Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

El PTS sobre Lenin, reformismo y programa de transición

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En varias entradas anteriores respondí las críticas de Maiello y el PTS a mi crítica al Programa de Transición y a la política trotskista (véase aquí y otras entradas). Maiello acaba de publicar una nueva crítica, “Un programa para activar el freno de emergencia”, https://www.laizquierdadiario.com/Un-programa-para-activar-el-freno-de-emergencia.

En esta entrada me enfoco en una afirmación de Maiello y el PTS, referida a la política de Lenin a partir de la Primera Guerra mundial. Mi principal propósito es mostrar cómo Lenin combinó la lucha por reformas –o sea, por el programa mínimo- con la agitación y propaganda por la revolución socialista. Pienso que los revolucionarios pueden aprender de esa experiencia, en particular de la forma en que el líder bolchevique articulaba los diversos niveles de actividad revolucionaria. También mostraré cómo Maiello y el PTS tergiversan y ocultan los hechos. En una próxima entrada discutiré otros planteos de Maiello.

Maiello sostiene que, a partir de los estudios sobre el imperialismo, y de la guerra, Lenin rompió con la división entre programa máximo y mínimo. Esa ruptura se habría debido a que, dado el desarrollo del imperialismo, de la aristocracia y la burocracia en las organizaciones obreras, “sostener la división entre “programa mínimo” y “máximo” significaba renunciar a construir una fuerza revolucionaria independiente”. Agrega: “limitarse al programa “mínimo” dejando de lado cualquier planteo que cuestionara la propiedad capitalista llevaba a subordinarse a las direcciones reformistas y a la burocracia de los sindicatos; así como circunscribir la agitación al programa “máximo” del comunismo significaba una ubicación ultimatista incapaz de interpelar a la mayoría aún reformista de la clase trabajadora”. Poco antes explica que la consecuencia práctica de la división entre programa máximo y mínimo sería limitarse a la agitación del “programa mínimo” indefinidamente y toda consigna que cuestione la propiedad capitalista dejarla exclusivamente para la propaganda hasta “la” situación revolucionaria pre-insurreccional que, según parece, debería caer del cielo”. Afirma que si no se agitan consignas transicionales, si se lucha por reformas mínimas y se hace agitación (explicar una o dos ideas a las masas) y propaganda por el socialismo, se relega indefinidamente la revolución socialista. De ahí que Lenin habría planteado, a partir de su escrito sobre el imperialismo, adoptado la táctica transicional recomendada por Trotsky en 1938. Esto es, desde 1916, por lo menos, Lenin habría abandonado la división entre la lucha por reformas y la propaganda por el programa máximo, la revolución socialista.

Política de Lenin durante la guerra

Es un hecho que Lenin escribió sobre el imperialismo y la aristocracia obrera durante la guerra, sin por ello renunciar a la división entre programa máximo y mínimo. Así como la lucha por reformas. Por ejemplo: “Los socialistas no rehúsan luchar por reformas. Por ejemplo, en los parlamentos deben votar, incluso ahora, por todas mejoras, aunque sea pequeñas, en la situación de las masas, por mayor socorro a los habitantes de las regiones devastadas, por la disminución de la opresión nacional, etc. Pero es sencillamente un engaño burgués preconizar las reformas como una solución de problemas para los cuales la historia y la situación política real exigen un enfoque revolucionario. Este es precisamente el tipo de problemas que la guerra ha puesto en primer plano”. Lo cual no negaba, sino todo lo contrario, la lucha por “ayudar a la revolución socialista del proletariado, apoyando y fomentando la efervescencia que se inicia entre las masas de todos los países beligerantes, soportando las incipientes huelgas y manifestaciones, etc., extendiendo y agudizando estas aún débiles expresiones de la lucha revolucionaria de masas para transformarlas en un asalto general del proletariado con vistas al derrocamiento de la burguesía” (Proposición del Comité Central del POSDR”, marzo 1916). No hay programa de transición; hay lucha por reformas, y lucha por ayudar al proletariado a insurreccionarse contra la burguesía y los gobiernos y regímenes dominantes.

