Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Archive for the ‘Economía’ Category

Fuga de capitales, dólar y modelo K

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Esta nota es continuación y actualización de la que escribí hace un año, en la que discutía cuestiones vinculadas al crecimiento basado en el tipo de cambio alto («Profundizar…» ). Decía entonces que el tipo de cambio alto había sido clave para la estrategia de desarrollo “industrialista”, desde mediados de 2002. Básicamente porque la devaluación posterior a la ruptura de la Convertibilidad había significado una fuerte caída de los salarios -en términos de dólar y poder adquisitivo-, con la consiguiente mejora de las condiciones competitivas del capitalismo argentino. Sostenía también que a la redistribución regresiva del ingreso se habían sumado equipos industriales renovados durante los 90; una elevada capacidad ociosa; y el congelamiento de tarifas de servicios. Todo esto se conjugó para elevar la tasa de rentabilidad, en particular de las empresas productoras de bienes transables. Además, el ciclo alcista de los precios de los alimentos, y en particular la soja, dieron un poderoso oxígeno extra al crecimiento, habilitaron ganancias extraordinarias al agro (suba de la renta de la tierra), y una constante inyección de recursos al Estado. Sin embargo, señalaba en aquella nota, no había habido un desarrollo sustentado en la inversión de equipos y la tecnología. Esto es, no estábamos ante un aumento de la competitividad con bases sólidas. Por eso, en 2010 ya se evidenciaba el desgaste del “modelo”: el superávit comercial se achicaba; la inflación erosionaba la competitividad del tipo de cambio; y el gobierno se enfrentaba a la disyuntiva de devaluar, o de retrasar el tipo de cambio a fin de frenar la inflación. Pero en este último caso, caería aún más la competitividad. Escribíamos: “Si el gobierno promueve una depreciación de la moneda, acelera la inflación, con poca ganancia en competitividad. Si por el contrario, retrasa el tipo de cambio, agrava los problemas de competitividad, acercándose a un escenario parecido al de los noventa. De hecho, hoy algunos sectores industriales empiezan a quejarse de que con este tipo de cambio no pueden competir. Es posible que de prolongarse esta situación, hacia fin de 2011 el tipo de cambio real vuelva a estar al nivel de la Convertibilidad. Aunque la situación internacional es distinta de la existente en los noventa, principalmente por la suba de la demanda mundial de materias primas”.

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31/10/2011 at 10:47

Premio Nobel para una economía sin historia

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El economista estadounidense Thomas Sargent fue uno de los galardonados con el Premio Nobel de Economía 2011. Como sucede siempre que se entregan estos premios, se publicaron notas en las que se resumió para el gran público en qué consistió el aporte de Sargent a la economía. La explicación más común fue que Sargent, junto a Robert Lucas (y antes John Muth), ayudó a operar una importante revolución en la ciencia económica. Es que antes de la obra de Lucas y Sargent los modelos macroeconómicos no incluían de manera explícita la forma en que los agentes toman sus decisiones y por lo tanto, no estudiaban cómo forman sus expectativas acerca del futuro. Sargent, junto a Lucas, continúa la explicación, elaboró la llamada hipótesis de las expectativas racionales. De acuerdo a este enfoque, los agentes económicos utilizan toda la información disponible; la “procesan” según los modelos económicos existentes; y no cometen errores sistemáticos.

Pues bien, esta idea, que se explicó por estos días, está incorporada en los manuales y cursos usuales de macroeconomía. Y en principio parece, a los ojos del no especialista, “natural” y hasta “inocente”. Sin embargo, no lo es. Es que la hipótesis de las expectativas racionales abona la idea de que los mercados siempre se equilibran en el largo plazo; que el desempleo tenderá hacia su tasa “natural”; que las políticas estatales (monetarias o de gasto fiscal) son inútiles, incluso en el corto plazo, porque los mercados deben actuar de la forma más libre posible; y que la economía está regida por leyes naturales, que los seres humanos deben aceptar. Por lo tanto, discutir el contenido y el significado del enfoque de las expectativas racionales es importante para la crítica de la teoría económica contemporánea. En la primera parte de lo que sigue presento el enfoque de las expectativas racionales; luego, sintetizo la crítica de Paul Davidson a las expectativas racionales; y por último, algunas reflexiones desde el marxismo. El texto no tiene ninguna pretensión de originalidad; simplemente hacer accesible a estudiantes y lectores interesados, un abordaje crítico de la cuestión.

