina una cartera de créditos hipotecarios, pero en lugar de quedarse con ella, la vende al SPV. Así, supongamos que el banco arma un pool con 100.000 créditos hipotecarios, que son comprados por el SPV. Este, a su vez, emite títulos para financiar la compra. Tratándose de hipotecas, estos títulos son conocidos como MBS, Mortgage-backed securities; cuando se trata de otro tipo de préstamos (tarjetas de crédito, para la compra de automóviles, etc.) el banco también puede armar paquetes, y el SPV emite títulos que se los conoce como ABS, Asset-backed securities. Tanto los MBS como los ABS rinden mayores intereses que los títulos gubernamentales, o de empresas.

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¿Qué es capital ficticio?

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn varios escritos que circulan dentro de la izquierda, se define al capital ficticio como todo tipo de acreencia o título financiero; esto es, se lo identifica con los títulos (bonos, acciones) que proporcionan rentabilidad a quienes los poseen. Se sostiene que, a diferencia del capital real, el ficticio no constituye riqueza social, ya que los títulos no poseen valor intrínseco.

El objetivo de esta nota es precisar, en primer lugar, cual es la noción de capital ficticio en Marx, y en segundo término, presentar algunas conclusiones relacionadas con la idea de que sería posible salir de las crisis capitalistas, o solucionar los problemas fundamentales vinculados a la acumulación del capital, mediante inyecciones de capital ficticio.

La noción en Marx

La expresión capital ficticio fue introducida por Marx para designar aquellos activos financieros cuyo valor no se corresponde con algún capital real; el caso paradigmático son los títulos públicos. Es que cuando un gobierno emite títulos para cubrir sus gastos corrientes, el dinero que recoge no entra en algún circuito de valorización, y por lo tanto no es capital. Por eso Marx destaca que el precio del título no representa capital, o valor en proceso de valorización. Un pagaré o un bono del Estado solo dan a su propietario el derecho a participar de una parte de la plusvalía, bajo la forma de los impuestos que recaude el gobierno. Por otra parte, los valores de los títulos públicos pueden modificarse, según las oscilaciones de la tasa de interés, o según varíe la confianza en que el Estado podrá hacer frente a sus obligaciones. Estos cambios en los valores pueden, por lo tanto, no tener una relación directa con la acumulación del capital. Por ejemplo, la suba de los títulos del Tesoro de EEUU, desde mediados de la década de 1980, estuvo vinculada a la caída progresiva de la tasa de interés, a lo largo de casi tres décadas. La demanda internacional de los títulos -EEUU es considerado un refugio seguro para los capitales líquidos- explica en buena medida la caída de la tasa. Pero ese aumento del stock de títulos no tuvo como contrapartida un incremento del capital real. Incluso en períodos de crisis o incertidumbre, los precios de los bonos del Tesoro de EEUU continuaron en aumento, a contramano de lo que sucedía con muchos otros activos financieros, que caían al compás de la desvalorización del capital real.

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20/05/2012 at 18:18

Elecciones, crisis del euro, crisis política

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesDespués de las recientes votaciones de Francia y Grecia, el panorama para continuar con el ajuste defendido por Merkel es, por decirlo de forma suave, muy sombrío. En Grecia los partidos más votados no pueden formar gobierno, la economía continúa desplomándose y ya son muchos los que asumen que el país dejará el euro. En Francia, Hollande promete poner un plan de crecimiento y reabrir la discusión acerca del pacto fiscal. Merkel y el establishment alemán se oponen a rediscutirlo y a nuevos programas financiados con deuda. Así, mientras Hollande afirma que va a impulsar menos austeridad y más crecimiento, los alemanes insisten en que deben crearse las condiciones para que las empresas inviertan. En muchos países, además, crecen los partidos más radicalizados a izquierda y derecha, y varios ganan apoyo con la propuesta de volver a las monedas nacionales. Es España, el flamante gobierno de la derecha ya empieza a perder apoyo, y enfrenta protestas y huelgas obreras. Es evidente que la crisis económica y política está agravándose hora a hora. El objetivo de esta nota es presentar algunas reflexiones sobre la crisis del euro, y las diferencias en torno a la política económica, que dividen a buena parte de la clase dominante (ver también aquí y aquí).

