Programa de transición, respuesta a la segunda crítica del PTS

En las últimas semanas estoy manteniendo una discusión con el PTS acerca de la política trotskista centrada en el programa de transición (véase aquí, aquí, aquí). El último domingo el PTS publicó una nueva respuesta a mis críticas, “Una vez más sobre el Programa de Transición y el olvido de la estrategia”, de Matías Maiello (aquí). En esta entrada respondo a Maiello. Pero antes quiero recordar las cuestiones centrales que nos dividen.
Los puntos centrales
Trotsky y los trotskistas sostienen que es necesario agitar consignas de transición al socialismo con el fin de movilizar a las masas, y que esta táctica fue y es aplicable a todos los países capitalistas a partir de 1914. -El presupuesto de esta política es que las fuerzas productivas a nivel global dejaron de desarrollarse desde el inicio de la Primera Guerra; que en consecuencia las masas no pueden obtener mejoras económicas o democráticas “serias”; y por lo tanto, toda demanda elemental debe ser vinculada al programa transicional al socialismo. Por ejemplo, frente a la desocupación la consigna es “escala móvil de horas de trabajo y de salario”. En el mismo sentido, frente a otros males se agitará la estatización de las empresas que quiebren; o estatizaciones para frenar la fuga de capitales y la inflación, o el control obrero, etcétera.
En todos los casos, los trotskistas presentan estas demandas sin aclarar las condiciones necesarias para que su aplicación sea revolucionaria. Por ejemplo, nunca se dice que el control obrero real solo es posible si las masas obreras están “de pie y con las armas en la mano” (como pedía Engels que se dijera, véase aquí); de la misma manera, y a fin de hacer potables ante la opinión pública las medidas transicionales que se levantan, se disimulan y ocultan aspectos centrales de la crítica marxista al capitalismo. Es que la táctica consiste en concentrarse en una o dos consignas transicionales, con el objetivo de arrancar la movilización. Vinculado a este enfoque, los trotskistas sostienen que la división entre programa máximo y mínimo es sinónimo de falta de estrategia revolucionaria.
Lee el resto de esta entrada »Javier Milei, el rebuzno de la barbarie

Recientemente el candidato a diputado por la Ciudad de Buenos Aires, Javier Milei, dio una entrevista por Twich a Julián Serrano, y respondió preguntas de los oyentes. Uno de estos le preguntó acerca del calentamiento global. Milei respondió que “es otra de las mentiras del socialismo”. “Hace 10 o 15 años se discutía si el planeta se iba a congelar, ahora se discute si se calienta”. Agregó que “aquellos que conozcan cómo se hacen esas simulaciones, van a ver que las pulsiones están sobre saturadas en determinados parámetros a propósito para generar miedo más allá del tiempo”.
Calentamiento global, es un hecho
Los seres humanos calentaron el planeta unos 1.1 grados desde el siglo XIX. Esto es un dato de la realidad, no una simulación. Lo acaba de decir un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, siglas en inglés) de las Naciones Unidas. Ese aumento de la temperatura global es la consecuencia de arrojar dióxido de carbono a la atmósfera, al quemar carbón, petróleo y gas para obtener energía; y de la desforestación llevada a cabo por los seres humanos en vastas zonas del planeta. En relación con ese aumento de la temperatura, el nivel del mar se elevó 20 cm en el último siglo, y el ritmo de aumento se ha duplicado desde 2006. Es muy probable que la última década sea la más calurosa del planeta en 125.000 años. Los glaciares se derriten y retroceden a un ritmo sin precedente en al menos dos millones de años. Todos estos datos –que La Nación toma del informe citado- son sobre hechos. El documento del organismo de la ONU fue aprobado por 195 gobiernos y está basado en 14.000 estudios.
Lee el resto de esta entrada »Sobre consignas en los primeros congresos de la IC

