Archive for the ‘General’ Category
Agitación trotskista contra la desocupación y Rosa Luxemburgo
En varias entradas he planteado que es imposible eliminar la desocupación en tanto se mantenga la propiedad privada del capital (véase aquí y siguientes). He dicho que esto se desprende de la teoría de la explotación de Marx y de la experiencia histórica. Y agregué que los marxistas deben explicarlo a las masas. Claramente, lo escribí en crítica a lo que están haciendo en esta campaña electoral los candidatos del FIT y de Izquierda al Frente (al menos, la mayoría de ellos). Es que cuando hablan en la TV, o en los medios masivos, no dicen que en el marco de las relaciones capitalistas el ejército de desocupados siempre tiende a recrearse. Sí lo admiten en sus periódicos, pero no cuando se dirigen a la opinión pública en el sentido más amplio. Y no lo dicen porque si lo hicieran su discurso terminaría en la incoherencia. ¿Por qué? Pues porque es absurdo pedir el voto para que en el Parlamento se apruebe una ley para acabar con la desocupación, diciendo al mismo tiempo que es imposible acabar la desocupación con esa ley.
En otros términos, para responder a las críticas (y conservar el espíritu “rojo”) las organizaciones trotskistas admiten que la desocupación es inherente al capitalismo (véase http://www.laizquierdadiario.com/La-jornada-laboral-el-reparto-de-las-horas-y-la-relacion-de-fuerzas). Pero cuando sus candidatos van a los medios, disimulan la imposibilidad de acabar la desocupación en tanto subsista el capitalismo. Por eso el mensaje habitual en la TV y otros medios masivos es “en el Congreso vamos a proponer la ley del reparto de las horas de trabajo” y “la ley de prohibición de despidos”, para lo cual “te pedimos el voto”. El discurso de Del Caño es muy ilustrativo al respecto. Repito: lo que estoy planteando es que digan, pública y abiertamente, que la desocupación, en el sistema capitalista no se suprime votando candidatos de izquierda al Parlamento. Los diputados de izquierda ayudan a las luchas obreras y por las libertades, pero su acción parlamentaria siempre será impotente para torcer, en algún sentido fundamental, las leyes económicas del capitalismo. Lee el resto de esta entrada »
Regímenes stalinistas y política stalinista en América Latina
Algunos lectores del blog han planteado que es un error de mi parte calificar al chavismo de régimen stalinista, o de movimiento stalinista. A fin de evitar discusiones falsas, en esta breve nota respondo la cuestión.
Empiezo diciendo que nunca dije que el de Venezuela fuera un régimen stalinista, al estilo, por caso, de lo que fue la URSS. En todas las notas lo he descrito como un capitalismo de Estado, de tipo burocrático y reaccionario. A la URSS, en cambio, la he caracterizado como un régimen estatista burocrático. Más aún, he polemizado con la idea de que se trató de alguna forma de capitalismo de Estado. La dinámica, forma de funcionamiento, tipo de crisis económica de la URSS (y de otros regímenes del Este de Europa) no fueron los propios del capitalismo. Tampoco caractericé al grupo burocrático gobernante soviético como una clase social. En la URSS –al menos hasta sus últimos tiempos- no existió una burguesía que hubiera crecido al calor de un capitalismo de Estado (para una caracterización de la URSS, ver aquí y aquí).
Venezuela entonces no es un régimen de tipo soviético-stalinista, sino un capitalismo de Estado que sí tiene el apoyo del stalinismo. Lo cual empalma con una larga tradición de los PC de América Latina. Recordemos que ya desde los años 1930 los partidos Comunistas latinoamericanos adoptaron el programa y la estrategia de la revolución “democrática-antiimperialista-antioligárquica”. Sería una revolución que alentaría el capitalismo “nacional”, preparatorio de la “segunda revolución, ahora socialista”. Por eso no preveía la colectivización de la tierra ni la estatización general de los medios de producción (como ocurrió en la URSS, y luego en otros países, incluida Cuba). Lee el resto de esta entrada »
Socialismo de burócratas o conciencia de clase
Todo indica que el gobierno de Maduro realizó un gigantesco fraude en las elecciones a la Asamblea Constituyente. El anuncio de que votaron más de 8,1 millones de personas (41% del censo) es muy poco creíble. Basta recordar que en las elecciones de 2013, justo después de la muerte de Chávez, Maduro recogió 7,5 millones de votos; y en las legislativas de 2015 unos 5,6 millones. Y hoy las encuestas muestran una fuerte baja de la adhesión al gobierno con respecto a 2013 o incluso a 2015. La misma empresa Smartmatic, encargada del voto electrónico desde hace años, dijo que el resultado fue “manipulado”, y que la diferencia entre la participación real y el resultado oficialmente anunciado es de al menos un millón de votos. Aunque no puede garantizar que sea solo de un millón. Es un hecho que no hubo controles para impedir el voto múltiple; ni tinta indeleble para marcar el dedo de los votantes.
