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Crédito, interés y capital financiero en la teoría de Marx
Charla en la facultad de Ciencias Sociales, UBA, sábado 13 de mayo
Aumento del salario, ¿una medida anticapitalista?

“El primer punto de nuestro programa anticapitalista es el salario mínimo de $500.000, indexado”. La definición corresponde a Manuela Castañeira, precandidata a presidenta por el Nuevo MAS. La declaración de la Convención Nacional del NM, realizada el 1° de mayo, precisa y amplía la propuesta. Afirma que el aumento del salario mínimo “estructura nuestro programa anticapitalista porque parte de dar solución al problema más sentido de las y los trabajadores: la miseria salarial” (énfasis nuestro). Explica también que la indexación mensual del salario sería una respuesta a la “avivada de los capitalistas que remarcan los precios todos los días”. Además comportaría un acto de soberanía porque al aumentar los salarios se retiene dinero que es parte de las ganancias fugadas al exterior por los capitalistas. También sería una medida anti-dolarización porque fortalecería “a la devaluada moneda nacional como medio de intercambio interno y protegería la soberanía monetaria”. Además, rompería con la precarización laboral y mejoraría las jubilaciones y pensiones (véase aquí).
Como acostumbran los programas trotskistas para hacer frente a las crisis capitalistas, el NM propone acompañar el aumento a $500.000 del salario mínimo con otras medidas: plan de obras públicas; congelar los precios de los productos de las grandes empresas “bajo control de la ciudadanía” [se reemplaza el tradicional pedido de control obrero por el control “ciudadano”]; expropiar y encarcelar a los que tienen dólares en el exterior y a los especuladores; establecer el monopolio del comercio exterior y de la banca “con el Estado como intermediario, todo bajo control de los trabajadores para garantizar los intereses del país” [ahora no son los ciudadanos sino los obreros los que controlan, para garantizar “los intereses del país”]; aumentar las retenciones a las exportaciones agrarias y eliminar el IVA; y estatizar la actividad minera bajo control de los trabajadores (ibíd.).
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La política socialista ante la guerra y la lucha de los obreros franceses

El disparador de esta entrada es un razonamiento, formulado desde posiciones de izquierda, que enlaza la caracterización de la guerra en Ucrania con la lucha de los obreros franceses contra la reforma, impulsada por Macron, del régimen de jubilaciones. Sus puntos centrales son:
a) Está en curso una guerra inter-imperialista de carácter mundial;
b) la lucha de los obreros franceses contra la reforma de Macron es, en esencia, un acto contra la guerra imperialista, porque debilita al gobierno de una potencia que participa en la guerra;
c) en consecuencia la posibilidad de derrotar esta guerra depende decisivamente de las movilizaciones y las acciones huelguísticas como las que se están desarrollando en Francia (con el lastre de las direcciones sindicales reformistas y conciliadoras).
Pues bien, no entiendo cómo se pretende acabar una guerra entre imperialismos por esta vía (en aras de la clarificación, supongamos que la de Ucrania sea una guerra entre dos imperialismos). Después de todo, Macron podría retroceder tácticamente en sus reformas si eso fuera necesario para la movilización general (reclutamiento masivo). Y lo mismo podría hacer cualquier otro gobierno capitalista. Más en general, la pregunta es ¿cómo se les ocurre a algunos marxistas que una guerra entre imperialismos se derrota luchando por un programa de demandas económicas en alguno, o algunos, de los países beligerantes? No es casual que a nadie en la tradición del socialismo revolucionario se le haya ocurrido semejante cosa. Por ejemplo, la política leninista del derrotismo revolucionario se basó precisamente en la convicción de que la guerra no se detiene meramente con luchas reivindicativas propias del programa mínimo. El programa de Trotsky ante la Segunda Guerra tampoco giró en torno a reivindicaciones económicas, sino fue específicamente “militar”. Se puede estar a favor o en contra (personalmente me parece cuestionable), pero de ninguna manera pasó por reivindicaciones elementales.
Lee el resto de esta entrada »Ernest Mandel y una acusación infamante

