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China capitalista
En algunos comentarios al blog se ha suscitado la pregunta de si podemos considerar a China un país capitalista en la actualidad. Mi respuesta es que sí, que estamos frente a un sistema capitalista. Si bien se trata de una economía en transición, y existen muchas formas intermedias, la clave es que de conjunto la economía está sometida a la ley del valor, y que la propiedad capitalista se desarrolla cada vez más libremente. Empiezo repasando brevemente el recorrido de las reformas implementadas desde fines de la década de 1970, para presentar luego algunos datos que apuntalan la idea de que la sociedad china hoy es capitalista.
Un inicio “bujarinista”
Las reformas económicas implementadas por el Partido Comunista empezaron en diciembre de 1978 (Mao había muerto en 1976), y se fueron extendiendo y prolongando, siempre en dirección al capitalismo. Al comienzo solo afectaron al campo, y consistieron en permitir a los campesinos vender la producción de sus lotes privados en los mercados. Luego se pasó al llamado “sistema de responsabilidad”, por el cual se entregaba a cada unidad familiar una cierta porción de la tierra colectiva destinada al cultivo de trigo, arroz y productos similares. Los campesinos podían vender, al Estado o en el mercado libre, todo lo que produjeran por encima de ciertos mínimos. De manera que el proceso chino de reforma comenzó como una reedición de la política que se había aplicado en la Rusia soviética a mediados de la década del 20, bajo inspiración de Nicolás Bujarin (cuya obra fue traducida y estudiada en China en los 80). La meta de Bujarin no era volver al capitalismo, sino dar lugar a estímulos de mercado, a fin de aumentar el interés de los campesinos y elevar la productividad. Es que la Revolución de 1917 había entregado la tierra a los campesinos (aunque la propiedad formalmente era del Estado), Rusia se había convertido en un país incluso más “pequeño burgués” que antes de la subida al poder de los bolcheviques, y los campesinos se resistían a avanzar hacia formas colectivas de producción. Por eso Bujarin pensaba que la única forma de aumentar la productividad agrícola -indispensable para abaratar los costos de los insumos para la débil industria soviética- era permitiendo que los campesinos obtuvieran beneficios de sus explotaciones (véase por ejemplo Cohen, 1973). En algún punto, incluso, se atribuyó a Bujarin el haber lanzado el slogan “campesinos enriqueceos”. Por esta vía se estaba dando lugar a las condiciones para una acumulación capitalista. De hecho, en vísperas de la colectivización (realizada a fines de la década), había comenzado a aparecer el trabajo asalariado y una creciente diferenciación social en el agro ruso.
Caso Sobrero: ¿exigimos la renuncia de Fernández?
El martes 4 Rubén Sobrero y Leonardo Portorreal fueron excarcelados, pero continúan imputados en la causa por la quema de los trenes. Por ahora, Sobrero y Portorreal no pueden salir del país, ausentarse de sus domicilios por más de 48 horas y deben presentarse una vez por mes en el juzgado. Esto a pesar de que se evidenció que se trató de una causa armada. El propio juez ahora trata de despegarse del asunto, sugiriendo que fue víctima de una maniobra de la policía (por lo que decidió entregar la investigación a la Secretaría de Inteligencia). Una excusa estúpida para disimular el papelón. Por su parte, el gobierno mantiene silencio, después de haber respaldado al juez cuando mandó detener a Sobrero y Portorreal.
