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Marx y el teleologismo histórico
Hace poco, una ex alumna me consultó debido a que en una maestría en ciencias sociales, un docente sostuvo que Marx, a igual que Hegel, tenía una concepción teleológica de la historia. Esto es, leída en clave marxista, la historia no sería más que la larga marcha de la humanidad hacia un fin preestablecido, la sociedad sin clases y la liberación de la humanidad. Se trataría de su propósito inmanente, del cual los hombres no serían conscientes. Por supuesto, a partir de aquí, el crítico de Marx no tuvo problemas para “triturar” al marxismo delante del curso. En esta nota presento pasajes en los que Marx critica la concepción teleológica de la historia, y hago luego algunas reflexiones.
De la Ideología alemana a la obra madura
Tal vez es en la Ideología alemana donde encontramos el rechazo más explícito de Marx, y Engels, a la idea de que la historia tiene un fin; leemos:
“La historia no es sino la sucesión de las diferentes generaciones, cada una de las cuales explota los materiales, capitales y fuerzas productivas transmitidas por cuantas la han precedido; es decir que, por una parte, prosigue en condiciones completamente distintas la actividad precedente, mientras que por otra parte, modifica las circunstancias anteriores mediante una actividad totalmente diversa, lo que podría tergiversarse especulativamente, diciendo que la historia posterior es la finalidad de la que la precede, como si dijésemos, por ejemplo, que el descubrimiento de América tuvo como finalidad ayudar a que se expandiera la Revolución Francesa, interpretación mediante la cual la historia adquiere sus fines propios e independientes y se convierte en una “persona junto a otras personas” (junto a la “autoconciencia”, la “Crítica”, el “Único”, etc.), mientras que lo que designamos con las palabras “determinación”, “fin”, “germen”, “idea”, de la historia anterior no es otra cosa que una abstracción de la historia posterior, de la influencia activa que la anterior ejerce sobre ésta” (La ideología alemana, pp. 49-50).
Por otra parte, a cada paso, Marx y Engels insisten en que hay que tomar a los seres humanos tal como existen, en lo que hacen; es el punto de partida del estudio. No hay que entender las formaciones sociales, y sus evoluciones, a partir de algún fin oculto de la historia, que debería cumplirse. En la misma idea, en La Sagrada Familia, Marx escribe que «la historia no hace nada, no posee riquezas colosales, “no libra ninguna batalla. Es más bien el hombre -el hombre real, vivo- el que actúa, posee y lucha. No es de ninguna manera la historia la que utiliza al hombre como medio para llevar a cabo sus fines, como si se tratara de otra persona; por el contrario, la historia no es más que la actividad del hombre en persecución de sus propios fines”. Aquí, de nuevo, se está diciendo que la historia no tiene fines. Son los seres humanos los que se proponen fines. Con esto Marx tomaba distancia de Hegel. Es que Hegel trató de explicar lo que ha sucedido en la historia en términos de una necesidad lógica. En su sistema, todo evento histórico entra en alguna totalidad en desarrollo, que mediante ese proceso revela su significado. En este marco, la marcha de la historia tiene como fin que el mundo tome conciencia de sí mismo, como obra del espíritu. La “astucia de la razón” remite a la idea de que la razón utiliza los intereses de los individuos para realizar sus fines; aunque los individuos no formulan de manera consciente estos fines, los realizan de todas maneras de manera no consciente, al perseguir sus fines particulares. Para Marx, no es más que una racionalización del estado actual de cosas.
Aviso de conferencias en México
En esta entrada quiero informar que por una gentil invitación del área de Economía Política del Posgrado en Economía de la UNAM, y por iniciativa del profesor Alejandro Valle Baeza, entre los días 5 y 9 de noviembre daré dos conferencias en esa Universidad:
“La situación económica y política de los trabajadores argentinos y el modelo K” martes 6 de noviembre 12 hr. auditorio Narciso Bassols, Facultad de Economía, UNAM
“Monopolio, imperialismo e intercambio desigual” ” miércoles 7 de noviembre 12 hr. Aula Magna Jesús Silva Herzog o auditorio Narciso Bassols.
