Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Caracterización de Cambiemos, visiones alternativas

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La idea dominante en buena parte de la izquierda es que el gobierno de Macri expresa los intereses del capital especulativo y del capital imperialista, fundamentalmente de EEUU. Estos habrían sido, además, los responsables de la corrida cambiaria y los principales vehículos de la fuga de capitales. A su vez, sigue el razonamiento, el acuerdo con el FMI sella el sometimiento de Argentina a los poderes imperiales. De ahí que la demanda de la liberación nacional vuelva a estar en el primer plano. La consigna de la hora es “Patria sí, colonia no”.

Naturalmente, este discurso conlleva la noción de que el kirchnerismo y las corrientes nacionalistas burguesas o pequeño-burguesas afines, son progresivas en relación a los “financistas apátridas, el capital imperialista y el FMI”. Un razonamiento que impregna no solo el análisis del presente, sino también del pasado. Por ejemplo, si hoy el pedido de un crédito al FMI es sinónimo de sometimiento colonial, la cancelación de los préstamos del Fondo por parte del presidente Kirchner habría sido un paso hacia la liberación nacional. Podrá decirse que la medida fue vacilante o incompleta, pero puestos en la lógica de la “liberación nacional o neocolonialismo”, no hay manera de refutar la afirmación “ahora somos más independientes” (Kirchner, julio 2006, después de la cancelación). Y con el mismo argumento ahora se concluirá que las fracciones que expresan los intereses del capital productivo y nacional son progresivas frente al gobierno de los CEO y sus negociados con el capital financiero.

En definitiva, todo empuja a reforzar la estrategia de “derrotar al enemigo principal y urgente”. Después de todo, si los padecimientos de los trabajadores se deben principalmente a los especuladores y al FMI, los mismos se aliviarán cuando llegue al gobierno algún representante del capital productivo (y argentino, faltaba más). Por eso, muchos dirigentes del campo “nacional y popular” convocan a la izquierda (incluidas las organizaciones que se referencian en Marx, Lenin, Trotsky, Che Guevara) a unir fuerzas “contra el enemigo principal”.

En este respecto, son llamativas las piruetas dialécticas de algunos dirigentes de la izquierda cuando, apurados por el envite, tratan de explicar por qué no se unen con el kirchnerismo, habiendo coincidencia en el diagnóstico sobre el “peligro inmediato”. El tema tiene importancia porque buena parte de la militancia kirchnerista, o filo stalinista, considera que el rechazo a formar un frente único anti-Cambiemos es sectario y divisionista. De hecho, el problema ya se planteó en ocasión del ballotage de 2015, cuando la izquierda llamó al voto en blanco, o la abstención. Es que si Scioli era el candidato de la burguesía “nacional y popular” (con todas sus “vacilaciones e inconsecuencias”), y Macri el candidato del capital financiero imperialista (principal responsable de los males del pueblo), ¿por qué votar en blanco? Para colmo, la izquierda consideró que el triunfo de Macri representó un “giro a la derecha”. ¿Por qué entonces no llamó a votar a la fracción “menos mala” para evitar, al menos, algunos de los sufrimientos actuales al pueblo? Son las preguntas que en su momento se hicieron muchos militantes y simpatizantes del campo nacional y popular. Y que hoy vuelven a preguntar ¿por qué no nos unimos contra el enemigo urgente? Pero aferrados a la defensa de la patria frente a las finanzas imperiales, los marxistas nacionales no pueden ofrecer respuestas coherentes.

Una visión alternativa

Mi interpretación acerca de qué expresa el gobierno de Cambiemos es distinta de la que prevalece en la izquierda marxista y nacionalista. En mi opinión, el programa del gobierno de Macri expresa los intereses del conjunto del capital, ya que su objetivo es mejorar las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo, con independencia de que el capital sea grande o pequeño, nativo o extranjero.

Por eso, al margen de tensiones y matices, la clase dominante tiene un acuerdo sustancial en, al menos: eliminar o reducir subsidios estatales; eliminar o reducir planes sociales; disminuir jubilaciones (en el mediano plazo, elevar la edad de jubilación); reducir impuestos; reducir el costo “de la política”; sostener un tipo de cambio real alto; impedir que los salarios se ajusten según la inflación y bajarlos en términos reales; debilitar el derecho de huelga (la represión a los huelguistas de subterráneos Buenos Aires es ejemplar); profundizar la flexibilización laboral; abaratar los despidos; acabar con lo que llaman “la industria del juicio”; y debilitar, o suprimir, a las corrientes sindicales combativas (de nuevo, véase subterráneos). Estas reivindicaciones son levantadas por empresarios y voceros de la industria, el comercio, la minería, el agro, el transporte, la banca y demás instituciones financieras. Por eso la corrida cambiaria fue aprovechada por prácticamente todas las fracciones para pedir al gobierno que acelere “el ajuste”, y  a la oposición parlamentaria “que deje hacer al gobierno”. Y si hay cuestionamientos, estos apuntan a la capacidad del gobierno para hacer el “ajuste” a fondo.

