Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

No fue permanente ni igual al 30

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Una de las ideas más arraigadas en parte de la izquierda argentina es que el sistema capitalista mundial, y en particular el de EEUU, están en crisis crónica y permanente. Los ejemplos abundan. Por caso, en las Jornadas de Economía Crítica de 2009, un destacado participante en el panel central sobre la crisis, sostuvo que la recesión iniciada en 2007 era la continuidad de la crisis iniciada en la década de 1970. Otra muestra de esta forma de pensar la experimenté personalmente cuando participé en algunas mesas de debate sobre la crisis. Por lo menos en dos ocasiones hubo gente que me criticó porque en 2005 había afirmado que EEUU no estaba en crisis. “¿Cómo es posible que usted haya afirmado esto, y en 2008 venga a decirnos muy suelto de cuerpo que hay crisis capitalista?”. Lo que subyace a esta crítica es que la crisis o recesión es más o menos permanente. Otro ejemplo lo tenemos en las publicaciones o en las conferencias sobre la coyuntura económica del capitalismo mundial, que invariablemente, y a lo largo de los años, tienen como tema “la crisis del capitalismo”. Además, acompaña a esta idea la creencia en que estamos cercanos a un colapso económico, y definitivo, del capitalismo. Por eso un dirigente trotskista en 1998 convocaba a la militancia a asistir “al derrumbe del capitalismo en tiempo real”. En tiempos más recientes, ese dirigente sostenía que en la semana de la caída de Lehman Brothers había “quebrado la Reserva Federal” (sic). Además, muchos piensan que si la tasa de ganancia está cayendo desde hace más de un siglo, estaremos bastante cerca del punto en el que la acumulación del capital se haga imposible, y el sistema se derrumbe. Con sus variantes entonces, en este marco conceptual el diagnóstico es siempre el mismo, así la economía crezca el 4%, se estanque o descienda el 4%; siempre hay crisis capitalista. Si la economía está creciendo, los que adhieren a la tesis del estancamiento crónico, argumentarán que la crisis está “latente”, o es “potencial”. Si la economía se contrae, dirán “teníamos razón”, y no se ahorrarán auto elogios para su “capacidad de prever científicamente”. En cualquier caso, los puntos de giro del ciclo económico a esta gente los tiene sin cuidado. Por eso han sentenciado que la crisis iniciada en 2007 continúa sin variantes, y que no hay posibilidad alguna de recuperación del capitalismo.

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16/12/2010 at 11:47

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Tasa de ganancia y crisis en EEUU (1)

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El rol de la tasa de ganancia en la crisis capitalista está en el centro de muchos debates y estudios marxistas. Fundamentalmente se discute qué vinculación existe entre la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, y las grandes crisis del capitalismo. Precisemos que hablamos de grandes crisis cuando se producen caídas pronunciadas, o durante un tiempo prolongado, del PBI, la inversión (y en menor medida del consumo), y hay un fuerte aumento de la desocupación. Desde principios del siglo XX en EEUU hubo tres de estas grandes crisis. La Gran Depresión, iniciada en 1929; la crisis y recesión de 1974-75, que se combina con la de 1980-82; y la crisis y recesión (o depresión) de 2007-09, que tuvo como antecedente inmediato la recesión de 2001.

Una de las explicaciones de estas grandes crisis, y que tiene mucho consenso entre los marxistas, es que ocurrieron luego de largos períodos de aumento de la composición orgánica del capital y caída de la tasa de ganancia. Esto habría sucedido en las décadas previas a cada crisis, a pesar de los aumentos de productividad (y por lo tanto a pesar del abaratamiento relativo del valor de la fuerza de trabajo y del capital constante). Esa caída tendencial de la tasa de ganancia terminaría afectando a la masa de ganancia, que en algún punto se estancaría y luego comenzaría a descender. A partir de aquí se explicaría la caída de la inversión, y por lo tanto la crisis. Esta explicación fue presentada de la manera más acabada por Anwar Shaikh (ver, por ejemplo, Valor, acumulación y crisis, Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1990). Remarco dos cuestiones: a) según esta tesis la tasa de ganancia cae en el largo plazo de manera más o menos constante; b) esta caída termina afectando a la masa de ganancia.

