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Al borde de una nueva recesión mundial

En la primera parte de 2011 la economía mundial estuvo creciendo a una tasa anual del 4,3%, continuando la recuperación iniciada a mediados de 2009. Si bien muy desigual -los países atrasados han crecido al 7,5%, en tanto los adelantados lo hicieron al 2,8%-, es una tasa de crecimiento no despreciable. La mejora de la economía argentina, y con ella de la posición electoral del gobierno en el último año, tiene que ver con esto. Pero las cosas están cambiando, principalmente por la situación de los países adelantados. Concretamente, hay muchas posibilidades de que el capitalismo desbarranque hacia una nueva gran recesión, incluso una depresión.
«Ultra-sraffianos» y la teoría de Marx (última parte)
Esta nota completa la crítica del enfoque de los ultra-sraffianos, que desarrollé en las dos notas anteriores.

Una economía newtoniana
En su artículo Mongiovi enfatiza que el sistema capitalista no es siempre anárquico, que el objetivo de la teoría es exponer las regularidades que subyacen a la realidad observable, y que para esto hay que hacer abstracción de incontables casualidades. La teoría sólida, según Mongiovi, es aquella a la que le importan los promedios, y se concentra en las tendencias de largo plazo del capitalismo. La idea que hay aquí es que en ausencia de perturbaciones aleatorias, el comportamiento del sistema económico está unívocamente especificado por leyes exactas. Aclaremos que no se trata de un sistema estático, ya que puede haber crecimiento, pero lo importante es que el mismo es equilibrado y hay una dinámica proporcional. Es el tipo de modelos que constituyeron el alimento de la literatura dedicada a la dinámica económica, en la línea abierta por von Neumann, en los años 40, y que se continúa hasta la actualidad. Estos modelos estudian el funcionamiento de una economía en equilibrio de largo plazo, donde todos los sectores crecen en la misma proporción; por lo general, no proporcionan una teoría de las fluctuaciones de corto plazo, ya que el peso está en el crecimiento óptimo de largo plazo (véase, por ejemplo, Morishima 1973). El método es el álgebra lineal, y las ecuaciones diferenciales lineales, o en diferencias. Se trata de modelos deterministas, ya que conociendo los datos iniciales, podemos predecir su movimiento futuro, dado que las soluciones se comportan de una forma regular. Los factores no contemplados en las ecuaciones, o externos, se consideran aleatorios, y en el largo plazo no alteran el comportamiento del sistema de alguna manera sustancial. Y dado que lo aleatorio aparece como resultado de muchas variables, generando sistemas complicados que no pueden ser incorporados al análisis, se aborda estocásticamente. Por eso se trata de dos mundos. El primero, determinista, es el mundo del orden, gobernado por leyes simples, expresadas en las ecuaciones lineales, que contienen pocos grados de libertad. El segundo, lo aleatorio, es el mundo del desorden, con muchos grados de libertad, y su abordaje es estadístico; pero estas leyes estadísticas no son la consecuencia matemática de las leyes simples subyacentes. Por eso, el científico que se declare interesado en las leyes dinámicas “fundamentales”, puede dejar de lado lo aleatorio como aquello que hasta cierto punto es lo patológico. Es de destacar que el esquema conceptual del mainstream neoclásico es de este tipo. Los neoclásicos tienen en mente un mundo determinista, donde las economías siguen trayectorias de equilibrio, de las que solo se alejan temporariamente a causa de eventos aleatorios, que se distribuyen de acuerdo con la función estadística normal, de manera que la mitad serán positivos y la mitad negativos (los poskeynesianos han criticado fuertemente este enfoque; véase Davidson, 1996, por ejemplo). En consecuencia, en el largo plazo prevalece la regularidad, y el científico debe concentrarse en ella para descubrir la ley del movimiento. Es lo que Mongiovi también considera el desideratum de la ciencia. De la misma forma, Samuelson pensaba que la estabilidad estructural era una condición necesaria para la observación y la predictibilidad de un fenómeno científico; en consecuencia, procuraba desterrar los modelos inestables.
«Ultra-sraffianos» y la teoría de Marx (segunda parte)
Esta nota continúa la anterior crítica a las posiciones ultra-sraffianas; la crítica se completará con una tercera entrada, que colgaré en unos días en el blog.