Ante este escenario, algunos dirigentes de la izquierda están exigiendo las renuncias del Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández y del juez Yalj, así como la apertura de los archivos de la SIDE y la formación de una comisión investigadora, independiente y con plenos poderes, que eche luz sobre cómo se armó la causa y también sobre las relaciones entre el Gobierno y la empresa. Christian Castillo, dirigente del PTS y candidato a vicepresidente por el FIT, formuló este reclamo. Esta clase de demandas son muy comunes en la izquierda. Es que parece “lógico” que si el juez X y el ministro Y estuvieron a la cabeza del escándalo, exijamos sus renuncias. Y si sospechamos que la SIDE nos está vigilando, reclamemos por la apertura de sus archivos y el despido de los funcionarios involucrados. También parece lógico que todo esto lo haga alguna “comisión con plenos poderes”. Todo entonces es muy “lógico”…. pero en un mundo en que no existiera el poder del Estado, la lucha de clases y el dominio del capital. Es que en el mundo concreto en que vivimos, pienso que estas demandas no llevan a ningún lado; y son funcionales a la propaganda que tiende a presentar todo como producto de errores de personas. El sistema en sí no es el problema, lo que fallan son las personas, viene a decir el mensaje subyacente. Aquí habrían actuado mal un juez y un jefe de gabinete, de manera que hay que reemplazarlos; por este camino, podría llegarse a un Estado más democrático, más tolerante, etc. El foco de la atención está puesto en los personajes.
La renuncia del fusible
La idea que defiendo es opuesta a la anterior. Sostengo que la crítica debe apuntar al fondo del problema, porque el ataque a Sobrero no es producto del odio personal de Aníbal Fernández a los “troskos”, sino el resultado de una orientación del Estado en defensa del capital. Fernández se puede haber equivocado en su instrumentación, y es posible que en algún momento sea reemplazado, debido a su manifiesta ineptitud para la tarea. Pero es ineptitud en la defensa de los intereses de la clase dominante; no se lo desplazará por defender al capital -y atacar a la izquierda- sino por hacerlo mal. El cambio no modificará las cosas de alguna manera sustancial.
Más elementos sobre el caso Sobrero

El caso Sobrero, del que hablamos en la nota anterior, merece seguirse con mucha atención. Es que todos los elementos disponibles reafirman la tesis de que se trata de una causa armada, con el fin de atacar a un dirigente gremial antiburocrático, combativo y de izquierda. Recordemos que el juez Yalj acusó a Rubén Sobrero de ser el organizador de una asociación ilícita y de extorsionar a la empresa ferroviaria, TBA, y lo mandó detener el viernes 30 de septiembre, manteniéndolo incomunicado todo el fin de semana. Ayer, lunes 3 de octubre, el juez tomó declaración indagatoria a Sobrero y a su compañero Leonardo Portorreal. La acusación se basa en las declaraciones de Alan Skrobacki, quien está acusado por los incendios, y de un policía que detuvo a Skrobacki. Skrobacki es un indigente que vivía en estaciones y vagones del ferrocarril, quien dijo que había sido contactado por Leonardo Portorreal para incendiar vagones y que le habían pagado por ello; también dijo que Portorreal se había comunicado con Sobrero por handy, cuando lo contrató para la tarea.
Durante la indagatoria esta historia se cayó a pedazos. Sobrero explicó que desde 2004 los ferroviarios no utilizan handy; que Portorreal no trabaja en ferrocarriles desde hace cinco años; que desde que se fue del ferrocarril sólo lo vio en dos ocasiones, y que en ninguna de ellas fue durante el incendio de trenes. Además, Skrobacki había descrito a Sobrero como una persona alta que usaba piercing en la ceja; el hecho es que Sobrero nunca usó piercing y es de baja estatura. Skrobacki describió a Portorreal como morocho y de ojos oscuros, pero Portorreal es de tez blanca y ojos claros. Skrobacki dijo que Sobrero había participado en el asesinato de Mariano Ferreyra (un militante del Partido Obrero, asesinado por las patotas de la burocracia ferroviaria, dirigida por José Pedraza); también dijo que Sobrero había hecho una huelga reclamando por la libertad de Pedraza. La realidad es que Sobrero es ampliamente conocido por militar contra la burocracia sindical, y por haberse opuesto a las huelgas convocadas en defensa de Pedraza.