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17/10/2011 at 12:58

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Deudas y «bancarrota del capitalismo»

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Una idea muy extendida en la izquierda y sectores progresistas es que el sistema capitalista sobrevive desde hace décadas gracias al endeudamiento creciente, y se derrumbará por el peso de las deudas. Se piensa que desde 1914 (según otros, desde 1929 o 1970) existe una crisis de sobreproducción, pero que el crédito genera un poder de compra que permitiría realizar las ventas y renovar la producción. Así, la deuda habría permitido el funcionamiento del sistema a lo largo de décadas; en particular, los Estados pudieron financiar las ventas, debido a su elevada capacidad de endeudarse. Sin embargo, continúa la tesis, llegará un punto en que la deuda no podrá seguir creciendo y el modo de producción capitalista entrará en bancarrota. Sonará entonces la hora del colapso final. Una crisis definitiva que estallaría entonces por la exacerbación de la contradicción entre acreedores y deudores (en la versión más popularizada de la tesis, los acreedores es el puñado de magnates financieros; y los deudores son “los pueblos”, incluidos los capitalistas industriosos).

Varias son las objeciones que pueden hacerse a esta tesis. Por empezar, no explica por qué a partir de determinado momento debería ocurrir una crisis de sobreproducción que atravesaría las décadas, o duraría siglos (para una discusión sobre la visión estancacionista, ver Colapso… y Trotsky...). En segundo término, si la tesis es cierta, hay que pensar que existe un grupo de capitalistas dinerarios dispuestos a prestar indefinidamente, durante décadas, sin recibir los pagos de intereses y la devolución de los créditos otorgados. Pero si bien el crédito puede prolongar y extender la producción más allá del poder de compra inmediato (y por eso es una palanca de la sobreacumulación),  no puede hacerlo indefinidamente, durante décadas. Un ejemplo de lo que decimos es la construcción de viviendas en EEUU en los 2000. El crédito financió la sobreproducción de casas, pero cuando los deudores comenzaron a retrasarse en los pagos, o a defaultear, estalló la crisis. Es que en tanto los deudores estén pagando, en algún lado deberán estar generando valor (o plusvalor); pero si hay generación de valor, hay ventas. Algo similar ocurre con la deuda pública. Si el Estado se endeuda, deberá pagar más o menos regularmente los intereses; pero para esto es necesario que en algunos puntos se esté generando valor. Además, superados ciertos umbrales (que se miden en porcentajes de PBI, o algún parámetro similar) los acreedores comenzarán a exigir más intereses, o se negarán a renovar los préstamos.

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27/09/2011 at 18:33

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Inversión, demanda y rentabilidad

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En esta nota amplío la respuesta a argumentos que me han presentado en defensa de la tesis de los K-economistas, a quienes he criticado en diferentes notas (véase, entre otras Ley de Say… y Crítica…). En lo que sigue voy a examinar las siguientes afirmaciones, con las que discrepo:

a) Si la demanda es constante, no hay razón para que los empresarios aumenten la inversión en equipos, aun en el caso de que haya aumentado la rentabilidad; los empresarios siempre invierten para no perder la cuota de mercado; b) la inversión que crea capacidad no depende de la rentabilidad; c) en tanto la demanda se mantenga alta, no hay razón para que se debilite la inversión, ya que la inversión siempre responde al principio de aceleración; d) si la tasa de ganancia baja del 4 al 2%, la tasa de inversión no debería debilitarse, en tanto no exista caída de la demanda (por ejemplo, porque la competencia internacional desplaza a la producción local); e) la producción está determinada por la demanda, pero la producción no determina la demanda. Empecemos entonces por el primer argumento.

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21/09/2011 at 20:54

Crítica de K-economistas y respuesta

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En el número 35 Documentos de Trabajo de CEFIDAR se publicó un escrito de Fabián Amico, Alejandro Fiorito y Guillermo Hang, en el cual estos autores critican (entre textos de otros autores), un texto que escribí en 2003, donde decía que el desarrollo argentino carecía de consistencia y solidez. Amico, Fiorito y Hang (en adelante AFH) sostienen que mi postura de entonces formó parte de la visión “pesimista” de muchos economistas sobre el proceso abierto en Argentina en 2003, pesimismo que el crecimiento económico desde entonces habría desmentido. “La etapa 2002-2010 resultó, en términos de crecimiento, la más exitosa de la historia económica nacional. Las tasas de crecimiento del PIB en el período son incluso superiores a las vigentes en el modelo agroexportador y a las registradas entre 1964-1974”. escriben. En lo que sigue respondo a mis críticos. La cuestión tiene interés en tanto permite poner en evidencia algunas características del tipo de crecimiento en curso en Argentina.