Puede ser entonces una buena ocasión para entrar en contacto e intercambiar ideas con compañeros y compañeras de México.

Crítica inmanente, ética y trabajo enajenado
El 25 de octubre pasado di una charla en el Colegio de Psicoanalistas, “Crítica inmanente, ética y trabajo enajenado”. Aquí va el video de la misma, con el intercambio de opiniones y preguntas que hubo al finalizar.
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Podcast:
Foxconn y lucha de clases en China

En su edición de ayer (25/09/12) La Nación informa sobre el estallido de un fuerte conflicto en la planta de 80.000 empleados que Foxconn posee en Taiyuan, China. Ocurrió durante el fin de semana del 22 y 23 de septiembre, y dejó un saldo de 40 trabajadores heridos y varios detenidos. “Detrás del nuevo iPhone5, la furia de los obreros chinos”, titula la periodista, Natalia Tobón, y escribe: “El esperado lanzamiento del iPhone5 fue todo un éxito de ventas, pero un estallido de furia en una fábrica china desnudó el lado más oscuro de los productos Apple”. Según Tobón, varios trabajadores informaron a los medios chinos que un guardia de seguridad estaba golpeando a un trabajador, y más de 200 compañeros salieron a defenderlo. El enfrentamiento con el personal de seguridad habría durado unas cuatro horas. “La firma tiene un negro historial de suicidios, denuncias laborales, pésimas condiciones sanitarias y mal pago que motivan constantes protestas”, agrega. Lo sucedido en Foxconn se inscribe en un contexto de creciente resistencia de la clase trabajadora de China a la explotación. Vale la pena entonces ampliar un poco la información.
Explotación y suicidios
Con 1,2 millones de empleados en todo el mundo, Foxconn es el mayor fabricante de componentes electrónicos. De origen taiwanés, en 1988 abrió su primera planta en China, buscando bajar los costos, salariales en primer lugar. Desde entonces no dejó de expandirse; actualmente es la mayor empleadora privada en China, y también posee fábricas en Eslovaquia, Polonia, República Checa, India, México y Brasil, además de Taiwan. En 2011 la empresa informó que estaba considerando realizar una inversión en Brasil de 12.000 millones de dólares y también ampliar su inversión en México. Solo en su planta china de Shenzhen trabajan unas 270.000 personas; incluye dormitorios, negocios internos, restaurantes, hospital y lugares para hacer deportes.
Las denuncias sobre las condiciones de explotación en Foxconn tuvieron resonancia mundial a partir de la ola de suicidios ocurrida en la planta de Shenzen, en 2010. Ese año, 18 empleados intentaron suicidarse, y 14 lo lograron. Por entonces, los trabajadores recién ingresados recibían el salario mínimo de 130 dólares, más alojamiento y comida. Era más de lo que se pagaba en el resto de China, pero las condiciones de trabajo eran extenuantes y muchos no resistían. Según The Economist del 27/05/10, de manera regular los trabajadores de Foxconn están obligados a superar las 36 horas semanales de horas extras que son permitidas como máximo en China. De acuerdo a una investigación realizada por Apple, un tercio de los trabajadores de la planta de Longhua excedía las 60 horas semanales. Pero las historias individuales de algunos trabajadores son más reveladoras que las cifras globales. Tomemos el caso de Ma Xiangpian. Ma tenía 19 años, provenía de una aldea campesina empobrecida, y fue hallado muerto en frente de su edificio de dormitorios; compartía el dormitorio con otros nueve trabajadores. Su hermana también trabajaba en la empresa, pero renunció luego de la muerte de su hermano. La familia dice que Ma odiaba el trabajo, que había tomado unos pocos meses antes. Se trataba de un turno de noche, de 11 horas, siete noches a la semana, fundiendo plásticos y metal en partes electrónicas, entre humo y polvo. Luego de una discusión con su supervisor, Ma fue puesto a limpiar baños. En el mes anterior a su muerte Ma trabajó 286 horas, incluyendo 112 horas de sobretrabajo. Por todo eso, aún con la paga por trabajo extra, ganó un promedio de un dólar por hora. Ma se suicidó y fue encontrado muerto el 23 de enero. La familia pidió compensación a la empresa, pero ésta se negó (The New York Times, 6/6/2010).
