El régimen castro-stalinista y la protesta social. Elementos para el análisis

En “Comentarios” del blog me preguntaron por mi opinión acerca de lo que está ocurriendo en Cuba. En una nota anterior, publicada en 2014-15 (aquí y siguientes) he tratado el tema del régimen cubano. En esta entrada reproduzco algunos pasajes que pueden ayudar al análisis de lo que está sucediendo.
Economía de escasez
“… igual que sucedía en la URSS y en otros regímenes de tipo soviético, la cubana es una economía de escasez. La razón fundamental es la baja productividad (reconocida por la propia dirección). Por eso, y a diferencia de lo que ocurre en el modo de producción capitalista, la crisis en una economía estatista burocrática como la cubana (pero también puede ocurrir en capitalismos de Estado), no se manifiesta en un exceso de oferta, sino de demanda. En otros términos, no se trata de crisis de sobreproducción, sino de “infra-producción” (el tema de la inversión es más complejo: en la URSS existía sobreinversión, pero ineficiente, en Cuba la inversión es débil). (…)
La economía de escasez, a su vez, da lugar a una serie de fenómenos específicos. Uno de ellos es la cola: millones de cubanos pasan horas haciendo colas para conseguir algunos productos básicos que escasean, o los productos que están subsidiados (a lo que se agregan las colas debidas a la maraña de burocracia; incluso Granma registra quejas por esto). Lógicamente, esto repercute negativamente en la conciencia social, la convivencia y, en última instancia, en la productividad general de la economía… . Otro fenómeno característico es el agudo desabastecimiento cíclico de determinados productos.
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Entre las muchas diferencias que tengo con el FIT, una de las más importantes se refiere a la agitación de las consignas de transición (al socialismo). Dada la relevancia del tema para la izquierda, en esta entrada presento la concepción de Marx y Engels sobre el programa de transición (con alguna observación de Lenin); y en contraste, la concepción trotskista. Para esto último, me baso en referencias a Trotsky y en “La cuestión energética y un planteo socialista”, de Norberto Calducci, publicado en Prensa Obrera el 7 de julio de 2021 (aquí), un escrito representativo del enfoque trotskista en el presente.
El programa transicional en Marx y Engels
Hasta donde alcanza mi conocimiento, el programa de transición fue presentado por primera vez por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista. Se trata de medidas para impulsar a la clase obrera hacia la abolición de la propiedad privada, hacia el socialismo. Entre ellas, la expropiación de la propiedad de la tierra; el establecimiento de impuestos fuertemente progresivos; la abolición de la herencia; la confiscación de la propiedad de los emigrados y enemigos de la revolución; la centralización del crédito por el Estado y de todos los medios de transporte; el trabajo obligatorio para todos. Lo fundamental es que este programa fue concebido para ser aplicado por la clase obrera desde el poder: “la primera etapa de la revolución obrera es la constitución de la clase obrera en clase directora, la conquista del poder público por la democracia”. El programa tenía sentido entonces en conexión con la toma del poder por los trabajadores.
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En una nota anterior (aquí) hice referencia a que la producción, distribución y aplicación de las vacunas anti-Covid se basa en el trabajo de miles de científicos, técnicos y trabajadores en general. En esta entrada presento algunas reflexiones sobre la naturaleza y función de las patentes (o sea, no trato los copyrights que se aplican a las creaciones artísticas ni los derechos de propiedad sobre las marcas comerciales) en el modo de producción capitalista.
Recordemos que las patentes son concedidas por los Estados a quienes aplican conocimientos científicos a la producción de un nuevo producto, o a la generación de un nuevo proceso de producción, o de comercialización. Los beneficiarios de la patente tienen el derecho exclusivo de controlar la producción y venta de un determinado producto, o de un proceso productivo, durante un lapso de tiempo, que por lo general se establece en 20 años. De esta forma las patentes generan una relación de propiedad sobre el conocimiento científico aplicado o tecnológico. Es que en tanto los bienes físicos son bienes rivales, los conocimientos son no rivales y en el sistema basado en la propiedad privada “exigen” protección. Si Juan, por ejemplo, tiene el bien físico X y lo entrega a Pedro, Juan deja de poseer X. Si en cambio Juan tiene un conocimiento Z y lo entrega a Pedro, ambos pasan a tener Z. En consecuencia, en tanto la propiedad privada de medios de producción y bienes físicos es fuente directa de poder económico para el capitalista, el conocimiento necesita de la exclusión, legalmente establecida e institucionalmente garantizada para convertirse en fuente de poder económico para el capitalista. En otros términos, dado que un avance científico es compartible infinitamente, la patente lo transforma –durante el tiempo en que esté vigente- en propiedad privada. Por eso a medida que avanzó la mundialización del capital, el tema se hizo global. El Agreement on Trade-Related Aspects of Intellectual Property Rights (TRIPS), de la OMC, negociado entre 1986 y 1994 en la Ronda de Uruguay introdujo por primera vez reglas de propiedad intelectual en el sistema de comercio multilateral. El Acuerdo TRIPS establece los derechos mínimos que debe tener un propietario de patente, y define las condiciones bajo las cuales se permiten excepciones a esos derechos.
Lee el resto de esta entrada »Reflexión sobre los programas de la izquierda

