Posts Tagged ‘Marxismo’
«Ultra-sraffianos» y la teoría de Marx (primera parte)

El objetivo de esta nota es discutir la afirmación de los autores sraffianos (más precisamente, “ultra- sraffianos”, siguiendo a Roncaglia 1980), de que la teoría del valor desarrollada por Marx es innecesaria, y que el funcionamiento del sistema capitalista puede ser explicado adecuadamente a partir de los enfoques de Bortkiewicz y Sraffa. En este sentido amplía cuestiones que discutí en la anterior nota. Dada la cantidad de los temas que deberían ser discutidos, focalizo la atención en la problemática de los precios y valores; solo accesoriamente menciono derivaciones referidas a la concepción del dinero y los activos financieros, y no analizo otras cuestiones importantes, tales como la noción sraffiana de producto neto y su relación con el salario. De todas formas, el meollo de las diferencias entre la concepción ultra-sraffiana y la marxista reside en la cuestión de los precios y el valor. También, y con el objetivo de adaptarla al blog, he dividido la nota en tres partes.
Presentación Video

En Agencia A.N.T pueden encontrar el video de una charla que di, a fines de junio, en la Universidad Nacional de Quilmes para un grupo de propaganda que se está conformando. El tema central era discutir el concepto de trabajo productivo e improductivo de Marx.
Valor trabajo, el problema de la transformación y crítica sraffiana

El propósito de esta nota es volver al debate que se generó a partir del trabajo de Sraffa, y en especial de sus continuadores, en torno a la teoría del valor trabajo de Marx. Pienso que puede ser de interés para estudiantes y gente que se acerca a Marx, y muchas veces pregunta si el problema de la transformación no ha cuestionado de fondo la teoría de El Capital.
Recordemos que los autores llamados de la escuela de Cambridge (también conocidos como sraffianos o de la escuela anglo-italiana), realizaron una crítica abarcativa de la teoría económica neoclásica. Ya en los años 1920 Sraffa había demostrado que la determinación de los precios por medio de las curvas de oferta y demanda marshallianas exigía supuestos “heroicos” acerca de los rendimientos, y había planteado que los precios debían poder determinarse con independencia de cualquier suposición sobre los rendimientos. Luego, en la década de los 50, Joan Robinson y Nicholas Kaldor adelantaron las críticas principales a la teoría neoclásica del capital. En 1960 Sraffa publicó Producción de mercancías por medio de mercancías, donde mostró cómo se pueden determinar los precios a partir de un sistema de coeficientes de insumos de trabajo y bienes, abandonando el intento marginalista de determinar simultáneamente precios y cantidades de equilibrio; paralelamente Sraffa puso al desnudo las incoherencias de la teoría neoclásica del capital. En las dos décadas que siguieron, los sraffianos o neorricardianos profundizaron la crítica, que nunca pudo ser respondida adecuadamente por los neoclásicos. De hecho, las “respuestas” hasta el momento pasan por disimular las dificultades teóricas y las incoherencias (véase «Dificultades neoclásicas…).
Enseñanza de macroeconomía y crisis griega

Macroeconomía, de Olivier Blanchard y Daniel Pérez Enrri, constituye hoy el texto “base” de los cursos de macro en las facultades de Ciencias Económicas argentinas. A pesar de que es ampliamente utilizado, ha sido cuestionado por docentes y estudiantes de izquierda y heterodoxos, interesados en que haya un cambio en los contenidos de las carreras de economía. Centralmente objetan que el texto solo expone la teoría neoclásica dominante, que desconoce otros enfoques, y que al imponerlo como único texto se silencian otras campanas. Frente a esto, algunos docentes de macroeconomía argumentan que el manual de Blanchard y Pérez Enrri (en adelante BPE) es keynesiano, y en el fondo “heterodoxo”; y que suministra los elementos teóricos adecuados para interpretar la realidad contemporánea, incluso con un sentido crítico. Los críticos responden que el libro ofrece una visión distorsionada del capitalismo, y que su utilidad es muy dudosa. En lo que sigue presento argumentos en apoyo de esta segunda postura, a partir de analizar cómo se aplica la teoría de BPE a la presente crisis económica griega (un análisis alternativo en «crisis griega«). Al hacerlo, sigo una recomendación de los propios BPE. Es que según BPE, los macroeconomistas deben preguntarse continuamente si sus modelos explican las experiencias que observan (p. 2). ¿Puede dar cuenta entonces el conocido manual de lo que está sucediendo en Grecia? Para responder, comienzo sintetizando el enfoque general de BPE.
Discusiones sobre intercambio desigual

En esta nota presento de manera sencilla la diferencia que tengo con Anwar Shaikh y Guglielmo Carchedi acerca de la tesis del intercambio desigual. Carchedi, y en particular Shaikh, son hoy los marxistas más referenciados en el tema. En la primera parte de la nota introduzco el problema, tal como lo elaboró originariamente Arghiri Emmanuel. Luego presento el intercambio desigual en Shaikh y Carchedi. Por último, mi objeción y alternativa(el argumento completo puede verse en Astarita 2006 o 2009).
El adios al «socialismo» sueco y la lógica del capital

