Archive for marzo 2015
Las mentiras de un ministro, estigmatización y ética
En el día de ayer, 27 de marzo, en un reportaje radial, le preguntaron al ministro de Economía, doctor Axel Kicillof, cuántos pobres hay en Argentina. El ministro respondió que se trataba de una pregunta “complicada” y reconoció que “últimamente no tengo el número de pobres”, para culminar con que le parece una medida “un poco estigmatizante”. También señaló que “hay 500 mediciones” de la pobreza y que “hay un índice que por los problemas de hacer homogénea la serie y hacerla nacional lleva más tiempo, y cuando esté, se va a publicar”. Sostuvo además que el Gobierno no oculta a los pobres, y que “cualquier índice que se publique” será cuestionado desde la oposición, por lo que se trata de una discusión “un poco bastardeada”.
Vale la pena detenernos un minuto en este despliegue de ocultamientos y mentiras, ya que desnuda la naturaleza social de lo que trata de presentarse como “izquierda transformadora”, la Cámpora y el gobierno K. Aquí van algunas reflexiones.
En primer término, el doctor Kicillof miente cuando dice que el INDEC no publica las cifras de pobreza porque hay un problema de “empalme” para hacer homogénea la serie, que lleva tiempo. Tengamos presente que en abril de 2014 el INDEC emitió un comunicado en el que informaba que discontinuaba la publicación de la serie histórica de la medición de pobreza e indigencia “por contar con severas carencias metodológicas”; a lo que se sumaba la discontinuación del Índice de Precios al Consumidor basada en los precios del Gran Buenos Aires y “la imposibilidad de empalme con el nuevo IPC-NU” (NU: núcleos urbanos que abarcan todo el país). Sin embargo, no explicaba cuáles eran esas “severas carencias metodológicas”, ni tampoco por qué existía “imposibilidad” de empalme de las series. Y desde entonces no volvió a informar el número de pobres e indigentes.
Polémica sobre una K-teoría de desarrollo: ¿qué balance?
Una de las cuestiones que más dificultan el progreso del pensamiento en las ciencias sociales y la clarificación de conceptos en los debates, es la ausencia de balances y de constatación entre lo que se afirma y lo que sucede en el mundo real. Esta reflexión viene a propósito de un cruce polémico que mantuve con un grupo de economistas kirchneristas, Fabián Amico, Alejandro Fiorito y Guillermo Hang –investigadores del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina, CEFIDAR- hace aproximadamente cuatro años. Si bien la polémica comprendió diversos temas –teoría cuantitativa y ley de Say, rol del déficit fiscal, ciclo económico, tasa de interés- (puede consultarse aquí, aquí, aquí, aquí y aquí), hubo una cuestión que posiblemente haya sido la diferencia central: la tesis de Amico, Fiorito y Hang (en adelante AFH) que decía que la etapa de crecimiento de la economía argentina iniciada en 2002 había sido la más exitosa de su historia, y que esto confirmaba que bastaba con la expansión de la demanda para que hubiera inversión (véase Amico, Fiorito y Hang, “Producto potencial y demanda en el largo plazo: hechos estilizados y reflexiones sobre el caso argentino reciente”, CEFIDAR 35, enero 2011).
Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (10)
La parte 9 de la nota, aquí
La política exterior, expresión del régimen burocrático
En las partes anteriores de la nota hemos puesto el foco en la política interior de la dirección cubana. Ahora el análisis se centra en la política exterior, que está orgánicamente vinculada con la naturaleza del régimen burocrático que rige en la isla: la política exterior de la dirección cubana es la continuación de su política interior, pero a su vez refuerza el régimen burocrático. Por eso también esta vinculación constituye el elemento de unidad que subyace en posiciones de política exterior que, a primera vista, aparecen como opuestas, y hasta contradictorias. Para ejemplificar lo que queremos significar, veamos el siguiente pasaje en el que Guillermo Almeyra describe, críticamente, la política exterior de Cuba. Dice:
“¿Quién puede negar la necesidad de apoyarse en la entonces Unión Soviética para reducir el costo del bloqueo estadounidense? ¿Pero era necesario decir que Brezhnev era un gran marxista, apoyar la invasión a Checoeslovaquia en 1968 o considerar que los consejos obreros húngaros o la movilización de la clase obrera polaca en 1980 estaban instigados por la CIA? ¿Quién podría oponerse a la intervención revolucionaria en África? ¿Pero era necesario apoyar al sangriento dictador Teodoro Obiang, de Guinea Ecuatorial, declarar gran marxista al somalí Siad Barre, agente de Estados Unidos, sostener la dictadura etíope de Haile Mariam, que oprimía a los eritreos? ¿La necesidad de romper el aislamiento en el campo diplomático latinoamericano imponía necesariamente reconocer el fraude en México y reconocer antes que nadie a Salinas de Gortari en medio de la movilización popular que lo resistía o apoyar como “antiimperialista “al dictador argentino Videla? ¿La necesidad de recurrir al turismo debe por fuerza llevar a construir lujosos campos de golf o marinas exclusivas? ¿No habría que preguntarse sobre los efectos políticos y morales de esa línea en escala internacional y en la misma Cuba? (“Notas a la “Epopeya Cubana” de Claudio Katz” (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193372).