Libertad a Sobrero
Desde este humilde lugar deseo expresar mi repudio por la detención de Rubén Sobrero y del resto de los compañeros que están siendo atacados por la Justicia y el Gobierno K. Para la gente que está en el exterior, preciso las circunstancias. Rubén Sobrero es delegado de la línea ferroviaria Sarmiento, opositor de la dirección burocrática del gremio, con larga trayectoria de militancia socialista. Junto a Sobrero ha sido detenido Leonardo Portorreal, que colaboró con Sobrero hace algunos años. Pero también han sido detenidos dos “barrabravas” de All Boys (equipo de fútbol). En Argentina, estos personajes son lúmpenes que están en convivencia con personajes de la política burguesa y se prestan a cualquier clase de operaciones sucias. Los abogados defensores de Sobrero y Portorreal ya han aclarado que éstos no conocen a los barrabravas.
A Sobrero lo acusan de provocar un incendio de trenes el pasado 2 de mayo. Ese día se produjeron disturbios en la línea Sarmiento, cuando los pasajeros protestaron por las fallas y demoras en los servicios. En esas circunstancias, algunos grupos incendiaron vagones y saquearon máquinas expendedoras. Ese mismo día el Gobierno dijo que se trataba de un ataque organizado, y responsabilizó al líder opositor Fernando Pino Solanas por los hechos. Sin embargo, no presentó prueba alguna para esta acusación. Luego, el 7 de julio, la ministra de Seguridad, Nilda Garré, y el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, dijeron que los incendios habían sido provocados como actos de sabotaje, pero tampoco presentaron pruebas.
Ahora el juez federal Juan Manuel Yalj ordenó la detención de Sobrero y de otros gremialistas, a quienes acusa de haber provocado los incendios. ¿En qué se basa? En la declaración de un indigente Alan Skrobacki, quien fue detenido el día de los incidentes con una mochila en la que había un encendedor y un desodorante, y está acusado de provocar el fuego. Recién hace pocos días Skrobacki se presentó espontáneamente ante el juez para declarar que le habían pagado para provocar los incendios, y señaló a Portorreal como la persona que lo habría contratado. Es importante destacar que Skrobacki no es testigo -ya que está acusado- y por lo tanto tampoco está obligado a decir la verdad. El otro elemento que tiene el juez para acusar a Sobrero es la declaración de un cabo de la Policía Federal, que participó en la detención de Skrobacki y dijo que éste le había dicho, en ese momento, que le habían pagado para quemar los trenes.
Inglaterra, India, Marx
Una de las cuestiones por las que más han criticado a Marx los autores tercermundistas y de la izquierda nacional, es por su tesis acerca del rol que cumpliría, en el largo plazo, el capital europeo en los países atrasados. En unos conocidos pasajes referidos a la relación entre Inglaterra e India, Marx sostuvo que la entrada de los ferrocarriles británicos en India iba a generar, inevitablemente, fábricas y máquinas indias. Naturalmente, Marx denunciaba las atrocidades, la devastación y la miseria que provocaba la dominación británica en India. Pero también sostenía que se estaba sembrando con ello la simiente del desarrollo capitalista. Se trataba de un progreso que se realizaba “arrastrando a pueblos enteros por la sangre y el lodo, la miseria y la degradación” (Marx y Engels, 1976).