Con frecuencia encuentro que compañeros de la izquierda hacen una suerte de fetichismo de los programas en torno a los cuales se forman coaliciones y frentes electorales.
Sin negar que tienen su importancia, hay que decir que los programas no son todo, ya que también debe tenerse en cuenta la política, la estrategia y las acciones concretas que despliegan las fuerzas que los suscriben. Como alguna vez escribió Engels, “en general, importan menos los programas oficiales de los partidos que sus actos” (carta 18 de marzo de 1875). Es que un partido, o una coalición, pueden tener un programa más o menos ortodoxamente socialista, y sin embargo desarrollar una práctica (propaganda cotidiana, política, consignas de movilización) inficionada de pies a cabeza por la ideología burguesa, el estatismo burgués o el nacionalismo. Además, ha ocurrido que corrientes burguesas o pequeñoburguesas, y direcciones sindicales burocráticas, suscriban programas “muy revolucionarios” por razones meramente oportunistas. A modo de ilustración, en anexo presento los programas de La Falda y Huerta Grande, aprobados por las direcciones sindicales peronistas en 1957 y 1962, respectivamente. Votaron esos programas y no movieron un pelo para plasmarlos en la vida real. Peor todavía, eran acérrimos enemigos del socialismo y de todo lo que oliera a internacionalismo.
Lee el resto de esta entrada »Subconsumismo, respuesta a «Prensa Obrera»

En una nota anterior (aquí) critiqué un artículo de Iván Hirsch, “¿Por qué el gobierno no puede domar la inflación?”, publicado en Prensa Obrera del 17 de junio. El punto central de mi crítica fue motivado por el siguiente pasaje:
“En un régimen en que la producción social se mueve por la búsqueda de ganancia, la cual depende de la explotación de los trabajadores, es fácil comprender por qué los empresarios buscarán por todos los medios posibles reducir el «costo laboral»; pero, contradictoriamente, con ello minan el poder adquisitivo de los consumidores y terminan contrayendo el mercado, que es donde deben realizar la ganancia mediante la venta de sus mercancías” (subrayado mío).
¿Cuál es el error de Hirsch? Pues sostener que la realización de las ganancias de los capitalistas depende de los salarios. Es el enfoque base de los subconsumistas. Esto es, los que dicen que las crisis capitalistas, o el estancamiento, se deben al escaso poder adquisitivo de las masas trabajadoras. En oposición a esta postura, sostenemos que la realización de las ganancias no depende de los salarios. La razón es sencilla de entender: para que haya plusvalía el obrero debe entregar trabajo gratuito al capitalista. Y porque entrega trabajo gratuito su poder de consumo equivale solo al capital variable invertido por capitalista. Esto significa que es menor que el valor que genera. Lo ponemos en fórmula:
Consumo obrero = capital variable ‹ valor agregado (capital variable + plusvalía).
Es el ABC de la teoría de la plusvalía de Marx y es el meollo de su crítica a la tesis subconsumista.
Lee el resto de esta entrada »Entrevista en «Diálogos», marxismo, keynesianismo e izquierda
Les dejo el link que conecta con la entrevista que me hicieron el pasado 19 de junio.
«Prensa Obrera» ¿ahora subconsumista?