Esta tesis ha sido aceptada por la mayoría de los marxistas durante mucho tiempo (me incluyo). Dos aspectos de ella fueron particularmente atrayentes. Por un lado, el hecho de que Shaikh logra articular la caída de la tasa de ganancia con la evolución de la masa de ganancia, y de esta manera presenta un mecanismo concreto por el cual el descenso de la tasa de rentabilidad debe provocar, llegado determinado estadio de la acumulación, la caída de la inversión. En otras palabras, la masa de ganancia constituye un eslabón esencial, en la visión de Shaikh, para que la caída de la tasa de ganancia incida en la decisión de los capitalistas de dejar de invertir. Por otra parte, la tesis de Shaikh parecía tener respaldo empírico en lo sucedido durante los 20 años previos a la crisis de 1974-75. Shaikh podía mostrar cómo se había producido una larga caída tendencial de la tasa de ganancia desde inicios de los años 1950 (o fines de 1940); que habría llevado a un estancamiento de la masa de ganancia hacia fines de los 1960 y principios de los 1970. Lo que habría desembocado en la crisis.

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08/12/2010 at 23:30

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Finanzas y «radicals»

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Con la crisis financiera que estalló en 2007 ha tomado impulso la tesis de que se debió a la codicia de los banqueros y los especuladores financieros. Por ejemplo, es la idea de Krugman o de los editorialistas del New York Times. En muchos sectores del progresismo y de la izquierda se piensa que esta es una explicación heterodoxa, casi “radical”. El objetivo de esta nota es presentar un punto de vista escéptico y alternativo de esta visión. La idea que defiendo es que si bien la explicación de la crisis por las cuestiones financieras constituye una toma de distancia con respecto a las posiciones ideológicas más extremas de los economistas neoliberales, es perfectamente asimilable por el establishment económico, y en absoluto implica una crítica o ruptura con el sistema. Empiezo presentando el enfoque sobre los mercados financieros de la ortodoxia neoliberal más cerrada. A fin de hacerla lo más accesible, evito referencias bibliográficas.

La ortodoxia neoliberal cerrada

En visión de los ortodoxos neoclásicos más cerrados, los mercados nunca fallan. Esto se debe a que cuando los mercados funcionan libremente, los precios, según este enfoque, expresan las decisiones de una multitud de individuos. Dado que la multitud siempre tiene más y mejor información que los políticos y los funcionarios del Gobierno, los mercados libres constituyen la mejor forma de asignar eficientemente los recursos. Por lo menos son más eficientes que los funcionarios. Es que en los mercados se expresa la sabiduría de los individuos-átomos, ninguno de los cuales puede influenciar en los precios para su propio provecho. No es lo que sucede con el Estado, que interviene según los caprichos o necesidades del burócrata de turno. Por eso los mercados son sinónimo de la mayor eficiencia posible, en una sociedad de gente libre.

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01/12/2010 at 17:40

La PTF, sinsentido y mistificación

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El propósito de esta nota es discutir la noción de Productividad Total de los Factores (PTF), que está en el centro de los análisis neoclásicos sobre crecimiento. La nota no tiene pretensión de originalidad alguna. Simplemente busca hacer accesible a alumnos de economía, o a gente interesada por estas cuestiones, las objeciones más importantes que se plantean en la literatura heterodoxa a la noción neoclásica de PTF, y presentar algunas consideraciones desde una perspectiva marxista. La cuestión tiene relevancia porque son innumerables los trabajos dedicados a medir la contribución de los “factores de producción”, y en particular de la PTF, al crecimiento.