Este diagnóstico de Marx fue muy criticado en la izquierda. Algunos dijeron que su planteo era eurocentrista. Otros explicaron que podía ser válido en el siglo XIX, de libre competencia, pero ya no lo era en el siglo XX, cuando los monopolios tomaron el mando. Para los nacionalistas, se trataba simplemente de una glorificación del colonialismo; algunos marxistas trataban de disimular el asunto. Y no faltó quien dijera que Marx escribió lo que escribió “sólo para molestar a los norteamericanos” (Rey, 1976). En síntesis, la burguesía india sólo podía ser una burguesía raquítica y obediente a los dictados de las potencias. Esto se debía, siempre según esta tesis, a la imposibilidad de que pudiera desenvolverse un proceso de acumulación del capital con dinámica propia, basada en la ampliación del mercado indio, y la reinversión de la plusvalía generada por los trabajadores indios. La razón aducida era que los países del tercer mundo que tratan de industrializarse “deben hacerlo en un contexto saturado de mercancías occidentales”, de manera que el propio mercado mundial frena “la acumulación del capital industrial” (Mandel, citado por Toussaint, 2004, p. 254). También se sostenía que los monopolios del imperio ahogaban toda posibilidad de desarrollo del capitalismo nativo. En consecuencia, un país como India no podía ser sino una colonia (o neocolonia, ya que desde el fin de la Segunda Guerra fue formalmente independiente). Paul Baran (1969), uno de los marxistas más referenciados desde los años 1950, había tomado a India como un ejemplo paradigmático de cómo se reproducía el estancamiento, a partir de la explotación del imperio.
Destaco que hasta el día de hoy esta tesis se sigue repitiendo en muchos círculos de la izquierda. Por ejemplo, Eric Toussaint, un autor que resume prácticamente todos los lugares comunes del tercermundismo, sigue afirmando que los países del Sur tienen aún más reducidas sus posibilidades de desarrollo que hace unas décadas, y que se acentuó la imposibilidad de la “acumulación de capital industrial”. Sostiene que “el bloqueo del desarrollo no proviene solamente de las relaciones de subordinación de la Periferia con relación al Centro”, sino también “de la estructura de clase de los países de la periferia y de la incapacidad de las burguesías locales de lanzarse a un proceso acumulativo de crecimiento, lo que implicaría el desarrollo del mercado interno” (Toussaint, 2004, p. 255). Por eso en los países del tercer mundo no hay reproducción ampliada; la burguesía es incapaz de acumular; el estancamiento es crónico; y las burguesías se enriquecen principalmente con actividades parasitarias, o jugando el rol de intermediarias de los países del “primer mundo”.
Lenin, vanguardismo y los setenta

En una nota titulada “Las ideas también pueden matar” (publicada en La Nación del 31/08/11), Ceferino Reato critica las políticas vanguardistas y foquistas de parte de la izquierda de los sesenta y setenta, y escribe: “Los aportes de la izquierda clásica, marxista, incluían a Lenin, que sostuvo que era posible tomar el poder con una vanguardia de revolucionarios siempre que portaran la ideología correcta… No había que esperar, como decía Marx, que el capitalismo se desarrollara hasta desembocar casi naturalmente en el comunismo; una vanguardia podía acelerar ese proceso”. Es significativo que Reato no aporte referencias para justificar lo que dice. Demuestra que prácticamente está “establecido” que Lenin propugnaba una táctica vanguardista, sintetizada en la toma del poder por una pequeña minoría, iluminada y decidida. En otras palabras, el dirigente de la Revolución Rusa habría sido un continuador de Auguste Blanqui, el revolucionario francés del siglo XIX, que confiaba en el papel creador de la violencia, y alentaba la toma del poder mediante una organización armada, centralizada y secreta. Según Reato, Lenin era blanquista, y la izquierda radicalizada argentina asimiló su vanguardismo acríticamente, lo que la llevó al desastre.
En esta nota explico por qué lo que afirma Reato (y comparten muchos otros intelectuales) es equivocado. A fin de evitar falsas polémicas, aclaro que esta nota no pretende defender la política global de Lenin, sino simplemente criticar la tesis su “blanquismo”; y realizar algunas precisiones, tal vez imprescindibles. sobre los balances de la militancia de los setenta.
Invitación a charlas en Rosario y Santa Fe
En esta pequeña entrada quiero anunciar que, respondiendo a sendas invitaciones de los Centros de Estudiantes de Ciencias Económicas de Rosario y Santa Fe, el martes y miércoles próximos daré dos charlas.