Más todavía, también en plena guerra, Lenin se opuso a los socialistas holandeses “de izquierda” que decían estar en contra de un programa mínimo (es decir, contra la lucha por reformas y por la democracia), dado que “contradice” la revolución socialista. Esta tendencia había presentado en la Conferencia Internacional de Zimmerwald un programa que combinaba “ndiscriminadamente puntos tales como “expropiación de los bancos” y “abolición de las tarifas aduaneras”, ‘’supresión de la primera cámara del senado”, etc.”. Lenin subraya que la propia izquierda de Zimmerwald había rechazado ese programa, y considera que el programa de los holandeses era “incoherente” porque medidas como la expropiación de los bancos solo era aplicable en una revolución socialista, y esta no había comenzado. También critica Lenin la idea de que todo el programa mínimo era inalcanzable.

También durante la guerra: “De ningún modo nos oponemos a la lucha por las reformas. (…) Somos partidarios de un programa de reformas que también esté dirigido contra los oportunistas. Mucho se alegrarían los oportunistas si abandonásemos totalmente en sus manos la lucha por las reformas y buscásemos escapar de la triste realidad, en una nebulosa fantasía de “desarme”. Refiriéndose a la Segunda Internacional, no dice que el problema estuviera en la división del programa máximo y mínimo, o en la lucha por reformas, sino “El error mayor, fatal, de la fracasada II Internacional, fue que sus palabras no concordaban con sus hechos, que se practicaba la costumbre de recurrir a una fraseología revolucionaria hipócrita e inescrupulosa” (“El programa militar de la revolución proletaria”, septiembre de 1916).

Luego: “Sería absolutamente erróneo pensar que la lucha inmediata por la revolución socialista significa que podemos o debemos abandonar la lucha por las reformas. De ningún modo. No podemos saber de antemano cuándo lograremos éxito, cuándo permitirán las condiciones objetivas el surgimiento de esa revolución. Debemos apoyar toda mejora, toda verdadera mejora de la situación de las masas, tanto económica como política. La diferencia entre nosotros y los reformistas… no consiste en que nosotros nos oponemos a las reformas mientras que ellos las apoyan. Nada de eso. Ellos se limitan a las reformas y, como resultado, descienden… al papel de “enfermeros del capitalismo”. Nosotros decimos a los obreros: voten por la representación proporcional, etc., pero no se limiten a eso. Consideren como tarea principal propagar sistemáticamente la idea de una revolución socialista inmediata, prepárense para esa revolución y reconstruyan radicalmente cada aspecto de la actividad partidaria. Las condiciones de la democracia burguesa muy a menudo nos obligan a adoptar una u otra posición respecto de un sinnúmero de reformas pequeñas e insignificantes; pero debemos saber adoptar esa posición —o aprenderlo— respecto de esas reformas” (“Posición de principios respecto de la guerra”). O sea, Lenin no se limitaba al programa mínimo, y propagandizaba la idea de una revolución socialista (sin recurrir a “escaleras transicionales” ni inventos extraños). Naturalmente, para Maiello y el PTS es relegar la lucha por el socialismo a un futuro indefinido, y sinónimo de falta de estrategia revolucionaria.

En otro texto, Lenin: “El problema no consiste, como sostienen los pacifistas kautskistas: o bien una campaña política reformista o el rechazo de reformas. Ese es un planteamiento burgués del problema. El problema es: o bien lucha revolucionaria, cuya consecuencia, en caso de no alcanzar un éxito total, son las reformas (esto ha sido demostrado por la historia de las revoluciones en todo el mundo), o nada más que discursos sobre reformas y promesas de reformas”.  (…) “Ese reformismo [se refiere a Kautsky, Turati y otros] es absolutamente incompatible con el marxismo revolucionario, cuya obligación es aprovechar, lo más posible, la presente situación revolucionaria en Europa para impulsar abiertamente la revolución, el derrocamiento de los gobiernos burgueses, la conquista del poder por el proletariado armado, sin renunciar ni negarse, al mismo tiempo, a utilizar las reformas para desarrollar la lucha revolucionaria y en el curso de esa lucha” (“Pacifismo burgués y pacifismo socialista”, 1 de enero de 1917). Lenin no agitaba consignas transicionales, y no renunciaba a la estrategia revolucionaria. Para Maiello y el PTS esto es incomprensible e intragable. Pero por eso mismo, ocultan y mienten a sus lectores.