PTF, oscuridades a primera vista

Empecemos señalando que una primera aproximación a la medición de la productividad es la productividad del trabajo, esto es, medir la cantidad de trabajo necesaria para producir una unidad de producto. Se trata de una relación, en términos físicos, entre output y trabajo. Aunque surgen problemas de agregación importantes cuando se trata de medir la productividad global de un país. Por ejemplo, no se puede comparar la productividad de empresas que producen bienes distintos. ¿Es más productiva la empresa que produce x cantidad de automóviles de calidad A, que aquella otra que produce y cantidad de automóviles de calidad B, cada 1000 unidades de trabajo? ¿Cómo se suman, además, las producciones de peras y tornillos, para comparar productividades entre países? Por esto habitualmente se toma como una aproximación a la medición de la productividad por obrero el output en dólares constantes. Sin embargo, a pesar de que sean dólares constantes, no tenemos con ello cantidades físicas. Aquí aparece una importante cuestión, que tiene que ver con la teoría marxista del valor y el carácter contradictorio del trabajo. Es que el trabajo humano genera valores de uso, en tanto trabajo concreto; y valor en tanto gasto humano de energía. En cuanto trabajo concreto puede haber aumento de la producción de valor de uso, sin que ello se refleje en el valor. Podemos verlo con el ejemplo anterior. Si se produce la misma cantidad de automóviles A este año que el año pasado, y su precio ha permanecido constante, pero la calidad del automóvil ha mejorado, ha habido aumento de productividad, aunque esto no se exprese en el índice de productividad que hemos escogido, porque ese índice está tomando los precios. Hablar de la productividad en términos de output a dólares constantes por unidad de trabajo por lo tanto es útil, aunque hay que tener en cuenta que no es del todo precisa.

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28/11/2010 at 12:33

Respuesta al GPM

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En esta nota quiero responder una crítica que me ha hecho el Grupo de Propaganda Marxista, a raíz de mi posición sobre el teorema de Okishio y la ley de la tendencia de decreciente de la tasa de ganancia. Esta crítica ha circulado por la red (el GPM la envió a varios sitios), y en un comentario a este blog un marxista independiente, Pedro, me preguntó qué respondía frente a ella. Reproduzco lo de Pedro, porque nos ubica en el eje de la polémica:

He leído el artículo del Grupo de Propaganda Marxista (GPM) de España titulado “Polémica sobre la tasa de ganancia media”, en el cuál polemizan con usted a razón de su punto de vista acerca del teorema de Okishio. Creo entender que uno de los puntos fundamentales, si no el punto fundamental, está en si el valor de la maquinaria empleada aumenta pero en menor o mayor proporción de lo que aumenta la fuerza productiva de esa maquinaria. Usted tanto en esa polémica como en el presente artículo [se refiere al artículo sobre el teorema Okishio] afirma que:

“Resumo entonces los supuestos de Marx: (…)
b) el valor de la maquinaria empleada aumenta, pero en menor proporción de lo que aumenta la fuerza productiva de esa maquinaria”
“Más en general, en mi trabajo sobre el teorema Okishio he planteado que no se puede construir un ejemplo que respete los supuestos de los que parte Marx. Estos supuestos, los recuerdo, son: (…)
b) el valor de la maquinaria empleada aumenta, pero en menor proporción de lo que aumenta la fuerza productiva de esa maquinaria”.

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21/11/2010 at 19:25

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Crecimiento, catastrofismo y marxismo en América Latina

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Durante buena parte de la década de 2000 América Latina ha tenido un elevado crecimiento económico, y mejoraron muchos indicadores sociales. Esto ha dado lugar a un debate en la izquierda acerca de la naturaleza de esta mejora, y la actitud a tomar ante los gobiernos que están al frente de estas economías, en especial ante aquellos que se proclaman de izquierda, o progresistas. En esta nota quiero analizar la cuestión desde la teoría de Marx. Empiezo con algunos datos sobre la evolución de las economías latinoamericanas en la década.