Valor y forma de valor
Debido a la importancia de penetrar por debajo de las formas de aparición, no es de extrañar que la teoría de Marx no solo indague en la sustancia del valor, sino también, y principalmente, busque explicar por qué esa sustancia adquiere objetividad bajo la forma precio. Lo cual explica por qué no basta con que exista trabajo para que haya valor. Es que solo a través de la forma del valor el trabajo puede objetivarse, coagularse, como propiedad social, como valor. Explica Marx: “… el trabajo, en estado líquido, crea valor, pero no es valor. Se convierte en valor al solidificarse, al pasar a la forma objetiva. Para expresar el valor de la tela como una gelatina de trabajo humano, es menester expresarlo en cuanto “objetividad” que, como cosa, sea distinta de lienzo mismo y a la vez común a él y a otra mercancía” (Marx, 1999, t. 1, p. 63). Para que el valor se convierta en propiedad de un objeto, es necesario que se exprese como una relación entre cosas. Solo de esta manera el trabajo privado se valida como socialmente necesario; pero no lo hace en cuanto trabajo vivo, sino como trabajo pasado, coagulado. Por eso el contenido del valor (el trabajo invertido en la producción) debe encontrar una forma de expresarse, y por ese mismo acto, se consolida como valor. Pero esto explica también por qué es necesario que las mercancías lleguen al mercado y se vendan. Por lo tanto, para que haya valor (o sea, para que el trabajo invertido en la producción cuente como formador de valor) es necesario que la sociedad debe estar dispuesta a entregar una cantidad de trabajo equivalente. Esto último puede no ocurrir si, por ejemplo, la producción de la rama supera las necesidades sociales. Es por esta razón que Marx plantea que hay dos determinaciones de trabajo socialmente necesario, y no una, como generalmente se piensa. La primera se relaciona con al tiempo de trabajo invertido en la producción, dada una tecnología e intensidad del trabajo promedio; es la que tienen en cuenta los sraffianos. La segunda, alude a la demanda social, esto es, al tiempo de trabajo que la sociedad está dispuesta a entregar a cambio, y escapa a la atención de los sraffianos. Es un resultado de no haber distinguido entre el contenido y la forma del valor, y haber pasado por alto la cuestión vital de la realización. Por eso en los sraffianos, a igual que sucede en Ricardo, el valor es un fenómeno exclusivamente vinculado a la producción, y en última instancia se identifica con insumos físicos. De ahí que aun en los trabajos de los sraffianos más cercanos a un planteo marxista, la cuestión del mercado y de la forma del valor termine desapareciendo. En Marx, en cambio, y como sostiene De Vroey (1981), “el concepto de valor apunta a una articulación de producción y circulación”.
«Ultra-sraffianos» y la teoría de Marx (primera parte)

El objetivo de esta nota es discutir la afirmación de los autores sraffianos (más precisamente, “ultra- sraffianos”, siguiendo a Roncaglia 1980), de que la teoría del valor desarrollada por Marx es innecesaria, y que el funcionamiento del sistema capitalista puede ser explicado adecuadamente a partir de los enfoques de Bortkiewicz y Sraffa. En este sentido amplía cuestiones que discutí en la anterior nota. Dada la cantidad de los temas que deberían ser discutidos, focalizo la atención en la problemática de los precios y valores; solo accesoriamente menciono derivaciones referidas a la concepción del dinero y los activos financieros, y no analizo otras cuestiones importantes, tales como la noción sraffiana de producto neto y su relación con el salario. De todas formas, el meollo de las diferencias entre la concepción ultra-sraffiana y la marxista reside en la cuestión de los precios y el valor. También, y con el objetivo de adaptarla al blog, he dividido la nota en tres partes.
Presentación Video