«Aquí está Rodas, salta aquí»

A raíz de algún comentario que recibí, quiero precisar el objetivo y el problema que planteé en la nota anterior, a fin de que no nos vayamos por las ramas. Básicamente, en la nota intento reivindicar el método materialista, aplicado a dilucidar un problema referido al pasado reciente de Argentina. Pongo las cosas de la forma más clara y precisa posible, para que no se responda con evasivas:
Primera cuestión, es necesario comprender y explicar la historia para comprender y explicar el presente. Por eso, no es un asunto menor que entre la intelectualidad K no se ponga a debate cómo y por qué el “movimiento nacional y popular” hizo lo que hizo en los 90.
Segunda cuestión, debemos tener en cuenta los hechos y datos (no es posible construir realidades en base a “relatos” u ocultamientos). Es una realidad lo que hicieron los K, ex montos, ex militantes de la JP, etc.
Tercero, aparece entonces el problema de caracterizar qué representaron las políticas de los 90, y por qué fueron aplicadas por el “movimiento nacional y popular”. Si se afirma que esas políticas solo beneficiaban a “los grupos concentrados”, y si se afirma que el “movimiento nacional y popular” no es la expresión política de los “grupos concentrados”, hay que explicar por qué “el movimiento nacional y popular” aplicó esas políticas. Este es el problema con que se enfrenta Basualdo.
Una respuesta posible hubiera sido “no sabían lo que hacían”. Parece imposible, pero podría haber sido una respuesta. Otra es la que da Basualdo: lo hicieron porque los grupos compraron a los líderes populares y nacionales con coimas y altos salarios. Aquí es donde un enfoque materialista enciende una luz de alerta: por los motivos que explico en la nota, la explicación “fueron las coimas” se cae a pedazos. Entre otras razones, porque si sirve para explicar políticas sistemáticas a lo largo de 30 años, sirve para toda experiencia histórica. Pero en ese caso la historia se convierte en una saga de chismes y anécdotas. Mi explicación entonces es: el neoliberalismo expresó necesidades del conjunto del capital (que se particularizaban en cada país); el PJ (con los K, ex montos, etc,) instrumentó esas políticas porque se trata de una de las expresiones políticas del capital.
Ahora bien, supongamos que mi respuesta es rechazada. ¿Cuál es la alternativa? ¿Acaso la explicación “fueron las coimas y retornos”? ¿Defiende la intelectualidad kirchnerista esta explicación? ¿Sí o no? Si no la defiende, ¿por qué no critican abiertamente la explicación de Basualdo? Después de todo circula desde hace años, ha sido reeditada en 2011, por una editorial en cuyo consejo están Enrique Arceo y Axel Kicillof, entre otros. Mucha gente lee la explicación de Basualdo, puesta en un texto que goza de la más alta estima en las ciencias sociales argentinas. Más aún, esa explicación está diciendo que muchos de los más altos funcionarios del gobierno actual, incluyendo la presidenta, fueron unos coimeros en los 90. ¿No tienen nada que decir sobre semejante afirmación? Por otra parte, no es menor el hecho de que guarden silencio sobre este asunto personajes que, además de ser destacados intelectuales, son hoy altos funcionarios.
Por último, pregunto, si la explicación “de clase” no sirve; si la explicación “fueron las coimas” no sirve; y si tampoco sirve la explicación “no sabían lo que hacían”, ¿cuál es la respuesta al interrogante planteado por Basualdo? Si se precian de ser rigurosos científicos sociales, y si consideran que el método del materialismo no sirve, ¿qué alternativa ofrecen? ¿Cómo explican lo que hicieron los K, los ex montos, los ex militantes de la «gloriosa JP de los 70», bajo el menemismo y el gobierno de la Alianza? “Aquí está Rodas, salta aquí”.