Es absurdo entonces, y contrario a los hechos, sostener que se trata solo de reclamos del capital financiero, o del capital financiero imperialista. Pero por esto mismo, también es absurdo, y contrario a los hechos, decir que la devaluación del peso y las medidas de ajuste ocurren porque las “ordena” el FMI. Por supuesto, el FMI refuerza la orientación en curso, pero lo esencial es que existe una convergencia de intereses objetivos entre el Fondo y la clase capitalista local. Más aún, la demanda de avanzar en el ajuste la formulan, de hecho, los capitalistas a través de la huelga de inversiones y la fuga de capitales. Por eso, también es contrario a toda la evidencia afirmar, como leo en algún periódico de la izquierda radicalizada, que la devaluación del peso se produjo porque la dispuso el FMI. La realidad es que la corrida comenzó antes del pedido de crédito al FMI, y obedeció a la pura lógica de la ganancia, el único criterio que cuenta en estas cosas. Ante estas evidencias, la afirmación de que todo se debe al FMI y los poderes foráneos solo puede explicarse por el afán de exaltar, a cualquier precio, el nacionalismo. Es el tipo de argumento que a lo largo de décadas presentaron las organizaciones stalinistas (el PC en primer lugar) para disculpar a los capitalismos “nacionales” y apoyar a la fracción “progre y nacional” de la clase dominante.

En base a lo anterior, también sostengo que la clase obrera no debería encolumnarse detrás del discurso patriótico, que hoy todo lo inunda. Para la clase explotada, que el capital sea propiedad de Lázaro Báez o de Cristóbal López, y no de Techint o Coca Cola, es un tema irrelevante. En cuanto al FMI, y el capital financiero internacional, no se los puede derrotar sin romper con la burguesía nativa (y en última instancia, el resultado de esta lucha dependerá de la relación de fuerzas entre el capital y el trabajo en el plano mundial; no es un tema meramente “nacional”). Es esencial retener que la burguesía argentina no tiene ninguna progresividad histórica.

En el mismo sentido, que el capital sea pequeño o mediano no es razón para asignarle algún rol progresivo, o para depositar confianza en sus representantes políticos. En este punto es conveniente recordar el viejo consejo de Lenin a los obreros rusos: “No confiéis en ningún pequeño propietario, por pequeño que sea, incluso trabajador” (citado por Trotsky). Esta recomendación tiene vigencia.

En definitiva, las caracterizaciones alternativas del gobierno de Cambiemos conectan con una de las cuestiones que tradicionalmente más se han discutido en la izquierda, a saber, cuál es la “contradicción principal” (para usar una expresión de los sesenta). Por un lado, la que dice que es entre el capital especulativo-imperialista y el resto de la población (o “el pueblo”). Por otro lado, la que dice que la contradicción principal es entre el capital y el trabajo. La primera induce al conciliacionismo de clase. La segunda es el fundamento de la independencia de la clase obrera con respecto a toda ideología burguesa.

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Caracterización de Cambiemos, visiones alternativas

Written by rolandoastarita

24/05/2018 a 11:33

11 comentarios

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  1. y es que en los diversos y enormes aparatos de la izquierda también están elementos de las clases explotadoras: pequeños propietarios, propietarios medios representantes de la explotación más retrógrada (y por eso dependiente de una metodología ideológica de explotación que no incluye el avanzo de las fuerzas productivas) y muchos y muchos gestores. La propia CTEP es todo un universo productivo, co-propietaria y gestora de medios de producción, que tiene por objetivo controlar una caja de obra social. Ni que hablar de los demás sindicatos. El terreno del nacionalismo es fertil, herencia del tercer-mundismo filo-fascista latinoamericano, el corporativismo es su ideología más fuerte (y acá hay que entender corporativismo no como una de estas palabras que se usa de forma liviana, sino como el cuerpo teórico de la organización económica social propia del fascismo de principios del siglo XX).

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    lucas

    24/05/2018 at 12:13

  2. Coincido plenamente. Y me permito recordar dos hechos:
    -la flia. Macri pertenece a la “burguesía nacional industrialista” y papá Franco, cuando los K, se especializó en la intermediación con China impulsada por el FPV.
    -tanto los K como los Pro subsidian, directa e indirectamente y por arriba del precio de mercado, la explotación de Vaca Muerta, que, con el precio internacional, es inviable. Un petróleo “nacional y popular” que pagamos todos.

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    santiago

    24/05/2018 at 12:28

  3. Buen artículo, pero tengo una duda. Cuando usted dice que favorece a todo el conjunto del capital, no importa su tamaño, parece estar ignorando los numerosos testimonios de empresarios pequeños (kioskos, pymes etc) a los cuales el tarifazo y otras medidas les está perjudicando y bastante. Obvio que la devaluacion del salario de sus empleados y otras medidas también les favorece, pero en conjunto no es tan facil sacar en claro que se estén beneficiando de todo esto. Espero su respuesta, saludos.