En mi respuesta a la crítica del PTS sobre el programa de transición (aquí) sostuve que la Internacional Comunista, orientada por Lenin, no adoptó la política de la agitación transicional que luego recomendaría Trotsky. Recordemos que en 1938 Trotsky recomendó a sus partidarios agitar una o dos demandas transicionales (presentadas como recetas-solución a los males de los trabajadores), en situación de dominio más o menos normal de la burguesía, y sin explicitar sus condiciones de aplicabilidad. Mis críticos dicen que esta táctica ya estaba sugerida en los debates y resoluciones de los primeros cuatro congresos de la IC. En esta entrada demuestro que esta afirmación es insostenible.
Primer Congreso de la IC
El Congreso fundacional de la IC se realizó en 1919 y estuvo atravesado por un marcado optimismo revolucionario. En noviembre de 1918 había triunfado la revolución democrática en Alemania, hecho que Lenin asimiló al “febrero ruso” de 1917, esto es, el prólogo inmediato de la revolución socialista. En otros países europeos había crisis, inestabilidad política e intensa agitación revolucionaria. Los bolcheviques estaban convencidos de que para el triunfo de la revolución obrera eran necesarios fuertes partidos comunistas, pero pensaban que bajo la influencia de la IC, y dada la intensificación de la lucha de clases, esa condición sería satisfecha. En el cierre del Primer Congreso de la IC Lenin decía: “La victoria de la revolución proletaria está asegurada en el mundo entero; la constitución de la república soviética internacional está en marcha”. En consonancia con este diagnóstico, las resoluciones del Congreso trataron de la conquista del poder por la clase obrera; la dictadura proletaria basada en los consejos (soviets); la expropiación de la burguesía; y la socialización de los medios de producción. O sea, giraron en torno al “programa máximo”.
Lee el resto de esta entrada »Quieren destruir la tradición del socialismo revolucionario

En la nota anterior (aquí), dediqué un largo espacio a defender la política y el programa de Marx, Engels y la izquierda de la Segunda Internacional. Es que, según el PTS, por haber distinguido entre el programa mínimo y máximo, los fundadores del socialismo científico, y sus seguidores y discípulos, habrían carecido de estrategia revolucionaria y habrían relegado la defensa del socialismo a los “Primero de Mayo”. Una situación que se habría mantenido hasta 1938, año en que Trotsky elaboró el Programa de Transición.
Tal vez algunos piensen que son simples exageraciones polémicas del PTS. Discrepo. Es que no se trata de un exabrupto, sino de una orientación que necesita mandar al diablo la tradición del socialismo revolucionario. Lo he estado planteando desde hace años en relación a cuestiones fundamentales del socialismo: el estatismo burgués; el nacionalismo; la actitud ante la teoría (como explicar la inflación por “los empresarios codiciosos que elevan los precios”); ante el parlamentarismo (no decir que problemas como la crisis y el desempleo no se solucionan votando leyes); el control obrero y otras demandas transicionales (no hacer explícitas sus condiciones de aplicación); el gobierno obrero (mantener en la nebulosa su relación con el Estado burgués); la educación socialista de las masas (reemplazada por la repetición machacona de una o dos consignas-recetas).
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En una nota anterior (aquí) critiqué la política del FIT-U, basada en el Programa de Transición, que fue redactado por Trotsky y constituyó el programa fundacional de la Cuarta Internacional. Mi crítica a la política trotskista fue respondida por Matías Maiello en “Sobre el Programa de Transición y el olvido de la estrategia”, publicada por el PTS en «Ideas de izquierda» (https://www.laizquierdadiario.com/Sobre-el-Programa-de-Transicion-y-el-olvido-de-la-estrategia). En esta nota respondo a su crítica. Esta respuesta asume que se conoce la nota que dispara este debate.
Los antecedentes del PT, según Maiello
Maiello comienza diciendo que con el PT, escrito en 1938, Trotsky “sistematiza un método para formulación del programa que tiene amplios antecedentes en el movimiento revolucionario y que comenzó a esbozar la III Internacional en sus primeros congresos. El propio Trotsky ya había escrito otro programa de estas características en 1934 para Francia…”. En seguida nos explica que “el método transicional apunta a terminar con la vieja división en compartimentos estancos entre aquello que en la jerga de la Segunda Internacional se denominaba “programa mínimo” (las consignas que por sí mismas no cuestionan la propiedad capitalista, como ser el aumento de salarios, derechos laborales, demandas democráticas que hacen a los derechos políticos o civiles, etc.) y “programa máximo” referido a la revolución socialista”.
Efectivamente, en la tradición socialista, en el siglo XIX, se establecía la división entre las consignas llamadas “inmediatas”, o programa mínimo, que en principio no cuestionan la propiedad capitalista, y el programa máximo, de abolición de la propiedad privada capitalista. Agrega Maiello: “Aquella división es indisociable del propio derrotero de la Segunda Internacional que terminaría relegado el “programa máximo” a un futuro indeterminado, a los actos del 1° de Mayo y a la propaganda, mientras que la práctica y la agitación cotidiana se circunscribiría al “programa mínimo” limitado a una serie de reformas en los marcos establecidos por el régimen capitalista”.
Lee el resto de esta entrada »Salarios, consumo, inversión y la crisis de la economía argentina