El pasado 30 de marzo, organizado por Poder Popular, Marabunta y Economistas de Izquierda, se realizó un homenaje al dirigente trotskista belga Ernest Mandel (1923-1995). En el evento participó Cristian Castillo, dirigente del PTS y del FIT-U; su intervención fue publicada en Ideas de izquierda. En términos generales, Castillo reivindicó los que considera aportes teóricos de Mandel, e hizo algunas críticas a sus posiciones políticas. Nada muy llamativo.
Pues bien, lo que motiva esta nota no es esta intervención de Castillo sino el artículo, publicado en Izquierda Socialista “El PTS y un homenaje a Ernest Mandel, firmado por Nicolás Núñez (aquí). Básicamente dice que el balance de Mandel como dirigente trotskista es altamente negativo, y que Castillo lo disimula. Según Núñez, Mandel incurrió en “sistemáticas capitulaciones a las direcciones reformistas y traidoras”; renunció a construir organizaciones revolucionarias basadas en el centralismo democrático; renunció a luchar por el gobierno de los trabajadores; y embelleció al capitalismo. En este marco, sostiene que Mandel traicionó (sic) a la Revolución Boliviana de 1952. Para no dejar lugar a dudas, lo dice dos veces: “Mandel encabezó al sector del trotskismo que fue cayendo en posiciones cada vez más revisionistas y oportunistas, traicionando la revolución obrera en Bolivia en 1952”. Y más abajo apunta contra Castillo por haber omitido mencionar “la traición de la Revolución Boliviana de 1952” de Ernest Mandel y Michel Pablo (otro dirigente trotskista).
Es una acusación tremenda, infamante. Es que un traidor es aquel que colabora con el enemigo, siendo a conciencia desleal con los suyos, o con la causa que dice defender. Y de acuerdo a IS, Mandel fue un “traidor a la clase obrera boliviana”. Aunque, puntualiza Núñez, los debates entre Nahuel Moreno (fundador y dirigente hasta su muerte de la corriente trotskista a la que adhiere IS) y Mandel eran “fuertísimos” pero “fraternales”. Sin embargo… ¿cómo se puede tener un trato “fraternal” con alguien que incurre nada menos que en traición? ¿Qué espacio queda para intercambios “fraternales” una vez que se ha lanzado semejante bomba? ¿Se tiene conciencia de lo que se significa, dentro de la izquierda, cuando se acusa a alguien de “traición” a la clase obrera? ¿O hay que recordarles a algunos energúmenos las bestialidades que se hicieron con la excusa de “acabar con los traidores” (o “los infiltrados”, o los “agentes del enemigo”, etcétera)?
Pero además, las caracterizaciones sobre posturas y políticas, máxime cuando se trata de militantes de la izquierda “radical”, deben tener alguna lógica. Mandel enfrentó al nazismo, y siendo muy joven adhirió al trotskismo, corriente en la que se mantuvo hasta su muerte. ¿Traicionó a la clase obrera boliviana en 1952 y luego siguió militando para qué? ¿Para seguir “traicionando”? ¿Y mientras tanto tenía discusiones “fraternales” con Nahuel Moreno? Por supuesto, muchos podrán decir que la política de Mandel frente a la revolución boliviana de 1952 fue equivocada; o que acarreó graves consecuencias negativas para la clase obrera. Pero eso es una cosa, y otra muy distinta es acusarlo de traición. Además, los trotskistas que apoyaron la orientación de Mandel y Pablo para Bolivia 1952, ¿también fueron traidores? ¿Y aquellos que hoy homenajean “al traidor de la clase obrera boliviana”, son encubridores de traiciones? ¿A dónde lleva esta lógica que no sea a la exacerbación de diferencias y a la exaltación de sectas que no pueden enhebrar con alguna lógica dos análisis seguidos?
Es necesario acabar, en el campo de la izquierda y el socialismo, con este tipo de calificativos lanzados sin ton ni son. La incultura y la brutalidad solo nos hacen retroceder.
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1e95Ytbke0YdzMjvqJQbYN8ul4UMNfFde-mi5Gp3YtqQ/edit?usp=sharing
Productividad y precios, marxismo y escuela austriaca

En una nota anterior, en polémica con Juan Ramón Rallo, sostuvimos que la teoría del valor trabajo de Marx encuentra una confirmación empírica en el hecho de que los precios de las mercancías producidas en las ramas con mayores progresos de productividad tienden a bajar más que los precios de las mercancías producidas en las ramas de menos avances de productividad. Cité, al respecto, estadísticas oficiales de Estados Unidos. Dijimos, además, que la teoría austriaca del valor no puede dar cuenta de este fenómeno. Esta última afirmación provocó la crítica de Rallo y partidarios de su posición. Básicamente sostuvieron que la teoría del valor austriaca asocia los aumentos de productividad con la caída de los precios.
Mi respuesta fue que, según la teoría austriaca del valor (Menger, Böhm-Bawerk, von Mises, Hayek, entre otros), cuando aumenta la productividad los precios pueden bajar, pero no necesariamente, ya que en última instancia están determinados –siempre según los austriacos- por las valoraciones de los consumidores. Por ejemplo, si suponemos la producción de una mercancía X que a la vez aumenta sus aplicaciones útiles (o sea, su valor de uso) y disminuyen los tiempos de trabajo necesarios para producirla, la teoría austriaca del valor entra en dificultades para explicar la caída del precio. La razón de fondo: solo puede vincular el aumento de la productividad con la caída de los precios a través del comportamiento de la demanda, y esta es determinada por las valoraciones subjetivas. Recordemos que el razonamiento base del enfoque es que a medida que aumenta la productividad en la industria que produce X, y aumenta su cantidad, cae su utilidad marginal y por lo tanto su precio. Es este razonamiento, sostenemos, el que quita sistematicidad a la relación aumento de productividad – caída tendencial del precio. En lo que sigue desarrollamos el argumento.
Lee el resto de esta entrada »El «Anti-Marx» sobre el salario: no son «minucias»

