Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

El rol monetario del oro

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En su edición del 24 de julio la revista The Economist trae una interesante nota acerca de la relación entre el oro y el billete, que me da pie para llamar la atención sobre un debate que está planteado desde hace años en teoría monetaria.

The Economist dice que, dado que el precio del oro se establece en los mercados, cuando se explican los cambios en el mercado del metal, la gente piensa en términos de oferta y demanda. “Sin embargo, tal vez, deberían ver los movimientos del precio del oro en términos de la confianza de los inversores en el dólar, y en el papel moneda en general”.

Recuerda luego que desde la crisis del sistema de Bretton Woods, en 1971-3, el oro pasó de US$ 35 la onza, a US$ 850 en 1980. Lo que significa que el dólar perdió, en ese período, el 90% de su valor. A partir del ascenso del monetarismo, el proceso fue inverso, y el oro cayó desde US$ 850 a US$ 235, en 1999. ¿Este cambio se debió a que bajó el costo de producir oro? No, lo que cambió fue el valor del dólar. “Con la confianza de la economía restablecida, el dólar se revaluó en un 236%, a lo largo de dos décadas”. Más tarde, con la crisis de inicios de los 2000 y el credit crunch, los bancos centrales (y en particular la Reserva Federal) inyectaron liquidez en el sistema. Desde 1999 el oro estuvo en ascenso; lo que implicó una devaluación del dólar de aproximadamente el 80% con respecto a la década pasada.

“Lo llamativo acerca de la historia de los últimos 40 años, es que estos tres vaivenes en el valor del dólar (que van de una suba del 236% a una caída del 90%), son muy grandes, de acuerdo a los estándares previos. Pero no se han notado porque el dólar ahora se compara con otras monedas papel –como el euro y el yuan– donde los vaivenes no han sido tan extremos”.

Esta nota de The Economist tiene relación con el largo debate, entre marxistas y también autores heterodoxos, acerca del rol del oro; y más específicamente, acerca de la vigencia de la teoría monetaria de Marx. He tratado esta cuestión en dos trabajos que se pueden encontrar en mi página web (“Concepciones sobre el dinero, el rol del oro y cuestiones monetarias”, y “Dialéctica y dinero en Marx”). Aquí destaco algunos puntos centrales.

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30/08/2010 at 19:43

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La explicación subconsumista de la crisis

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Una explicación, bastante popularizada, de la crisis capitalista, sostiene que la misma se produjo por la caída del consumo. La idea es que la ofensiva neoliberal, desatada a comienzos de los años ochenta, provocó la caída de los salarios. Esta baja de los salarios implicó una caída del consumo. El consumo es la principal fuente de demanda de la economía; por lo tanto, en el mediano o largo plazo debía producirse una crisis de sobreproducción. La crisis iniciada en 2007 sería el resultado entonces de las políticas neoliberales.

En términos de las teorías económicas, se trata de una explicación de la crisis por subconsumo; esto es, porque el consumo es insuficiente para sostener la demanda. Históricamente, existieron dos versiones. Una de ellas, propuesta por Malthus, sostuvo que el problema residía en el bajo consumo de los capitalistas; por eso Malthus proponía estimular el consumo de los sectores aristocráticos. La segunda, hace hincapié en los bajos salarios, y fue defendida primero por Sismondi, también a comienzos del siglo XIX.

Es ésta segunda versión de la tesis subconsumista la que tuvo más aceptación en el sindicalismo y la izquierda reformista. Sismondi consideraba que con una distribución desigual del ingreso, las masas empobrecidas solo adquieren los productos esenciales, y no compran muchos productos industriales. Por eso los industriales, que hubieran tenido un buen mercado para sus productos con una distribución equitativa del ingreso, quedan inactivos. Y con el crecimiento de la industria en gran escala, el mercado interno está contrayéndose. Además, el comercio exterior no es solución a la falta de demanda, porque en todas partes la cantidad de bienes en venta es mayor que poder de compra de la gente. En consecuencia, la distribución desigual del ingreso es la principal causa de crisis (véase Bleaney, 1977).

