Cuba: ampliación sobre Internet y libertad de prensa
A raíz de la larga nota que estoy publicando sobre la dinámica de Cuba, un lector envió un comentario al blog cuestionando mis afirmaciones acerca del atraso tecnológico, y sobre las dificultades que ponen las autoridades cubanas al acceso a la Internet. Mi crítico planteó que todas las dificultades de acceso a Internet se explican por el bloqueo imperialista a Cuba. Dada la extensión requerida para una respuesta adecuada, decidí agregar nota ampliatoria, que cierra con una reflexión sobre la libertad de prensa en la construcción socialista.
Empecemos entonces por la cuestión de la infraestructura tecnológica. Es un hecho que Cuba está muy atrasada en inversiones en tecnologías informáticas y de la comunicación, y por eso no todos los problemas se pueden reducir al bloqueo (aunque este los agrava). Por ejemplo, en los últimos años se ha concretado el cable de fibra óptica Cuba – Venezuela, pero los problemas de infraestructura interna continúan, lo que afecta seriamente la posibilidad de que la conexión llegue hasta los usuarios. El mismo director general de Informática en el Ministerio de Comunicaciones, Ernesto Rodríguez Fernández, reconoce que el cable con Venezuela favorece la salida internacional, “pero no elimina las dificultades de infraestructura al interior del país, que son mucho más complejas” (reportaje concedido a Juventud Rebelde, 13/12/14). En el igual sentido, Granma (12/12/14) informa que el gobierno ha decidido avanzar en las tecnologías informáticas y comunicacionales, reconociendo que la isla no puede seguir desconectada, y que hay insatisfacción y quejas en la población con la situación actual.
«Estos servicios no nos sirven»
Cuando planteo mis críticas a la formulación de demandas del tipo “disolver los servicios de inteligencia” (ver aquí), casi invariablemente surgen críticos de izquierda que parecen ubicar la polémica en el plano de las divergencias tácticas. Es significativo, al respecto, que la mayor parte de las veces no refutan mi argumento central: “en tanto exista el sistema capitalista y su Estado es utópico pedir la disolución de las fuerzas represivas, incluidos los servicios de inteligencia”. Simplemente me dicen que “algo hay que decir frente a la conmoción social”, y ese “algo” no puede ser sino alguna consigna “concreta” (aun cuando el razonamiento demuestre que es abstracta). Por lo cual, el cruce parece siempre mantenerse en el plano de “¿cómo interviene usted en el debate público? ¿Cómo moviliza a la clase trabajadora?” (Como si la agitación de sinsentidos movilizara a alguien). Y así de seguido
Pero en muchos casos (sospecho que en la mayoría) la divergencia no es solo “táctica”. Es que en el marco discursivo en que se fundamentan las demandas, yacen diferencias esenciales.
Ayer, miércoles 21, viendo “Minuto Uno”, el programa conducido por el periodista Gustavo Sylvestre, tuve una comprobación bastante clara de lo que afirmo. Allí Vilma Ripoll, dirigente del Movimiento Socialista de los Trabajadores, y a propósito del debate sobre la muerte de Nisman, sostuvo que “estos servicios de inteligencia no nos sirven” (énfasis mío). Lo cual viene a significar que si se toman las medidas correctas –impuestas por la movilización de masas, faltaba más- podría haber servicios de inteligencia “para todos y para todas”. En definitiva, un mundo más o menos feliz, protegido por la gente de los servicios, entrenada en alguna democracia “de nuevo tipo”. Agrego que en un amplio espectro de la izquierda, un argumento como el de Ripoll pasa por “natural” («algo hay que decir en el debate público», insisten).
Puede dimensionarse entonces (remito de nuevo a la nota anterior) la distancia que me separa de la concepción de Vilma Ripoll (y del MST). Lo cual pone en evidencia, además, que tan importante como la consigna es el fondo conceptual (en este caso, ¿Estado de todos o Estado de clase?) sobre el que se levanta. Pero este es el tema que muchos quieren eludir cuando tratan de reducir la polémica a una cuestión de “formas tácticas”.
Caso Nisman y demandas de la izquierda
A raíz de la muerte de Alberto Nisman –el fiscal que denunció a Cristina Kirchner por encubrimiento de los responsables del atentado a la AMIA- se vuelve a poner en primer plano el rol de los aparatos represivos del Estado, y más en particular, los de inteligencia. En esta breve nota quiero referirme a las demandas que ha levantado una parte importante de la izquierda marxista ante esta coyuntura. Centralmente, exige la apertura de los archivos secretos de la SIDE, la disolución de los organismos de inteligencia y la formación de una Comisión Investigadora independiente, tanto del atentado de la AMIA, como de la muerte (¿o hay que decir asesinato?) de Nisman. Puede haber algún matiz, pero esto es lo básico. Como he explicado en otras ocasiones, el problema con estas demandas es quién las va a instrumentar, y de qué manera se van a garantizar, en tanto el Estado capitalista continúe siendo un cuerpo institucional ajeno al control efectivo de la sociedad.