Otra de Lenin: “Sólo el reformismo burgués, que en esencia es la posición de Kautsky, Turati y Merrheim, plantea el problema como sigue: o bien renunciar a la revolución y ello significa reformas, o bien nada de reformas. No obstante, toda la experiencia de la historia del mundo, así como la experiencia de la revolución rusa de 1905, nos enseñan lo contrario: o bien lucha revolucionaria de clases, de la cual siempre se derivan reformas (cuando la revolución no alcanza un éxito total), o bien nada de reformas” (“Borrador para un llamamiento”, 7 de enero de 1917).

Otra: “¿Quién no sabe que nosotros, los socialdemócratas, no estamos en contra de la lucha por reformas, que, a diferencia de los socialpatriotas, a diferencia de los oportunistas y de los reformistas, no nos limitamos a la lucha por reformas, sino que la subordinamos a la lucha por la revolución? ¿Quién no sabe que esta es exactamente la política expuesta en forma reiterada en los manifiestos de Zimmerwald y Kienthal? No nos oponemos a las elecciones y a reformas destinadas a reducir el alto costo de la vida, pero nuestra primera preocupación es decir abiertamente la verdad a las masas, o sea, que no se puede poner término al alto costo de la vida sin expropiar los bancos y las grandes empresas, es decir, sin la revolución social” (Carta abierta a Charles Naine, 8-9 de enero de 1917).

El eje de la política frente a la guerra es explicar a las masas que no habrá paz democrática si la burguesía sigue en el poder. En ningún lado Lenin plantea una agitación transicional “en escalera”, como luego harán Trotsky y el trotskismo. Escribe: “Los reformistas burgueses y los pacifistas son personas a quienes, por lo general, se les paga, de una u otra manera, para que refuercen el dominio del capitalismo remendándolo un poco, para que adormezcan a las masas y las desvíen de la lucha revolucionaria. Cuando “dirigentes” socialistas como Turati y Kautsky…. tratan de convencer a las masas de que la actual guerra imperialista puede terminar en una paz democrática, con la permanencia en el poder de los gobiernos burgueses y sin una insurrección revolucionaria contra toda la red de relaciones mundiales imperialistas, es nuestro deber declarar que semejante propaganda es un engaño al pueblo, que no tiene nada en común con el socialismo, que se reduce a embellecer una paz imperialista”.

Luego de afirmar que los revolucionarios no mienten al pueblo, escribe: “Nosotros diremos la verdad; a saber, que una paz democrática es imposible a menos que el proletariado revolucionario de Inglaterra, Francia, Alemania y Rusia derroque a los gobiernos burgueses. Nosotros creemos que sería el mayor de los disparates que los socialdemócratas revolucionarios se abstuvieran de luchar por las reformas en general, incluyendo la ‘reforma constitucional’. Pero, en el momento actual, Europa atraviesa una época en la que más que nunca es necesario tener presente esta verdad: las reformas son un derivado de la lucha revolucionaria de clases. Pues la tarea del día —no porque nosotros lo querramos, o porque alguien lo haya así planeado sino debido a la marcha objetiva de los acontecimientos— es resolver los grandes problemas históricos mediante la violencia directa de las masas, que creará nuevas bases, y no mediante acuerdos basados en lo viejo, decadente y agonizante”.

Más adelante, y luego de criticar a los reformistas, dice: “Pero todo consiste ahora en lograr que la vanguardia consciente del proletariado dirija sus pensamientos a la lucha revolucionaria por el derrocamiento de sus respectivos gobiernos y reúna sus fuerzas para ello” (“Un viraje en la política mundial”, 31 de enero de 1917).