El “disparador” que me indujo a escribir esta entrada es la nota sobre la coyuntura de Suecia que publica The Economist del 11 de junio. En esencia el artículo -“La estrella del norte”- sostiene que la economía sueca está en excelente forma, y que esto es el resultado de las reformas que se han venido instrumentando en los últimos años, dedicadas a “liberar” al país de la carga del estado de bienestar. The Economist apunta que en el primer trimestre de 2011 el PBI creció a una tasa anual del 6,4%; que el desempleo está cayendo (aunque en abril se ubicaba en el 7,9%); que el presupuesto fiscal tiene superávit este año; y que la deuda pública representa el 49% del PBI (contra el 82% en 1998). Dice a continuación que el éxito se debe a que Suecia es un gran exportador industrial, y que el estar por fuera del euro ayudó porque la corona primero cayó, antes de volver a revaluarse. Pero más importantes, agrega The Economist, han sido las medidas prudentes y pro mercado de la coalición de centro derecha que está en el poder desde 2006. Por un lado porque el ministro de finanzas aprendió de las lecciones que dejó la gran crisis bancaria de Suecia de principios de los 90, de manera que en los últimos años la supervisión bancaria y las reglas presupuestarias fueron reforzadas e impidieron la formación de una burbuja. Por otra parte, porque se ha avanzado en la reducción del rol del estado. La participación del sector público en el PBI ha descendido a un nivel apenas por encima del 50%, y el gobierno ha bajado los salarios y disminuido los beneficios sociales, lo que habría “reforzado la ética del trabajo”. Esto porque el gobierno quitó beneficios por enfermedades, y ya no existen “excesos de bienestar”; la edad de jubilación se elevó a los 67 años, y el gobierno cree firmemente en la propiedad como el motor hacia la prosperidad. A resultas de estas medidas, el sector privado crea empleos, y la experiencia sueca está siendo tomada como modelo por otros gobiernos de la derecha, entre ellos el británico. La nota termina diciendo que “para muchos de la izquierda europea, la Socialdemocracia sueca era un paraíso estatista. Ahora es la derecha la que mira al norte en busca de inspiración”. ¿Qué podemos decir los marxistas sobre esto? Para responder esta pregunta, es necesario ubicar el marco general del análisis.
Endeudamiento de EEUU y rol del dólar
En esta nota amplío cuestiones que planteé en “Guerra de monedas”, y también respondo a la idea de que EEUU puede endeudarse indefinidamente para salir de la crisis (en este respecto esta nota continúa la anterior «crisis, gasto…). Recuerdo que según esta visión, el crecimiento indefinido de la deuda estadounidense no afectaría a la tasa de interés, ni en general al sistema financiero o la economía. En otras palabras, la deuda pública de EEUU podría aumentarse todo lo que se desee, debido a que los títulos del Tesoro siempre son demandados por los inversores internacionales, y por lo tanto la tasa de interés permanece baja. En esta nota planteo que en la medida en que el déficit fiscal de EEUU continúe creciendo, se agudiza la contradicción entre el rol del dólar como dinero mundial, y su función de equivalente nacional; y que esto implicará, en el mediano o largo plazo, una profunda desvalorización de los activos detentados por los países acreedores. Es lo que en un marco de análisis más ortodoxo, Farhi, Gourinchas y Rey han denominado, en un trabajo reciente, un nuevo escenario Triffin, en alusión a la situación que llevó a la crisis al sistema de Bretton Woods. Para ubicar el problema, comienzo señalando brevemente el status contradictorio del dólar, y la evolución de las reservas internacionales en la última década.
Izquierda, indignados y acción política