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    GT

    24/05/2018 at 12:42

    • La pequeña burguesía globalmente aprueba las medidas de ajuste sobre el trabajo. Las quejas en su mayoría van por el lado de que el gobierno mantiene “vagos” con los planes sociales, o por los “ñoquis” del Estado. Por eso también gana consenso entre amplios sectores de las clases media propuestas como la de imponer presentismo a los maestros, reducir las pretensiones salariales de los trabajadores, acabar con los piquetes y semejantes. No se puede entender la audiencia que tienen un Baby Etchecopar y semejantes (aunque critique al Gobierno) si no tenemos en cuenta este trasfondo ideológico.

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      rolandoastarita

      24/05/2018 at 12:52

    • Es interesante el planteo porque, creo, apunta a uno de los nudos de diferencias entre marxistas y peronistas. Por ejemplo, para los marxistas procesos como la dictadura militar o el menemismo fueron enormes racionalizaciones, momentos en las que se restaura el imperio de la ley del valor. Procesos de los que el capital “en general” sale “saneado”, es decir, en mejores condiciones para reproducir la explotación. Suelo pensar que la dictadura militar, por medio de la apertura comercial y el sometimiento de la producción nacional a la competencia internacional, atacó una de las bases de las recurrentes crisis (el stop&go). En cambio, los peronistas o la izquierda nacional, interpreta esos procesos como momentos de profundización del imperialismo, justamente basándose en las consecuencias de las racionalizaciones sobre capitales nacionales, pymes, etc. Lo que sucede es que esos capitales nacionales no son competitivos a nivel internacional y solo pude existir por medio de algún tipo de protección arancelaria, cambiaria, o por medio de subsidios indirecto como el derivado del congelamiento de tarifas.
      Sin embargo el capital no se puede desarrollar sobre la base de una sistemática transferencia de recursos de unos capitales a otros. El congelamiento de tarifas, por ejemplo, provocó baja inversión en las empresas de distribución minorista, importantes deudas de estas con las mayoristas que en definitiva las financiaban, es parte del déficit fiscal, y en un momento también repercutió fuerte en la balanza de pagos (importaciones de combustibles). O sea que de ser una política para favorecer al conjunto del capital a despegar de la crisis de 2001, se fue desarrollando hasta ser un problema también para el conjunto de los capitales. Por eso se hacen necesarias las racionalizaciones en las que se reestablece el pleno funcionamiento de la ley del valor, que es lo que todo capital necesita en general, a pesar de que en cierta situación particular algún capital se vea afectado por eso.

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      Gus

      24/05/2018 at 18:21

  4. Clarisimo como siempre Rolo aunque a la luz de las posturas de” nuestras izquierdas” parece que fuera oscura tu posicion pero lo que si es claro que no hay nada peor que un ciego que no quiere ver….Abrazo Alberto urthiague

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    alberto

    24/05/2018 at 12:53

  5. Rolo
    Vos pensas como sostiene un grupo de izquierda, que argentina si sigue en el capitalismo (como parace que va a ocurrir al menos por varias decadas) que la unica salida es como corea del sur luego de la guerra, o sea una eliminacion de la mayoria de la burgusia para concentrarla en unos pequeños grupos muy grandes, al estilo samsung, y con fuerte intervencion del estado en ese proceso? o es posible que si la burguesia aumenta la tasa de inversion por decadas en varias decadas argentina pueda ser mas desarrollada aun sin ser del nivel de europa?

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    cecilia

    24/05/2018 at 14:27

    • Aumentar la tasa de inversion significaria hacer lo que hizo china (que no es casualidad, muchos periodistas y economistas piden) que es “reducir” costos laborales, tales como salarios y planes para desocupados, obras publicas, estas son las famosas condiciones para “la inversion” que como plantea el articulo, exigen globalmente en escalera todos los capitales, nacionales e intermediarios, externos e internos, pequeños y grandes, etc.
      En otras palabras, la unica forma de lograr un crecimiento asi seria sobre la derrota y aplastamiento de la clase obrera, en tasas aun mayores (y probablemente bajo la forma de democracias altamente militarizadas o dictaduras burocraticas)

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      SDPA

      24/05/2018 at 21:12

  6. Excelente nota. Es impresionante ver los esfuerzos que hacen los representantes de izquierda para diferenciarse del nacionalismo progresista sin lograrlo jamás. Solo logran quedar como una variable radical del peronismo. Kirchnerismo consecuente?

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    Ap

    26/05/2018 at 13:26

  7. Creo que la cosa no es tan compleja. Y en alguna medida no solo la izquierda colaboró para que gane Macri sino tambien el mismo kirchnerismo, más exactamente la misma Cristina. Cuando pienso, una y otra vez, y releo los diarios de esas fechas, esta idea cobra más cuerpo. Lo que sucedió es que no se imaginaron tamaña cosa. Se le escapo la tortuga. Algo así como el ISIS a la Cía….algo asi…

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    Norma Cristaldo

    28/05/2018 at 21:46

    • No entiendo. Quienes no se imaginaron tamañana cosa, que no es “tan complejo”?
      Y si, el kirchnerismo y cristina misma cedio espacio. Si ese era el punto.

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      SDPA

      29/05/2018 at 00:04


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