Obsérvese también el llamado a utilizar las tribunas parlamentarias para hacer propaganda a favor del socialismo. Es el caso de la actividad socialista en Suiza: “Utilización de la tribuna parlamentaria y del derecho de iniciativa y del referéndum, no a la manera reformista, para defender reformas “gratas” a la burguesía y por consiguiente impotentes para suprimir los males principales y fundamentales que sufren las masas. El objetivo debería ser realizar propaganda en favor de la trasformación socialista de Suiza, perfectamente factible desde el punto de vista económico y cada vez más urgentemente necesaria debido a la intolerable carestía de la vida y de la opresión del capital financiero, v también debido a que las relaciones internacionales engendradas por la guerra empujan al proletariado de toda Europa a la revolución”. Una y otra vez enfatiza en la necesidad de luchar por reformas, y explicar la posición socialista: “La propaganda y la agitación en favor de la revolución social deben realizarse en forma más concreta, más clara y abordando problemas prácticos inmediatos. Esto hará que la comprendan no sólo los obreros organizados, que, bajo el capitalismo, siempre serán una minoría del proletariado y de las clases oprimidas en general, sino también la mayoría de los explotados que, por la terrible opresión del capitalismo, no pueden organizarse en forma sistemática”.

Para influir en masas aún más amplias, el partido debe editar en forma más sistemática volantes gratuitos, que deben explicar a las masas que el proletariado revolucionario lucha por la trasformación socialista de Suiza, trasformación que es necesaria para las nuevas décimas partes de la población y conforme a sus intereses”. Más abajo recomienda “hacer propaganda en favor de la revolución socialista entre las capas más atrasadas del proletariado y del semiproletariado de las ciudades y, sobre todo, del campo” (“Tareas de la izquierda en Zimmerwald” noviembre de 1916; énfasis agregados).  

“Explicar a las masas” la necesidad del socialismo, junto a la lucha por reformas. Pero para Maiello y el PTS esto era “renunciar a construir una fuerza revolucionaria independiente”.

En Rusia, 1917

Ahora en Rusia, 1917, en vísperas de la toma del poder, Lenin analiza la propuesta de Bujarin y Smirnov de “eliminar íntegramente el programa mínimo. Según ellos, la división en programa máximo y programa mínimo es “anticuada”. No es necesaria, puesto que hablamos de una transición al socialismo. Nada de programa mínimo; directamente el programa de medidas de transición al socialismo”. Lenin se opone. Explica: “Nosotros nos encaminamos ahora al combate, es decir, luchamos por la conquista del poder político por nuestro partido. Este poder será la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres. Al tomar el poder, no tememos de ningún modo rebasar las fronteras del régimen burgués, sino que, por el contrario, decimos clara, directa, definida y abiertamente, que nosotros traspasaremos esos límites, que marcharemos sin temor hacia el socialismo, que nuestro camino pasará por una república de soviets, por la nacionalización de los bancos y cárteles, por el control obrero, por el trabajo general obligatorio, por la nacionalización de la tierra, la confiscación del ganado y aperos de labranza de los terratenientes, etc., etc. En este sentido, hemos proyectado nuestro programa de medidas para la transición al socialismo. Pero no debemos cantar victoria antes de tiempo. No debemos descartar el programa mínimo, pues ello sería una vana jactancia: no queremos “pedir nada a la burguesía”, queremos realizarlo todo nosotros mismos, no queremos detenernos en pequeños detalles dentro del marco de la sociedad burguesa. Sería una jactancia vana, pues en primer lugar, debemos conquistar el poder, cosa que aún no hemos hecho. Debemos primero aplicar medidas de transición al socialismo, debemos llevar adelante nuestra revolución, hasta el triunfo de la revolución socialista mundial, y sólo entonces, “cuando podamos cantar victoria”, podremos suprimir por inútil el programa mínimo. Pero, ¿se puede hoy garantizar que el programa mínimo es ya innecesario? Por supuesto que no, por la sencilla razón de que aún no hemos conquistado el poder, que no hemos realizado el socialismo, ni hemos logrado siquiera el comienzo de la revolución socialista mundial” (“Revisión del programa del partido”, octubre de 1917).

En la Tercera Internacional

En ningún escrito, intervención, Lenin propone que los partidos Comunistas abandonen la división entre programa máximo y mínimo, y la reemplacen por un programa de transición. La Tercera Internacional, bajo orientación de Lenin, nunca redactó un programa de transición “para todo el mundo”, como haría luego Trotsky en 1938. Lo cual está a tono con la política de Lenin durante la guerra, y también con su rechazo a la propuesta de Bujarin, en 1917, con respecto al cambio de programa.

