Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (10)
La parte 9, aquí
Resistencia y red de rumores
Lanzada la colectivización, por todo el campo se extendió una densa red de rumores, una de las formas que tomó la resistencia campesina: “Los rumores son omnipresentes en las sociedades campesinas y tienden a prosperar en los climas especialmente propicios del temor y el levantamiento. Los rumores se convierten en una forma de noticias de subsuelo y de expresión social disidente en sociedades, comunidades y grupos que confrontan una prensa censurada y falsificada o tienen dificultades en acceder a las noticias. (…) Sin embargo, durante la colectivización los rumores funcionaron más que como simples noticias o verdad alternativa; fueron un arma en el arsenal de la resistencia campesina” (Viola, 1999; también para lo que sigue).
El rumor esparció el temor, asegurando la cohesión de la aldea frente al peligro “de afuera”, y garantizó el espacio necesario dentro del cual los campesinos construyeron una ideología que los unificó y movilizó contra el Estado. Se decía que este era el Anticristo, y que la granja colectiva su guarida; y que aquellos que firmaran la entrada a las granjas colectivas, serían sometidos a servidumbre, recibirían la marca del Anticristo o estarían obligados a compartir a sus esposas, dado el proyecto de los bolcheviques de “nacionalización de las mujeres”. También se hablaba de la inminente “socialización de los niños”, o de la venta de mujeres y niños a China. La granja colectiva era considerada incompatible con la religión: se decía que habría que trabajar los domingos, que las iglesias estarían cerradas, no se podría rezar y los muertos serían cremados. Pero había rumores más “materialistas”, como que los que entraran a las granjas perderían sus chozas y comerían ratas.
Contra la desocupación, ¿cretinismo parlamentario?
La oposición burguesa en el Congreso y la dirigencia sindical están promoviendo una ley de emergencia laboral por la que se establecería la doble indemnización y se prohibirían los despidos por un lapso de tiempo determinado. El dictamen del Senado la extendería por 180 días a partir de su promulgación, en tanto que el dictamen de la comisión de Legislación del Trabajo de Diputados la establece retroactiva al 1º de marzo de 2016 y la extiende hasta el 31 de diciembre de 2017.
Como no podía ser de otra manera, mucha gente está ilusionada con que el drama de la desocupación creciente –la recesión se está profundizando- puede frenarse, o revertirse, si se aprueba esta ley. Frente a esto, hay que decir las cosas con toda crudeza: los parlamentarios están engañando al pueblo con espejitos de colores. Es que la desocupación es inherente a la crisis capitalista. Más precisamente, el despido es el recurso del capital para achicar costos, racionalizar y aumentar la explotación de los que conservan el empleo. En un plano más general, la desocupación comprime el campo de acción de la ley de la oferta y demanda de trabajo “dentro de los límites que convienen de manera absoluta al ansia de explotación y afán de poder del capital” (Marx). En momentos en que la inflación está barriendo con los salarios, esta última cuestión pasa a primer plano. En otros términos, el aumento del desempleo es absolutamente funcional a la presión de las patronales y el Gobierno para que los trabajadores limiten sus demandas de recomposición salarial.
Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (9)
La parte ocho de la nota, aquí
Colectivización acelerada y por la fuerza
Si bien Stalin afirmaba que el campesino medio se estaba incorporando voluntariamente a las granjas colectivas, eran principalmente campesinos pobres los que lo estaban haciendo (Viola, 1999). Según Bettelheim (1978), muchos de ellos aceptaron la colectivización por la ayuda que les prestaba el Estado; en vísperas de la siembra, estaban faltos de caballos y otros implementos, y la incorporación al koljós era su mejor alternativa. Sin embargo, la mayoría de los campesinos no estaba impresionada por el desempeño de los koljoses y pensaba que había mejores oportunidades trabajando fuera de la granja y llevando los productos al mercado (Davies y Wheatcroft 2009). Otros consideraban que la incorporación a las granjas colectivas significaba perder los lotes que habían obtenido con la Revolución y se resistían. Por eso, si bien hubo algo de entusiasmo “desde abajo”, las campañas regionales ya habían empezado a recurrir a la coerción para lograr altos porcentajes de colectivización. “Incluso en este [primer] estadio la colectivización fue impuesta en gran medida ‘desde arriba’. Orquestada y dirigida por las organizaciones regionales del Partido, con la sanción implícita o explícita de Moscú, los funcionarios distritales y los comunistas y obreros urbanos llevaron la colectivización al campo. Las brigadas para la requisa del grano, que ya estaban obsesionadas con obtener altos porcentajes, fueron transferidas en masa a la colectivización” (Viola, 1999).