En la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario, en el Salón de Usos Múltiples, el martes 6 de septiembre a las 19 horas hablaré sobre “Crisis económica mundial y teoría económica neoclásica”.
Al día siguiente, miércoles 7, a las 14,45 horas, estaré en Santa Fe. Participo en un panel en las VIII Jornadas Interdisciplinarias de Ciencias Económicas. Las jornadas son organizadas por el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas en conjunto con la Comisión de Economía y Desarrollo del CEMUPRO. Se realiza en el Auditorio de ATE, San Luis 2854. El tema de mi intervención será “Crisis económica mundial, interpretaciones alternativas, relación entre la crisis económica e intervención del Estado”.
Elecciones, hegemonía y lucha ideológica

Aunque es alentador que el Frente de Izquierda haya superado el piso del 1,5% de votos en las primarias, no debería pasarse por alto el panorama de conjunto. El pasado 14 de agosto menos del 3% del electorado votó por una alternativa radical de izquierda; más del 95% de los votantes apoyaron a partidos y candidatos defensores del sistema capitalista. Los defensores del capitalismo son respaldados hoy, con la economía creciendo a altas tasas, pero también lo fueron en años de crisis, como 1989, 1995, 1999 y 2009. Asimismo, recibieron un voto masivo en 2003, cuando estaba fresco el recuerdo del levantamiento contra De la Rúa; o en 1973, cuando había un fuerte ascenso de luchas sociales. En una palabra, la burguesía demuestra su capacidad para encauzar movimientos populares en los marcos de la legalidad burguesa, y para legitimar regularmente sus mecanismos de dominio. El hecho de que prácticamente la totalidad de la población respalde a partidos y candidatos enemigos del socialismo es más relevante para el análisis marxista, que el 50% que obtuvo el gobierno. Tras décadas de fuerte trabajo político, e inmensos esfuerzos, la izquierda radical no ha logrado apoyo significativo en la población. Tal vez esto pueda explicarse en parte por fenómenos objetivos (por ejemplo, por los efectos de la caída de la URSS y otros regímenes llamados socialistas). Sin embargo, también remite a las problemáticas, tradicionales entre los marxistas, de la función de la ideología, de las construcciones de consenso y hegemonía, y las formas de enfrentarlas críticamente. En lo que sigue me apoyo en algunos textos casi “clásicos” de marxistas, como Poulantzas, Milliband, Therbon, además de la presentación de Thwaites Rey; con esto estoy diciendo que no pretendo tener ninguna originalidad, simplemente quiero “refrescar” algunas cuestiones que pueden ser útiles a la hora de debatir la táctica de los socialistas.
Asistencia social K, marxismo y Poulantzas

La Asignación Universal por Hijo, junto a los planes sociales de trabajo (cooperativas), son presentados por la izquierda que apoya al kirchnerismo como medidas poco menos que revolucionarias. Se sostiene que estas medidas se inscriben en una estrategia de largo plazo para una distribución más equitativa de la riqueza, y fortalecer el poder popular frente a los “grupos concentrados” (léase Techint, Clarín; pero no Petersen, Electroingeniería o Franco Macri). Lógicamente, para sostener este relato, se pasan por alto algunos hechos. Por empezar, que los planes sociales en Argentina no son una novedad de los gobiernos K. Alfonsín en los 80 instrumentó la caja PAN (cuando la tasa de indigencia era mucho menor que la actual). Y Duhalde puso en marcha los Planes Trabajar después de la debacle de 2001, lo que tuvo un efecto bastante inmediato para paliar lo peor del hambre. El discurso K-izquierdista tampoco dice que la AUH fue reclamada durante mucho tiempo por sectores de la oposición, incluso por algunos que militan para la “derecha destituyente”. Y no señala que fue decidida por el gobierno recién cuando perdió las elecciones de 2009, ante la inminencia de que se impusiera en el Congreso. Pero estas son minucias, que tienen sin cuidado a los K-izquierdistas.
















