Argentina / Chile, no al patriotismo

En los últimos días se ha planteado un incipiente conflicto entre Chile y Argentina en torno a la delimitación del área marítima y de los hielos continentales. La cancillería argentina sostiene que Chile “pretende apropiarse de una parte de la plataforma continental argentina y de una extensa área de los fondos marinos y oceánicos”, y de una parte de los hielos continentales. Organizaciones nacionalistas –incluso varias que se califican a sí mismas defensoras de “La Patria Grande”- apoyan este discurso. También los medios, como La Nación (véase el Editorial de hoy, 3/09, del que reproduzco pasajes citados más arriba).
Pues bien, pienso que es obligación de los socialistas internacionalistas decir que rechazamos toda forma de alineamiento de los trabajadores argentinos o chilenos con los gobiernos de Argentina o Chile, y sus respectivas burguesías. Es necesario oponerse a toda forma de exacerbación nacionalista de un lado y otro de la frontera. La clase obrera argentina no debe apoyar los reclamos del Gobierno argentino. La clase obrera chilena no debe apoyar los reclamos del Gobierno chileno. Todo aliento al fervor patriótico va en detrimento de la clase obrera y perjudica la lucha por la independencia de clase. Los obreros chilenos o argentinos no ganan nada por el hecho de que tal o cual recurso natural lo exploten capitalistas chilenos o argentinos.
El criterio básico fue planteado por Lenin: los socialistas de cada país deben poner el acento en criticar el patriotismo y chovinismo reinantes en sus países. Es central que las masas explotadas tomen distancia con respecto a sus burguesías. Máxime cuando se trata de dos naciones igualmente dependientes y atrasadas, como son Chile y Argentina. El eje de la política socialista es que no hay unidad nacional posible entre explotados y explotadores. Por el contrario, los nacionalistas, incluso los que se llaman a sí mismos socialistas, o progresistas, ponen en primer plano la unidad nacional. Con la excusa de no perder el apoyo de las masas trabajadoras, renuncian a los puntos de vista de clase, y adoptan los puntos de vista de la burguesía o de la pequeña burguesía de “su” nación. Los socialistas, en cambio, sostenemos que la clase obrera no tiene patria (véase El Manifiesto Comunista). Este mensaje no tiene que quedar en eslogan “para los Primero de Mayo”; debería ser el punto de partida desde el cual se articulan todo el resto de los argumentos. En especial, los internacionalistas deberían defender este principio en los mensajes que envían al conjunto de la población cuando concurren a los grandes medios de comunicación (en otras palabras, no debería quedarse en un discreto mensaje, políticamente correcto, escrito en la prensa partidaria, para disimular oportunismo electoralista).
Nuestro esfuerzo es para fomentar los lazos fraternales con los trabajadores chilenos y de cualquier otro país. Nuestro norte es acabar con las fronteras nacionales. La superación del atraso y la miseria de las masas trabajadoras chilenas, o argentinas, no pasa por la exaltación de las rivalidades nacionales, sino por estrechar la colaboración y solidaridad entre los explotados, en la perspectiva del triunfo del socialismo en ambos países.
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1jmCNkJogpzEjAYQlUPM1mAxlqTffW104IQFqHiJ_O8s/edit?usp=sharing
PT, respuesta a la tercera crítica del PTS

En las últimas semanas estoy sosteniendo un debate con Matías Maiello y el PTS en torno al Programa de Transición, el programa fundacional de la Cuarta Internacional, redactado por León Trotsky en 1938 (véase aquí, aquí, aquí, aquí). En el día de ayer, 29/08, el PTS publicó una tercera crítica a mis posiciones (aquí). La respondo en esta entrada.
La discusión sobre el marxismo anterior a 1914
Un problema que puede surgir cuando una polémica se hace muy extensa es que se pierdan los ejes de la misma. Algo de esto puede ocurrir en relación a las diferencias que tengo con Maiello y el PTS sobre la caracterización del marxismo anterior a 1914. La repaso: Según Maiello, y el PTS, la actividad de los marxistas habría carecido de estrategia revolucionaria porque redactaron o aceptaron la división entre programa máximo y mínimo de los socialistas. El esquema de mis críticos es “división de programa máximo y mínimo = ausencia de estrategia revolucionaria / programa de transición al socialismo = estrategia revolucionaria”. De esta manera, la actividad de Marx y Engels habría carecido de estrategia revolucionaria (o, dicho por la positiva, Marx y Engels habrían sido unos vulgares reformistas). Y lo mismo se aplicaría a la actividad de Rosa Luxemburgo, o de Lenin, y otros, previa a 1914.
Lee el resto de esta entrada »Anuncio de «Entrevistas militantes»