Se trataba, a todas luces, de una política aventurera. Trotsky (1973) anota: “Los empíricos, trastornados, llegaban a creer que todo les era posible. El oportunismo se había transformado, como sucediera a veces en la historia, en su contrario, el espíritu de aventura”. Ni siquiera se tuvo en cuenta la debilidad del Partido en el agro: había células en 23.458 aldeas sobre un total de 70.849; y en muchos casos la célula partidaria constaba solo de un secretario y una persona dedicada a la propaganda (Liu, 2006).
Tortura en Argentina, cinismo y silencio
Días atrás tuve una discusión con un colega profesor, kirchnerista y sociólogo, quien me argumentaba que a partir de la asunción de Macri a la presidencia de la Nación se ha producido un cambio cualitativo en lo que hace al tratamiento de los presos. “Se aplican torturas y malos tratos como nunca se había conocido desde los tiempos de la dictadura. Esto demuestra que estamos ante un gobierno de corte semi-fascista”. Mucha gente comparte esta idea.
Sin embargo, los informes sobre torturas y malos tratos en las cárceles y comisarías no parecen respaldar la idea de mi colega. Concretamente, todo indica que, en lo que atañe a torturas y malos tratos, hay más continuidad que cambio entre el kirchnerismo y Cambiemos. Es que en las comisarías y cárceles se tortura habitual y sistemáticamente, desde antes del 10 de diciembre de 2015, con el silencio cómplice de jueces, legisladores, ministros y también presidentes. Y así sigue en lo que va de 2016. “Hay que ocuparse de los derechos humanos del siglo XXI, de lo que está pasando hoy”, declaró Macri en la campaña electoral. Pero “lo que está pasando hoy” en materia de derechos humanos son torturas y vejaciones sistemáticas de detenidos, sobre las cuales el ingeniero no dice palabra. Y los Kirchner tampoco mencionaron el tema en los 12 años en que estuvieron en el poder. Así, sean “nacionales y populares”, o “neoliberales ajustadores”, todos confluyen en ocultar la tortura. Aunque con un tranquilo cinismo, también todos se dicen defensores de los derechos humanos. Sin embargo, los hechos son de una gravedad inocultable.
A propósito de negociados y corrupción, un texto de Marx
La corrupción está de nuevo, en Argentina, en los primeros planos del debate. En una nota anterior (aquí y aquí), la hemos tratado a partir de su relación con la acumulación de riqueza y el Estado. Escribíamos: “Los mecanismos de la corrupción posibilitan que fracciones del capital mejoren sus posiciones frente a sus competidores, y también que personajes carentes de recursos se conviertan, casi de la noche a la mañana, en grandes capitalistas. Es una historia repetida, que reconoce tres pasos característicos: el saqueo originario, el blanqueo del dinero… y la puesta en marcha del negocio legalizado”.
Dado que los fraudes desde el Estado –la obra pública es una vía tan tradicional como privilegiada- representan desvíos de flujos de plusvalía, alimentan constantemente la deuda pública. Esta, a su vez, da lugar a nuevos negociados y enriquecimientos; lo que a su vez incrementa la deuda, en una espiral creciente. Por eso, periódicamente estos estropicios pueden llevar, en países atrasados, a defaults, con los que se liquidan valores insostenibles y se descarga la crisis en el pueblo… para volver a empezar con la ronda de fraudes, negociados y más deuda pública. Aunque no se trata solo de negociados con la obra pública; también está el Estado haciendo la vista gorda en el tráfico de drogas, de personas, de armas y otros «bienes y servicios». Y la evasión o elusión de impuestos, vía paraísos fiscales (ver aquí) u otras maniobras. A lo que hay que sumar los negociados financieros y cambiarios. En este último respecto, el caso reciente más brutal fue la venta de dólares a futuro, en los últimos meses del gobierno K, por el Banco Central, a un precio mucho más bajo que el que regía en el mercado. Una operación que da lugar a que más de 70.000 millones de pesos (equivalentes a casi 5000 millones de dólares) estén siendo transferidos desde el sector público a los bolsillos de inversores privados “avisados”.
Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (8)
La parte 7 de la nota, aquí
El Gran Giro
El 7 de noviembre Stalin publicó un artículo, “El año del Gran Giro”, en el que sostenía que los campesinos medios se estaban incorporando a las cooperativas. Aseguraba que “si el desarrollo de los koljoses y sovjoses se lleva a cabo a un ritmo acelerado, no hay lugar a dudas de que en tres años, más o menos, nuestro país se convertirá en un gran productor de grano, si no en el mayor del mundo”. Se refería también al crecimiento de la iniciativa creativa y al entusiasmo laboral de las masas, animadas por la emulación socialista y por la introducción de la jornada laboral ininterrumpida. Terminaba afirmando que se dejaba el viejo camino del desarrollo capitalista para iniciar el del socialismo (Stalin, 1929a). Ahora la consigna era colectivización total e inmediata. Los campesinos debían incorporarse a los koljoses, o a los sovjoses.
Panamá Papers y los argumentos de Macri
La filtración de los archivos de Mossak Fonseca, publicada por el diario Süddeutsche Zeitung y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés), ha sacudido a la opinión pública. Con referencia a Argentina, se supo que el presidente Macri integró el directorio de Fleg Trading, empresa offshore registrada en Bahamas entre 1998 y 2008. Luego se conoció que también integró el directorio de Kagemusha, otra offshore, formada en Panamá en 1981. También son propietarios de empresas offshore Néstor Grindetti, intendente de Lanús y ex ministro de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires; Jorge Macri, intendente de Vicente López; Claudio Avruj, secretario de Derechos Humanos de la Nación; y Daniel Angelici, considerado operador en la Justicia, todos de Cambiemos (datos de Perfil).
La defensa de Macri, fue decir que no fue accionista ni cobró dividendos de esas firmas, que habrían sido formadas por el padre con el objeto de participar en otras sociedades como inversoras en Brasil. “Está todo perfecto”, dijo. En lo que sigue presento algunos elementos para que el lector pueda evaluar hasta qué punto no está todo perfecto.
Respuesta de Razón y Revolución a la nota contra la censura
En una nota anterior critiqué la defensa del grupo Razón y Revolución de la censura en el arte (ver aquí).
Pues bien, Eduardo Sartelli ha escrito una Respuesta a mi nota (y a otras críticas que se le han dirigido). Su Respuesta puede leerse en http://razonyrevolucion.org/la-insoportable-ignorancia-de-la-pequena-burguesia-pacifista-por-eduardo-sartelli/.
Voy primero a lo sustancial. Sartelli afirmó en la nota anterior que estaba en contra de la plena libertad artística, y defendió la censura en el arte. Palabras de Sartelli (citadas por mí en la nota): “Esa idea de otorgar ‘toda libertad al arte’ presupone la existencia de un campo abstraído de las relaciones sociales, sin conflictividad, donde el artista es una especie de privilegiado, el único ser en el universo que no está determinado por ninguna relación”. También (esta vez junto a Rosana López): Trotsky “negaba libertad a todos aquellos que estuvieran a la derecha de los compañeros de ruta, es decir, de todos los que no apoyaban a la revolución. (…) Cuando Trotsky habla de ‘libertad’ al arte se refiere pura y exclusivamente a la cuestión formal… La cuestión temática es más compleja: si se escribe desde un punto de vista reaccionario, se hace acreedor a la censura; si se actúa lo que se escribe, se expone a cosas peores”. De manera que la cita es aprobatoria de la censura, ejercida en aras de los ideales socialistas. Cuando el censor advierte «peligros de contenido», deberá censurar, según Sartelli y RyR. Remarco: “Si se escribe desde un punto de vista reaccionario, se hace acreedor a la censura”. No hay lugar a dudas, ni forma de disimular lo que se afirma. El censor, según RyR, colocado por encima de la sociedad, decide qué artista merece ser censurado.