Dos respuestas frente a la crisis

La actual crisis política europea está determinada, en lo fundamental, por la división que existe en la propia clase capitalista acerca de las políticas para enfrentar a la crisis. Recordemos que, en esencia, toda crisis es una desvalorización masiva de los capitales; una “revolución de los valores” (para usar la expresión de Marx). Por esta vía, las crisis “limpian” el camino para el restablecimiento de la tasa de rentabilidad de los capitales, y con ella, de la acumulación. Por eso, por lo general, la caída de los valores -de las acreencias financieras, y del capital físico- va acompañada de la caída de los salarios reales; del incremento de los ritmos de producción y el “ajuste” de la disciplina laboral; de la disminución de los beneficios sociales (salud, educación, pensiones); y del aumento de los ejércitos de reserva. Sin embargo, y a pesar de su generalidad, estas “revoluciones del valor” no tienen siempre la misma dinámica ni forma de desarrollarse. En este respecto -siguiendo una idea que subrayaron los regulacionistas- puede decirse que se han producido por dos vías fundamentales, la inflación o la deflación; y cuál de estas vías se tome puede ser motivo de tensiones y enfrentamientos importantes entre las clases o fracciones de clases. A grandes rasgos diremos que en la actual coyuntura, el ala deflacionista es encabezada por Alemania, en tanto sus opositores abarcan un amplio abanico, desde las fracciones que plantean volver a las monedas nacionales, hasta los que ponen en el centro la austeridad, pero admiten la necesidad de una mayor dosis de inflación y un ritmo más pausado en la reducción del gasto público. En el medio, encontramos un sinfín de matices. Esta diversidad es una expresión de la profundidad de las contradicciones que subyacen a la crisis del euro, así como de la desorientación que reina en la clase dominante, y del descontento de las masas trabajadoras y los pueblos frente a un sistema que solo les promete más sacrificios y más sufrimientos.

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10/05/2012 at 11:23

Crisis, sobrecapacidad y coyuntura

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn una nota anterior sobre la crisis iniciada en 2007, planteé que la sobrecapacidad parecía jugar un rol importante, tanto en la caída de la tasa de ganancia hacia fines de los años 90, como en la débil recuperación de la inversión posterior a la recesión de 2001. La evidencia disponible indica que el exceso de capacidad también está pesando en la actual coyuntura, en Europa, y a nivel global. En esta nota vuelvo entonces sobre algunas cuestiones referidas a la sobrecapacidad, y presento datos relativamente recientes; debe entenderse como un complemento de las notas 1 y 2, sobre tasa de ganancia y crisis.

El significado de la sobrecapacidad y sus causas

La sobrecapacidad es una de las manifestaciones de la sobreacumulación del capital. Por lo general, cuando se habla de sobreacumulación de capital, se tiene presente la sobreproducción de mercancías, esto es, el hecho de que grandes masas de productos no encuentran salida en el mercado. En otros términos, se trata de la sobreacumulación de capital mercancía. Marx también se refiere a la sobreacumulación de capital cuando la plusvalía acumulada en la forma de capital dinero no encuentra manera de volver a invertirse de manera rentable (véase el cap. 15 del tomo 3 de El Capital). En cuanto a la sobrecapacidad, consiste en la sobreacumulación de capital fijo, esto es, en la construcción de plantas con una capacidad de producir una cantidad de mercancías muy superior a lo que puede absorber el mercado en condiciones “normales” de acumulación. La sobrecapacidad se mide con los índices de utilización de capacidad. Por ejemplo, en EEUU, la utilización de la capacidad promedio del conjunto de la industria, entre 1972 y 2011 fue del 80,3%. Durante la crisis de 2009 llegó a un piso de 67,3%, en tanto que en febrero de 2012 se ubicaba en 78,7% (los niveles más altos alcanzados en los años 1994-5 fue 85,1%; todos los datos los tomo de la página web de la Reserva Federal). Dado que se trata de promedios, la sobrecapacidad puede ser muy elevada en determinadas industrias; cuando afecta a industrias claves, ejerce efectos depresivos sobre el resto de la economía. La sobrecapacidad ejerce una presión bajista sobre la tasa de rentabilidad, no solo porque aumenta la inversión de capital por trabajador, sino también porque aumenta los costos fijos de las empresas. Además, por lo general es acompañada por presiones bajistas de precios.

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Written by rolandoastarita

22/03/2012 at 10:00