Pero además del fraude, el régimen ejerció una fuerte coerción sobre amplios sectores de la población para obligarlos a ir a votar. Por caso, el vicepresidente de PDVSA, Nelson Ferrer, dijo en una reunión de trabajadores que aquel que no fuera a votar debía dejar su puesto de trabajo (el video circuló en las redes). También hubo presiones en el metro de Caracas, y en las empresas básicas de Guayana, Pequiven y Banco Bicentenario, donde a los trabajadores se les exigió no solo ir a votar, sino también llevar a familiares y amigos. La ONG Provea (Programa Venezolano de Educación-Acción Derechos Humanos), de la que tomo estos datos, informa que recibió denuncias de empleados de por lo menos 21 organismos públicos. Lee el resto de esta entrada »
La defensa “por izquierda” de De Vido y un texto de Víctor Serge
En los últimos días, y a raíz del debate sobre el desafuero de De Vido, diputados del FIT dijeron que votaban en contra de la expulsión porque la misma era contraria al orden constitucional, y porque creaba un precedente para que en el futuro se expulsara a representantes de la izquierda de la Cámara. Se sostuvo también que al no mediar condena de la Justicia, el desafuero era una especie de “golpe parlamentario”, anti-constitucional; que la izquierda estaba defendiendo los derechos políticos de De Vido; y que esa defensa formaba parte de la pelea contra los golpes parlamentarios al estilo Temer-Brasil. También se dijo que la discusión sobre corrupción y el caso De Vido era una maniobra distraccionista de Cambiemos, para no debatir las políticas de ajuste en curso. Todos argumentos que encajaron muy bien en el discurso que desplegó el kirchnerismo en defensa del corrupto ex ministro.
Indudablemente, esta posición de la izquierda hay que enmarcarla en la idea de que, de alguna manera, el kirchnerismo (o el PT y Lula), sería progresivo en relación a Cambiemos (o Temer y el PMBD). El razonamiento es que todos son “enemigos de los trabajadores”, pero unos son peores que otros. Para bajarlo a tierra, algo así como que lo que hizo el kirchnerismo en Santa Cruz es mejor que lo que hizo el macrismo en la ciudad de Buenos Aires (o que el ajuste de Dilma era más progresivo que el ajuste de Temer). En cualquier caso, este enfoque explica el temor de buena parte de la izquierda de ser acusada por la militancia K “de ser funcional a la derecha”. Lee el resto de esta entrada »
Francia, las 35 horas y flexibilización laboral
En una nota anterior (aquí) dijimos que la reducción del horario semanal de trabajo a 35 horas en Francia no tuvo un efecto apreciable en la disminución del desempleo; y su contrapartida fue la flexibilización del empleo. Ampliamos en lo que sigue el tema.
La reforma
La reducción de la semana laboral fue introducida a través de dos leyes, conocidas como Aubry I y II (por la ministra de Trabajo, Martine Aubry), entre 1998 y 2000. Se dispuso que las empresas de más de 20 empleados debían llevar las horas de trabajo semanales de 39 a 35 en 2000 (o sea, una reducción del 10%); y las de 20 o menos empleados a partir de 2002. Se dispuso también que la jornada laboral no superara las 10 horas; los trabajadores no debían trabajar más de 4 ½ horas sin un descanso; y se establecieron 1600 horas anuales como norma legal. Aunque las empresas podían pedir a los empleados trabajar menos horas en algunas semanas, y más en otras. Si el total era 1600 horas, no había pago de horas extra. Si se superaba, la prima por horas extras sería del 25%; sin embargo, la ley permitía que las empresas pequeñas pagaran las horas extras con solo un 10% de bonificación. El número máximo de horas extra se estableció en 130. Lee el resto de esta entrada »
¿“El Capital” sólo para los días de fiesta?
En el Programa de Transición Trotsky dijo que la socialdemocracia solo hablaba del socialismo en los días de fiesta. Aunque seguramente se refería al ala derecha de la Segunda Internacional -¿alguien puede decir que Rosa Luxemburgo, Lenin o Liebknecht hablaban de socialismo solo los días de fiesta?-, la frase hoy se aplica a partidos políticos que se llaman a sí mismos socialistas, pero solo hablan de las cuestiones fundamentales del socialismo en los Primero de mayo.
Pues bien, a la vista de las reacciones que ha provocado mi último post –“La lucha por las ocho horas de trabajo y la tradición socialista”, aquí– debería agregar que también existen los defensores de “El Capital para los días de fiesta”. En otros términos, el texto de Marx sería apropiado para los aniversarios (como fue por estos días la conmemoración de los 150 años de su primera edición), pero no para la lucha política e ideológica cotidiana. Lee el resto de esta entrada »