Organizada por el colectivo «Dí algo de izquierda», desde mañana sábado 28 de agosto, a las 18 hs, comienza un interesante ciclo de entrevistas a seis referentes de la izquierda argentina. Cada uno, cada una, desde distintas perspectivas teóricas, van a contestar las mismas preguntas. Serán abordados temas claves para la militancia socialista en la actualidad. La deuda externa, el FMI, las estatizaciones, el feminismo, el rol de los socialistas en los sindicatos, la participación en las elecciones, son algunos de los temas que serán analizados y debatidos. Todas las semanas se va a publicar una nueva entrevista, el cronograma es el siguiente:
ESTRENO: 28/08: Estreno: Adrián Piva; aquí el link: https://youtu.be/rIhQF88Fx4c
3/9: Lucía Ortega
10/9: Cristian Caracoche
17/9: Alberto Bonnet
24/9: Jorgelina Matusevicius
30/9: Rolando Astarita
Las redes sociales de «Dí algo de izquierda» son las siguientes:
La actividad está organizada por el colectivo «Di algo de izquierda», sus redes sociales son las siguientes:
https://instagram.com/dialgodeizquierda
https://facebook.com/dialgodeizquierda
https://dialgodeizquierda.wordpress.com/
¿Agitación socialista o electoralismo reformista?

Por estos días le hicieron un reportaje a Néstor Pitrola, del Partido Obrero, reproducido en Prensa Obrera (aquí). Destaco el siguiente pasaje:
Periodista: “Usted habla de una lista clasista y la capacidad movilizadora, ¿pero eso no es refractario a otros votos que no están tan ideologizados pero que están desencantados? ¿Cómo le hablan desde la izquierda a aquel que no tiene una formación marxista o trotskista?”
Pitrola: “Es que nosotros no nos referimos a una formación ideológica. Nosotros nos referenciamos en un programa que después se lleve a la práctica. Por ejemplo, el aborto legal: ¿cómo se llegó a la práctica? Mediante un gigantesco movimiento de la ola verde…”.
O sea, el periodista pregunta si el mensaje con carga ideológica (entendida la ideología como sistema de ideas) no es “pianta-votos” de “desencantados”. Pitrola explica entonces que el PO se referencia “en un programa que se lleve a la práctica”. Y a fin de que no queden dudas de lo que está diciendo, pone como ejemplo la campaña por la legalización del aborto. De manera que el objetivo lo establece en términos de resultados inmediatos, obtenibles en el marco del sistema capitalista.
Lee el resto de esta entrada »Engels ante el Programa de Erfurt de la Socialdemocracia alemana

En esta nota preciso una cuestión que quedó pendiente en el debate con Maiello y el PTS sobre las posiciones de Trotsky con respecto al marxismo anterior a la Primera Guerra. Se trata de que en mi primera respuesta al PTS (aquí) escribí que el Programa de Erfurt (del Partido Socialdemócrata alemán), de 1891, fue aprobado por Engels. Maiello, en su segunda crítica, da a entender que Engels no aprobó el Programa de Erfurt. Escribe: “Nos interesa detenernos en la crítica de Engels al programa de Erfurt, soslayada por Astarita –al igual que la de Luxemburgo– pero de gran importancia. En junio de 1891, Engels envió a Karl Kautsky lo que luego se conoció como su “crítica al programa de Erfurt” (publicada recién 10 años después). Muchas de sus críticas serían incluidas en la versión final del programa por su redactor, el propio Kautsky, menos su cuestionamiento principal referido al bloque de reivindicaciones políticas”.
En mi segunda respuesta (aquí) expliqué que Engels criticó el programa, pero no criticó la división entre el programa máximo y mínimo. Un lector me envió un mail preguntándome entonces si no tiene razón Maiello en que Engels no aprobó el Programa de Erfurt. Si bien la pregunta no afecta al centro de mi argumento (Engels no cuestionó la división entre programa máximo y mínimo), aclaro el asunto, que puede resumirse así: Engels criticó el Programa de Erfurt, pero lo aprobó. Veamos la historia.
Lee el resto de esta entrada »Trotsky, Lenin, sobre la Segunda Internacional