Por supuesto, con esto no estoy diciendo que Lenin tuviera razón. Simplemente estoy presentando evidencia que desnuda la manera en que se inventan historias. Pero con una observación final: el grado de tergiversación de hecho no es un error, o descuido. Como ya planteé en otra nota, estamos ante un empeñoso intento de destruir todas las tradiciones del socialismo revolucionario (véase aquí).

Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/19MgTikIdNWEsryWLEHhBBF7GgxyXKDsa6Z1ib3fuQIQ/edit?usp=sharing

Written by rolandoastarita

19/09/2021 a 18:01

Publicado en General

4 comentarios

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  1. Hola Rolando, ¿puedo sugerirte una nota sobre tus impresiones sobre las implicaciones de la crisis de Evergrade? En el pasado habìas sacado notas muy buenas sobre la economìa china y creo que serìa un aporte interesante a este blog.
    Un saludo y gracias de antemano por la atenciòn y el tiempo que dedicas siempre a los comentarios.

    Me gusta

    David

    20/09/2021 at 18:22

  2. “Nosotros nos encaminamos ahora al combate, es decir, luchamos por la conquista del poder político por nuestro partido. Este poder será la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres.” (Lenin. “Revisión del programa del partido”, octubre de 1917).

    En este aspecto hay una discrepancia con Lenin. La experiencia histórica ha demostrado que el poder partidario se convierte en una dictadura partidaria que nada tiene que ver con la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres.
    Muy por el contrario, la dictadura partidaria termina convirtiéndose en la dictadura de una élite política pequeñoburguesa, que con el paso del tiempo se aleja cada vez más de los trabajadores y se convierte en una casta burocrática con intereses propios diferenciados de los intereses del pueblo trabajador..
    Esto ha ocurrido en el 100% de los casos incluidos los pocos socialismos burocráticos que aún subsisten como Corea del Norte y Cuba.
    La dictadura del proletariado implica el gobierno directo de los mismos trabajadores a través de sus organizaciones bajo la forma de una democracia directa nunca antes vista en la historia, que será creación heroica del pueblo revolucionario.
    No hay ninguna razón para prohibir en la sociedad revolucionaria que los trabajadores conformen partidos revolucionarios y partidos marxistas de los más diversos matices. Ninguno de ellos puede arrogarse el derecho de ser el único representante de la clase trabajadora revolucionaria. El partido único es incongruente con una sociedad que construye el socialismo.
    La esencia y luz de esa nueva sociedad y la garantía de avanzar en el socialismo hacia el comunismo, será el Frente Comunista que, simplemente, deberá estar en la primera fila de todo. No es exactamente que lo dirige todo, sino que está en la primera fila de todo.

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    Amauta

    21/09/2021 at 03:15

  3. Bueno para mi la respuesta no esta en crear varios partidos sino en que precisamente no exista la necesidad de ninguno, claro eso es mas facil decirlo que hacerlo. Los partidos por lo menos hasta ahora yo conosco se basan y favorecen la prevalencia de ciertos intereses de una sociedad sobre otros y en el fondo tienen como las religiones el mismo principio de division. En la lucha por la emancipacion claro que los intereses de los explotados tienen que prevalecer sobre los explotadores. pero una sociedad emancipada seguira necesitando de partidos?

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    cubano

    21/09/2021 at 13:44

  4. Tampoco se trata, para el caso de una sociedad emancipada, de aplicar una política que incentive adrede la creación de partidos. De lo que se trata es de que la libertad de pensamiento debe ser irrestricta. Ello implica de por sí la plena libertad de un colectivo de trabajadores de organizarse en un partido político; como también podría ser abrazar una corriente filosófica, literaria, artística, musical, religiosa, etc.
    Estamos hablando de una sociedad donde los trabajadores ejercen el poder directamente y son absolutamente libres de manifestar individual o colectivamente sus inquietudes culturales y sociales.
    Bajo estás premisas, resulta inconcebible en este tipo de sociedad que alguien o algo pretenda negar el derecho de los trabajadores a manifestar colectivamente sus ideas políticas y de cualquier otro tipo.
    Finalmente, en la sociedad emancipada, no me imagino bajo qué circunstancias o condiciones los trabajadores, por voluntad propia, decidan ya no organizarse en partidos políticos.

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    Amauta

    23/09/2021 at 22:43


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