Esta idea luego fue seguida por Kart von Rodebertus, partidario del socialismo estatista. Rodbertus sostenía que con el aumento de la productividad del trabajo, los salarios de las clases trabajadoras llegaban a ser una parte cada vez más pequeña del producto nacional. En consecuencia, el poder de compra de la mayor parte de la sociedad disminuía en proporción al incremento de la productividad; la sociedad producía bienes, que no tenían una contrapartida en el poder de compra, y por lo tanto no tenían valor mercantil (ídem).

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28/08/2010 at 15:30

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La ilusión del poder dual

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Es una constante de los trotskistas agitar la consigna del «control obrero» frente a los más diversos problemas que enfrentan los trabajadores y el pueblo. Sin embargo, las experiencias de algunas empresas recuperadas por sus trabajadores, y las líneas políticas que se plantearon para estos casos, ponen en evidencia las limitaciones de esta táctica del «control obrero».  En lo que sigue reproduzco una nota que escribí en febrero de 2008, a partir de la lectura de textos de organizaciones trotskistas en que se defendía esta orientación. Pienso que puede aportar a un necesario debate acerca de la táctica y estrategia de los marxistas en los tiemos que corren en Argentina.

En este escrito discutimos la estrategia de intentar establecer organismos de la clase obrera de poder dual, esto es, de poder independiente y enfrentado a la clase capitalista, el gobierno y el Estado, en los años 2000, en Argentina. Esta política es defendida, en lo esencial, por partidos trotskistas, y alcanzó notoriedad hace un tiempo en torno a las empresas recuperadas Brukman, textil de Capital Federal, y Zanón, fábrica de cerámica, de Neuquén. Nos importa la lógica que sustenta esta perspectiva política, sus consecuencias prácticas y sus efectos colaterales sobre la manera de pensar y hacer política en el movimiento obrero y otros movimientos sociales.

El trabajo se estructura de la siguiente manera. En primer lugar, presentamos nuestra interpretación sobre el significado y naturaleza de la lucha de las empresas recuperadas en Argentina, desde el 2000. En segundo término explicamos la estrategia de “estatización más control obrero” y argumentamos por qué es una política incoherente, que termina en la confusión y el fracaso. Por último, presentamos algunas conclusiones.

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26/08/2010 at 14:54

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El despido de un proletario

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Una tesis que ha circulado en las facultades de Económicas y Sociales, de la UBA, sostiene que los directores de empresas pertenecen a la clase obrera. Según esta visión, los ejecutivos son trabajadores que venden su fuerza de trabajo. Y aunque sea mano de obra calificada, sigue el argumento, no existe diferencia cualitativa con la de cualquier obrero subsumido al capital. Esta tesis la han defendido algunos marxistas, invocando la autoridad de Marx.

En otros escritos he planteado que es un disparate atribuirle a Marx esta idea. Los directores de las empresas representan al capital en funciones, y su tarea es dirigir la extracción de plusvalía de la clase obrera. Como tales, participan del botín de la plusvalía, aunque esa participación asuma la forma del salario. Marx explicaba que el empresario trabaja como capitalista, esto es, como explotador del trabajo ajeno. Por eso su salario depende de la cantidad de trabajo ajeno que es apropiado (véase El Capital, t. 3, sección 5). En cambio, el salario del obrero explotado está determinado por el valor de su fuerza de trabajo. Pienso que ésta es la única manera de mantener la coherencia entre la ley del valor trabajo y la teoría de la plusvalía.

De todas maneras lo importante de la polémica no reside en saber quién interpretó correctamente a Marx, sino en cuál de las dos posturas explica mejor lo que sucede en el mundo de las relaciones capitalistas.

El reciente despido del jefe de BP, Tony Hayward constituye una oportunidad para examinar el asunto. Hayward era el CEO de BP al momento en que ésta provocó el desastre del Golfo de México. Habiendo llegado a un punto en que su figura se tornó indefendible, Hayward dejó el cargo. Por lo cual ha sido remunerado con 1,6 millones de dólares, que equivalen a un año de su salario. También se le asignó el derecho a retirar dinero de un fondo que, valuado de manera conservadora, es de 17,6 millones de dólares.