En Agencia A.N.T pueden encontrar el video de una charla que di, a fines de junio, en la Universidad Nacional de Quilmes para un grupo de propaganda que se está conformando. El tema central era discutir el concepto de trabajo productivo e improductivo de Marx.
Valor trabajo, el problema de la transformación y crítica sraffiana

El propósito de esta nota es volver al debate que se generó a partir del trabajo de Sraffa, y en especial de sus continuadores, en torno a la teoría del valor trabajo de Marx. Pienso que puede ser de interés para estudiantes y gente que se acerca a Marx, y muchas veces pregunta si el problema de la transformación no ha cuestionado de fondo la teoría de El Capital.
Recordemos que los autores llamados de la escuela de Cambridge (también conocidos como sraffianos o de la escuela anglo-italiana), realizaron una crítica abarcativa de la teoría económica neoclásica. Ya en los años 1920 Sraffa había demostrado que la determinación de los precios por medio de las curvas de oferta y demanda marshallianas exigía supuestos “heroicos” acerca de los rendimientos, y había planteado que los precios debían poder determinarse con independencia de cualquier suposición sobre los rendimientos. Luego, en la década de los 50, Joan Robinson y Nicholas Kaldor adelantaron las críticas principales a la teoría neoclásica del capital. En 1960 Sraffa publicó Producción de mercancías por medio de mercancías, donde mostró cómo se pueden determinar los precios a partir de un sistema de coeficientes de insumos de trabajo y bienes, abandonando el intento marginalista de determinar simultáneamente precios y cantidades de equilibrio; paralelamente Sraffa puso al desnudo las incoherencias de la teoría neoclásica del capital. En las dos décadas que siguieron, los sraffianos o neorricardianos profundizaron la crítica, que nunca pudo ser respondida adecuadamente por los neoclásicos. De hecho, las “respuestas” hasta el momento pasan por disimular las dificultades teóricas y las incoherencias (véase «Dificultades neoclásicas…).
Enseñanza de macroeconomía y crisis griega

Macroeconomía, de Olivier Blanchard y Daniel Pérez Enrri, constituye hoy el texto “base” de los cursos de macro en las facultades de Ciencias Económicas argentinas. A pesar de que es ampliamente utilizado, ha sido cuestionado por docentes y estudiantes de izquierda y heterodoxos, interesados en que haya un cambio en los contenidos de las carreras de economía. Centralmente objetan que el texto solo expone la teoría neoclásica dominante, que desconoce otros enfoques, y que al imponerlo como único texto se silencian otras campanas. Frente a esto, algunos docentes de macroeconomía argumentan que el manual de Blanchard y Pérez Enrri (en adelante BPE) es keynesiano, y en el fondo “heterodoxo”; y que suministra los elementos teóricos adecuados para interpretar la realidad contemporánea, incluso con un sentido crítico. Los críticos responden que el libro ofrece una visión distorsionada del capitalismo, y que su utilidad es muy dudosa. En lo que sigue presento argumentos en apoyo de esta segunda postura, a partir de analizar cómo se aplica la teoría de BPE a la presente crisis económica griega (un análisis alternativo en «crisis griega«). Al hacerlo, sigo una recomendación de los propios BPE. Es que según BPE, los macroeconomistas deben preguntarse continuamente si sus modelos explican las experiencias que observan (p. 2). ¿Puede dar cuenta entonces el conocido manual de lo que está sucediendo en Grecia? Para responder, comienzo sintetizando el enfoque general de BPE.
Discusiones sobre intercambio desigual