Menemismo, los K y la tesis del “transformismo”

Una constante del discurso kirchnerista es separar absolutamente el modelo neoliberal, impuesto por la dictadura en 1976, del “productivo con inclusión social”, establecido en 2003, y vigente hasta el presente. Según este relato, entre 1976 y 2003 las políticas de los gobiernos fueron anti-nacionales y anti-pueblo, y favorables a los grupos económicos que se rigen por una lógica especulativa y financiera. Pero todo habría cambiado con la llegada de los Kirchner a la presidencia de la nación.
Claro que de ser esto así, se plantea el problema de explicar el apoyo del matrimonio “nacional y popular”, y también de montoneros y militantes de la “gloriosa JP” de los 70, al menemismo; así como la participación de relevantes kirchneristas (Nilda Garré, Abal Medina) en el gobierno de la Alianza. Recordemos que en los 90 se despidieron decenas de miles de trabajadores estatales; se privatizaron las empresas de correos, agua, teléfonos, gas, petróleo, ferrocarriles y las cajas de jubilaciones; se impusieron topes a los aumentos salariales; se ataron los aumentos en el sector privado a los incrementos de productividad; se habilitaron los contratos temporarios y se los promovió: se inició la discusión sobre la ley de flexibilización laboral (que se votaría con el gobierno de la Alianza); se redujeron las indemnizaciones por accidentes laborales; se estableció que la vigencia de los convenios colectivos podía suspenderse por tres años en casos de concursos y quiebras; y se incluyeron cláusulas que implicaban precarización laboral en numerosos convenios laborales (automotriz, siderurgia, alimentación). También en los 90 se extendió la sojización, y se iniciaron los grandes emprendimientos mineros a manos de empresas transnacionales. Y funcionarios, empresarios y burócratas sindicales se enriquecieron vertiginosamente con los negociados que posibilitaron las privatizaciones. Los Kirchner, además de enriquecerse, participaron de la privatización de YPF, de las cajas de jubilaciones y del bancos de Santa Cruz; fueron constituyentes en 1994 y proclamaron a Menem el mejor presidente argentino, después de Perón. Otros altos funcionarios kirchneristas tuvieron actuaciones parecidas.
Se plantea entonces la “pregunta imposible”: ¿cómo pudo suceder esto, estando el “movimiento nacional” en el gobierno? Aunque habitualmente los militantes K eluden la cuestión, disponemos sin embargo de una elaborada respuesta, producto del investigador en ciencias sociales Eduardo Basualdo. Para quienes no lo conocen, digamos que Basualdo es doctor en Historia, investigador del Conicet, coordinador de varias áreas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, participa de la CTA oficialista e integra desde hace poco el directorio de YPF. Sus trabajos son altamente valorados en los medios académicos y en el progresismo izquierdista. En 2011 publicó Sistema político y modelo de acumulación, que reúne tres largos ensayos de su autoría. En el segundo de esos ensayos, originariamente publicado en 2001, presenta una explicacón de cómo fue posible que el movimiento nacional y popular abrazara la causa del neoliberalismo en los 90. En esta nota resumo su respuesta y la analizo críticamente.
Traducciones de «El Capital» y un error en Siglo XXI
A raíz de la nota anterior se me consultó acerca de qué traducción de El Capital era preferible, la de FCE, realizada por Roces, o la de Siglo XXI. Respondí que sin dudar, prefiero Siglo XXI. Con la traducción de Siglo XXI se pueden tener discrepancias de matices, pero solo eso. Por ejemplo, traduce Warenkapital como “capital mercantil”, y yo diría “capital mercancía”. Pero se entiende que es un matiz.
Con la traducción de Roces, de FCE, la cuestión es muy diferente. Hay errores gruesos, diría que inadmisibles. No soy un experto en el tema, pero son tan gruesos, que saltan a la vista. Por ejemplo, y solo tomando “al vuelo” el capítulo 1, Marx escribe “Die allgemaine Äquivalentform ist die Form des Werts überhaupt” (Mega 23, p. 83). Roces traduce: “La forma del equivalente general es una forma de valor en abstracto” (FCE, p. 23). Esto es, ha traducido überhaupt como “abstracto”, cuando la traducción, sin dudas, debe ser “en general”. Siglo XXI lo traduce correctamente. Ahora bien, no es una cuestión menor, teniendo en cuenta el peso que tiene la noción “abstracto” en el razonamiento de Marx.