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24/08/2010 at 15:26

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No estoy aquí para discutir con los alumnos

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El texto que presento a continuación lo escribí en marzo de 2009, y fue distribuido en la Universidad de Quilmes por la agrupación estudiantil El Túnel. Lo reproduzco ahora por pedido de estudiantes de otras facultades.  Muchos me dicen que el comportamiento que critico aquí no es tan infrecuente como pudiera parecer.

Una alumna de la Universidad Nacional de Quilmes, que cursa en el área de Sociales, me paró hace poco en el ágora de la Universidad para consultarme sobre qué podía leer acerca de Marx y el capital financiero. Me comentó que necesitaba informarse sobre el asunto porque había tenido un principio de discusión con el docente de una materia que está cursando. Me resumió también cuál era su postura en el tema Marx/capital financiero, y la del docente. Le dije entonces que, por lo que me contaba, era ella la que tenía razón; y que podría ayudar fácilmente al docente a salir de su error recomendándole algunas lecturas de Marx. Pero entonces me explica que el docente cortó cualquier posibilidad de continuar con el debate con un “no estoy aquí para discutir con los alumnos”. Otra alumna, que estaba presente, me comenta que también había cursado con ese docente, y que había presentado un argumento similar un cuatrimestre anterior.

Confieso que no es la primera vez que me encuentro con alumnos que me refieren episodios en los que les impiden discutir o cuestionar en los ámbitos universitarios. Pero tal vez sea el grado de grosería del caso referido el que me lleva a hacer algunas reflexiones generales.

Pienso que lo más importante es entender que nuestro objetivo como docentes no es formar repetidores de textos (o de clases), sino gente que piense, y tenga capacidad de discernimiento y crítica. Lograr que un alumno repita “al dedillo” lo que hemos explicado en clase, sirve de poco. La clave es despertar curiosidad, y el ansia por mirar “el otro lado” de las cosas; o sea, lo que se conoce como un “escepticismo moderado”, que es determinante en el pensamiento científico. Pero nada de esto se logra si el docente impone un único punto de vista; si desalienta las reflexiones críticas; y cierra la puerta con un “no estoy aquí para discutir”. ¿Para qué está entonces? ¿Para descargar un monólogo? ¿Desde cuando el monólogo es mejor que el diálogo? Además, ¿por qué un alumno no puede discutir lo que le parece bien o mal de lo que se está enseñando? Máxime en ciencias sociales, donde hay muchos puntos de vista que están en discusión. Marx decía que la enseñanza en las ciencias sociales debía hacerse a partir del cruce de muchos puntos de vista. No veo por qué esto no sigue siendo válido hoy.

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24/08/2010 at 09:16

Publicado en Académica

Discusiones sobre la renta agraria

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El año pasado di a conocer, en mi página web, una respuesta a una crítica que me había hecho el profesor Juan Iñigo Carrera, en relación a la teoría de Marx de la renta  (rolandoastarita.com “Respuesta a Juan Iñigo Carrera”, octubre de 2009).

Debido a que la teoría de Marx sobre la renta está casi al final del tercer libro de El Capital; y a lo intrincado de la polémica, en esta nota explico dónde está el meollo de mis diferencias. El problema básico que discuto es sobre la naturaleza y el origen de la renta de la tierra. Para explicarme, empiezo señalando dos puntos en los que coinciden no solo marxistas, sino también autores de otras tendencias.

En primer lugar, todos coincidimos en que la renta es la fracción de la plusvalía que va al propietario de la tierra. Este se apropia de la renta porque la tierra se puede monopolizar; es que nadie puede reproducir a voluntad terrenos.

En segundo término, coincidimos en que el precio de los productos de la tierra está determinado por la producción de las tierras menos fértiles; y que los propietarios de las tierras más fértiles reciben una renta diferencial.