Las economías latinoamericanas en los 2000

A partir de 2003 las economías de América Latina experimentaron un crecimiento promedio del 5,5% anual; en 2010 sería del 5,2%. Entre 2005 y 2010 el PBI por persona creció al 2,7% anual. Entre 2004 y 2008 la formación bruta de capital fijo en América Latina aumentó a una tasa anual del 11,6% anual, frente a una caída del 3,3% entre 2000 y 2002 (CEPAL, 2009). La productividad en la industria y la agricultura, que estaba aumentando desde los noventa, continuó creciendo también en el promedio de América Latina (ver más abajo). En 2010 el desempleo se ubica en el 7,8%, cuando en 2002 superaba el 11% (CEPAL idem).

Acompañando al crecimiento, en esta década unas 40 millones de personas –la población de América Latina es de 580 millones– salieron de la pobreza. La pobreza en 2007 alcanzaba el 34,1% de la población, contra el 40,5% en 1980 y el 44% en 2002. La indigencia en 2007 era del 8,1%, contra el 18,6% en 1980 y el 19,4% en 2002 (CEPAL 2008). Paralelamente, y aunque no puede interpretarse como un cambio significativo de los patrones prevalecientes en la región, disminuyó la desigualdad de los ingresos en varios países. Entre 2002 y 2007 el 40% de los hogares con menores ingresos incrementaron por lo menos un punto porcentual su participación en el ingreso total en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Venezuela (el máximo es Venezuela, con cuatro puntos). A su vez el ingreso del 10% más rico se redujo en esos países entre cuatro y cinco puntos porcentuales (con excepción de Paraguay). Aunque en Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, México y Uruguay no hubo alteraciones, en promedio la desigualdad disminuyó en la región con respecto a los años anteriores a 2002. Aunque, es importante destacarlo, es apenas menor que en 1990. En 2007 el coeficiente Gini era 0,515 y en 1990 se ubicaba en 0,532 (CEPAL 2008).

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17/11/2010 at 19:29

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La guerra de monedas

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El G-20 tuvo su quinta reunión, esta vez en Seúl, sin que arribara a ningún resultado concreto. Solo hubo un comunicado de compromiso, diciendo que se trataría de achicar los desequilibrios. La llamada “guerra de las monedas” estuvo en el centro de las divisorias. Pareciera que el mundo dio un paso más hacia la guerra comercial.

Para ubicarnos en el tema, repasemos los antecedentes inmediatos del asunto. El 27 de agosto pasado Ben Bernanke, responsable de la FED, dijo que había posibilidades de una nueva inyección monetaria. En los días siguientes los especuladores comenzaron a tomar posiciones cortas (esto es, de ventas), en los mercados cambiarios, y el dólar, que ya venía debilitado, comenzó a caer de manera más acentuada.

Varios países reaccionaron tratando de impedir que sus monedas continuaran revaluándose. Suiza, por ejemplo, intervino fuertemente en el mercado, para frenar la suba del franco (y en los 15 meses anteriores a junio ya había cuadruplicado sus reservas). El banco de Japón realizó una intervención el 15 de septiembre, vendiendo dos billones de yenes (us$ 23.600 millones), cuando el yen tocaba su valor más alto en 15 años. No intervenía desde 2004. Brasil también compró fuertes sumas de dólares en septiembre, y aumentó los impuestos a la entrada de capitales líquidos. El 27 de septiembre Guido Mantega, su ministro de Finanzas, habló de la “guerra de las monedas”, y el tema se puso en el primer plano de la discusión. El 7 de octubre el director del FMI, Dominique Strauss-Kahn declaró que “muchos países consideran sus monedas como un arma, y esto no es para el bien de la economía mundial”.