Doy otro ejemplo, de nuevo grosero, y en el capítulo I. Luego de haber explicado la forma desarrollada del valor, Marx escribe, en el punto “Relación de desarrollo entre la forma relativa de valor y la forma equivalente”, lo siguiente: “Para expresar el valor relativo del equivalente general, antes bien, hemos de invertir la forma III” (Siglo XXI, p. 84, énfasis mío). La traducción está perfecta, porque en alemán es: “Um den relativen Wert des allgemeinen Äquivalent auszudrücken, müssen wir vielmehr die Form III umkehren”. Umkehren quiere decir tanto dar vuelta como volver. Es claro por el contexto que no tiene sentido que Marx diga que para expresar el valor relativo del equivalente general haya que volver a la fórmula III, ya que ésta es la expresión del valor general de las mercancías. Por lo tanto, la traducción correcta de umkehren es “invertir”, o “dar vuelta”. Pero en la edición de FCE leemos: “Para expresar el valor relativo del equivalente general, no tenemos más remedio que volver los ojos a la forma III”. Además de haber metido en el medio “remedios” y “ojos que vuelven», traduce umkehren como “volver a”, con lo cual la afirmación de Marx no tiene sentido, es ilógica. En definitiva, creo que no debería haber lugar a dudas de que es mejor la traducción de Siglo XXI, edición a cargo de Pedro Scaron, y traducción de León Manes. Tal vez lo que molesta un poco de la edición de Siglo XXI es que los agregados que Marx hizo en las siguientes ediciones (hizo 4 bajo su supervisión) estén como notas al pie de página. La edición MEGA alemana tomó directamente la cuarta edición, revisada por Marx. Aunque reconozco que la opción de Siglo XXI permite seguir la forma en que Marx fue corrigiendo y aclarando. Son, de todas formas, matices.
El «atrévete a pensar» de Marx y el socialismo

Hacia el final del Prólogo de la Contribución de la crítica de la economía política, de 1859, Marx se refiere a la actitud a adoptar en la investigación científica. Luego de explicar que sus puntos de vista son el resultado de años de “investigación escrupulosa”, sostiene que “al entrar en la ciencia, así como en la entrada al Infierno, debe formularse esta exigencia: ‘Abandónese aquí todo recelo/Mátese aquí cualquier vileza’ (Dante)”. En esta breve nota presento algunas reflexiones sobre el contenido e implicancias políticas de este imperativo ético que, hasta donde alcanza mi conocimiento, es uno de los pocos que encontramos en la obra de Marx.
Atenerse a la ciencia
Es importante aclarar que cuando Marx se refiere a la necesidad de matar todo recelo, no está diciendo que la investigación deba abordarse con la mente en “tabula rasa”, o desde un enfoque que haga abstracción de valores, o posiciones de clase. Marx está muy lejos del positivismo comtiano, y similares. Así, en varios pasajes se refirió a las limitaciones del pensamiento burgués para indagar la naturaleza de la plusvalía, o los orígenes históricos de la sociedad de clases y del mercado. Además, era consciente de que la indagación científica se hace siempre a partir de categorías y teorías, que delinean las problemáticas a responder y hacen visibles (o no) los objetos de estudio. Por eso, lo que está afirmando Marx en el pasaje del Prólogo de 1859, es que en el trabajo científico hay que dejar de lado intereses subalternos, y seguir lo que nos dicta el estudio de los datos, y el razonamiento. Esto significa no anteponer a la verdad científica la defensa de “verdades de partido”, de dogmas y tradiciones intelectuales, y no subordinarse a los poderes establecidos. Si llegamos a una conclusión, hay que atenerse a ella, y solo modificarla cuando confrontemos otros argumentos lógicos, y consistentes con datos, que sean convincentes. El escritor, o el científico, no debe ocultar sus convicciones porque éstas no agraden a los “jefes”, a las instituciones, o a la opinión pública.

