Definida así la cuestión, se plantea la pregunta. ¿Quién genera el plusvalor que constituye la renta? Aquí es donde surgen las diferencias centrales. Juan Iñigo Carrera afirma que la renta se genera en el trabajo productivo no agrícola. Típicamente, sostiene, la renta se crea en el trabajo industrial, y se transfiere luego al terrateniente. En otras palabras, según Iñigo Carrera, la renta es plusvalía generada en una rama no agrícola.

Confieso que cuando comencé esta polémica, no tenía conciencia de lo difundida que está esta tesis entre los marxistas criollos. Marxistas independientes, algunos incluso docentes universitarios; colectivos que editan revistas marxistas, y organizaciones de izquierda, avalaron la idea.

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23/08/2010 at 09:32

Publicado en Economía

Bhopal: por fin se hizo justicia…

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¿Quién se acuerda en Argentina de Bhopal? Con seguridad, pocos; y la gente joven, posiblemente, ni siquiera sepa de qué se trata. Sin embargo, el nombre Bhopal quedó asociado, para siempre, con una de las peores catástrofes producidas por alguna empresa capitalista.

Sucedió en la noche del 2 al 3 de diciembre de 1984, en la planta productora de pesticidas de Union Carbide India, en Bhopal, en Madhya Pradesh, India. Esa noche hubo  una fuga de 40 toneladas de un gas altamente tóxico, que produjo miles de muertos. Algunos fallecieron en minutos, pero otros fueron muriendo a lo largo de años. Si bien oficialmente se reconoce que hubo 3787 muertos, otras estimaciones elevan la cifra a 16.000, o incluso a 25.000. Muchos murieron luego de largas y penosas enfermedades. Se estima que hoy unas 100.000 personas padecen enfermedades crónicas, como cáncer y desórdenes neurológicos, como secuela de lo sucedido aquella noche de diciembre de 1984. Un estudio del gobierno indio estableció, en 2006, que en total había habido más de 550.000 heridos, de diferente gravedad.

A lo anterior se suma el daño ambiental de largo plazo. Un centro científico, no gubernamental, mostró que, en 2008, las aguas subterráneas estaban contaminadas con materiales químicos tóxicos en un radio de unos 3 kilómetros alrededor de la planta.

Durante todos estos años organizaciones ambientalistas y activistas han luchado por el correspondiente castigo. Muchas investigaciones llegaron a la conclusión de que en la planta había escaso mantenimiento; que se debilitaron sistemas de seguridad para ahorrar costos; que se almacenaban sustancias peligrosas en condiciones inadecuadas; que se utilizaba un método para la producción de pesticida que era más peligroso que el estándar, también para bajar costos; que se había establecido la planta muy cerca de centros densamente poblados; que se abusaba de operaciones manuales; que se ahorraba en entrenamiento de personal y se contrataba mano de obra de baja calificación, para pagar menos salarios. Varias investigaciones establecieron que las reglas de seguridad y los procedimientos de mantenimiento se habían descuidado durante meses.

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21/08/2010 at 16:08

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Distribución del ingreso en tiempos K

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Los defensores del gobierno K dicen que una de sus virtudes es haber mejorado la distribución del ingreso en Argentina. El modelo industrialista y desarrollista K habría disminuido las diferencias sociales. Eso establecería una diferencia fundamental con respecto a las épocas del menemismo. Alguna gente de izquierda está convencida de que esa mejor distribución del ingreso constituye una razón suficiente para apoyar, de alguna manera, al gobierno K. Muchos intelectuales de izquierda aplauden ese “logro”.

Los datos, sin embargo, no parecen dar un aval a esta creencia. La distribución del ingreso mejoró con respecto a lo peor de la crisis 2001-2002, pero no ha revertido la tendencia de largo plazo que operó en Argentina, que implicó un ahondamiento de las desigualdades.

Debido a que las estadísticas sobre distribución funcional del ingreso –que dice cómo se divide el producto entre los asalariados y los que perciben rentas y ganancias– están discontinuadas desde 1975, nos basamos en los datos sobre la distribución personal del ingreso.