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16/09/2011 at 11:43

Salarios en Ricardo y una interpretación equivocada

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Un aspecto de la respuesta de Altamira y Ramal, que no analicé en mi anterior nota, se refiere a la teoría del salario que le atribuyen a David Ricardo. Escriben: “…. Ricardo sostenía que “en virtud del efecto del principio de población sobre el incremento de la humanidad, los salarios más bajos nunca continúan por mucho tiempo por encima de la tasa que la naturaleza y las costumbres demandan para el sostenimiento de los obreros” (Ricardo, Principios…). Para Marx, en cambio, el “elemento histórico o social que entra en el valor del trabajo puede dilatarse o contraerse e incluso extinguirse del todo, de tal modo que sólo quede en pie el límite físico” (énfasis mío).

Esto es, Marx consideraba el “elemento histórico y social” en la determinación del valor de la fuerza de trabajo, en tanto Ricardo pensaría, siempre según esta interpretación, que el “precio natural” del salario se igualaba con la canasta determinada por las necesidades meramente fisiológicas. Por su parte, en un artículo que lleva como título “Algo más sobre los impuestos al consumo”, en PO 1193, 8/9/11, Pablo Rieznik insiste en la idea: “El economista político clásico, David Ricardo, consideraba que el valor del salario giraba en torno de un «precio natural» fijado por el valor de las mercancías que aseguraban la subsistencia del trabajador”. Luego de referirse a la ley de bronce de los salarios de Lasalle, Rieznik agrega una larga cita de Marx en la cual critica la idea de que los salarios debieran permanecer al nivel del mínimo de subsistencia. Parece entonces que estamos ante una idea “consolidada” en el Partido Obrero, de que en Ricardo los salarios naturales están establecidos al nivel de subsistencia.

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10/09/2011 at 12:59

Respuesta a crítica de Altamira y Ramal

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En Prensa Obrera Nº 1192, del 1/09/11, Jorge Altamira y Marcelo Ramal publicaron una nota titulada “La reivindicación contra los impuestos al consumo”, en respuesta a mi nota “El FIT y los impuestos indirectos”, publicada en este blog. La idea que expuse en esa entrada es que la estructura impositiva no determina, en una coyuntura determinada, el valor de la fuerza de trabajo. En su respuesta, Altamira y Ramal sostienen, centralmente, que el cambio de la estructura impositiva afecta a la determinación de la fuerza de trabajo si va acompañada de un programa de transición al socialismo, que incluya la apertura de los libros comerciales de las empresas y el control obrero de la producción. Mi respuesta a la crítica de Altamira y Ramal parte de afirmar que estoy de acuerdo en que un gobierno revolucionario, que aplique un programa de transición al socialismo, puede darle un sentido enteramente progresista al cambio de la estructura impositiva. Pero esto no altera el planteo que hice en la nota criticada por Altamira y Ramal. Allí afirmé que en condiciones “normales” de dominio burgués (esto es, en una situación no revolucionaria), el cambio de la estructura impositiva no modifica la tasa de explotación. Esto es, en tanto la clase obrera no pueda establecer un poder por sobre el poder de la burguesía (es la manera de establecer el control obrero), el cambio de la estructura impositiva no altera nada sustancial.

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09/09/2011 at 13:53

Ley de Say, Marx y las crisis capitalistas

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En esta nota analizo la crítica que me dirigió (también a José Tapia, con quien he publicado trabajos), el economista Fabián Amico, en el sentido de que defendemos la ley de Say (otros aspectos de las críticas de Amico en Teoría monetaria….). En opinión de Amico, afirmar que la economía está liderada por la inversión, o la acumulación, equivale a sostener que el crecimiento potencial de la economía está dominado por la ley de Say. Dado que la crítica de la ley de Say tiene mucha relevancia para las explicaciones sobre las crisis, la cuestión tiene interés más allá de la polémica circunstancial con este economista. Empiezo por algunas cuestiones elementales.

Ley de Say y coherencia lógica

La ley de Say, de 1803, en esencia sostiene que a una venta le sigue siempre una compra, de manera que la oferta genera su propia demanda. Say decía que cuando un productor termina un producto, su mayor deseo es venderlo, y cuando lo ha vendido no está menos apresurado en deshacerse del dinero que le proveyó la venta, comprando otro producto. Originariamente Say formuló su ley para ser aplicada al mercado de bienes, y luego Walras la generalizó al conjunto de los mercados (esto es, laboral, monetario y financiero). Lo importante es que, según la ley de Say, el sistema capitalista no podría generar de forma endógena crisis generales de sobreproducción. A lo sumo podrían existir crisis en determinadas ramas o sectores, debido a las desproporciones que son propias de toda coordinación basada en el mercado; pero no una crisis generalizada. Es lo que pensaba Ricardo, que adhería a la ley de Say; y lo que piensan los neoclásicos. Según éstos, las crisis solo pueden generarse por interferencias externas a la economía (típicamente, por las malas políticas gubernamentales). Si los mercados funcionan libremente, y siempre de acuerdo a la ley de Say, no puede haber crisis económicas. De manera que en principio la crítica de Amico se desbarata muy fácilmente: dado que tanto Tapia como yo hemos afirmado que las crisis de sobreproducción se generan de manera endógena, no podemos afirmar que la oferta siempre genera su correspondiente demanda. O bien Amico demuestra que no afirmamos que las crisis se generan de forma endógena; o Amico demuestra que la ley de Say afirma que en determinadas coyunturas la oferta no genera su demanda correspondiente. Pero Amico no tiene manera de demostrar ninguna de estas cosas. Comprendo que tenga muchas ganas de criticarnos, pero no se trata de “ganar” una polémica a cualquier costo, sino de entender la lógica y los argumentos, y discutir desde allí.