En Prensa Obrera del 17/06 se publica una nota de Iván Hirsch que tiene por título “¿Por qué el gobierno no puede domar la inflación?” (aquí). El artículo está plagado de incoherencias y errores, pero aquí solo me refiero al siguiente pasaje: “En un régimen en que la producción social se mueve por la búsqueda de ganancia, la cual depende de la explotación de los trabajadores, es fácil comprender por qué los empresarios buscarán por todos los medios posibles reducir el «costo laboral»; pero, contradictoriamente, con ello minan el poder adquisitivo de los consumidores y terminan contrayendo el mercado, que es donde deben realizar la ganancia mediante la venta de sus mercancías”.
La realidad es que en el sistema capitalista la demanda de la clase obrera solo representa una parte del valor agregado por el trabajo. La parte conformada por el trabajo no pagado, esto es, la plusvalía, jamás puede ser realizada por los trabajadores. Es realizada por los capitalistas, ya sea adquiriendo bienes de consumo, o acumulando capital (adquisición de medios de producción). Por eso, y contra lo que dice Iván Hirsch, la realización de la ganancia no puede depender de los salarios. La compra de bienes salariales solo realiza el equivalente a lo invertido por los capitalistas en capital variable (véase, por ejemplo, aquí). Por eso, salarios bajos pueden ir de la mano de elevadas ganancias, y en tanto estas se reinvierten, de elevada demanda. Una situación que ha sido relativamente común en la historia del capitalismo.
Lee el resto de esta entrada »MELT y la teoría del valor de Marx

En notas anteriores (véase aquí y aquí) me referí a la “expresión monetaria del tiempo de trabajo” (MELT por sus siglas en inglés), una noción que originariamente fue planteada por teóricos de la escuela francesa de la regulación (Aglietta y Lipietz) y luego adoptaron muchos marxistas. La idea de la MELT es que a partir de la inconvertibilidad oficial del billete el valor que representa el dinero ya no se establece por referencia al oro, sino por la relación entre la masa monetaria multiplicada por la velocidad de circulación del dinero, y la cantidad de horas de trabajo empleadas en la producción.
Recordemos que, según la teoría monetaria de Marx, el dinero es encarnación de valor con independencia de que circule en mayor o menor cantidad, o que varíe su velocidad. Además, las mercancías llegan al mercado con un precio tentativo (o sea, establecido antes de la circulación); y en la venta se validan, o no, los tiempos de trabajo privado invertidos en la producción como partes del tiempo de trabajo socialmente necesario. En este respecto una crisis capitalista consiste, esencialmente, en una profunda desvalorización de las mercancías. Para que ocurra esto, el dinero debe encarnar valor por fuera y con independencia de que circule en mayor o menor cantidad.
Lee el resto de esta entrada »El infatuado gobernador y el trabajador de Bertolt Brecht