Una de las cuestiones centrales del debate con Matías Maiello y el PTS acerca del Programa de Transición (véase aquí, aquí, aquí, aquí) es sobre la actividad de los marxistas en el período previo a la Primera Guerra. Es que Maiello y el PTS la descalifican globalmente porque en aquellos años los partidos socialistas establecían una división entre el programa máximo y el programa mínimo. A los ojos de Maiello y del PTS, eso basta para arrojar una sospecha de “reformismo” y “falta de estrategia revolucionaria”: los marxistas “se olvidaban” de la estrategia revolucionaria, y solo hablaban de socialismo “en los días de fiesta”.
Pues bien, repasando lo que escribí en las anteriores entradas, veo que no he planteado con la suficiente claridad que Maiello y el PTS solo repiten lo que afirmó Trotsky en 1938:
“La socialdemocracia clásica, que desplegó su acción en la época del capitalismo progresivo, dividía su programa en dos partes independientes una de otra: el programa mínimo, que se limitaba a algunas reformas en el cuadro de la sociedad burguesa, y el programa máximo, que prometía para un porvenir indeterminado el reemplazo del capitalismo por el socialismo. Entre el programa máximo y el mínimo no existía puente alguno. La socialdemocracia no tenía necesidad de ese puente, porque se hablaba del socialismo los días de fiesta” (Programa de Transición).
Lee el resto de esta entrada »Programa de transición, respuesta a la segunda crítica del PTS

En las últimas semanas estoy manteniendo una discusión con el PTS acerca de la política trotskista centrada en el programa de transición (véase aquí, aquí, aquí). El último domingo el PTS publicó una nueva respuesta a mis críticas, “Una vez más sobre el Programa de Transición y el olvido de la estrategia”, de Matías Maiello (aquí). En esta entrada respondo a Maiello. Pero antes quiero recordar las cuestiones centrales que nos dividen.
Los puntos centrales
Trotsky y los trotskistas sostienen que es necesario agitar consignas de transición al socialismo con el fin de movilizar a las masas, y que esta táctica fue y es aplicable a todos los países capitalistas a partir de 1914. -El presupuesto de esta política es que las fuerzas productivas a nivel global dejaron de desarrollarse desde el inicio de la Primera Guerra; que en consecuencia las masas no pueden obtener mejoras económicas o democráticas “serias”; y por lo tanto, toda demanda elemental debe ser vinculada al programa transicional al socialismo. Por ejemplo, frente a la desocupación la consigna es “escala móvil de horas de trabajo y de salario”. En el mismo sentido, frente a otros males se agitará la estatización de las empresas que quiebren; o estatizaciones para frenar la fuga de capitales y la inflación, o el control obrero, etcétera.
En todos los casos, los trotskistas presentan estas demandas sin aclarar las condiciones necesarias para que su aplicación sea revolucionaria. Por ejemplo, nunca se dice que el control obrero real solo es posible si las masas obreras están “de pie y con las armas en la mano” (como pedía Engels que se dijera, véase aquí); de la misma manera, y a fin de hacer potables ante la opinión pública las medidas transicionales que se levantan, se disimulan y ocultan aspectos centrales de la crítica marxista al capitalismo. Es que la táctica consiste en concentrarse en una o dos consignas transicionales, con el objetivo de arrancar la movilización. Vinculado a este enfoque, los trotskistas sostienen que la división entre programa máximo y mínimo es sinónimo de falta de estrategia revolucionaria.
Lee el resto de esta entrada »Javier Milei, el rebuzno de la barbarie