El 3 de noviembre la FED anunció oficialmente su plan de inyectar us$ 600.000 millones, a un ritmo de us$ 75.000 millones por mes, para estimular la economía y también (esto es fundamental) para que “la inflación esté a niveles acordes con su mandato”.  Además, bajó las tasas de interés, que de todas maneras ya estaban cercanas a cero. Las críticas no se hicieron esperar. El ministro de finanzas alemán, Wolfgan Schaeuble dijo que la medida era “clueless” (sin norte), y el viceministro de relaciones exteriores de China, Cui Tiankai, que EEUU podía afectar la confianza global. Los ministros de Filipinas y Tailandia plantearon que la FED estaba inundando el mercado con fondos, provocando la entrada de capitales en sus países, lo que amenazaba la estabilidad de las economías. El presidente del Banco Central de Brasil, Henrique Meirelles, dijo que la liquidez extra de EE.UU. perjudicaría a todos. India también que quejó. “El mayor problema que crean los flujos de capitales es la apreciación de la moneda, lo que erosiona la competitividad exportadora” dijo Subba Rao, Secretario de Finanzas de India. Agregó que la intervención en los mercados cambiarios para frenar la apreciación es costosa, ya que si no se esteriliza la liquidez resultante, hay presiones inflacionarias; y si se esteriliza, pone presión en la tasa de interés, lo cual, además de quitar competitividad, anima a mayores entradas de capitales.

En cuanto a las monedas, el real subió 40% desde comienzos de 2009 hasta inicios de noviembre de 2010; en Brasil también hubo fuertes entradas de capitales. Las monedas de México, Sudáfrica, Corea del Sur, India, entre otras, están apreciadas con relación a sus niveles de hace un año. Y el euro pasó de us$ 1,19 en julio us$ 1,42 en los primeros días  de noviembre (aunque el 16 de noviembre cerraba a $1,35, arrastrado por la crisis irlandesa) .

También por la deflación

Indudablemente el factor “competitividad exportadora”, y los desequilibrios en las cuentas corrientes, juegan un rol en esta guerra de las monedas. En tanto EEUU padece un déficit en cuenta corriente que equivale al 3,3% de su PBI, China tiene un superávit del 4,9%, Japón del 3,3% y Alemania del 5,2%. El déficit comercial acumulado de EEUU en los 12 meses a octubre de 2010 fue de us$ 621.000 millones, mientras que los superávit acumulados de China, Japón y Alemania fueron de us$ 478.000 millones (Alemania tiene el mayor superávit). La caída del dólar favorece a las empresas exportadoras de EEUU y erosiona la competitividad de las grandes economías exportadoras, de manera que podría dar un cierto empuje a la economía de EEUU, que crece a una tasa menor al 2% anual (tercer cuatrimestre, tasa anualizada), y mantiene un desempleo del 9,6% (esto es, cinco puntos porcentuales más alto que antes de la crisis). En particular, el conflicto está planteado con China. Washington insiste en que los chinos deben dejar apreciar el yuan, para corregir el déficit. China responde que lo hará, pero gradualmente, y en el mediano plazo.

De todas maneras es una ilusión pensar que la economía de EEUU pueda salir de la recesión aumentando sus exportaciones a China. Las exportaciones estadounidenses a China representan apenas el 0,5% del PBI de EEUU. Aún tomando en cuenta efectos multiplicadores, no afectaría más del 2% de su economía. Además, no todo pasa por el tipo de cambio. Desde 2005 el yen se apreció, en términos nominales, un 21% con respecto al dólar. Y se apreció otro 24%, en términos reales, debido al aumento de los costos laborales,  en relación a los costos laborales en EEUU, según un cálculo de The Economist. Desde 2009 los salarios en China han estado aumentando, como resultado de una fuerte presión de los trabajadores, que han realizado huelgas y otras acciones. Por otra parte, las empresas estadounidenses han elevado la productividad durante la recesión (hemos escrito dos notas al respecto en este blog). En definitiva, si se suma la apreciación nominal del yuan, y el aumento relativo de los costos laborales, resulta una apreciación real del yuan del 50% desde 2005 (The Economist, 6/11/10).  A pesar de lo cual, el déficit comercial de EEUU con China se ha mantenido elevado.  La explicación de este fenómeno exige un análisis particularizado, que no podemos hacer aquí.