“Yo vacuné a una ciudad de Buenos Aires y media, pero a mí me falta mucho vacunar” (Axel Kicillof, 4/06/2021).
Infatuado: el término se refiere a volver alguien fatuo, presumido, petulante, vanidoso, presumido, jactancioso, ostentoso, fanfarrón, aparatoso; que está lleno de presunción o de jactancia de manera extravagante, o ridícula.
Bertolt Brecht, «Preguntas de un trabajador que lee»
¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?
En los libros aparecen los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió siempre a construir? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los constructores?
¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue terminada la Muralla China? La gran Roma
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes
triunfaron los Césares? ¿Es que Bizancio, la tan cantada,
sólo tenía palacios para sus habitantes? Hasta en la
legendaria Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los que se hundían,
gritaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César derrotó a los galos.
¿No llevaba siquiera cocinero?
Felipe de España lloró cuando su flota
Fue hundida. ¿No lloró nadie más?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años
¿Quién
venció además de él?
Cada página una victoria.
¿Quién cocinó el banquete de la victoria?
Cada diez años un gran hombre.
¿Quién pagó los gastos?
Tantas historias.
Tantas preguntas.
Breve reflexión: Marx y Engels alguna vez escribieron que “cuando se constituyó la Internacional formulamos expresamente el grito de combate: la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma” (carta del 17 septiembre de 1879). Es el eje de la lucha socialista. Consigna que convoca a tomar conciencia del poder transformador de la clase obrera, y por eso mismo, del carácter social de las fuerzas productivas. De ahí el contenido reaccionario de todo discurso que desplaza o disimula esa centralidad del poder del trabajo. Concretamente, ¿acaso no son miles de científicos y técnicos los que han desarrollado las vacunas? ¿No son decenas de miles de trabajadores los que se ocupan de conservarlas, transportarlas, acondicionar los centros de vacunación? ¿No son también decenas de miles los que están vacunando? Esto es claro, pero al infatuado gobernador lo tiene sin cuidado porque su objetivo es borrar discursivamente a los millones de asalariados que sostienen el edificio social y generan riqueza. “Yo soy el que vacuna”, nos dice. La masa informe y pasiva del pueblo salvada desde las alturas del todopoderoso funcionario.
El mensaje del marxismo es el opuesto. La producción es social, y tiene un carácter cada vez más social. Pero la apropiación es privada y sometida a la lógica de la ganancia. Por eso, a las preguntas del obrero de Brecht podemos sumarle la pregunta del obrero siglo XXI: ¿quiénes producen, transportan y aplican las vacunas? ¿Los accionistas? ¿Los altos funcionarios? ¿Quiénes generan los miles de millones de ganancias que están teniendo los laboratorios? ¿Quiénes? “Tantas crónicas, tantas preguntas”.
Para descargar documento: https://docs.google.com/document/d/1GZRCh6PcvMWHgoM9yQx668_WK_UjC96Hw5qBCpWEvLA/edit?usp=sharing
Sobre el ataque a Giordano, sionismo y limpieza étnica

Días pasados se desató una feroz campaña contra el diputado Juan Carlos Giordano, de Izquierda Socialista – Frente de Izquierda. El “pecado” de Giordano fue criticar al sionismo y al Estado de Israel. Organizaciones sionistas, periodistas y políticos (en primera fila, los de Juntos por el Cambio) lo acusaron de antisemita y algunos hasta pidieron su expulsión del Congreso. Los acusadores sostienen que “estar en contra del sionismo equivale a ser antisemita”. En otros términos, según esta gente Giordano es un nazi, o poco menos que un nazi. Por supuesto, ninguna de las lumbreras de esta campaña puede explicar cómo es que un partido trotskista que ha luchado contra dictaduras militares, que siempre se opuso al nazismo y al fascismo, tenga ahora a diputados y dirigentes defendiendo a nazis y antisemitas. Menos todavía explican cuáles son las causas, históricas, políticas y sociales, que subyacen al enfrentamiento entre palestinos e israelitas. ¿Será que los palestinos tienen, por nacimiento, el gen del antisemitismo?
A los efectos de proporcionar elementos para el análisis y debate de estas cuestiones, en esta nota resumo lo principal de The Ethnic Cleansing of Palestine, del historiador israelí Ilan Pappe. El libro de Pappe está enfocado en la limpieza étnica de Palestina, llevada a cabo en 1948 por las unidades militares judías. Un hecho que, como veremos, es revelador de la naturaleza del sionismo y del Estado de Israel.
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