La irrupción del movimiento de los indignados en España y otros países plantea una cuestión importante para las organizaciones de izquierda. Es que éstas elaboran sus programas, tácticas y campañas políticas en la idea de que expresan las aspiraciones de los trabajadores y de los oprimidos, y con la esperanza de que cuando las contradicciones del sistema capitalista estallen y las masas se movilicen, éstas tomarán en cuenta a la izquierda. La aspiración de “máxima” es que llegado el momento crítico, los trabajadores asuman como propias las consignas de los partidos revolucionarios y confíen en sus tácticas y estrategias.
Sin embargo sucede que cuando surgen movimientos masivos, como el de los indignados en España o antes los cacerolazos en Argentina, los mismos transcurren por canales independientes de las organizaciones. Lo ocurrido en Argentina es ilustrativo. En 2001 los partidos de la izquierda radical eran conocidos, tenían una larga tradición (en algunos casos más de medio siglo) de actividad, y agrupaban algunos miles de militantes. Pero la gente movilizada no tuvo ningún acercamiento espontáneo hacia las organizaciones de izquierda. Destaco que según el análisis de muchos grupos de izquierda, o marxistas, en 2001 se produjo una “ruptura revolucionaria” (todavía en diciembre de 2002 el dirigente de un partido trotskista me aseguraba, en una discusión pública, que la situación en Argentina era similar a la de Rusia en 1917). Era de esperar entonces que las consignas de la izquieda “prendieran” en ese terreno fértil. Pero esto no ocurrió. Los militantes de izquierda intervinieron en las asambleas barriales -que agruparon a un pequeño sector de la población de la Capital Federal- y lograron que votaran sus programas, pero esas resoluciones no trascendieron de los pequeños círculos. Además, en varias asambleas los vecinos dejaban de asistir cuando advertían que eran “copadas” por los militantes. Lo más importante es que la población trabajadora no adoptó esas consignas, en una coyuntura crítica y de enorme desprestigio de la dirigencia política burguesa (aunque personalmente estoy convencido de que se estaba lejos de una revolución). El único dirigente de izquierda que capitalizó algo del descontento fue Luis Zamora, pero a partir de un discurso centrado en la “autonomía” y la “autodeterminación”. Y con el tiempo su grupo también se debilitó y disgregó.
Ahora en España, y en capitales europeas en las que se manifiestan los indignados, se repite algo de esto. El movimiento estalla, pero la izquierda organizada tiene poco que ver en el asunto. Cabe entonces preguntarse por qué la actividad de agitación de años da tan pocos frutos. Aclaro que en lo que sigue tengo presente a las organizaciones que continúan siendo críticas del sistema capitalista, y procuran superarlo. Esto es, no entran en esta consideración casos como el Partido Comunista argentino, que defiende al gobierno capitalista.
Indignados y democracia

En esta nota presento algunas reflexiones sobre el movimiento de los indignados. Recordemos que el trasfondo social del movimiento son la desocupación -entre los jóvenes españoles alcanza el 45%-, los bajos salarios, los trabajos descalificados y rutinarios -incluso para muchos que se han licenciado en centros universitarios-, y la falta de perspectivas dentro del sistema. Problemas que se repiten en prácticamente todos los países desarrollados. Para hacer frente a esta situación el movimiento promueve una democracia participativa, cuestiona el bipartidismo, critica la corrupción de los políticos, funcionarios y empresarios, y exige que las decisiones no las tomen los mercados, sino los representantes del pueblo. La movilización se ha desarrollado al margen de las organizaciones partidarias, en la idea de la “autogestión”. Anotemos también que parece haber claros puntos de contacto con las movilizaciones en los países árabes, en tanto que todas están recorridas por el afán de ampliar libertades y derechos democráticos. Aunque el movimiento árabe está luchando contra dictaduras, en tanto los indignados de España, y de otros países europeos, buscan ampliar la democracia capitalista. Su idea es que para solucionar los problemas sociales que los afectan es necesario ampliar la democracia capitalista. En la nota entonces me concentro en este aspecto del asunto.
Explicación de la ganancia y manuales de macro
Explicar el origen y la naturaleza de la ganancia capitalista siempre ha sido un problema para la economía neoclásica. Dado que en otra nota del blog pasé revista a la crítica de la escuela de Cambridge a la tesis neoclásica del capital (ver “Barriendo...), aquí analizo brevemente la forma en que se presenta la ganancia en dos de los manuales de macroeconomía más utilizados, Dornbusch, Fisher y Startz (DFS); y Blanchard y Pérez Enrri (BPE). Ambos son básicos para la formación de miles de estudiantes, no solo de “Economics”, sino también de administración de empresas, contaduría y similares. El tema es cómo se explica en estos textos el porqué y el cómo de la ganancia en la economía capitalista.
El manual de Dornbusch y Fisher
En el capítulo 2 de DSF se describe una economía elemental para introducir los conceptos básicos. Esa economía está formada por estudiantes, que se dedican a hacer tartas, y el lector es el empresario. El lector-empresario contrata a varios amigos para estirar la masa, y alquila una cocina con otro amigo. Los factores de producción son entonces los amigos (el trabajo) y las cocinas (el capital). La producción es el número de tartas. Se puede establecer así una relación, llamada función de producción:
Tartas = f (amigos, cocinas)
Esto es, la producción (Y) es función del trabajo (L) y del capital (K). Una vez horneadas las tartas, siguen DFS, el empresario-lector entrega algunas tartas a los amigos, en pago por su trabajo; constituyen la renta salarial. También aparta un trozo de cada tarta para entregarla al Estado en concepto de seguridad social (lo que es otro pago al trabajo). También una tarta se la queda el empresario-lector, “en justo pago de sus conocimientos de gestión”. Se precisa entonces que esta tarta “también es un pago al trabajo”. Por otra parte, el empresario-lector deja una cuantas tartas para el dueño de la cocina; son los pagos al capital. Y ahora aparece el milagro. DSF afirman “el resto constituye un verdadero beneficio”. Para que quede más claro, agregan una ecuación:















