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La cuestión de la ética en Marx

Presento aquí una versión algo resumida de un texto que escribí en febrero de 2009, acerca de la ética en Marx. El mismo tiene relación con debates acerca del rol que juegan demandas democrático-burguesas en un programa socialista.
Este escrito se inspira en el artículo de Stefano Petrucciani “Marx and Morality. El debate anglosajón sobre Marx, la ética y la justicia”, publicado en Doxa Nº 15, en 1996. Allí Petrucciani pasa revista a las respuestas que se han dado a la cuestión de si existe una ética en Marx y cuáles serían los presupuestos normativos que guían la crítica marxiana del capitalismo. Presenta las dos interpretaciones más importantes, la de quienes niegan que en Marx haya una perspectiva ética y la de quienes afirman, incluido el propio Petrucciani, que sí es posible encontrar, aunque con matices, un contenido ético en la crítica de Marx al capitalismo. Compartiendo en lo esencial esta última idea, nuestro propósito aquí es proponer una respuesta que difiere en algunos matices de la dada por Petrucciani a la pregunta de si existe un contenido moral en la crítica marxiana del capitalismo. Comenzamos sintetizando las posturas sobre la ética en Marx, tal como las presenta Petrucciani.
Más críticas y argumentos acerca de la intervención

Mi posición acerca de Libia y la intervención de las potencias imperialistas ha desatado una ola de críticas e insultos hacia mi persona (pueden verse de nuevo en kaosenlared.net). Algunos sostienen muy seriamente que no deberían publicarse mis posiciones en sitios alternativos, y se cuestionan cómo se me puede considerar siquiera de izquierda. Indudablemente, a sus ojos, soy un agente de la CIA, o algo por el estilo. En realidad, lejos de intimidarme, las críticas me llevan a profundizar los argumentos. Después de todo, nunca escribo para satisfacer el sentido común del público de izquierda.
Una lucha por libertades democráticas
Empiezo subrayando la cuestión de fondo: estamos asistiendo a un proceso que abarca a millones de personas de todo el mundo árabe, que se caracteriza por el cuestionamiento de dictaduras y regímenes represivos establecidos desde hace décadas. Los procesos de Túnez, Egipto, Libia, Bahrein, Yemen y ahora Siria, son de la misma naturaleza. Es absurdo decir que en Egipto se luchó por libertades, pero en Libia los sublevados lo hacen como agentes del imperialismo. Al respecto, reproduzco un pasaje del discurso que dio Seyyed Nasrallah, Secretario General de Hizbullah, el pasado 19 de marzo, a los asistentes a un acto organizado por Hizbullah en apoyo a las revoluciones de los pueblos árabes, en el recinto de Seyyed Ash-shuhada en el barrio del sur de Beirut. Refiriéndose a Libia, dijo:
Libia, intervención y la rueda de la historia

Gilbert Achcar creció en Líbano, y es profesor de la School of Oriental and African Studies en la Universidad de Londres. Ha publicado The Clash of Barbarisms: The Making of the New World Disorder y The Arabs and the Holocaust: The Arab-Israel War Narratives. En las últimas semanas ha sostenido que en lo esencial el levantamiento contra Khadafy es por libertades democráticas. Achcar siempre ha mantenido una posición anti-imperialista, pero admite la necesidad de la intervención extranjera imperialista para frenar la masacre de los rebeldes. El tema es que en un texto que está circulando por Internet (puede verse en vientosur.info) plantea el siguiente problema: si se pudiera volver atrás la rueda de la historia, y regresar al momento previo al inicio del genocidio de Ruanda, ¿nos opondríamos desde la izquierda a una intervención de las fuerzas imperialistas y extranjeras, destinada a impedirla?
Imperialismo en Lenin, análisis crítico

En muchas discusiones acerca de la relación entre los países capitalistas más poderosos y los países atrasados, subyace el tema del imperialismo. Buena parte de la izquierda radical continúa basando sus análisis en las tesis leninistas del imperialismo. Desde hace años sostengo que estas tesis no permiten entender el modo de producción capitalista de hoy, y que la perspectiva de El Capital (esto es, asentada en la teoría del valor trabajo y la plusvalía) permite una aproximación más justa. Tres cuestiones, por lo menos, me impulsaron a realizar esta revisión crítica. En primer lugar, el comprobar que la tesis del monopolio (los monopolios manejan más o menos a voluntad los precios) no tiene validez empírica en el capitalismo contemporáneo (lo cual implica que rige la ley del valor “a lo Marx”). En segundo término, comprobar que no se verificaba la tesis del estancamiento permanente del Tercer Mundo, una idea que dominaba en prácticamente todos los escritos sobre imperialismo y dependencia desde los años 50. En tercer término, el hecho de que desde hace más de siete décadas no han vuelto a producirse guerras interimperialistas. En este último respecto recuerdo que en una mesa redonda, convocada a raíz de la agresión a Irak (segunda invasión), uno de los panelistas, dirigente de un partido de izquierda, sostenía que la intervención era el primer paso de un conflicto armado a gran escala de EEUU y Gran Bretaña contra Alemania, Francia y Japón. Cuando le manifesté que no veía nada de eso en el horizonte, me respondió con el “está en la naturaleza del imperialismo, como Lenin dijo” y pronosticó la ruptura de la OTAN y la ONU. Algunos años antes, también en una mesa redonda, un militante de otro partido me acusó de “embellecer al capitalismo” porque se me ocurrió afirmar que no había en puertas una nueva guerra entre las potencias. Como siempre, el argumento principal de mi crítico era “Lenin dijo…”. En esta nota presento las dificultades que, a mi entender, encierran las tesis sobre el imperialismo. Para esto, reproduzco una parte del capítulo 1 de mi libro Monopolio, imperialismo e intercambio desigual (Madrid, Maia, 2009).
Imperialismo, petróleo y revolución en Libia

La intervención militar de EEUU, Gran Bretaña, Francia y otros países contra Khadafy, ha merecido dos explicaciones principales desde la izquierda. En esta breve nota explico por qué las encuentro insatisfactorias. Empiezo con la primera, que se ubica en la interpretación “conflicto por apoderarse del petróleo libio”.
¿El objetivo es apoderarse del petróleo de Libia?
La primera de estas explicaciones, y la más extendida, dice que el objetivo de la intervención es apoderarse del petróleo libio; esto es, se trataría de una típica intervención colonialista. La tesis está en línea con la idea de que los rebeldes son dirigidos, o manipulados, por el imperialismo; que como tales constituyen la punta de lanza de una ofensiva neocolonial, y que Khadafy encarna la lucha por la soberanía y la independencia nacional de Libia. Desde este punto de vista, lo que está en juego es si el petróleo seguirá estando en manos de los libios, o pasará a ser propiedad de los nuevos colonialistas.
Conquistas democráticas y críticas trotskistas