Por otra parte, la caída del dólar eleva los precios de las materias primas, en primer lugar del petróleo, que es vital para la economía americana. De manera que la cuestión de los desequilibrios en la cuenta corriente entre las grandes potencias es parte de la cuestión, pero no explica totalmente la política monetaria de la FED.

El problema de fondo es otro, y es más grave que el desequilibrio de la cuenta corriente. Se trata del peligro de la deflación. En 2009 los precios en EEUU bajaron 1,3%, y en los ocho primeros meses aumentaron solo al 1,1% anual. Si se tienen en cuenta problemas estadísticos, que por lo general introducen un sesgo hacia arriba, se puede concluir que la economía americana está peligrosamente cercana a la deflación. Los hogares están bajando su nivel de deuda, y por lo tanto el consumo de los sectores medios se mantiene débil. Más importante, la alta desocupación y la restricción de los salarios, también deprime la demanda de bienes de consumo. Y las empresas racionalizan, elevando la productividad, pero no aumentan la inversión, dada la enorme capacidad ociosa. El resultado es que la demanda no repunta. Además, con inflación cercana a cero, los estímulos monetarios sirven de poco. Las tasas de interés ya están bajas (y no pueden ser negativas), y los bancos disponen de liquidez, pero la demanda de crédito por parte de hogares y empresas no aumenta. Debe tenerse en cuenta que así como la deuda prolonga el auge de la demanda antes del estallido de la crisis, también prolonga la debilidad de la demanda, en tanto no se rehacen los balances. Ya sea porque se cancelan deudas, o se liquidan acreencias. Invariablemente en toda crisis lo que ocurre es una liquidación de valores, que en EEUU continúa produciéndose.

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14/11/2010 at 18:20

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Militancia probada… y capital

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En su edición del 2 de octubre de 2010, la revista The Economist dedica una larga nota, además del editorial, al Brasil que deja Lula, y a la sucesión de Vilma Rousseff. Dejando de lado algunos desacuerdos secundarios, la revista es muy elogiosa para con el líder del Partido de los Trabajadores. “Lula dio a Brasil continuidad y estabilidad”, sostiene. Y sobre Rousseff dice que es “una mujer fuerte y con coraje: siendo una joven militante de izquierda, sobrevivió a la tortura a manos del régimen militar, y atravesó una batalla contra un cáncer linfático el último año”.

Así The Economist afirma lo que muchos intuimos desde hace tiempo, a saber, que el establishment económico valora muy positivamente a los militantes de izquierda cuando éstos pasan a defender el capital y su Estado. Es que los ex militantes de la izquierda por lo general han tenido una visión crítica, que les ha permitido formarse criterios propios. Muchos, además, han pasado por pruebas complicadas, como es el caso de Rousseff, del uruguayo Mujica, y de tantos otros. Un hecho que no es menor cuando hay que evaluar la resistencia frente a las tensiones que derivan de los conflictos entre las clases sociales, o sus fracciones. Además, aun los que tienen una formación superficial en el marxismo, o en alguna teoría crítica, conocen mejor cómo funciona el capitalismo que los egresados de las escuelas del “equilibrio general” y tonterías semejantes. Por último, si un ex militante de izquierda pasa a defender los intereses del capital, parece no haber mejor prueba ante la opinión pública de que no hay alternativas serias al sistema.

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04/11/2010 at 15:39

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«Profundizar el modelo» después de Kirchner

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Una de las primeras cuestiones que se definieron desde las altas esferas del Gobierno a horas de la muerte del ex presidente Kirchner, fue el propósito de “profundizar el modelo”. Por modelo se entiende, en lo esencial, la política económica “industrialista”, aplicada desde 2003. Es pertinente preguntarse entonces cuáles son hoy sus condiciones de evolución.