En esta nota presento de manera sencilla la diferencia que tengo con Anwar Shaikh y Guglielmo Carchedi acerca de la tesis del intercambio desigual. Carchedi, y en particular Shaikh, son hoy los marxistas más referenciados en el tema. En la primera parte de la nota introduzco el problema, tal como lo elaboró originariamente Arghiri Emmanuel. Luego presento el intercambio desigual en Shaikh y Carchedi. Por último, mi objeción y alternativa(el argumento completo puede verse en Astarita 2006 o 2009).
El adios al «socialismo» sueco y la lógica del capital

El “disparador” que me indujo a escribir esta entrada es la nota sobre la coyuntura de Suecia que publica The Economist del 11 de junio. En esencia el artículo -“La estrella del norte”- sostiene que la economía sueca está en excelente forma, y que esto es el resultado de las reformas que se han venido instrumentando en los últimos años, dedicadas a “liberar” al país de la carga del estado de bienestar. The Economist apunta que en el primer trimestre de 2011 el PBI creció a una tasa anual del 6,4%; que el desempleo está cayendo (aunque en abril se ubicaba en el 7,9%); que el presupuesto fiscal tiene superávit este año; y que la deuda pública representa el 49% del PBI (contra el 82% en 1998). Dice a continuación que el éxito se debe a que Suecia es un gran exportador industrial, y que el estar por fuera del euro ayudó porque la corona primero cayó, antes de volver a revaluarse. Pero más importantes, agrega The Economist, han sido las medidas prudentes y pro mercado de la coalición de centro derecha que está en el poder desde 2006. Por un lado porque el ministro de finanzas aprendió de las lecciones que dejó la gran crisis bancaria de Suecia de principios de los 90, de manera que en los últimos años la supervisión bancaria y las reglas presupuestarias fueron reforzadas e impidieron la formación de una burbuja. Por otra parte, porque se ha avanzado en la reducción del rol del estado. La participación del sector público en el PBI ha descendido a un nivel apenas por encima del 50%, y el gobierno ha bajado los salarios y disminuido los beneficios sociales, lo que habría “reforzado la ética del trabajo”. Esto porque el gobierno quitó beneficios por enfermedades, y ya no existen “excesos de bienestar”; la edad de jubilación se elevó a los 67 años, y el gobierno cree firmemente en la propiedad como el motor hacia la prosperidad. A resultas de estas medidas, el sector privado crea empleos, y la experiencia sueca está siendo tomada como modelo por otros gobiernos de la derecha, entre ellos el británico. La nota termina diciendo que “para muchos de la izquierda europea, la Socialdemocracia sueca era un paraíso estatista. Ahora es la derecha la que mira al norte en busca de inspiración”. ¿Qué podemos decir los marxistas sobre esto? Para responder esta pregunta, es necesario ubicar el marco general del análisis.
Endeudamiento de EEUU y rol del dólar
En esta nota amplío cuestiones que planteé en “Guerra de monedas”, y también respondo a la idea de que EEUU puede endeudarse indefinidamente para salir de la crisis (en este respecto esta nota continúa la anterior «crisis, gasto…). Recuerdo que según esta visión, el crecimiento indefinido de la deuda estadounidense no afectaría a la tasa de interés, ni en general al sistema financiero o la economía. En otras palabras, la deuda pública de EEUU podría aumentarse todo lo que se desee, debido a que los títulos del Tesoro siempre son demandados por los inversores internacionales, y por lo tanto la tasa de interés permanece baja. En esta nota planteo que en la medida en que el déficit fiscal de EEUU continúe creciendo, se agudiza la contradicción entre el rol del dólar como dinero mundial, y su función de equivalente nacional; y que esto implicará, en el mediano o largo plazo, una profunda desvalorización de los activos detentados por los países acreedores. Es lo que en un marco de análisis más ortodoxo, Farhi, Gourinchas y Rey han denominado, en un trabajo reciente, un nuevo escenario Triffin, en alusión a la situación que llevó a la crisis al sistema de Bretton Woods. Para ubicar el problema, comienzo señalando brevemente el status contradictorio del dólar, y la evolución de las reservas internacionales en la última década.
