Mi posición acerca de los acontecimientos en Egipto y Libia me ha valido críticas provenientes no solo del campo «nacional», sino también del trotskismo (pueden leerse en http://www.kaosenlared.net). La discrepancia está en la relación entre democracia y capitalismo, una cuestión que ha generado un verdadero rompecabezas para el movimiento trotskista. Antes de continuar, preciso que por «movimiento trotskista» comprendo a todos los grupos o autores que reivindican el programa fundacional de la Cuarta Internacional, el Programa de Transición (en adelante PT).
El problema central es que para los defensores del PT es inadmisible mi afirmación de que puedan existir revoluciones, o movimientos, de naturaleza burguesa o pequeño-burguesa, que representen avances democráticos, o reformistas democráticos. He aclarado muchas veces que se trata de libertades democráticas, que no acaban con la explotación del capital, pero no por ello dejan de constituir reformas, o mejoras. El conflicto surge porque al afirmar esto, estoy yendo contra una de las “verdades” del programa y del enfoque trotskista. Es que en el PT se afirma que
Zona de exclusión en Libia
Con el establecimiento de una zona de exclusión aérea en Libia, por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, los que sostienen que en Libia está en juego una lucha antiimperialista creen ver confirmada su tesis. “Fidel tenía razón”, dicen. Como expliqué en otras notas, según esta óptica, la sublevación ha sido orquestada por el imperialismo; los sublevados -y el gobierno provisional de Benghazi en particular- son sus títeres; y su triunfo llevaría a Libia a convertirse en una colonia, o semicolonia, del imperialismo estadounidense (o europeo). Khadafy encarnaría, entonces, la lucha por la independencia nacional libia. En definitiva, el régimen de Khadafy está acosado por una ofensiva neocolonial, y el establecimiento de la zona de exclusión por la ONU lo prueba.
Mi argumento ha sido el opuesto. La sublevación es producto esencialmente de las contradicciones internas de Libia -y en general en los regímenes del mundo árabe-; los sublevados levantan reivindicaciones democráticas similares a la de sus pares en Túnez y Egipto; y el pedido de armas o de una zona de exclusión aérea no modifica el carácter de este enfrentamiento. Naturalmente, el hecho de que ahora se haya establecido una zona de exclusión aérea, no tiene por qué modificar el argumento. Simplemente se ha concretado lo que hasta ahora había contemplado como una posibilidad teórica. De todas maneras el asunto da tela para examinar todavía un poco más la lógica del razonamiento “pro tesis de Fidel”. No repito aquílo que ya sostuve en otras notas -por ejemplo, acerca del origen del levantamiento- sino hago hincapié en un punto decisivo en el análisis de las relaciones internacionales. Es que si la tesis “nacional” es correcta, habría que explicar cómo es posible que países como China y Rusia le hayan dado vía libre a la zona de exclusión (al abstenerse, ya que tienen poder de veto en el Consejo); que otros igualmente soberanos, como Alemania, India y Brasil, también se hayan abstenido; y que la Liga Árabe haya apoyado al gobierno de Benghazi en su solicitud de la zona. Precisemos lo que estamos diciendo: según la tesis “nacional”, EEUU, Gran Bretaña y Francia intervienen para transformar a Libia en una colonia (o semicolonia), esto es, buscan ocuparla militarmente para sostener a un gobierno impuesto por ellas. Y esta operación colonialista sería consentida por algunos de los Estados más poderosos del mundo. Esto es, habría que creer que Rusia, por ejemplo, no tiene mayores problemas en que Libia se transforme en una colonia de EEUU.
Métodos de discusión en ámbitos de izquierda
Reproduzco, con apenas alguna modificación, un texto que escribí en diciembre de 2006. El mismo es motivado por las formas de polemizar que aparecieron en algunos “Comentarios”.
Una de las cosas que más daño ha causado a los movimientos de izquierda, en particular a los que se reclaman marxistas, han sido las formas y métodos mediante los cuales se “zanjan” los debates políticos e ideológicos. Es un hecho común que ante diferencias se lanzan invectivas injuriosas y calumnias del más diverso tipo. Para no generalizar en abstracto, presento ejemplos tomados de mi experiencia personal. Por caso, cuando critiqué la apología de Hebe Bonafini a los ataques a las Torres Gemelas, y su apoyo a Bin Laden, fui acusado por la propia Bonafini de ser un “agente del gobierno Radical para destruir a la Universidad de las Madres”. Esta acusación fue apoyada por grupos de izquierda, e incluso por distinguidos intelectuales, como el señor Néstor Kohan. Otro ejemplo: por haber opinado que la URSS desde décadas antes de su caída ya había dejado de ser un Estado proletario, fui acusado por un escritor del Partido Obrero de ser un “cruzado” contra el socialismo. Esto es, que habría jurado luchar fanáticamente contra el socialismo. Otro ejemplo: la postura contraria a la consigna de “seis horas de trabajo para bajar la desocupación” me valió el calificativo de “enemigo de la clase obrera” por parte de algún grupo. Otro ejemplo: la posición favorable a la libertad de opinión y discusión en los partidos de izquierda -y en los países que se llaman socialistas- ha llevado a muchos a denunciarme por “provocador”, “agente infiltrado” y “personaje con objetivos oscuros, dispuesto a destruir a la izquierda”.
En fin, éstos son algunos ejemplos tomados de mi experiencia como militante de izquierda. Pero podría citar decenas de casos de compañeros y compañeras que han sido acusados de cosas todavía más terribles. Tres son los argumentos más comunes con que se defienden estos procedimientos.
División obrera, no miremos para otro lado