Crecimiento basado en el tipo de cambio alto

A partir de 2002 el tipo de cambio real alto fue clave para la estrategia del desarrollo “industrialista”; primero en el gobierno de Duhalde, y luego en los gobiernos de los Kirchner. El tipo de cambio real multilateral entre 2002 y 2009 fue, en promedio, un 30% más alto que en el promedio de los últimos 30 años. El cambio abrupto de precios relativos, ingresos y rentabilidades producido con la crisis de 2001, explica mucho de lo que sucedió en los años que siguieron. Recordemos que a mediados de 2002 los salarios estaban, en dólares, a un 25% del nivel de diciembre de 2001. Esa caída de salarios estuvo en el centro de la recuperación de la acumulación.

Pero la baja de salarios se combinó con otros tres factores, por lo menos. En primer lugar, los equipos industriales se habían renovado, relativamente, durante los noventa. En este respecto, hay que dejar de lado la idea, muy difundida en ciertos ámbitos del progresismo, de que durante la época menemista solo hubo especulación y parasitismo. La verdad es que en esos años aumentó la productividad industrial; también lo hizo la relación de capital por obrero (autores de la CEPAL han subrayado esta cuestión). En otras palabras, las empresas que sobrevivieron a las quiebras, renovaron sus equipos, se modernizaron, y también racionalizaron las plantillas (lo que produjo un aumento significativo de la desocupación). En segundo término, como producto lógico de la crisis, en 2002 había gran capacidad ociosa, lo que habilitaba a que hubiera un rápido incremento de productividad, por caída de costos fijos, a medida que avanzara la recuperación de la demanda. En tercer lugar, las tarifas de servicios públicos quedaron congeladas, y los precios de muchos bienes no transables se rezagaron. En 2002 la tasa de inflación fue del 41%, pero los precios de salud, educación y vivienda aumentaron en promedio el 10%.

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31/10/2010 at 13:36

¿Keynes partidario del valor trabajo?

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La presente nota tiene como objetivo aclarar una confusión que se ha instalado en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, con respecto a Keynes y su relación con la teoría del valor trabajo de Marx, o Ricardo. A partir de un pasaje de la Teoría General, se sostiene que Keynes habría aceptado, de alguna manera, la teoría del valor trabajo. Esta idea es defendida en Argentina por el doctor y profesor de economía Axel Kicillof. Empiezo precisando en el punto en común que tienen las teorías del valor trabajo de Ricardo y Marx, para luego abordar la cuestión en Keynes.

La teoría del valor trabajo en Ricardo y Marx

Si bien entre la teoría del valor de Ricardo y Marx existen importantes diferencias, ambas tienen como punto de partida la idea de que el valor de las mercancías está determinado por el tiempo de trabajo humano, y por lo tanto los precios están regidos, o determinados, por los tiempos de trabajo humano. En este respecto Marx decía que éste era el punto de partida para el estudio de la sociedad burguesa:

“La base, el punto de partida para la fisiología del sistema burgués –para la comprensión de su coherencia interna y sus procesos vitales- es la determinación del valor por el tiempo de trabajo. Ricardo parte de ahí, y obliga a la ciencia a salir de sus carriles, a explicar la medida en que las otras categorías –las relaciones de producción y comercio- desarrolladas y descritas por ella corresponden a dicha base, a ese punto de partida, o lo contradicen…” (Marx, 1975, t. 2 p. 141).

Marx señala que si bien Ricardo no analiza el carácter de ese trabajo, el haber partido de la determinación de los valores relativos de las mercancías por la cantidad de trabajo, constituye un indudable mérito histórico, y “una necesidad científica en la historia de la economía” (ídem, p. 140). Subrayemos que si el trabajo es la fuente del valor, necesariamente es la fuente de la ganancia del capital. Ésta es la consecuencia necesaria de la teoría del valor trabajo.

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Written by rolandoastarita

28/10/2010 at 10:42

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