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30/08/2011 at 10:13

FIT, Marx y los impuestos indirectos

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En los últimos días Jorge Altamira, principal candidato del FIT, planteó que el Frente levanta como consigna reivindicativa la eliminación del IVA (impuesto al valor agregado), por considerarlo una forma de elevar los salarios. El IVA sería reemplazado por impuestos directos a las plusvalías. Altamira sostuvo que la abolición de los impuestos indirectos es una demanda “natural” de un socialista. Sin embargo, no encontré hasta el momento ninguna fundamentación teórica -tratándose del FIT, se supone que debería basarse en la teoría del valor y de la plusvalía- del porqué de esta demanda. Pero las reivindicaciones que se formulan desde las organizaciones marxistas tiene que sustentarse en un análisis de las relaciones sociales subyacentes. En este respecto, tengamos en cuenta que el “buen sentido común” no siempre es un buen consejero. Por ejemplo, así como desde “lo inmediatamente evidente” parece natural elevar los salarios eliminando el IVA, también se podría sostener que los salarios (también las pensiones y seguros de desempleo, etc.) se pueden aumentar elevándolos directamente el 21% (=IVA); con lo cual se lograría, además, que los que viven de las plusvalías sigan pagando el impuesto. En términos de “sentido común”, la segunda parece una mejor opción. Pero por este camino, la discusión amenaza estancarse en el enfrentamiento entre dos “sentidos comunes”. Para evitarlo, es necesario un análisis de los impuestos basado en la teoría del valor. El punto que vamos a sostener en esta nota es que el valor de la fuerza de trabajo no depende de la estructura impositiva. Esta cuestión conecta con el hecho de que, en la teoría de Marx, así como en la de Ricardo, los salarios están dados, de manera que las ganancias son un “resto”, del que se pagan todos los impuestos.

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18/08/2011 at 15:08

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Una vez más, el oro

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Esta nota enlaza con otras que escribí sobre el rol del oro en la economía mundial (“Oro, teoría…” y “El rol monetario…”). Muchos economistas siguen sosteniendo que Marx estaba equivocado cuando señalaba que la moneda no puede desmaterializarse completamente, y que la relación del metal con el billete se mantiene de hecho -a través del mercado del oro-, aun cuando no exista oficialmente la convertibilidad oficial. Algunos incluso dicen que nuestra posición obedece a una especie de dogmatismo fanático. Frente a esta objeción, solo puedo decir que se trata de entender la realidad. Cada vez más en los mercados se admite que el oro (y parcialmente algunos metales preciosos) tiene características de activo monetario. Particularmente, es un dato de la realidad que con la profundización de la crisis financiera, el oro no se está comportando como una mercancía más, sino como la mercancía-equivalente, encarnación del valor. Es la reserva última de valor, lo cual da cuenta del porqué del alza de su precio a medida que aumenta la desconfianza en el dólar y el euro. Es evidente que el precio del oro se mueve de forma contracíclica, esto es, aumenta su demanda cuando aumentan los temores de una caída de la demanda y la producción globales. La demanda mundial de oro para inversión pasó de 620 toneladas en 2005 a 1672,3 toneladas en 2010. En 2010, solo en Londres, se comerciaba diariamente oro por valores de entre 67.000 y 220.000 millones de dólares. Desde el verano de 2007 hasta el presente la onza pasó de 650 dólares a 1778 dólares (cotización 10/08/11). En particular, en las dos últimas semanas, con el hundimiento de las acciones y la profundización de la caída tendencial del dólar, el oro no ha dejado de subir, a contramano de lo que sucede con los commodities. En lo que va del año, el precio del aluminio cayó un 2%, el del cobre más del 8%, el estaño casi el 14% y el petróleo el 10%. Subrayo, el oro no paró de subir. Esto no se puede explicar si no es en el marco de un comportamiento monetario.

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Written by rolandoastarita

10/08/2011 at 09:09

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