En septiembre de 2020 la vicejefa de Gabinete de Ministros, Todesca Bocco, en una entrevista televisiva aseguró que veía “… una economía con una inflación en torno al 30% y una recuperación del salario real porque lo que explica el crecimiento es el consumo privado, es decir, que se recupera la masa salarial por recuperación del salario”. En su momento dediqué una nota al asunto (aquí). Según Todesca Bocco, con la recuperación de los salarios se recuperaría el consumo y con este la inversión. Señalé entonces que esta idea ha calado hondo en la izquierda y el nacionalismo izquierdista. En oposición, sostuve que si bien el consumo es el mayor componente de la demanda agregada, la inversión (o la acumulación de capital, para ser más precisos) es la que lidera las recuperaciones. Una idea que encontramos en Marx o en Keynes. En relación a este último, recordé que su teoría podía resumirse, en sus propias palabras, diciendo que “dada la psicología del público, el nivel del producto y del empleo depende del monto de la inversión”. Y que esto ocurre no porque la inversión sea el único factor del que depende el output agregado, “sino porque es usual en un sistema complejo observar como la causa causans aquel factor que es más proclive a tener una fluctuación súbita y amplia”.
En lo que concierne a Marx, señalé que su planteo es incluso más claro, “ya que el consumo de los trabajadores depende de que vendan su fuerza de trabajo al capital. Para que esto ocurra, el capitalista debe renovar, por lo menos, el ciclo productivo. Si no lo hace, no contrata obreros y estos no consumen”. Esto significa que, contra lo que dice subconsumismo (el ciclo económico es gobernado por el consumo), las recuperaciones de las crisis ocurren después de que los salarios tocaron fondo. Veamos ahora algunos datos recientes que actualizan lo discutido hace casi un año, y nos permiten caracterizar el carácter anémico de la actual recuperación de la economía argentina.
Lee el resto de esta entrada »Programas “socialistas nacionales” o internacionalismo socialista

En las discusiones acerca de los “socialismos reales” se suscita la pregunta de si es posible construir el socialismo en un solo país. Recordemos que tras la muerte de Lenin esta cuestión estuvo en el centro de las diferencias entre Stalin y Trotsky. Stalin planteaba que, dadas las riquezas y recursos de Rusia, era posible alcanzar el socialismo en el país, aunque estuviera rodeado de países capitalistas. En oposición, Trotsky sostenía que es imposible construir el socialismo en un solo país, y que si revolución no triunfaba en los países capitalistas adelantados, la República de los soviets sería derrotada. Citaba en su apoyo escritos de Lenin, de 1918: “El hecho de estar atrasados nos ha empujado hacia adelante, pero pereceremos si no sabemos resistir hasta el momento en que encontremos el poderoso apoyo de los obreros insurrectos de otros países”. También: “… no se puede concebir que una república soviética exista durante largo tiempo al lado de Estados imperialistas. En fin de cuentas, una u otros vencerán” (citado en Stalin, el gran organizador de derrotas, p. 88, edición Yunque). Y en La revolución traicionada, anticipó: “Cuanto más largo sea el tiempo que la URSS permanezca rodeada por un medio capitalista, más profunda será la degeneración de los tejidos sociales. Un aislamiento indefinido provocaría infaliblemente no el establecimiento de un comunismo nacional, sino la restauración del capitalismo” (p. 222, Fundación Federico Engels; énfasis añadido).
En las décadas posteriores se confirmaría el diagnóstico de Lenin y de Trotsky. La revolución fue contenida, la URSS quedó aislada y el país volvió al capitalismo.
Lee el resto de esta entrada »¿Democracia obrera o sustituismo burocrático?