Recientemente el candidato a diputado por la Ciudad de Buenos Aires, Javier Milei, dio una entrevista por Twich a Julián Serrano, y respondió preguntas de los oyentes. Uno de estos le preguntó acerca del calentamiento global. Milei respondió que “es otra de las mentiras del socialismo”. “Hace 10 o 15 años se discutía si el planeta se iba a congelar, ahora se discute si se calienta”. Agregó que “aquellos que conozcan cómo se hacen esas simulaciones, van a ver que las pulsiones están sobre saturadas en determinados parámetros a propósito para generar miedo más allá del tiempo”.
Calentamiento global, es un hecho
Los seres humanos calentaron el planeta unos 1.1 grados desde el siglo XIX. Esto es un dato de la realidad, no una simulación. Lo acaba de decir un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, siglas en inglés) de las Naciones Unidas. Ese aumento de la temperatura global es la consecuencia de arrojar dióxido de carbono a la atmósfera, al quemar carbón, petróleo y gas para obtener energía; y de la desforestación llevada a cabo por los seres humanos en vastas zonas del planeta. En relación con ese aumento de la temperatura, el nivel del mar se elevó 20 cm en el último siglo, y el ritmo de aumento se ha duplicado desde 2006. Es muy probable que la última década sea la más calurosa del planeta en 125.000 años. Los glaciares se derriten y retroceden a un ritmo sin precedente en al menos dos millones de años. Todos estos datos –que La Nación toma del informe citado- son sobre hechos. El documento del organismo de la ONU fue aprobado por 195 gobiernos y está basado en 14.000 estudios.
Lee el resto de esta entrada »Sobre consignas en los primeros congresos de la IC

En mi respuesta a la crítica del PTS sobre el programa de transición (aquí) sostuve que la Internacional Comunista, orientada por Lenin, no adoptó la política de la agitación transicional que luego recomendaría Trotsky. Recordemos que en 1938 Trotsky recomendó a sus partidarios agitar una o dos demandas transicionales (presentadas como recetas-solución a los males de los trabajadores), en situación de dominio más o menos normal de la burguesía, y sin explicitar sus condiciones de aplicabilidad. Mis críticos dicen que esta táctica ya estaba sugerida en los debates y resoluciones de los primeros cuatro congresos de la IC. En esta entrada demuestro que esta afirmación es insostenible.
Primer Congreso de la IC
El Congreso fundacional de la IC se realizó en 1919 y estuvo atravesado por un marcado optimismo revolucionario. En noviembre de 1918 había triunfado la revolución democrática en Alemania, hecho que Lenin asimiló al “febrero ruso” de 1917, esto es, el prólogo inmediato de la revolución socialista. En otros países europeos había crisis, inestabilidad política e intensa agitación revolucionaria. Los bolcheviques estaban convencidos de que para el triunfo de la revolución obrera eran necesarios fuertes partidos comunistas, pero pensaban que bajo la influencia de la IC, y dada la intensificación de la lucha de clases, esa condición sería satisfecha. En el cierre del Primer Congreso de la IC Lenin decía: “La victoria de la revolución proletaria está asegurada en el mundo entero; la constitución de la república soviética internacional está en marcha”. En consonancia con este diagnóstico, las resoluciones del Congreso trataron de la conquista del poder por la clase obrera; la dictadura proletaria basada en los consejos (soviets); la expropiación de la burguesía; y la socialización de los medios de producción. O sea, giraron en torno al “programa máximo”.
Lee el resto de esta entrada »Quieren destruir la tradición del socialismo revolucionario

En la nota anterior (aquí), dediqué un largo espacio a defender la política y el programa de Marx, Engels y la izquierda de la Segunda Internacional. Es que, según el PTS, por haber distinguido entre el programa mínimo y máximo, los fundadores del socialismo científico, y sus seguidores y discípulos, habrían carecido de estrategia revolucionaria y habrían relegado la defensa del socialismo a los “Primero de Mayo”. Una situación que se habría mantenido hasta 1938, año en que Trotsky elaboró el Programa de Transición.
Tal vez algunos piensen que son simples exageraciones polémicas del PTS. Discrepo. Es que no se trata de un exabrupto, sino de una orientación que necesita mandar al diablo la tradición del socialismo revolucionario. Lo he estado planteando desde hace años en relación a cuestiones fundamentales del socialismo: el estatismo burgués; el nacionalismo; la actitud ante la teoría (como explicar la inflación por “los empresarios codiciosos que elevan los precios”); ante el parlamentarismo (no decir que problemas como la crisis y el desempleo no se solucionan votando leyes); el control obrero y otras demandas transicionales (no hacer explícitas sus condiciones de aplicación); el gobierno obrero (mantener en la nebulosa su relación con el Estado burgués); la educación socialista de las masas (reemplazada por la repetición machacona de una o dos consignas-recetas).
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