El coeficiente Gini es un coeficiente que mide esta distribución. Cuando el coeficiente se acera a 1, significa que la distribución del ingreso es más desigual; y cuando se acerca a cero, es más igualitaria.

En 1974 el coeficiente Gini (calculado por el INDEC) era de 0,345. En 1981 aumentó a 0,389; en 1985 a 0.422; en 1990 a 0,457; en 1995 permanecía en 0,453; en 1999 aumentaba a 0,495, y sigue aumentando con la crisis de 2001-2002. Como consecuencia, en el tercer trimestre de 2003 era 0,534. Desde ahí comienza a bajar, pero desde mediados de la década tiende a estancarse, y no perfora los niveles promedio de los noventa (véase el cuadro).

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18/08/2010 at 16:26

Mitos sobre los tiempos K

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Una idea muy difundida en ámbitos de las ciencias sociales progresistas y de izquierda es que la década de los noventa se caracterizó por el predominio del sector financiero especulativo, en tanto que a partir de 2002 habría prevalecido un modelo productivo. En los noventa los sectores productivos habrían encogido, en beneficio de las finanzas. El crecimiento habría sido meramente parasitario; no habría habido inversión productiva. En la década siguiente, habría ocurrido exactamente lo opuesto.

En esta nota presento algunas objeciones a esta visión, basadas en lo que dicen las cuentas nacionales, y en las categorías de Marx.
Veamos la participación del sector financiero en la economía argentina, entre los noventa y los 2000 (elaboración con datos del INDEC).

Participación de la intermediación financiera en el PBI

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17/08/2010 at 12:08

Crisis capitalista, ¿dónde estamos?

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En lo que va del año los mercados financieros están metidos en una montaña rusa de “olas de optimismo y pesimismo”, en la mejor definición de Keynes. A comienzos del año, reflejando la creencia en una recuperación económica continuada, subieron las bolsas de valores, se mantuvieron relativamente altos los precios de las materias primas, y bajaron las tasas de interés para empresas. Pero después vino la crisis griega, precedida por el temblor que emanó de Dubai, y seguida por la incertidumbre en torno a la deuda española, irlandesa, portuguesa e incluso italiana. En consecuencia, a finales de abril aumentó la volatilidad en los mercados financieros; subieron las tasas interbancarias y los spreads que se pagan por los bonos de empresas; cayeron las acciones; y cayó el euro en relación al dólar y el yen. El spread de los bonos griegos llegó a superar los 1200 puntos básicos. Los bonos de Estados Unidos y Alemania, y el oro, volvieron a ser refugios de valor. Los pronósticos sobre una nueva caída de la economía global –la idea de un movimiento en W– cobraron fuerza.

Pero en las semanas siguientes la situación mejoró parcialmente. El euro recuperó algo del terreno perdido, subieron Wall Street –hacia el 20 de julio estaba un 7% por encima de su punto más bajo este año–, el petróleo y otras materias primas. Bajó la prima que se paga por la deuda griega, y de otros países. Las buenas ganancias presentadas por las empresas de Estados Unidos, más noticias alentadoras sobre perspectivas de los empresarios (ejemplo encuesta del verano boreal JP Morgan Markit, realizada a 11.000 corporaciones en todo el mundo), sustentaron el veranito. Pero no iba a durar. Al escribir estas líneas –12 de agosto– cobraron nueva fuerza los temores de una recaída de la economía. Wall Street está en terreno negativo en su rendimiento anual; el dólar está en los mínimos contra el yen en 15 años; el euro sufre ventas masivas; la Reserva Federal acaba de hacer pronósticos bastante sombríos, y otro tanto el Banco de Inglaterra sobre la economía británica; el déficit comercial de Estados Unidos sigue ampliándose (y demanda interna debilitándose); la creación de empleo en los países desarrollados está estancada; China se desacelera; los inversores nuevamente se refugian en los títulos de Estados Unidos, Alemania y en el oro.

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Written by rolandoastarita

13/08/2010 at 15:43

Publicado en Economía