En las notas anteriores critiqué la teoría del salario que Juan Ramón Rallo atribuye a Marx en su libro “Anti-Marx” (aquí, aquí, aquí). Frente a mis críticas, una de las respuestas más repetida por Rallo y sus partidarios es que sacamos de contexto las citas del A-M, que exageramos diferencias, y que en realidad Rallo sostiene que, según Marx, los salarios reales pueden crecer. O sea, toda la polémica sería por un malentendido o peor, se debería a mis tergiversaciones, producto natural de mi deshonestidad intelectual y mala fe. Por ejemplo, citamos pasajes del AM y responden con “hace un mundo de una nimiedad”, o con “en otro lado Rallo dijo otra cosa”, y similares.
Por lo general, este tipo de respuestas es propio de aquellos que no tienen argumentos para enfrentar razonadamente las críticas. Sin embargo, aquí hay algo más. Es que en el fondo de esta polémica está el cargo que hacen los críticos a Marx: que su teoría del salario no puede explicar el significativo aumento, al menos en los países industrializados, de los salarios reales desde el siglo XIX hasta el presente. Es lo que dice Rallo, negro sobre blanco, en p. 964 del AM (y no desmiente en ningún otro lado ¿o van a decir que es una tergiversación mía?).
Lee el resto de esta entrada »El «Anti-Marx» y la teoría de los salarios de Marx

En una nota anterior (aquí) critiqué la afirmación de Juan Ramón Rallo, en p. 46 de su libro “Anti-Marx” (en adelante AM) de que, según la teoría de Marx, en el capitalismo “cada vez más trabajadores tienen menos y cada vez menos capitalistas tienen más. Sostuve que ninguna de las dos afirmaciones puede ser atribuida a Marx, e hice especial hincapié en que Marx, en su obra madura, rechazó la idea del creciente empobrecimiento absoluto de la clase obrera. En este sentido, destaqué la crítica de Román Rosdolsky a esa interpretación. En una nota posterior (aquí) precisé que Marx –como lo demuestra el mismo Rosdolsky- cambió la posición sobre los salarios de “El Manifiesto Comunista” (tesis del empobrecimiento creciente). Y subrayé la importancia de la crítica de Marx a la llamada ley de bronce de los salarios, que defendía Lasalle.
Mi intención con estas dos notas fue dar un botón de muestra del tipo de argumentos con los que Rallo y sus seguidores de la escuela austriaca pretenden “demoler” a Marx. No tenía otra pretensión. Pero Rallo y algunos de sus partidarios dijeron que había sacado la cita de la p. 46 de contexto y que la misma no dice lo que Rallo parece decir. Rallo agregó una estrambótica justificación referida a “flujos y stocks” de las tenencias de los obreros y, por sobre todas las cosas, me acusó de no haber leído AM (en Comentarios de las notas anteriores hay enlace a esta respuesta de Rallo). Algo así como que si yo hubiera leído AM no habría escrito lo que escribí acerca de la cita en p. 46.
Lee el resto de esta entrada »Pauperismo, ¿Marx se contradice?

En la nota anterior (aquí) explicamos que, contra lo que afirma Juan Ramón Rallo en su Anti-Marx, la teoría del salario de Marx no dice que el salario real tienda a bajar, o a permanecer en el mínimo de subsistencia fisiológica. Por eso Marx no adhería a la tesis de la pauperización creciente de la clase obrera. Al respecto escribí: “en la obra madura de Marx –de los Grundrisse en adelante- no hay rastros de que adhiriera a tal concepción de la pauperización de la clase obrera. No solo no hay rastros; tampoco encaja en su teoría económica”. Y presenté abundante argumentación de que la teoría del salario de Marx no dice lo que Rallo dice que dice.
Pensé que el asunto estaba bastante claro, pero defensores del Anti-Marx ahora apuntan a El manifiesto comunista. Es que en ese texto Marx plantea que el salario está a nivel de subsistencia, y que la situación de la clase obrera tiende al pauperismo. “El precio medio del trabajo asalariado es el mínimo del salario, es decir, la suma de los medios de subsistencia necesarios para conservar al obrero vivo como tal”. También: “… el trabajador moderno, en lugar de elevarse con el progreso de la industria, se sumerge cada vez más profundamente por debajo de las condiciones de su propia clase. El trabajador se convierte en pauper, y el pauperismo se desarrolla aún con mayor rapidez que la población y la riqueza”. A partir de aquí, un partidario del Anti-Marx deriva que Marx tuvo posiciones contradictorias con respecto al salario y el pauperismo. Y algún otro incluso pregunta por qué no cité estos pasajes de El manifiesto… en mi anterior nota.
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