A raíz de la lucha de los tercerizados del ferrocarril Roca para ser incorporados a la empresa, y del asesinato del militante Mariano Ferreyra, mucho se ha hablado de las patotas y el rol de la burocracia sindical; también de la complicidad de las patronales y el Estado con la mafia sindical. Con abundantes datos, se ha echado luz sobre los beneficios que obtienen burócratas y empresarios (muchos de ellos también “dirigentes sindicales”) al mantener trabajadores con contratos precarios. También se puso en evidencia que estos negocios tienen la venia de altas instancias del gobierno y el Estado.
Existe sin embargo un hecho del que se ha hablado poco en la izquierda. Me refiero a la actitud frente a los tercerizados de muchos trabajadores de planta del ferrocarril. Esto que afirmo me lo han comunicado ferroviarios: muchos trabajadores no apoyaron la lucha de los tercerizados, y de alguna manera avalaron a la burocracia. Por lo menos, mantuvieron esa actitud hasta que ocurrió el asesinato de Mariano. Además, según me informan, en sectores del ferrocarril continúa habiendo un clima de hostilidad contra los compañeros, ex tercerizados, que han entrado a la planta permanente. Sabemos cómo se puede generar un entorno desfavorable para con un grupo de trabajadores. Por ejemplo, obligarlos a hacer “rancho aparte” para tomar un refrigerio; negarles solidaridad en tareas cotidianas; establecer un cerco de “silencio” a su alrededor, y muchas otras formas, sutiles o abiertas, de “envenenarles la vida”. La razón de esta hostilidad es la defensa, de tipo corporativo, del “derecho a que mis hijos tengan prioridad para ocupar un puesto de trabajo vacante”. Es que en ferrocarriles, como en algunos otros lugares, se acostumbra que los familiares de los obreros empleados tengan prioridad, a igualdad de otras condiciones, frente a postulantes “sin conexiones”. De ahí que haya resentimiento con los “nuevos”, que entraron al ferrocarril después de una dura pelea para acabar con su condición de tercerizados. Estamos por lo tanto ante un caso de división y discriminación, que no debería ser ocultado. Necesitamos reconocer el problema, y preguntarnos si no hay algo que cambiar en discursos y prácticas que, durante años, se consideraron “progresistas”.
Críticos nacionales y Libia
“La izquierda y Libia” ha provocado algunas airadas respuestas en mi contra, como puede verse en los comentarios que acompañan a la publicación de la nota en kaosenlared. No podía ser de otra manera, dado que mis críticos desean el triunfo de Khadafy, y yo deseo el triunfo de los rebeldes. Sin embargo, lo importante no es constatar que las diferencias son abismales, sino evaluar el peso de los argumentos que me han dirigido. A pesar de que los “comentarios” son necesariamente escuetos, permiten sin embargo saber por dónde estarían flaqueando mis argumentos, y cuáles serían los puntos fuertes del sector “nacional-izquierdista”.
Pues bien, básicamente se me dirigen tres críticas: A) Estoy pidiendo la entrada de la OTAN en Libia; por lo tanto soy pro-imperialista (“otanero”, como ha escrito alguien), y un enemigo a quien, eventualmente, cabría castigar duramente por “contrarrevolucionario”. B) Me baso en los medios imperialistas, que exageran y manipulan. C) Los sublevados son manejados por el imperialismo.
Invasión imperialista en Libia
Empiezo con la primera crítica, que es la más repetida (y la que más impresiona). ¿Estoy abogando por la invasión de Libia por las tropas de la OTAN? No, en absoluto, se trata de un invento de mis críticos. Estoy en contra de la entrada de tropas imperialistas en Libia, de la misma manera que me opuse a la invasión de Iraq, Afganistán, o antes de Panamá, Grenada, etc. Pensé que esto quedaba muy claro en mi nota, en la que reivindico la postura de la gente de Benghazi que le informa al corresponsal de Telesur que ellos rechazan completamente la intervención de tropas. También señalé, como una prueba de que el Gobierno de Benghazi no era “títere” del imperialismo, que había rechazado la intervención. Por supuesto, mis críticos nacionales pasan por alto estos “detalles”, y afirman, muy sueltos de cuerpo, que soy “pro-imperialista”. La conveniencia de fusilarme, si hubiera ocasión, se justifica fácilmente. Pero el cargo no tiene sustento.
Sin embargo, lo interesante es analizar a qué obedece la tergiversación. Respondo: mis críticos tergiversan porque no pueden responder al núcleo de mi razonamiento. Mi razonamiento es que no basta que un movimiento reciba apoyo de las potencias, para que sea caracterizado de “títere”, o para sostener que su programa es transformar al país en una colonia.