Motivado por la nota sobre las protestas sociales en Cuba, un lector del blog pregunta (en Comentarios) si la democracia obrera implica aceptar tendencias que podrían plantear en Cuba una restauración plena del capitalismo “o eso debería ser innegociable en una democracia obrera”.
La pregunta pone el foco en el contenido del proyecto y programa del socialismo científico (o marxista). Es que su idea rectora se encierra en la conocida frase “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos”, con que se abren los Estatutos generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores (o Primera Internacional). En su lectura más sencilla y directa significa que no hay construcción de socialismo si la clase obrera no se emancipa a sí misma, si no toma en sus manos su destino controlando sus condiciones de existencia. Y para que esto sea así no debiera haber autoridad alguna, por encima de la misma clase obrera, decidiendo qué puede, o no puede, escuchar, leer, pensar o hacer la misma clase obrera.
Lee el resto de esta entrada »“La falsa libertad del liberalismo” y la libertad en la teoría de Marx

Invitado por el Movimiento Socialista Emancipación (Perú), en el día de ayer, 17 de julio, fui expositor en un taller abierto convocado para reflexionar en torno a “La falsa libertad del liberalismo”, y la noción de libertad en la teoría de Marx.
Por sugerencia de los organizadores, mi intervención se basó en “La cuestión judía”, de Marx, con una breve referencia a La ideología alemana, de Marx y Engels, por un lado. Por otro, los dos primeros capítulos de Capitalismo y libertad, de Milton Friedman. A fin de aclarar algunos pasajes y conceptos de “La cuestión judía”, en mi exposición me apoyé en Filosofía del derecho, de Hegel (Ᵹ 5 a Ᵹ 29); Hegel’s Philosophy of Right, de David Rose, y Hegel, de Charles Taylor.
En la convocatoria se precisaba: “Este círculo de estudios sobre Marx es una iniciativa de discusión abierta y cátedra libre, no académica ni institucional. Este seminario taller se concentrará en desarrollar a profundidad la concepción materialista de la historia, el enfoque que subyace a los análisis que el autor hace sobre la economía y la política, y que a su vez es el punto de partida de todo el pensamiento marxista. Además que busca difundir y articular políticamente en base a las coincidencias sobre estas premisas básicas del Materialismo Histórico, teoría y premisas que muchas veces es tergiversada y vilipendiada. (…)
Finalmente, Emancipación propone combinar el análisis académico con la intervención directa en la realidad cotidiana de los grandes problemas de las mayorías del país. Es así que como parte del desarrollo de las sesiones del presente taller se contará con la participación comprometida en calidad de asistentes de actores sindicales y gremiales de distintos lugares del país y que son parte de nuestro movimiento popular nacional. Es por ello que esta iniciativa no pretende únicamente ejercitar la capacidad de análisis adquirida, sino afrontar la realidad y tomar posición con una mirada crítica. En consecuencia, también se busca desarrollar la capacidad de responder y actuar frente a la actual coyuntura y problemáticas que se van visibilizando.
Con lo anterior, seguimos la idea de una crítica práctica propuesta por Marx y Engels. Un entendimiento completo de la realidad sólo puede ser posible interviniéndola, pensando desde ella: una máxima que obliga a romper el aislamiento contemplativo de la academia y de las pequeñas organizaciones políticas y sociales que se reclaman como parte del legado iniciado por estos dos grandes pensadores. La unidad en base a la teoría y la praxis se hace más que necesaria».
Dejo aquí el enlace a la sesión de ayer: https://fb.watch/6P-5kW9U92/
El régimen castro-stalinista y la protesta social. Elementos para el análisis

En “Comentarios” del blog me preguntaron por mi opinión acerca de lo que está ocurriendo en Cuba. En una nota anterior, publicada en 2014-15 (aquí y siguientes) he tratado el tema del régimen cubano. En esta entrada reproduzco algunos pasajes que pueden ayudar al análisis de lo que está sucediendo.
Economía de escasez
“… igual que sucedía en la URSS y en otros regímenes de tipo soviético, la cubana es una economía de escasez. La razón fundamental es la baja productividad (reconocida por la propia dirección). Por eso, y a diferencia de lo que ocurre en el modo de producción capitalista, la crisis en una economía estatista burocrática como la cubana (pero también puede ocurrir en capitalismos de Estado), no se manifiesta en un exceso de oferta, sino de demanda. En otros términos, no se trata de crisis de sobreproducción, sino de “infra-producción” (el tema de la inversión es más complejo: en la URSS existía sobreinversión, pero ineficiente, en Cuba la inversión es débil). (…)
La economía de escasez, a su vez, da lugar a una serie de fenómenos específicos. Uno de ellos es la cola: millones de cubanos pasan horas haciendo colas para conseguir algunos productos básicos que escasean, o los productos que están subsidiados (a lo que se agregan las colas debidas a la maraña de burocracia; incluso Granma registra quejas por esto). Lógicamente, esto repercute negativamente en la conciencia social, la convivencia y, en última instancia, en la productividad general de la economía… . Otro fenómeno característico es el agudo desabastecimiento cíclico de determinados productos.
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