Antes de entrar de lleno en el fondo de la cuestión, subrayemos que la presión y la movilización popular pueden abrir espacios democráticos. Además, cuando los organismos de seguridad del Estado son utilizados por la fracción de la clase dominante al frente del Gobierno para debilitar, chantajear o eliminar a otras fracciones, se abren importantes fisuras “en las alturas”. Esas tensiones y peleas pueden ser muy intensas (asesinatos y cualquier tipo de operaciones incluidas) cuando el dominio del Estado se convierte en palanca de acumulación –mediante negociados, coimas, lavado de dinero, etcétera-, en perjuicio de fracciones del capital que están desplazadas del control político. De manera que estas fisuras y fracturas pueden ser aprovechadas para arrancar conquistas democráticas. Por ejemplo, sectores de la oposición burguesa ayudaron a denunciar el espionaje K sobre activistas y dirigentes sociales. Pero de aquí hay un abismo a la concreción de una demanda del tipo de “disolución de los organismos de inteligencia”.
Participación en seminario en Chile
Informo que el próximo miércoles 14 de enero participaré, junto a Claudio Katz, en la mesa convocada en torno a «La fase actual del capitalismo y las encrucijadas para la transformación social», en el marco del Seminario «Capitalismo, Estado y derechos sociales hoy». La misma se hará a partir de las 14:30 horas, en el Café Literario Parque Balmaceda (Providencia 401), en Santiago de Chile.
El Seminario es organizado por la Fundación Sol, en el marco del proyecto «Plataformas territoriales para la defensa de los derechos económicos y sociales: salud, educación, trabajo y pensiones», implementado en asociación con la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) y la Unión Portuaria del Biobío (UPBB).
Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (3)

La primera parte de la nota aquí, la segunda aquí
Nuevo giro y el VI Congreso
Desde 2008, y coincidiendo con la asunción formal de Raúl Castro como presidente, volvió la apertura a los capitales y a la actividad privada. También se aprobó (junio de 2008) una reforma laboral que vinculaba el pago del salario a los resultados del trabajo. Por su parte, en 2009 el presidente Obama levantó restricciones a los viajes de familiares cubanos desde EEUU a Cuba, y a las remesas de divisas. En 2011 Washington volvió a ampliar las sumas permitidas: hasta 500 dólares cada tres meses, destinados a “ciudadanos de Cuba” y “con el fin de respaldar la actividad privada”. Pero más importante, ese año se realizó el VI Congreso del PC de Cuba, donde se admitió que había problemas, y graves.
Efectivamente, en el documento conocido como “Lineamientos”, se planteó que la economía atravesaba por una profunda crisis, que había “baja eficiencia, descapitalización de la base productiva, estancamiento y envejecimiento en el crecimiento poblacional”. Como problema fundamental, se reconoció la poca productividad del trabajo: se mencionaba la “mentalidad de la inercia”, el “exceso de reunionismo improductivo” y la falta de cumplimiento de objetivos. También se planteó que era necesario reestructurar el empleo y los salarios “considerando formas no estatales de gestión donde sea conveniente”; avanzar hacia la supresión de la dualidad monetaria; solucionar los déficits en la balanza de pagos; poner en explotación tierras ociosas y elevar los rendimientos agrícolas.
Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (2)
La primera parte de la nota, aquí.
Crisis, zigzags, avance de fondo hacia el mercado
En la primera parte de la nota hemos apuntado que cuando los países del bloque soviético pasaban, a comienzos de los 1990, rápida y abruptamente al capitalismo, en Cuba se mantuvo la centralización estatal de la economía. Sin embargo, desde mediados de esa década, en la isla hubo una alternancia entre centralización burocrática y medidas pro mercado. En esa alternancia subyace una lógica, determinada por la crisis y su relación con la gestión estatal burocrática, que es necesario explicar.
Antes de entrar en el tema, conviene hacer una precisión: cuando se habla de estancamiento y crisis de la economía de Cuba no se niegan los logros en salud y educación. Cuba cumplió con los objetivos del milenio de la ONU; tiene la tasa de mortalidad infantil más baja de América Latina, su tasa de mortalidad materna es una de las menores a nivel internacional; está ubicada en el puesto 14 a nivel mundial del índice de Educación Para todos; la expectativa de vida al nacer es de 79 años; su sistema de seguridad social es superior al de la mayoría de los países subdesarrollados; y ocupa el puesto 51 entre 187 países en lo que hace a desarrollo humano (Informe 2011, PNUD). Sin embargo, estas cifras no deben ocultar la gravedad de su situación económica y social. Después de todo, hasta las vísperas mismas de la caída de los regímenes stalinistas, muchos exhibían indicadores sociales más que aceptables en varios ítems. Pero sus economías estaban muy debilitadas, y terminaron colapsando.















